—¿Y ahora?

—No

—¿Y qué tal ahora?

—Que no…

—¿Ahora sí?

—¡Ya te dije como por quincuagésima vez que no, Catra!

—¡¿Pero por qué no?! ¡No hay argumentos para que te niegues!

—¿Será porque la última vez que condujiste terminamos en un bosque estrelladas?

—Ah, pero descubriste que eras She-Ra. Bien dicen que no hay mal que por bien no venga. ¿Quién sabe que descubramos si nos estrellamos ahora? -indicó la felina juguetonamente mientras con su cola acariciaba la mano de la rubia que estaba posada en la palanca de cambio, subiendo y bajando con suaves movimientos que le erizaban la piel.

—Ja ja, muy graciosa. Y no me distraigas con tu cola, no sé si te has fijado, pero aquí el único lugar a donde acabaríamos estrellándonos sería al fondo del barranco, así que compórtate hasta que lleguemos al final de este estresante y estrecho camino de piedra.

—Bah, blonda aburrida -la felina comenzó a refunfuñar en voz baja- Qué tal la porquería de novia que me vine a conseguir.

La rubia volteó los ojos y siguió concentrada en su camino tratando de ignorar los murmullos enojados de su novia. En parte la comprendía, ella también estaba cansada y aburrida. Llevaban ya varias horas de camino y aunque la felina estuvo tranquila al principio, su paciencia al parecer ya estaba tocando fondo. Por lo mismo no la iba a dejar conducir, no confiaba mucho en sus habilidades de conducción y no quería que el repleto camión terminara al fondo del abismo que rodeaba a este recto, pero estrecho puente de piedra.

La tarde lentamente iba muriendo mientras ella alegremente veía cada vez más cerca el final del fino sendero, dentro de poco al fin habrían cruzado ese cañón y estarían más cerca del dichoso desierto, solo esperaba que su novia se quedara tranquila y no intentara otra jugada…

—¿Y qué dices si cuando no haya riesgo de muerte ya me das el volante? -Mencionó la felina acariciando de forma juguetona detrás de una de las orejas de su novia.

—¡Catra!


—Viste que no fue tan mal… ¿Adora?

La castaña no alcanzó a completar su oración pues su acompañante salió corriendo tras unas rocas, y, por lo que escuchaba, estaba devolviendo parte del lunch que les había dado perfuma.

—Okey… -le gritó algo asqueada, odiaba que sus instintos estuvieran tan agudos pues pese a la distancia escuchaba claramente las arcadas y olfateaba ese aroma para nada agradable- Mientras tú te encargas de eso y lo cubres de tierra, yo pondré el campamento.

Vio cómo tras las rocas la rubia alzaba el pulgar y se dispuso a descargar las bolsas de dormir y lo necesario para la fogata. Sin duda la rubia era una aparatosa, ¿Solo por un poquito de inofensiva velocidad extrema y ciertas maniobras ligeramente mortales que había hecho con el camión ya se ponía blanca como papel a vomitar?

—Debilucha- Rezongó indignada

Mientras la felina estaba armando el provisional campamento que les serviría para descansar hasta retomar el viaje al amanecer, la rubia devolvía lo último que estaba en su débil estómago

—Conduciré bien, decía, seré precavida, decía… pamplinas.

Sacó una servilleta, se limpió y se dispuso a cubrir con algo de tierra las consecuencias del viaje casi mortal que había vivido minutos atrás.

—Es increíble como solo en 10 minutos de viaje me hizo sufrir más que en el trayecto de ida y vuelta del asunto de Hordiano Primero -se dijo en susurro a sí misma. - También yo que le creo, debo mantenerme en mi posición de no volver a darle el volante en lo que nos quede de vida, si es que queremos seguir vivas.

La rubia, ya más repuesta, suspiró y se dirigió donde su novia estaba encendiendo la fogata, pasando sus garras por una piedra, sacando así chispas que prendieron la madera. Se sentó frente al fuego, cerrando los ojos y disfrutando de como las llamas calentaban el fresco ambiente que estaba iniciando. La noche finalmente había llegado.

La desagradable regurgitación, adicional a los gritos de "¡Catra, nos vamos a morir!" La tenían sedienta. Por lo que se impresionó y alegró al sentir que algo frío tocaba su mejilla. Su novia le tendía una botella de agua muy a su estilo, y ella estaba agradecida de que le haya leído la mente. Bebió un poco del líquido mientras Catra se acomodaba a su lado, el enojo ya se les había pasado por lo que no desaprovechó y se abrazó con una mano a la fina cintura de la felidae. El ambiente estaba perfecto. La noche estrellada, la luna si bien oculta por las nubes, mostraba cierto enigmático resplandor y la calidez del fuego equilibraba las bajas temperaturas nocturnas que habían adquirido las desérticas tierras. Todo era perfecto hasta que…

—Entonces… ¿Cuándo retomemos el camino me dejarás conducir?

—¡Catra!

La risa de la Castaña resonó por el lugar y terminó contagiando a su frustrada, asustada pero amorosa novia.

Le gustaba la Catra seria y madura, pero sin duda también adoraba cuando sacaba ese lado molestoso y juguetón; la desesperaba, pero le encantaba.


Ya era tarde, la fogata estaba a medio morir, pero el calor rodeaba a cada una en sus bolsas de dormir. Ya habían comido el resto de lo que Perfuma les había dado para su consumo personal, habían bromeado, y llevaban un par de horas de descanso… al menos una de ellas.

Catra se sentó, ya rendida de no poder conciliar el sueño. Estaba inquieta, había pasado todo el día así y lo sabía. Desde la mañana sus hormonas habían estado a flor de piel y viajar con Adora en un espacio tan cerrado y durante tantas horas no había ayudado, por eso para tratar de "Controlar" sus hormonas, había optado por redirigir su atención hacia las travesuras y molestar a su pareja en cualquier ámbito que alejara su mente del aspecto sexual… Sí, ciertas caricias que le dio breve y ligeramente quizás estaban demás… adoraba tener una cola donde "distraídamente" podía colocarla en el muslo de la rubia mientras la veía ruborizarse cuando "inocentemente" la movía acercándose a la entrepierna… pero paraba antes de que sus propios deseos la traicionaran por ese peligroso juego.

Sí, sabía que había estado algo intensa molestándola y que quizás se había extralimitado con la conducción (No quitaba que Adora fuera exagerada) … Pero no lo admitiría nunca. Además, le había servido bastante para estar "Normal" el momento de la convivencia antes de dormir y no saltarle a su novia encima cada vez que se daban un beso o se cogían de las manos viendo el cielo…pero su pantalla tarde o temprano debía de acabar.

Ahora llevaba aproximadamente dos horas revolviéndose en su bolsa de dormir, intentando mentalmente apaciguar esa inquietud…

"¿Por qué simplemente y de una vez por todas le caes encima a Adora y le manifiestas tu necesidad?"

La inquietud resurgía, su piel escocía.

"Porque tu misma viste como estaba de cansada, prácticamente se durmió arrimada a tu hombro y ante el calor que te generaba su cercanía tuviste que disimular y decirle que ya era hora de dormir para que cada una se metiera a su bolsa. No puedes ser desconsiderada y querer cogértela cuando ha conducido durante horas y está rendida"

Se mordió el labio y giró a ver a la apacible rubia, dormida cual princesa era.

"Tan bella… tan deseable… y si solo le arranco la ropa y yo… está tan cansada que no lo sentiría… ¡No, no, no! ¡¿Qué mierda estás pensando Catra?!"

La felina sacó sus garras y arañó la tierra a su lado dejando marcas en la misma mientras afianzaba la arena recogida en un fuerte puño.

¿Es que acaso las hormonas le estaban trastornando el cerebro?

¿A esto se referían con lo primitivo del instinto del celo?

¡Ella no quería abusar de Adora, por más ganas que le tuviera!

Quería que fuera algo de consentimiento mutuo, de placer en conjunto, de dar y recibir.

¡Debía hacer las cosas bien! ¡Debía de dejar de pensar con su intimidad!

Su caliente intimidad… Oh sí, esos malditos pensamientos ya la habían excitado.

"Mierda… y si voy de nuevo a masturbarme? Tengo que calmarme de alguna manera… Pero no quiero que despierte y me vea…"

Y mientras la castaña analizaba si era mejor correr algunos Kilómetros para realizar tal acto o meterse al camión esperando a que la cabina del mismo amortiguara los sonidos de los cuales anteriormente el agua de la ducha se hacía cargo… algo interrumpió la línea de sus ideas captando totalmente su atención.

La luna había decidido dejar su escondite detrás de las nubes.

El enigmático círculo se posaba triunfante en el cielo engalanándolo con su luz de plata e hipnotizando a la gata.

Aquellos heterocromáticos ojos quedaron nuevamente prendados de esa esfera prodigiosa, casi tan bella y excitante como la presencia de la misma Adora.

Su presencia, para su desgracia, la alborotaba más.

La inquietud reverberaba en sus venas, colmaba cada una de sus células. Y simplemente pasó. Su garganta la traicionó y maulló sonoramente. Pero acto seguido se tapó la boca asustada al sentir a su adormilada acompañante moverse en su lugar algo molesta por el sonido escuchado. Menos mal no se había despertado.

Catra suspiró el instinto le pedía seguir maullando, su garganta imploraba hacerlo, aquella primitiva necesidad de llamar la atención de alguien que complaciera sus más bajos deseos, de mostrarse disponible y dispuesta a aquella tonta dormilona la hiciera suya cumpliendo así con su inconfesable anhelo.

Pero no, no podía. Adora estaba realmente agotada, lo sabía. No debía ser egoísta.

Maldijo por lo bajo y se paró de su sitio.

Debía por lo menos mediante el maulló dejar salir esa frustración o sentía que iba a explotar de la frustración…. Así que no podía seguir allí.

—Ya vuelvo, Adora…- murmuró y en las arenas del desierto ingresó.

Salió corriendo, primero en dos piernas y cuando sintió mayor la desesperación aumentó su velocidad corriendo a cuatro patas.

No temía perderse, Podía sentir el aroma de Adora incluso a la distancia. Benditos y malditos sentidos hipersensibles del celo. El viento golpeando su rostro ante la velocidad de su trote la ayudaba, estaba liberando energías a la par de que el frío de la noche contrarrestaba con el fulgor de su piel.

Después de Varios minutos paró, algo en su interior le decía que había encontrado el lugar perfecto. Estaba en la cima de una gran duna, la más alta derredor. Muy a lo lejos podía ver unas luces, seguramente sería el pueblo o aquel bar de mala muerte donde tendrían que ir cuando amaneciera. Pero eso no era lo que le importaba. Lo realmente valioso para ella era lo grande que se veía la luna desde ese lugar, tan alcanzable y magnífica.

La contempló un poco más mientras recuperaba la respiración después de aquella desenfrenada carrera y se abandonó a sus instintos maullando sin restricción.

Se sintió libre. Con cada sonoro maullido transmitía su sentir, su deseo, su frustración de no verlo aún plasmado.

Se sintió segura. Le estaba confesando a la luna lo inconfesable, sí, muchos de sus nuevos amigos lo sabían, pero la que en verdad le interesaba, su pareja, aún estaba lejos de tener plena conciencia de esos asuntos… y en parte era su culpa por no ser clara y directa como le habían dicho.

Se estaba quitando un peso de encima. Sí, la carrera y el maullido no podían ni siquiera compararse por un ápice a las ventajas que a su cuerpo le representaría un contacto sexual con Adora, pero al menos no se sentía peor que antes. Quizás el cansarse un poco la ayudaría a dormir un poco y mañana, después de la entrega, ya vería como decirle a Adora…

Un crujido. El sonido de un hueso roto llamó su atención.

En ese medio era poca la vegetación, más abundaban los vestigios de osamentas de gran variedad de seres de todos tamaños y formas.

Alguien andaba por allí y eso la inquietó y la puso en estado de alerta.

Adora y ella estaban en medio de la nada… Además, ella en todo el camino corrido no había visto indicio alguno de la presencia de alguien por esos lares. Las traicioneras nubes volvieron a cubrir brevemente a la luna.

—¿Adora? -susurró al ver una forma aparentemente femenina que se acercaba a ella, no podía distinguirla bien en un inicio, pero, cuando las nubes decidieron darle nuevamente el protagonismo al disco de plata nocturno, bufó al ver que eran tres féminas que la habían rodeado.

Era un trío de reptilianas con visible apariencia de forajidas. Pese a sus ropas desgastadas y a cierta suciedad propia de quienes transitan diariamente en las tierras desérticas, las escamas de las mujeres, al igual que sus ojos, brillaban como con luz propia, siendo aumentada por el reflejo de la luz de la luna. Catra Tragó saliva no queriendo asociar esos signos a un posible celo de las mujeres.

—Vaya, vaya… Una gatita perdida… -Catra gruñó erizando la cola mientras la verde reptiliana, que era la más grande y aparentemente la líder, sonreía socarronamente- Y es una gatita salvaje… una tosca gatita en celo…

—¿Quiénes son ustedes?

—¿Y eso importa? – respondió la segunda mujer, de escamas azuladas- tu nos llamaste

—¿Yo? -alzó una ceja confundida, pero sin bajar la guardia

—Claro -agregó la reptiliana de escamas púrpura- con ese exquisito maullido necesitado y el aroma de esas feromonas… -la mujer inhaló sacando la lengua al aire- deliciosas….

Catra frunció el ceño, maldiciéndose por su ingenuidad de creerse segura y su estupidez de llamar al enemigo

—Váyanse y déjenme en paz, no quiero nada con ustedes…

—Eso dices linda, pero tu cuerpo dice "Cógeme" y yo creo que más sincero es ese exquisito cuerpo que te mandas… ¿Qué dicen chicas? ¿Le damos lo que tanto estuvo pidiendo en sus maullidos? Un turno cada una, hasta dejarla rendida… yo comienzo.

La mujer comenzó a acercarse lentamente, moviendo su cola de reptil de un lado al otro mientras se saboreaba ante la idea de poseer carnalmente el cuerpo que tenía en frente; tal era su ceguera por la excitación que no se fijó hasta que fue muy tarde que la felina había sacado las garras. Un fiero zarpazo, un grito y sangre fue lo siguiente.

—¡Maldita perra! ¡¿Qué me has hecho?! -gritó histérica la reptiliana verde mientras se agarraba su sangrante ojo

—Les dije que me dejaran en paz -comentó seria Catra mientras se sacudía la sangre de las garras de su mano derecha

—¡Puta barata! Verás que aquí no te mandas…Te enseñaremos cómo se hacen las cosas en el Desierto Carmesí ¡Tú estás en celo y te follaremos quieras o no! ¡A ella chicas!

Las dos reptilianas restantes gruñeron y se abalanzaron a la felina comenzando la batalla.

Zarpazos de Catra iban y venían entre puñetazos de las reptilianas y azotes con la musculosa cola de estas para lastimar a la felidae; sin embargo, la velocidad de la castaña era superior y aunque si recibió un ligero daño, al final pudo usar la fuerza de ellas en su contra haciendo que se dieran entre ambas un duro coletazo en la boca del estómago que las dejó sin aire y las hizo caer desmayadas… mas no pudo celebrar su victoria.

La fornida jefa del trio de forajidas había rasgado su blusa y tapado su ojo para detener la hemorragia. Luego se encargaría de eso, era el momento de dominar a esa primeriza y poseerla ya no solo por líbido sino por orgullo.

Aprovechó los pocos segundos de la guardia baja que había dejado Catra al derrotar a sus compañeras y se abalanzó sobre ella colocando su peso encima y agarrando sus manos por encima de la cabeza.

Catra se revolvía furiosa e histérica intentando liberarse, pero la fuerza de la otra la sobrepasaba.

—Te vas a arrepentir de haber venido al desierto con esas malditas feromonas excitantes…

-susurró la mujer reptil al oído de Catra mientras con su bífida lengua le lamía el cuello- ¿Quién te crees para llamarnos con esos maullidos de puta necesitada y luego rechazarnos? Te joderé tanto… y cuando mis amigas se levanten te cogeremos entre las tres, quieras o no te gusta…

Pero la reptil no siguió hablando, sino que calló completamente inconsciente como peso muerto sobre la felina.

Catra abrió de par en par los ojos, una luz dorada que no había notado antes por el terror y el shock, un aroma reconfortante inundó el ambiente y una hermosa y fuerte mujer de larga cabellera dorada recogida en una cola de caballo le quitó el peso de la reptiliana de encima botándola con desprecio y mirando con visible preocupación a la felina.

—¿Catra? ¿Estás bien, Catra? - La mujer vestida de blanco se acuclilló y cargo en pose nupcial a la felina, cual si fuera una pluma su peso - ¿Qué sucedió? Desperté, no te vi y sentí que debía buscarte…

—She-Ra… ¿C-cómo me encontraste? -preguntó en susurro la felina aún asustada pero ahora además confundida y aliviada

—Te sonará raro… pero no sé ni como llegué hasta aquí, algo dentro de mí me guió… es extraño… pero dime ¿Qué está pasando? ¿Quiénes son ellas y por qué te atacaron? ¿Qué te estaba diciendo esa escamosa?

—Por favor… solo vámonos… estoy… estoy realmente cansada…

La castaña esquivó la vista de aquellos orbes azulados brillantes que tenía su salvadora.

She-Ra la observó por unos segundos más hasta que asintió y dando un último vistazo con ceño fruncido hacia el trio de reptilianas derrotadas, partió.

Mientras bajaba despacio de aquella duna se percató de que la pequeña mujer que tenía entre brazos se acurrucaba más contra su pecho y sintió como de su rostro empezaban a emerger cálidas gotas que comenzaron a mojar su blusa.

No preguntó nada, luego habría tiempo para explicaciones, si es que Catra así lo deseaba.

Solo asió más su cariñoso, fuerte y a la vez delicado agarre, transmitiéndole confianza. Que ella estaba y siempre estaría allí para salvarla, para consolarla, para amarla.

Sintió como, poco a poco el cuerpo de su novia se relajaba, se había quedado dormida entre sus brazos.

She-Ra agachó la cabeza y besó su frente con infinito amor y acarició su mejilla, quedando embelesada de la belleza de su amada a la luz de la luna.

—Yo siempre estaré para ti, Catra.

Sin descuidar el agarre, sacó su dispositivo portátil y ayudada del gps emprendió el camino hacia el camión, sin percatarse que, entre unas gigantescas osamentas, una mujer miraba a la pareja alejarse.

—¿Una virgen felidae en celo? Típicas idiotas reptilianas que no saben de estrategia; el celo nos pone agresivas así que primero hay que aplacar a la bestia… y yo sé como hacerlo…


¡Hola!

¿Hay alguien allí leyéndome?

He sobrevivido a la semana de exámenes y finalmente tengo un mes de vacaciones antes del nuevo semestre universitario. Así que, aunque algo atrasada, aquí está el nuevo capítulo.

Este era básicamente un nexo o puente a un capítulo crucial que pensé desde el principio del fic, pero se tornó algo más intenso.

Espero sea de su agrado… inicialmente iba a ser algo más suave, pero me pareció que se debía subir el tono para demostrarles que el desierto es cosa seria. Como comprenderán allí el lenguaje no va a ser sutil y educado ni el trato decoroso… por ende esperen vocabulario soez.

Me costó un poco reencontrarme y tuve que reescribir al inicio ciertas partes para darle cierta continuidad con el capítulo anterior (Y obvio leer en qué me había quedado jaja). Al final fue un capítulo totalmente diferente al pensado, pero estoy feliz con el resultado.

Espero sus reviews, son las 5:30 am así que me despido, nos leemos pronto.

Saludos,

Le chat et l'abeille.