* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.
Capítulo 16
Cuentos antes de dormir
— Ummm… Ra-rápido… Hyakkimaru…
Le suplicó entre gemidos lascivos su hermosa esposa con la respiración agitada. El mencionado continuó con sus suaves chupetones en su cuello mientras levantaba la mirada, encontrándose con unos bellos ojos chocolate apreciándolo con deseo.
— ¿Por qué la prisa? —Le preguntó seductoramente sin separar los labios de su cálido cuello, iba bajando lentamente por su brazo.
— Ya no tenemos tanto tiempo como antes. —Se explicó Dororo un tanto nerviosa. Dirigió rápidamente sus manos a la parte baja de su yukata con la intención de desatarla—. Tengo tantas ganas de ti esta noche… Dámelo ya…
— La noche aun es larga y los niños duermen tranquilamente en su habitación. —La interrumpió Hyakkimaru dedicándole una coqueta mirada que la paralizó. Aprovechó esto para retirar sus manos con cuidado, llevarlas a su boca y depositarle pequeños besos—. Hagámoslo con calma, de esa forma se sentirá mejor… ¿no lo crees, mi pequeña y hermosa Dororo?
La esposa mordió sus labios para suprimir un nuevo gemido cuando Hyakkimaru se olvidó de sus manos, tomó la parte de arriba de su yukata y la bajó de una manera lenta y seductora, trazando este camino con besos húmedos hasta llegar al inicio de sus pechos.
— Hya… Hyakkimaru…—Lo nombró con deseo.
— Dororo…—Le correspondió con un tono inundando de amor y ternura.
— ¡Mami! ¡Papi!
Escucharon un potente y alargado grito de Yusuke a lo lejos, un grito temeroso proveniente de la habitación de los niños. Apenas lo escucharon se pararon en seco, voltearon a verse con asombro para posteriormente dejar un escapar un sonoro suspiro de derrota.
— Yo iré.
Dijo Dororo con cansancio levantándose pesadamente del futón, su esposo simplemente le dirigió una mirada resignada para colocarse boca arriba y volver a suspirar. Cuando Dororo entró en la habitación de sus hijos vio que Yusuke estaba sentado en su futón mientras lloraba desesperadamente, su hermana mayor lo observaba con recelo en la misma posición.
— Yu-chan ¿qué es lo que pasa? —Le preguntó con dulzura.
— ¡Mami!
En cuanto la vio a su lado Yusuke se lanzó a ella abrazándose a su regazo, el pequeño no era capaz de dejar de llorar. La mujer comenzó a acariciar su cabeza lentamente mientras le insistía que le dijera que pasara. Pasados unos minutos, Yusuke pudo calmar su lloriqueo para responderle entre hipidos:
— E-el monstruo feo me va a comer… Aneue me lo dijo…
— Kaede-chan… ¿otra vez estás asustando a tu hermano? —Preguntó su madre con severidad.
— N-no, yo…—Kaede calló por algunos segundos, al darse cuenta que no se le ocurría ninguna manera de defenderse, no le quedó otro remedio que afirmarlo al añadir—: ¡Yu-chan, eres un soplón! ¡Por eso el monstruo vendrá a comerte!
— ¡Kaede!
Pero fue demasiado tarde, apenas escuchó esas palabras el niño volvió a llorar con temor. Dororo torció la boca y esta vez miró con enfado a su hija mayor, la niña hizo un puchero para después sustituirlo por un gesto de reproche, darles la espalda y acostarse en el futón.
La madre negó lentamente con la cabeza mientras observaba a su hija de siete y su hijo de cinco años. En verdad los dos eran tan diferentes entre ellos.
Mientras Kaede era una niña valerosa que derrochaba seguridad por cada acción realizada y palabra dicha, Yusuke era temeroso y tímido. Dado esto no era de extrañar que Kaede a veces lo molestara para divertirse, eso de alguna u otra forma le recordaban a Hyakkimaru y Tahomaru en su juventud.
Tardó algunos minutos de mimos y palabras cariñosas para tranquilizar al pequeño, cuando por fin este pudo dejar de llorar, Dororo tomó con cautela sus manos para alejarlas.
— Vamos Yu-chan, ya es hora de dormir.
— No mami, no te vayas. Le tengo miedo al monstruo.
— Tu papi ya ha revisado la casa varias veces y te aseguró que no hay ningún monstruo. No le hagas caso a las mentiras de tu hermana mayor y duerme ¿está bien?
— Lo que pasa es que Yu-chan es un miedoso. —Dijo de pronto Kaede con voz burlona.
— Ya basta de molestarlo. —La reprendió Dororo con voz fuerte—. Kaede, mañana tendremos una buena charla sobre esto.
La niña dio un bufido para cubrirse más con las sábanas de su futón, mientras tanto Yusuke se unió a la conversación en una súplica baja y tímida:
— Mami… ¿puedo dormir contigo y papi esta noche?
— Yu-chan, ayer pasó lo mismo… ¿recuerdas lo que hablamos? Ya eres un niño grande, por eso debes dormir en tu habitación.
— Mami, por favor… Solo esta noche y ya, lo juro.
El corazón de Dororo se encogió de pesar cuando su hijo menor la observó con ojos suplicantes. Sabía que ser blanda con él no le ayudaría a superar sus temores, sin embargo, tampoco podía ignorar sus necesidades de esa forma. Ese tímido niño sabía bien como arreglárselas para conmoverla y salirse casi siempre con la suya.
— Está bien. Pero este si es definitivamente la última noche ¿de acuerdo?
— ¡Si! ¡Te quiero, mami!
Le dijo el niño con su vocecita inundada de cariño mientras su madre lo cargaba para llevarlo a su habitación.
— "Otra noche más sin que mami tenga lo que necesita".
Pensó Dororo con decepción al darse cuenta que era la cuarta noche en que ella y su esposo eran interrumpidos. No había duda de que tener hijos había cambiado todo de una manera significativa.
Dororo salió de la aldea a medio día acompañada de Yahiko y Jiheita, tenían la tarea de revisar unos acuerdos comerciales con una aldea cercana. Además de esto, la mujer aprovechó el viaje para ir a revisar el cabo, lugar donde su padre había escondido el tesoro del dinero que robó de los samuráis, y que ella misma utilizaba para resguardar una parte del dinero de su familia y la aldea.
Mientras revisaba que todo estuviera en orden en este lugar había una idea que no abandonó su cabeza durante todo ese día ¿por qué era la cuarta vez que Yusuke lloraba en medio de la noche diciendo que había un monstruo en su habitación?
No siempre había sido culpa de Kaede. La traviesa niña había comenzado a asustarlo justo hasta la noche anterior, sin embargo, lo que le dijo a Yusuke no fue mentira. Ella y Hyakkimaru habían revisado minuciosamente su casa, toda la aldea y sus alrededores para estar seguros de que no hubiera ninguna criatura sobrenatural cerca, y en verdad no habían encontrado nada.
Además de esto, ella estaba más que segura de que si realmente un monstruo entrara en su casa, su esposo lo hubiera detectado a tiempo, terminando con él en cuestión de segundos. A pesar de lo antes dicho, Yusuke tenía ya cuatro noches despertando entre lloriqueos, alegando que había un monstruo. Tenía que haber alguna explicación lógica para el extraño comportamiento de su hijo menor.
El viaje duró más de lo esperado. Se vieron atacados por algunos bandidos en el camino, a los cuales afortunadamente pudieron derrotar sin mucho esfuerzo gracias a lo hábiles que ya eran los tres manejando las armas. Sin embargo, este hecho ocasionó que llegaran a la aldea casi al anochecer.
Para fortuna de la madre, su esposo le dijo que ese día no tenía tanto trabajo en la clínica, motivo por el cual se podría ocupar de sus hijos en gran parte del día. Dándose cuenta que la luna estaba a punto de salir, Dororo entró lo más lenta y silenciosamente que pudo a su hogar.
— "Apuesto a que los pequeños deben estar por dormir".
Pensó con ternura al recordar los hermosos rostros durmientes de sus amados hijos. Al entrar en su casa escuchó la apacible voz de su esposo en la planta de arriba, de vez en cuando se le unían grititos bajos de asombro de sus hijos.
Dororo se acercó con cuidado a la habitación de sus hijos y observó que Hyakkimaru estaba sentado al lado de los futones, los niños lo miraban con suma atención mientras el padre les relataba un cuento. Tenían la costumbre de hacer esto de vez en cuando juntos, contarles un cuento antes de dormir para que sus pequeños lograran conciliar el sueño rápido.
Dororo continuó observándolos en silencio con cariño mientras una pequeña y conmovida sonrisa se formaba por si sola en sus labios. Su pecho se llenó de calidez mientras seguía presenciando esta hermosa escena, en verdad no pasaba ni un solo día en que dejara de agradecer a la vida por ahora tener tan hermosa familia.
Ese agradable momento fue interrumpido cuando se percató de algo curioso. De un momento a otro los semblantes de sus hijos cambiaron mientras el cuento de su padre continuaba. Yusuke abrió sus ojos reflejando un inmenso temor en ellos, Kaede por su parte entrecerró la mirada y levantó sus cejas con extrañeza.
¿Qué pudo ocasionar esas reacciones en ellos? ¿Acaso fue debido al cuento de su padre? Dororo no perdió ni un momento más, se acercó despacio a ellos para poder escuchar mejor. El cuento de Hyakkimaru llegó a sus oídos:
— El samurái de madera no dudó dos veces en despedazar el cuerpo del enorme monstruo ciempiés que estaba frente a él. Utilizando las katanas que tenía en lugar de brazos, comenzó a cortar todo su cuerpo y los pedazos sin vida cayeron por todo el piso. Sangraba tanto como una fuente, muy pronto el piso quedó cubierto de la sangre morada de ese espantoso monstruo…
— ¡Hyakkimaru tonto!
Como muchas veces antes, la impaciencia de la antigua ladrona jugaba en su contra. En una reacción involuntaria había entrado en la habitación, gritándole de esa manera desaprobatoria y enojada a su esposo.
Ella siempre ponía todo su esfuerzo para controlar su fuerte temperamento frente a sus hijos, de manera que aprendieran a no ser violentos o decir maldiciones, lo cierto era que a veces era inevitable. De nueva cuenta la ingenua imprudencia de su esposo la habían sacado de sus casillas, solo fue capaz de reaccionar cuando sus hijos y esposo se quedaron mirándola con una enorme extrañeza.
— Sin duda el cuento de papi era de lo más interesante. —Dororo se sentó al lado de su esposo riendo nerviosa y rápidamente en un intento por relajar la tensa atmósfera y reparar su mala reacción—. Pero creo que no es el mejor cuento para antes de dormir. Hyakkimaru ¿qué te parece si les contamos la historia del cortador de bambú?
— Si, está bien.
Le respondió tranquilamente, sin embargo, no pudo ocultar en su mirada que aún estaba confundido a causa de la reacción de Dororo. Recordando las palabras que acababa de pronunciar se preguntó a si mismo ¿acaso había cometido algún error?
— ¿Mis cuentos son los culpables?
— Sí, estoy casi segura que es debido a tus cuentos que Yusuke tiene miedo en las noches.
Le explicó Dororo con una mezcla de preocupación y molestia una vez sus pequeños se durmieron y ellos se dispusieron irse a descansar en la planta de abajo. Hyakkimaru simplemente enarcó sus cejas con gesto dudoso, percatándose que al parecer aún no le quedaban muy en claro las cosas, ella añadió:
— Hyakkimaru… ¿siempre les cuentas esas historias relacionadas con los monstruos que exterminabas?
— Si.
— ¿Y siempre que lo haces eres tan descriptivo con las narraciones de las peleas?
— Si.
— Eso no está bien, Hyakkimaru.
— ¿No es correcto? ¿Hice algo malo?
— No son historias apropiadas para ellos.
Tras escuchar esto, el mayor ladeó su cabeza confundido, después frunció sus cejas y bajó su vista en una clara muestra de tristeza, siempre adoptaba ese semblante cuando era regañado por ella. Dororo le sonrió compasivamente y se acercó a él, le dio unas palmaditas en la cabeza a modo de consuelo.
— Solo quería que nuestros hijos conocieran todas las cosas por las que pasamos juntos. —Se explicó Hyakkimaru quedamente tras unos segundos en silencio.
— Y eso está muy bien, es solo que… Aun son muy pequeños para saberlo. —Le explicó Dororo pacientemente—. Tus relatos llenos de monstruos y sangre los ponen nerviosos, sobre todo a Yusuke. Lo más probable es que sea por eso que no puede dormir por las noches, y asegura que hay un monstruo en su habitación.
— Lo lamento, no quería asustar a nuestros hijos de esta forma.
Se disculpó cerrando sus ojos y bajando la cabeza, en verdad su esposo se mostraba arrepentido por sus acciones. Dororo no pudo molestarse con él pues sabía que no lo había hecho con mala intención, era solo que su ingenuidad y falta de tacto para algunas cosas a menudo no jugaban en su favor. Se le olvidaba que en ocasiones debía cuidar tres hijos y no dos, su esposo era en algunas cuestiones como un niño grande.
La hermosa mujer pasó sus brazos alrededor de la ancha espalda de su esposo para envolverlo en un cálido abrazo y reconfortarlo. Hyakkimaru se dejó consentir de inmediato, dejando apoyada su barbilla en su hombro, enterrando la nariz en su cuello.
— Tranquilo, sé que no lo hiciste a propósito. —Le dijo la menor con voz baja y cálida—. Yo también quiero que nuestros hijos conozcan todas nuestras aventuras, pero esperemos a que sean un poco más grandes para contárselas ¿de acuerdo?
— Si, te prometo que lo haré. Tendré mucho cuidado de ahora en adelante para no asustarlos de nuevo.
— Hyakkimaru…—Continuó Dororo aferrándose aún más a su abrazo—Ni tu ni yo pudimos tener una infancia agradable debido a lo que nos pasó, es por eso que quiero que Kaede y Yusuke tengan la infancia más feliz posible. Con tu ayuda, quiero darles a nuestros hijos todo lo que a nosotros nos hizo falta.
— Yo también lo deseo… Lo haremos juntos.
Se separaron para observarse a los ojos con un profundo amor por algunos segundos, después acercaron sus rostros para fundirse en un beso cargado de amor y ternura. No les cabía duda que se iban a esforzar al máximo para que sus hijos fueran felices y no les faltara nada.
Tal como Hyakkimaru lo prometió, sus atemorizantes cuentos de monstruos desaparecieron, después de eso, confirmaron que realmente eso era lo que causaba que Yusuke pasara miedo por las noches cuando no volvió a despertar asustado.
Unas cuantas semanas después de eso, Hyakkimaru se encontraría con una escena un tanto similar pero esta vez protagonizada por su esposa. Llegó a su casa esa noche tras un viaje de unos cuantos días para ir a atender pacientes y entregar prótesis.
Dada la hora, supuso que su esposa ya se encontraría preparando a sus hijos para dormir y no estaba equivocado. Subió las escaleras lentamente, las voces de los tres provenían de la habitación de los niños, conforme más se acercaba a ellos la conversación era más nítida.
— ¡Mami, es asombroso!
— ¿Qué pasó después? ¡Cuéntanos, cuéntanos!
Hyakkimaru se detuvo a unos pasos de la habitación, decidió observarlos atentamente y en silencio. Su corazón latió con fuerza al apreciar embelesado la escena de sus hijos recostados en las piernas del amor de su vida, mientras ella continuaba con el cuento:
— Entonces, la valerosa ladrona Dorobu derrotó al enorme dragón de un solo corte, librando a todo el poblado de su amenaza. El gallardo príncipe Hyakkikaku apreció en silencio los actos heroicos de la ladrona, ya estaba más que determinado a pedirle su mano a pesar de las amenazas de su familia.
— ¡Papi! ¡Papi llegó!
— ¡Papi! ¡Estás en casa!
Comenzaron a decir los niños cuando se percataron de la presencia de su padre. Se levantaron de un salto y siguieron hablándole con sus vocecitas llenas de alegría y emoción:
— ¡Papi! ¡Ven a escuchar los cuentos de mamá con nosotros!
— ¡Si! ¡Los cuentos de la ladrona Dorobu y el príncipe Hyakkikaku son los mejores! ¿Tú los conoces?
— ¿La ladrona Dorobu y el príncipe Hyakkikaku?
Preguntó el padre sentándose a su lado y observándolos entre intrigado y atento. Los niños por su parte no disminuían ni un centímetro las radiantes sonrisas de sus rostros. "Dorobu y Hyakkikaku", no se necesitaba ser un genio para darse cuenta que lo más seguro era que esos cuentos estuvieran inspirados en él y su esposa. Hyakkimaru le dirigió una rápida mirada a Dororo, ella tenía la vista fija en la dirección opuesta con sus labios tensos, al pacer estaba algo nerviosa.
— Si, conozco los cuentos de Dorobu y Hyakkikaku. —Respondió el padre con una pequeña sonrisa.
— Papi ¿es verdad que la ladrona Dorobu puede derrotar a los enemigos de un solo golpe? ¡Ella derrotó a muchos monstruos malos de esa forma, y siempre salva al príncipe Hyakkikaku! —Preguntó Yusuke con una voz fuerte e interesada.
— Papi ¿es cierto que el príncipe Hyakkikaku quedó prendado de la ladrona Dorobu cuando vio que era hermosa y valiente? —Se unió al interrogatorio Kaede con sus ojitos rojizos llenos de admiración.
Dororo solo atinó tensar más sus labios y bajar la vista, al tiempo que apretaba fuertemente las telas de su yukata para dormir con sus manos cerradas en puños. No podía creer su mala suerte de que su esposo llegara antes de lo previsto y escuchara los cuentos que le relataba a sus pequeños antes de dormir.
Ella se las había arreglado para dejar a un lado todas esas escenas grotescas y sangrientas de los cuentos de su esposo, y convertir los relatos en algo más fantasioso. Hasta había inventado a esos dos personajes inspirados en ella y Hyakkimaru, pero de alguna u otra forma, ella se autoproclamó como la heroína de sus cuentos en los cuales siempre salvaba a su amado y apuesto príncipe.
Se vio invadida por los nervios al ser descubierta ¿Cómo iba a reaccionar su esposo ante esto? Hyakkimaru siempre fue el que la rescató un sinfín de veces ¿le molestaría que fuera ella quien se llevara el crédito en sus cuentos? Con todo su rostro sonrojado a causa de la vergüenza, se animó a mirarlo lentamente para encontrarse con que los bellos ojos caramelo de su esposo iban de ella a sus hijos una y otra vez, hasta que finalmente les respondió con seguridad:
— Si, todo eso es cierto. La ladrona Dorobu es una mujer impresionante y muy fuerte. El príncipe Hyakkikaku no pudo evitar enamorarse perdidamente de ella después de que lo salvó, y al darse cuenta de lo hermosa y valiente que es.
— ¡La ladrona Dorobu es la mejor!
— ¡Cuando sea grande quiero ser como Dorobu!
Continuaron sus hijos entre risas alegres y grititos de emoción. Hyakkimaru le regresó una mirada cariñosa a su esposa cuando esta le sonrió con una inmensa alegría y agradecimiento, mientras se acercaba para recargar su cabeza en su hombro.
— ¡Mami, cuéntanos otro cuento de la ladrona Dorobu y el príncipe Hyakkikaku!
— ¡Si, otro más antes de dormir!
— Muy bien, déjenme pensar en uno… O tal vez, ¿su padre quiera contarles uno en esta ocasión? —Lo invitó Dororo sonriéndole con dulzura.
Hyakkimaru levantó su vista en un ademan reflexivo pensando en la historia adecuada, tras concentrarse unos segundos las ideas surgieron de a poco a poco en su cabeza.
— Esta es la historia de cómo la valerosa ladrona Dorobu derrotó a todo un ejército de monstruos del mar. Esas criaturas habían secuestrado al príncipe Hyakkikaku, pero él no tenía miedo pues sabía que Dorobu lo rescataría…
Los cuentos de Dorobu y Hyakkikaku se convertirían en preciados recuerdos de la niñez de Kaede y Yusuke. Muchos años después, al ser ya adultos, ellos seguirían recordando esos asombrosos cuentos con un inmenso cariño y aprecio.
Continuará
