Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 32
Era como experimentar mi primer beso otra vez. Fue suave y dulce, pero podía sentir la subyacente pasión que ambos sentíamos queriendo más, sin embargo, al mismo tiempo no estábamos listos para llegar más allá.
—Debería ayudar a Emily a terminar allá afuera —dije, apartándome al fin—. ¿Cómo está tu cabeza?
—Definitivamente mejor —susurró Edward—. Esos labios tuyos son mágicos.
—Iba a decir lo mismo de ti —le dije y se rio entre dientes—. ¿Nos vas a esperar?
—Por supuesto. Me limpiaré esto —señaló su cabeza—, y luego me quedaré aquí hasta que terminen.
Me paré con reticencia y salí para ayudar a Emily a recoger el desastre que dejaron los niños. En cuanto aparecí me miró y se rio.
—Iba a preguntarte dónde demonios has estado, pero la mirada en tu cara lo dice todo. —Me aventó un trapo y comenzamos a limpiar las mesas—. ¿Qué pasó?
—Sam tiene un brazo fuerte —le dije, intentando no reírme—. Empujó a Edward contra una mesa y se cortó la cabeza. Yo sólo le di un beso para curarlo.
—Como dije antes, vamos a necesitar otra habitación. —Me guiñó y negué de nuevo con la cabeza—. Dime mojigata si quieres, pero no quiero compartir habitación con una pareja que estaba tan excitada que casi follaron en el baño durante una fiesta de trabajo.
—Eso fue antes —murmuré—. Las cosas eran diferentes entonces.
—Sí, diferentes porque él no quería que los descubrieran. Ahora que ya le dijo al mundo entero que te ama no creo que tenga el mismo reparo sobre hacer cosas malas en público, ¿no crees? Mañana a primera hora pediremos una segunda habitación. —Emily se veía seria, pero yo tenía mis dudas.
—¿Qué hay del dinero extra? —argumenté.
—Sólo nos faltan unos cuantos euros, un par de días más aquí y tendremos más que suficiente para pasear por una semana antes de seguir.
—Emily, fue sólo un beso. Todavía no estoy segura de estar lista para más y si tenemos otra habitación… no confío en mí para comportarme. —Suspiré—. No quiero apresurar las cosas.
Emily detuvo lo que estaba haciendo y se acercó a mí.
—Lo siento, Bella, no pretendía… oye, nos las arreglaremos cómo estamos hasta ahora y luego tal vez cuando nos vayamos a otra parte podremos pensar en nuestros dormitorios.
—Gracias —sonreí.
Edward nos estaba esperando afuera cuando finalmente terminamos de limpiar. Además del raspón y el chichón, ahora su piel tenía una tonalidad morada azulada.
—Ouch —dijo Emily y él asintió—. Te pateó el trasero un niño de ocho años, ¿qué dirá Emmett?
—Si Emmett pregunta, fue un hombre grande, un hombre muy grande y malote, y terminó peor que yo, ¿estamos claros? —dijo Edward y Emily se rio.
—Ni lo sueñes —lo contradijo y él gimió—. Este es material perfecto para el blog.
—Desearía poder despedirte justo ahora —gruñó y me reí.
—Ah, pero ya no eres mi jefe. Renunciaste, ¿recuerdas? —le recordó.
—Para que conste, intenté renunciar, pero van a pausar mi renuncia durante un mes. Si no regreso, entonces la harán efectiva. Así que técnicamente sigo siendo tu jefe, Emily. —Sonrió presumido, pero yo lo vi con confusión.
—¿Así que podrías regresar si quisieras? —le pregunté y se encogió de hombros.
—Sí, mantendrán abierta mi posición por ahora. Tengo unas semanas más para hacer oficial mi decisión, pero no tengo intención de regresar, así que no hay diferencia alguna. —Sonrió y se acercó a mí—. Estoy aquí porque quiero, Bella.
—Me alegra que estés aquí —dije con honestidad—, pero odiaría que te alejaras de tu carrera para luego arrepentirte.
—Me arrepentiría más si me alejara de ti —dijo simplemente—. No te preocupes por mi trabajo, Bella. Yo no estoy preocupado.
—Bien —dije sin estar convencida.
Cuando regresamos al apartamento, Emily se fue directo a la ducha y luego a dormir, dejándonos solos a Edward y a mí. Nos sentamos en el sofá viendo una película en italiano que no tenía subtítulos. Edward hizo su mejor esfuerzo en traducir mientras la veíamos, pero yo estaba demasiado ocupada viéndolo a él. Cuando íbamos a dos tercios de la película, apagué la televisión y me acurruqué en su costado.
—¿Tan mala era mi traducción? —preguntó.
—No, me distraía mucho —sonreí.
—Déjame sacarte a algún lado mañana, después del trabajo —dijo, besándome la cabeza—. Sólo tú, yo, ¿y tal vez una cena que sea más que fideos?
—Suena bien. —Hice mi mejor esfuerzo por ahogar un bostezo.
—Ve a dormir —dijo divertido.
—Buenas noches, Edward —dije y le besé una vez la mejilla. Me metí a la cama y lo escuché luchar con el sofá, intentando estirarlo para convertirlo en cama. Quince minutos después el crujido de los resortes me indicó que él seguía despierto. Me levanté y abrí la cortina que nos separaba, viéndolo girarse y moverse durante un minuto.
—¿Quieres compartir? —le pregunté y se sentó, asintiendo una vez.
Se acercó usando sólo su bóxer y se metió a la cama junto a mí. Era individual, así que el espacio estaba limitado, pero no me importaba. Amaba tenerlo así de cerca, incluso si era algo inocente.
—Nunca pensé que apreciaría tanto una cama en mi vida —susurró y me besó el hombro—. Gracias.
Lo siguiente que supe era que ya era de mañana y el brazo de Edward estaba rodeando mi cintura, sosteniéndome contra él. Me quedé ahí acostada disfrutando del contacto por un rato y luego hice mi mejor esfuerzo por levantarme sin incomodarlo.
Al alejarme de la cama escuché su celular vibrar, así que lo agarré rápidamente y fruncí el ceño cuando vi el nombre de Phil en la pantalla.
—Apágalo —murmuró Edward adormilado y enterró la cara en la almohada.
—Es Phil —le dije—. Phil te está llamando a Italia, Edward… tiene que ser algo serio.
—Renuncié —dijo con voz todavía ahogada—. Entiendo que si no regreso lo harán oficial y me voy a quedar aquí. Phil lo sabe, así que en realidad no hay nada que decir.
El teléfono dejó de sonar y casi de inmediato llegó una alerta de un buzón de voz. Seguí molestando a Edward con el teléfono hasta que cedió y lo escuchó. Cuando se llevó el teléfono al oído intento mantener el rostro sereno e indiferente, pero hubo un breve destello de emoción que fue imposible pasar por desapercibido. Cuando colgó, simplemente soltó el teléfono sin decir palabra, podía notar que la llamada le había afectado.
—¿Y? —pregunté y me dedicó un encogimiento a medias—. Vamos, Edward. ¿Qué quería?
—Me quiere de regreso en la oficina —dijo, otra vez intentaba sonar indiferente, pero no lo consiguió tan bien como esperaba.
—Y… —lo presioné.
—Y… —suspiró—. Y a pesar de mi reciente admisión sobre la forma en que te traté y luego mi tiempo personal extendido, parece que Irina y él todavía me tienen en alta estima. Habría un retraso, tal vez otros seis u ocho meses para asegurarse de que no vuelva a fallar, pero básicamente todavía quieren que asuma el rol de Phil. Quiere que retire mi renuncia y regrese a mi viejo trabajo.
Inflé las mejillas y sentí un nudo de nervios formarse en mi estómago.
—Oh —dije, la aprehensión en mi propia voz era evidente.
—Oye —dijo firmemente, alzando mi mentó para obligarme a verlo—. Me quedaré aquí. Te amo, Bella.
—Pero amas tu trabajo —le recordé y tuvo que aceptarlo—. Has trabajado toda tu vida para llegar a este punto…
—El trabajo no significa nada en absoluto si no puedo compartirlo contigo, Bella. —Me silenció cuando empecé a hablar otra vez—. Cuando estés lista para ir a casa, puedo encontrar otro trabajo y si tengo que empezar de nuevo desde cero, así será. Tú eres lo que más importa, no dudes eso ni por un segundo.
Asentí y lo vi irse para tomar una ducha. Cuando se fue, volteé y miré a Emily sonriéndome.
—¿Lo escuchaste?
—Sí —dijo en voz baja—. Es bueno que esté sacrificando su carrera por ti, Bella. Ahora ya puedes estar segura que está aquí para quedarse.
—Pero ¿y si yo no quiero eso? —le pregunté—. Nunca quise que se alejara de su carrera por mí; sólo quería que fuera honesto con las personas sobre lo que sentía por mí. Este trabajo significa todo para él, y no es sólo un trabajo, Emily, es muchísimo más. Esta oportunidad, la que él está intentando dejar atrás… bueno, supongo que su oportunidad única en la vida de viajar a Europa. No lo dejaré que renuncie a eso para seguirme por ahí en su intento por arreglar las cosas.
—Lo comprendo, y entiendo totalmente tu perspectiva, pero escuché a Edward, Bella. No quiere regresar, quiere quedarse aquí.
Asentí, pero a pesar de sus esfuerzos por convencerme, lo conocía. Sabía lo importante que era este trabajo y aunque no dudaba de su sinceridad hacia mí y sobre hacer funcionar nuestra relación, podía notar que le estaba causando un serio conflicto.
Dejé ir el tema y me obligué a actúar positiva y feliz por el resto del día – Edward y yo lo hicimos. Después de otro día de flojera en la playa tuvimos un evento para el cierre de las vacaciones que organizar con los niños. Fue agotador, pero para el final de la noche todavía me esperaba mi cita con Edward.
Ya eran casi las once y media para cuando estuve lista para salir del apartamento, Emily me había ayudado a alistarme lo más rápido posible, pero ahora Edward no estaba en ninguna parte. Finalmente, justo antes de la media noche se escuchó un golpe en la puerta del apartamento.
—Buenas noches, Srta. Swan —dijo Edward de forma super amable y me reí.
Estaba parado afuera de la puerta con un ramo de flores en una mano y vestido con la ropa más elegante que había traído – unos jeans color azul oscuro y una camiseta blanca.
—Buenas noches. —Sonreí cuando me entregó las flores—. Gracias, están muy bonitas.
—Lamento llegar tarde. Tenía que encargarme de unas cuantas cosas. —Me ofreció su mano—. ¿Nos vamos?
—Vamos —dije y se rio—. ¿A dónde vamos?
—Tuve que endulzar mucho a la Sra. Castelletti para poder hacer esto, pero si te gusta entonces valió totalmente la pena. —Me guío a las escaleras y subimos al techo—. Cierra los ojos.
—No quiero —protesté, así que me los tapó con ambas manos—. Edward, detente.
Avanzamos unos pasos hacia afuera y luego nos detuvimos. Cuando quitó las manos, jadeé.
—Dios mío, Edward, mira esto.
—Te he llevado a restaurantes elegantes y te he paseado en un carro vistoso… quería hacer algo diferente, algo simple. —Se encogió de hombros, se veía un poco avergonzado.
—Esto es perfecto.
Había una pequeña mesa y dos sillas en el centro del techo con un pequeño dosel de lucecitas parpadeando. La mesa estaba puesta con platos, cubiertos y una botella de algo enfriándose en una cubeta de hielo.
—No tuve tiempo para cocinar nada espectacular y probablemente el vino sabrá a ácido de batería, pero yo…
—No importa —terminé por él y sonrió—. Esto es increíble.
Me llevó a la mesa y me sacó la silla, antes de sentarse frente a mí. Me solté riendo cuando levantó las tapas de los platos para revelar macarrones con queso acompañados de pan de ajo.
—Si tú comes, yo como —dije, cortando un trozo del baguette de ajo—. No quiero ser la única con mal aliento gracias a esto.
—Esto es como un festín de lujo después de los últimos días —dijo y se metió un pedazo grande en la boca—. Mm, qué bueno.
Platicamos de cosas banales mientras comíamos y luego nos reímos cuando probamos el vino, que sí sabía mucho a ácido de baterías, pero decía en serio lo de antes, de verdad no me importaba.
Después de comer, me incliné sobre la mesa y tomé su mano.
—Hay algo de lo que quiero hablar contigo y necesito que seas completamente honesto, ¿de acuerdo?
—Por supuesto —dijo con solemnidad—. ¿Debería temer?
—Sólo si intentas tomarme el pelo —me reí y asintió—. Trabajaremos nuestro último turno en el hotel mañana, y después de pasear por unos días iremos de vuelta al aeropuerto.
—Bien —dijo, sin saber a dónde llevaría esto—. ¿A dónde iremos después?
—Emily y yo veremos qué vuelos hay y tomaremos una decisión, pero tú te irás a casa, Edward —dije en voz baja y se congeló.
—¿Qué? ¿Por qué? No entiendo —dijo rápidamente.
—Amas tu trabajo, Edward —le dije y no dijo nada—. Has trabajado toda tu vida para conseguir esto… para tener esta increíble oportunidad y ahora es casi tuya; y quieres alejarte de eso por mí.
—Estoy aquí porque quiero, Bella.
—Lo sé, y lo que hiciste para arreglar esto… para arreglar lo nuestro, fue más de lo que alguna vez creí que harías, pero la idea de que tengas que elegir entre tu trabajo y yo; no seré parte de eso. —Respiré profundamente—. No me malentiendas, Edward, tenerte aquí ha sido increíble y he amado cada minuto, pero creo que es hora de que te vayas a casa.
—Bella, no puedo perderte, no quiero perderte de nuevo.
Sonreí.
—No puedes y no lo harás.
—Y no te pediré que vuelvas conmigo porque este es tu viaje.
—Es mi viaje y quiero terminarlo. —Vi su cara caer—. Sólo te estoy diciendo que esto es algo que yo tengo que hacer y el que vayas a casa es algo que tú tienes que hacer.
—¿Y nosotros? —susurró.
—Supongo que te estoy pidiendo que me esperes —le dije.
Asintió; no tenía idea de qué estaba pensando.
—Prométeme algo —dijo, llevándose nuestras manos a la boca para besarme los nudillos—. Volverás a casa, ¿cierto?
Sonreí enormemente.
—Contigo esperándome, ¿cómo podría no volver?
—¿Y podremos usar Skype, llamarnos y enviarnos mensajes, para seguir viéndonos y seguir hablando cuando queramos?
—Todos los días.
—Renunciaría a todo, Bella, si eso fuera lo que quisieras. En un latido y nunca te lo reprocharía —dijo con sinceridad.
—Lo sé, pero yo sí me lo reprocharía y no podría vivir con eso. —Sentí la emoción hirviendo en mí. Lo estaba enviando lejos; el hombre al que había extrañado cada día desde que me fui finalmente estaba aquí y le estaba pidiendo que se fuera como una idiota.
—¿Estás segura de esto?
—No —admití—. No quiero que te vayas, pero siento que es lo correcto. Ambos necesitamos esto por diferentes razones, Edward.
—Espero que no tengas a ningún italiano listo para ocupar mi lugar —bromeó, sus ojos estaban brillando y sabía que esto era lo que él quería.
—No, me gusta alguien más —dije y se rio—. Estaremos bien, Edward. Hemos llegado muy lejos.
—Eres única, ¿lo sabías? —murmuró—. Pero tienes razón. ¿Qué tanto son unos cuantos meses más cuando tenemos el resto de nuestras vidas?
—Exacto. Nada de arrepentimientos ni hubieras.
—Mmm, ¿no arrepentimientos? —Lo pensó por un segundo y dijo—: Eso es mucho pedir. ¿Qué te parece nada de nuevos arrepentimientos… puedo decirlo así?
—Sí, nada de nuevos arrepentimientos, pero tampoco puedes estancarte en los antiguos. —Esperé a que lo aceptara y lo hizo con un simple asentimiento.
—Te amo —susurró.
—También te amo.
Después de la cena, Edward nos llevó de regreso al apartamento y a la habitación. Emily estaba dormida y asumí que él se uniría a mí de nuevo como compañero de cama, pero para mi sorpresa se detuvo.
—Buenas noches. —Se agachó y me besó suavemente los labios.
—Podemos compartir de nuevo —le ofrecí, pero negó con la cabeza.
—No hasta que estés en casa. No hasta que pueda compartir la cama contigo todas las noches.
xxx
—¿Estás segura de esto? —preguntó Emily. Estaba al borde de las lágrimas por centésima vez desde que habíamos llegado al aeropuerto y Edward estaba extremadamente callado—. No me molesta para nada que Edward esté aquí.
—Lo sé, y sí, estoy segura. —Forcé una sonrisa.
Pasamos unos increíbles días paseando y disfrutando de la compañía del otro. Emily nos dio tiempo suficiente para estar solos, pero no fue necesario porque Edward se comportó como un gran caballero… un gran caballero de época victoriana si era completamente honesta. Me llevó a cenar, a dar románticos paseos y siempre me dejaba en la cortina divisora con un beso. Algunos eran más intensos y sensuales que otros, pero nunca progresó más allá de eso y yo lo apreciaba al mismo tiempo que me frustraba.
Nosotras teníamos un vuelo a Florencia y Edward iría a Roma antes de su conexión de vuelo a Sea-tac. Él se iría una hora antes de nosotras, y los segundos avanzaban rápidamente hacia su partida.
—Quiero hablar contigo todos los días —me recordó—. No me importan las zonas horarias, Bella. No me importa si estoy en el trabajo; si quieres hablar, ahí estaré.
Asentí y me jaló bruscamente a sus brazos.
—Te voy a extrañar —dije con voz rota.
—No tenemos que hacerlo —dijo.
—Sabes que sí.
Cuando se escuchó el anuncio de que su vuelo empezaba a abordar, sus brazos se apretaron a mí alrededor.
—Cuídala —le dijo a Emily.
Lo besé una última vez y luego retrocedí.
—Arrivederci. —Me reí y me limpié la cara. No era nada gracioso, pero era eso o llorar histéricamente, y estaba intentando convencerlo de que estábamos haciendo lo correcto.
—Arrivederci —dijo en voz baja y me entregó un pedazo de papel doblado a la mitad—. Ten, pero no lo leas hasta que me vaya.
Lo miré alejarse, aferrándome al papel en mi mano. Sólo cuando estuvo fuera de mi vista, lo abrí y vi una nota con su caligrafía.
Te amé esa primera noche,
Todavía te amo.
Siempre lo he hecho,
Siempre lo haré.
Te estaré esperando, Srta. Swan. Sin importar cuánto tardes, aquí estaré.
—Vamos a necesitar más pañuelos —dijo Emily antes de agarrar mi brazo y guiarnos hacia nuestra puerta de embarque, listas para empezar una parte muy diferente de nuestro viaje.
Edward…
Esto es lo correcto, ella tiene razón… ¿cierto? Ese es su viaje y este es el mío. Aún así, la extrañaré con locura… carajo.
Me encanta que a pesar de que hayan arreglado su relación, decidieran separarse para seguir adelante con sus respectivos caminos. Fue muy maduro de parte de Bella darle a Edward la libertad de regresar a su sueño sin el temor de perderla, también porque ella necesita terminar esta experiencia con Emily, así como lo habían planeado.
Nos quedan dos capítulos, que ya están prácticamente traducidos. Probablemente hoy por la noche suba el siguiente y mañana temprano el último, les estaré confirmando esa información a lo largo del día en mi grupo de Facebook.
Como siempre, mil gracias por su apoyo a esta traducción :)
