Candy cabalgaba a la par con Tom, quien se desvió por un sendero que ella no conocía para alejarse del camino transitado, a pesar de que era muy tarde se topaban con jornaleros y campesinos que regresaban a sus hogares, empezó a reflexionar que había tomado una mala decisión de irse con él, aunque los acompañaban dos empleados de Tom, quizá a Albert no le parecería y se enojaría con ella, porque Tom no le agradaba. Se llenó de temor por lo solitario y aminoró la velocidad.

—Quisiera regresar por el camino principal, este que acabamos de tomar está muy peligroso, nos podríamos topar con algunos bandoleros.

—Es un atajo, por acá salimos más directo, además llevamos armas.

—Pero yo no conozco este camino. No sabía de su existencia, es mejor que vuelva con la señora Elroy. —replicó Candy.

—Candy se te olvida que cada mes viajo para negociar con reses y caballos, este camino lo recorro con los ojos cerrados —trató de tranquilizarla Tom.

Candy vaciló en seguir y se detuvo.

—Quizá sería mejor que regrese a la finca de los Andrew, y cuando retorne Albert podré ir con él, a lo mejor viajemos durante el día, ahora me siento insegura de ir, tengo un poco de miedo.

—No temas, si estás conmigo nada malo te pasará, yo no lo permitiría.

Tom miró a Candy de tal forma que logró incomodarla. Con la luz de la antorcha que llevaba uno de sus hombres, pudo ver aquella terrible y maliciosa expresión, nunca pensó que le temería al que siempre consideró su amigo. Candy no se percató que uno de los hombres se acercó a ella con un costal de tela gruesa para inmovilizarla, la sometieron y amarraron, ella gritaba, pero nadie acudió en su ayuda, la pusieron en forma vertical en la silla, Tom guio el caballo a una de sus propiedades, sus hombres no lo acompañaron, a partir de ahí él se haría cargo de ella.

Después de una hora, llegaron al lugar destinado por Tom, bajó a Candy del caballo quien estaba desmayada por el estropeo que sufrió en la terracería, entró a la cabaña con ella en brazos, todo resultó como lo tenía planeado, había decidido llevársela con él al otro mundo, sí, la mataría y luego se suicidaría. La acostó en un catre, desamarró el saco y se lo quitó.

Al amanecer Albert, George y su suegro llegaron a la finca Andrew, entraron contentos a la propiedad, Albert subió corriendo las escaleras para despertar a Candy, imaginaba su sonrisa al ver que su padre estaba vivo, encontró a Pamela dormida en el sillón cercano a la cama.

—¿Y Candy? Le traigo una sorpresa, dile que baje, ¿está en el baño?

—Señor, ella se fue con el señor Tom, él vino y la encampanó de que recibió un mensaje donde le decían que el señor Paul estaba vivo, ella sin pensarlo mucho decidió ir con él.

Albert se dio la vuelta y bajó las escaleras a toda prisa, solo le dijo a George —Vámonos. Suegro que lo atienda Pamela, iré por Candy, al parecer se fue con Tom.

—Creo saber donde está, quizá la llevó al mismo lugar donde me retuvo antes de que decidiera que hacer conmigo.

En la cabaña de Tom, Candy abrió los ojos y se sentó, sintió un leve mareo, su corazón se sobresaltó cuando lo vio mirándola fijamente con un arma en su mano.

—¿Por qué permitiste que tus hombres me atacaran?

—Candy, lo que no puedo permitir es que te cases con William, dime que aceptarás mi amor y te dejaré vivir.

Candy vio decidido a Tom, no titubeó al decir esas palabras, supo que estaba dispuesto a todo, ella se preguntaba cómo podía ganar tiempo; Sabía que Albert la rescataría, tenía confianza en eso.

—Si Tom, al que amo es a ti.

Como era uno de sus sueños recurrentes, pensó que estaba en uno de ellos, se escapó de la realidad y fantaseó.

—Entonces tendrás que demostrármelo. ¡Desnúdate mi amor! —le ordenó mientras se aflojaba el cinturón y se desabrochaba el pantalón.

Hola chicas, por fin ayer operaron a mi mamá, después casi dos meses y medio de espera. Gracias a Dios no tuvo complicaciones. Les saludo y agradezco a las que oraron por ella. Ahora le falta el otro ojo, pero eso será para el próximo año si Dios nos presta vida. Dios las bendiga chicas, no bajen la guardia, el covid sigue latente. Les comento que muchas de las colonias alrededor de donde vivo, en Villahermosa, Tabasco México se inundaron, por la misericordia de Dios no me fui al agua. Les confieso que deseo que termine la temporada de huracanes para estar más tranquila. Espero que estén bien y gozando de buena salud. Ánimo. Este año ha sido terrible, pero recuerden este pasaje en Romanos 8:38 y 39: Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.