Disclaimer: Los personajes, lugares y hechizos son propiedad de J.K Rowling, a menos de que se especifique lo contrario. No hay retribución monetaria con la traducción y publicación de esta historia.
Traducción autorizada de Hotel por susane en AO3
EPÍLOGO
Nunca fui una persona madrugadora.
Incluso ahora, después de casi seis años de despertarme temprano como el infierno, sigo levantándome todo enfurruñado y tenso, como si no hubiera tenido toda una noche de descanso. Aun así, cuando por fin soy capaz de abrir mis ojos y contemplar el otro lado de mi cama, me es imposible seguir con mi malhumor.
No después de vivir con cierto rubio en su hotel en Francia durante casi seis años. Con un hombre al que puedo llamar por todo tipo de nombres (novio, pareja, cariño, bebé...), y el que aún me hace sentir mariposas en el estómago. Tal vez estoy demasiado poseído por él. ¿Quién sabe?
De todos modos, sí, ¿ya mencioné cómo me odio por construir una alarma imaginaria? Mis amigos dicen que es porque nos acostumbramos a nuestra rutina matutina y que yo formé este reflejo para despertarme exactamente a las 6:30 para ir a atender en el hotel. Demonios, ya ni siquiera necesitamos una alarma debido a mi eficiente despertar.
Me revuelvo un poco en mi cama para comprobar la hora. 6:29, ¿qué te dije?
Al volverme, con pereza y ganas de volver a dormir, tanteo el espacio ocupado por mi reina de plata -Dios cómo odia él ese nombre-, y sitúo mi mano sobre su vientre.
Me despierto por completo cuando su barriga hinchada me da una suave patada y tengo que sonreír. Tal vez debería visitar a un Psicomago, pues no creo que sea tan saludable el estar tan lleno de júbilo por la imagen de un muy embarazado Draco con mi hijo. La piel de su abdomen es más caliente y suave, lo que me hace acercarme más para acariciarlo con embelesamiento.
Todavía no puedo creer lo difícil que fue concebir este bebé. Hicimos docenas de pociones de fertilidad, tuvimos tanto sexo que llegué a pensar que mi pene se desgarraría, y visitamos a Mark más de lo que nos sentamos en nuestra sala.
Sin embargo, me sometería a ello otras cien veces, porque valió la pena. Es tan lindo ver a Draco tambalearse mientras camina con su pesado vientre, aunque no fue tan agradable verlo vomitar casi todas las mañanas durante los primeros cuatro meses. Pero siempre estuve ahí para ofrecerle un vaso de agua, feliz de ver que mi pareja volvía a la normalidad una vez más y exigía el desayuno. Ahora era el octavo mes de Draco y tenía problemas para moverse por la casa, especialmente por las escaleras.
Me pregunto qué nos hizo querer tanto a este bebé.
Una cosa fueron los consejos médicos. Mark nos advirtió que tener un bebé cuando fuéramos demasiado mayores, podría matar tanto al bebé como al portador. ¿Y la segunda razón?
Bueno, viendo a nuestros dos hijos gemelos corriendo y aterrorizando a todo el hotel, decidimos que quizás, si teníamos suerte, podríamos tener una niña que los vigilara.
Y aquí estoy, sintiendo esa sensación de bienestar cuando pienso en mis hijos. Son las cosas más malvadas, más molestas y más ruidosas que he visto nunca, lo que me hace el tipo más afortunado en el mundo por poder tenerlos.
Draco tuvo momentos difíciles al traerlos al mundo, ya que los embarazos de gemelos son raros y peligrosos en los hombres. Dio a luz en el séptimo mes y ellos eran tan pequeños y vulnerables, que todavía me pregunto cómo crecieron para ser un par de diablillos.
Paso mi mano acariciando el gran vientre caliente que sostiene a nuestro bebé. La piel se siente relajada contra mis dedos, casi acogedora, diría yo. Por el momento, no hay posibilidad de que Draco despierte, así que no hay nada que temer. Draco puede dormir una eternidad, a no ser que la necesidad de ir al baño lo despierte.
—Hola, pequeña. —susurro, sin sentirme patético en absoluto hablando con mi hijo no nato, y atribuyéndole un género sin que un Medimago nos lo haya confirmado. No puedo explicar por qué estoy tan seguro de que será una niña, pero creo que se debe a mi instinto de padre. Ella siempre puede sentir cuando estoy cerca y Draco dice que le encanta mi voz.
—Hoy es un gran día para tus padres. —una sonrisa aparece en mis labios. Hay una pequeña caja verde en el fondo de mi tercer cajón, la cual cubrí con un encantamiento desilusionador.
Y hoy es el día. No es sólo un festival y una época del año en la que la mayoría de nuestros amigos y familiares se reúnen para celebrarlo. También es un día en el que quiero hacer la pregunta, porque creo que seis años de relación y dos hijos con uno extra en camino requiere un matrimonio oficial.
Hoy es el día en que Draco y yo veremos los mismos fuegos artificiales que hace años, sólo que esta vez frente a nuestro Hotel. Y justo cuando los coloridos dragones y hadas empiecen a decorar el cielo, me inclinaré sobre mi rodilla y tomaré su mano, para ver sus ojos llenarse de lágrimas y...
— ¿Papá? —llama una suave voz somnolienta desde fuera de la puerta. No necesito mirar para saber que es Scorpius, el gemelo más joven.
Su voz es seguida por un agudo "ils dorment, Scorp!" y yo suspiro; si sólo hay un chico despierto, normalmente este regresa a su cama o espera a que el otro se despierte.
Con movimientos lentos y un poco amodorrados, me levanto para abrir la puerta. Inmediatamente, dos pequeños diablillos están dentro mirándome.
James tiene el pelo negro todo revuelto por un lado como si una bomba hubiera explotado en el lado donde dormía, pero sus ojos plateados están llenos de energía y miran hacia arriba con emoción.
Scorpius se ve igual, sólo que su pelo es rubio -un poco más oscuro que el de Draco- y es un poco más pequeño, comparado con su hermano. Sus ojos son del mismo color y se ve tan brillantes como los de James.
—Garçons —empiezo en francés. Después de todos estos años, soy capaz de hablarlo con una fluidez aceptable, gracias al mejor maestro que se pueda tener—. Papa est toujours en train de dormir.
James tironea de mi camiseta para llamar mi atención.
— ¡Papá, papá, mira! —el chico sostiene una pequeña bandeja con un café recién hecho y un té. El agradable y espeso olor a café llena mi nariz y me inclino para coger la bandeja.
— ¡Verónica nos dio tus favoritos! —dice Scorpius, sosteniendo otra bandeja con cuatro croissants.
—Oh, se ve delicioso, chicos —les sonrío—. Despertemos a papá y comámoslo enseguida, ¿trato hecho?
Ambos chicos asienten con la cabeza y yo observo cómo se acercan a la cama para mover suavemente a Draco.
—Papá, despierta… —susurra James, y yo tengo que asombrarme nuevamente por su tono tranquilo y bajo. A ellos les encanta despertarnos con un fuerte golpeteo y gritos, obligándonos a colocar un Silencio en el piso de arriba, o de lo contrario los huéspedes no sobrevivirían ni una sola mañana. Últimamente, sin embargo, ellos pueden ver lo cansado que está Draco todo el tiempo y me alegra que entiendan que necesita descansar.
Pero ni siquiera Draco puede dormir todo el día.
Se retuerce murmurando algo en francés.
—Vamos papá, ya son las seis y media. —responde James, normalmente hablan en inglés cuando estoy cerca.
Draco se mete aún más bajo las mantas ocultando su cabeza. James se acerca más a él para sujetar la manta.
Y ya sé lo que va a hacer Draco. De repente, saca un brazo gruñendo fuertemente mientras agarra a su hijo mayor y pretende comérselo mientras lo mete bajo las mantas.
Los chicos se ríen a carcajadas y Scorpius también salta bajo las mantas, pretendiendo salvar a su hermano.
— ¡No! —grita James con alborozo.
— ¡¿Quién vino a despertarme?! —Draco gruñe, simulando a un dragón. Apuesto a que si alguien le hubiera dicho en su sexto año que en un futuro jugaría al dragón y a los caballeros con sus hijos, se hubiera reído hasta hartarse. Pero aquí está. Draco Malfoy rugiendo con un dragón.
Los niños chillan mientras luchan con Draco, por supuesto con cuidado de no lastimarlo. Justo cuando ambos sacan sus cabezas de debajo de las mantas, yo abrazo el gran bulto que forma mi familia y en voz baja, también gruño:
— ¡¿Quién se atreve a desordenar mi cama?!
Un sonido agudo se escucha en los niños y Scorpius suplica:
— ¡Pagaremos con croissants!
Draco se detiene de repente al escuchar la palabra y sale de su escondite.
— ¿En serio?
Yo sonrío y le beso sonoramente una mejilla y lo abrazo.
—Trajeron café y té también, cariño.
James se incorpora con rapidez y le muestra el desayuno a Draco.
—Oh —canturrea Draco, para luego sonreírme maliciosamente—. ¿Por qué no trajeron también tu porción?
Le devuelvo la sonrisa y le golpeo suavemente en el brazo.
—Yo podría comerme esta porción, ¿sabes? Sé que tienes ganas de otras cosas que no sean croissants.
Intercambiamos un beso rápido en los labios que es seguido por un doble y prolongado "ew" de nuestros hijos.
Sin más dilación, desayunamos de forma un poco apresurada ya que son casi las siete y ninguno de los dos, incluyendo los gemelos, está vestido adecuadamente. Cuando finalmente bajamos a preparar el desayuno para los huéspedes, la gente empieza a reunirse en la sala común. Draco tiene un hechizo que esconde su vientre abultado de los muggles, pero, aun así, es difícil para él moverse, así que todo el trabajo depende de mí, de Verónica y de algunas personas nuevas que contratamos después de que nuestro negocio empezara a despegar.
Veo a Mark y a Dean bajando del taxi y viniendo a saludar directamente a mi novio. Es extraño pensar que mientras que hace seis años yo pensaba en Draco cuando estaba con Mark, él pensaba en Dean. Y sí, ellos ya están comprometidos y yo no puedo evitar preguntarme nuevamente por qué ellos ya dieron este paso y yo no me he atrevido hasta el momento a hacerlo con Draco. No lo sé, ¿quizá porque tengo miedo de que Draco diga que no? Carajo, y pensar que hoy...
— ¡Rose está aquí, papá! —grita Scorpius desde la entrada principal mientras sostiene la mano de una niña de tres años, quien es observada por sus padres; Hermione ya está en su tercer mes de un nuevo embarazo.
Ni siquiera puedo saludarles como es debido pues Molly y Arthur hacen su entrada también, seguidos de Luna y Neville. Me sorprendo por la presencia inesperada de Ginny, con su reciente marido, un famoso jugador checo de Quidditch. El hotel parece estar de repente demasiado lleno, pero Draco -Merlín, tengo que reprenderlo después-, los lleva a todos a sus habitaciones sin descansar un momento.
—Papá, ¿Rose dormirá en nuestra habitación? —James está una vez más casi colgado de mi brazo. Reconozco que se puso más pesado.
—Sí, Jamie. Victoria y Tobby también dormirán allí, como el año pasado.
James se estremece de emoción y sale corriendo, probablemente para esperar a que venga más gente. Mientras otras personas bajan a desayunar, Verónica y yo pronto nos vemos demasiado ocupados, corriendo por ahí dando café, panecillos, salchichas y otras cosas.
Cuando finalmente logro ver algo de alivio después de todas las ocupaciones matutinas, es casi la hora del almuerzo.
Todo el mundo ya está acomodado en los sofás; Draco habla con Mark y Dean, los chicos juegan afuera con Rose, mientras Tobby y Victoria vuelan en nuestras escobas y yo no me siento como lo haría normalmente, en su lugar, guiño un ojo a Ron y Hermione.
— ¿Qué pasa, Harry? —pregunta Ron cuando nos sentamos en la cocina, alrededor de una pequeña mesa redonda.
—Me... me gustaría que me ayudaran con algo.
Hermione entrecierra los ojos.
—Debe ser algo muy importante, ¿no? Ya que nos aislamos y nos sentamos aquí.
—Yo... —titubeo— quiero... ya saben…
—Te tomó un tiempo infernal, Harry —Hermione ríe—. Pensé que saltarías sobre él justo después de que nacieran los gemelos.
Mis dos amigos sonríen, Ron incluso me da una palmadita en el brazo.
—Te tomaste tu tiempo, ¿sabes? —dice. Yo suspiro; los odio a veces— Todas las reconstrucciones y reparaciones que hicimos en el Hotel, además de todo sobre ese asunto con el loco de Malfoy y que-
Hermione se acerca de repente para darme un abrazo rápido.
—Ya sabemos cómo es él, Harry. Estoy segura de que será feliz.
—Vamos, amigo, ¡estará en las nubes! Lo escuché balbucear varias veces sobre eso con Luna y Mione. Quién sabe, tal vez ya tiene varias opciones de pastel para la boda. Deberías esmerarte con esa propuesta.
—Oh Ron por favor, como si pudieras hablar —Hermione sonríe al tiempo que Ron se sonroja—. ¿Recuerdas que tuviste que improvisar una reserva en un restaurante muggle porque olvidaste reservar en el Londres Mágico?
Ron parece desentenderse del tema como si no hubiera escuchado nada.
—Eh, ¿de qué se trata la ayuda, compañero?
—Yo... —vaya, probablemente me maten por esto— Quiero que lleven a los gemelos al festival.
Ninguno habla.
—Oh vamos, serán buenos.
—El año pasado dijiste lo mismo. El gato de Hermione no puede decir lo mismo.
—Pero-
—Hicieron que su pelaje cambiara a un color rosa neón y la mitad del pueblo casi tuvo un ataque al corazón cuando corría por ahí.
—Ron tiene razón en eso y el año antes de ese, ¿recuerdas cómo-?
—Vale, vale, pero... esto es diferente. Necesitamos estar solos para esto.
Casi me siento aliviado cuando Ron se rinde y sonríe.
—Sabes que amamos a esas bestias.
—Pero el año que viene —agrega mi amiga— cuidarás de Rose y de él —ella señala su vientre—, ¿de acuerdo?
—Trato hecho. —sonrío.
—Eh... perdón, ¿qué has dicho? —tengo que mirar hacia arriba y pellizcarme silenciosamente.
¡Santos y malditos cojones de Merlín! Estoy tan nervioso que ya se me cayeron como tres cafés y estropeé el pastel que Molly recién había horneado.
Mis manos están sudando y siento que voy a hiperventilar en cualquier momento. No me extraña que no escuche lo que dice Verónica.
— ¡Harry! ¿Pasa algo malo? —ella está tratando de bloquear mi vista para que me concentre sólo en ella. Lástima que Draco se haya dado la vuelta y yo esté temblando otra vez.
— ¿Qué? ¡No! No, estoy… eh, estoy bien. —respondo y veo cómo ella lanza sus brazos al aire, poniendo los ojos en blanco.
—Bien mi trasero, Harry, ¿qué demonios? —se queja— ¿Qué te pregunté hace un momento?
Está bien, está bien… Ella es después de todo la madrina de nuestro hijo, así que tengo que prestarle cierta atención.
—Sí... preguntaste que si estoy bien.
— ¿Y antes de eso?
¿Antes de eso?
—Ugh —ella bufa ante mi falta de respuesta— La red flú se ha descompuesto; creo que es por la lluvia otra vez. Mañana vendrá un mago para arreglarla, ¿vale?
Asiento sin pensar, pero reconociendo vagamente lo que ella me dice.
—Gracias, Verónica.
—De nada —hace una pausa—. ¿Qué pasa? Pareciera que estuvieras viendo un fantasma a cada momento.
—No, no hay ningún fantasma. El último, el de hace dos días, se ha- —ella me mira como si tuviera que recordarme que no se refiere a un fantasma de verdad—. Sí, lo siento. Es sólo que... —compruebo si hay signos de pelo rubio y exhalo lentamente antes de susurrarle al oído— Yo quiero proponerle matrimonio... hoy.
Ella se aparta rápidamente con un brinco entusiasta, antes de golpear un estante con su cabeza. Antes de que le pueda preguntar si se encuentra bien, ella dice:
— ¿Quieres decir... el anillo y todo eso? —su voz tiembla por la emoción.
Intento calmarla, llevando mi dedo a mis labios.
—Sí. El anillo y todo eso.
— Mon Dieu!
El resto de la noche, mientras preparamos la cena para nuestros visitantes, paso la mitad del tiempo haciendo hasta lo imposible para que se calle.
—No puedo creer que les hayas hecho cuidar de los gemelos. Hoy rompieron dos juegos de té y un jarrón... Agradece a Merlín por el Reparo.
Casi me caigo de espaldas y aterrizo en mi trasero. ¿Cómo diablos llegó aquí de repente?
— ¿D-Draco?
—Oh, cálmate Potter, pareciera que hubieras visto un fantasma.
—Ja... —me río nerviosamente— Es tan raro oírte decir un dicho muggle. —digo, intentado evadir su atención de mi actual situación. Momentos antes había estado sentado en la cama, repasando en voz baja cómo me declararía a Draco.
Debo agradecer a Merlín por haber guardado la caja con anticipación.
—No he visto a ningún fantasma —digo, después de embeberme su imagen a la luz de la luna—, pero justo ahora tú pareces uno —no puedo evitar burlarme un poco—. Estás todo pálido.
Él se sienta a mi lado. Le ayudo cuando oigo un pequeño gemido de su parte.
— ¿Estás bien?
—Hoy la bebé está pateando como si su vida dependiera de ello. —él sonríe suavemente y yo lo imito, sintiendo ese agradable calor en mi pecho. Amo a este hombre; lo amo cuando está feliz, cuando toma a nuestros hijos de la mano, o cuando se ríe. Es precioso incluso si está enfadado o frustrado
—Te amo. —la frase lo toma por sorpresa, pero no me cuestiona. En cambio, se inclina hacia mi lado, gimiendo de dolor de nuevo. Dios, espero que esté bien.
—Hicimos un buen trabajo, Harry. —dice, al ver mi preocupación y oh, aún ahora el escuchar mi nombre en sus labios, es suficiente para hacerme sentir cálido y suave por dentro. Una vez más.
Miro los terrenos de los viñedos y el hotel que construimos de nuevo. Miro a las dos personitas que caminan en la distancia. Lo miro a él y al abdomen que sostiene a mi pequeña niña.
Sonrío
—Lo hicimos.
Después de una cómoda pausa, él vuelve a hablar:
— ¿Creíste alguna vez que terminaríamos así?
Sonrío.
—Para ser honesto, Draco, luché siete años contra un maniático, así que ni siquiera esperaba sobrevivir —un escalofrío recorre mi columna vertebral—. Nunca esperé tener tanta suerte.
Mientras susurro las últimas palabras, él me mira y antes de que me dé cuenta, reclama mis labios. Nos besamos, suave y lentamente, como si tuviéramos todo el tiempo del universo.
Busco en mi bolsillo rápidamente, tomando la pequeña caja en mi mano. ¿Por qué esperar a unos estúpidos fuegos artificiales?
Seguimos besándonos, sólo que ahora parece un poco tenso, me pregunto si es por la excitación o por otra cosa.
Abro la tapa con un suave clic.
La llevo a mi regazo para que cuando paremos el beso, él vea el anillo plateado sobre el cojín verde.
Cuando él se retira de improviso, pienso que ya vio el anillo. Pero Draco está mirando hacia adelante con los ojos bien abiertos.
Y luego grita de dolor.
— ¡Ahh!
— ¿Draco?
Él se abraza a su barriga y se enrosca en lo que parece un calambre, pero sé que no es el caso.
Contracciones.
— ¡¿Draco?! —grito. Él respira pesadamente mientras su cara se convierte en una mueca de horror y dolor.
—Mi… yo… fuente…
Me paralizo al ver un líquido rosado manchar el blanco pantalón de chándal de mi pareja. Draco está diciendo algo, o más bien gritando, pero sólo oigo en este instante un zumbido en la parte de atrás de mi cráneo... como cuando te pegan un golpe.
— ¡Potter! —grita.
—Qué... pero... estás de ocho meses y... —Oh Dios mío, ¿qué me está pasando? Nunca había entrado tanto en pánico.
Bueno, la última vez fue cuando los gemelos estaban a punto de nacer, en San Mungo. Con docenas de sanadores alrededor, diciéndome qué hacer cuando...
Entonces me encuentro repitiendo:
—La red flú se ha descompuesto. Todo el mundo está en la ciudad para... para el festival… Draco, ¡¿qué hacemos?! ¡La red flú está dañada!
Finalmente, cuando él sacude mis brazos con fuerza junto con un gemido agudo seguido de un fuerte "¡joder!", es que vuelvo a mis cabales.
—Patronus, Potter… Harry, por favor… ¡ah!
Pestañeo y asiento con energía mientras alcanzo mi varita y la muevo rápidamente en el aire. La luz toma forma de un gran ciervo y digo en voz alta: "Mark... Draco está de parto, ha roto fuente, ¡te necesitamos aquí!"
Finalmente, cuando siento que puedo concentrarme, miro a Draco, encogido a mi lado. Lo tomo cuidadosamente en mis brazos mientras él susurra con una voz llena de dolor: "Harry, estoy asustado." "Harry es demasiado pronto…" "Harry... ayúdame."
Quiero llorar.
Me duele oírlo tan asustado y tembloroso. No puedo imaginar el dolor que está pasando. Pero a pesar de todo, sigo susurrando palabras como "Está bien" "Lo estás haciendo bien, amor."
Lo acomodo suavemente en la cama, contando mentalmente la pausa entre las contracciones mientras le tomo la mano y respiro lentamente para que me imite.
Quiero lanzar otros cien Patronus porque a Mark le está tomando una eternidad el llegar a la habitación. Cuando finalmente lo veo entrar, casi grito de alivio.
Pensé que sostener a un hijo mío por tercera vez no sería tan impresionante y asombroso.
Me equivoqué.
Cuatro horas más tarde, después de mi intento de propuesta matrimonial, tengo a mi hija en mis brazos. Pesa dos kilos y veintitrés gramos. Mide unos cincuenta y cinco centímetros y está toda arrugada.
Recuerdo cada pequeño detalle de los últimos veinte minutos. Recuerdo a Draco alcanzando su pequeño y frágil cuerpo, su cara llorosa y sus ojos oscurecidos y cansados. La bebé. Su cuerpo cubierto de sangre y su boca dejando salir un sonoro llanto mientras era lavada por una Sanadora. Recuerdo el sabor de mis propias lágrimas en mi boca mientras la llevaba a su otro padre. Recuerdo las palabras que le dije en un susurro tembloroso a mi pareja, quien parecía más pequeño y un poco enfermizo sin su gran vientre.
—Ella es… hermosa. —él la acuna suavemente en sus brazos y yo paso mi mano por su frente sudada para apartar su fino pelo.
—Lo es —digo en voz baja—. Lily...
—Lily Narcissa... —él me mira expectante. Yo lo miro con confusión, apretando mi mano alrededor de sus hombros.
—Potter Malfoy. —afirmo. Él asiente con la cabeza y sonríe.
Hay una pausa de silencio entre nosotros y siento que mi corazón se acelera. Draco apoya su cabeza contra mí y casi no lo oigo cuando dice:
—Es un Acepto, Potter... Vi el anillo.
Es como si se le prendiera fuego a un papel como un fuego. Éste estalla en llamas calientes y se extiende por mi cuerpo como una ola de calor.
—Tú... ¿de verdad? —dudo que haya habido alguna vez tal excitación en mi voz.
— ¿Crees que diría que no después de haber tenido dos... tres hijos? —sonríe otra vez, para luego darme un enorme beso en una mejilla.
De repente oigo a la gente a nuestro alrededor felicitándome y dándome palmaditas. Veo a mis hijos mirando a su hermana pequeña quien se ha calmado de su sesión de gritos.
Todo lo que hago es sonreír como un idiota.
11 años después, Lucius POV…
La estación de tren está abarrotada como el día que fui a Hogwarts por primera vez. Hay niños gritándose unos a otros, padres dando los últimos abrazos y besos a sus hijos. Las lechuzas y todo tipo de animales en jaulas se mueven y se suman a la algarabía que resuena en la estación.
Ignoro todo porque mis ojos se posan en una niña pelirroja con dos chicos a cada lado. Uno es rubio y el otro tiene el pelo negro. No se parecen a su hermana de ojos verdes brillantes de la que me enamoré.
Por supuesto que siento lo mismo por los gemelos.
— ¡Oh, vamos Scorpius, nosotros ganamos la copa de Quidditch el año pasado!
—Eso no significa que Gryffindor sea mejor que Ravenclaw. También tuvimos el mejor puntaje el año pasado, ¿recuerdas? Y tuvimos los mejores resultados en las pruebas.
La niña se ríe mientras se enfrenta a cada hermano y hace que su padre, que casualmente es Harry Potter, tropiece un poco mientras le sostiene de la mano.
—Iré a Slytherin y yo —se señala orgullosamente a sí misma— seré mejor que ustedes dos juntos.
— ¡Ya quisieras! —gritan los dos chicos.
— ¡Niños, si no suben al tren en cinco minutos serán los primeros en lidiar con mi ira! —este era Draco. Tiene una elegante túnica negra y se deja abrazar por su marido, que, de nuevo, resulta que es Harry Potter.
— ¿O quieren ayudarnos a repintar todo el hotel? —los amenaza Potter y los tres cierran la boca... bueno, no por mucho tiempo, pero no me importa particularmente.
Observo el cómo abrazan a sus padres, cada uno poniendo los ojos en blanco cuando reciben un beso y justo antes de que agarren sus baúles, la pequeña Lily se vuelve hacia mí. Me hace señas para que me incline y me susurra:
—No te preocupes abuelo, voy a estar en Slytherin más rápido de lo que dices Snitch.
Me río suavemente y le despeino el indomable cabello rojo.
— ¿Sabes qué? Apuesto a que cualquier casa a la que llegues será excelente con una joven tan inteligente como tú. —le hago cosquillas en su abdomen y ella se convierte de nuevo en una pequeña máquina de risa y camina junto con mis nietos gemelos hasta el tren.
Les digo adiós y podría quedarme ahí durante horas, pero mi mujer me tira suavemente de la manga y empujo su silla de ruedas en dirección a la salida.
Cuando miro hacia arriba, hay otro par de orbes verdes mirándome, y por primera vez en mucho tiempo, tengo que luchar contra las lágrimas. Todo lo que puedo hacer ante el hombre, cuyos ojos heredó mi nieta, es modular un silencioso "Gracias".
Él me sonríe, envolviendo suavemente su brazo alrededor de Draco. Recuerdo cuando me dijo que a Draco le tomaría tiempo el olvidar todo lo que hice, pero no puedo dejar de aferrarme a la esperanza y el perdón que escuché en su voz.
Ambos desaparecen para volver a su hotel y yo le sonrío a mi esposa, quien me ayudó a darme cuenta de lo tonto que fui al buscar la felicidad en el dinero y en las líneas de sangre.
Inspiro y miro por última vez al tren que apenas se ve ahora.
Renunciar a mi orgullo y arrogancia fue mi mejor decisión hasta ahora.
...
Nota:
¡Hola a todo/as! Llegamos por fin al final de esta historia y qué mejor que con un epílogo como este.
¡Gracias por leer y dejar review! Nos vemos pronto en una nueva historia, que estoy que no me para nadie jajaj
