Capítulo 31:
Sueños hechos realidad
Su uniforme debía tener hechizos de adaptación porque, en cuanto se lo puso, este se agrandó y se encogió en los lugares indicados, ajustándose a su cuerpo de forma perfecta. Terminó de colocar bien sus mangas antes de mirarse al espejo. Cuadró los hombros y sus labios se apretaron en una sonrisa satisfecha.
Era Inefable.
Todavía no podía creérselo.
—¿Me queda bien? —preguntó hacia Harry, que estaba detrás suyo.
—Tiene botones —fue todo lo que dijo.
Draco arqueó una ceja sin entender, y miró los botones en su pecho. Luego se sonrojó al recordar la fascinación que parecía tener su novio con sus túnicas abotonadas.
—Solo tiene tres —replicó—. ¿Es otro de tus fetiches ahora?
—Eso parece.
Harry no lució ni un poco avergonzado. De hecho, estaba recorriendo vorazmente con su mirada el cuerpo de Draco, como si en cualquier momento fuera a arrinconarlo contra el espejo.
Se despejó la garganta, ignorando el estremecimiento emocionado que recorrió su cuerpo.
—Tengo que irme —dijo.
No podía llegar tarde su primer día, aunque la mirada de Harry le hiciera desear quedarse. Se acercó a él, dejando un beso de despedida que su novio profundizó hasta que le faltó el aliento.
—Nos vemos en un rato.
Draco asintió, con la mirada un poco desenfocada y la mente perdida. Se recompuso de caminó a la chimenea, respirando profundo y limpiándose los labios con cuidado.
Hermione ya le estaba esperando donde le había citado cuando aterrizó en el Atrio. Llevaba una túnica negra con bordados dorados y el mismo escudo que llevaba él en su pecho.
—Buenos días, Draco —saludó, extendiendo una mano que aceptó inmediatamente—. Enhorabuena por haber pasado en proceso de selección.
Ella caminó hacia uno de los ascensores vacíos, y le hizo entrar para después apretar el botón hacia el último piso del Ministerio. La siguió, tragando con algo de dificultad e intentando no retorcer sus manos. No sabía qué esperar, porque aunque llevaba varios años queriendo ser Inefable, en realidad pocos sabían cuáles eran sus funciones.
—Gracias por aceptarme para el puesto.
—Te lo mereces —Hermione hizo un gesto con la mano, restándole importancia—. Tanto tu examen como tu entrevista fueron fantásticos.
—¿Acerté las preguntas de la entrevista? —preguntó con curiosidad. Había tenido esa duda desde el momento en el que salió de aquel despacho.
—Todas. Al igual que las del examen.
Draco sonrió con sus hombros hundiéndose más relajados.
—La primera pregunta del examen fue bastante fácil —bromeó. Hermione rió brevemente.
—Me pareció divertido y pensé que sería una buena manera de romper la tensión.
El ascensor se detuvo. Reconoció el pasillo por el que siguió a Granger. Tenía azulejos negros en las paredes y antorchas que emitían una luz blanquecina. Había unas escaleras a su izquierda que daban hacía el Wizengamot, por las que Draco había caminado tras su juicio al terminar la guerra. Avanzaron hasta el final del pasillo, hasta una puerta de color negro por la que entraron a una sala redonda con más puertas alrededor.
—El Departamento de Misterios se divide en varios sectores: la Cámara de la Muerte, la Sala de las Profecías, la Sala de Cerebros, la Cámara del Amor, la Cámara del Tiempo, la Cámara del Espacio —la voz de Hermione hizo eco en la estancia mientras señalaba cada puerta indicada. Draco miró a su entorno con ojos curiosos, intentando estar lo más atento posible para registrar toda la información—. Y allí está la zona de oficinas, donde se ubica mi despacho, la División de Inefables y la Administración de Delitos y Crímenes Sin Resolver.
—De acuerdo —dijo, caminando tras Hermione cuando ella se dirigió hacia la puerta que daba a las oficinas.
Avanzaron por un corto pasillo y después atravesaron la entrada de la División de los Inefables. Para su sorpresa, era una sala amplia y diáfana con paredes claras y suelo gris. Habían biombos de vidrio esmerilado separando pequeñas secciones que parecían despachos. Vio a varias personas sentadas en sus escritorios, examinando artilugios extraños y probando hechizos que no había oído en su vida. Escuchó un sonido bajo y tembloroso que reconoció como el canto de un augurey, aunque no encontró ninguno cerca. Draco contempló todo con un revoltijo entusiasmado en el estómago.
—Vas a pesar la mayor parte del tiempo en esta oficina —volvió su atención hacia Granger, que continuó su camino por el pasillo central de la sala—. Formarás parte del Equipo de Rastreadores.
—¿Equipo de Rastreadores? —preguntó, ligeramente distraído porque alguien había convocado una llamarada verdosa que había cubierto el techo por un instante. No supo si le fascinó más eso o el hecho de que nadie había movido un pelo al verlo. Debían estar acostumbrados a ver cosas extrañas—. ¿Qué es eso?
—Es un grupo de personas que se dedica a rastrear magia. Buscan firmas mágicas, encuentran hechizos ilocalizables como los fidelius, investigan objetos dañados con maldiciones desconocidas,...
—¿Por eso me convocaste? —preguntó, ahora muy atento— ¿Porque puedo percibir magia?
El primer encuentro que tuvo con Hermione en el partido de Quidditch resurgió en su mente. Al igual que esa mirada sorprendida que le había dado cuando él había descubierto que estaba embarazada.
—Puede que no lo sepas, pero no todo el mundo tiene esa habilidad. La gente mágica está acostumbrada a vivir con magia. Lo ven tan habitual que su cuerpo y su mente no presta atención. Es como parpadear —explicó, llegando a una puerta de color blanco que procedió a abrir. Dentro había una habitación parecida a la de a fuera, aunque solo contaba con cinco escritorios—. Te presento al equipo: Chales Briggiton, Ráchele Stwuart, Paul Adams y Cho Chang.
Draco cabeceó a modo de saludo, mientras los demás le miraban y sonreían. Observó un poco más a su antigua compañera de colegio, que parecía inusualmente alegre de verle, antes de girarse hacia Hermione.
—¿Solo somos cinco?
—Ya te lo he dicho: es difícil encontrar a gente que sepa hacer lo que vosotros hacéis. Hay personas que pasan toda su vida entrenando y aún así necesitan hechizos para detectar algo —comentó ella—. Este será tu escritorio. La Inefable Chang te informará de los últimos casos y durante esta mañana te enviaré los archivos de los que quiero que te encargues. Ahora, debemos ir a una reunión con el Departamento de Seguridad Mágica. Quiero que vengas conmigo para que te habitúes a las reuniones y porque seguramente tendrás que rastrear una escena.
—¿Hoy? —su voz sonaba incrédula y agitada, y sus manos temblaron cuando Hermione le pasó una carpeta llena de pergaminos.
—Aquí no nos gusta perder el tiempo.
Se quejó interiormente, abandonando la oficina para seguir a Granger a lo que ella había llamado la Sala de Conferencias. Aún así, en su interior vibró una llamarada emocionada por enterarse de cómo funcionaba todo allí.
Ojeó uno de los pergaminos por encima, leyendo vagamente lo que decía. Hablaba de un grupo organizado de procedencia desconocida. Habían atacado el Ministerio Estadounidense y varios políticos Europeos habían desaparecido en circunstancias extrañas. El último había sido un miembro del Wizengamot inglés. La única pista que tenían era un colgante que habían señalado como un traslador usado en el domicilio del último desaparecido.
—¿Es la casa de Emmanuelle Curmolys la que voy a tener que investigar? —preguntó cuando se detuvieron frente a las puertas dobles de la sala, observando las fotografías del informe.
—Sí. Ya la hemos inspeccionado, pero no hemos podido sacar nada concluyente. Quizás tú puedas sacar algo más, aunque no te preocupes si no lo haces. No hemos podido averiguar nada en ninguno de los escenarios.
—Vale.
—Mira, ahí está Harry.
Levantó la vista con rapidez. Su corazón se agitó ridículamente, teniendo en cuenta que lo había visto hacía menos de una hora. Harry entró en la habitación con ese porte seguro y autoritario. Su rostro estaba impasible, su barbilla alzada y su caminar confiado mientras avanzaba. Llevaba tras de él un grupo de Aurores, todos vestidos con las túnicas burdeos reglamentarias. A Draco le recordó a la entrada de los estudiantes de Durmstrang cuando se celebró el Torneo de los Tres Magos en Hogwarts. Sobretodo porque en esta ocasión la gente también les miraba cuando pasaban por el pasillo central.
—Buenos días —saludó el moreno cuando llegó hasta ellos. Estrechó la mano de Hermione primero, y luego su atención se fijó en él—. Inefable Malfoy.
La voz de Harry era seda y el cuerpo de Draco se estremeció en contra de su voluntad. Aceptó la mano que le tendía, relamiendo sus labios e intentando que su rostro no se calentase cuando sus dedos se tocaron y notó que Harry acariciaba sutilmente el dorso de su mano.
—Auror Potter —contestó, reprimiendo una sonrisa.
—Qué idiotas sois los dos —se quejó Hermione, aunque no había mucha intención en su tono—¿Entramos?
Draco asintió, y caminó tras ella cuando abrió la puerta de la Sala de Conferencias.
Era una habitación amplia y con una enorme mesa redonda en el centro. Habían ventanales en la pared a su izquierda y el techo estaba encantado para que se pudiese ver el cielo. Había un grupo de Aurores sentados en la parte derecha de la mesa, mientras que los Inefables estaban al otro lado. Draco caminó tras Hermione, tomando un asiento libre entre ella y una chica que se presentó como Inefable Hamilton. Varios ojos se posaron sobre él y hubo algunos murmullos, pero todos se acallaron en cuanto Harry tomó la palabra.
Habló de las últimas pistas que había conseguido, que no eran muchas. Los posibles sospechosos y las teorías más lógicas. Draco se dio cuenta de que este era el caso en el que su novio había estado trabajando cuando viajó a Estados Unidos. Procuró escuchar todo lo que Harry decía y no centrarse en cómo se marcaban los músculos de su pecho y de sus brazos cuando gesticulaba, lo atractivo que era cuando pasaba una mano por su cabello desordenado o la manera intensa en la que se volvía su mirada mientras explicaba su punto de vista.
Esperaba que en sus próximos casos no estuviese presente su novio o sería un desastre como Inefable.
Terminaron la reunión un par de horas después. Había leído el informe con minuciosidad y, después de haber escuchado a los Aurores, había conseguido ponerse al día con rapidez.
—Voy a dejar que te instales en tu escritorio. Hay varios casos con objetos mágicos que tendrás que comprobar —le dijo Hermione, saliendo de la sala—. Si tienes alguna duda, puedes preguntarme en cualquier momento.
Draco asintió, encaminándose hacia su oficina y reprimiendo una sonrisa en sus labios.
Cuando llegó a casa unas horas más tarde, se encontró sintiéndose feliz a pesar de que tenía un montón de archivos e informes de casos que se estaban investigando en la actualidad, una caja llena de objetos malditos y una brújula que estaba analizando porque a alguien se le había ocurrido la maravillosa idea de convertirla en una especie de recipiente que almacenaba espíritus. Merlín sabía cómo lo había conseguido, pero a Draco le había dado un dolor de cabeza terrible durante toda la tarde.
Y a pesar de todo eso, llegó a casa sonriendo, encontrándose con Harry en la cocina, sosteniendo una copa de vino y horneando alguna cosa que olía como el edén.
—¿Un buen primer día? —le preguntó Harry dándole un beso y tendiéndole su copa.
Draco se encogió de hombros mientras bebía un sorbo y se acurrucaba al lado de su novio, suspirando cuando éste le rodeó con un brazo.
—Ha sido entretenido. No he tenido tiempo de aburrirme.
Harry rió, frotando su espalda de manera reconfortante.
—Acostúmbrate porque Hermione es así; no te dejará respirar ni un solo segundo.
—Aún así está bien —comentó, separándose de él. Por cómo le miraba Harry, tan satisfecho y contento, sabía que su expresión debía ser ilusión pura—. He podido encontrar la brecha de una aparición hoy. Y... bueno, en realidad no sé si puedo contarte nada.
—Soy el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica. Puedes contarme lo que quieras.
Draco le miró de soslayo, y luego negó divertido con la cabeza.
—No es eso lo que me ha dicho Hermione. Nuestro trabajo es confidencial para todo el mundo, lo que pasa es que quieres saciar esa curiosidad Gryffindor que tienes.
—Oh vamos —Harry se quejó, y Draco se carcajeó mientras su novio le abrazaba—. ¿No es suficiente tortura que tenga que verte todos los días con esta túnica en el trabajo y no poder hacerte nada?
Giró su rostro para besar a su novio lenta y concienzudamente. Sus respiración se profundizó, y todo el rastro de diversión se fue difuminando de sus ojos.
—Bueno, todavía llevó puesta mi túnica y ahora sí puedes hacerme lo que quieras.
Harry le observó de arriba a bajo con un mirada aguda y después desabrochó el primer botón de la túnica de Draco como si estuviera desenvolviendo un regalo y quisiera quedarse con el papel.
Cerró los ojos, arqueándose al tacto y, por un momento, deseó que su vida se quedase así para siempre.
En su segundo día de trabajo, había descubierto que Chales Briggiton era callado, tímido y agudo, se le veía inteligente, aunque no hablaba con frecuencia. Ráchele Stwuart era todo lo contrario a él; abierta y amigable. Paul debía ser el gracioso del grupo, porque parecía tener una anécdota divertida siempre en la boca. Con la única que Draco se sentía un poco incómodo era con Cho Chang. Nunca habían coincidido demasiado en Hogwarts, pero sabía quién era y ella sabía quién era él y en qué bando había estado durante la guerra.
—Me alegro de que estés en el equipo —afirmó Cho. Draco jugueteó con la esquina del pergamino que estaba leyendo a la vez que se tensaba imperceptiblemente. Había evitado cruzar palabra con ella tanto como fuera posible—. Quiero decir... si Hermione confía en ti, entonces es suficiente para mi.
—Gracias —murmuró, exhalando con alivio.
—No quiero que nuestro trabajo sea incómodo —ella sonrió y después se puso en pie—. ¿Listo para rastrear tu primera escena?
Draco asintió y se dejó guiar por Cho hasta la chimenea del Departamento.
—Hemos realizado hechizos de detección y exploración pero no hemos encontrado nada. Sin magia, sin objetos malditos. El último hechizo que realizó su varita fue un lumos.
—¿Vive en el mundo muggle?
—No, en una zona mágica de Londres. Calle Downing, número 102 —contestó la chica, tendiéndole los polvos flú.
Cogió un puñado, se metió en la chimenea y pronunció la dirección con claridad.
La casa era pequeña y estaba medianamente ordenada. La cocina estaba limpia, al igual que el salón. Tenía algunos cuadros colgados en la pared, aunque no había ninguna fotografía. Todas las ventanas tenían cortinas gruesas y había una habitación completamente vacía que desentonaba un poco. Encontró poción mata-lobos en uno de los estantes del baño, y eso le hizo recordar que Curmolys era un hombre lobo aparte de ser un miembro del Wizengamot.
—¿Crees que son un grupo de puristas los que están detrás de las desapariciones? —preguntó. Era una de las teorías que habían abordado.
—Puede ser, aunque una de las víctimas en Estados Unidos era sangre pura.
Draco asintió, parándose bajo el marco de la puerta que daba a la habitación. No estaba desordenada, pero se notaba que alguien vivía allí. Había vivido allí, se corrigió. En la reunión habían apuntado lo milagroso que sería encontrar a Curmolys con vida. La cama estaba bien hecha, aunque arrugada en una esquina, como si alguien se hubiese sentado allí. Había un armario, una ventana que estaba completamente cerrada y una cómoda a un lado. Nada parecía fuera de lugar, y no sentía ningún rastro de magia reciente, pero sentía que había algo allí, aunque a simple vista no pudiera notarlo. Era una percepción sin ningún fundamento, como una corazonada. Tenía una vaga percepción de que se le estaba escapando un hilo entre los dedos.
—Quarere —murmuró.
Era un hechizo básico de rastreo. Un hilo dorado recorrió la habitación, levantando una pequeña corriente de aire. No se sorprendió cuando no mostró nada. Intentó uno un poco más complejo, destinado a encontrar magia residual que dejaban los encantamientos cuando chocaban contra algo. Recibió el mismo resultado negativo.
—No te preocupes —dijo Chang a su espalda—. Este es el resultado que hemos encontrado en cada escenario.
Abrió la boca para responder, cuando el sonido de una aparición se escuchó en el salón. Se dio la vuelta, observando a un chico con un uniforme de Auror plantado en el salón.
—Necesito hacer algunas fotografías más para el informe y redactar un inventario detallado —explicó el recién llegado.
—No te puedes aparecer aquí —espetó Cho—. Contaminas el ambiente con tu magia y después los hechizos de rastreo no funcionan.
—Lo siento. Yo...
—Desaparece otra vez —pidió Draco, interrumpiéndolo.
Era verdad lo que había dicho su compañera. Podía sentir la magia del Auror en el aire, la grieta de la aparición en medio del salón, y eso le había dado una idea.
—Vamos —instó Cho, mirándole con evidente irritación—, desaparece.
El Auror les miró sin entender, antes de encogerse de hombros y desaparecer del salón.
Draco mordió su labio inferior, girándose hacia la habitación otra vez. Levantó la varita con duda, sin albergar muchas esperanza de que fuese a funcionar el hechizo que estaba a punto de pronunciar. Era difícil, y había leído que, aunque era eficaz, también era complicado de llevar a cabo.
—Vestigium exitum, invenit magicae —recitó. Una espiral de viento y polvo se arremolinó en el centro de la habitación. Movió su varita en círculos, intentando mantener la concentración—. Ostendunt vestigia.
El remolino creció hasta llegar al techo y luego se deshizo como si nada hubiera pasado. Draco respiró entrecortado, con la boca seca y el pulso errático. Parpadeó rápidamente, mirando a su alrededor. Sintió una pequeña punzada de decepción cuando no vio que nada cambiase.
—Mira allí —dijo Cho, señalando hacia una esquina de la habitación.
Era una pequeña línea fina y plateada, flotando en el aire. Era irregular y cada vez se iba haciendo más y más transparente.
—Es la brecha de una aparición —susurró, sin poder creérselo.
—Sí —Chang alzó su varita y recitó lo que reconoció como un hechizo de localización de firmas mágicas que elaboró en el aire una lista con nombres de posibles magos y brujas compatibles con esa magia—. Esto es alucinante. Tenemos que contárselo a Hermione.
Draco habría estado contento, si no fuera porque había reconocido uno de los nombres que había revelado el hechizo: Ivan Stoev. Tragó saliva, sintiendo la garganta apretada. No sabía cuántas posibilidades había de que la magia de un posible sospechoso en un caso de desaparición fuese compatible con la de Ivan, pero no debían ser muchas. Y que Ivan fuese sospechoso quería decir que iba a ser interrogado por los Aurores, y Harry se iba a enterar.
Y entonces sabría que le había ocultado su encuentro con su ex-novio.
Exhaló temblorosamente.
Tenía que hablar con Harry.
Hooooooooooola
Siento actualizar tan tarde. En esta parte del mundo ya es sábado, pero la vida no me da para más. Mi primera comida del día ha sido a las seis de la tarde, con eso lo digo todo.
Este capítulo iba a ser un poco más dramático como ya avisé, pero al final he decidido dejarlo en pre-drama y, ¿sabéis lo que significa? Sí, una semana más de incógnita.
No me matéis, por favor.
Espero poder actualizar la semana que viene porque, como ya he dicho, no tengo tiempo de para nada últimamente, pero pondré mi mayor esfuerzo.
¡Nos leemos el viernes!
