La historia que dejamos pasar
Capítulo 31
Kotoko no pudo volver a dormirse por la calidez dura que percibió junto a su cuerpo, pues era diferente a la sensación que le producían las sábanas que usaba de mayo a octubre, cuando la temperatura ambiental subía.
¿Qué…?
Como una bomba de jabón al explotar, recordó la noche anterior y abrió los ojos, comprobando con la presencia de Naoki-kun (debía acostumbrarse) que no había tenido un sueño donde descubría que él también estaba enamorado de ella.
¡No fue su imaginación!
Un burbujeo se extendió en su cuerpo.
Los sucesos que parecieron creaciones de su inconsciente se trataban de la realidad, una en la que Naoki-kun la amaba y acababa de convertirse en su novio, después de haber manifestado sus sentimientos con claridad y sinceridad. Había palpado lo frágil e inseguro que era para expresarse y cómo trató de sobreponerlo con tal de hacerle saber que la quería; era un esfuerzo que significó mucho.
Y, más importante aún, él estaba de acuerdo en probar la relación de noviazgo.
Descubrirían si estaban hechos el uno para el otro.
Sonrió y se apoyó en su espalda, haciendo que Naoki-kun acomodara el brazo con el que la tuvo arropada toda la noche, por iniciativa de él.
Fue una sorpresa que la invitara a dormir ahí. Se habría ido de no sentir el mismo deseo de él de despertarse en la compañía del otro para asegurarse que no fue un sueño, algo que ella comentó en el pasado y él mencionó al hacer notar que la habitación estaría reservada hasta las diez de la mañana.
(Qué bueno que su padre estuviese acostumbrado a sus turnos rotativos.)
Al principio resultó raro como otros sucesos ocurridos en la noche, pero luego de ponerse las batas de baño, se subieron a la cama y él la abrazó, haciendo que sus cuerpos se relajaran y permitieran que el sueño llegara.
Ese descanso había sido el mejor que tuvo en largo tiempo, tanto que por eso estaba despierta sin ayuda de la alarma.
…No solo porque estuviera contenta.
Tenía dudas respecto a si lograrían un futuro prolongado juntos, por supuesto, mas no tener un amor unilateral y contar con el interés de él, sin sentir que lo cambiaba por su voluntad, era suficiente para causarle alegría.
Quiso saltar en el colchón. La emoción bailaba en su sangre, cubriendo cada pequeño espacio de su cuerpo, brincando en los pálpitos de su corazón.
Como si pensar en ese órgano la hiciera consciente de su pecho, sintió algo a la altura de su esternón y alrededor de su cuello. Extrañada, llevó su mano a estos y palpó para descubrir lo que había. —¿Un collar? —Sus dedos delinearon el objeto desconocido hasta reconocer una estrella.
¿Él le había dado eso la noche anterior y lo olvidó?
—Lo recordé mientras estabas dormida.
Casi chilló al oír la voz de Naoki-kun.
—Tengo sueño ligero, desperté cuando te acomodaste. —¿Acaso él leyó su mente? Ella iba a preguntarle precisamente eso.
¿O habló en voz alta?
—¿Por qué el collar? —preguntó sin mirarlo.
—Las rosas no sobrevivirán, el collar, en cambio, es duradero y no interferirá con tu trabajo. Escuché que mi madre le decía a Yuuki de regalarle algo a Konomi para conmemorar una ocasión importante, como la primera cita o su primer mes; que a las mujeres les gusta.
Recordó el lindo llavero de su vecina; no obstante, su sonrisa se debió al detalle de él, incluso con la sospecha de que sería el único así que tendría.
—Gracias, lo cuidaré. Tendré un presente tuyo todo el tiempo. De todas maneras, dejaré que los pétalos de las rosas se sequen y los guardaré en un frasco, lo vi en un vídeo. Gracias también por ellas, no te lo dije anoche.
Naoki-kun le sujetó la cabeza, quitó su brazo y la dejó sobre la almohada, después se incorporó hasta sentarse. Ella vio su rostro mañanero, con más atención de la que puso en esa vez que durmió en su apartamento cuando Yuuki fue operado.
Sus ojos parecían un poco brillantes, pero no daba la impresión de estar recién levantado.
Qué envidia, seguramente ella tenía los cabellos revueltos, ojos hinchados y restos de… Rápido se cubrió la cara, esperando quitarse baba seca con su palma.
—Hace años me quedé con la duda de tu apariencia al despertar, no creo que tengas nada de lo que avergonzarte.
Se sonrojó y sentó, cruzando los brazos para que la bata no se abriera. Los orbes violáceos de él le transmitían calidez, esparciéndola por su cuerpo como magia.
—Naoki-kun, ya que hablaste de oba-sama, ¿ella sabe de anoche?
Él rió entre dientes y negó.
—Habría estado espiando. ¿Quieres que sepa?
—Tal vez lo mejor sea esperar.
—Es lo más sensato. Probablemente aprendiera de su error; sin embargo, no quiero que esté detrás de ti o de mí por ahora.
Ella apoyó su costado en él, que le rodeó el hombro y descansó el mentón en su coronilla. Tenía la sospecha de que también quería recuperar el contacto físico que no tuvieron en años. O quizá así era en la completa intimidad.
Él apartó su cabeza un poco. —Ayer dijiste de citas y un noviazgo normal. Yuuki me dio un consejo, pero no sé cómo seguirlo… del romance, de una relación romántica, mis conocimientos sobre complacer o hacer feliz son pobres. Pienso en lo obvio y civilizado, y lo que a mí me gusta, no en la manera en que se pueda sentirse alguien más.
—Naoki-kun, ¿estás tratando de no nombrar a Oi… Ari… ah… Sahoko-san? ¿O la cita que tuviste con Matsumoto?
Lo oyó suspirar. —Sí. Aunque con Matsumoto accedí para que no encontrara otra cosa que pedirme por prestarme un libro.
¡Esa mujer perversa!
Decidió no darle más importancia y prosiguió: —¿Esas citas que tú y Sahoko-san tuvieron nunca lo hiciste pensando en que se la pasaría bien? ¿En que pasarían un buen momento? ¿En que fuera agradable? ¿Te dedicaste a ser educado?
Él suspiró de nuevo.
Sintió pena por la muchacha, si bien no pudo evitar celebrar que con ella sí se preocupara por el tema.
—Dime qué te gustaría, qué esperas.
—También quiero saber tus respuestas a esas preguntas, Naoki-kun.
El cuerpo de él se tensionó unos instantes.
—Por favor.
Sintió su afirmación.
Sonrió. —Bueno, no importa la clase de cita, siempre y cuando los dos salgamos juntos; podríamos solo ir a comer, visitar algún festival, salir a la playa, o… un paseo en bote que no tenga vinculado mala suerte, ya sabes cómo resultó.
Naoki-kun tosió.
—Una cita puede ser de cualquier forma, lo único necesarios es que los dos seamos felices viéndonos a solas, de estar con el otro o compartir un tiempo juntos. Y, aunque no sea una cita, cita, ahora estoy feliz, porque hablo contigo y te tengo cerca.
Jugueteó con sus dedos.
—Y lo que espero es que no busques… no esperes a la Kotoko de antes, o que tú te conviertas en algo con lo cual no te sientas cómodo, solo quiero saber que te importo, que me escuches, escucharte y aprender a confiar en el otro.
—De acuerdo. Yo… —Él tragó y calló.
Esperó sin presionarlo; sabía que era más difícil para él. Sin embargo, esa información sí debía saberla para una relación más exitosa que antes.
—Cuando me propuse recuperarte y pensé en el pasado, decidí que no sería tan reservado e indirecto contigo, pero no resulta como espero. De niño lo era. Quiero conseguir hacerlo mejor, por ambos y porque, si me convierto en padre, deseo una relación que no sea fría, o se cuestionen si yo… —Él guardó silencio, pero Kotoko entendió. Si les quería. —Dime si esperas algo en específico, si te molesta algo que haga, si te hago daño con palabras mías, si no entiendes alguna cosa en mi conducta. No quiero que tu recurso sea huir de mí. Yo trataré de comunicarte si siento dificultades o no sé cómo actuar. Las citas, yo no pienso en el cómo, o en apelativos, no acostumbro salir, pero… disfruté el día del lago porque estabas tú, te diré si algún plan en particular no me agrada.
Se apartó de él y lo miró. Naoki-kun tenía unas ligeras manchas rojizas en el rostro que indicaban su incomodidad y la fuerza de voluntad que reunió para decir todo eso en voz alta.
Le sonrió asintiendo.
—No huiré.
Notó su alivio y ella hizo amago de besarlo.
Una melodía repetitiva comenzó a sonar desde la mesa lateral. Era el aviso para volver al mundo exterior. Al trabajo, en caso de ella.
—Luego será el beso número diez —externó saltando.
Él la atrapó de la cintura, acercándola de nuevo a su cuerpo con una sonrisa socarrona.
—Haré que pierdas la cuenta de una buena vez —pronunció sobre sus labios.
(Fue la ocasión en que más corrió para llegar a tiempo.)
{…}
Tras ese día, Kotoko se preguntaba si los demás no notaban que sus sonrisas incrementaron, o si simplemente creían que era parte de su personalidad, puesto que en realidad era obvia su alegría. La veía todas las mañanas al mirarse en el espejo.
Las mismas veces que pensaba en lo diferente de su pasado.
Estaba segura que su ánimo era muy superior a la primera vez que se convirtió en pareja de Naoki-kun, dado que entonces le inquietaban las dos personas heridas por sus decisiones y acciones. Ahora no había compromisos previos que le hicieran sentir egoísta y cruel por buscar su felicidad a costa del sufrimiento de otros.
Debía ser una señal positiva para su noviazgo.
La vibración de su móvil le hizo dejar de comprobar su aspecto y lo sacó de su bolsillo para revisarlo. Brincó al leer el mensaje de Naoki-kun sobre estar abajo.
Apurada, se colgó su bolso de correa larga y no volvió a hacer otra comprobación en el espejo antes de salir; si perdían el transporte tendrían que esperar por el que, probablemente, iría aún más lleno. Habilitaban corridas extra en circunstancias como esa, pero era mejor prevenir.
Salió de su apartamento y llamó al ascensor. Una vez dentro, las puertas se cerraron, justo para empezar a abrirse inmediatamente, haciéndola gemir.
—¡Kotoko-san! —exclamó su vecina tan pronto la vio.
—Hola, Konomi-chan, Yuuki-kun —saludó a los dos jóvenes mientras ingresaban a la cabina. —¿Van al festival? —cuestionó tomando en cuenta que los dos vestían yukatas, ella una azul con flores rosadas y él una gris.
Konomi afirmó.
—Yo también voy.
—¿Sin yukata? —inquirió Yuuki con una ceja enarcada.
—No sé ponérmelo y las sandalias y yo para todo ese tramo… —Se estremeció.
La risa de Yuuki se mezcló con el timbre del elevador al llegar a la planta principal.
—También soy algo torpe, pero Yuuki-kun dijo que él me sostendría si… —El aludido tosió, interrumpiéndola.
—¿Onii-chan? —Kotoko, que los miraba a ambos sonriente, giró la cabeza.
Naoki-kun había entrado al edificio.
—¿Cómo ingresaste? —preguntó intrigada, acercándose a él.
—Kobayashi-san estuvo por aquí, me dio acceso antes de irse.
Se encogió de hombros sin cuestionar de dónde conocía a esa vecina; pudo ser su paciente. —No quise atrasarnos, perdón por no dejarte pasar.
Naoki-kun negó y miró detrás de ella. Kotoko se volvió, lo que le permitió ver a la pareja universitaria observándoles con sonrisas lobunas.
—¿Supongo que tomaremos la misma ruta? —expresó Yuuki jovialmente antes de que su novia y él fuesen a la puerta.
Kotoko soltó una risita y los siguió, acompañada del silencioso Naoki-kun, ambos como la antítesis de los menores, ya que vestían vaqueros y camisetas cómodas.
—Ey, nosotros somos quienes usamos geta —les dijo Yuuki unos metros después. —Si no se apuran perderán el tren.
—Me siento una anciana —refunfuñó solo para los dos, apurando el paso.
Naoki-kun rió entre dientes.
El tren acababa de arribar al andén cuando se detuvieron y rápido abordaron tras la bajada de pocos pasajeros. Naturalmente, no había demasiado espacio dentro, porque muchos se dirigían al festival.
—Fuimos afortunados de no tener guardias asignadas para hoy —dijo a su novio, aprovechando que lo veía de frente por la posición en que se acomodaron.
—¿No trabajaste en tu día libre al saber que yo no laboraba esta noche? —replicó él, sorprendiéndola porque conociera esa información.
Hizo un mohín.
—Usa ese comentario como excusa para que gane el premio más grande para ti —bromeó Yuuki, a su lado.
Aplaudió animada.
—Sí, será muy fácil para Naoki-kun —le comentó a este, que agitó la cabeza con clara diversión en sus ojos.
—Asegúrate de tomar un vídeo y enviármelo.
Ella frunció el ceño al oír eso.
—Hablando de vídeo, ¿oba-sama se limitó a dejarlos solos?
Konomi se cubrió la boca.
Yuuki sonrió arrogante y hasta el hermano lo miró interesado. —¿Recuerdas su celebración de mi pase a Todai? —Asintió. —Lo utilicé para mi beneficio, tengo su palabra de no entrometerse por un tiempo. Y, hoy, solo para asegurarme, le prometí una fotografía de los dos.
—Le pedimos a mamá que nos la tomara —agregó Konomi.
—¿No crees que soy mejor que Naoki para evitar su intromisión? —sugirió Yuuki presumido.
—Encontrarás la imagen enmarcada en el salón —señaló el susodicho.
Kotoko asintió enérgicamente.
Yuuki se encogió de hombros. —Al menos no irá a publicarlo en el tablón de anuncios de mi universidad.
Naoki-kun y ella resoplaron.
{…}
Kotoko había ido muy pocas veces a los festivales de fuegos artificiales en verano, por múltiples razones que no recordaba, así que ese año pensó sería la misma historia.
Sin embargo, todo cambió mientras Naoki-kun y ella almorzaban en la cafetería; allí fueron testigos de cuando Funatsu le hizo la sugerencia a Marina sobre acudir al término de sus turnos —y celebrada por el médico al recibir respuesta afirmativa—. Una vez solos, él había musitado un "¿Quieres ir también?", que la animó a hacer algo con su guardia; no encontró problema, pues su supervisora la tenía como esa enfermera que siempre levantaba la mano para hacer horas de más o ayudar a alguien intercambiando horarios.
Sonrió. Hasta el momento, su decisión estaba teniendo frutos, porque la estaba pasando bien en su primera cita oficial como novia de Naoki-kun. Se habían separado de Konomi y Yuuki apenas llegaron y habían paseado un poco disfrutando de la comida en el lugar.
—Cada vez hay más gente, no te vayas a separar de mí —enunció Naoki-kun pegándose a ella.
—¿Te molesta la concurrencia?
—Puedo soportarla, pero eres pequeña y, si te pierdes, será difícil encontrarte —contestó él poniendo su brazo frente a ella para detenerla y evitar hacer colisión con unos niños usando máscaras.
—Hay una solución. La misma que muchos aquí. —Sonriendo, deslizó su mano hacia la de él, al final de su brazo extendido, y la cogió para colocarla a su costado.
Le dio un apretón.
—Si no me sueltas, permaneceré a tu lado.
Él abrió los ojos unos milímetros de más, pero no comentó nada.
—Todavía queda tiempo para los fuegos artificiales, vayamos a puestos de juegos —invitó ella.
Caminó hacia el primero que vio, con el típico estanque para atrapar peces dorados.
—Sakura-chan, ya lo has intentado veinte veces, es suficiente, pescar con estas redes de papel es muy difícil —escuchó decir a una niña pelinegra a su pequeña amiga, quien tenía expresión frustrada, de ojos llorosos, y sostenía una red rota.
—No, Eri-chan, Mi-chan está triste porque se murió su pececito, quiero darle otro.
Kotoko le dio un codazo a Naoki-kun, indicando a la menor con su cabeza. Él sonrió suavemente.
—Lo has hecho antes, ¿verdad?
—Le enseñé a Yuuki.
—¿Te molestaría recibir ayuda, Sakura-chan? —preguntó ella, haciendo sobresaltar a las dos pequeñas. Por sus apariencias debían emparentadas; asimismo, tenían una edad similar que al conocer a Yuuki. —Este onii-san te puede enseñar.
Los orbes oscuros de las dos niñas se iluminaron.
—¿Lo harás, onii-san? —comprobó la niña contenta.
Naoki-kun la soltó, pidió dos redes al encargado y se arrodilló junto a Sakura-chan, a la que entregó una.
—Muéstrame cómo lo has hecho hasta ahora —pidió él con ese mismo tono que escuchara en el hospital, al dirigirse a un paciente menor.
En los siguientes minutos fue testigo de cómo él instruyó a la pequeña magistralmente, corrigiendo lo que hizo mal la primera vez que la vio, para que ella lo hiciera bien en la segunda.
Ambas niñas chillaron de emoción y Kotoko aplaudió cuando el pececito fue atrapado.
—¡Gracias, onii-san! —corearon en unísono.
Él sonrió y se irguió, sacando su billetera del bolsillo de su pantalón.
Lo vio separar un billete y monedas. —Cubra todas las veces que lo intentó, excepto la última —dijo él al encargado, entregándole una cantidad exacta de dinero.
—Gracias, onii-san.
—Vamos a otro juego, nunca pude hacer esto y sabes que nos tomaría más intentos que Sakura-chan —indicó ella divertida, ocasionando una carcajada de él.
—¿Te has olvidado de la sugerencia de Yuuki? —preguntó al tiempo que asía su mano.
Jadeó.
—Sí, vamos, quiero un peluche que vi por allá, es un gatito muy lindo.
Al acercarse, se dio cuenta en qué consistía la actividad y arrugó la boca. Un juego muy al azar; con un mazo había que golpear las cabezas de los Pokémon Digletts saliendo de agujeros.
—No, mejor otro, ese será imposible.
Naoki-kun movió la cabeza en negación.
—¿Cuántos puntos tengo que sumar?
—Es el peluche de gato con un cono de helado.
Uno de los encargados la escuchó y mostró cara soberbia.
—Los dos Pusheen son nuestras estrellas de esta noche. Nadie ha podido llevárselos.
La otra encargada se acercó.
—Esos puntajes se consiguen con los cinco minutos que dura el juego.
—Pero con cada fallo en golpear al Pokémon se resta tiempo, así que todos han perdido.
—Je, je, qué interesante —manifestó ella arrepintiéndose más. No dudaba de la destreza de él, pero ir en contra de una computadora sin fallar era imposible… y los encargados lo sabían.
—Jugaré —informó Naoki-kun impertérrito.
Los dos jóvenes se miraron con expresiones codiciosas. Debieron disfrutar de aprovecharse.
—Hay tres esperando antes que ustedes. —La chica espió a las pantallas. —Dos de las máquinas están por desocuparse.
Naoki-kun asintió y se movieron a un costado.
—Eh, pienso que podemos ir a otro. Y esos peluches los venden por internet —dijo solo para él, que se encogió de hombros.
—Será entretenido. Inténtalo también.
Exhaló.
—Bueno, los demás premios no son malos. Hace mucho tiempo que no juego algo así.
—Yo nunca lo he hecho.
—¡Genial! Todos deben tener una primera vez —animó apartando el tema de los premios. —De pequeña visitaba los salones Arcade en las tardes que no iba al restaurante. Ummm… creo que por eso no estudiaba lo suficiente.
—Yuuki suele ir todavía, yo no los visité, lo único que he jugado son los hechos por Pandai.
—Mucha lealtad.
Los encargados les llamaron y ella les dijo que también jugaría. Como todavía no había nadie en espera, pudo tomar la máquina que se quedó libre en el mismo momento.
Excitada, se concentró de lleno en su partida, recordando los días de infancia con cada exclamación que salía de su boca y los fallos en dar al Diglett. A pesar de la falta de práctica, duró casi tres minutos, pero al finalizar se dio cuenta que había gritos de asombro a su alrededor.
Curiosa, buscó el porqué, para descubrir a muchos concentrados en Naoki-kun, hasta los encargados. Con un presentimiento, se acercó.
Aplaudió al comprobar que su tablero marcaba los cuatro minutos y un puntaje bastante alto, mas la agilidad de Naoki-kun le hizo observar sus movimientos, dándole la impresión de un baile coordinado. Dominaba muy bien el juego.
Saltó al oír una aclamación colectiva y su boca se abrió leyendo el cinco en la pantalla.
—¡Lo hiciste, Naoki-kun! —celebró colocándose junto a él. —¡Eres estupendo!
—¿Cómo! —profirió el encargado incrédulo. —Nadie… solo yo… tardé cinco años en lograrlo. ¡Y por suerte! ¡Él ni se agitó!
—Él lograría resolver Sengoku's Journey en la primera partida —opinó una muchacha del público que se había formado, cuya fascinación en sus ojos oscuros hizo que Kotoko se acercara más a su novio.
—¿Sengoku's Journey? —musitó ella, pensando que sonaba familiar.
—Un videojuego. Soy uno de los desarrolladores, lo hice durante mi tiempo en Pandai —le respondió él.
El encargado alabó a Naoki-kun con la mirada.
—¡Ese juego es increíble! Uno de los mejores de la historia. Espero que hayas hecho un buen trato, leí que ese videojuego salvó a esa empresa de sus problemas económicos y, además, la volvió multimillonaria.
Kotoko se quedó muda. Eso significaba que la riqueza de los Irie había crecido demasiado.
Debía ser el videojuego mencionado por Matsumoto.
—Entonces, ¿tú cuánto tiempo llevas practicando este tipo de juego? —Quiso saber la empleada mientras le entregaba a ella el Pusheen. —Con tu puntaje puedes escoger todos estos. —Le indicó una sección de la parte trasera y ella seleccionó un reloj despertador de corazón.
Al ver que Naoki-kun no respondía, Kotoko lo hizo: —Nunca lo ha hecho. Eh… ¿cómo lo conseguiste?
—Forma patrones.
—¿Los adivinaste al tiempo que jugabas? —inquirió llevándose la mano al pecho.
Los dos encargados desencajaron las mandíbulas.
Agitó la cabeza. ¿De qué se sorprendía? Resolvía problemas complejos de física, sin calculadora, en menos de un minuto.
—Busquemos un lugar para ver los fuegos artificiales —le indicó Naoki-kun, cogiendo el reloj y sujetando su mano.
—Sí.
Dejaron a los sorprendidos jóvenes y se mezclaron entre la multitud, mayor a media hora antes. Ya recordaba dos de las razones para no asistir; terminaría perdida o aplastada.
Bastante gente estaba congregada en el campo abierto donde había mejor vista; no obstante, pudieron encontrar sitio para los dos, justo cuando anunciaron que pronto comenzaría el espectáculo.
Ella sonrió aún más que en toda la noche y los últimos días; observar la pirotecnia con su novio era uno de los momentos románticos que soñaba en su adolescencia y jamás pensó tener al concluir la preparatoria… y ahí estaba.
Abrazó su peluche, dando un paso a su izquierda para recargarse en el pecho de Naoki-kun.
Pasados unos instantes giró la cabeza para mirar su rostro. Él, a los pocos segundos, puso su atención en ella; no cambió su expresión serena, pero sí vio sus orbes brillantes apreciándola.
En medio de eso apareció el primer fuego artificial, que desvió sus miradas hacia el horizonte, donde el cielo negro se iluminaba con luces coloridas que se acompañaban por fuertes estruendos.
Aunque fue hermoso, más tarde solo recordaría la sensación de su pulgar acariciándola con amor.
*Los Digitletts son como topos saliendo de tierra.
NA: ¡Hola!
Demasiada miel para mí. Tampoco Irie va a gritar su amor a los cuatro vientos como cuando la cafetería, pero es algo a nada.
Naoki iba a mudarse donde los Aihara solo por la cercanía. Los Irie son felices viviendo modestamente. Y recuerden que hay socios, además de que Oizumi hizo una inversión en Pandai. Hay dinero en las arcas Irie, de todas maneras.
Besos, Karo.
Sakura Anheli: A ti te emocionó el capítulo y a mí el review. Me pone a la mar de contenta que te gustara la parte que tanto se esperaba; llegó tarde, pero traté que valiera la pena el momento, más que nada porque su relación sea madura. Concuerdo contigo que en el original faltó eso, para bienestar de ambos. Pues Kotoko no lleva como tal la pauta, sino que se pongan los puntos sobre las íes y que no sea relación de una persona, mientras otra recibe. / Ja,ja,ja, sí, que le salgan muchas arrugas y canas. Gracias por tu review.
Charlie: ¡Ahhh! Estoy muy feliz que te gustara el capítulo. Sí, Kotoko tomando mejores decisiones y Naoki intentado estar en una relación es lo que hacía falta en la historia; según en el manga, hacia el volumen 23 y el último que quedó hecho, él se dirigía a eso, pero no hay traducción del japonés y pues, la autora murió. Lástima. Al menos queda el fanfic para mejorar eso. Ojalá este te agrade. ¡Gracias por comentar!
Raz: Ya Irie merecía una victoria, aunque le exigieron más de lo que pensaba ja,ja. / Es fascinante que Kotoko sea madura, cómo nos habría gustado eso, la historia sería mucho mejor, más si Irie corrigiera sus males. / Ya verás el noviazgo, espero te guste ja,ja,ja. / Nishigaki bastardo es muy bueno para el ego de Irie, le hacía falta en su vida. Gracias por tu review, linda.
