Estaba riendo abiertamente por el chiste que Travis acababa de decir. Edward junto a ella la apretó contra su costado sonriendo abiertamente. La habían pasado excelente comiendo pizza con los chicos de teatro además de que no se sintieron tan culpables de gastar en pizza ya que los gastos se dividieron entre todos.

Fue una gran tarde, de esas que ninguno de los dos tenia hace meses. Bella agradecía no haberse ido como en un inicio se planteó ya que al llegar recién meditó que cuando Jones mencionó una pizzería en la Push no recordó que sólo existía una sola pizzería en el lugar y que ya antes había estado ahí. Respiró hondo tratando de alejar sus recuerdos sobre todo teniendo a Edward junto a ella.

- ¿Te sientes bien? - Edward le preguntó caminando junto a ella hacia su la camioneta.

- Si, ya te lo dije antes. - le recordó con una suave y nerviosa sonrisa. - Además realmente me gustó comer aquí.

- No había venido antes. Los chicos tenían razón sobre este lugar. Tienen una pizza asombrosa.

Si la tenían. Pensó Bella saboreando aún la pizza en sus recuerdos.

Edward pasó su brazo sobre sus hombros y besó su frente.

- Ahora podríamos ir a algún lugar tú y yo, solos. - suspiró él llevándola hacia su camioneta. - ¿Qué dices?

Bella se mordió el labio nerviosa y dudosa. Luego recordó sus palabras en la clase de teatro; quería pasar tiempo con ella.

- ¿Qué lugar tienes en mente?

Edward sonrió en grande al escucharla.

- Port Angeles. - admitió seguro. - Incluso podríamos pasar la noche allá y...

- Dormir en un hotel... - Bella empezó a negarse.

- Podríamos ir al cine y luego a cenar algo o pasear, si nos quedamos allá no estaríamos preocupados por regresar y disfrutaremos la noche.

- No podemos gastar en un hotel y ...

- ¡Edward! - la voz de Natalie, una chica del club de teatro, los hizo saltar. - ¿Puedes ayudarnos? Mi auto no enciende.

Natalie no estaba sola sino que otros chicos se habían acercado a ver el auto que estaba mal estacionado frente a la pizzería.

- Iré a la camioneta. Ayúdalos.

- Esta bien. - susurró un poco molesto.

- Hey... ¿acaso no eres caballeroso con las mujeres? - se burló suavemente pero al ver su rostro incómodo suspiró y besó su mejilla. - Es una pequeña broma, ve a ayudarlos.

Edward sonrió en grande y beso sus labios ligeramente antes de alejarse.

Luego de protegerse en el interior de la camioneta espero a su novio que en esos momentos entre risas empujaban el auto de Natalie que a pesar de sus esfuerzos no reaccionaba. Edward no parecía cómodo mientras empujaba y maniobraba el auto a la vez.

Suspiró mirando el rostro serio de su novio. El antiguo Edward Masen siempre estaba de buen humor o con una sonrisa traviesa. Ya no veía rastro del muchacho que solía ser y eso la entristeció, Edward tenía defectos pero su manera de ser relajada solía gustarle.

- Es mejor que llamemos a un mecánico.

- ¿Aquí? ¿En la Push?

Bella se tensó al escucharlos.

- No creo que encontremos uno aquí. - comentó Travis agotado de empujar.

- Mi padre me matará, me robe el auto y si pido una grúa... - sufrió Natalie.

- Conozco uno. - comentó suavemente. - Vive cerca de aquí.

- ¿En serio? ¿Puedes llamarlo? - preguntó esperanzada Natalie.

- Uhm claro.

Los chicos parecían aliviados incluido Edward que se alejó del auto de inmediato.

El buen ambiente acabó cuando le contestaron.

- ¿Bells?

- Hola Jake.

Edward se tensó como un cable y la miró molesto. Todos los chicos no parecían enterarse del cambio de ambiente.

- Tenemos un problema con un auto en la pizzería de la Push, ¿puedes venir?

- Sabía que era tu camioneta. - comentó divertido. - La veo desde mi ventana. Me hubieras dicho que venías.

- Yo...

- No importa, vivo cerca. Tomaré mi bicicleta y llegaré en dos minutos, sabes que este lugar es pequeño. - admitió con una sonrisa. - No puedo dejar pasar la oportunidad de verte.

- Jacob...

- No puedo esperar hasta mañana. Estudiar nunca fue tan emocionante antes.

Iba a contestar pero en ese momento la voz amarga de Edward la hizo saltar.

- ¿Vendrá o no?

Aturdida no supo que decir.

- Si, iré. - la voz molesta de Jacob contestó antes de colgar.

- Vendrá. - notificó con una sonrisa tensa a los chicos que esperaban expectantes.

Todo fue júbilo juvenil luego de eso.

- Nos iremos antes que llegue. - anunció Edward subiendo a la camioneta acelerado.

- Yo le pedí que venga sería descortés irme...

- Entonces te quedarás aquí conmigo hasta que se vaya.

- ¿Algo más su majestad? - se burló molesta. - Sabes que no te obedeceré.

- Ese chucho no respeta tu espacio personal. No lo quiero ver abrazándote o tocándote delante de ellos, me veré como un imbecil cornudo.

- ¡¿Cornudo?!

- Sabes bien que eso pensarán luego de... ya sabes. - gruñó. - Además es tu ex, no puedes esperar que no me sienta celoso.

Bella gruñó exasperada pero no pudo refutarlo, Jake si era muy efusivo.

- No nos quedaremos aquí. - le indicó de inmediato. - Sin embargo, no me alejaré de ti. Permitiré que marques tu territorio como sé que deseas hacerlo.

Edward levantó una ceja antes de sonreír abiertamente.

- Me parece bien.

Bella puso los ojos en blanco pero no pudo evitar sonreír sonrojada por su entusiasmo.

Cuando Jacob llegó ambos bajaron de la camioneta de la mano. El moreno los saludo tenso pero sin perder la sonrisa.

- Gracias por venir Jake. - lo saludó con Edward trasladándose a su espalda para abrazar su cintura.

Detrás de Edward los chicos de teatro que miraban el enfrentamiento tensos. Cualquiera podía notar la molestia que existía entre ambos.

- Sabes que no perdería la oportunidad de verte.

Bella apretó los brazos de Edward contra ella para evitar que reaccione violentamente contra Jacob.

- Jake... - suspiró incómoda. - Por favor.

- Esta bien. Sabes que haría cualquier cosa por ti. - sonrió encantadoramente. - ¿Qué auto tiene problemas?

- El mío. - comentó una tímida Natalie.

Inmediatamente Jacob se puso a trabajar.

Edward se acercó un poco indeciso a su vientre. Bella permitía que acariciara su vientre pero siempre escapaba pronto, en esa ocasión sabía que lo hacía por Jacob y ella estaba gozando de la expresión malhumorada de Hannah. Así que se dejó llevar por la caricia además el bebé se sentía particularmente activo.

- ¿Sentiste eso? Hoy esta contento- le susurró provocándole un estremecimiento.

- Le gustó la pizza.

- Si. - admitió alegre. - Le compraré más pizza cuando quiera. ¿Me lo dirás, verdad?

- Es un gasto...

- Son antojos. Tengo que cubrirlos, es mi deber como papá.

Esa parte la dijo especialmente alto. Provocando que Jacob lanzará sus herramientas bruscamente a su mochila.

Bella se sintió cruel. Se sintió muy mal por lo que le hacía a Jacob pero no negaría que disfrutaba de las atenciones de Edward.

- ¿Vamos a la camioneta? - le pidió a Edward cuando Jacob volvió a lanzar una herramienta con excesiva fuerza.

- ¿Te cansaste, nena? - preguntó cariñoso.

- Vamos. - insistió.

- Claro, cariño. ¿Por qué no vamos de una vez a Port Angeles? Ya tu amigo tiene esto controlado... y yo me muero por estar a solas contigo.

- Edward... - le advirtió empezando a empujarlo hasta la camioneta.

- Hay muchas cosas por hacer. - suspiró dramatizando. - Te llevaría a patinar pero esperare a que mi hijo nazca e iremos los tres.

- Esas clases de teatro te han dado nuevas habilidades. - le gruñó en voz baja para no llamar la atención.

Edward rió abiertamente a sus palabras.

- Acabé. Pueden encender el auto. - la voz de Jacob llamó la atención de todos.

Obviamente funcionó.

Los adolescentes gritaron entusiasmados.

- ¡Gracias! - todos gritaban y palmeaban a Jacob.

Bella soltó a Edward un segundo y se acercó a su amigo.

- Gracias, Jake. - le sonrió sinceramente.

- No agradezcas tanto, mañana me las cobraré. - le sonrió como un lobo.

- ¿Mañana qué? - exigió saber Edward.

- Mañana estudiaremos juntos. - admitió suavemente tomando los brazos de su novio para evitar que se moviera.

- Estaré en tu casa a las nueve. - siguió Jacob guardando sus herramientas para irse.

- ¿Qué demonios? - gruñó Edward. - ¡No me dijiste nada!- reclamó en un grito.

- No le hables de esa forma. - Jacob le advirtió acercándose peligrosamente.

- Hey, hey. Basta. - suspiró Bella sonrojada por la tremenda vergüenza que estaba pasando. - Estudiaré con Jacob los sábados desde mañana. No es algo del otro mundo y no tenía que avisarte. Tranquilízate.

- ¡Claro que si! - insistió iracundo. - Vas a estar sola con este chucho todos los sábados en nuestra casa. ¿Cómo demonios quieres que me tranquilice?

- Te estas pasando, Masen. Grítale una vez más y te parto la cara.

- Atrévete a tocarme, ven perro. Atrévete.

Bella abrazo su cintura y empezó a empujarlo con toda la fuerza que podía reunir.

- Vámonos, ahora. - le ordenó molesta.

- Te partiría la cara si Bella no estuviera aquí. - Lo amenazó. - No quiero que nuestro hijo vea tu sangre.

Jacob rió al escucharlo.

- Que efusivo eres al llamarlo tu hijo. - se burló. - Hace unos meses no querías tener nada que ver.

- No toques ese tema, Black. - amenazó Edward empezando a caminar hacia Jacob arrastrando a Bella con él.

- Porque te jode. Porque sabes bien que lastimaste a Bella por meses y que ella ahora no estaría contigo sino fuera porque quiere darle una familia a su hijo. Sabes que ella se sacrificaría miles de veces por su hijo y la estas manipulando para que regrese contigo, pero nunca te querrá, Masen. Nunca te amará y esa será tu puta condena.

- Edward, camina. No dejaré que lo golpees. Camina a la camioneta, ahora.

- No sabes lo que dices. - contestó Edward. - Ella...

- No te engañes. - insistió Jacob. - Y sólo mírate, no la mereces y nunca lo harás.

- ¡Jacob basta! - le pidió molesta. - Edward mi novio, esto no es ninguna competencia. Estoy con él y me quedaré con él. Tú eres un gran amigo y te...

- Sabes que te abandonará. - replicó Jacob. - Sabes que volverá a dejarte. Ya lo hizo antes.

Bella no le respondió. Herida por sus palabras sólo siguió luchando para que Edward caminara lejos del lugar.

- Yo no te dejaré nunca, yo... - el muchacho cobrizo empezó a replicarle.

- Quiero irme de aquí ahora. - admitió llorosa.

Al escucharla cedió.

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