CAPÍTULO 13
"Te estás enamorando de Rachel Berry"
Comencé a despertar al sentir, como unas leves manos me movían. Abrí un ojo y la miré. Ella me sonrió levemente.
—Buenos días, nana —le dije con voz ronca.
— ¿Se puede saber que haces durmiendo en el sillón? —me preguntó. Me senté y miré a mi alrededor.
—Mi cuarto está ocupado —contesté, y me puse de pie para ir al baño. Entré, me lavé la cara y los dientes. Salí y me acerqué a la mesada para sentarme frente a Rose — ¿Qué hora es?
—Las doce en punto, Quinn —me contestó y comenzó a sacar ollas y comida para cocinar.
— ¿Quinn? —escuché su adormilada voz.
Mi nana y yo nos giramos para mirar hacia el pasillo, del cual provenía su voz. Su rostro era una mezcla de sueño, confusión y dolor de cabeza. Ella me miró y luego miró a mi nana. Me puse de pie y me acerqué a ella.
—Vamos al cuarto, cielo —le pedí y volvimos de donde salió.
Me giré a verla, después de cerrar la puerta.
— ¿Dónde estoy? —me preguntó mientras se sentaba despacio en la cama.
—En mi departamento —le contesté. Sus ojos se abrieron bien y se puso rápidamente de pie.
— ¿Qué hiciste conmigo? —Cuestionó nerviosa —¡Oh, dios! No me digas que tú y yo…
—No cielo —la interrumpí divertida —Tú y yo no hicimos nada de lo que estás pensando, pero te hubiera encantado, ¿verdad?
—No, claro que no —respondió rápidamente —Además como iba a encantarme, si no recuerdo nada de lo que pasó.
— ¿Nada? —pregunté. Ella clavó sus ojos en los míos.
—Bueno, recuerdo un poco —reconoció y me miró con desconfianza — ¿Qué estas insinuando?
—No, nada…
—Fabray… —susurró mi nombre con tono de advertencia.
— ¿De verdad quieres saberlo? —Ella asintió —Bueno, pues para empezar tomaste mucho por lo que adjudico todos tus actos al alcohol… Ni los chicos ni yo te juzgamos de verdad.
—Oh, dios santo —expresó mientras se sentaba en la cama para escucharme con atención.
—Pusiste música en el bar, comenzaste a bailar muuuuy sexy, me gusta verte bailar por cierto. Coqueteaste con Azimio…
—¿Azimio? —preguntó.
—Un grandulón, así le dijiste, que va allí siempre —agregué —Me sedujiste.
— ¿Qué hice qué?
—Me sedujiste, me bailaste sensualmente… cerca, tocándome, provocándome.
—Yo…
—Luego te subiste a la barra, haciendo que todas las mujeres del lugar se subieran y bailaran sensualmente junto a ti. Pero debo decir, que aun así eras la más sexy. Luego un baboso quiso tocarte, lo puse en su lugar. Te rescaté de la perdición, salimos de allí, nos fuimos a las vegas, nos casamos y ahora eres mi esposa. Me debes la noche de bodas Rachel Fabray.
Ahora su rostro era una mezcla de vergüenza, preocupación y asombro. Hasta que clavó sus ojos en mí, los entrecerró y me miró con recelo.
—Eso último es mentira, ¿cierto? —suplicó muy segura de ello. Sonreí divertida.
—Pensé que así el saber que me besaste anoche aligeraría la noticia —le respondí alzando los hombros.
Sus ojos se abrieron como platos.
—Eso es mentira —aseguró.
—No, no es mentira. Lo hiciste, y bueno yo no pude negarme.
—Eres una aprovechada, estoy segura de que tú me besaste a mí, y ahora me estás diciendo que yo te besé a ti.
—¿Para qué voy a mentirte? —Pregunté —Si yo te hubiese besado te lo digo: Morena, anoche te besé. Pero no lo hice.
—Mmm, bueno si fue así entonces te pido perdón. Esa no era yo —susurró totalmente avergonzada.
—No, no me pidas perdón cielo. Por mí, puedes hacerlo las veces que tengas ganas.
Ella bajó su mirada nerviosa, intentando evitar mi mirada.
—¿Quién es la señora que está en la cocina? —me preguntó.
Arqueé una de mis cejas ante su repentino cambio de tema. Ella ya no quería seguir hablando de eso. Sonreí levemente.
—Rose, mi nana. Viene, los fines de semana, para cocinarme y dejarme la comida preparada. Soy un desastre cocinando.
—¿Así que tienes una nana? Aww… Que tierna de ti Quinnie —me sonrió.
—Lo ves, no todo es pecado en mí, cielo.
Rió por lo bajo y salimos de la habitación, para ir a la cocina. Rose nos miró y sonrió levemente.
—Nana, ella es Rachel Berry—se la presenté.
—Es un gusto señora —le habló la morena amable.
—El gusto es mío, niña —sonrió mi nana.
—¿Puedo pasar al baño? —me preguntó Rachel.
—Sí, sí … Aquella puerta de allí.
—Ya vuelvo —se disculpó y fue hasta el baño. Me senté frente a Rose, y ella me miró bien.
— ¿Qué pasa? —le pregunté.
—Nunca habías traído a una chica aquí —manifestó con tono pícaro.
—Va a la Universidad conmigo. Ayer tuvimos un pequeño percance y no podía dejarla sola en su casa.
—Es muy linda, me agrada —volvió a cocinar.
—Qué extraño, nunca te agradan… por eso no las traigo.
—No parece ser una tonta con pelo teñido —respondió exasperada. Yo reí —Ella tiene un aura especial.
Rachel llegó a la cocina y nos miró.
— ¿Quieres comer algo, pequeña? —le preguntó a Rachel.
—No Rose, gracias… —alegó y al instante su panza gruñó. La miré divertida.
—Tonterías, estás muriéndote de hambre —la regañé, y miré a Rose —Nana, dale la lasaña de espinaca. Ella solo le hace el feo a lo que yo consumo.
Rose la miró.
— ¿Eres vegetariana? —le preguntó algo sorprendida.
—Trato de serlo. Desde hace ya dos años que no como carne —reconoció orgullosa de sí misma.
Rose sonrió y sacó la lasaña del refrigerador.
—Es lo único que puedo hacer que Quinn coma, sino no hay caso. No consume casi nada, no proveniente de un pobre animal —le contó mi nana.
—Sí —dijo Rachel mientras se sentaba a mi lado —Es una carnívora sin control.
—Lo sé, lo sé. Ya le he dicho que un día todos los pobres animales que le han dado de comer, van a venir en busca de venganza.
—Y se la merecerá Rose, todo se paga en esta vida.
—Además de que algún día le agarrará un paro cardiaco de tener las venas todas tapadas de carne y comida chatarra —agregó —Y a pesar de que come como una bestia, está perfectamente bien corporalmente.
—Si lo sé, yo tampoco entiendo por qué—asintió la morena —Y es una injusticia de la vida. Imagínese, yo llego a comer un poco más de lo que como normalmente, engordo como 5 kilos, y parezco un globo.
—Eso es terrible, y nosotras somos las que más lo sufrimos. Y ella come, come y come, y no engorda.
—Ya la volveré menos carnívora de alguna manera.
—¿Ya terminaron de destruirme? —les pregunté. Ambas rieron —Tengo hambre.
—Ya va a estar Lucy —sonrió mi nana.
Se acercó al horno para sacar la lasaña. Rachel me miró y yo también lo hice. Me sonrió levemente y sentí aquel extraño impulso de besarla. Levantó su mano y acomodó mi cabello hacia atrás. La sensación de estar así con ella se convirtió en algo totalmente extraño.
Era como si yo significara algo para ella. Quizás una amiga… Nunca tuve amigas mujeres, sólo Santana, pues considero que no existe la amistad con personas que casi no conoces. Lo único que hay entre ellas y yo es deseo. Deseo, que arde en mí, cada vez que tengo cerca a Rachel.
Rose puso un plato frente a Rachel, haciendo que ella mirara al frente. Sonrió al ver en el plato la humeante lasaña.
—Mmm, esto se ve delicioso —agradeció ella.
—No tanto como tú —le susurré para que Rose no me escuchara.
Rachel me miró asesinamente, yo solo reí por lo bajo, y Rose puso otra plato frente a mí.
Un jugoso trozo de carne, con el mejor puré del mundo. Mmm, ¿Cómo sería una jugosa Rachel desnuda con crema y una cereza encima? Eso sería interesante. Muy interesante.
Rose se sentó a comer con nosotras, un poco de lasaña. Hablaba con Rachel como si se conocieran de toda la vida.
Yo sólo las observaba y comentaba muy de vez en cuando sobre alguna de sus conversaciones, de lo cual me ganaba una venenosa mirada de parte de ambas. Cuando Rachel había terminado de comer, yo ya iba por mi segundo plato terminado. Ella me miró algo sorprendida.
—De verdad eres una bestia comiendo —refunfuñó.
—Y tú de verdad pareces un pajarito comiendo —le respondí.
Rachel se puso de pie y juntó sus cosas.
—Bueno, Rose estuvo delicioso, ya te pediré la receta —le agradeció dulce.
—Cuando quieras, Rachel —respondió ella sonriéndole.
—Fabray, ya me voy.
—Bueno, entonces te llevo —repuse cuando terminé de tomar agua.
—No, ya es suficiente. Ya no es necesario, no soy una niña —gruñó quejándose.
—Bueno, está bien cielo, esta vez acepto tus condiciones —acepté, y ella suspiró aliviada. La miré divertida —Pero te acompaño hasta abajo.
—Y si no hay más remedio, ¿Qué puedo hacer? —renegó y Rose rió. Se acercó a ella
—Hasta luego Rose, fue un gusto conocerla. No entiendo por qué teniéndote a ti, la muchachita es así.
—Yo tampoco cielo —asintió divertida mi nana.
Revoleé los ojos y busqué las llaves mientras Rachel caminaba hacia la puerta.
—Dile que me agrada —me susurró Rose antes de que yo fuera detrás de ella.
—Se lo digo —contesté y salí de allí con Rachel.
Nos subimos al ascensor y bajamos en planta baja. Caminamos hasta la puerta y ella se giró a verme.
—Bueno Fabray, gracias por todo. No recuerdo muy bien lo de anoche, pero... voy a creer en tus palabras.
—Así tiene que ser —Ella sonrió.
—Gracias —musitó. La miré fijo y no pude detenerme.
Levanté mi mano y acomodé un mechón de su cabello detrás de su oreja, para luego bajar mi mano por su mejilla y acariciarla levemente. Posé mi mirada en sus labios, y volví a sus ojos.
—No es nada cielo, se hacer mi trabajo.
Trató de no sonreír, pero le fue imposible.
—Eres una tonta, adiós —gruñó y comenzó a caminar.
—¡Oye! —la llamé. Se giró a verme.
— ¿Sí? —preguntó.
—Mi nana me pidió que te dijera que le agradas. Y eso no es fácil de conseguir, no le agradan mucho las mujeres. Menos las chicas que tratan de corromperme.
—Yo no quiero corromperte —protestó rápidamente.
—Exacto —hablé y sonreí de costado —Mi nana, sabe que soy yo quien trata de corromperte.
Vi como sus mejillas tomaban un poco de color, y las ganas de besarla fueron casi ilógicas en mí. Negó con la cabeza y siguió caminando. ¿Por qué demonios es tan linda?
Sacudí mi cabeza y me metí al edificio, subí a mi casa y entré. Rose estaba terminando de lavar todo. Me miró y sonrió.
—Es encantadora.
— ¿Te agrada enserio?
—Claro que sí, me recuerda a tu…
Dejó de hablar y bajó la mirada.
— ¿A quién? —le pregunté.
—A una vieja amiga que tengo, es así como ella. De carácter fuerte, convicciones inamovibles y sobre todo una extraña pero dulce forma de llegar a las personas.
—Para mí es como todas las demás —le mentí descaradamente.
—Sí, seguro —gruñó con ironía —Te conozco tanto, pequeña.
— ¿Qué quieres decir? —le pregunté.
Ella sonrió divertida y dejó de lavar, para mirarme a los ojos.
—Tú, te estás enamorando de Rachel Berry.
