Declaimer: Bleach y todos los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo.
La historia es propiedad de Saffron A Kent, esta es solo una adaptación con fines de entretenimiento.
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Ichigo
Mi padre era un hombre enamorado. Ya lleva muerto diez años, y de lo único que estoy seguro es que él amaba a mi madre. Ella murió cuando yo era niño, la conocí muy poco, lo que sabía de ella provenía de los poemas de mi padre, los cuales no sabía que existían hasta que fui lo suficientemente mayor para entender que mi papá no era como los demás padres.
Mi padre era un poeta.
Su escritorio estaba lleno de una montaña de papeles. Muchos de ellos tenían trazos de tinta azul sobre ellos. Él escribía y escribía, pero nunca publicó nada.
Eso era porque no estaba escribiendo para nadie que no fuera él. Estaba resucitando a su esposa muerta a través de sus palabras. Escribía de ella y solo ella.
Cuando dejé Karakura, nunca pensé que regresaría. Todo lo que había conocido aquí era soledad y un modelo a seguir que ni siquiera me miraba. Mi padre siempre estaba ocupado y nunca me presto demasiada atención. Este pueblo no era mi hogar. Mi padre no era mi padre, aunque me había heredado la poesía, o quizás la carga de ella. Estoy donde estoy por eso. Si no hubiera descubierto la magia de las palabras, quizás mi vida sería diferente ahora.
Pero esta noche, la clase de locura que me tiene atrapado es diferente. No tiene nada que ver con amor, y todo que ver con una chica de ojos violeta que se rehúsa a salir de mi mente.
Mis dedos se deslizan en la pared de azulejos, mientras el agua fría se desliza por mi cuerpo. El aire alrededor de mí es fuertemente frío, pero mi cuerpo recuerda el calor de Rukia.
Me remuevo en mis pies y una corriente me golpea a la vez que mi polla toca el frío azulejo. Estoy duro, hinchado y enojado. Es salvaje como yo, como las cosas dentro de mí. Mis ojos se cierran, y todo lo que veo es a ella, enredada en mi cuerpo, moviéndose, rozándome. Como si se muriera si no me tocara. Como si fuera a perder la cabeza.
Mi excitación aumenta, veo a Rukia detrás de mis parpados cerrados. Pero no es su rostro o sus mejillas sonrojadas lo que veo. Es su espíritu. Es el hecho que se coloca frente a la clase llena de personas y lee sus poemas horribles en voz alta. Es el hecho que tiene el valor de exponerme su lado feo, de llorar frente a mí, de ser vulnerable. Es el hecho que se lanzó hacia mí, sabiendo que podría rechazarla.
Me hace querer sostenerla cerca, aunque quiera alejarla. ¿Cómo se atrevió a espiarme? ¿Cómo se atrevió a juzgar mi vida? ¿Qué sabe de ella en cualquier caso?
No debí de haberla seguido. No debí de haber perdido el control y besarla. Había sido tan bueno en ignorarla toda la semana. Pero ella me lamió. En un salón. A plena luz de día. ¿Quién hace algo tan loco? ¿Tan jodidamente… sexy?
Un sonido me saca de mis pensamientos. Es un suave caminar. Sé que es ella; reconozco esos pies ligeros en cualquier parte.
¿Pero cómo voy a enfrentarme a Orihime ahora?
¿Cómo le digo de otro error que cometí cuando le prometí que la pondría primero?. Cierro el agua, me seco, y con una toalla alrededor de mi cintura, salgo del baño. Mientras camino por el pasillo, comienzo a pensar en cientos de diferentes escenarios de cómo decirle, si le voy a decir o no. Antes que pueda decir cualquier la veo. Orihime está en la puerta con una pequeña maleta en la mano. Al verla, regreso a este mundo, a mi realidad. Hace parecer a Rukia como una criatura de un distante universo alterno.
—¿Orihime? —digo su nombre a modo de pregunta, aunque ya sé la respuesta a mi pregunta no hecha.
Orihime me está dejando…Definitivamente. Ella da la vuelta y su rostro es cauteloso, pero sin mostrar nada, de algún modo. Su postura es firme.
—Me voy a casa de Tatsuki—.
Me toma dos segundos escucharla con silencio absoluto en mi cuerpo.
—¿Qué? —.
—Regresaré el miércoles—.
—¿Vas a regresar?—. El ceño fruncido que me atrajo a ella por primera vez hace su aparición. Extrañamente, no tengo la necesidad de masajear su frente.
—Necesito tiempo para mí —dice. Su suave voz raspa mi piel, como garras arrastrándose en mi cuerpo.
—¿Qué pasa con Kazui? —.
Ya he preguntado esto antes. Hemos tenido esta conversación antes. La noche en que Rukia me vio atreves de la ventana fue la noche que Orihime y yo discutimos esto. Quería que se quedara, ella quería tomarse unos días.
Orihime niega. —Él no me necesita—.
¿Qué hay de mí? Te necesito.
—¿Me estás diciendo que tu hijo no te necesita? —. Traga y una mirada extraña aparece en sus ojos
—Te tiene a ti, y a tu hermana Karin, ella puede quedarse aquí unos días. Yo solo… necesito alejarme—.
—¿De qué, exactamente? ¿De qué te tienes que alejar? —.
—No quiero discutir Ichigo. Yo solo… quiero irme—.
—¿Es por eso que te escapas en las noches? ¿Porque no quieres discutir?— No le doy oportunidad de hablar. Sé que debería de controlarme. Debería. No es su culpa que quiera escapar. Es mía. Soy el que arruinó todo. Ella no te ama.
—Ichigo, yo no…—
Doy un paso hacia adelante. —¿Qué es lo que estoy haciendo mal? Dime. ¿Qué quieres de mí? —. ¿Quétengoquehacerparaquetequedes?Porquevoyahacerloquesea. —He sido un imbécil contigo en el pasado, pero he cambiado. Dime qué quieres de mí y te lo voy a dar en un instante. Sólo… no te vayas—. Me acerco y sujeto sus manos. Mis palabras son ciertas, lo sé, pero las emociones dentro de mí son las incorrectas. Todo esto se siente mal.
—Quiero que me sueltes —susurra.
Mis dedos comienzan a aflojarse y luego los dejo caer, flojos e inútiles. Ella me está dejando.
Me quedo en la sala de estar durante toda la noche repasando una y otra vez lo que paso. El tintineo de unas llaves, seguido de un clic en la puerta me hace regresar a la reaidad, y me dice que Karin ha llegado. Ya es de mañana. Orihime se ha ido por unas horas, pero se siente como años.
Karin coloca su bolsa en la mesa de café y camina hacia donde estoy sentado frente a mi hijo que está en la alfombra, sus juguetes esparcidos. Su favorito cambia cada semana. De momento, es el elefante que le compré hace unos días.
—Se levantó temprano—. Ella se sienta junto a mí y arrulla a Kazui. Él le balbucea. Con sus mejillas rojas y su cabello despeinado. —¿Ichigo?— Karin coloca su mano en mi hombro.
—Sí, ha estado algo inquieto. Debí de hacerlo dormir, pero yo sólo… no pude. Supongo que quería jugar con él—.
—Ella se fue ¿no es así? —dice. Eran palabras de esperarse. Mi furia está a punto de explotar. Me siento caliente, más caliente de lo que me he sentido antes.
—¿No tienes otra cosa que hacer?—Mi voz es calmada y suave, nada parecida a la ira que está en mi interior.
—Ichigo, yo… —Suspira, sus manos moviéndose delante de ella —Sé que es difícil de escuchar, pero creo que algo está mal con Orihime. Creo que está pasando por algo y necesita ayuda, Ichigo. Quizás está sufriendo de depresión post parto o algo similar— Se acerca y toca mi bíceps
—Mi esposa no está loca— digo entre dientes.
—No, por supuesto que no. No estoy diciendo que lo esté, pero necesita ayuda médica. La he visto Ichigo. Nada en su indiferencia se siente bien. Yo…—
—No vamos a hablar de esto—.
—Necesitamoshablar de esto. Necesitamos hacer algo. ¿Sabes a dónde fue? Tenemos que encontrarla. Debí de haber dicho algo más pronto. Yo…—
—Nosotrosno tenemos que hacer nada, y Orihime no se ha ido. Sólo se fue por un par de días. Necesitaba un descanso. Regresará el miércoles— Mientras lo digo, me doy cuenta de lo vacío que suena. ¿Realmente creo que va a regresar?
—¿Descanso de qué? Una madre no deja solo a su bebé para que se las arregle solo …—
—Lo hace cuando nunca quiso al bebé—.
La confesión cae como un derrumbe. Sé la razón por la que Orihime no puede preocuparse por Kazui. Yo sé que soy responsable de eso.
—¿De qué estás hablando?— Karin pregunta, frunciendo el ceño.
—Quería un aborto, pero la convencí de no hacerlo— Muevo las manos a mi cabello y finalmente me rompo y le digo —Se enteró que estaba embarazada así que se fue por un par de días, pero ni siquiera me di cuenta que se fue. Estaba tan ocupado escribiendo mi jodida próxima obra maestra. Cuando regresó, me dijo que quería el divorcio. Ni siquiera me iba a decir del bebé. No lo quería, dijo que "no era el momento correcto para un bebé porque a duras penas nos amábamos. Las cosas se pondrían desastrosas". Ni siquiera pensó que podía criar a un hijo sola porque estaba tan atrapado en mi propia mierda—. Una risa escapa de mí, haciendo que duela mi garganta —Soy como nuestro padre Karin—.
Mi mirada se desvía a donde esta Kazui, que todavía está jugando en la alfombra. Sus sonidos me cortan como un cuchillo filoso. De algún modo, volví a fallar. Ella ya no está, y mi hijo se quedó sin madre.
Karin se levanta y me jala con delicadeza para que me ponga de pie con ella, coloca sus manos en mis mejillas.
—Ichigo, no eres como nuestro padre. Él te amaba a ti y a mamá y a mi, pero no supo cómo demostrarlo. Tú lo sabes. Tú sabes cómo poner a tu hijo primero. Tú sabes cómo estar para Orihime— Aprieta mi mano —¿Me escuchaste? Tú noeres como nuestro padre—.
—¿Entonces por qué Orihime se fue? —susurro.
Karin entiende y da un paso hacia adelante para abrazarme. Me desmorono con su calor maternal, como un maldito niño. Lo odio. Odio ser así de débil. Ser un fracaso, pero no tengo la fuerza para hacerme para atrás y romper su abrazo.
Después de un momento, Karin se va para darle algo de comer a Kazui.
Él está jugando con un sombrero ruso de color morado que le dio Rukia el día que lo conoció en Café Karakura, está masticando la piel, babeándolo. Me hace recordar lo de anoche, y antes que me dé cuenta, soy lanzado a otra dimensión. Estoy hundido en Rukia. No he pensado en el beso desde que Orihime se fue, pero ahora es todo en lo que puedo pensar.
Mi hambre comienza a llenarme, una mala y sucia ira hambrienta. Que sólo quiere tomar y tomar y tomar.
Estoy hambriento de Rukia. Hambriento del poder que me da. Quiero abusar de ese poder, desatarlo, usarlo en su contra. Quiero destruirla como yo estoy siendo destruido en este momento. Es demasiado valiente para su propio bien. Quiero destruir esa valentía, ese coraje en ella.
Quizás Karin tenía razón; no soy como mi padre.
Mi padre nunca pensó en nadie más que su esposa, y el ardor que aparece en mis huesos, la erupción volcánica dentro de mí no tiene nada que ver con Orihime. Tiene todo que ver con Rukia Kuchiki.
