Ocurre un viernes por la noche, cerca de la medianoche, se les ocurrió a Fred y George que ya querían un momento para tomarle el pelo a Ron. Reunión a distancia. Es casi como una llamada por red flú normal, sólo que es un grupo de cabezas y no una, las que aparecen en la chimenea. Ron y Charlie en Rumania, Fred y George en el callejón Diagon y Ginny en Hogwarts. Nos han invitado a Neville y a mí, claro. Nunca permiten que olvide que me ven como parte de su familia.

Neville sólo pasaría a saludar y después iría a dormir, pero se ha quedado encantado por la historias que Ron cuenta con los dragones.

—Ahora que he mejorado con mis hechizos, ¿podría ir yo también a cuidar dragones? —pregunta Neville esperanzado.

—¿Qué hay de las plantas?

—Podría hacer las dos. Draco dice que la herbología me podría permitir trabajar de cerca con pocionistas, magizoólogos y medimagos, ¿verdad Harry?

Asiento con la cabeza despacio.

—¿Draco dijiste? ¿Draco Malfoy?

—Sí, desde que es novio de Harry es muy bueno conmigo y me ayuda en las clases que tengo que tomar con Sanpe.

Ron me mira con los ojos muy abiertos en clara muestra de confusión. Le es difícil recuperarse para poder hablar y dejar los balbuceos. Ginny pone una mano en mi brazo y aprieta en señal de apoyo. Una parte de mí quiere encantar a Neville, pero otra, entiende que, después de todo, era algo que tarde o temprano Ron iba a saber. Y la verdad sea dicha, prefiero que mi amigo sepa lo de Draco a que se entere de la carta que le llegó a Hermione.

—¿Harry? ¿Cómo...? ¿Qué? ¿En serio...?

—Por Merlín, Ron podrías acabar una de tus preguntas —dice Ginny irritada.

—¿Draco Malfoy? ¿Cómo puedes estar interesado en alguien como Draco Malfoy? es tan... ¿Sabes que ha insultado a Hermione? Creí que lo odiabas, por lo del quidditch y eso.

—No todo en esta vida es quidditch, hermanito —interviene Fred.

—Sólo pasó —respondo al fin—. Y no lo odio, obviamente. Además ha cambiado, es mucho más amable.

—No creo que sea bueno para ti.Todos los slytherin son... ¡Ah!, no puedo creer que tenga que explicarlo...

—Basta Ron —lo cortó.

No entiendo por qué Ron no puede alegrarse por mí. Al menos, yo fingí alegrarme cuando empezó a salir con Hermione. Él también podría fingir por mí.

—Suenas tan prejuicioso cuando comienzas a hablar así. Ni siquiera te has molestado en conocerlo.

No sé por qué me molesto tanto por sus palabras o por qué intento convencerlo de que Draco es bueno para mí cuando todo esto acabará pronto. Ron al final hace un mohín y gruñe, lo que significa que no me cree en lo absoluto.

—¿Y qué hay de Astoria? —pregunta George.

—Rompieron hace meses, por un muggle —responde Ginny.

Al menos eso hace sonreír a Ron.

—¿Qué dice Sirius de esto? ¿Él sí lo sabe?

La desaprobación de ron logra enfurecerme. ¿Qué derecho tiene él a opinar con quién salgo? Yo nunca me metí en ello. Ni cuando comenzó a salir con Hermione. Ni las dos semanas en las que rompieron y él no se separaba de Lavender. Incluso Ginny tiene más derecho a opinar. Ella no se fue.

—Ginny, ¿a ti te gusta Draco?

—Sí.

—Ginny, ¿tú también has estado con él? —pregunta Ron escandalizado.

Para este punto, Neville se ha arrastrado fuera de la chimenea, tal vez anticipando la pelea entre Ron y yo. Charlie también se ha ido, mientras que los gemelos han traído bocadillos divirtiéndose con la escena.

—Claro. Desde que sale con Harry, me saluda a mí y a Luna en los pasillos. Además vino a la fiesta de victoria de Gryffindor contra Hufflepuff. Bailo con nosotros y todo.

Ron hace una mueca que hace que me entren ganas de apagar la chimenea, pero me recuerdo que eso era una llamada familiar, después de todo. Así que, me disculpo alegando estar cansado y tener una práctica de quidditch al día siguiente. No estoy mintiendo, pero por la mirada de todos, sé que entienden que estoy huyendo.


Al llegar a mi habitación, me doy cuenta que Ron me está llamando por el espejo que le di, pero me siento muy cansado como para seguir peleando, así que decido ignorarlo y meterme en la cama.

Por la tarde, después del entrenamiento, me dirijo a la biblioteca a estudiar con Hermione. No me gusta mucho ir a la biblioteca a estudiar, pero Hermione siempre sabe cómo hacerlo cómodo. Buscamos nuestra mesa favorita, entre dos estanterías, es difícil de verla a menos que prestes atención. Hermione me ofrece una rana de chocolate que yo tomo en seguida. Creo que ha logrado adiestrarme (y a Ron) con ranas de chocolate y otros tantos dulces.

Después de un buen rato en el que terminamos un largo ensayo para transformaciones, ella baja la pluma y esa es la señal de un pequeño descanso.

Los dos hablamos al mismo tiempo:

—¿Has hablado con Ron?

—¿Cómo van las cosas con Malfoy?

Hermione aparta la mirada antes de responder, aún parece demasiado triste.

—Me escribe de vez en cuando. Notas pequeñas y nada realmente relevante. En fin, ¿cómo van las cosas con Malfoy?

Me demoró mordiendo una vara de regaliz porque no tengo ánimos de hablar de Draco en ese momento y mentirle a Hermione.

—Todo va bien. —Hermione me mira a la expectativa, añado—: Es divertido pasar tiempo con él. A veces me da ternura, incluso.

Hermione lanza un bufido incrédulo.

—No es como tú crees. La gente le juzga enseguida, pero es diferente.

Me sorprendo al notar que digo la verdad. Draco Malfoy es muy poco de lo que aparenta. Es arrogante, sí, y a veces logra sacarme de mis casillas por lo obstinado que es, pero también tiene cosas buenas y sorprendentes que no muestra a todos. Y tal vez por eso, hace que parezca más especial descubrirlas.

—Tú lo viste en la torre de Gryffindor, puede ser muy divertido. A Ginny le agrada y creo que Neville lo quiere también.

No me doy cuenta hasta que he terminado de hablar que mis palabras han herido a Hermione. Ella me quita lo que resta del regaliz y se lo come con la mirada perdida.

—Bueno, espero que no se encariñen tanto.

A pesar de que yo tuve la misma idea hace tan poco, me duele escucharlo. De pronto, la atmosfera de camaradería que siempre hubo entre ella y yo, se desvanece. Noto a Hermione cerrandose ante mí, distante y hasta desconfiada, mientras que yo lucho con el enfado por tener que escuchar a mis dos mejores amigos hablar así de Draco.

Sé bien que todo es una farsa, pero ellos no, por eso me molesta, porque eso significa que se creen con derecho a opinar sobre mi vida amorosa, cuando yo siempre me he mantenido al margen de la suya. Una vez más, me siento perdido y enfadado con Ron, porque él se fue y siento que se ha llevado al tercer vértice del triángulo perfecto que éramos.

—Lo siento Harry, no lo decía en serio —dice y puedo ver sus mejillas muy rojas—. Supongo... supongo que... No sé, quizás estoy celosa. No estoy acostumbrada a compartirte, siempre has sido mi mejor amigo y todo esto me ha hecho sentir un poco a parte, ¿entiendes?

Asiento una vez con la cabeza y me quedo mirándola. No tengo muy claro cómo debería sentirme ante sus palabras.

Seguimos estudiando hasta muy tarde, es casi hora de ir a cenar, pero ambos queremos acabar con ese maldito ensayo. Estamos compartiendo un pastel de calabaza, muy juntos uno del otro para que nadie note que tenemos comida en la biblioteca cuando Astoria aparece con un chico de Ravenclaw. Su mirada pasa de mí a Hermione y me ofrece una pequeña sonrisa, mientras hala del Ravenclaw. Su sonrisa resulta inquietante, creo que se debe a lo genuinamente contenta que parece estar porque sospecho que eso significa que yo estoy en problemas.

Al llegar al gran comedor lo compruebo. Voy con Hermione repasando los efectos secundarios del veritaserum cuando veo a Draco esperándome en el pasillo. Me despido de Hermione y me dirijo hacia él.

—Si vas a quedar con Granger, al menos podrías decirmelo y terminar con esto.

Lo miro sin comprender porque no es posible. Su tono de voz y su lenguaje corporal son totalmente los de un novio celoso, pero luego me recuerdo que es Draco Malfoy y que probablemente sólo está preocupado de lo que piensa Astoria.

—No tengo tiempo para esto —le respondo y me voy rumbo al comedor dejándolo plantado.

Me siento con Dean, Seamus, Ginny y Luna que, desde la fiesta de Gryffindor está muy cerca de Ginny. Sonrío internamente esperando que Ginny logre algo con mi amiga. Ambas chicas son estupendas y yo me sentiría muy feliz de verlas juntas.

—¿Peleaste con Malfoy? —pregunta Seamus—. No deja de mirarte y no se ve muy feliz.

—Draco me gusta —dice Luna. Todos la miran, esperando que siga—. Es bueno por dentro. Lo tienes embelesado.

—¿Embelesado? —pregunta Seamus.

—Quiere decir que le gusta —responde Ginny lo cual provoca que el chico ruede los ojos.

—Es obvio que Harry le gusta —asiente Dean al tiempo que toma un trozo de melón—. Te mira todo el tiempo, incluso desde antes, siempre pensé que te miraba mucho. Supongo que ya sabemos por qué.

—¿Ah, sí? —Siento una calidez en mi estómago que se reparte por todo mi cuerpo y no puedo evitar sonreír.

—Me alegra verte feliz a pesar de todo —dice Ginny—. Me preocupaba que te quedaras deprimido por la partida de Ron... y lo de Hermione—añade lo último en susurro que sólo yo puedo escuchar. La miro con los ojos muy abiertos, descubriendo que lo sabe. Ginny lo sabe, tal vez siempre lo supo. No sólo sabe sobre mis sentimientos por mi amiga, sabe lo de Draco. No entiendo cómo, pero de alguna manera sé que no lo dirá y el mero hecho de que ella esté enterada, me hace sentir menos solo en esta farsa.

Y por primera vez, me permito desear que no sea todo mentira.

No hablo con Draco hasta el día siguiente por la tarde que hemos quedado para estudiar, se supone que le enseñaré a hacer un patronus corpóreo. Llegó a la sala de los menesteres sin mucho ánimo, esperando que llegue tarde o quizás me cancele por el enojo de la noche anterior, pero me sorprendo al encontrarlo en el pasillo, esperándome.

En esta ocasión, es él quien lleva una canasta con tartas de zarzamora y regaliz, se levanta y cómo si nunca hubiese estado molestado conmigo, me sonríe. Lo miró con suspicacia, Draco me ofrece una varita de regaliz y acepto pasar a la sala de menesteres con él.

Le enseñó la técnica, tal como Remus lo hizo conmigo hace tres años. Me pregunta si me he topado con un dementor y yo simplemente me encojo de hombros al recordar los que vi en el ministerio después de que murieran mis padres. No es un buen recuerdo, por lo que definitivamente no ayudará a la clase.

—Bueno, Draco, ¿cuál es tu recuerdo más feliz?

Draco se queda pensando un momento y luego recita el encantamiento y una niebla blanca sale de la punta de su varita. Lo felicito por haber logrado algo, pero él me mira diciendo No es suficiente.

—Bien, ahora necesitas un recuerdo aún más feliz, el recuerdo más feliz que tengas.

Vuelve a intentar el encantamiento, pero de su varita sólo sale una niebla, aún más difusa que la anterior. Lo veo apretar la mandíbula. No está acostumbrado a que las cosas no salgan como él quiere.

—¿Puedo preguntar en qué pensaste?

Me mira de tan mala manera que estoy seguro va a lanzarme un maleficio, pero en su lugar se encoge de hombros y responde:

—En la mundial de quidditch de hace tres años, fui con mis padres.

—Sí, lo recuerdo —digo—, pero también recuerdo que tú no parecías muy feliz que digamos.

—No se me ocurre nada. No es que no tenga recuerdos felices, sino que no los recuerdo tan felices. Es como si al recordarlos, me embarga una melancolía muy fuerte y acabo volviendo al recuerdo triste. Seguro parece una tontería.

—No lo parece. Me pasa así, con los recuerdos de mis padres. Los extraño tanto que el recordarlos, me deja muy nostálgico.

—Lo siento, Potter. La tienes mucho peor, ¿verdad?

—Es diferente para todos, supongo. —Me siento en un sofá que aparece de la nada en la sala—. Tú tienes muchas responsabilidades que yo no quiero ni imaginarme.

Draco se sienta a mi lado, parece bastante derrotado, me apoyo en él. Nos quedamos unos minutos así, sin decir nada.

Entonces se me ocurre una idea.

—Draco, ¿recuerdas cuando vimos esa película muggle? Deberíamos ver más, también te enseñaré a bailar. —Lo veo sonreír confundido—. Y espero que te estés preparando para el quidditch porque si no me ganas esa snitch tendré un novio calvo.

Levanta su varita y me quedo muy quieto, esperando que haya comprendido mi plan y no que vaya a lanzar un maleficio mocomurciélago sobre mí.

—¡Expecto patronum!

De la punta de su varita, sale un galés verde. El patronus de este idiota es un dragón. Y es hermoso, vuela alrededor de la sala y se hace tan pequeño que puede posarse en el hombro de su dueño.

—¡Lo hiciste!

—Gracias —dice y se lanza a abrazarme.

Pasamos el resto de la tarde hablando de quidditch, criticamos duramente al equipo de Hufflepuff. Compartimos ideas de entrenamiento, no sin mirarnos con suspicacia, puesto que somos los capitanes del equipo contrario.

Cuando salimos de la sala y caminamos rumbo a la torre de Gryffindor nos encontramos con Hermione, que me mira con preocupación. Draco se despide de mí y se va caminando en dirección contraria. Antes de que salga de nuestra vista, Hermione me dice:

—Sigo sin confiar en él, Harry. Siento que te va a lastimar en cualquier momento.

—Ya hablamos de esto.

—Sólo me preocupo por ti, eres como un hermano para mí.

La miro con intención y ella jadea al darse cuenta de sus palabras. Ambos estamos pensando en lo mismo. Esa carta.

Caminamos en silencio, hasta que siento una mano en mi hombro, me giro sobresaltado. Draco me ofrece un cuaderno cubierto de cuero negro.

—Te dije que te prestaría mis apuntes de pociones, pero olvidé dártelos.

—Gracias —respondo confundido porque nunca dijo tal cosa.

—Como sea, cuídalos mucho y estudia para el examen.

Soy consciente de que Hermione nos mira. Draco me sonríe con suficiencia y baja la cara un poco hasta que sus labios tocan los míos. Me besa.

Estoy demasiado sorprendido para hacer algo más que corresponder el beso.

Al separarse de mí, sigue sonriendo, revuelve mi cabello y se aleja por el pasillo.

Draco Malfoy me besó y me ha gustado. Estoy casi seguro de que me ha gustado. Estoy casi seguro de que me gusta Draco.

A la mañana siguiente, cuando lo veo esperándome fuera de la torre de Gryffindor, siento mi corazón latiendo muy fuerte cuando me saluda.

—Tranquilo, Potter. No volveré a besarte, así que no tienes que preocuparte.

Oh.

De modo que eso es todo. No importa si me gusta o no porque yo no le gusto. Parece una tontería estar tan decepcionado porque siempre supe que esto era una mentira. Hago todo lo posible por no mostrarme tan decepcionado ante Draco.

—Está bien. No me importa.

Draco se ríe, mientras pasa un brazo sobre mis hombros dirigiendo mis pasos.

—En serio, Potter. Deja de fruncir el ceño, no volverá a pasar. El beso fue para Granger.

—Bien —miento.

—Bien —repite y me aprieta contra su cuerpo.

Encontramos a Crabbe y Goyle por el pasillo y al despedirnos me abraza, me da un beso en la mejilla y despeina mi cabello con ternura, como si de verdad estuviera enamorado de mí. Bueno, de eso se trata, ¿no? Sin embargo, comienza a asustarme no saber lo que es real y lo que no.


Hay un nuevo capítulo y no tuvieron que esperar dos meses. Últimamente tengo muchas ideas para nuevas historias drarry y Wolfstar pero antes quiero terminar con esta.Hasta la próxima...