Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no son míos, son propiedad de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de MrBenzedrine y fue beteada por Ausie Adeline.
xxx
Soy un corruptor Está en mi naturaleza, es quien soy. No hay cambio. Ni siquiera estoy seguro de querer cambiar, dada la oportunidad. Siempre he sido alguien que empuja a las personas hasta sus puntos de quiebre solo para ver qué se necesita para que se rompan y Hermione no es la excepción. Entonces, cuando el sol se asoma entre las cortinas, no me arrepiento de lo que hice anoche. En todo caso, eso solo me dice que es más fuerte que cualquier mujer que haya conocido y probablemente, que jamás encontraré. Especialmente cuando abro los ojos a primera hora de la mañana para encontrarla ya tomando notas en su cuaderno.
Está vestida y estoy un poco decepcionado de ver su cuerpo cubierto por la pequeña camiseta de nuevo. Su cuerpo se ve mucho más hermoso sin nada de ropa. Está demasiado fascinada en su trabajo para darse cuenta de que me he despertado, así que me quedé quieto en la cama y la vi escribir. Merlín, no tiene idea de lo hermosa que se ve en este momento.
Eventualmente, me canso de mirarla y me acerco a ella, pasando mi brazo por su cintura y moviendo mi rostro hacia su costado, distrayéndola de su trabajo. Deja el libro sobre la mesita de noche y me mira, sonriendo.
—Buenos días.
—Hola —le respondí, inclinándome para besar sus labios. Para mi disgusto, ella vuelve su rostro en el último momento y me obligo a besarle la mejilla. Eso nunca servirá. Me siento derecho y me deslizo aún más cerca, enjaulándola con uno de mis brazos y luego el otro, a cada lado de su cabeza, tocando nariz con nariz con ella—. Bésame.
—Tenemos que hablar.
Mis ojos se entrecierran, pero le doy en el gusto porque me siento generoso y aparto mi rostro del de ella, recostándome entre las mantas, mi cabeza golpea la almohada.
—Está bien. Tienes mi atención.
—En primer lugar, quiero que sepas cuánto disfruté lo de anoche —dice ella, aunque su lenguaje corporal demuestra que no está disfrutando de los pensamientos que pasan por su mente—. Pero nunca toleraré que te aproveches de mí otra vez.
—¿Aprovecharme? ¿Es así como llamas a estar gritando debajo de mí?
Se arrastra en la cama, girando todo su cuerpo hacia mí. Puedo decir que es difícil para ella mantener la calma.
—Lo que hiciste, manipulándome así... no lo tolerare.
Levanto una ceja y por alguna razón, mis mejillas se ponen rojas por el calor. Siento como si estuviera en exhibición, siendo castigado por algo ridículo.
—Te manipularé todo lo que quiera.
—Si lo haces, te delatare ante el Ministerio yo misma —sus ojos me miraban desafiantes—. Estamos aquí para curarte, no para que me pongas en peligro.
—Ya está en peligro, solo por estar cerca de mí. ¿Cree que está realmente a salvo? Porque tengo noticias para usted, señorita Granger. No le dado ninguna razón para sentirte así.
—Eres una buena persona, Draco. Incluso si no lo ves tú mismo.
Me burlo, rodando los ojos.
—No me digas así.
—¿Qué?
—Bueno.
—Pero eres tú.
Suelto un gruñido, bajo al principio, luego fuerte, escapa de la parte superior de mi garganta. No puedo explicarlo. De repente, estoy tan enojado. Tan... jodidamente... enojado...
—Soy cualquier cosa menos bueno, Hermione.
—¿Cómo puedes decir eso?
—¿Como puedes decir eso? —agarro mi cabello para evitar usar mis dedos para dañar su hermoso, hermoso cuerpo—. Crees que me conoces, pero no. No sabes lo que pasa dentro de mi cabeza.
—Explícamelo, entonces.
Mis brazos tiemblan, mi mandíbula se aprieta y estoy completamente a merced de mi otro yo. Me levanto de la cama, desnudo y corro hacia la puerta. Hermione me sigue rápidamente, bloqueándome el camino antes de llegar a la puerta, apoyada en el pomo de la puerta. Maravillosamente determinada, sorprendentemente desnuda, se para frente a mí, negándose a retroceder ante el monstruo que soy.
—Fuera de mi camino.
—No.
—Ahora, Granger.
—¡No me digas Granger! Ahora, he mirado para otro lado porque creo que hay bondad en ti y quiero salvar esa parte de ti. No quiero que pierdas tu alma —ella pone una mano sobre mi pecho—. Háblame.
Me inclino hacia adelante, rozando mi nariz contra la de ella. Sé que debería sentir algo, pero no lo hago. Puede que no se mueva por miedo, pero se moverá.
—No hay nada de qué hablar, amor. Ahora... —inhalo el aroma de su piel, bajando la nariz por su mejilla y enterrándola en sus tupidos rizos— ¿por qué no te metes en la ducha y yo me uniré a ti después?
—¿Y no te irás?
—Por supuesto no.
Ella suspira, acariciando mi estómago. Para atraerla, presiono mi cuerpo contra el de ella y es todo lo que necesito. Ella se hace a un lado y aprovecho la oportunidad para alcanzar el pomo de la puerta. Su mano se extiende y me arranca la muñeca, girándome para mirarla de nuevo.
—Dijiste que no te irías.
—Bueno—ruedo los ojos— mentí.
—Draco, detén esto.
—No, Hermione. No lo haré. ¿No puedes verlo? ¿Quieres conocer al verdadero yo? Esto es todo. Sin pretensiones. Sin formalidades. Aquí estoy —la miro profundamente a los ojos.
—¿Qué sientes ahora? —ella pregunta.
Una sonrisa delgada se arrastra por mis labios.
—Nada.
—¿Nada?
Sacudo la cabeza.
—Nada. Ni una maldita cosa. Sé que debería ser una persona normal que debería sentirme terrible por manipularte de la manera en que lo hago, pero no lo siento. No lo haré. Siempre te manipularé. Es quien soy.
—¿Por qué? Yo... pensé que te preocupabas por mí.
—Esa es la cosa. Lo hago.
—Entonces, ¿por qué no me dejas entrar?
—Te estoy dejando entrar. Simplemente no te está gustando lo que estás viendo. No es que no sepa que lo que estoy haciendo está mal, simplemente no me importa —me giro para irme, pero ella me agarra del brazo otra vez—. Déjame ir, Granger.
—No me rendiré contigo.
—Quizás deberías.
—Tal vez te sientes vacío por dentro porque tienes miedo de dejar salir tus emociones. Tienes miedo de verte a ti mismo por lo que realmente eres. ¿Alguna vez se te ocurrió eso?
—¿Vas a analizarme ahora? Sin ofender, pero no eres una psiquiatra. Y yo no soy tu maldita mascota —retiro el brazo y abro la puerta—. Haré lo que quiera, de acuerdo y no te interpondrás en mi camino.
—Bien. ¿Quieres tu espacio? —ella cruza los brazos—. Bien, vete.
Le levanto una ceja.
—¿De verdad?
—Si.
—La psicología inversa tampoco funcionará en mí.
—Por supuesto que no. Te estoy diciendo que te vayas.
Sonrío, realizo un accio con mi varita y convoco mi ropa. Es como si me hubieran quitado un peso de los hombros cuando paso las piernas por el pantalón y me pongo la camisa. Puedo decir que está enojada cuando la beso en la mejilla. Sé que debería sentir algo por hacerla sentir mal. Pero no lo siento. Y ahora ella lo sabe.
—¿Te... veré para cenar? —ofrezco.
—No cuentes con eso.
Y luego ella cierra la puerta de la habitación en mi rostro, dejándome solo en el pasillo.
«Interesante... tal vez no soy el único que necesita algo de espacio.»
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Fin Capitulo Catorce
Naoko Ichigo
