«Si tienes miedo de que nos hayamos pasado de la raya, tranquila, no temas, las rayas se han movido.»
12. Acerca de los límites.
En la mañana, sorprendentemente, Sakura no tenía frio. Cuando abrió los ojos bajo las mantas, todo estaba tibiecito, la temperatura perfecta para conciliar el sueño. Fue mientras sacaba la cabeza del cobertor y los destellos de sueño se iban con lagrimillas en el borde de sus ojos, que Sakura se percató del aumento de temperatura corporal.
Un brazo pálido tomaba posesión de su cintura, entroncándose en ella con una sensación de pertenencia voraz.
Sakura dejo de respirar por un segundo. Kakashi seguía soplando su aliento caliente contra la nuca de la mujer. La oji verde se estremeció.
Entre los brazos de Morfeo, cruzando de un sueño a otro, Sakura creía haber tenido la sensación de no estar sola en la cama. Poca importancia le había dado, estaba enojada y cansada, no había tenido noción de cuándo el Hatake apareció de nuevo en casa y mucho menos cuándo terminó durmiendo en la misma cama que ella.
Sakura olfateó un poco el aire, picaba con el olor del alcohol, pero Kakashi seguía oliendo a él. Era envolvente.
Ella se movió un poco, Kakashi la pegó más a su cuerpo. Por unos segundos Sakura deseó que la espalda tuviera más receptores nerviosos, quiso sentir un poco más su pecho firme contra ella, su respiración empujar contra su nuca, sus brazos tomar posesión de ella.
Maldito seas, Kakashi.
Mientras él buscaba la posición más cómoda, tiró un poco más de la cintura de la mujer hasta él. Entonces Sakura lo sintió.
Oh, no, no, no…
Apretó con fuerza los ojos, pero la sensación no se iba, ella no se lo estaba imaginando, estaba ahí, contra su trasero, duro como nunca imaginó.
Sakura se removió más, trató de zafarse sin despertarlo en el intento, no podría lidiar con él así, en cambio termino dándose una vuelta y quedando frente a frente, pecho a pecho con el infame hombre. La pelirosa apenas podía resistir el impulso de mirarlo a la cara, bien dormido como un ángel, pensaría. Pero la verdad es que ahora que lo estaba mirando fijamente, desprovisto de toda la máscara si emociones que usaba la mayor parte del tiempo, Sakura tuvo que reconocer lo peligrosamente guapo que era, no era solo atractivo como Sasuke, o llamativo como otros de sus conocidos, Kakashi era jodidamente apuesto. Demasiado para su propio bien.
Siguió con la mirada la línea de su mandíbula hasta su clavícula, su pecho bien formado y se detuvo ahí, no podía mirar más abajo, ella sabía lo que habría, simplemente no debía… su voluntad flaqueó ante intentarlo de nuevo y la mujer vio ahí, más abajo de su abdomen perfecto, debajo los pantalones de algodón, algo se levantaba imponente.
Los colores le subieron al rostro y saltó de la cama con fuerza.
Kakashi ni se inmutó. Solo se removió un poco, y palpo la cama, Sakura le acercó la almohada que tomó con gusto y la hundió entre sus brazos.
Sakura no pudo mirarlo más, corrió fuera del cuatro y dio un par de pasos hasta baño.
Aunque intentaba tomarlo con calma, nunca sacaría esa imagen de su mente. Kakashi era un hombre, esas cosas eran normales, sucedían, pero Sakura deseaba que no hubieran sucedido con ella en la misma cama, con su "amigo" frotandose contra su trasero, o su cuerpo irradiando un calor perfecto para su gusto.
Mierda, Sakura, ¿Y ahora?
Se tiro de los mechones. Ella tendría que decírselo. ¿Qué había pasado con los supuestos limites? El alcohol había mandado todo al carajo y su amigo entre sus pantalones pareció disfrutar todo el asunto.
En el baño, Sakura se lanzó agua en la cara. Ella no estaba preparada para afrontarlo. Ni menos para reclamarle eso. Cuando se miró al espejo su rostro seguía colorado hasta las orejas, y no importaba lo mucho que trataba de calmarse, el color no se iba, volvía con fuerza cuando recordaba aquello.
No soy tímida, se dijo, no lo soy. Y lo repitió como un mantra durante toda la ducha. Al salir no estaba convencida de ello, pero afortunadamente Kakashi seguía durmiendo, entonces eso le dio tiempo a Sakura de tratar de organizar las ideas y desayunar mientras tanto, pero en cuanto estuvo en la cocina sus ideas volvieron a revolverse. El plato con la comida del día anterior estaba roto en el fregadero y los restos de comida flotaban entre el agua estancada. Una botella casi vacía de algún tipo de ron reposaba donde se supone debía estar el café.
A Sakura le hirvió la sangre. Ella simplemente no comprendía por qué Kakashi seguía bebiendo, embriagándose hasta romper los platos y no saber en qué cama se acostaba. Su vergüenza momentánea se esfumó como el agua en el lavabo, en su lugar solo había quedado mucha ira, la suficiente rabia como para querer entrar al cuarto y tirarlo de cama como el adulto poco responsable que era.
Lo maldijo por tercera vez esa mañana.
Luego de haber terminado el desayuno, escucho el portón abrirse, apenas le dio tiempo de ponerse las pantuflas, cuando Gai ya abría la puerta trasera a todo lo que daba.
—¡Familia! ¡Buenos días!
Genma le dio colleja en la nuca.
—Buen día, Sakura.
Sakura tuvo que forzar una sonrisa en la cara, no eran buenos días para ella.
—¿Quieren desayunar? —preguntó lo más cortes que pudo e inconscientemente su voz su mantuvo baja.
—Yo siempre quiero comer.
—Si, Sakura me lo ofrece tan amablemente por supuesto que no rechazare los manjares que nos ha preparado.
—¿Qué mierda acabas de decir, Gai?
Una sonrisa se coló en su rostro. Esos dos siempre le harían reir, no importa que tan mal fuera la mañana.
—¿Y mi estimado rival?
Sakura puso delante de ambos en la mesa un par de platos con la sopa.
—El príncipe aun duerme—salió más ácido de lo que pretendía, y ella notó como ambos hombres se miraron dudando.
Una pregunta pareció formarse tras los ojos de ambos soldados, Sakura tosió un poco y trato de recomponer la cara.
—¿Es sopa de resaca?
—Esta delicioso, señorita Sakura.
—Gracias, Gai. Si, es sopa para la resaca, supuse que la necesitarían.
Ambos volvieron a mirarse y comieron en silencio. Fue el silencio poco frecuente en ambos y las miradas a hurtadillas que le daban, que le advirtieron a Sakura que algo estaban tramando. Ella medio movió su comida casi a terminar esperando solo que los hombres delante de hablaran, pero cuando ninguno pronunció alguna palabra y se levantaron juntos a mover los platos al fregadero, Sakura tuvo que tomar la palabra.
—Alto ahí—ambos pusieron rígida la espalda como si les estuviera hablando su superior—Ninguno de ustedes dos tiene resaca ¿verdad?
Les tomó un minuto para negar con la cabeza.
—Porque no estaban bebiendo con Kakashi.
—No.
—Él estaba solo.
Ambos se miraron.
—Probablemente—respondieron al unísono.
Sakura los dejo ir, no sabía porque eso le enojaba más todavía. Sin embargo, Gai y Genma parecían intuirlo, por lo que ella no se sentía obligada a disimularlo.
Gai se quedó arreglando los platos y Genma regreso a la minúscula sala y saco la antigua radio de un cajón para llevarla al patio. Sakura sintió que debía seguirlo. No podía quedarse ahí mirando el vacío con la rabia carcomiéndole.
Cuando estuvo en los asientos bajo la sombra del árbol, lo observó un rato buscar alguna emisora radial, pero todo se perdía en la cacofonía.
—La música es una porquería en este país—dijo sin percatarse. Contrario a lo que esperaba, Genma solo sonrió un poco.
—Lo es, pero hoy es el festival de despedida del otoño, algunas emisoras locales deberían estar activas.
—¿A qué llamas activo?
La voz de un hombre a mitad de un discurso, lleno el aire, pero el soldado lo cambió rápidamente y prefirió dejarlo en un canal donde solo oía ruido.
—A cualquier cosa que no sea Danzo y su régimen.
Tal vez era la primera vez que Sakura oía el nombre del líder supremo salir de los labios de alguno de esos hombres y no sonó muy agradecido que digamos.
—Entonces… ¿Te gustaría ir al festival?
—¿Estas invitándome a una cita, pelo de chicle?
Ella rodó los ojos.
—De amigos—aclaró.
Genma se puso una mano en la barbilla.
—Eso me dijo la última chica con la que salí y no terminó bien.
—¿Qué tan mal?
—Salimos por unos meses, pero ahora me odia.
—Asumo que le habrás hecho algo malo.
—No es mi culpa que su hermana estuviera igual de buena.
Sakura le golpeó en el brazo, tenía toda la pinta de ser un imbécil y realmente lo era. Una risa ligera cruzo un poco su cara y él no pareció estar avergonzado de lo que acababa de decirle, la sonrisa en su rostro decía que lo estaba disfrutando.
De repente se puso rígido en su lugar. Sakura siguió la línea de mirada del castaño.
Kakashi estaba parado a la distancia en las puertas corredizas, con el ceño fruncido y los brazos cruzados en el pecho. Sakura trato de no mirarlo, en cambio fijó su vista por encima del hombro tatuado hasta dentro de la casa donde podía ver a Gai tras él con una expresión de horror y el horrendo delantal rosa.
Sin decir una palabra, se dio la vuelta y siguió hasta el baño.
Ambos hombres parecieron suspirar de alivio.
—Estas temblando—le dijo Sakura cuando le vio recomponerse.
Genma sonrió nervioso.
—Kakashi no es un juego cuando este ebrio, mucho menos con resaca.
Sakura recordó ayer que llego a pensar que él estaba algo sentido por la borrachera, pero pareció verse normal por el resto del día, por lo que no dijo nada.
—No cualquier resaca, quiero decir, solo esas resacas donde ya había otra resaca. No sé si me explico bien.
—No creo entenderte.
Genma suspiro y por fin apagó el ruidoso aparato.
—El no suele beber, pero cuando lo hace no es porque esencialmente este bien. Suele buscarnos, a cualquiera, Kakashi no confía en sí mismo lo suficiente como para beber solo. Estrés post traumático, un pasado oscuro, mucha culpa y malas elecciones, tiene demasiados demonios para eso. Nos pone algo nerviosos verlo embriagarse una tras otra vez, no es un juego.
—Siempre pensé que él era algo así como una especie de héroe para ustedes.
Ahora Genma lucia más relajado, pero la sonrisa amarga que se formó en su rostro no fue suficiente para enganchar a Sakura.
—Ya sabes lo que dicen de los héroes, todos tienen un poco de villano dentro.
El humor de ambos cayó drásticamente luego de eso, y no fue hasta que Gai volvió con una jarra de limonada que ambos intentaron sonreír un poco.
Sakura seguía enojada con Kakashi, eso no había cambiado y no cambiaría hasta poder conversarlo con él mismo, pero era evidente que Genma había cambiado su humor por otra cosa que también implicaba a Kakashi borracho. Como si fuera otro de sus males, la mujer estaba segura de que esa no era la primera vez que esos hombres parecían afectarse por eso.
Gai por otro lado, entabló una conversación fácil y nada pesada con ambos, el castaño no tardo en seguirla, pero Sakura había visto la expresión de terror en el rostro del hombre justo cuando vio la espalda de Kakashi y podía decir que ambos estaban pasando exactamente lo mismo.
Ella trató de sonreír pero no se perdió de vista cuando Gai habló.
—En Konoha antes de la misión y podrán estar todos. Ya hoy se cumplen 13 años desde aquella vez.
—Anko me dijo—Genma trazó una línea en la tierra con la punta de su bota— No creo que sea una buena idea, por lo menos no ahora.
—Es lo que dije, pero Raido está insistiendo. Él no sabe todo lo que está pasando, no creo que tampoco lo entienda, él…
—No te atrevas a hablar mal de Raido—la voz de Genma siseó por lo bajo, apretada entre sus dientes—. Él esta allá por nosotros, quedarse aquí, tener el grupo unido es un riesgo ¿Eso es lo que crees que quiere Kakashi?
—¿Acaso tu si sabes lo que Kakashi quiere? Él está aquí por Obito, él realmente no-
—¡Y eso es lo que hubiese querido Obito! No él. Kakashi nunca ha pedido nada y no lo pedirá. No puedes culpar a Raido. No hasta que Kakashi lo haga.
Los nervios de Sakura trataron de dividirse entre el miedo que tenía a que Kakashi apareciera en la puerta a la pseudo discusión que estaban teniendo esos dos justo bajo sus narices. Luego de eso se callaron, y no volvieron a mirarse por un rato más. Uno de los dos había dicho algo que ofendió tremendamente al otro, pero Sakura no podía decir cuál. Entre el pasado de Kakashi y todo lo que dejaban entrever esos hombres había una delgada línea que marcaba lo que era políticamente aceptable hablar y lo que debía decirse bajo la mesa.
Obito al igual que Sakumo era un nombre complicado.
Kakashi llegó al rato, y los hombres lucieron frescos y amistosos como era costumbre.
El peliplata se sentó en el único de asiento disponible, con un plato de sopa humeante entre las manos.
—Reporte de Tenzou y Asuma.
Sus subordinados se pusieron rígidos en sus asientos.
—Asuma ha partido a Konoha esta mañana, asuntos urgentes del clan—notificó Gai.
—Tenzou se ha ido con él, aprovecharan el pase de circulación especial para trasladar el armamento sin sospechas—concluyó Genma.
Kakashi asintió, tomo un largo sorbo de su sopa.
—¿Ustedes?
—La capitán Mitarashi Anko nos ha adoptado de manera parcial en su escuadrón.
El capitán levantó una ceja algo incrédulo, y todos por algún motivo —incluyéndola a ella— voltearon a mirar a Genma.
—Me debe un favor—dijo simplemente encogiéndose de hombros.
Gai sonrió malicioso.
—Últimamente te debe muchos favores.
—¿Qué puedo decir? Soy un hombre generoso.
Entonces Kakashi la miró a ella. En sus ojos tenía algo escrito que Sakura no pudo leer a la perfección, pero que siendo sincera no se molestó en interpretar. Kakashi y sus miradas significativas y gruñidos ininteligibles eran algo de lo que estaba cansada. Esperaba que él se cansase pronto también.
—Capitán, entonces esto es real ¿no?
La voz de Gai pareció traerlo a la realidad.
—Si no fuese real no estaríamos aquí. ¿Han leído el informe?
Ambos asintieron convencidos.
—¿Qué informe? —y no se arrepintió de eso. Lo que sea que tuvieran entre manos seguramente la incluía a ella de alguna u otra manera.
—Sobre la misión en Konoha. Cuidaremos funcionarios políticos-civiles.
—Mi estimado rival, el teniente nos ha mostrado los archivos del embajador de Kumo y el hijo de Kazekague y-
—¡Qué! —Sakura sintió sus ojos empezar a llenarse de lágrimas de alegría.
Todos le miraron como si le hubiese crecido una segunda cabeza.
—Dije, que el embajador de Kumo y el Hijo del-
—Kazekage. Si, te escuche, Gai… ¡Tienen que llevarme con él! ¡Es el único que podrá ayudarme, lo sé!
Kakashi puso el tazón en el suelo y se cruzó de brazos para observarla.
—¿De qué estás hablando?
—¡Es Gaara! ¡Yo lo conozco, es mi amigo! ¡Tienen que llevarme hasta él!
-o-
No había muchas cosas en el mundo que sacarían a Tenzou de sus cabales. Él por lo general era capaz y eficiente y solía alearse de los conflictos, eso de lo dejaba a Gai y Genma.
A lo largo de los años Tenzou suponía que debía ser por eso que Kakashi lo mantenía cada vez más cerca, podía ser tanto objetivo como analítico y su sempai nunca necesitaría meter la nariz en el conflicto sin que el castaño ya tuviese una solución, sin embargo, veía bastante difícil mantenerse en su papel cada vez que se encontraba con Takashi Mori.
Era la sonrisa confiada —o estúpida— que tenía la mayoría de las veces en el rostro, o como la mayor parte de tiempo solía subestimarlo y tratarlo como un simple subordinado. Años bajo el mando directo de capitán Lobo terminaron por convencerlo de que él no era un seguidor cualquiera, Tenzou podría tener la misma autoridad y voz de mando que Kakashi. Así que le enojaba cuando el mayor lo menospreciaba en cada oportunidad.
La amplia fachada apacible y calma amenazaba con caerse a pedazos.
—Dame un minuto, por favor
Tenzou miro al hombre de lentes contestar en silencio el teléfono al otro lado de la habitación y no pudo evitar sentirse incomodo ahí. Iba camino a notificarle a su sempai que el traslado de la mañana fue pan comido, Takashi lo interceptó apenas puso un pie fuera de los dormitorios y casi lo coaccionó hasta el otro lado de la instalación a su oficina principal.
—No te vayas a ir, Tenzou san—volvió a decirle en una súplica falsa. Ambos hombres sabían que aquello era una falsa noción de cortesía, él con una palabra podía obligarle a sentarse ahí todo el día y la noche si quisiera la gana.
Un plan empezó a tejerse en el cerebro del castaño.
—Todo listo—se sentó con calma tras el escritorio— ¿Cómo has estado?
Tenzou trato de que no se notara su indignación: —He estado mejor. Un poco de dolor en la espalda.
—¿Mucho trabajo en casa de Hatake sempai?
—Algo así. Estamos construyendo un nuevo pozo de agua.
Los lentes se deslizaron a lo largo de su recta nariz, pero él no se molestó en ponerlos nuevamente en su lugar, en cambio tomó una de las carpetas marrones en el escritorio y empezó a ojearla sin prisas.
—Desde que estoy aquí siempre he estado preguntando, qué tiene de atractivo la casa de tu capitán que ustedes cuatro adoran permanecer allá. ¿Es un trabajo forzado? ¿O tal vez es un buen cocinero?
—Ni lo uno, ni lo otro. Kakashi taichou paga, es bueno tener un ingreso extra. La mayoría necesitamos la paga, el sueldo de un soldado no es el más adecuado.
La sonrisa sardónica se convirtió en una risa igual de acida, Tenzou tuvo que obligarse a sonreír de vuelta.
—Bueno, te concedo este round porque eso es muy cierto, cuando yo era un simple teniente también me quejaba de mi sueldo. Pero claro, yo tenía una madre que ayudar, un par de hermanos menores ¿Y que tienes tu, Tenzou-kun?
El sufijo casi exclusivo para los niños no paso desapercibidos. Takashi lanzó la carpeta abierta para que él pudiera leerla, pero Tenzou no necesitaba mirarla para saber lo que había, de hecho, sabía perfectamente que había en las otras cuatro bajo esa.
—Aquí estas tú hace algunos años. Mira que guapo y joven te ves. Tenzou el huérfano, sin apellido como todos los otros niños huérfanos de este país. Sin padres, ni hermanos, ni casa, ni pareja, ni siquiera un apestoso perro. ¿Para que necesitas la paga, Tenzou-kun?
—Ya ve, mayor. Tengo algunos vicios como todo ser humano.
La repisa tras el mayor exhibía un par de trofeos de lo que pudo ser cualquier deporte, pero lo que Tenzou había mirado al momento de entrar era la sutil ficha de póker al pie de uno de esos objetos dorados, un azul cielo muy llamativo como para pasar desapercibido.
—Oh, claro, claro, aprovecharas muy bien tu tiempo libre—dijo siguiendo su línea de visión—Pero eso no termina por satisfacer por completo mi curiosidad. Cuando los investigue me percate de un par de cosas ¿Quieres saber?
¿Tenía otra opción?
—Al capitán Hatake le gusta coleccionar perros feos y le pasa lo mismo con las personas. Un escuadrón compuesto por huérfanos, marginados y buenos para nada. Maito, que ni siquiera termino la primaria y reprobó todos los exámenes de logística, pura fuerza bruta. Shiranui, experto en armas, sí, pero pasó todo su servicio obligatorio castigo por no reconocer la autoridad, el peor de los holgazanes. Sarutobi, inteligente, sí, pero con otro archivo en blanco.
Tenzou tuvo que clavarse la uñas en el brazo para no soltarle un manotón.
—Y eso no es todo. Hayate Gekko, asma crónica, su lugar estaba tras un escritorio tal y como murió. Aoba Yamashiro, Iwashi Tatami, otro par de blandengues. Castigados con pena de muerte por desobedecer la autoridad ¿Cuántos años de eso? ¿9?
—Diez—corrigió él sorprendiéndose por lo calma que salió su propia voz.
—Raido Namiashi se salva un poco, al parecer el único competente para recibir un ascenso en Konoha. Tal vez Mitarashi, la única mujer del grupito, que consiguió seguir en el campo, la única capitán mujer de esta región ¿De qué sirve? Es una perra loca.
Tenía que mirar la ficha, los trofeos, las fotos de Danzo en la pared, cualquier cosa que no fuera él. Sentía la sangre hirviendo por todo su cuerpo, las ganas de molerlo a golpes, estrellar su puño contra su ojo con tanta fuerza que lo sentiría hundirse en su cuenca, retorcerse contra los jugos y la sangre brotar a borbotones-
—Y luego estas tú, Tenzou-kun ¿No te parece que eres demasiado para tan poco?
Luego de unos minutos que el castaño tardo en volver a la realidad se percató de que Takashi realmente espera una respuesta de él, pero Tenzou se sentía inseguro de lo que diría, no confiaba en mantener la voz calma como antes, abrir la boca solo significaba hundirse más. No podía hundir a Kakashi nunca, se lo juró a sí mismo.
—Interpretaré tu silencio como una ignorancia de tu parte. Es que las tienes todas para seguir subiendo, Tenzou, pero tu capitán seguirá rechazando ascensos y tu seguirás abajo de él ¿Eso es lo que quieres? Nadie le dará un ascenso a un teniente para pasarlo por encima de un capitán. Eso no pasa aquí, tú eres un muchacho inteligente, lo sabes. ¿Qué edad tienes?
Tenía la boca seca como el algodón, pero tuvo que doblegarse a responder, con los dientes apretados, cuidadoso.
—Tengo treinta años ¿No lo dice mi expediente?
—Si, ahí está. Te uniste muy joven al servicio militar, ya han pasado unos diez años de eso. ¿No crees que podrías estar mas arriba en la cadena de mando?
—Mayor, no estoy en busca de un ascenso.
—Pero podrías tenerlo. Un muchacho que no ha tenido nada en la vida y podrías tenerlo todo, solo necesitas arrimarte a un buen árbol.
Tenzou inspiró profundamente mientras intentaba dejar ir parte de su ira. Podía ver lo que el hombre quería intentar con él y era mucho más común de lo que podría lucir. Al final de cuentas, lo que más quería un hombre de poder era seguir subiendo, adeptos, esclavos, y eso solo podía conseguirlo quitándole los suyos a otros. Tenzou no era un esclavo de nadie y no planeaba serlo nunca, pero decírselo de ese modo a Takashi solo podía instarlo mas a insistir.
¿De verdad creía él que un par de promesas vacías podían poner de su lado a la gente?
—Y en caso de querer buscar buena sombra ¿A quién podría arrimarme?
—Tu servidor aquí presente podría darte mas que una buena paga, Tenzou-kun—hurgó algo entre sus uñas—solo necesitas estar de mi lado.
—¿Hay lados en el ejercito? Pensé que luchábamos por lo mismo.
—Oh, no te equivoques, lo hacemos. El capitán Hatake y yo tenemos muchas diferencias, pero al final de cuentas creo que estamos en el mismo bando. Y eso no significa que no haya lados diferentes dentro, él puede arrimar su bienestar propio pues aparentemente es un hombre acomodado, pero se esta olvidando de sus subordinados. Yo podría subir y arrastrarte conmigo.
—¿Y qué tendría que darle a cambio de eso?
Él solo volvió a sonreír con ansias.
—Información—respondió sin rodeos—. Toda la que puedas, toda la que yo necesite. Podrías ayudarme a llenar los vacíos en el expediente de Hatake, podrías seguirlo de cerca, sé que tiene algo que mi gente quiere.
Tenzou inspiró y apretó aún más los dientes.
—Usted no podría pagar mi precio, aun si quisiera—se arrepintió inmediatamente de sus palabras, pues Takeshi ahora lucia incluso más interesado.
—¿Y cuál es?
—Deberia retirarme, mayor.
—Todos tienen un precio, Tenzou kun. A falta de petición yo te hare ofertas y tu no podrás rechazarlas. Estarías bien protegido para lo que se viene, mira en donde te ha metido Kakashi.
Tenzou se levantó de la silla, por su mente pasaron varias maneras de dar resolución, pero al final decidió llevar la que sabría que era una trampa para tontos. Imposible no caer.
—Piense un pago alto, el más alto que podría pagar, y si es el que más me convenga lo tomare sin dudarlo. Ya se lo dije, tengo vicios caros.
—Tu y yo nos parecemos mas de lo que piensas, ambos estamos acá desde muy jóvenes, ya no tenemos nada ni a nadie mas que a nosotros mismo. Puedo verme reflejado en ti. Silente, tranquilo, confiable. Haciendo lo que tu capitán quiere que hagas, culpándote por sus errores… como un gato, esperando la oportunidad correcta para saltar sobre su presa. Esta es tu oportunidad, podrías entregarme a Hatake y nadie más que él lo sabría, digamos que tampoco tendría oportunidad de culparte. Tu no eres como él.
Takashi se levantó de su silla perezosamente, como si acabara de hablar sobre el clima, y se acercó hasta el teniente que espero congelado en su sitio, su mano deslizo un pequeño papel en el bolsillo delantero de la chamarra de Tenzou y luego le dio unas palmaditas en la mejilla.
—Ha sido un gusto sellar este trato contigo, teniente Tenzou.
Tenzou salió más alterado de lo que entró, con ganas de destrozar todo a su paso incluyendo a sí mismo, pensó que mientras bajaba la montaña su temple de acero volvería, pero le fue casi imposible hasta que llego a la encrucijada en Y, vio la señalización cuesta abajo para el pueblo y a la derecha para rodear la montaña.
Él sabía dónde estaba Kakashi justo ahora, eso podría darle la oportunidad correcta de llegar hasta la casa y arrastrar por el cabello a Sakura hasta la oficina de Mori. No sería difícil, ella no lucharía, Kakashi estaría rodeado antes de que pudiera percatarse de lo que realmente había ocurrido, y en general seria precisamente eso lo que Takashi quería que hiciera.
Pero Tenzou no era un traidor, era un blandengue, otro niño roto como solían decirle, un marginado. Y Takashi Mori nunca podría pagar el precio que exigía alguien que nunca había tenido nada.
Dobló a la derecha para rodear la montaña hasta el claro escondido a medio bosque, era el lugar donde sabia que sus amigos estarían. Hoy se cumplían trece años desde la muerte de Obito, ninguno de sus amigos se perdería ese día.
Cuando llego hasta la tumba, una piedra grande con tres más pequeñas a los lados. Genma y Gai brindaban en sus pequeños vasos de sake y Kakashi estaba sentado sobre sus talones frente al pequeño monolito.
Como todos los años, Tenzou se sentía como un extraño cuando llegaban esos días, el aniversario de Obito, el de Rin, el de muchos otros que habían crecido con ellos. Él podría excluirse de las reuniones de esos días, lo había hecho más de una vez, pero siempre acababa con lo mismo: ellos lo iban a buscar, arrastrarlo hasta el monolito y beber juntos hasta saciarse como si Tenzou también fuera parte de su dolor.
No sentía dolor por aquellos que no conoció, pero ciertamente sentía dolor cuando veía a sus amigos dolidos.
—¡Hey, Tenzou-kun! —le llamo Genma. El sufijo sonaba cálido en su voz, le hizo sonreír a medias a pesar de sentir la sangre hirviendo aun.
—Ven acá querido Tenzou, tomate un trago—le ofreció Gai—Por los buenos viejos tiempos.
El licor le quemó el estómago vacío. Genma metió la mano en el bolsito que tenía atado a la cintura, saco algo envuelto en papel aluminio y selo entregó.
—¿Taiyaki? —la forma del pez era evidente—¿Cómo conseguiste este?
Genma se sonrojó y miró para otro lado.
—Cuando conseguí el sake, ya sabes, me debían un favor. Supuse que no habías comido nada.
—Anko se lo consiguió.
Tenzou reprimió la sonrisa: —Ustedes están muy unidos últimamente.
—¡Cállense los dos!
Genma se alejó hasta donde estaba Kakashi dando pisadas fuertes y le tendió la botella casi entera. Kakashi la vació sin miramientos por toda la piedra y todos miraron a otro lado. Nadie sufría tanto la muerte de Obito como Kakashi por lo que nadie diría algo sobre eso.
Obito había muerto en una revuelta en la capital, tratando —con muchos otros— de derrocar al régimen actual. Un asesinato silencioso por la noche en la residencia Hokage. Acribillado como un traidor, sin derechos a honores, sin una tumba digna. Tenzou se preguntaba si tal vez cuando el muriera —incluso como un traidor— tendría quienes pusieran una piedra y diesen que esa era su lugar de descanso.
Kakashi se levantó y los miró a todos, a su teniente se le pasaron las ganas de contarle lo que acababa de ocurrir en el cuartel. Ya habría oportunidad para eso. Ahora mismo podía ver algo turbio tras los ojos de Kakashi, él mismo se sentía con el cuerpo pesado y dolido.
—Oh, Tenzou kun, no te vi llegar ¿Esta todo bien?
—Si. Todo fue bien. El transporte se hizo sin problemas y conseguimos moverlas hasta la casa de Sarutobi-sama. Los llevaremos hasta el hotel en uno de sus autos oficiales del clan. Asuma estará en la casa familiar toda la semana.
—Bien, esta bien. Entonces por hoy no queda mas por hacer, si Anko está de acuerdo tienen la tarde libre para que resuelvan sus asuntos.
—¿Sempai?
—¿Kohai?
—¿Estas bien?
Kakashi se pasó una mano por el pelo, no lucia mas nervioso, pero tampoco mas relajado, como una calma cotidiana que nunca había visto un día como hoy en él. Ya sea por la resaca que era obvio que estaba pasando o porque últimamente no había tenido el humor más idóneo, pero Kakashi no lucia como él mismo.
—¿Por qué todos me preguntan lo mismo?
—Porque estabas molesto. Porque estas estresado. Porque estabas bebiendo—Gai enumero uno a uno.
Kakashi comenzó a caminar adelante y ellos le siguieron curiosos.
—Estoy bien, muchachos. ¿Qué piensan hacer por la tarde?
Tenzou permaneció en silencio, no queriendo interrumpir el monologo de Gai, pero de vez en cuando asintió mientras seguían montaña abajo. Ya podía escuchar las risas en el festival que iniciaba y los ruidos de los carritos de comida.
El no creía que Kakashi estuviera bien, había estado tratando de hablar con él desde algunos días atrás y aparentemente no podría lograrlo aún. Agradecía que aun así Kakashi no los hubiese excluido. Ni en sus problemas ni en sus dolores.
Aunque ciertamente Takashi tenía razón, él no llegaría a nada si seguía ahí con ellos, Tenzou se recordó que ninguno de ellos estaba ahí por los ascensos, o el dinero. Su lealtad a Kakashi era algo más que gratitud y era camaradería.
—Tenzou, te estas quedando atrás. Apresúrate, papá te comprara un bocadillo en el festival.
En la casa, la única mujer ya había preparado algo parecido a un almuerzo que les esperaba en la mesa servido. Como si hubiese vuelto diez años atrás, Tenzou volvía a sentirse como un extraño en esa casa.
Posiblemente era la nueva intromisión forzada al grupo, lo fácil que su círculo se había abierto para ella, pero Tenzou sentía que el ambiente cambió drásticamente.
Se sentaron a comer y entablaron una conversación ligera que como siempre él se limitaría a oír, pero fue algo, un gesto inadvertido para todos que llamó su atención.
Sakura tocó la mano de Kakashi. Sutil, apenas un roce cuando bajó sus palillos, pero la máscara plástica de falsa calma cayó por segundos, el capitán casi sonrió. Imperceptible para todos ahí, el teniente lo sabía bien, pero Kakashi controlaba tan bien sus gestos que nunca sabias si sufría o disfrutaba. Y lo que Tenzou había visto no le pareció forzado ni mucho menos fingido. Estaba ahí.
—Tenzou-san ¿Estas bien? —ella le sonrió, genuino, brillante, sin un resto de hipocresía en su rostro.
—Si. Es solo… Me duele la cabeza.
Dejó su comida a medio comer y se levantó hasta él.
—¿Te sientes mareado? Tal vez es una migraña, puedo ver las bolsas bajo tus ojos ¿estas durmiendo bien?
—Si, Sakura, deja de tocarme—apartó la mano de su frente—estoy bien.
Ella frunció el ceño.
—Eres igual que Kakashi, parecen ser tercos hasta el final. Tienes fiebre.
—Son padre e hijo, Sakura, ¿Qué esperabas?
—¡Esperaba que se comportara como un adulto! Termina de comer y te vas a tu casa, Tenzou.
¿Quién era ella para gritarle? ¿Correrlo de la casa?
—Oi oi, Tenzou-kun, no podrás ir al festival.
Genma le pellizco las mejillas, Gai le pincho las costillas, pero Kakashi estaba ahí, fijo en su sitio sin decir una palabra. Esperaba que su sempai dijese algo, lo que sea que negara lo que ella y sus amigos trataban de decirle, en cambio, colocó la mejilla en su palma y continuó jugando con su comida como si nada había pasado.
Sakura regreso al instante con un par de píldoras y un vaso de agua.
—Bebe esto—su tono amenazante—. Por supuesto que no va a ningún festival, te quedaras en cama, así me toque ir hasta tu base a cuidarte.
Estallaron de risas. A él no le pareció gracioso, pero incluso Kakashi había sonreído de nuevo, esta vez menos cauto y privado que la anterior.
—No me mires a mí, pequeño teniente—levantó las manos en el aire—. Órdenes del médico.
Todos parecían hablar en broma y en serio. Incapaz de replicar a eso, el aludido se levantó con calma de la mesa. Sakura le tomó del brazo y Tenzou se zafó con demasiada brusquedad.
Mientras se ponía las botas en el pórtico, Kakashi apareció tras él y le puso una mano en el hombro, la mirada desafiante casi retándole a hacer lo mismo que le hizo a la pelirosa.
—Estas enfermo.
—Estoy bien, sempai. Solo un poco resfriado y eso lo sabía de antemano—los dientes apretados para mantener la voz calma.
—Nos preocupamos por ti, Tenzou-kun, aun eres un niño y-
—No soy un niño, cuándo dejaran de tratarme como uno. Tengo 30 años.
Kakashi suspiró.
—Tienes veintiséis. Yo mentí por ti en tus registros, yo dejé que entraras al servicio militar con 16 años. Tienes veintiséis años, Tenzou. Trata de no olvidarlo.
—Da igual—dió un último nudo a sus agujetas—. No soy menos que tú, no soy menos que ellos.
—Nadie dio que lo fueras, Tenzou. Solo queremos cuidarte.
—¿Confías en ella?
—Si—no era la respuesta difícil que esperaba, Kakashi estaba confiado—Completamente.
Tenzou asintió, la vista perdida en algún lugar entre el portón y la tierra del piso.
—No es un fastidió tenerla aquí ¿verdad?
Eso no lo respondió. Ambos sabían la respuesta.
—¿Por qué la odias?
—No la odio, sempai. Ella no debería estar aquí, tu, nosotros, no debemos actuar como si esto fuese normal.
—Lo siento. Creo que nunca te pedí disculpas por meterte en todo este lio. Lo siento, Tenzou—levantó la mano de su hombro—. Estoy intentando arreglarlo, estoy intentando no acostumbrarme a ella.
Y estas fallando.
El castaño no quería saber cuanto lo estaba intentando porque sabia que no era mucho. Sakura se los ganó uno por uno, no dudaba que con Kakashi viviendo con ella las relación se hubiese estrechado con facilidad.
—Y lo arreglaras, siempre lo haces. Ya te lo dije, confiamos en ti.
Le sacudió el pelo con la mano tal como solía hacerlo hace muchos años.
—Sabía que no había sido un error dejarte entrar al servicio.
Tenzou bufó.
—Ya se te hizo costumbre, eh. Estar arriesgándote las espaldas por extraños, lo has hecho por mi ahora Sakura y ¿Cuántos más?
—Tu no eras un extraño, desde que te presentaste voluntariamente para el servicio supe que serias el perfecto chico de los recados, por eso cuando tomé tus datos dije que tenías 18, necesitaba un esclavo urgente.
—¡Ni siquiera sabias si iba a quedarme en el ejercito! ¿Cómo podrías saber que sería bueno?
Kakashi se rasco la nuca, sus ojos curvándose en una sonrisa.
—Fue una prueba. Si sobrevivías esos dos años de servicio obligatorio y aun así decidías quedarte, te traería al escuadrón. Pasaste ¡Felicidades! Diez años bajo mi mando y no has enloquecido, debes sentirte orgulloso.
—No estoy orgulloso de eso, me has torturado por diez años consecutivos mas dos años de entrenamiento.
—Si tanto te molesta presenta una queja escrita. Yo no tengo nada que ver con eso.
Siempre admiraría la manera en que su capitán podía desviar la conversación al tono de humor ligero que tanto le caracterizaba y como siempre de manera intencional. Mas de una vez aquello podía haberlo sacado de un aprieto.
—Kakashi—la falta del honorifico y en tal tono detuvo su caminata de vuelta a la casa, Tenzou estaba con el portón a medio abrir y dejó que su mano se deslizara por él.
—Tenzou.
—¿También confías en mí?
La pregunta pareció sorprenderlo un poco.
—Claro. Con mi vida.
Tenzou no debería haber sonreído ante algo tan lúgubre y aun así lo hizo.
—Takashi me ofreció un trato.
Kakashi parpadeó un par de veces asimilando la idea. Luego volvió a sonreír como si aquello no tuviera importancia.
—¿Y es bueno?
Depende de para quien.
—Supongo.
—Nunca me has consultado para tomar decisiones.
Takashi nunca podría pagar el precio que pago su sempai por él. Kakashi le dio voz y voto, lo trató como un ser humano. Le había dado una familia, y para alguien que nunca tuvo nada en la vida, que fue excluido como un marginal sin tener a donde pertenecer, eso valía más que todo el oro del mundo.
Estaba muy equivocado si creía que podía comprarlo.
—Ya tomé mi decisión, solo te estoy contando.
—Confío en ti.
—Incluso si hago algo malo ¿Visitarías mi tumba?
—Incluso si no tuvieses una, la construiría con mis propias manos.
Los dormitorios estaban vacíos cuando llegó y estaba tan cansado que vagamente distinguió una litera conocida y se lanzó en ella, podría haber sido la Gai, o tal vez la de Genma, estaba seguro de que no era la suya. La fiebre tal vez estaba un poco mas alta de lo que pensaba, tal vez Sakura tenía razón y debió quedarse en cama todo el día, pero eso nunca lo admitiría frente a ella.
Incluso en sus delirios febriles Tenzou veía claramente todas las señales. No admitiría que le agradaba ella porque no lo hacía, pero todos parecían estar en su bolsa, Kakashi mas que cualquiera. La insistencia en mantenerla informada, las miradas a hurtadillas, los toques sutiles no forzados, hasta las sonrisas inevitables.
Como cualquier otro al que se le permitía acercarse lo suficiente, el circulo empezaba a abrirse para incluirlo. Sakura no era la excepción y fue precisamente Kakashi quien empezó a forzar su intromisión. Al igual que con ellos —su familia— los roles empezaban a desvanecerse. Ya ni siquiera hablaba sobre lo que sucedía en la casa, y Tenzou ahora estaba empezando a entenderlo, bien podrían ambos empezar a tener su propio circulo, uno que no tenia espacio para los demás.
—Eres un idiota, Kakashi.
Todas las reglas que colocó en un principio ahora valían menos que un puñado de arena. Al igual que había sucedido con él, Kakashi borro los limites cuando estos interfirieron con sus intereses propios.
Antes de quedarse dormido, Tenzou pensó que tal vez no seria mala idea ver hasta donde llegaría por ella.
-o-
Sakura pretendió no escucharlo cuando entro a la casa de nuevo y se sentó a comer una comida ya fría. Ella no diría propiamente almuerzo, ya era mas de media tarde, pero los hábitos alimenticios de Kakashi eran sospechosos, y a diferencia de la otra resaca, ahora si parecía querer comer.
Ella no trató de hacer conversación, en cambio dejó los platos en la mesa y se retiró hasta el patio.
—Eh, eh, pelo de chicle—Genma le llamó demasiado alegre— Tenzou no se va a morir ¿o sí?
Sakura frunció el ceño.
—No—las cejas fruncidas—. No le gustaría que hicieras esas bromas de él.
—Él esta bien con eso, ya ves que es un poco tétrico. Realmente no le interesa como bromeamos.
Gai dejó la naranja que estaba pelando. Y se giró a verlos.
—¿Si iremos al festival?
—Sakura me invito al festival, tendremos una cita.
El castaño cruzó un brazo por encima de los hombros de la mujer y ella cuidadosamente se apartó.
—De amigos, te dije. ¡No me toques!
—Si, si, todas dicen lo mismo.
—¡Invitemos a mi estimado rival!
—¡Kakashi es un aguafiestas! Invitemos a Anko.
Gai rodo los ojos, Sakura ni siquiera preguntaría quien es Anko.
Cuando ellos dos se fundieron en una acalorada discusión sobre chicas, Sakura volvió a entrar a la casa a buscar un abrigo. En el cuarto encontró a Kakashi sentado sobre la cama con los codos en las rodillas.
—Voy a ir al festival, Kakashi-san.
El apenas levantó la cara y cuando Sakura salía ya con el abrigo en mano, el hablo:
—¿No es extraño que salgas por ahí sin tu esposo?
—Estoy con mis amigos, no tiene por qué serlo. Tal vez mi esposo no se siente bien y decidió quedarse en casa. La gente pensará lo que quiera.
—Realmente no me siento bien.
Sakura volvió a cerrar la puerta, la cama se hundió un poco cuando se sentó junto a él. Kakashi se sorprendió un poco, pero Sakura ya tenia la mano en su frente, él estaba cálido, no febril, tan cálido como esta mañana bajo las sabanas.
—Es probable que sea una resaca tras otra. O tal vez Tenzou les ha contagiado el resfriado.
—¿Voy a morir?
Que manía tenían esos hombres con hacer esas bromas.
—No por ahora—su voz sonó mas apretada de lo que quiso, trató de arreglarlo: —Quiero decir, no estas enfermo, tú estas tibio, pero parece que tu cuerpo es así.
—¿Has sentido mi cuerpo?
Sakura se levantó abruptamente.
—No por elección propia. Si tal vez no te hubieses acostado conmigo no lo sabría.
Se arrepintió de sus palabras, había sonado como si quisiera decir otra cosa, pero afortunadamente Kakashi decidió pasarlas por alto. Miró a Sakura desde su sitio y su cara lucia igual de enojada que ella.
—Estaba ebrio, lo siento, no volverá a pasar.
—Como sea, puedes quedarte la cama, Kakashi san. Hoy volveré al piso de la cocina.
Sus amigos estaban esperando tras la puerta curiosos, pero ella los ignoro y salió con ambos pisándole los talones.
Ya había puesto bastante distancia entre ellos y fue entonces cuando empezó a relajar los hombros. El silencio entre el trio estaba amortiguado por la multitud de risas y cantos que venían desde la distancia. El pueblo —que normalmente era fantasma— hoy estaba alegre y extasiado. Los niños corrían por doquier con máscaras de papel y camisetas coloridas, las mujeres paseaban en grupo o con sus enamorados luciendo bastante arregladas. Incluso podía ver pequeños grupos de militares paseando entre las calles.
Sakura se miró a si misma, una sudadera enorme, falda hasta los tobillos, el cabello recogido en un moño suelto, no podía compararse a las bonitas yukatas que lucían. Ella, como siempre, estaba fuera de lugar.
—¿Kakashi esta bien? —preguntó Gai rompiendo el silencio.
Sakura miró a Genma un par de puestos a la distancia comprando pasteles de arroz dulce.
—¿Por qué todos andan siempre preguntando por él? Preocúpate por Tenzou, está enfermo, ¡o por Genma, esa chica Anko parece volverlo loco! Hay muchas mas personas en este mundo que no son Kakashi.
—Podría preocuparme por ti.
Sakura se detuvo a mirarlo, el cejotas parecía querer un tipo de respuesta.
—Yo estoy bien. Esta mañana estaba emocionada. Gaara puede ser mi única salida, si ustedes de verdad lograran llevarme a él…No lo sé, las cosas podrían salir bien por fin.
—Entonces por qué estas enojada con Kakashi.
—Oh, Gai—puso una mano en su hombro alto—. Las mujeres a veces simplemente estamos enojadas, no es como si Kakashi me hubiese hecho algo-
—¿Qué Kakashi le hizo qué? —Genma apareció con un par de pinchos humeantes en la mano.
—¡No me hizo nada! —chilló casi a punto de perder los estribos.
Como estaban parados casi en medio de la calle, Sakura diviso un banco de madera junto a un carrito de comida y los empujo hasta ahí.
—Escuchen, par de entrometidos. Kakashi no me hizo nada, yo no estoy enojada con él, no estoy enojada con nadie en especial.
—Está molesta.
—Si, lo está.
Cansada de intentar no discutir, Sakura dio grandes zancadas calle arriba maniobrando entre las personas. Su principal intención era poner distancia entre el par de imbéciles, pero sabia que eso era imposible, de alguna manera se las arreglarían para llegar a ella y sinceramente era más seguro tenerlos a su lado.
Aun se sorprendía de que Kakashi le dejara salir de la casa en un principio. Si quieres ir al jodido festival, anda. Sus palabras venían a ella como un eco lejano.
Sakura se detuvo y miró alrededor. Ya estaba en el centro del lugar por lo menos. Y raramente se sorprendió de como la decoración apagada y sobria de ayer había tomado hoy un rumbo muy diferente, con la tarde cayendo y el sol ocultándose a la distancia. Las pocas luces empezaban a brotar como farolillos entre las sombras. Esperaba que hoy no se fuese la luz, era un día demasiado alegre pasa eso.
De los puestos de juegos colgaban varias de las grullas que los niños habían hecho, y los pasteles de frutas que olió muy por la mañana estaban tras pequeños exhibidores.
Era pintoresco y agradable, y con la gente deambulando pudo ver entre la multitud que las cosas no eran tan lúgubres como parecían. Tal vez no había música, o fuegos artificiales y aparatos electrónicos, pero fue muy lindo a su manera.
Un pueblo atrapado en el tiempo y solo por momentos, eso le pareció estar bien.
—¡Hey, tú!
La pelirosa se dio la vuelta, Hanabi se acercaba a ella con paso de reina.
Sakura buscó a los alrededores, no había rastro de sus vigilantes, por lo que apoyó su peso en una pierna y se cruzó de brazos, esta mujer siempre le auguraba molestias.
Y ya estoy molesta.
Cuando estuvo frente a ella la miró de arriba abajo como si la pelirosa solo fuera un ser inferior.
Sakura reprimió el impulso de torcer los ojos. Iba a escuchar lo que quería decir y luego se daría la vuelta.
—Bastante sencilla, tú—escupió cuando estuvieron frente a frente.
La mujer traía un peinado alto en su cabello rojo y una yukata muy elaborada en bordados rosa sobre una base negra. Bonito, debió admitir Sakura, enmarcaba bien un cuerpo alto y esbelto como el de ella. Sakura era bajita y curvilínea, realmente no le habría quedado.
—No soy fan de querer producirme mucho. La belleza natural es mejor apreciada—le respondió Sakura sin creerlo realmente.
Hanabi bien podría lucir un poco intimidante, pero era el protocolo entre mujeres, suponía Sakura. No humillar sino imponer.
—No entiendo que vio en ti—Balanceó la bolsa de papel que colgaba de sus manos—¿Dónde está él?
—Eso no es de tu incumbencia.
—Imagino esta en casa, anoche bebió demasiado, pobrecito—sus mejillas de por si llenas de rubor empezaron a colorarse más.
Algo en Sakura hizo un clic enorme, estridente en su mente, con tanta ira que hasta sintió sus dientes empezar a rechinar. Hanabi no tenía ni una pizca de vergüenza en su rostro por lo que estaba insinuando ante ella.
—Estaba tan borracho que no podía ni hablar, casi se duerme en la mesa el pobre.
—¿No te da vergüenza? —su voz salió mas grave de lo que deseaba. Lo último que quería era demostrarle a esa mujer lo que sus comentarios idiotas hacían en ella—¿No sientes pena por ti misma?
—¿De qué hablas?
Sakura trato de sonreír, pero la boca la sentía amarga, rígida entre los labios. Hanabi claramente seguía siendo una niña, y lo peor que pueden hacer las niñas era enamorarse.
—Vas a mi casa, me hablas de lo que hacías con él antes de mí, te pavoneas por ahí a decirme que no estas amenazada, a insinuarme tu intimidad ¿No tienes un poquito de vergüenza? Eso dice mucho de ti y de tu clase.
Pero Sakura estaba cansada de evitar los conflictos, eran todas las veces que la había dejado pasar lo que mas le perturbaba, no directamente lo que ella dijese. La pelirosa estaba cansada de tolerar.
—Si te molesta eso solo mira para otro lado, yo estaba en la vida de Kakashi mucho antes que tú asi que-
—Y yo me case con él.
Afortunadamente ambas parecían mantener un poco de cordura para no llamar la atención, todo en el festival transcurría a la normalidad.
—Pero él se acuesta conmigo—las comisuras de su boca elevadas con fuerza sobre su rostro forzando una sonrisa que sabía que no sentía.
Sakura volvió a oír el ruido en su mente, como si hubiese quebrado la vajilla cara de la abuela, tendría que aguantar el grito, los nervios y tragarse la angustia mientras fingía que no había sido ella, ya tendría tiempo de asimilar lo que realmente sentía. La parte defensiva en su mente salto hasta delante picando en su lengua por responder. Y Sakura se dejó.
—Correcto. Te acuestas con él desde antes, ¿pero adivina qué, princesa? Yo soy la esposa, a ti te usa como otro juguete más de todos los que tendrá ¿Te imaginas? No se caso contigo, no te llevo a su casa, no te puso un anillo en el dedo como una mujer honesta. Tu fuiste y serás siempre algo que esconder.
Hanabi miró la mano de Sakura, de repente mas pesada con la existencia de la banda de oro brillando en su dedo anular. La pelirosa procuraba siempre salir de la casa con el anillo en su dedo.
Hanabi trató de recomponer su rostro, pero Sakura podía ver como sus ojos empezaban a cristalizarse tras las largas pestañas. Ella debió detenerse ahí, ya la ira de Sakura estaba bajando, la opresión en el pecho se la estaba tragando lentamente.
—Anoche bebió conmigo—dijo intentando mantener la voz plana, apretó la bolsa entre los dedos—. No le importo dejar en casa a su querida esposita. Para eso te tiene, quédate en casa, cocina, lava, limpia. Atiéndelo.
Su mandíbula se levantó alta, como si quisiera recuperar el poco orgullo que le quedaba.
—A mi me busca para divertirse, para hablar, para beber. Tu eres el trofeo que siempre va a guardar en casa.
—¿Tú te escuchas cuando hablas?
Sakura se burló, ahora la risa amarga parecía manifestarse en su rostro más fácil que antes.
—No soy una niña como tú, no voy a caer en líos de faldas. Me prometí a mí misma que no me dejaría caer tan bajo como tú, pero sigues presionando, tentándome… ¿Y sabes qué? Tienes toda la razón, a ti te buscó para beber, pero amaneció en mi cama, en nuestra cama. Se acuesta contigo, pero duerme conmigo, lidia con eso.
Sakura no esperaba verla llorar y de verdad no lo hizo, Hanabi se dio la vuelta tan rápido como si la sola presencia de la pelirosa fuera una plaga, y en pasos tan grandes como su yukata le permitió, se alejó entre la multitud.
Repentinamente acalorada y dolida, Sakura se quedo parada en su sitió viendo a la gente moverse.
Realmente no tenia muy claro lo que sentía o lo que quería, pero claramente no era estar ahí. No entendió por completo lo que acabó de suceder, pero definitivamente era algo malo.
No tan malo por Hanabi, al final de cuentas ella pedía a gritos una lección de humildad, sino por todos los sentimientos que habían brotado de Sakura en el proceso.
La sensación de angustia reverberó en lo alto de su pecho. ¿Cómo podía ella pelear con dientes y uñas por un hombre? Al final de cuentas Hanabi nunca diría nada de su relación con Kakashi, pero Sakura había disfrutado —amargamente— aplastar sus ilusiones.
Un niño la tropezó y cayó al suelo delante de los pies de la mujer. Sakura salió de su ensoñación y lo levantó, él parecía un poco desorientado y ella trató de apartar el polvo de su ropa. Los ojos jade vagaron hasta la camisa roja y blanco bastante sobre usada que traía el nene, un sublimado de los ojos de Danzo estampados en el centro de la tela con un anuncio de su partido político.
El infante corrió de vuelta hasta algún lugar. Esa camisa era un recordatorio de donde estaba y con quienes estaba. Ella no pertenecía a ahí, a esa tierra. Ella no pertenecía al lado de Kakashi y eso le empezaba a molestar de sobremanera, casi frustrada, porque Hanabi si lo hacía y ella ahí solo era una piedra en la bota de Kakashi y de todos los demás.
La línea que Kakashi había reafirmado de nuevo empezaba a lucir cada vez más abismal.
—¡Joder, Sakura! —Gai llegó corriendo a su lado, casi sin aliento—Nos asustaste a muerte.
Ella trato de sonreír de nuevo, pero la mueca que tenia en la cara no se iría así de fácil, por lo que decidió tratar de mantener la cara impasible.
—A Genma casi le da un infarto cuando desapareciste de nuestra vista.
Genma daba saltos a la distancia para tratar de llamarlos. Estaban frente a él cuando dijo:—Ya podía ver a Kakashi colgarnos de las pelotas.
Ríete, trato de recordarse, ríete, Sakura, por favor.
Lo que salió de sus labios debió ser bastante convincente porque ninguno de ellos dijo algo al respecto y empezaron a conducirla por los estrechos caminos entre puestos de comida y juegos.
Gai trato de ganarse un juguete de madera en algo parecido al tiro al blanco, fallando estrepitosamente. Y Genma le compro un plato de dangos y luego pidió algo para llevar. Su compañero hizo una broma acerca de eso, a esa chica Anko al parecer le gustaban los dangos. Pero Sakura no pudo concentrarse en la conversación de los hombres, su mente iba más allá de cualquiera de ellos, estaba en las manos de Kakashi, en la manera de calmar su pánico o como sus ojos se volvían cálidos al decir su nombre.
Rayos.
Genma le puso una mano en el hombro, se estremeció ante el tacto, pero trato de comerse los dulces antes de que alguno pudiera notar su extrañeza.
—¿Creo que es hora de volver? —dijo Gai—Quiero ir a ver a Tenzou-kun—tenia un extraño sombrero de paja con colores brillantes.
Sakura se miró la falda, la noche estaba cayendo fría y se colaba entre sus piernas.
—Yo debo verme con Anko, habrá Sake ¿Vienes?
—No. Tenzou-kun ¿recuerdas?
—Estará bien, Sakura dice que no se va a morir. ¡Joder, Gai, ya déjalo crecer!
Sakura abrió la boca para decir algo y la cerró inmediatamente cuando la electricidad se cortó. Ni las tradiciones se salvaban de los cortes de luz. Las personas empezaron a encender las pequeñas lamparillas y velas en todos los lugares rápidamente recuperándose del apagón, pero Sakura ya podía ver como muchos de los puestos empezaban a desaparecer.
Era hora de regresar.
Se le hizo corto el camino, sin conversaciones donde participar o sin tener verdaderamente que decir, se concentró en buscar algo que ver en la oscurana pero no habia mucho que encontrar. La plaza aun tenia gente, y los vendedores ambulantes se desplazaban calle abajo deteniéndose solo cuando los niños los frenaban para comparar sus baratijas.
—Recuerdo cuando éramos así de pequeños—dijo Gai.
—¿Se conocían? —esperaba que entre la poca luz de las antorchas y lámparas de aceite ellos no pudiesen ver su rostro.
—Oh si—dijo el castaño—Fuimos al mismo orfanato, los cuatro.
—¿Cuatro?
—Si, Kakashi, Obito, Gai y yo. ¡Éramos lo máximo!
—Éramos revoltosos.
—Bueno, Kakashi no, el solo nos seguía a todos lados. Fue nuestra mejor época.
—¿Y qué paso?
Hubo un silencio corto.
—Bueno, Kakashi y Obito se enamoraron de la misma chica, y Gai estaba en ese equipo de Gimnasia, y yo descubrí mi pasión por las nenas.
—Básicamente crecimos. Adultos todos.
Luego de eso Sakura se perdió el hilo de la conversación, sabia que ellos solo lo estaban haciendo para llenar el silencio, así que asintió sin realmente prestarles atención. Y cuando le dejaron frente a su casa, entro a las prisas casi sin despedirse.
Kakashi esperaba en el patio, la lampara de aceite junto a su mano y del otro lado la vieja radio.
Traía una sudadera grande y unos jeans, el atuendo mas casual que ella le había visto en casa. La estática de la radio llenaba el vacío. Kakashi levanto la mirada del sobrepiso de madera y Sakura se sintió mas intrusa ahí, como si de algún modo estuviera cortando algún tipo de privacidad entre el y sus cavilaciones mentales.
—Tadaima, Kakashi-san.
—Okaeri, Sakura-san.
Sakura estuvo a punto de pasar a su lado, pero Kakashi la detuvo con una mano en la muñeca. Tan cálido a su piel.
—¿Todo bien? —le soltó al instante.
Sakura encontró adecuado poder sentarse junto él solo por unos minutos.
—Si. Fue divertido.
La estática aun llenaba el vacío, desde la discusión Sakura ahora también podía escuchar estática en su mente, ni siquiera el sonido extraño quebrándose, nada, solo ruido indescifrable.
—¿No te molesta? El ruido quiero decir.
Él lo pensó por un segundo.
—No realmente. Siempre hay algo tras el ruido, siempre pasa. Cuando llega el momento, se aclara y puedes escuchar la melodía.
Ella dudaba que el ruido pudiese aclararse. Lleno sus pulmones de aire.
—Puede que me haya encontrado a Hanabi.
Sakura no perdió la forma en la que la cabeza de Kakashi dio un respingo.
—Dijo algunas cosas-
—Sakura, déjame explicarte.
—No tienes que explicarme, Kakashi-san— estaba mas calmada y eso lo agradecía mucho. No creía que podía calmarse lo suficiente para hablar de eso.
—No tengo, pero quiero hacerlo. Escúchame.
La mirada fría que solía tener cuando exigía algo se había ido, este era de nuevo el Kakashi que sostenía su mano cuando estaban solos.
—Estuve con ella anoche.
—Lo sé.
—Pero no como crees. Solo fui al negocio de su familia, conseguir alcohol no es fácil por acá. Estuve bebiendo un rato, me sentía mal, ella trato de hablar conmigo y-
—Ve al punto.
—Estaba lo suficientemente sobrio como para saber que hice, y definitivamente no hice algo con ella.
Sakura se mordió el labio.
—Pero no estabas lo suficientemente sobrio como para saber dónde te acostabas.
Kakashi desvió la vista hasta algún lugar en la oscuridad del patio.
—Ya me disculpé por eso.
—Mira, no tienes que explicarte. Mas bien, yo me disculpo, le dije algunas cosas a esa niña—Sakura se rasco la mejilla—. No creo que ella quiera verte por un rato.
Entre las sombras lo vio sonreír.
—Eso es bueno, me quitas un peso de encima.
Entre el sonido de la estática y los grillos del patio, Sakura empezó a encontrar mas calma de la que estaba sintiendo.
—Sobre lo de Gaara—dijo para llenar el silencio.
—Hablamos de eso mañana, Kakashi-san, mi cabeza no está muy bien ahora.
Mas silencio.
Sakura miró su alianza de boda brillar bajo las sombras. Solo hasta hoy no había sentido lo que era realmente tener el peso del oro en su dedo. Como si la mayor parte del tiempo fuera inconsciente de todo lo que eso implicaba.
—¿Por qué te alivia que la espante?
—Muchas razones—y cuando Sakura no dio nada más, Kakashi se percató que debía continuar hablando—. Porque no quiero a la gente hablando, porque ella es molesta, porque no quiero una relación.
—¿Y por qué no quieres una relación con ella? —lo que pensaba y lo que decir no parecían estar muy bien coordinados, ella no tenia previsto soltar eso.
Creyó que Kakashi se incomodaría y se iría como solía hacer cuando daba por sentado una conversación, en cambio soltó una risa por lo bajo y se giró a mirarla.
—Las mujeres son frágiles.
—Tal vez necesites un hombre.
—Tampoco. Somos demasiado tercos—la sonrisa hinchándose en su rostro.
Sakura contuvo una sonrisa.
—Yo siempre estoy llorando.
—No digas eso. Si yo estuviera en tu lugar, siempre estuviera llorando.
—¿En serio?
—No.
No era gracioso, en lo absoluto. Pero todo lo que venia de él instintivamente causaba dos reacciones en Sakura, o era molestia o era felicidad. Y definidamente sentía que ya no estaba molesta con él. Algo de lo que reprenderse en la mañana, Sakura tenía muchas razones para estar enojada, pero ya habría tiempo. Quería seguir sonriendo con él mientras pudiese, como amigos.
—Odio esto—dijo él— Odio esto que tengo contigo.
Sakura apretó los ojos.
No de nuevo.
Cuando estuvo a punto de levantarse Kakashi volvió a tomar su mano, tirando con fuerza de ella hacia él. Sakura tenia las palabras atascadas en algún lugar de la garganta, apretadas como un nudo.
—Odio tener que fingir esto.
—Lo siento, no puedo hacer nada acerca eso—las palabras le quemaron la garganta.
—Ayer dijiste que no podías tratarme como un extraño. ¿Es cierto?
¿Es cierto?
—Yo puedo, pero ya no quiero, Kakashi. Ya no se que estamos fingiendo, pero también lo odio. Lo odio demasiado.
Kakashi no respondió, ella tampoco esperaba que lo hiciera. Se quedo muy quieto, sentado a su lado mientras la mano que tenia en su muñeca se deslizo hasta entrelazar la punta de sus dedos.
Ella podía leer la pregunta en el aire.
¿Qué haremos?
Ninguno respondería eso, era demasiado para saber, demasiado para tener que darle una respuesta clara.
Como una burla mal situada, el ruido de la radio se detuvo repentinamente, lo suficiente como para escuchar una voz tras él.
—La radio de la resistencia—dijo Kakashi, bajito, con miedo a espantarla. Sakura no creía que algo pudiera hacerla moverse de ese lugar.
—No deberías estar oyendo eso.
—Hoy me siento rebelde—una sonrisa brillo en su rostro.
Le alegraba gratamente. Debía serlo, ellos acababan de llegar a un acuerdo tácito, a punto de sumergirse en aguas desconocidas y eso le aterraba casi tanto como lo que estaba ocurriendo a su alrededor.
Una agradable melodía antigua empezó a flotar a su al rededor, un anacronismo musical que obligo a Kakashi a unir un poco más los dedos. Con un toque delicado, más que antes, como si tuviese miedo a romperla. Ella no estaba segura de quien de los dos podría romperse primero, él lucia incluso más frágil que ella.
¿Qué estoy haciendo?
Encajaban perfectamente, una pieza como ella, completamente formada empezaba a encontrar que todos sus bordes redondos tenían otra mitad y estaba ahí mirándola discretamente con la sonrisa nerviosa bailando entre los labios ¿Cómo podía ella huir a eso? Tampoco quería hacerlo, quería seguir con el hasta donde tuviera que hacerlo. Por un momento sus nacionalidades no importaron, ni la gente, ni su trabajo.
¿Por qué no podía ser así siempre? Porque Sakura nunca se había sentido así, era extraño. La incertidumbre bailando en la punta de su lengua y aun así su corazón estaba en paz.
Sakura se tambaleo suavemente en su asiento, rozando sus hombros con suavidad. Sus ojos se encontraron con los de ella y se aclaró todo el misterio que había tras las palabras que no decía. En ese momento, Sakura entendió que Kakashi no era una persona de hablar, que las miradas que tanto le molestaban a veces, era otra forma que usaba para comunicarse con ella. Como un animal temeroso de su dueño, Kakashi no tendría otra manera de expresar lo que realmente quería. Su garganta se apretó ante ese pensamiento, sin embargo, sus ojos le decían lo seguro que estaba de eso. Había incertidumbre y algo que ella no supo identificar, pero la duda sí había desaparecido súbitamente de sus ojos.
—Lo limites…—dijo cautelosa.
—Olvídate de los límites.
Entonces pudo escucharlo claramente. El ruido de su mente se aclaró como una melodía fuerte y nítida. Y de repente Sakura sabía exactamente lo que quería.
-o-
