Capitulo Quince

"Suelta ese lápiz" prácticamente le grité cuando vi como Rosalie intentaba meter uno por la escayola.

"Es que me pica mucho" se quejó mientras emitía un gemido de frustración mientras se desplomaba en el sofá.

Cerré mi bolso "¿Seguro que estarás bien?" le pregunté una vez más.

"Si Bella, no te preocupes. Mañana me iré a casa de mis padres" se incorporó "Estoy segura de que mi madre me arropará por las noches igual que lo has estado haciendo tú"

Odiaba tener que dejar a mi amiga medio invalida sola, pero tenía que ir a mi apartamento para preparar la maleta para el viaje y Edward pasaría a recogerme en prácticamente una hora.

Había pasado los últimos cuatro días con Rosalie, solo dejando su lado para ir a trabajar. Al contrario de lo que había podido pensar en un primer momento Rosalie era muy mala enferma. Se quejaba por todo y exigía ayuda prácticamente hasta para levantarse de la cama.

Y en algunos momentos fantaseé con la idea de poner a mi amiga como excusa para no acudir a la reunión entre escritores pero siempre acababa convenciéndome de que sería muy poco profesional y que Rose estaría bien sin mí.

A pesar de ello no podía evitar tener la sensación de que no era una buena idea que me fuera aquel fin de semana.

"Si necesitas cualquier cosa llámame, no importa la hora" le dije mientras le daba un abrazo.

Cuando llegué al apartamento saqué la maleta de encima de mi armario y comencé a meter cosas en ella sin prácticamente mirar. Vestidos, muchos vestidos, venía una nueva ola de calor y las temperaturas serían extremadamente altas. También metí los únicos dos bikinis que tenía pues el pequeño hotel disponía de piscina y spa y tenía la esperanza de tener algún momento libre para poder hacer uso de ellos. Cogí las cosas del baño y la cerré. Pero en ese momento me acordé que el viernes tendría lugar una cena formal, rebusqué en el armario y saqué el único vestido que tenía que podía dar un poco el pego. Para cuando hube terminado ya tenía dos mensajes de Edward.

Estoy aquí –E

¿Bajas o tengo que subir a buscarte? – E

Si era una amenaza no sonaba del todo mal.

Una vez en la calle busqué con mis ojos el Audi negro de la última vez pero me sorprendí al ver a Edward saludándome desde un coche gris más pequeño.

Metí la maleta a toda prisa en el maletero y me subí en el asiento del copiloto.

"Perdona" le dije casi sin aliento.

"Tranquila" me sonrió y realmente me fijé en él. Llevaba una camiseta verde y unos pantalones cortos negros y no sé por qué pero nunca lo había visto tan atractivo.

Le estaba mirando de forma muy descarada, pero él estaba haciendo lo mismo con mi camiseta de tirantes blanca y mis pantalones vaqueros cortos. No me había dado tiempo de cambiarme.

"¿Vamos?" le dije dirigiendo mi mirada al frente.

"Claro" Edward se puso las gafas de sol y metió primera.

El coche encima era de marchas. Y no sabía porqué eso también me ponía muchísimo. Me quedé mirando fijamente como con una mano sujetaba el volante mientras la otra la tenía apoyada en el cambio de marchas y movía sus pies en los pedales. No llevábamos ni dos minutos juntos y lo único que quería era que parara el coche y montármelo allí mismo con él.

Esos días iban a ser eternos.

"Tu coche es muy… discreto"

Edward se rió "¿Qué esperabas que condujera? ¿Un Porsche?"

"No, eso es demasiado hortera" yo también me reí "Quizá un BMW o un Mercedes, algo europeo que grite: tengo dinero pero también estilo"

"Ey, este coche también es europeo y tiene estilo. ¿Decepcionada?"

Me encogí de hombros y pensé que desde que conocía a Edward no había dejado de sorprenderme. No tenía nada que ver con la imagen que me había formado de él en un primer momento.

"También tengo un Maserati, pero casi no tiene maletero" se rió de nuevo.

Cuando dejamos atrás la ciudad de Nueva York, había comenzado a anochecer. Por lo que había mirado en google maps aún nos quedaban dos horas y media de viaje. La conversación entre Edward y yo saltaba entre cosas del trabajo y temas más personales

"¿Te apetece parar y cenar algo?"

La verdad es que estaba hambrienta, ese día no había tenido tiempo para comer. Edward se desvió de la carretera principal donde encontramos un pequeño pueblo donde al parecer tan solo había un restaurante en el que la oferta gastronómica parecía bastante limitada.

Edward se pidió un filete con guarnición y yo la hamburguesa más grande que había en el menú.

"¿Te vas a comer todo eso?" me preguntó Edward con incredulidad observando el plato que me acababan de traer.

"Tengo hambre" él se rió antes de que yo le diera el primer bocado "¿Algún consejo para este fin de semana?"

"Solo uno, intenta pasarlo bien. Es una panda de escritores ególatras que adoran hablar de sí mismos y demostrar que son más inteligentes que la persona que tienen delante" por lo que estaba diciéndome no parecía que fuera a pasar el fin de semana de mi vida "Tranquila" continuó Edward al ver mi cara "Son inofensivos y a veces realmente divertidos"

"Encantador" respondí, pero estaba muy ocupada con mi hamburguesa y patatas.

"Además, estará tu admirador" se rió.

"Admirador, ¿yo?" le pregunté sin entender muy bien a qué se refería.

"Martin Frank, al parecer os habéis estado intercambiado emails últimamente"

Gemí de frustración, aunque no sabía muy bien cómo podía saberlo Edward "No sé qué le ha dado conmigo, no deja de bombardearme con mensajes"

"Está muy inseguro con respecto a su última novela" masticó un trozo de carne antes de continuar "Will, su editor, me dijo que tenías unas opiniones un poco distintas en cuanto al enfoque"

Mi cara ardió en ese momento "Dios mío, lo siento mucho, no era mi intención meterme en medio" tenía que haber cortado esos emails desde el primer momento, pero mentiría si no dijera que me había divertido intercambiando opiniones con Martin Frank sobre su novela "No debería haberle contestado en un primer momento, no es parte mi trabajo, eso está muy lejos de mis responsabilidades"

"No le des importancia Bella" me aseguró Edward con una sonrisa "Nunca está de más tener una segunda opinión y si es lo que Martin quiere, en este momento lo mejor es mantenerlo contento" hizo una pausa pero mantuvo sus ojos clavados en los míos "¿Echas de menos trabajar como editora?"

Era la primera vez que hablaba de ese tema con Edward y no sabía muy bien como contestar a esa pregunta. Era bastante delicado, ¿le podía reconocer a mi jefe que estaba buscando trabajo y que me iría tan pronto como me hicieran una oferta? ¿A quién tenía en ese momento delante de mí a mi jefe o alguien que podía llegar a convertirse en mi amigo?

"Puedes hablar con sinceridad" me dijo al ver como yo dudaba "O no tienes por qué contestarme"

Pero había algo en sus ojos que me decía que estaría decepcionado si no lo hacía "Sí que lo echo de menos, mucho si te soy totalmente sincera. Siempre he sabido que es lo que quería hacer. Cuando era pequeña recuerdo que reescribía los cuentos que tenía porque pensaba que les faltaba, les sobraba algo o cambiaba alguna que otra parte"

"¿Y no quisiste dedicarte a la escritura?"

"No" sacudí enérgicamente la cabeza "Creo que nunca he tenido la imaginación suficiente para ello. Me encanta leer buenas historias y sería muy feliz si pudiera ayudar a darle forma a una de ellas"

"Siento mucho que las cosas hayan salido así" Edward bajó la cabeza y evitó mirarme a los ojos "Si quieres puedo…"

"No lo digas por favor" le supliqué. Sabía cuales iban a ser sus siguientes palabras "Quiero poder conseguir las cosas por mí misma, lo he hecho siempre. No quiero tratos de favor"

Edward sonrió "Si es lo que quieres, así será"

"Dios, voy a explotar" dije tras dar el último mordisco a mi hamburguesa.

"No me extraña" se rió "Pediré la cuenta"

"¿No vamos a tomar postre?"

"¿Quieres tomar un postre después de haberte comido esa monstruosidad?" de nuevo parecía sorprendido.

"Tienes razón, sería demasiado" dije con resignación "Aunque una cena sin postre, ¿puede considerarse realmente una cena? Muchas veces es la mejor parte"

"¿Quieres que compartamos uno?"

Al menos así no me sentiría tan mal por comer como un cerdo delante del hombre con el que fantaseaba todas las noches.

Cuando me subí al coche tuve que desabrocharme uno de los botones de mis vaqueros cortos.

"Parece que Alice y a Jasper les va muy bien juntos" comentó Edward una vez que iniciamos de nuevo el viaje.

"Sí, creo que nunca había visto a Alice tan feliz"

"Yo a Jasper tampoco. Ni tampoco lo había visto durante tanto tiempo"

"¿Qué quieres decir?"

"Desde que terminamos la universidad y Jasper comenzó su carrera como fotógrafo nunca ha pasado más de unas cuantas semanas seguidas en Nueva York, siempre está viajando, buscando nuevas cosas que contar con su cámara o de una forma distinta"

Apenas estaba escuchando lo que me estaba diciendo Edward, mi estómago lleno, sus palabras, la suave música que sonaba, la oscuridad y esa vibración que producía el coche estaba haciendo que me quedara dormida.

"Bella, despierta" Sentí los dedos de Edward acariciando mi cara y murmuré con gusto, no quería abrir los ojos "Ya hemos llegado"

Abrí los ojos y me encontré con los de Edward a pocos centímetros de los míos y una sonrisa en su cara. "Me he quedado dormida"

"Lo sé" se alejó y abrió su puerta. Hice lo mismo que él, pero sentía los miembros de mi cuerpo entumecidos.

Cogimos la maletas de la parte trasera del coche y nos dirigimos hacía la recepción del edificio. Y aunque era de noche y no se podía ver muy bien aquel sitio parecía hacer justicia a las fotos que había visto por internet. Todo parecía rodeado de árboles y de cuidadas flores, las piedras del camino crujieron bajo nuestros pies hasta el pequeño porche que se encontraba antes de la recepción.

Mientras rellenábamos los papeles consulté mi móvil y vi con terror que tenía cuatro llamadas perdidas de Rosalie.

"¿Estás bien?" le pregunté nada más que descolgó el teléfono.

"Sí, ahora sí" Rosalie se rió "Pero ha sido todo un espectáculo."

"¿Qué ha pasado?"

"Cuando te fuiste, me apetecía darme un baño, así que preparé la bañera. La llené de agua y puse esas sales que tanto me gustan… pero cuando fui a entrar en ella resbalé y como tengo esta maldita cosa no pude agarrarme, así que me caí. Me acabé golpeando la mano buena. Te lo juro Bella, pensé también me la había roto. No sé como lo conseguí pero cuando logré salir de esa maldita trampa humana intenté llamarte a ti y a Alice, pero ninguna me cogíais el teléfono. Y mi madre no estaba disponible tampoco. Total, que en un ataque de pánico y entre lágrimas acabé llamando al doctor del otro día"

"Oh dios mío Rose, lo siento muchísimo" me llevé la mano a la cara "No tenía que haberme ido"

"No digas tonterías y déjame que termine la historia" me interrumpió Rose "Así que le llamé y se presentó aquí como 15 minutos después"

"¿El doctor McCarthy fue hasta tu apartamento?" vi como Edward me miraba extrañado.

"Sí, me miró la muñeca y me ha dicho que solo era un golpe. Ha bajado a comprarme una crema y luego me ha dado un pequeño masaje" suspiré con alivio "Qué manos tiene ese hombre, me pregunto que más cosas sabrá hacer con ellas"

"¿En serio Rosalie? Después de lo que ha pasado, ¿solo estás pensando en sexo?" quizá había dicho eso mucho más alto de lo que tenía pensado porque tanto Edward como el recepcionista se me quedaron mirando.

"No seas tan dramática Bella, no ha sido nada. Y que tenga una mano inútil no significa que no tenga ojos y créeme me ha gustado mucho lo que he visto hoy. Y creo que a él también"

"No me estaba refiriendo a lo de esta tarde" le dije, Rosalie a veces podía ser bastante obtusa "Sino a todo lo que ha pasado con el bombero"

"La vida continua" fue la única respuesta que me dio mi amiga.

Cuando hube terminado la llamada Edward me estaba esperando con nuestras maletas al pie de la escaleras. Fui a coger una, pero Edward se negó. Me acompañó hasta el segundo piso donde se encontraba mi habitación, aunque la de él estaba en el primero.

"Muchas gracias" le dije mientras abría con una llave abría la puerta de mi habitación.

Nos quedamos allí plantados, parecía que ninguno de los dos quería dar la noche por terminada, pero ya era tarde y al día siguiente teníamos que madrugar.

"Nos vemos mañana en el desayuno" Edward se dio la vuelta "Buenas noches Bella"

"Buenas noches Edward" dije antes de cerrar la puerta.

La habitación era más grande de lo que había pensado y aunque estaba un poco recargada para mi gusto estaba exquisitamente decorada. El suelo estaba cubierto con una gran alfombra y fuertes y pesadas cortinas colgaban enfrente de la ventana. La cama era alta y estaba cubierta de cojines y los muebles de madera parecían ser antiguos aunque estaban perfectamente restaurados.

Ni siquiera me molesté en deshacer la maleta, saqué una vieja camiseta como pijama y me metí en la cama.

Pero esa noche no había dormido muy bien, siempre me pasaba lo mismo cuando dormía fuera de casa. Era incapaz de dormir bien sin mi cama.

Cuando terminé de prepararme a la mañana siguiente, salí al pequeño patio interior del hotel donde se encontraban preparadas las mesas para el desayuno. Edward ya estaba sentando en una de ellas mirando su teléfono móvil.

Al parecer éramos los únicos, pero en una hora comenzarían a llegar los invitados a la reunión que abarrotarían el pequeño establecimiento.

"¿Has dormido bien?" me preguntó Edward cuando me senté enfrente de él.

Apenas asentí "¿Tú?"

"Bien, gracias" miró algo en su teléfono móvil "Tengo una call con Aro después de la comida, necesitaré los datos que estabas preparando ayer"

El resto del desayuno lo pasamos hablando de cosas del trabajo. Para cuando terminamos la gente ya había comenzado a llegar y pronto las conversaciones y las risas inundaron el pequeño hotel.

Durante la mañana tuvo lugar un pequeño seminario acerca de los desafíos de la era digital en las nuevas formas de escritura, a la que no le pude prestar mucha atención porque aún había que terminar de organizar mil pequeños detalles de aquel fin de semana. Y durante la comida yo me había escapado a mi habitación con un sándwich y un refresco para terminar de preparar los informes que Edward necesitaba.

La tarde prácticamente pasó de forma parecida y para cuando llegó la hora de la cena yo estaba completamente agotada. Por suerte se trataba de un evento informal en el que en una sala se habían puesto mesas llenas de comida y cada uno podía ir cogiendo algo y unirse a los distintas conversaciones que se habían formado.

Estaba llenando una servilleta con pequeños canapés cuando vi como desde el otro lado de la sala Martin Frank levantaba un mano indicándome que me acercara. Cogí también una copa de vino.

"Ah, aquí está" me pasó una mano por el hombro "Esta es la chica de la que os estaba hablando. Bella Swan, es editora, aunque ahora mismo trabaja como la mano derecha de Edward"

"Yo no diría tanto Martin"

"No seas tan modesta" se dirigió a las otras tres personas que formaban aquel grupo "Las ideas que me ha dado son excelentes, ya lo veréis cuando salga mi nuevo libro"

Aunque Martin Frank no me los presentó directamente sí que reconocí en el grupo a dos grandes escritoras y el otro me pareció un hombre que hacía muchos años había sacado un libro con el que había tenido un éxito tremendo pero que no había publicado nada más desde entonces.

Me sentí ligeramente intimidada en presencia de aquellas personas, era imposible que pudiera hablar de nada con ellos. Eran estrellas de la literatura.

"Espero que Martin no se esté poniendo muy pesado contigo" me dijo una de las mujeres "A veces puedes un auténtico grano en el culo"

"No hagas caso de esta vieja cascarrabias" Martin se dirigió a mí "Aún está enfadada porque en la última feria del libro a la que fuimos yo firmé muchos más ejemplares que ella"

"Si, pero aún tengo enmarcada la crítica del New York Times, Martin, ¿recuerdas lo que decía?"

"Disculpad, pero necesito a Bella un momento" Edward prácticamente había aparecido de la nada y me guió a través de la sala.

"Gracias" le dije cuando estuvimos lo suficientemente lejos para que no nos oyeran.

"Esos dos pueden pasarse horas discutiendo" se rio Edward.

Me fijé en que la gente había comenzado a retirarse hacia sus habitaciones, para ellos el día también había sido largo "Si te parece bien me voy a ir a la cama ya, estoy destrozada"

"No hay problema, yo me quedaré un rato pero no tardaré mucho"

Me quedé dormida prácticamente en el instante en que mi cabeza tocó la almohada. Pero me desperté lo que me pareció poco tiempo después cuando noté algo mojado en mi sien, ¿eran imaginaciones mías? ¿Lo había soñado? Pero otra gota volvió a golpearme. Estaba cayendo agua del techo.

Encendí la luz y vi una mancha de color grisáceo en el techo que no estaba ahí cuando me había acostado de la que caían constantes gotas de agua. Justo encima de la cama. Miré el reloj que marcaba las 03:17 de la mañana.

Cogí unos pantalones cortos y bajé en la recepción donde había una chica que no tendría más de 18 años medio dormida. Le expliqué lo que ocurría y llamó a alguien para que fuera a comprobar el problema en la habitación.

Un par de minutos después apareció quien supuse era el hombre de mantenimiento.

"Uf" protestó mientras tocaba el techo subido a una escalera "Parece que se ha roto una cañería"

"¿No puede arreglarlo ahora?"

El hombre se rió "Cariño, esto tardará unos cuantos días en solucionarse. No puedes quedarte aquí"

Ambos bajamos a la recepción y el hombre le explicó el problema a la recepcionista que cada vez parecía más contrariada.

"Pero no tenemos más habitaciones"

"¿Disculpa? ¿No hay más habitaciones en el hotel?" le pregunté incrédula.

"No, lo siento" miró el ordenador "Su grupo ha ocupado todas las habitaciones del hotel"

"¿Y qué hago? Tengo que dormir en algún lado" me pasé la mano por el pelo.

"El hotel más cercano está a 20 millas" la chica parecía simpatizar conmigo "O quizá pueda quedarse en la habitación con alguien de los que ha venido"

No, eso no podía ser "¿No hay otra opción?"

"Me temo que no. Lo siento muchísimo por estas molestias. Si quiere puedo tratar de hacer una reserva en otro hotel. Por supuesto, nosotros correremos con todos los gastos"

No había ido hasta allí en mi coche y era ridículo tener que recorrer todos los días 40 millas, seguro que había otra manera de solucionar aquello. Pero las 04:00 de la mañana no era momento de buscar una, así que me dirigí a mi habitación e hice mi maleta.

Con gran pesar bajé las escaleras y recorrí el pasillo que me llevaba hasta la habitación de Edward. Era lo último que quería, pero necesitaba poder dormir en alguna parte, aunque fuera en el suelo de su habitación.

Llamé con los nudillos, pero no obtuve respuesta. Volví a llamar y oí algo de ruido al otro lado de la puerta.

"Edward, soy yo. Bella"

"¿Ha pasado algo?" me preguntó al abrir la puerta. Su pelo estaba completamente despeinado y apenas tenía abiertos los ojos, sin duda debía estar durmiendo profundamente.

"Se ha roto una cañería que pasa por encima de mi habitación. Hay goteras. No puedo quedarme allí"

"¿Y no hay más habitaciones libres?"

"No, hemos llenado el hotel" me quedé esperando en la puerta ya que Edward no había hecho un solo movimiento "No pasa nada, puedo buscar otra cosa, o puedo dormir en tu coche"

"No digas tonterías. Pasa" se echó a un lado para dejarme entrar en la habitación.

La habitación estaba iluminada tan solo por la pequeña lámpara de una de las mesitas que se encontraban al lado de la cama. Su habitación era parecida a la que tenía yo aunque más grande, pero a diferencia de cómo había estado la mía, todo estaba en perfecto orden, cosa que no me sorprendía en Edward.

Lo cierto es que tenía la esperanza de que hubiera algún sofá o algún sitio en el que yo pudiera dormir y que no fuera su cama, pero no era así. "Gracias Edward, de verdad que lo siento mucho, mañana buscaré…"

"Bella, shhh" se metió en la cama "Es hora de dormir. Metete en la cama" prácticamente me ordenó antes de apagar la luz de la mesilla de noche.

Me metí en la cama lo más alejada posible de él y dándole la espalda. Cogí la suave sábana y me tape las piernas.

"Buenas noches Edward"

"Buenas noches Bella"

Si la noche anterior me había costado dormir, estaba segura de que esa noche no pegaría ojo.