Notas de la autora: ¡Hola a todos y a todas! Aquí estoy con lo prometido. Intentaré ir publicando puntualmente, pero lo cierto es que últimamente voy algo saturada. Con esta y mi fan, se me mezclan las ideas y a veces creo que soy redundante con algunos temas, por lo que edito cada capítulo mil veces… jajajaja. En fin, que las dejo aquí con la lectura. Les agradezco profundamente su apoyo, de verdad. Me hace super feliz leer sus comentarios. Intentaré ir contestando todos los que pueda. Un besote y nos leemos al final.

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Capítulo trigésimo

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Sakura Kinomoto se había levantado de buen humor. Kero había pasado la noche a los pies de su cama y no parecía demasiado molesto con su encierro diurno. A fin de cuentas, lo había dejado entre cojines, trozos de filete de res y un montón de dulces. Sabía que no era la mejor dieta para un felino, pero era el único modo de controlar su carácter fiero. Además, había convencido a su doncella, Mini, para que le hiciera arrumacos cada cierto rato.

- Ese gato grande vive mejor que yo…

- Es la segunda vez que te encuentro hablando con el viento y dicen, que hablar con uno mismo es un síntoma previo a la locura – la castaña se giró con una sonrisa traviesa. Estaba en los establos preparando los últimos detalles para la competición equina que se llevaría a cabo ese mismo día.

- Entonces debería haber enloquecido hace años. Buenos días, Eriol – el moreno estiró sus brazos en alto e hizo un sonido quejumbroso en un intento de alejar los últimos vestigios de sueño que le quedaban - ¿Has dormido bien?

- Cómo nunca

Sakura contempló el traje de caballero que vestía y sonrió. El estandarte de su casa era un león y los colores de su familia el blanco y el dorado. Así vestían todos los caballeros de la segunda división. El ejercito responsable de conservar la paz en el sur y que comandaba el mismísimo general del imperio, es decir, su padre.

- Te queda bien. Aunque tu piel es demasiado pálida para lucir esos tonos tan blancos – Eriol tomó la capa dorada entre sus manos y se encogió de hombros.

- Jamás había vestido un uniforme de la segunda división de caballeros, la verdad. Pero lo cierto es que me vería bien hasta con un trapo sucio por calzón – Sakura puso los ojos en blanco, pero le sonrío de vuelta. Seguro que el muy patán tenía razón – ¿Se puede saber que haces levantada al alba? Creía que las damas nobles tomaban el desayuno en la cama.

- Las casadas, puede. Pero aquellas que tenemos el honor de ser evaluadas por el futuro sol del imperio y el idiota que tiene por hermano, no podemos permitirnos el lujo de mantenernos ociosas.

- Me sentiría ofendido, sino supiera de antemano que sientes debilidad por los idiotas.

Sakura le sonrío de lado mientras cogía un cepillo de raíces y empezaba a acicalar a una hermosa yegua de pelo negro. Soltó un bostezo, que disimuló con la mano que tenía libre y se rascó los ojos con el dorso.

- Imagino que interpretar tu papel de niña buena te tiene exhausta… no creas que no noté tus falsos sonrojos y esos "nada naturales" ademanes femeninos. ¿La duquesa ha insistido mucho en perfeccionar tus métodos de seducción? ¿Quiere que endulces la estancia de su majestad para obtener una buena puntuación?

- A veces creo que conoces a mi madre más que yo… - Eriol le sonrió genuinamente y eso la relajó. Era bueno tener un amigo en palacio con el que tratar esos temas – Qué yo esté levantada a esta hora tiene su lógica. Pero dime, ¿Qué pensamientos te han sacado de la cama, oh gran príncipe?

- Tengo el sueño ligero y tu familia demasiados gallos. ¡Llevan cacareando desde hace media hora!

La risa de la muchacha resonó por los establos y algunos mozos se giraron a mirarlos. Le habría incomodado en palacio, pero estaban a salvo con los sirvientes de su casa. Nadie hablaría mal de su señora ni de aquel que la acompañaba.

- Te ves mucho más relajada esta mañana. Normalmente rehúyes mi cercanía cuando hay moros en la costa. ¿No temes por las murmuraciones lugareñas? Puede que no sean tan viperinas como las de la nobleza, pero el chismorreo esta a la orden del día en todas partes.

- Estoy entre los míos. Sé que nadie me quiere mal. No hablaran de nosotros a nuestras espaldas.

- Es bueno saberlo – Eriol tomó otro cepillo y se acercó al animal que Sakura estaba acicalando – Hermosa yegua. ¿Es la tuya?

- En realidad, será tu caballo mientras dure tu estancia. Se llama Shadow.

- ¿Le ha pasado algo a mi semental?

- No puedes llevar a Spinel. Se ve a la legua que es uno de los caballos de palacio. Sólo piensa en el tocado de su crin.

- Vale, vale... Veo que lo tienes todo pensado – Sakura sólo le dedicó una sonrisa y ambos trabajaron en un silencio cómodo hasta que una de las mucamas fue en su búsqueda. Sin duda lucía de lo más apurada. Corría por los terrenos con la falda subida y el rostro rojo por el esfuerzo.

- Creo que han notado tu ausencia. La pobre se habrá vuelto loca buscándote por toda la mansión. Es su deber tener controlada vuestra posición en todo momento.

- Que trabajo tan aburrido…

- Sin duda, pero será mejor que vayas al comedor antes de que envíen a la caballería a buscarte. Pediré que te sirvan algo de beber mientras esperas la hora del desayuno – la castaña hizo un amago para alejarse, pero la mano del segundo príncipe la retuvo. Sintió el calor de sus dedos al entrelazarse entre los suyos y su corazón se aceleró.

- ¿No vendrás conmigo? Es tu deber hacer que tus invitados se sientan cómodos.

- Yo… tengo mucho que preparar antes de que su majestad se levante. No quiero un solo error. Me juego mucho en esta prueba.

- Olvidas que yo también soy responsable de tu puntuación. Además, creí que odiabas esta estúpida competición. "Una tradición añeja y sinsentido". Eso te oí gritarle a la señorita Daidouji mientras te peleabas contra un poste en los jardines de palacio.

- Y odio esta competición. Pero no puedo ignorar mi situación ni las consecuencias de quedar la última. No quiero pasar el resto de mis días siendo la concubina del emperador.

- Entonces… ¿te has dado por vencida? ¿Vas a seguir las reglas del juego y dejarás de protestar?

- A… ¿A que te refieres? No es cómo si tuviera otra opción. No se puede ir en contra de una orden del emperador ¿Verdad? – Esos ojos azul marino la miraron con intensidad y se sintió muy incómoda. Eriol tomó su otra mano y tiró de ella hasta que sus rostros estuvieron a menos de medio metro.

- Siempre hay otra opción, Sakura – los dedos suaves del segundo príncipe le acariciaron la mejilla, dejando su mente absolutamente en blanco – Sólo hay que ser un buen estratega y ofrecer algo mayor a cambio.

- ¿Alteza? ¿Qué…?

- ¿Alteza? ¿Ahora te vuelves formal? – Sakura vio algo extraño en esos ojos azules que creía conocer.

- Yo…

- ¿Les interrumpo?

Sakura casi saltó un metro del susto. Se soltó a la velocidad del rayo y se llevó las manos al pecho. Aún sentía el calor de los dedos de Eriol y podía notar el latir de su corazón palpitando en la vena del cuello. El segundo príncipe, en cambio, permaneció sereno en todo momento.

- ¡Papá! Por dios, me has asustado.

- Buenos días, duque Kinomoto – Fujitaka se inclinó en una reverencia formal, pero sus ojos no lucían para nada contentos.

- Buenos días, alteza. Creo que le buscan en la sala de bronce. Algunos de nuestros invitados se han levantado con el alba. Al parecer, no están acostumbrados a los ruidos campestres.

- Sí, espero que esta noche sirvan gallo en la cena o yo mismo le daré caza – la castaña soltó una risa alegre, pero su padre la miró con desaprobación. Eso la dejó atónita. Esa no era una mirada que asociara con su amoroso padre – Con su permiso, me adelantaré.

- Será lo mejor, alteza – Eriol empezó a caminar, pero fue parado por la voz del duque – Su majestad, si admite el humilde consejo de un inferior, creo que sería bueno evitar estar a solas con mi hija de ahora en adelante. Ella es una joven noble y de buena cuna, no queremos que la gente malpiense - Sakura se quedó atónita por el duro tono de su padre. ¿Acaso había perdido la cabeza?

- ¡Papá! Eriol no… - vio como los ojos de su progenitor se abrían y notó como su mandíbula se endurecía.

- ¿Eriol? ¿Así te diriges a su majestad?

- Yo… no entiendo tu enfado, papá. Su majestad y yo no… - la mano del segundo príncipe se posó en su hombro haciéndola enmudecer y le miró, consternada.

- Tranquila, señorita Kinomoto. Su padre tiene razón, no ha sido correcto. Debo pensar en su honor y en el de mi hermano. Por desgracia, no todos tienen mi visión moderna del mundo. Algunos aún viven en el pasado ¿No es así, duque Kinomoto?

- No es "el pasado" si socialmente aún se acepta como correcto.

- Si usted lo dice... Les dejo, empiezo a estar famélico – ambos vieron partir al joven y Sakura se cruzó de brazos, completamente indignada.

- ¿A qué ha venido eso, papá? Su majestad, el príncipe heredero, ya conoce el trato informal que mantenemos. Nos dio su permiso y no veo nada incorrecto en nuestra relación. – Fujitaka soltó un suspiro sonoro y rodó los ojos.

- Sí que lo ves. No lo admites, pero lo ves.

- Yo…

- Te conozco Sakura. Sé que te has criado entre muchachos y que los has tratado amistosamente y como iguales toda tu vida. El contacto físico o la cercanía no son problema para ti, pero el resto del mundo no lo ve igual. No estás entrenando con los aprendices ni ayudando a los mozos con los caballos. Un hombre y una mujer no pueden quedarse a solas a menos que estén prometidos. Es y ha sido siempre así. Incluso nuestro servicio entiende ese concepto del decoro.

- Hablas como si fueran a ir corriendo a esparcir chismes. Nadie de los nuestros hablaría jamás de semejantes intimidades familiares. Son leales a nuestra familia.

- Confías demasiado en el servicio, Sakura. Pero en estos tiempos, el dinero es más apreciado que la lealtad. Y te recuerdo, que hay escoltas imperiales por toda la casa. Seguro que alguno de ellos es un leal soldado de la emperatriz.

- Yo…

- Ya basta. No voy a discutir más esto contigo, cariño. La aristocracia engullirá tu carne y escupirá tus huesos si se propagan rumores. No quiero eso para ti. Además, te he visto flirteando con él. Pensé que tu madre exageraba, pero veo que no es así – sus mejillas enrojecieron al instante y se vio obligada a apartar la mirada. ¿Flirteando? ¿Ella? Absurdo.

- ¡No sé a qué te refieres! Yo jamás…

- ¿No? – Fujitaka se acercó lentamente a su hija y tomó sus hombros con suavidad. – Eres joven, hija. Y el segundo príncipe es atractivo y muy hábil con las palabras. No dejes que toque tu corazón. Él saldrá inmune a un escándalo, pero tú eres vulnerable. Sé que no estás de acuerdo con ser la futura emperatriz, pero créeme cuando te digo que el escarnio público no es mejor opción.

- ¿De verdad me crees tan estúpida como para sucumbir a sus encantos? – el duque abrazó a su hija con cariño, dejándola totalmente indefensa con el gesto.

- No, mi vida. Estúpida no. Solo humana – sin siquiera ser consciente de ello, Sakura se vio a sí misma devolviéndole el abrazo – Te apoyaré en todo aquello que decidas, lo sabes. Aunque deshonre a nuestra casa. Pero te pido que pienses bien las consecuencias de tus actos y a aquellos a los que afectará. Nacemos marcados por nuestra posición, y ello acarrea determinadas obligaciones.

- Soy muy consciente, papá. Mamá no para de insistir con el tema y ya casi puedo recitar la lección de memoria. – hubo un momento de silencio en el que ambos se perdieron en sus propios pensamientos, pero finalmente fue roto por una Sakura mucho más relajada - No quiero traer problemas a nuestra familia. Me he resignado a mi destino y pienso jugar mis cartas todo lo bien que pueda. No malgastaré mi vida. Te lo prometo.

- Lo sé, mi amor. Lo sé. Ojalá el emperador no tuviera tan buen gusto con las damas… - Sakura le dedicó una sonrisa cómplice, mientras le dejaba acariciar su cabello con ternura – Puede que yo pierda a una hija, pero el imperio gana a una gobernante astuta. No desperdicies la oportunidad de cambiar el mundo, cariño.

- No lo haré. Te quiero mucho, papá.

- Sí, eso también lo sé – ambos sonrieron y se miraron a los ojos rompiendo el abrazo – Y ahora ve con tus invitados. Me temo que la princesa Li se ha levantado de mal humor esta mañana.

- Ya, bueno… cómo todas las mañanas…

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Xiao Lang Reed Li apareció por la puerta de la sala de bronce con una sonrisa de oreja a oreja. Se sorprendió al ver a todos sentados en los sillones con tazas de té en sus manos y algunas pastas dispersas por las mesas. Naoko ojeaba un libro mientras mordisqueaba una delicia de limón. Meiling miraba por la ventana con una mueca altiva y sorbía con suavidad una taza de té rojo. Y Eriol se había puesto sus gafas de lectura y daba un vistazo a algunos papeles que habían llegado con la misiva de la mañana. ¿Acaso se había levantado muy tarde?

- Buenos días, supongo… ¿Se me han pegado las sabanas?

- Un poco, hermano – Eriol soltó los papeles y fue en su búsqueda - Creo que tienes mal el oído. ¿No has escuchado el canto histérico de los gallos del ducado de los Kinomoto?

- ¿Gallos? – Eriol soltó una carcajada.

- Veo que sí estás sordo de remate.

- En realidad, la habitación de su majestad es la más alejada de nuestras granjas – todos se giraron para ver a la anfitriona. Sakura lucía su traje de montura y parecía muy cómoda en su elemento – Muy buenos días, espero que hayan descansado bien, a pesar de su campesino despertar.

- Todo maravilloso, señorita Kinomoto. Es difícil levantarse de mal humor con tan hermoso paisaje.

Fue Naoko la primera en hablar. A diferencia de la princesa y de ella misma, la señorita Yanaguisawa había decidido dejar a un lado su traje de equitación. En vez de eso, llevaba un vestido violeta muy sencillo que permitía apreciar su esbelta figura.

- Gracias por dejar algunos libros a mi alcance. No logro conciliar el sueño sin leer algo antes de dormir, pero creo, que usted ya lo sabía… – Sakura apenas pudo contener su asombro ante la súbita amabilidad de la castaña.

- Me alegro de que todo estuviera a su gusto, señorita Yanaguisawa. Yo misma los seleccioné para usted. ¿Cuál escogió, si permite mi curiosidad?

- Fantasmas, mitos y leyendas de los bosques de Lua - la castaña soltó una risa alegre que cubrió con su mano enguantada. Un gesto sorprendentemente femenino, viniendo de ella.

- No sé si es la mejor lectura para dormir… pero sabía que llamaría su atención. Mi hermano me lo leía de niña para asustarme. Le recomiendo encarecidamente el capítulo once. Habla sobre algunos testigos que juran haber visto una dama en el lago. De cabellos negros y tez cetrina. Al parecer, disfruta convirtiendo a los hombres en sapos – una sonrisa cómplice nació entre ambas y Xiao Lang se sintió feliz por ello. Era bueno que al menos ellas se llevaran bien. Con Mei no sería tan fácil. Pero fue sacado de su ensoñación por la joven de ojos verdes – Oh, su majestad. ¿Qué tal su sueño? ¿Le sirvieron las hiervas? Son algo fuertes, pero le prometo que son totalmente inofensivas. Nana las tomaba cuando tenía pesadillas.

- He dormido de maravilla. No recuerdo una noche más relajada y placentera. Te lo agradezco mucho, la verdad – Mei se giró, asqueada por la voz melosa de su primo y el trato poco formal– Te pediré que me digas el nombre de la infusión para que se lo comunique a mis asistentes de palacio. Y puede que me lleve esos cojines de plumas con aroma a bosque – Sakura caminó en su dirección y le dedicó una sutil reverencia.

- Son todos suyos, su majestad.

- Xiao Lang… ahora estamos en familia y como ve, visto con uniforme de caballero.

- Esto es absurdo – Todos se giraron a mirar a Mei, que de repente pareció darse cuenta de que había hablado en voz alta – Estoy hambrienta. ¿Podemos pasar ya al comedor? No comprendo tanta parsimonia.

- Oh, vamos prima. Estamos de vacaciones – Mei fulminó al moreno con los ojos y se cruzó de brazos.

- No es cierto. Estamos en medio de una prueba muy importante, Eriol. Sé que tú no te juegas nada en todo esto, pero a mí me va mi futuro.

- La reina del drama… - El segundo príncipe simuló una reverencia burlona y le dedicó una sonrisa - Lo siento encarecidamente mi hermosa dama. No quisiera que un buen ambiente y algo de descanso, hirieran sus sentimientos – todos dejaron escapar una risa suave, incapaces de disimular. Eso aún indignó más a la princesa, que se levantó airada.

- No tienes remedio ¿Lo sabías? – Sakura creyó oportuno dejar a un lado el tema, o el buen ambiente se iría para nunca volver.

- Yo… avisaré a la cocina de que ya pueden servir el desayuno.

- No será necesario monstruo, ya he dado yo la orden – Todos volvieron la vista a la segunda puerta que daba acceso a la sala. – Buenos días a todos.

Touya Kinomoto apareció acompañado de los hermanos Tsukishiro y las dos damas restantes, la señorita Daidouji y Khao Mitsuki. Hicieron los respectivos saludos y se dirigieron al comedor como toda una comitiva. La mesa estaba parada y en pocos segundos aparecieron los sirvientes que dejaron todo tipo de alimentos. Huevos, pan, leche, queso, jamón y fruta. También pastas recién horneadas y algunos dulces. Muchos de ellos con chocolate, por supuesto.

- Pomposo desayuno, Sakura.

- ¿No es de su agrado, alteza? – Eriol miró a su futura cuñada y le dedicó una sonrisa.

- No tanto como el postre que me serviste la noche pasada. ¿Cómo lo supiste?

- Un buen investigador jamás revela sus fuentes.

- Eres una brujita muy astuta…

Sakura quería reírse, pero recordó las palabras de su padre y simplemente tomó un sorbo de su té en el más absoluto de los silencios. Eriol pareció contrariado, pero dedujo a qué se debía su comportamiento. Así que no le dio más importancia. Se sirvió a sí mismo un poco de pan con queso y empezó a comer. Pero Xiao Lang sí que se quedó algo molesto con la reacción de ambos. ¿Qué había pasado mientras dormía? ¿Acaso habían discutido como un par de enamorados? Se tomaba un pequeño descanso y todos parecían enloquecer.

- Sakura, ¿me aclaras el horario exacto del itinerario de hoy? Necesito organizar a mis hombres y asegurar la protección de su majestad – Touya se llevó un trozo de tocino a la boca y la miró con rostro estoico.

- Por supuesto. Partiremos en una hora. Ya sabes que la competición equina empieza temprano. Luego visitaremos el mercado y la feria. Y tenía pensado asistir a los festejos nocturnos. Mañana tendremos todo el día ocupado con la exhibición militar, así que será más adecuado pasar un día relajado.

- Entiendo… habrá mucha gente. He oído que han llegado varios mercaderes de la capital y eso ha atraído a algunos aldeanos de los pueblos vecinos. Será mejor añadir a varios hombres de paisano que nos sigan de cerca.

- Me parece adecuado, hermano ¿Tienes que ir a comprobar los detalles de la exhibición militar más tarde?

- No. Nuestro padre se ha ofrecido a hacerlo por mí este año. Estaré contigo todo el día. Así su majestad estará bien protegido. Aunque me han sugerido incluir unos cuantos soldados imperiales a mi escuadrón. ¿No es así, su majestad?

- Será mejor que me llames sir Xiao, comandante Kinomoto. Así nos vamos preparando. A fin de cuentas, hoy soy un caballero a tu servicio – una risa sádica se dibujó en el rostro de su futuro cuñado.

- Ciertamente… después de todo, creo que me va a gustar tu idea, Sak.

- Sé bueno, Touya… - Sakura miró a la princesa Li mientras se limpiaba los labios con una servilleta. Su traje de montura era elegante, pero no tan llamativo como los pomposos vestidos que solía usar en palacio. Casi parecía una chica normal. – Princesa Li, espero que no se moleste conmigo si la llamo Meiling mientras dure esta pequeña mentira.

Esos ojos rubí la miraron de forma altiva y casi pudo adivinar el insulto que le pasó por la cabeza a Meiling Li. Pero a Sakura no le importaba que la "princesa de la noche" se sintiera molesta. Que esa harpía egocéntrica y mimada la despreciara, no le quitaba ni un solo segundo de su sueño.

- Si no hay más remedio… - la castaña le dedicó una falsa sonrisa y se giró para contemplar a su otra "compañera"

- ¿Señorita Yanaguisawa?

- Por mi parte puedes llamarme Naoko sin problema, incluso en palacio. He querido tutearte desde el primer día. A fin de cuentas, seremos como hermanas a partir de ahora – Todos la miraron, asombrados. - ¿He dicho algo inapropiado?

- En absoluto, Koko. Ha sido muy dulce por tu parte – la muchacha de gafas le dedicó una risa suave al segundo príncipe.

- Siento decirte Eriol, que sólo Xiao Lang puede llamarme así.

- Oh, vaya… creí que era el mejor momento. Te has ablandado estos días…

- Siempre he sido blanda – Yue se levantó y dejó la sala en completo silencio. Ni siquiera hizo una reverencia. Xiao Lang pasó por alto su descortesía, pero Eriol chascó la lengua con molestia.

- ¿Y a este que le pasa? Su hermano tiene mal carácter, Tsukishiro

Yukito miró la puerta por dónde se había ido Yue y bufó, cansinamente. Sabía que su hermano pequeño había estado hablando con el príncipe heredero. Él mismo le contó los detalles en cuanto llegó a su casa. Pero no le importó en absoluto. No tenía nada que esconder a la familia real. Fueron ellos los que truncaron sus sueños y le dejaron sin opción de unirse a la familia Kinomoto. Miró a Eriol dispuesto a contestarle, pero se lo pensó mejor. No tenía por qué darle ninguna explicación a ese tipo pomposo. Así que tomó un bollo y se lo llevó a la boca con una sonrisa ilusoria. No saldría dando un portazo como Yue, pero tampoco tenía que fingir cortesía.

- Disculpen a Yue. No es muy hablador. Le he pedido que me ayude a preparar a los caballos. Seguro que ha ido a ultimar los detalles – Fue la castaña la que contestó en su lugar y se levantó, con una sonrisa amable – Será mejor que yo también me una al trabajo. Cómo ha dicho Meiling antes, nos jugamos mucho en esta competición. No quiero dejar nada al azar.

- Entonces, te acompaño.

Esos ojos jade se abrieron de par en par, pero Xiao Lang no estaba dispuesto a volver a dejarla a solas con nadie más. Serían sólo tres días, pero los aprovecharía para conocer todos y cada uno de sus secretos. No lograría mantener una relación tan familiar como con Mei. Tampoco cosecharía la confianza que le había llevado años cultivar con Naoko. Pero se iría de esa casa sabiendo mucho más de la mujer a la que desposaría en unos meses.

- ¿No quiere desayunar un poco más? Apenas ha comido y he dispuesto varios dulces de chocolate para usted – Xiao Lang tomó un panecillo relleno de cacao y la puso en una servilleta para comerlo más tarde.

- No suelo comer nada hasta medio día. Sólo bebo agua o té – Sakura le sonrío, coqueta.

- ¿Un secreto para la juventud eterna?

- ¿Cuántos años se cree que tengo, señorita Sakura?

- Yo… eh… ¿Veinte? ¿Veintidós? – Todos la miraron asombrados – Vale, se supone que debería saberlo. Lo lamento. He estudiado su árbol genealógico, pero admito que no pensé mucho en ello – Esperaba una reprimenda, pero sólo logró una carcajada general. De nuevo la princesa se indignó y cerró los ojos.

- ¿Cómo puede saber qué libros lee la señorita Yanaguisawa y no tener idea de la edad de mi primo y que es, además, su futuro emperador? ¿Dónde ha vivido usted, señorita Kinomoto, en una cueva perdida del bosque?

- Yo…

- Hasta hace unos meses, princesa Li, mi hermana no tenía el más mínimo interés en su familia. Como es lógico – Todos se giraron a contemplar al mayor de los Kinomoto. Comía con tranquilidad y no había levantado la voz. Pero fue obvio para todos, la molestia implícita en su tono.

- Todo reino debe conocer a sus gobernantes, señor Kinomoto. Es su deber como ciudadano.

- Puede que en la capital sea así, pero en estas tierras sólo nos preocupa el clima y una buena cosecha. No nos afectan los aires de grandeza que se den los nobles del imperio. Ni los de sus mujeres… - Meiling se abanicó con las manos, fingiendo sentirse indignada.

- Esto es tan fastidioso… no entiendo a estos pueblerinos… - Eriol tomó la mano de su prima y le regaló una mirada de advertencia, oculta tras una sonrisa.

- Vuelves a pensar en voz alta, prima…

- Oh, déjame tranquila, Eriol.

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Xiao Lang dedicó su tiempo a pasear por los establos mientras observaba a Sakura desde lejos. La muchacha hablaba con los mozos y daba ordenes con una sonrisa. Todos parecían muy cómodos en su presencia y la amabilidad se veía reflejada en sus ojos. La apreciaban. Y eso podía ser mucho mejor que el respeto. Se paró frente a un par de sementales que le resultaron conocidos. Spinel y Yang. Ambos lucían tranquilos y saludables. Abrió la cerca y se acercó a su caballo que le recibió con un ruido de satisfacción.

- ¿Qué pasa chico? ¿Te tratan bien? – el animal rechinó con alegría y le sacó una sonrisa. Debía reconocer, que últimamente sonreía más de lo habitual.

- ¿Cómo lo ve, su majestad? – los pasos de la castaña le hicieron voltear.

- Xiao Lang. Y… esta perfecto. No podía ser de otro modo. A fin de cuentas, su familia lleva años cuidando y entrenando a los caballos del ejército.

- Están en las mejores manos, se lo aseguro – el príncipe acarició el hocico de su compañero de viaje y la miró con una ceja curiosa.

- ¿Ya lo tienes todo dispuesto?

- Así es. Yue ha ido a buscar a los demás. Partiremos en media hora.

- No sé si es el mejor emisario…

- Ha prometido que se comportará - El príncipe se giró para mirar a su semental y apoyó su frente en la de él.

- Perfecto – Sakura contempló con sorpresa su actitud y siguió el suave movimiento de la mano del príncipe mientras acariciaba el cuello del satisfecho animal.

- Ya se lo he comentado al segundo príncipe, pero me temo que no podrán ir en sus monturas durante el día de hoy.

- ¿Demasiado llamativos? – la muchacha asintió – Lo comprendo. ¿Y que caballo me ofreces a cambio?

- Sígame – Xiao Lang observó a la joven mientras le guiaba. Vestía con soltura su traje de amazona y de nuevo pensó que los pantalones le quedaban divinamente. Ya la había visto con su uniforme de caballero en el palacio, pero era la primera vez que la veía lucir algo tan ajustado.

- Hermosas piernas…

- ¿Disculpe? - el príncipe carraspeó y fingió una sonrisa inocente.

- Te queda bien el traje.

- Oh, gracias. Su majestad también luce bien con el uniforme dorado.

- ¿No quedamos que me tratarías informalmente estos días?

- Yo… lo lamento. Es difícil adaptarse. Me pasé todo un mes repitiéndome que debía ser formal contigo y ahora ya es una costumbre. Además, tu prima quiere asesinarme con los ojos cada vez que mencionas el tema.

- Bueno, Mei es así. Pero no se lo tengas en cuenta.

- Al parecer, hay muchas cosas que debo pasar por alto estando con ella– Xiao Lang sintió la molestia en su voz, pero decidió no añadir nada. Llegaron a una llanura cercada, dónde un hermoso caballo descansaba en la sombra. Al verlos, se levantó con elegancia y camino hasta ellos restregándose contra la valla – Aquí está. Le presento a Light. Es una de nuestras mejores yeguas. Muy obediente y tranquila. La he entrenado yo misma y es una de mis preferidas.

- Es hermosa… su pelaje es dorado como el sol. ¿La has adiestrado para el combate?

- No, esta belleza es una campeona. Ha ganado ya quince carreras y tres concursos de obstáculos. De hecho, aprovecharemos el viaje para ejercitarla antes de la competición. No es tan buena cómo Dark, pero la sigue de cerca.

- ¿Dark?

- Mi yegua – Sakura hizo un gesto con la cabeza y el príncipe miró en la dirección que ella le señalaba. Cómo si hubiera sido invocada, una preciosa yegua de pelo negro llegó a trote, colocándose cerca de ambos. Al verlas juntas, pensó que hacían un hermoso contraste.

- Los nombres les favorecen… son como el día y la noche…

- Son hermanas mellizas. Algo muy inusual en los caballos. Ocurre sólo una de cada cien veces. – El príncipe soltó una risa jocosa.

- Es usted un imán para las rarezas… – Xiao Lang acarició el lomo de light, que ronroneó como un gato. Un sonido alarmante, viniendo de un caballo.

- ¿A qué se refiere?

- Bueno… Un dientes de sable como mascota, un lobo huargo como trofeo de caza y dos yeguas mellizas como campeonas de su casa. No entiendo qué le causó tanta admiración al conocer a Troné. Obviamente está familiarizada con lo extraño y único.

Sakura sonrío con timidez. Saltó la valla del cercado con agilidad y caminó hasta Dark. Le acarició el hocico con cariño y esperó a que su majestad la alcanzara. Y Xiao Lang imitó su gesto con gracia. Era un hombre atlético, eso no podía reprochárselo. Atractivo y astuto. Y lo veía mucho más humano en ese traje de caballero. Sin sus pomposos emblemas dorados ni esas capas verdes que arrastraba por todo el palacio. Se veía tan relajado, que casi logró que Sakura se olvidara del verdadero motivo que lo había llevado a su casa. Casi. El príncipe levantó la vista y dejó que el sol quemara sus pestañas. El día se había levantado y prometía venir acompañado de altas temperaturas.

- Estos establos son gigantescos. También la llanura cercada y los terrenos de obstáculos. Siento curiosidad… ¿Cuántos caballos entrenan a la vez?

- ¿Ahora mismo? – Xiao Lang asintió – Ahora tenemos 52 caballos. Cinco de ellos sólo para competir. El resto se están preparando para la guardia.

- Son muchos animales para una sola casa…

- ¿Usted cree?

- Lo creo - el príncipe se atrevió a tocar la crin de la yegua, pero esta se apartó con furia. Sakura tiró de su cuello y la calmó lentamente con su voz.

- Será mejor que no se acerque tanto…

- Es esquiva... no cómo su hermana.

- Así es… Dark es de armas tomar. Sólo se deja montar por Yue y por mí…

- Ya veo. Veo que el menor de los Tsukishiro sí sabe comunicarse con los animales…

- Yue es un chico maravilloso. Hábil con todo aquello que se propone. Equitación, esgrima, arquería… Si quisiera llevarse bien con las personas, lo haría.

- ¿Insinúas que huye del contacto humano por voluntad propia?

- Oh, eso se lo aseguro.

- Ya veo… pero se lleva muy bien contigo y con tu familia…

- Es mi mejor amigo. Ambos hemos crecido tras estos muros y le aprecio como a un hermano, su majestad.

- Xiao Lang…

- Perdón… - el silencio fue su compañía durante unos minutos. Pero no duró demasiado. El príncipe se había propuesto conocer a su futura dama. Y para ello debía ser amigable y cercano. Aunque debía admitir, que ser cálido con Sakura le resultaba demasiado fácil.

- ¿Y todos sus caballos tienen nombres en el idioma natal de la reina Anna? – Sakura agradeció el cambio de tema y le dedicó una sonrisa infantil.

- Un capricho mío. Ese de allí, blanco como la nieve, es Snow. ¿Y ves aquel potro tan pequeño que levanta la cabeza como si se estuviera exhibiendo? Es Little. Aunque tiene los humos tan subidos, que lo llamo "The Little" – el príncipe se recostó en una de las vallas de madera y miró a los animales con una amplia sonrisa. Se sentía estúpidamente relajado y ocioso. Era tan sorprendente, como satisfactorio. No recordaba haber sentido algo parecido en años.

- ¿Y aquel de color marrón y blanco?

- Earthy. En realidad, es tan blanca como Snow. El tono marrón que ve en su piel es tierra seca. La llamé Earthy porque le gusta demasiado bañarse en el barro… - otra carcajada brotó de los labios del castaño. Sakura estaba tan abrumada por su cambio de actitud, que se atrevió a ser más confiada y le miró con sagacidad – Debo admitir que te veo muy distinto… ¿es a causa de nuestra charla informal la noche de la gala o simplemente es porqué estás lejos de palacio?

- Una mezcla de ambas. Pero lo cierto es que esta tierra me sienta bien. Hay tanta tranquilidad… El aire es más ligero y el olor del bosque embriagante. Es todo un soplo de aire fresco poder alejarme de mis obligaciones y disfrutar de este ambiente.

- Ya veo… - Xiao Lang se recostó tranquilamente en la hierba, bajo la sombra de un frondoso árbol.

- Entiendo por qué eres tan reacia a abandonar esta vida. Si yo hubiera nacido aquí, mataría a cualquiera que intentara alejarme de esta paz – Sakura le miró achicando los ojos. No sabía cómo debía tomarse semejantes palabras. Le parecían muy crueles viniendo del culpable de su desdicha – Pero supongo que no podemos elegir dónde nacemos ni las obligaciones que acarrea nuestro título. ¿Verdad?

- Cierto… Aunque parece que todos se han propuesto recordármelo últimamente…

- ¿Sí? Bueno, dada tu situación actual, supongo que es lo normal. Aun así, te envidio. Nadie puede quitarte tu infancia. Ni siquiera el emperador.

Sakura se sentó a su lado, dejando un metro de distancia y miró las nubes que bailaban en el cielo. Eran blancas y esponjosas como el algodón. La brisa empezaba a desaparecer, pero aún se podía recoger algún atisbo del frescor del alba.

- Hablas como si no hubieras disfrutado nada de tu propia niñez.

- ¿Eso parece? – Sakura asintió – No es algo cómo eso… fui feliz, a mi modo. Aún lo soy y supongo que seguiré siéndolo. Es solo que… a veces envidio a la gente que puede llevar una vida más… ¿Mundana? – Sakura no pudo evitar soltar una carcajada melosa.

- ¿Crees que te gustaría vivir como un granjero?

Xiao Lang la siguió con su buen humor y le devolvió la sonrisa. Era extraño y fascinante el ambiente que se había creado entre ambos. Esos días en qué la miraba con desconfianza y la reprendía fríamente por su falta de decoro, parecían muy lejanos ahora. Aunque en realidad, sólo habían pasado unas pocas semanas… era como estar bajo la influencia de un hechizo. Puede que los rumores fueran ciertos y los bosques de Lua sí fueran mágicos.

- Quizá no sería feliz como un granjero… ¿Un caballero cómo tu hermano? Debe ser maravilloso tener una familia como la tuya. Son todos tan fieles a sus principios y a su deber… y aún así, podéis disfrutar de noches estrelladas, cenas junto al fuego del hogar y paseos a caballo.

- Idealizas nuestro estilo de vida. Touya también se esfuerza mucho y tiene infinidad de obligaciones. Entrena desde el alba hasta pasado el mediodía. Se pasó su niñez estudiando historia, economía y ciencias políticas. También habla tres idiomas y conoce la contabilidad de esta casa al dedillo. Es un heredero digno del apellido de mi padre. Y yo también lo hubiera sido si el emperador no me hubiera reclamado.

- No lo dudo. Perdóname, no quería insinuar que tu vida fuera fácil. Ni la de tu hermano. – la castaña levantó una ceja, mostrando abiertamente su asombro.

- ¿Me estás pidiendo perdón? ¿A mí? Por dios, empiezo a pensar que lo único que necesitabas para ser un humano normal, era dormir… – Sakura se maldijo a sí misma por sus confiadas palabras, pero lejos de recibir una reprimenda, Xiao Lang la miró con diversión y le dio un golpecito en la frente, dejándola aún más aturdida. ¿Quién era ese hombre y que había hecho con el arrogante príncipe de hielo?

- Gracias a tu petición de ocultar mi identidad, estoy dejando atrás las distancias y me concedo el lujo de no ser el heredero al trono durante mi estancia. Espero que me devuelvas el favor, y dejes de fingir ser dulce y femenina. A pesar de que me agrada el cambio, no tiene ningún valor si sólo lo haces por el bien de la competición.

- No sé a qué te refieres. No estoy haciendo nada fuera de lo habitual… – el futuro sol del imperio sólo la dejó ser, pero notó que su voz había temblado ligeramente. Era astuta, pero mala mentirosa. Al menos, con él. Estuvieron callados varios segundos, sólo disfrutando de la cálida brisa y el sol prematuro – Pero admito… que me agrada el cambio…

- Me alegra oír eso…

- ¿Será igual cuando volvamos a palacio? ¿Podremos llegar a tratarnos como iguales en público? ¿O el "respeto mutuo" es sólo algo que llevaremos en secreto?

Ahora el sorprendido era él. Sin duda la muchacha era directa y no sentía miedo alguno por las posibles represalias.

- Me temo que tenemos un concepto distinto de la palabra "respeto", Sakura. Hasta que se defina tu posición en palacio, no puedes tutearme en público. Yo tampoco lo haré. No sería correcto. Y lo sabes.

- Porqué la concubina no tiene el derecho de tutear al emperador… Su posición es demasiado baja para eso. ¿De verdad crees que eso es justo?

- Oh, créeme, la duquesa Yamazaki hace mucho más que tutear a mi padre. Por si no lo has notado, ella es la mujer que a la que ama el emperador. Todo el imperio sabe eso.

- Pero aún así… no la respetan. Es solo su concubina.

- Eso no es cierto. Tomoe tiene el amor del emperador y el pueblo la respeta por ello. Si no ha adquirido responsabilidades en palacio, es porqué mi padre y ella misma lo han decidido así.

- ¿Por qué?

- Lo desconozco. Pero volviendo a tu pregunta y dejando a un lado la vida amorosa de mi padre, te afirmo que seguiré el decoro en palacio. Y Eriol y Takashi harán lo mismo. A ninguno de nosotros nos conviene lo contrario.

La castaña agachó la cabeza y mostró su desilusión sin miedo a ser infantil. Eso le agradó. No había malicia en sus palabras, ni ambición. Sólo un genuino deseo de sentirse cómoda y valorada. A pesar de haber aceptado por fin su destino, era obvio que Sakura se seguía sintiendo como un objeto al que habían vendido al mejor postor. Todas las damas de la capital se peleaban por el honor de ser partícipes de la competición de damas consorte, pero Sakura no… era distinta en todo. Y ese detalle le molestó al principio. Hasta el punto de la exasperación. Pero ahora, le parecía refrescante. Puede que la joven fuera hermosa como una muñeca, pero sin duda no podían compararla a una en nada más. Sabía que esa niña díscola le traería dolores de cabeza en el futuro, pero sería divertido sobrellevarlos a su lado. Suspiró y tomó su mano, alterando una vez más los frágiles nervios de la muchacha.

- Intentaré ser totalmente transparente cuando estemos a solas o en familia. Cómo ahora… No volveremos atrás en el tiempo cuando ambos éramos distantes y desconfiados con el otro ¿Eso… te parece suficiente? – la muchacha asintió, resignada. Pero pronto una sonrisa traviesa asomó en sus labios.

- Será divertido ver la cara de la emperatriz si algún día te llamo por tu nombre de pila estando los tres a solas… - Xiao Lang no pudo evitar soltar una carcajada alegre.

- Así me gusta, disfruta de tus victorias. Pero provoca a mi madre lo justo ¿quieres? Yo también tengo que lidiar con su mal humor – Sakura se acercó entonces y le miró con un brillo curioso en esos ojos jade.

- Ya que seguimos estando a solas… ¿Puedo abusar de tu confianza y preguntarte algo? – Xiao Lang cerró los ojos y apoyó su cabeza en la rugosa madera.

- ¿No has abusado ya suficiente de ella? – la castaña negó con la cabeza y volvió a sonreír. Y Xiao Lang se sintió perdido con su actitud adorablemente infantil - No sé si me atrevo… pero será interesante correr ese riesgo contigo.

- ¿Ser el príncipe heredero es tan esclavo como parece?

- Lo es. No me deja mucho tiempo para mí. Y no gozo de la libertad de ir a dónde yo quiero ni hacer lo que me place. Tengo siempre cuatro escoltas pegados a la nuca y una agenda completamente llena, incluso en festivo.

- ¿Siempre ha sido así? ¿Incluso de niño? – Xiao Lang asintió, cerrando los ojos y dejándose llevar por el olor de la naturaleza. – No… ¿No tienes ningún recuerdo agradable? – la pregunta lo sacó de su ensimismamiento y la miró, asombrado.

- ¡Por supuesto que sí! No pretendo hacerme el mártir. Tengo muchos recuerdos valiosos. Sobre todo, con mis hermanos – Sakura se recostó a su lado y le miró con sincero interés.

- Cuéntame uno…

- ¿Un recuerdo de mi infancia?

- Sí, el que más cariño te inspire. A cambio, te contaré uno de mi propia cosecha.

- Yo…

- ¡Eh, hermano! No monopolices a nuestra anfitriona. Desde ahora sólo eres un caballero más y no mereces un trato especial – Ambos se giraron para ver al segundo príncipe y a todos los demás y soltaron un sonoro suspiro a la vez. El ambiente era tan agradable, que no querían volver a la realidad. Pero como siempre, no tenían más remedio que aceptar sus vidas y las obligaciones que estas implicaban.

- Me temo que tendrá que ser en otro momento, Sakura.

- Por supuesto.

Xiao Lang Reed Li se incorporó y tomó las manos de la joven para ayudarla a hacer lo mismo. El viento empezaba a ser algo más fuerte y vio con fascinación como mecía algunos mechones de su cabello castaño. Sus dedos se movieron por voluntad propia y colocaron con sutileza uno de ellos tras su oreja. Esa oreja pequeñita y hermosa, muy acorde con el resto de sus facciones. Los ojos de Sakura le miraron directamente y se sintió mareado.

- ¿Ocurre… algo? – el príncipe negó recuperando la poca compostura que le quedaba.

- Todo lo contrario. Vas muy bien, Sakura. Al menos de momento. Estoy disfrutando cada instante de mi estancia. Ni siquiera yo me reconozco a mí mismo…

- Es lo que pretendía, su majestad.

- ¿Volvemos al trato formal?

- Yo… lo siento… me esfuerzo por acostumbrarme a este nuevo trato, pero aún me parece demasiado extraño.

- Ya… Pero espero que no sea todo sólo por los puntos de la prueba. Me gusta esta actitud más dulce… y sería toda una decepción comprobar que no lo sientes realmente.

- Aunque esto me resulte chocante… lo cierto es que comparto ese sentimiento… Xiao Lang

Algo muy extraño paso en su estómago, que de repente pareció haber subido por voluntad propia hasta su garganta. Tragó pesado para devolverlo a su lugar y fingió permanecer tranquilo. Se apartó de Sakura con reticencia, resignado a dejarla ir. Pero la mano de Sakura lo retuvo en su lugar. Miró sus dedos enguantados y se sorprendió al desear entrelazarlos con los suyos. ¿Qué demonios le estaba pasando con esa niña? ¿Qué llevaban esas malditas hierbas de la noche anterior?

- ¿Veintitrés? No los aparentas… pero…

- ¿Disculpa?

- Tu edad… - La risa brotó de sus labios como el agua de una cascada, relajando toda la tensión del momento. Los recién llegados los miraron asombrados, incluso su hermano Eriol, que estaba mucho más acostumbrado a ver la parte más humana de Xiao Lang.

- Por dios, Sakura… en verdad eres única en tu especie… ¿Por qué no se lo preguntas a mi hermano? A fin de cuentas, debo ser mayor que él, ya que soy el heredero – la muchacha hizo un mohín y chascó la lengua.

- Lo cierto es que tampoco conozco la edad exacta de Eriol y… algo me dice que me mentiría sólo para divertirse a mi costa.

- Es más que probable, sí.

- Pero prometo leer la biografía de tu familia más tarde. Seguro que mi padre tiene una copia.

- Oh, por todos los dioses… no dejaré que leas tan tedioso volumen solo por eso. Veinticinco, Sakura… tengo veinticinco años. El mes que viene cumpliré veintiséis. Así que, sí… soy mucho mayor que tú. ¿Te sorprende? – no era necesaria la pregunta. Los ojos cómo platos de la muchacha decían todo lo que pasaba por esa preciosa cabecita alocada. - Me alegra parecer tan tierno a tus ojos… ¿O pensabas que era más joven por mi falta de madurez?

- Puede…

- Ahora sí eres "tú" de nuevo – despeinó su cabello con una mano y se unió al resto. Pero Sakura seguía demasiado descolocada para poder hacer lo mismo. Su yegua le dio un toque suave con el morro en la espalda y se vio obligada a mirarla. Sus frentes chocaron con suavidad y dejó que un suspiro sonoro abandonara sus labios.

- Dark… en verdad no comprendo a ese hombre…

Eriol recibió a su hermano con una sonrisa ladina. Tocó su hombro con un gesto divertido y pasó el brazo alrededor de su cuello. Era común verlos en palacio socializando como dos simples hermanos, pero Sakura no estaba acostumbrada a ello. Así que no pudo quitarles los ojos de encima mientras volvía a los establos a por los caballos.

- Vale, confiesa. ¿A qué juegas?

- No sé a qué te refieres, Eriol.

- No eres tú mismo… te comportas como si fueras… feliz.

- Parece que te molesta que me sienta a gusto en esta casa. ¿O es por Sakura? ¿Estás celoso de mí por robar toda la atención de tu nueva mejor amiga?

- Claro que no. Me alegra que al fin se lleven bien, pero… todo esto es demasiado repentino. Desde la gala de Mei te comportas como un loco.

- ¿Yo? No soy yo el que paseo a solas con la prometida de mi hermano mientras dejo que todo el palacio hable de ello.

- ¿Ya vuelves a sacar el tema? ¡Son todos unos malditos pesados! Sakura y yo sólo…

- Ahórratelo. Sé de sobra lo que piensas de todo esto. Te pareces a ella en ese aspecto. Pero harías bien en recordar su posición.

- Créeme, soy consciente de ella... Aún no comprendo porqué la eligió nuestro padre. No es que no sea digna. Es la hija del general del imperio, es muy inteligente y apta… pero así… de la nada…

- Compartimos esa preocupación. Pero dime una cosa… - Eriol le miró con curiosidad.

- ¿Qué?

- He notado algo extraño entre ustedes esta mañana. Sakura parecía un poco tensa ¿Qué ha pasado? – Eriol rodó los ojos y se obligó a calmarse.

- Nada. Todos quieren sacar las cosas de contexto y dar importancia a temas que no la tienen en absoluto. Aprecio a Sakura y somos amigos. Es todo. Que los demás piensen lo que les plazca.

- Discúlpame si no comparto tu frescura en este asunto – el segundo príncipe quitó importancia al tema con un manotazo y miró en dirección a los establos. Touya Kinomoto ya se había montado en su imponente corcel.

- Será mejor que vayamos con nuestro comandante. Hoy somos caballeros de servicio. ¿No es así?

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*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

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Cruzaron la muralla que daba acceso a la aldea sin dificultad alguna. Todos en el pueblo conocían a los hijos del duque, por lo que abrieron paso a sus señores y les recibieron con cálidas sonrisas. Naoko se removió entre los brazos del príncipe, sintiéndose algo molesta por la posición en la que se encontraba. Odiaba montar a caballo y era una pésima amazona. Le parecía incómodo, poco fiable y nada práctico. Por ello habían decidido que fuera acompañada por su majestad. Sería muy molesto pedir un carruaje sólo para ella. Y Sakura pensó que sería una forma adecuada de juntarles. Eriol le había comentado que últimamente no pasaban mucho tiempo juntos y que Xiao Lang la echaba de menos. Toda información sobre su "futuro" marido era valiosa. Así que se propuso observarles desde lejos y ver hasta que punto eran cercanos. Además, ver el rostro de puro asco de Meiling era una satisfacción añadida. Xiao Lang notó la incomodidad de la muchacha y le sonrío con picardía.

- ¿No te gusta cabalgar conmigo, Naoko?

- Tu compañía no me incomoda, es el caballo lo que me molesta.

- La yegua que ha escogido Sakura no me disgusta. Es muy sumisa y tiene buen porte – los ojos castaños de la muchacha le miraron y pudo ver algo de tensión en sus cejas - ¿Qué te pasa Koko?

- Me alegro de que te caiga bien la chica, de verdad… a mí también me cae bien, pero…

- Suéltalo ya, o te saldrá una ulcera – El príncipe intentó bromear, pero fue obvio para él que su mejor amiga no estaba de humor para ello.

- ¿Te arrepientes de tu decisión de convertirme en candidata?

- ¿Qué? ¡Claro que no! ¿A qué viene esa pregunta?

- Parece que tu decisión de convertirme en la futura emperatriz flaquea… - Xiao Lang siguió sus ojos hasta la señorita Kinomoto y suspiró. Sakura reía feliz un poco más abajo, en compañía de los hermanos Tsukishiro y un par de guardias.

- Es cierto que la elección de mi padre es más adecuada de lo que imaginé… pero no, Koko. Quiero que seas mi emperatriz. Eso no ha cambiado.

- Entonces… ¿Mei tendrá que resignarse y ser la concubina? No la veo dispuesta a ello.

- La competición dirá quién ocupa ese lugar. Estoy seguro de que tú conseguirás ganarla. Y sino…

- ¿Me ayudarás? – Xiao Lang apretó los dedos alrededor de las riendas y se mordió el labio – No, claro que no. Tú no eres un tramposo… pero me temo, amigo mío, que tu corazón no opina lo mismo. ¿Por qué habrías aceptado este cambio sino?

- ¿El cambio de fechas? ¿No creerás que lo hice por ella? Sabes que me gustan las exhibiciones militares, tú misma lo dijiste – Naoko recargó su cabeza en su pecho y los dedos de su majestad le acariciaron la melena casi por instinto. Era reconfortante sentir su calidez.

- No me importaría ser tu reina, Xiao… no sufras. Jamás nos prometimos amarnos. Somos amigos y me parece bien.

- Yo no…

- No me mientas, eso no. Todos hemos notado el favoritismo de tu padre. Puede que Mei se niegue a ello y puede… que la emperatriz use sus artimañas hasta el último momento. Pero… algo me dice, que la decisión está tomada ya – el castaño apoyó su mentón en la coronilla de la joven y miró cómo su hermano permanecía atento a ellos. Pero no le importó su escrutinio, ni tampoco el de los hermanos Kinomoto. No ocultaría que Naoko era su favorita, no tenía porqué.

- Espero que te equivoques, Koko… porqué de tener razón, significa que mi padre me está ocultando algo importante. Y odio pensar, que no confía en mí para ser totalmente sincero en todos los aspectos que atañen al imperio.

- No creo que sea por falta de confianza… pero, sí opino que hay más de lo que te cuenta. No sólo es por la duquesa Kinomoto. Sería demasiado simple…

- Opino igual. Pero a pesar de que Sakura es bastante excepcional, no veo nada en ella o en su familia que pueda beneficiar tanto al reino como para mostrar semejante ímpetu en su nombramiento – El sonido de unos cascos acercándose les sacó de su conversación. Alzaron la vista, encontrándose con el mayor de los Kinomoto. Ahora, su supuesto comandante.

- Deberíamos ir a los terrenos que han dispuesto para la competición equina. Sir Xiao, siga a mi hermana y a los Tsukishiro, deduzco que no conoce el camino.

- Lo que ordene, comandante – el príncipe le sonrío con indiferencia, viendo el desagrado en esos ojos castaños. Si esperaba verle molesto por el fingido cambio de roles, se llevaría una sorpresa.

- Bien. Les seguiré en retaguardia y escoltaré a la dama Meiling. Pero no se adelante demasiado, a pesar de la situación no quiero perderle de vista.

- Lo comprendo, pero estamos bien – Touya Kinomoto miró sus brazos que seguían abrazando a la muchacha y soltó un gruñido.

- Eso ya lo veo…

- ¿Algo le molesta, comandante?

- Demasiadas cosas, Sir… - le vieron partir y soltaron unas sonrisas disimuladas.

- Eres malo con él… sólo protege el honor de su hermana.

- Me molesta su actitud arrogante. Parece que el sur necesita mejorar su educación a nivel de clases.

- Creo que lo tienen muy claro, pero prefieren olvidar sus lecciones de etiqueta contigo. Pero el ambiente en el ducado de los Kinomoto es…

- Sí, lo sé. Se está demasiado tranquilo con este paisaje y esta calma. Me gustaría poder alargar mi estancia unos días más… - Koko hizo un mohín muy gracioso y no pudo evitar besar su cuero cabelludo.

- No sé si alegrarme de que te guste tanto este lugar. Eso le dará más puntos a Sakura…

- No seas tonta, va… debemos seguirles. ¿Te parece?

- A la orden, sir Xiao.

Sakura miró por encima de su hombro a la pareja. Los había visto juntos en palacio, pero nunca apreció semejante grado de intimidad entre ellos. Al parecer el príncipe se había propuesto en verdad dejar su posición altanera mientras estuviera en el ducado. Pensó que era un trato que sólo compartiría con ella, pero saltaba a la vista que se aplicaba a todos los demás. ¿Sería así con Naoko siempre que estaban a solas? "Eso" no parecía una simple amistad. Achicó los ojos y vio la cálida sonrisa que le dedicaba el príncipe a su dama. Nunca pensó que ese hombre fuera un tipo cariñoso, pero al parecer, sí podía serlo con la señorita Yanaguisawa. No sabía si sentirse mejor o peor por el descubrimiento.

- ¿Te arrepientes de no haber pedido un carruaje para "koko"? Fuiste tú la que sugirió que mi hermano fuera su escolta – miró a Eriol de reojo y negó con la cabeza.

- No, me alegro de que su majestad esté disfrutando del paseo. Y lo cierto, es que hacen buena pareja – Sakura dibujó una sonrisa traviesa y le señaló a Meiling con la cabeza – Pero dudo que la princesa carmesí opine lo mismo. Creo que quiere sacarle los ojos a Naoko…

- Sin duda, ya podría aprender de ti.

- ¿De mí?

- Sí. Tienes un don para disimular tus celos.

- ¿Crees que tengo celos de Naoko? Me decepcionas, Eriol…

- No de ella en concreto, pero sí de la relación que mantienen. Porqué crees que se aman. Pero te equivocas. Mi hermano la ve como una buena amiga, sólo eso.

- No necesito que me consueles. Sé el futuro que me espera y no aspiro al amor. Mucho menos con él.

- Creí que empezaba a caerte mejor. Hoy estabas la mar de amable con Xiao Lang.

- Puede que le odie menos, pero nunca me enamoraré de él. Sólo cumplo con mi papel. Tengo que ganar esta prueba.

- Si tú lo dices…

- No soy tan idiota como para caer en la tentación de sentir algo por un hombre frívolo.

- Xiao Lang no es frívolo, Sak…

- ¿Tener tres esposas no te parece algo absolutamente frívolo?

- No tiene opción…

- Ya… oigo esa frase muy a menudo. Pero, no decías lo mismo esta mañana. Algo sobre que no me resignara y que siempre había otras opciones… – Eriol la miró con renovada cautela.

- No creo que sea el momento de hablar de eso ahora. Pero prometo tener esa conversación contigo, más adelante.

- ¡Caballeros, reanuden la marcha! – la voz de su hermano alteró el ánimo de todos. Debían seguir con la agenda prevista.

- Está bien, Eriol… más adelante.

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Continuará…

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Notas de la autora: Bufff… esto va lento… jajajaja. Pero se vienen las emociones, lo prometo. Me ha salido mucho dialogo en este capítulo, pero pronto vendrá un poco de acción. Mucha, en realidad. Jajajaja. Qué ganas tengo de llegar a ese punto. Espero que les haya gustado las interacciones de Sak con "sus hombres" jajaja. Envidio a la "niña" Hermosa y rodeada de guaperas. ¿Puedo morir y rencarnar en mi propio fic? Pero me pido ser Sakura, con la suerte que tengo, aun sería Ieran Li… Jajajaja. En fin, les mando un beso super grande y espero de verdad que estén disfrutando la lectura. Nos leemos pronto y como siempre que puedo, les dejo un suculento avance… un poco largo esta vez…

"

- Dios… es tan molesto tener que lidiar con todo esto… Touya está que muerde, Yuki y Yue me miran como si les traicionara cada vez que soy amable con alguno de los príncipes y esa… esa maldita princesa mimada… ¡No sabes lo duro que ha sido cederle mi lugar en la competencia!

- Lo imagino amiga, pero tu plan es muy astuto. Les has dado a todos lo que querían. A todos… menos al invitado de honor – la castaña chasqueó la lengua, irritada.

- Él es el más satisfecho, créeme. Se ha pasado el día toooodo relajado, paseando con su "Koko"… Se llevan "muy bien" – Tomoyo se apartó un poco para mirarla pícaramente.

- Oh, por los dioses. ¿Estás celosa? – Sakura dio un salto y la miró como si le hubiera salido una segunda cabeza.

- ¡Venga, hombre! Lo que me faltaba por escuchar. Eriol y tú comparten su mal sentido del humor.

- ¿El segundo príncipe también lo ha notado?

- ¡No estoy celosa! Me molesta que ese tipejo engreído me mienta. Me dijo que eran amigos y oh… créeme, ningún amigo mira así a otro – Tomoyo se rio a carcajadas y la castaña no pudo hacer nada más que poner los ojos en blanco. - ¿Sabes qué? Vuele a casa y sigue cosiendo lonas para las carpas. No te necesito. – Sakura empezó a alejarse, pero Tomoyo la alcanzó y tomó sus manos con cariño.

- Oh, vamos Sak… no seas así, sólo jugaba contigo. Me alegra que todo haya salido bien. Pero ahora tienes que demostrarle al príncipe lo que es la verdadera hospitalidad de Tomoeda… ¿no? – la hija menor de los Kinomoto cogió aire y miró al causante de todos sus males. Lo cierto es que se veía bien vestido de caballero. Sus ojos color ámbar parecían aún más dorados con el uniforme. Y ese aire relajado lo hacía parecer más joven y atractivo.

- Por cierto ¿Tú sabias que tenía casi veintiséis años?

- ¿Quién? ¿Su majestad? Claro. Todo el mundo lo sabe.

- ¡Yo creí que tenía veintidós a lo sumo! Ya podías haberme avisado, niña tonta.

- Oye ¿cómo iba yo a saber que ni siquiera sabías la edad del príncipe?

- Eso, todo el mundo sabe la edad de nuestro adorado sol del imperio – ambas muchachas se giraron para ver con sorpresa al recién llegado

- ¡Su majestad! – los dedos de Xiao Lang le taparon la boca y Sakura enmudeció al instante. Pero esta vez, no era porqué el gesto le resultara molesto. Y fue obvio para todos, ya que se sonrojó como una colegiala.

- Tenga cuidado, señorita Kinomoto. Le recuerdo que la idea de vestirme de caballero fue suya – el príncipe retiró los dedos lentamente y le regaló una brillante sonrisa.

- Lo… lo siento. – Tomoyo a penas pudo aguantarse la risa

- Buenas noches, señorita Daidouji. Luce hermosa esta noche. – pero el golpe le fue devuelto en cuanto notó que sus pálidas mejillas también se sonrojaban. Ese condenando hombre era demasiado atractivo.

- Gracias, sir Xiao. Usted luce imponente con el león de los Kinomoto. Aunque el lobo del estandarte real también le sienta bien.

- Es más seguro ser un león aquí, teniendo en cuenta que la señorita Kinomoto tiene tendencia a cazar lobos de tres metros – Sakura soltó una sonrisa sádica y le señaló con el dedo.

- Exacto. Así que vaya con cuidado, no le de caza y lo exhiba en mi salón – el príncipe tomó la mano de la muchacha y le plantó un beso en el dorso, dejándola muda de la impresión.

- Señorita Kinomoto, puede darme caza cuando guste. Pero creo, que esta pieza ya es suya. Se la entregó en bandeja el mismísimo emperador"

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OMG! Jajaja, que ganas de ver interactuar amorosamente a esos dos ¿verdad? Y creo que Sakura sí siente algo de celos… aunque no lo reconozca. Muajajaja, risa perversa. Un beso a todos y todas. Y cómo diría el pequeño Tim del cuento de navidad de Dikens. "Feliz navidad y que dios nos bendiga a todos" (no soy cristiana, pero este 2020 se merece un capítulo a parte… además, adoro este cuento, sobretodo la versión de los Muppets, jajajaja)