XIV – La Enfermedad del Amor
Neji se despertó por unos sollozos ahogados que oía desde el fondo de la habitación; era Hinata, estaba llorando. Tenía la espalda pegada a la pared estampada de flores azules y la cabeza semi oculta entre las rodillas. Abrazándose las piernas, mientras usaba una mano temblorosa para limpiar sus propias lágrimas. A pesar del escalofrío que le subió a Neji por el cuello, él se quitó las espesas sábanas grises y se acercó a ella.
Los ojos de Hinata se llenaron de pánico y, sin decir palabra, se arrastró a un rincón del dormitorio. Igual que un pequeño ratón cuando se sabe presa del gato.
—Hinata-sama, sé que es usted, por favor no se esconda —dijo Neji pasando por alto el compulsivo estremecimiento proveniente del cuerpo de la chica. Arrodillándose frente a ella, en la esquina de la recámara—. La escucho ¿Dirá algo horrible, pero cierto, de mí? ¿O intentará besarme cuando baje la guardia?
Ella negó efusivamente y se aplastó más contra la pared. Aterrorizada.
—¿A qué debo tanta misericordia si se puede saber? —preguntó Neji, sin entender por qué ella ni si quiera era capaz de sostenerle la mirada. No se parecía en firmeza a las otras dos Hinatas con las que trató. De hecho, por tanto nerviosismo se le asemejaba bastante a la original.
—No diré nada que no quieras oír, no te molestaré… yo… no pretendía despertarte. —La voz rota y las mejillas encendidas. Los ojos cristalizados y la nariz enrojecida—. Lo lamento, lo lamento, lo lamento. No volverá a ocurrir.
El joven Hyūga no estaba entendiendo nada, pero se compadeció de esa sombra de Hinata.
—No importa, tampoco tenía demasiado sueño, ¿por qué llora?
—Porque tengo mucho miedo.
—No pasa nada. Se puede quedar a dormir conmigo si le parece bien —ofreció—. Yo estoy aquí para protegerla. ¿De qué tiene miedo?
Neji cometió el grandísimo error de acercar una de sus manos al rostro de la chica, con intenciones de limpiarle las lágrimas. Hinata lo rechazó con una palmada y se encogió más todavía.
—De ti.
(…)
Cuando entró a su cuarto, Tenten estaba desastrosamente hundida entre un mar de almohadas, almohadones, cojines, y cojincitos (de diferentes tonos rosas) que había transportado en sus pergaminos. Abrazaba un peluche con forma de panda y tenía los cabellos sueltos sobre la nuca y las mejillas. El aire del lugar olía a esencia de frambuesas. Neji sabía que estaba muy mal haberse metido allí. Pero no le tenía confianza a Kurenai. Kiba y él se odiaban. Y en su propia habitación había dejado a cierta chica llorando. Así que solo le quedaba la kunoichi, a quien seguramente no le haría gracia aquella visita.
No se equivocó.
—Neji, maldición, son las cuatro de la mañana, ¿qué quieres? —le increpó Tenten, apuntándole entre los ojos con el panda de peluche, a falta de armas pertinentes—. Casi me matas del susto. Hey, quieto, no creas que porque está oscuro no te puedo acertar.
—¿Puedo dormir contigo?
—NO. LARGO.
—Me quedaré aquí, cerca de la puerta.
—¿Qué? ¡No! Oye, no pongas tu futón… ¡Neji! —¿Cómo le explicaba, sin insultarlo, que por mucha confianza que le tuviera, no le parecía divertido dormir en el mismo cuarto con un usuario del Byakugan? En especial si era un chico—. No eres bienvenido en mis dominios.
—Buenas noches para ti también.
(…)
La biblioteca era luminosa y grande, tenía un tragaluz en el techo por donde se colaban los rayos del sol directo a las mesas centrales. A la mayoría le gustaba leer allí. Pero la verdad era que el lugar estaba desértico, no tenía muchos visitantes, ni era tan conocido. Lo frecuentaban personas específicas. Por ejemplo, la bibliotecaria y los pocos empleados se sabían de memoria el nombre de Ino Yamanaka, Chouji y Shikamaru Nara. Eso no calmó mucho a Neji, dijo no conocer a ninguno de los tres y estuvo reacio a dar su propio nombre.
Caminó por los pasillos atestados de libros junto a Tenten, con la mente puesta en un punto de partida decente para empezar a buscar. Si quería sanarse entonces debía ir a la sección directa de botánica o medicina alternativa. Pero para saber con qué podía sanarse primero era importante saber qué demonios tenía. Por haber registrado previamente en la sección de enfermedades de la biblioteca de la aldea de la hoja, sabía que su problema no era convencional. Descartando, se centró en textos acerca de afecciones producidas por plantas exóticas, aunque sabía que no había estado cerca de ninguna flor extraña en los últimos meses. Fue un error. Allí perdió tres valiosas horas de la mañana. Sin resultados positivos, decidió avanzar a los libros de plantas venenosas. Halló lo previsible; pócimas de cicuta, brebajes de belladona, cianuro en diversas especies y su grado de efectividad según cada una. Demasiada ponzoña para su gusto. Tampoco dio con gran cosa. Siguiente categoría; aromaterapia. Aprendió a detalle cómo los olores podían influir en diferentes áreas de la conducta y el organismo que iban desde el estado de ánimo y dolores, hasta el apetito sexual. Pero nada que hablara de por qué podía un ser humano, común y corriente, oler a flores.
En un acto de desesperación hurgó en guías para cuidar de rosales. Devoró volumen entero llamado "Gama de Rosas" que parecía tenerlo todoacerca de ellas.
No obtuvo ni una misera pista.
A mediodía Tenten se escondió en un rincón y desplegó un pergamino del que invocó una bonita cesta llena de pancitos dulces y calientes.
Neji se sentó a su lado en el suelo e hizo ademán de coger uno.
—¿Puedo?
—Puedes —dijo ella—. Imagino que vas tan infructuoso como yo en esta investigación.
—Imaginas bien.
Ambos suspiraron.
—Nada —dijeron al mismo tiempo.
—Neji, ¿lo puedes creer? Son horas de mi vida que no voy a recuperar y pude haber malgastado de otra forma.
—Vaya, ha de ser una mortificación inigualable —replicó él. Enamorado de una princesa. Rechazado por la misma. Con indicios de esquizofrenia. Insomnio de semanas. Dolores pulmonares. Aroma a flores. Y unas migrañas horrorosas que no se le quitaban ni aunque se tomara todo el frasco de píldoras.
—Ajá, me gustaría estar durmiendo o afilando armas —obvió el sarcasmo de su compañero—. ¿Sabes lo duro que es ser Hinata? No la valoramos lo suficiente. Es decir, ¿cómo le hace para moverse tan bonito siempre? ¿O para sonreír, ser dulce y tener paciencia de sobra? No decir malas palabras, llevar una postura elegante, tener en cuenta los sentimientos de los demás —enumeró levantando los dedos de ambas manos—. ¡Me estoy volviendo loca! ¡No debí haber venido! ¡Hinata es prácticamente perfecta y yo soy un desastre! No tengo gracia, ni garbo, ni elegancia. Mucho menos paciencia. Amo comer con los mismos modales de mierda de Kiba. Las groserías me traen sin cuidado. Y me encanta convertirme en una masa amorfa cuando descanso; no estar sentadita y reclinar ligeramente mi cabeza sobre un hombro. Esto me está matando por dentro, Neji.
Poniendo mucho cuidado de no establecer contacto visual con la fiera, Neji cogió otro pan de la canasta y lo mordió con lentitud, incómodamente.
—Si esperas un comentario simpático de mi parte solo porque eres mi amiga más cercana, lamento decirte que no ofrezco esa clase de servicios —dijo él—. ¿Te sientes como un rinoceronte lisiado delante de Hinata? Ese no es mi problema.
—¡Odio a los Hyūga y su ridícula, estúpida e innecesaria elegancia! ¡Todos parecen bailarinas malvadas de papel!
—Guarda esa opinión para alguien a quien le importe —repuso flemático.
—Ojalá te atragantes.
—Sí, ojalá.
—Estoy tan harta de buscar ¡Dios! Tiene que haber algo aquí que ayude —insistió Tenten—. ¿Imaginas que te estés convirtiendo en una rosa como en ese mito de la luna de equinoccio? Y nosotros aquí desperdiciando el tiempo en libros de botánica, agricultura y…
Neji perdió el color en la cara a causa de un fugaz recuerdo. Veintidós de septiembre. Equinoccio de Otoño. Esa noche soñó que Hinata lo había acompañado en la madrugada. Fue al día siguiente, antes de que él se arrodillara para pedir disculpas con la frente contra el suelo, que ella había mencionado algo sobre una leyenda contada por Ino, ¿y quién mejor que Ino para saber de esas cosas?
—¿Qué mito es ese? —preguntó Neji.
—Una niñería que Ino adora narrar en las pijamadas —respondió Tenten—. Creo que es una poesía, pero... ¿trata de un hechizo? Tendrás que perdonarme; no soy Ino y no me lo sé de memoria. Va de que si te cogen los 15 años sin haber confesado tu amor, te conviertes en una flor. Pero por su puesto, para ello habría que estar enamorado desde hace mucho, mucho tiempo. No me veas así. Te digo que no recuerdo los detalles.
—¿Crees que puede tener que ver conmigo?
—¿Un cuento tonto que usan las chicas para obligar a sus amigas a confesarse al chico que les gusta? —dijo la kunoichi de mal talante—. No lo sé Neji. No lo creo. Supe que hace poco Ino quiso engañar a Hinata, la única del grupo que no sabía de la leyenda, para forzarla a que se declarara a Naruto. Ya por ahí no va bien la cosa. Estoy bastante segura de Naruto ni si quiera le gusta. Por si fuera poco, si tal hechizo fuese cierto, conozco a varios idiotas que serían flores realmente bonitas. Kiba es el único de toda la puñetera aldea que no… Lo siento, lo siento, desvarío. El punto es que, si Ino pretendía manipular a Hinata, eso confirma mi sospecha de que la raíz de la leyenda se remonta a los anales del tiempo, donde probablemente, otra chica lista quería engañar a una pobre alma inocente para que pasara vergüenza declarándose a un amor que, con toda seguridad, no era correspondido.
Neji la escaneó con una mirada inteligente, penetrante.
—Hablas con rencor. Suena personal —comentó con suavidad—. Permite que adivine, ¿Ino quiso hacer lo mismo contigo?
—Fue hace un par de años —concedió subiendo los hombros y ruborizándose—. Pero no importa, yo no me iba a declarar. Mejor ser una flor ¿y eso a ti qué? —replicó—. Gracias al cielo, Hinata se tomó el rollo a cuentos de hadas, de la forma más bonita posible y proclamó que, de ser el caso, ella se convertiría en la más bella de todas las camelias.
—¿Camelias?
—Por supuesto —dijo Tenten sabionda—. Las camelias son las flores favoritas de Hinata.
—¿No crees que para variar deberíamos buscar sobre esa leyenda? Ya vemos que no hay nada sobre mi situación en libros médicos y tampoco en libros de plantas, ¿por qué no en un libro de mitos?
Ella aceptó a regañadientes orientar la búsqueda en esa dirección.
—Vale, tú ganas, probemos a dar otra vuelta. Por aquí debe haber una sección de literatura fantástica sobre flores y toda la cosa. Si no, le quemamos la casa a Ino para que suelte todo lo que sabe. —Se puso en pie y anduvo hacia la bibliotecaria sentada tras el imponente escritorio—. Disculpe, ¿hay por aquí libros de poesía sobre flores? ¿o sobre leyendas?
—Sí, de ambos —respondió la amable mujer—. Acompáñenme, por favor.
Los dos la siguieron hasta la segunda planta de la biblioteca donde había menos libros, todavía menos gente, pero mucho más polvo. El lugar necesitaba una limpieza. A diferencia de la planta baja, no se distinguían tantos muebles, pero los pergaminos sobraban.
La mujer los instaló en un rincón apartado donde se adivinaba que los ácaros gozaban de una sólida dinastía.
—A la gente no le interesan los poemas acerca de flores —comentó la bibliotecaria, como queriéndose disculpar por las malas condiciones de aquella zona—. Vienen por libros de botánica, de alimentación, quieren guías para armar sus propios bouquets y levantar un negocio. Pero no por poesías. Ya no hay románticos.
—Muchas gracias, señora —dijo Tenten.
La mujer se retiró.
—Bueno, ¿por dónde empezamos?
(...)
La noche los sorprendió con las narices entre los libros. Al menos a Neji. Tenten yacía dormida plácidamente con la cabeza sobre una butaca. Él cerró otro inútil tomo de romance y lo dejó encima de la pila de información desechable. Si se convertía en una flor, iba a ser la flor más culta y amargada del país del fuego. Cogió el siguiente volumen, no quiso molestar a Tenten, aunque con ello hubiese ahorrado tiempo, es probable que ella necesitara esa siesta. El nuevo libro lo había estado evitando durante las últimas dos horas. Se leía "La Magia de las Plantas" y tenía gardenias doradas y rojas en la portada. Era de autores varios y empezaba con un prólogo aburridísimo que contaba cómo en tiempos remotos los elementales, consagrados al cuidado de la naturaleza, habían encantado a los humanos con diferentes enfermedades mágicas para convertirlos en flores, adornos de jardín, animales, frutas o bayas, como escarmiento por su falta de sabiduría y escrúpulos.
«Este libro es todo lo que yo no leería por voluntad» pensó Neji sintiendo hastío «Hinata lo amaría».
Regresó un par de páginas hasta el índice. Allí había mitos, leyendas, encantamientos y demás, con pinta de que un arcoíris se había estornudado las hojas. Todo, absolutamente todo, en ese tomo de tapa dura estaba ilustrado y, aunque era viejo, por la cantidad colores a Neji se le antojaba infantil. Los títulos de los capítulos, como Mal de flores, La baya de oro, Lluvia de Wysterias y Lágrimas de Girasol, no ayudaban en nada a mejorar su impresión. Decidió empezar por las leyendas.
Hojeó perezosamente durante un rato hasta quedarse con un título que le llamó la atención.
Hanahaki Disease
Aunque no se conoce su país de origen y carece de antecedentes tanto en religiones como en mitologías, se puede encontrar alusiones a esta extraña leyenda en novelas, pinturas y sonetos musicales de distintas épocas y naciones. El Hanahaki Disease, conocido también como La Enfermedad del Amor, El Mal de Enamorados y El Síndrome del Silencio, es una inusual enfermedad asociada a la primera luna de equinoccio tras cumplir los quince años. La poesía de nombre homónimo, cuenta la historia de una persona que se guardó de expresar casi todos sus sentimientos hasta esta edad. Siendo el amor la más grave y tormentosa de las cargas, para soportarlo, la fuerza de voluntad lo doblegó y convirtió en una semilla venenosa, instalada entre corazón y pulmones, que habría de germinar exuberante en el cénit de una luna llena para asesinar a su huésped.
No debe confundirse con el Mal de Flores. Leyenda que cuenta la historia de una triste dama convertida en Gardenia por despecho y, llena de dolor, desea a otras mujeres un destino semejante.
El Hanahaki Disease puede afectar a hombres y mujeres exactamente del mismo modo. La diferencia principal con el Mal de Flores radica en que, en lugar de convertirse en una planta, el perjudicado sufrirá una infección pulmonar producida por flores. En específico, por sus flores favoritas. Tales flores representan todos los sentimientos reprimidos a lo largo de años. Eventualmente sus raíces se enredarán en torno a los órganos vitales aguardando por el momento adecuado para brotar. Es correcto asumir que mientras más profundo o longevo sea el enamoramiento, peor y más violenta será la infección.
Esta enfermedad posee varias fases, pero en esencia, luego de que se abran los capullos del primer lote de flores, será cuestión de una o dos semanas para que la víctima muera por asfixia. Diagnosticado a tiempo y con las infusiones adecuadas de Ginkgo, Lúpulo y Dahlias dicha primera vez se puede retrasar meses, incluso años, pero es de importancia recordar que una vez abierto el primer botón la muerte será casi inminente.
La cura para este Síndrome es que el amor del perjudicado sea naturalmente correspondido.
También se puede extraer la planta de raíz, mediante una delicada cirugía, pero con el efecto adverso de que junto con la flor serán removidos todos los sentimientos de la persona. Esta medida suele derivar en suicidios, ya que las emociones son irrecuperables
El perjudicado no puede bajo ninguna circunstancia confesar su amor, pues de hacerlo, acelerará significativamente el proceso de florecimiento. Lo suficiente para que muera en menos de una hora, sin importar si su amor es correspondido o no.
Para bien o para mal, nadie que se bese con una persona afectada por el Hanahaki Disease recordará tal experiencia. Esto probablemente se deba al intenso perfume floral, con efectos aletargantes, que la acompaña. Dependiendo de las circunstancias el evento será borrado de la mente ajena entre quince y treinta minutos.
Con el avance de los días el dolor en el pecho incrementa y se sufre insomnio, fiebre y alucinaciones placenteras o tormentosas, según sea el caso y los sentimientos negados. En las últimas fases, cuando las coronas hayan florecido dentro y alrededor de los pulmones, el enfermo empezará a toser y vomitar pétalos. En caso de que su preciada flor posea espinas, también expulsará sangre.
Solo queda rezar para que la flor favorita de la persona enferma no sea alguna clase de Rosa.
Yukino Serika
Neji contemplaba incrédulo el texto que acababa de leer.
—¿Dónde está la bibliografía de mierda de este libro? —preguntó cabreado, yendo hasta las páginas finales.
—¿Eh? —musitó Tenten despertando por el repentino ruido. Había escuchado a Neji perder momentáneamente la elegancia—. ¿Encontraste algo?
Haciendo todo lo posible por controlar la rabia, su compañero le pasó el libro en la página abierta y marcada. Ella se tomó cerca de diez minutos para revisar con calma, correcta y detenidamente. Al poco se espabiló.
—¿Quién es el puto informante de esta mujer? —Se indignó Tenten en busca de la bibliografía y respuestas plausibles con la misma rabia que minutos antes tenía Neji—. ¿Cuáles son sus malditas fuentes? Tsunade-sama no le daría su bendición a un libro hereje como este, que habla de cirugías medicas delicadas y de flores asesinas EN EL MISMO PARRAFO.
No estaba. No es que la hubiesen arrancado, no es que estuviese dañada, desgastada por el tiempo o manchada de tinta, simplemente carecía de bibliografía. Ella se alarmó.
—¿Entonces qué, Neji? Suponiendo que algo de esto es verdad, tú morirás. Y si llegas a morir no lloraré, ¿sabes qué haré? Estamparé en tu tumba un cartel que diga (aquí yace Neji Hyūga, muerto por ceguera) —le amenazo, aunque luego con la angustia al borde de los labios añadió—. Tú… ¿me creerías si te digo que Hinata te quiere del mismo modo que la quieres a ella?
No, claro que no le creería. Haciendo uso del mismo silencio que aparentemente lo había enfermado, Neji dejó que la pregunta se proyectara sola en la mente de Tenten «¿De qué parte del culo te sacaste esa información?».
—Yukino Serika y tú podrían ser excelentes colegas —declaró en su lugar.
—Ella te quiere, te lo suplico, créeme. Si no te quisiera, no te habría perdonado lo de los exámenes Chunnin, ¿cierto?
—Ella me teme —corrigió con frialdad—. Sus intentos por ganarse mi simpatía podrían ser simples deseos de ahorrarse un mal rato, después de todo, estoy encadenado a sus pasos de por vida, mejor tenerme en paz, ¿no?
—Hinata te admira, la forma en la que te ve cuando estas cerca…
—¿Tú qué sabes lo que pasa tras las paredes del recinto? ¿Sabes cuánto la he lastimado? ¿Alguna vez te han lastimado así? Eres una niña sencilla, con una vida sencilla. Sin presiones o expectativas. Sin responsabilidades ligadas una pesada herencia de tradiciones generacionales, ni mucho menos la repulsión perenne de alguien que te maltrata. No hables de Hinata, no tan a la ligera.
—De acuerdo, de acuerdo. —Las palmas en alto—. No quise decir nada inapropiado, tengo presente todo cuanto has dicho, Neji. Sin embargo, Hinata es la mar de amable contigo, es al punto que quiero llegar.
—No significa nada, ¿contigo no es amable también? Ella no sabe ser de otro modo.
—Hinata se culpa por el daño que te ha hecho el clan. Te lleva cargado como una cruz, buscando reparar las relaciones contigo por cariño, cariño puro que quizás ni sepa de dónde le nace.
Él rio sin ganas, como si ella fuese una estúpida que no entendía nada de nada y no importaba cuánto se lo explicara, no lo iba a entender.
—¿Quién crees que ha recibido hasta la última gota de mi odio por el clan? ¿Dónde drené mi ira? Incluso si Hinata es demasiado inocente para guardarme rencor o despreciarme, es imposible que ame a alguien que tiene las manos manchadas con su sangre —dijo Neji con la mirada endurecida—. Cállate, Tenten.
La forma en la que él habló no dejaba lugar a dudas, creía sólidamente en lo que decía.
La kunoichi entendió en cinco segundos que cualquier intento por intervenir en el destino de ellos dos era inútil. Lo sabía de hace tiempo, pero la reacción de Neji se lo confirmó. Solo era una especie de juez que observaba a la distancia y conocía el panorama casi completo. Pero no pintaba nada allí porque, a fin de cuentas, él tenía toda la puñetera razón. Ella no había sido pulverizada por el genio de los Hyūga hasta verse al borde de la muerte. Tampoco había tirado a matar a alguien que amaba con desenfreno. Sencillamente no conocía de primera mano esas experiencias y no podía estar segura del impacto psicológico que provocaba en ellos. En pocas palabras; si por algo Neji creía que Hinata no lo amaba, ni lo iba a amar. La venda en sus ojos era la culpa. Y si por algo Hinata estaba segura de que Neji, en el mejor de los casos, la había dejado de considerar un estorbo. A ella la cegaban años de maltrato e inseguridades personales.
Demasiado denso como para meterse a navegar en esas aguas.
—Prometo mantener mínimo —dijo la castaña—. Pero por tu bien, más vale que Hinata se arriesgue a decir lo que siente.
—¿Lo que siente? —replicó cínico—. ¿Y qué siente? ¿Secreta aversión? Porque de amor no creo que se trate ¿O la has escuchado?, ¿te lo contó?, ¿lo tienes por escrito? No, no hay pruebas. No sé por qué iba a creerte cuando yo mismo la escuché decir que estaba enamorada de Naruto.
—¡Ella no está enamorada de Naruto! Kiba fue quien dijo eso.
Tenten se mordió la boca por dentro. La escenita de Hinata en el puente con Kiba le restaba toda credibilidad posible a sus palabras, ¿de qué servía decirlo cuando ya Konoha entera había oído esa tontería de que le gustaba Naruto? Si seguía insistiendo en tener la razón, entonces aparte de quedar como una mentirosa indiscreta, se vería obligada a dar explicaciones más extensas. Explicaciones que, por el amor al cielo, preferiblemente se iban a ir a la tumba con ella.
Estaba atada de pies y manos, quería ayudarlos, pero escapaba de su alcance. No era más que una ficha inservible en el tablero de ajedrez.
(…)
El viaje de vuelta fue igual de tenso. Kiba diciendo palabrotas, Neji respondiendo ocasionalmente con desgana, Kurenai exigiendo una conducta más apropiada de parte la futura generación de ninjas y Tenten (luciendo como Hinata) dormitando sin fuerza alguna.
Al llegar a la aldea, la pequeña kunoichi se fue a su casa para intercambiar con Hinata de nuevo. Neji siguió al piso de Rock Lee, pues debía buscar la flor blanca que le había regalado Hinata. Él le había hecho el favor de cuidarla durante su ausencia. «Lo bueno de Lee» pensó Neji «Es que no hace falta darle demasiadas explicaciones acerca de cosas triviales». Apenas el pelinegro había visto la flor asumió que era una posesión importante de su compañero y no hizo falta más información. Tanto si Neji quería ser el príncipe de las petunias, sembrar, ser jardinero o iba a hacer una sopa con esa flor, era maravilloso por igual. Lee (aunque escandaloso) se ahorraba preguntas idiotas, como las hubiese hecho Ino, Sakura, Naruto o hasta la propia Hanabi, que solo era una mocosa.
Cuando el genio de los Hyūga tuvo de regreso su rosa la encontró en perfectas condiciones. Florecida hasta la extravagancia con el mismo ímpetu de quien la había estado atendiendo.
—No me digas que… le pediste ayuda a Ino —dijo Neji, viendo el resplandor blanco que emanaba de los pétalos.
—¡Para nada!, pretendo cuidar a mi amada nación, a mi amada aldea y a mi amada Sakura. ¿Qué es cuidar de una pequeña rosa en comparación?
—Valoro tu sentido de la responsabilidad, Lee —contestó el Hyūga con aprobación—. Nos vemos mañana. Gracias por este favor.
Recibió una vigorosa palmada en la espalda por parte de su compañero y se marchó al recinto. Como llevaba la rosa en las manos, en el camino tuvo que evitar la calle de la floristería de Ino, así que bordeó la zona. Le parecía que hubiese pasado una eternidad desde que empezó el viaje, duró varios días más de lo planeado, y aunque sirvió ir a la biblioteca para conocer nombre y síntomas de su enfermedad, realmente tenía ganas de dormir. Demasiadas alucinaciones traumáticas con Hinata y ahora los desvelos le pasaban factura. Pensaba entrar por lo pronto en una cura de sueño; no despertaría ni aunque Hiashi Hyūga hiciera caer un rayo en sus narices.
Al llegar a su habitación Neji dejó la rosa en el alfeizar recibiendo unos suaves rayos de sol y desempacó el moderado bolso que cargaba. Extrañaba a Hinata pero admitirlo lo hacía sentir miserable, en especial después de estar noche tras noche escuchado en voz alta y clara lo perverso que había sido. Esperaría a que fuese la hora de cenar para poder verla y pasar tiempo de caridad, con una enorme mesa de madera poniendo distancia entre ambos, y luego, nada. No era un crío para estarse acercando a sacar conversaciones sosas con la chica que le gusta. Aguardando a la más pequeña oportunidad por algo de afecto. Enamorado. Sí, ¿y qué? No se rebajaría a rogar por atención.
Echó un vistazo a su alrededor. Las rosas en las esquinas de su dormitorio, bajo la ventana, bordeando la pared, encima y a los lados de aquel mueble viejo de madera; todas estaban marchitas y muertas. Los pétalos secos y de un color vinotinto se esparcían por el suelo del lugar. Cuando el viento soplaba crujían arrastrándose hasta sus pies. El olor que destilaban las corolas se había vuelto débil, pero mucho más dulce y empalagoso.
A la luz dorada del ocaso, en otoño, con el millar de rosas mustias, su cuarto parecía el escenario perfecto para un funeral. Las sabanas puestas, al igual que todas las cortinas, eran inmaculadamente blancas y lo realzaban. Apenas el sol cayera y tuviese que encender las velas, el efecto sería mucho peor.
Él quiso tumbarse a dormir de una vez por todas —los parpados le pesaban— pero luego de leer que las rosas serían las tijeras con las que se cortara el hilo de su vida, no podía evitar la sensación de angustia al verse rodeado por ellas. Como si se recostara plácidamente en su ataúd, esperando a ser amortajado.
Sin embargo, incluso marchitas, pensaba que aquellas flores eran bellas.
(…)
Con el impulso marcado hacia adelante, Neji desplazó una de sus manos hasta el centro del pecho de Hinata y la batió. Fue empujada un metro y medio por el aire hasta chocar contra la pared del fondo. Era la novena vez que ocurría en el transcurso de dos horas. Todavía faltaba una hora más de entrenamiento, pero aquello era demasiado. A él le pareció que era un buen momento para detenerse.
—Respire… vamos, respire un poco y me dice cuándo esté lista para intentarlo de nuevo —dijo con calma acercándose a ella para ayudarla a ponerse en pie.
Tumbada como estaba, Hinata le lanzó un golpe lizo que él logró esquivar por muy poco.
—¿Qué fue eso? —preguntó Neji cogiendo posición de combate otra vez. Ella se levantó de un salto—. Le estoy diciendo que es suficiente.
—¡Yo diré cuándo sea suficiente!
«¿¡Perdió la cabeza?!» pensó descolocado. Era la Hinata real. No era ni Tenten, ni ninguna de sus pesadillas nocturnas. Lo sabía porque apenas eran las tres de la tarde y él solo alucinaba con la luna bien en alto.
Fue rechazando con suavidad, palmada a palmada, los ataques que ella le empezó a descargar.
—Se hará daño si sigue así —advirtió con serenidad en el semblante. Le conocía a detalle las tácticas, los movimientos y los patrones de ataque o defensa, por no decir los huecos en ellos. Ni si quiera necesitaba resistirse de frente como lo estaba haciendo, habría podido simplemente evitar los golpes sin mayor entusiasmo.
—Entonces me haré daño —declaró furiosa y con las mejillas encendidas.
Hinata quiso dar una patada alta, pero Neji le cogió el tobillo en el aire y forzó su pierna en dirección contraria, haciéndola caer estrepitosamente.
—¡Basta! —dijo viéndola desde arriba—. Está herida, agotada y no sabe lo que hace.
—No pedí tu misericordia.
—No es misericordia —declaró—. Pelear sin mantener la cabeza fría es un suicidio.
—¿Q-Quién eres para decir eso?
Ella se incorporó y volvió a la postura inicial.
«Es una muestra de poca sensatez por su parte» pensó fastidiado «sabe cómo acaba esto».
Cuando la mirada de Neji ardió como el mismísimo infierno, allí la valentía de Hinata halló su primera grieta. Los rasgos faciales de su primo se tornaban impasibles.
—¿Quiere que vaya en serio? —preguntó él, llevándose los puños cerrados a la espalda y avanzando hacia la princesa—. Le daré cinco segundos para que retire sus palabras. Si no, iré en serio y usted tendrá apenas un minuto para evitar que yo… haga algo de lo que ambos nos podríamos arrepentir. Piénselo bien… aquí, en este momento, no está su padre para defenderla. Por no mencionar que a usted le falta pulso para usar el sello en mí.
—Desde que volviste del viaje estas tan indiferente… como si nada te importara, como si respirar fuera difícil, como si estuvieras vacío… ya no lo soporto. No cuentes hasta cinco. Mátame ahora mismo si es que eso te devuelve el corazón.
—Elija con cuidado sus palabras —dijo él caminando tranquilamente en circulo alrededor de ella.
Hinata lo atacó de improviso sin la menor gracia, pues estaba temblando. Falló los primeros seis golpes a distintos puntos vitales del cuello y estuvo cerca de acertar el séptimo, pero fue una trampa de la que Neji se valió para neutralizarla. Le dobló los brazos contra la espalda y, manteniéndose tras ella, la forzó a arrodillarse.
Acercó sus labios al oído de la chica.
—Se pasa de lista ¿Intentaba noquearme? —preguntó roncamente—. No crea que no la vi…
—Pensé… pensé… —musitó, sintiendo una ola de calor subir desde su estómago. Su voz y tenerlo cerca hizo que se le calentaran hasta las orejas.
—No piense, obedezca —exigió—. Ultima oportunidad. Contrólese.
Sintió el cuerpo de la chica relajarse por completo.
—Perfecto —dijo aflojando parcialmente el agarre que tenía sobre ella—. Ahora yo la voy a soltar y si usted llegase a intentar cualquier cosa extraña… no respondo, ¿entendido?
Ella asintió.
Él la liberó de un empujón.
—Hoy se está comportando de una forma que no puedo calificar por debajo de estúpida y excepcionalmente vergonzosa —informó a la princesa—. En el futuro, si tiene algún problema conmigo, me lo dice y se acabó. Sin berrinches introductorios.
—Apenas comes, apenas duermes, apenas te comunicas —dijo ella con amabilidad, sabiendo que ahora era escuchada, pero la iban a regañar—. En pocos días te has convertido en un trozo de plástico al que todo le resbala. Es lógico que esté preocupada.
—¿Y por eso tenía que intentar cortarme la respiración y producir problemas en el flujo de mi yugular?
—Ni si quiera te toqué —respondió con la cabeza gacha, en tono de disculpa—. Sabía que no te ibas a dejar.
—Que maravilla de explicación.
—Neji-niisan…
—Traté de ser amable hace poco y usted decidió que era el mejor momento para provocarme. Le felicito.
—No buscaba hacerte enojar —murmuró uniendo la punta de sus dedos—. No concretamente. Solo quería… quería saber qué te pasaba.
—Tengo insomnio últimamente —respondió más tranquilo—. ¿Alguna vez ha visto de buen humor a alguien que lleve más de un mes con pesadillas y durmiendo a intervalos? Pienso. Medito. Juzgo. Acerca de cosas de las que no voy a hablar ni con usted, ni con nadie. Haría bien en tenerme más confianza.
—Lo lamento —concedió ella desde el fondo de su corazón, al tiempo que se inclinaba ante él—. No debí desafiarte, ni hacer preguntas que te pusieran incómodo. Perdóname, Neji-niisan, creo que perdí los nervios por lo poco que reaccionas estos días. He estado haciéndome ideas, sintiendo que me ignorabas a propósito... y de pronto eres tan amable conmigo, aunque sin verme a los ojos... lo siento. Estás extraño, distante de un modo que no puedo soportar.
—Se acabó la sesión de entrenamiento, Hinata-sama —dijo él, cruzado de brazos, cuidando de no sonar demasiado duro—. Salga del döjo.
—Aurora
Bueno, ¿presienten el juego? He escrito y reescrito este cap lo que no se imaginan.
No se preocupen. Hinata y Neji no están peleados(¿ Por si no se entiende, Neji se siente bastante agredido y Hinata bien sacada de onda. Todo a raíz de que él no sabe qué hacer si se supone que va a morir de amor. Quiere ser imparcial con ella ahora que sabe que la ama, pero ser imparcial estando enamorado es ridículamente difícil.
Neji tiene 15, si dije que tenía 14 es algo que debo arreglar en el fic y se debe a un lapsus arrecho porque soy estúpida:)
Si tienen otra pregunta me la pueden hacer.
A partir de aquí la historia regresa a centrarse completamente en ellos.
Para las chicas que no sepan nada del Hanahaki Disease, la idea no es mía, guapas(¿ Eso es digamos, una base de cliché (como el chico popular y la nerd. Como los mejores amigos que se enamoran. Como las almas gemelas), es una enfermedad ficticia registrada. Pero como no he visto fics de NejiHina que la tengan concretamente, pues quise explotarla a mi modo y poner mis propias reglas.
Las amo mucho, mucho, mucho:')
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