MJ Keehl: Gracias por tus palabras! Espero que este capítulo también te guste! Saludos!
Perdido y encontrado
16 años atrás
Sólo debía tener siete u ocho, pensó Levi. Observó a la pequeña niña que se refugiaba al otro lado de la calle. Su delgado abrigo estaba empapado, y su largo cabello se pegaba a su cuello y frente.
Te ves triste, pensó, contemplándola mirar con desesperación en busca de una persona que pasara y le cediera un paraguas para poder cruzar la calle. Pero nadie pasó junto a ella, todos escapaban de la tormenta de nieve. Las gotas golpeaban el paraguas de Levi, uno que robó descaradamente a un hombre distraído. No podía comprarse uno, y para una rata callejera como él, encontrar un paraguas en invierno era como hallar un diamante en el suelo de una joyería.
El viento sopló bruscamente, y con paraguas o no, Levi pudo sentir sus pantalones e intentos de zapatos mojarse. Notó que iba a granizar pronto. Tendría que buscar algún lugar en donde pasar la noche. Pero no podía dejar de mirar a la niña al otro lado de la calle, atrapada en un clima como ese. Seguramente sus padres estaban preocupados. Agarró fuertemente su paraguas, y se obligó a moverse. No debería importarle. Debía preocuparse por sí mismo; cuidarse a sí mismo, como siempre. Y aún así, desde la distancia, Levi podía ver la determinación en los ojos aterrorizados de la niña. Un espíritu fuerte en el caparazón de un niño.
Antes de poder convencerse de lo contrario, Levi cruzó la calle, resistiendo los fuertes vientos que amenazaban con llevarlo. La niña lo vio mientras se acercaba y la esperanza y la emoción brillaron en su sonrisa. Con las manos congeladas por el frío, separó los dedos del mango e hizo que los de la niña lo envolvieran. 'Corre,' le ordenó con brusquedad.
Su sonrisa se desvaneció al instante, con la boca abriéndose para protestar, tal vez con alguna tontería como 'No puedo hacerlo,', pero Levi la miró con firmeza y le dio un pequeño empujón bajo la lluvia. 'Corre a casa.' Y así, con una mirada de agradecimiento, la niña se fue corriendo. Sin perder tiempo, Levi se precipitó en busca de un refugio más seguro, sintiendo las gotas contra su espalda y cuello como si fueran balas. No era su paraguas de todos modos, razonó. Tal vez algún poder divino quería que hiciera algo bien por una vez en la vida.
Al final, encontró un lugar donde dormir, justo a tiempo para escapar del fuerte granizo que caía como piedras arrojadas desde el cielo. Esa noche, y también las que vendrían, pensó en esa pequeña niña, y no sabía si era por su espíritu fuerte o por el hecho de haberle dado ese paraguas que tanto le costó conseguir a un completo extraño.
16 años después
Levi espiaba a Petra, quien estaba sentada afuera del cuartel sobre una gran roca. Su cabeza estaba entre sus rodillas mientras se encorvaba, probablemente llorando. Había recibido la noticia de que su padre murió la noche anterior, Levi lo supo por Erd. Tal vez para tener paz mental, salió y se sentó en esa roca a la que a menudo iba. Su roca pensante, la llamaba Levi.
Había salido hacía casi veinte minutos, y entonces las nubes comenzaron a amontonarse, oscureciendo todo y amenazando con lluvia. Levi la observaba desde la ventana de su oficina, llorando con angustia. Después de todos esos años, se había convertido en una hermosa mujer, pero no lo suficiente como para que él la reconociera cuando ingresó a las Tropas de Reconocimiento cuatro años atrás. Rostro y figura maduros, ojos más grandes, suaves mejillas y cabello corto era todo lo que había cambiado. Y Levi sabía que ella también lo había reconocido. Hasta ese día, jamás habían hablado de su antiguo encuentro.
Mejor. En ese entonces, Levi no era nada más que un ladrón y ella una niña ingenua e indefensa. Aquellos días habían quedado en el pasado, y a Levi no le gustaba recordarlo.
Cuando escuchó las gotas de lluvia golpear su ventana, levantó la vista de su papeleo a la ventana y vio que Petra seguía allí, en su roca. Siempre en la lluvia.
Sin pensarlo mucho, Levi se puso de pie y sacó un paraguas de su escritorio. Uno que había comprado con su propio dinero. Sin robar. Nunca más. Dejando su oficina, Levi se dirigió al exterior, y Petra no lo vio venir hasta que él se sentó junto a ella, abrió el paraguas sobre su cabeza y la cobijó de la lluvia. No era una lluvia pesada, como la de años atrás, pero la lluvia era la lluvia e igualmente humedecía las ropas.
Ella no dijo ni una palabra de agradecimiento, pero no era necesario. Se relajó en su presencia, y sus hombros cayeron lo suficiente como para mostrar que estaba exhausta. Sus ojos estaban enrojecidos e hinchados, pero él entendía. No tuvo un padre al cual llorar a su muerte, o alguna figura a la que respetara tanto como para lamentar su pérdida, pero Levi pensaba que podía entender.
'¿Se va, Capitán?' Preguntó Petra con suavidad, su voz sonaba rasposa.
De qué estaba hablando ella, no estaba seguro. Tal vez de dolor, miseria o sufrimiento, o los tres. Pensó en decirle que no sabía, pero en un sentido, sí lo sabía. Había sido testigo de la muerte de sus amigos, ladrones como él. No eran su familia, pero sí personas cercanas a él por decisión y por las que podía justificar sentir dolor.
'Siento que muero por dentro,' gruñó ella.
Levi se movió, mirando sus botas que presionaban barro bajo sus pies.
'No te estás muriendo.' le dijo. 'Y no se va. Sólo se alivia.'
Ella sonrió dolorosamente. 'Se alivia,' repitió.
'Te duele ahora que piensas en él. Pero dentro de cinco años, pensarás en algo que hizo o dijo, y sonreirás o reirás en vez de llorar. Es el final del proceso de duelo. Ahí es cuando sabes que has podido salir adelante.' Esas palabras le resultaban familiares, y Levi se preguntó si había sido algo que Erwin le dijo en el pasado, pero no recordaba.
Petra cerró sus hinchados ojos, suspirando profundamente y sentándose más derecha, tal vez para estirar la espalda y recuperarse. Años atrás, Levi había dejado un paraguas robado en sus manos y le dijo que corriera. Ahora, el paraguas era de él y tenía más en su oficina, pero sin deseos de dejárselo. Pero poco tenía que ver con egoísmo. Sentarse a su lado bajo una lluvia que no era tan dura y despiadada como solía ser, era bastante relajante para él, y también para ella, esperaba.
'Espero que sea así, Capitán.' Dijo ella al fin. 'Espero.'
