Lo primero que me llamó la atención del lugar fue el olor. Parecía la caja de arena para gatos más grande del mundo.
El interior del camión estaba oscuro, hasta que Percy destapó a Anaklusmos. La espada arrojó una débil luz broncínea sobre una escena muy triste frente a nuestros ojos. En una fila de jaulas asquerosas había cuatro de los animales de zoo más patéticos que había visto jamás en mi vida (a pesar de que no he ido mucho al zoo en mi vida): una cebra, un mono, un león albino y una especie de antílope raro.
Alguien le había tirado al león y al mono un saco de nabos que claramente no querían comerse. La cebra y el antílope tenían una bandeja de polispán de carne picada. Las crines de la cebra tenían chicles pegados, como si alguien se hubiera dedicado a escupírselos. Por su parte, el antílope tenía atado a uno de los cuernos un estúpido globo de cumpleaños plateado que ponía: "¡AL OTRO LADO DE LA COLINA!".
Al parecer, nadie había querido acercarse lo suficiente al león, y el pobre animal se removía inquieto sobre unas mantas raídas y sucias, en un espacio demasiado pequeño, entre jadeos provocados por el calor que hacía en el camión. Tenía moscas zumbando alrededor de los ojos enrojecidos, y los huesos
se le marcaban.
Pero lo que más me llamó la atención era el mono. Era de un color gris azulado bastante singular, su piel era marrona y parecía viejo a pesar de su pequeño tamaño. Su larga cola se mecía lentamente hacia los lados. Sus ojos eran de un alarmante color dorado que no paraban de mirarme desde que entré al camión. No parecía importarle el estado maltratado en el cual estaba sino solo en mi.
Era escalofriante siendo sinceros.
- ¿Esto se supone que es amabilidad? - Exclamó Grover indignado. - ¿Transporte zoológico humano? -
Seguro que habría salido otra vez a darle una paliza a los camioneros con su flauta de juncos a pesar de ser una cabra hippie, y desde luego yo le habría ayudado, pero justo entonces el camión arrancó y el tráiler empezó a sacudirse, así que nos vimos obligados a sentarnos o en cambio caer al suelo.
Nos apiñamos en una esquina junto a unos sacos de comida mohosos, intentando hacer caso omiso del hedor, el calor y las moscas. Grover intentó hablar con los animales mediante una serie de balidos, pero se lo quedaron mirando con tristeza, excepto el mono que solo lo miró un segundo y volvió a verme a mí intensamente. Como si esperará que hiciera algo. Annabeth estaba a favor de abrir las jaulas y liberarlos al
instante, pero yo dije que no serviría de nada hasta que el camión parara. Además, Percy señaló que tenia la sensación de que teníamos mucho mejor aspecto como aperitivo para el león que aquellos nabos.
Ignoré ese comentario y empecé a ayudar a los animales. Encontré una jarra de agua y les llené los cuencos, posteriormente me dispuse a cambiar y poner en orden las comidas de los animales. Usando a Diathikes alcance los cuencos de comida y se los puse a los animales correspondientes. Le di la carne al león y los nabos a la cebra y el antílope. En cuanto al mono … No parecía entusiasmado con los nabos ni tampoco quería carne, así que Percy propuso darle unas cuantas galletas Oreo, las cuales si acepto comerse.
Mire al pequeño mono comer la crema de las galletas con entusiasmo lo cual me sacó una sonrisa. El animalito me miró entonces.
- … Hey, amiguito. Te sacaremos de aquí, lo prometo. - Dije con seriedad. Fue por un segundo, y creí imaginarlo, pero por un momento sus pupilas se volvieron cruces doradas.
Fue tanta la sorpresa que parpadeé varias veces, pero daba lo mismo. Los ojos del mono eran tan normales como ordinarios, con la excepción de ser dorados.
Grover calmó al antílope, mientras Annabeth le cortaba el globo del cuerno con su cuchillo. Quería también cortarle los chicles a la cebra, pero decidimos que sería demasiado arriesgado con los saltos que daba el camión. Le dijimos a Grover que les prometiera a los animales que seguiríamos ayudándolos por la mañana, después nos preparamos para pasar la noche.
Grover se acurrucó junto a un saco de nabos; Annabeth tomó la caja abierta de Oreos con relleno doble y mordisqueó una sin ganas; Percy se colocó a su lado comió junto a ella unas galletas, de seguro deseaba que fueran Oreos azules. Yo intenté sentirme aliviado pensando que ya estábamos a medio camino de Los Angeles. A medio camino de nuestro destino. Sólo estábamos a 14 de junio. El solsticio no era hasta el 21. Aún teníamos tiempo de sobra.
Por otro lado, no tenía idea de qué esperar cuando lleguemos. Los dioses no paraban de jugar con nosotros ni por un segundo. Por lo menos Hefesto había tenido la decencia de ser honesto … A su manera. El había puesto cámaras y había anunciado a Percy y Annabeth como entretenimiento para el Olimpo. Sin embargo, desde que salimos del campamento me ha entrado la sensación de que éramos observados, pero era ahora que el sentimiento se hacía más fuerte. No pude evitar hacer un mueca al llegar a la conclusión de que nosotros los semidioses no éramos más que una fuente de diversión para los dioses y el destino.
Solté un suspiro triste por eso, ahora creo que se como se sienten esos animales enjaulados junto a nosotros.
- Chicos … - Nos llamó Annabeth. - Siento haber perdido el control en el parque acuático. -
- No pasa nada. - Le respondió Aquaboy, restándole importancia.
- Es que … - Se estremeció visiblemente. - ¿Saben?, las arañas … -
- ¿Por la historia de Aracne? - Supuse yo. - Acabó convertida en araña por desafiar a tu madre a ver quién tejía mejor, ¿Verdad? -
Annabeth asintió con gravedad.
- Los hijos de Aracne llevan vengándose de los de Atenea desde entonces. Si hay una araña a un kilómetro a la redonda, me encontrará. Detesto a esos bichejos. De todos modos, te debo una Percy. -
- Somos un equipo, ¿Recuerdas? - Dijo Percy con una sonrisa. - Además, el vuelo molón lo ha hecho Grover y la gran atrapada de Dio fueron nuestra salvación. -
Hahaha, muy gracioso. Aún me duele un poco la espalda por estos dos.
Desde la esquina escuche a Grover murmurar, pensé que esta dormido: - ¿A que he estado genial? - Dijo con un leve tono altanero. Percy, Annabeth y yo nos reímos de eso.
La hija de Atenea sacó una Oreo, la partió y me lanzó la mitad. La otra mitad se la comió Percy.
- En el mensaje Iris … ¿De verdad Luke no dijo nada? - Pregunto ella en un tono nervioso pero con recelo.
Mordisqueé mi galleta y pensé en cómo proceder a responder, porque parecía que Aquaboy no sabía muy bien que decir. La conversación del arco iris me había tenido preocupado durante toda la tarde.
- Luke nos dijo que él y tú os conocéis desde hace mucho. También dijo que Grover no fallaría esta vez. Que nadie se convertiría en pino … Lo que sea que signifique. -
Al débil resplandor de la espada de Percy era difícil leer sus expresiones.
Grover baló lastimeramente. - Debería haber contado la verdad desde el principio … Y cuando tuve la oportunidad decirtela Dio, me acobardé. - Le tembló la voz al pobre chico cabra. - Pensaba que si sabías lo bobo que era, no me querrían a su lado. -
- Fuiste el sátiro que intentó rescatar a Thalia, la hija de Zeus. - Dijo Percy, cuya suposición era correcta.
G-man asintió con tristeza.
- Y los otros dos mestizos de los que se hizo amiga Thalia, los que llegaron sanos y salvos al campamento … - Miré a Annabeth. - Eran tú y Luke, ¿Verdad? -
Annabeth dejó su Oreo sin comer. Al instante me sentí mal por haber sido demasiado crudo.
- Como sabrán, una mestiza de siete años no habría llegado muy lejos sola. Atenea me guió hacia la ayuda. Thalia tenía doce; Luke, catorce. Los dos habían huido de casa, como yo. Les pareció bien llevarme. Eran … Unos luchadores increíbles contra los monstruos, incluso sin entrenamiento. Viajamos hacia el norte desde Virginia, sin ningún plan real, evitando monstruos hasta que Grover nos encontró. -
- Se suponía que tenía que escoltar a Thalia al campamento. - Dijo Grover entre sollozos. - Sólo a Thalia. Tenía órdenes estrictas de Quirón: no hagas nada que ralentice el rescate. Verás, sabíamos que Hades estaba detrás de ella, pero no podíamos dejar a Luke y Annabeth solos. Pensé … que podría llevarlos a los tres sanos y salvos. Fue culpa mía que nos alcanzaran las Benévolas. Me quedé en el sitio. Me asusté de vuelta al campamento y me equivoqué de camino. Si hubiese sido un poquito más rápido … -
- Ya basta. - Lo interrumpió Annabeth con firmeza. - Nadie te echa la culpa. Thalia tampoco te culpaba. -
- Se sacrificó para salvarnos. Murió por mi culpa. Así lo dijo el Consejo de los Sabios Ungulados. -
- ¿Porque no pensabas dejar a otros dos mestizos atrás? - Dije indignado.
- Eso es injusto. - Espetó Percy frunciendo el ceño.
- Tienen razón. - Dijo Annabeth de acuerdo. - Yo no estaría aquí hoy de no ser por ti, Grover. Ni Luke. No nos importa lo que diga el Consejo. -
Grover siguió sollozando en la oscuridad. - ¡Menuda suerte tengo! Soy el sátiro más torpe de todos los tiempos y voy a dar con los dos mestizos más poderosos del siglo, Thalia y Percy. ¡Simplemente genial! -
- No eres torpe. - Le insistió Annabeth. - Y eres más valiente que cualquier otro sátiro que haya conocido. Nómbrame alguno que se atreva a ir al inframundo. Seguro que Percy también se alegra de que estés aquí. - Note como ella le dio una patada en la espinilla para que respondiera afirmativamente. Aunque creo que era un poco innecesaria.
- Sí. - Contestó, Percy.
- Ellos tienen razón, Grover. - Empece a decir yo. - No fue la suerte lo que hizo que te encontraras a Thalia o con Percy, Grover. Eres el sátiro con más buen corazón del mundo. Eres un buscador nato. Por eso serás el que encuentre a Pan, eso lo puedo asegurar. -
Oí un hondo suspiro de satisfacción. Esperé que Grover dijera algo, pero sólo volvió más pesada su respiración. Cuando empezó a roncar, me di cuenta de que se había quedado dormido.
- ¿Cómo lo hará? - Dijo Percy asombrado.
- No lo sé. - Le respondió Annabeth antes de mirarme. - Pero ha sido muy bonito eso que le has dicho, Dio. -
- Lo dije en serio. -
Guardamos silencio varios kilómetros, zarandeados contra los sacos de comida. La cebra comía nabos. El león lamía lo que quedaba de carne picada y me miraba esperanzado, mientras el mono seguía mirándome con intensidad.
Annabeth se frotó el collar como si estuviera concentrada pensando en algo.
- Esa cuenta del pino. - Le pregunto Percy. - ¿Es de tu primer año? -
Miró el collar. No se había dado cuenta de lo que estaba haciendo, había sido una acción inconsciente.
- Sí. - Nos contestó. - Cada agosto, los consejeros eligen el evento más importante del verano y lo pintan en las cuentas de ese año. Tengo el pino de Thalia, un trirreme griego en llamas, un centauro con traje de graduación … Bueno, ése sí que fue un verano raro … -
- Así parece. - Murmuré con una sonrisa.
- ¿Y el anillo universitario es de tu padre? - Volvió a preguntar Aquaboy. Y aunque no quería molestar a Annabeth indagando en su vida personal, sentía que era algo que debía de sacar de su pecho.
- Eso no es asunto … - Se detuvo. - Sí. Sí que lo es. -
- No tienes que contarlo si no quieres. - Dije con calma. Entendía que los padres podían ser un tema duro.
- No … No pasa nada. - Inspiró con dificultad. - Mi padre me lo envió metido en una carta, hace dos veranos. El anillo era … En fin, su mayor recuerdo de Atenea. No habría superado su doctorado en Harvard sin ella … Bueno, es una larga historia. En cualquier caso, dijo que quería que lo tuviera. Se disculpó por haber sido un estúpido, dijo que me quería y me echaba de menos. Quería que volviera a casa y viviera con él nuevamente.
- Eso no suena tan mal. - Comentó Percy.
- Sí, bueno … El problema es que me lo creí. Intenté volver a casa aquel año académico, pero mi madrastra seguía como siempre. No quería que sus hijos corrieran peligro por vivir con un bicho raro. Los monstruos atacaban. Peleábamos. Los monstruos atacaban. Peleábamos. No llegué a las vacaciones de Navidad. Llamé a Quirón y volví directamente al Campamento Mestizo. - Se explayó brevemente.
- ¿Crees que podrás vivir con tu padre otra vez? - Preguntó Percy.
Annabeth no nos miraba. Ella bufo. - Por favor. Paso de autoinfligirme más daño. -
- No deberías desistir. - Le dije hundiendome en mis propios pensamientos pensando de si así sería yo si mi padre estuviese conmigo. Acaricié el antifaz en mi cabeza para alejar esos pensamientos. - Creo que deberías escribirle una carta o algo así. -
- Gracias por el consejo. - Me dijo fríamente. - Pero mi padre ha escogido con quién quiere vivir. -
Guardamos silencio durante unos cuantos kilómetros.
- Así que si los dioses pelean. - Dijo como para cambiar de tema, pero no era una conversación muy agradable. - ¿Se alinearán del mismo modo que en la guerra de Troya? ¿Irá Atenea contra Poseidón? -
Annabeth apoyó la cabeza en la mochila que Ares nos había dado y cerró los ojos.
- No sé qué hará mi madre. Sólo sé que yo lucharé en su bando. -
- ¿Por qué? -
- Porque ustedes son mis amigos, sesos de alga, Mowgli. ¿Alguna otra pregunta tonta? - Respondió ella con obviedad.
Ni a Percy ni a mí no se nos ocurría nada qué decir. Afortunadamente no tuvimos que hacerlo. Annabeth se había dormido.
- Al parecer nos hemos vuelto más cercanos, ¿Eh? - Comente con una sonrisa.
- Si … - Dijo Percy somnoliento.
Sonreí divertido, parecía una foca bebé. - Será mejor que descansemos, nos queda mucho camino hasta los Angeles. -
- Si … Buenas noches. - Aunque le costó un poco, Aquaboy pudo conciliar el sueño en poco tiempo.
Yo tuve un par de problemas para seguir su ejemplo, con Grover roncando ruidosanente, un león albino mirándome hambriento y un mono extraño acosándome con la mirada pero al final cerré los ojos.
Y la pesadilla inició como siempre.
La pesadilla se inició como algo que había soñado antes un millón de veces: Estaba sentado en las calles oscuras de New York, cansado y herido.
Todo estaba en silencio con autos abandonados en las calles llenas de polvo dorado rodeandome, pero entonces el sueño se desviaba de su camino habitual.
Sentí un peso apoyarse en mi espalda, miré sobre mi hombro y vi a una chica sentada detrás de mí y usándome para reposar su espalda, también estaba cansada y herida como yo. Tenía mi edad, el pelo negro y revuelto, peinado a lo punk, los ojos azules más brillantes y tormentosos que haya visto en mi vida pintados con lápiz oscuro, y pecas en la nariz, una especie de tiara de plata rodeaba su cabeza. De algún modo, sabía quién era: Thalia, la hija de Zeus.
Ella respiraba con dificultad apretando el arco que me acababa de percatar que tenía en mano, me lanzó una cansina mirada de frustración y habló:
- Bueno, Mama Dio. Esto podría ser peor. -
De repente, la tierra tembló. Ambos volteamos nuestras miradas y al final de la calle un gigante llegó armado con armadura griega de cuerpo completo y una gran lanza en mano.
- ¡DIOMEDES WILSON! - Rugió con ira.
Mire a Thalia con una mirada fulminante. - ¿Tenias que hablar, no es así? -
- ¡Cállate! - Respondió ella, teniendo la dignidad de sonrojarse y voltear la mirada hacia otra parte para no mirarme a los ojos.
Suspiré cansado, pero sonreí a los segundos después. El sonrojo en la cara de Thalia iluminaba un poco sus pecas haciéndola parecer un árbol de navidad al estilo punk. Era lindo a su manera.
Pero no nos desviemos, volteé la mirada hacia el gigante el cual empezó a cargar hacia nosotros.
- ¡MUERE, ENGENDRO! -
No desespere, saque dos anillos de los cuatro que tenia en los dedos de mi mano derecha y atrape uno en cada mano. En mi mano derecha estaba mi confiable lanza, Diathikes. Pero en mi mano izquierda apareció una espada que en vez de ser de bronce, era de un brillante oro que iluminaba levemente la calle con el reflejo de la luz.
Y sabía su nombre … Marmyadose, la espada de los grandes héroes antiguos.
Sin pensarlo más, cargue contra mi enemigo. Era rápido, me sentía fuerte … ¡Y no le tenia miedo!
- ¡Atlas! -
- ¡Diomedes Wilson! -
Mientras mi lanza se encontró con la suya no pude evitar pensar:
- 'No dejaré que los dioses decidan mi destino. Donde haya voluntad, habrá un camino por el cual avanzar. Por lo tanto … ¡No caeré ahora!' -
Luego la escena cambió.
Mis armas desaparecieron. La voz estridente de mi enemigo se volvió más fría y malvada, resonando desde las profundidades de un gran abismo.
- Percy Jackson y Diomedes Wilson. - Decía aquella voz. - Sí, veo que el intercambio ha funcionado. -
Me estremecí, era la voz de aquel sujeto en abismo de los fríos ojos dorados. Fue tanta la impresión que casi no me percató de que ya no estaba en las calles oscuras de New York.
Estaba otra vez en la caverna oscura, los espíritus de los muertos vagaban
alrededor. Tratando de ocultarse en el abismo, podía ver a aquel hombre de malignos ojos dorados hablando, pero afortunadamente no era a mi. El poder entumecedor de su voz parecía dirigido hacia otro lugar.
- ¿Y no sospecha nada? - Preguntaba.
Otra voz, una que me resultaba conocida, respondió a mi espalda: - Nada, mi señor. Está totalmente en la inopia. -
Yo miraba, pero no había nadie. El que hablaba era invisible. Genial … ¡Concéntrate!
- Un engaño tras otro. - Musitaba el hombre del pozo. Excelente.
- En serio, mi señor. - Decía la voz a mi lado. - Hacen bien en llamaros el Retorcido, pero ¿Era esto realmente necesario? Podría haberle traído lo que robé directamente … - Intento hablar, pero el hombre de ojos dorados lo interrumpió con sorna.
- ¿Tú? - Se burló el monstruo. - Has mostrado tus límites con creces. Me
habrías fallado por completo de no haber intervenido yo. -
- Pero, mi señor … -
- Haya paz, pequeño sirviente. Estos seis meses nos han rendido mucho. La ira de Zeus ha aumentado. Poseidón ha jugado su carta más desesperada. Hestia no sabe que hacer para calmar la marea. Ahora la usaremos eso contra ellos. Pronto obtendrás la recompensa que deseas, y tu venganza. En cuanto ambos objetos me sean entregados … Pero espera. Están aquí.
- ¿Qué? - El sirviente invisible de repente parecía tensarse. - ¿Lo has convocado a ellos, mi señor? -
- No. - El hombre centró toda la fuerza de su atención en mí y al parecer en algo más que no pude ver, dejándome inmóvil en el sitio. - Maldita sea la sangre de su padre: es demasiado voluble, demasiado impredecible. Y la sangre de la madre de el … Demasiada cercana a mi naturaleza, después de todo, la familia siempre está unida lo quieras o no. - Lo escuché murmurar con desprecio. - Ambos chicos han venido sólos. -
- ¡Imposible! - Gritó el sirviente.
- ¡Para un debilucho como tú, puede ser imposible! - Rugío la voz del hombre de ojos dorados. Entonces su frío poder se volvió hacia mí. - Así que … ¿Quieren soñar con su misión, jóvenes mestizos? Pues se los concederé. -
No tuve tiempo de pensar de porque hablaba en plural cuando la escena cambió por completo.
Estaba de pie en un enorme salón del trono con paredes de mármol negro y suelos de bronce. El trono, vacío y horrendo, estaba hecho de huesos humanos de soldados. De pie, junto al pedestal, estaba Sally, helada en una luz dorada reluciente, con los brazos extendidos.
Intenté acercarme a ella, pero las piernas no me respondían. Estiraba los brazos para alcanzarla, pero sólo para comprobar que se me estaban secando hasta los huesos. Esqueletos sonrientes con armaduras griegas se cernían sobre mí, me envolvían en una túnica de seda y me coronaban con laureles que olían como el veneno de Quimera y me quemaban la piel.
La voz malvada se echaba a reír. - ¡Salve, el monstruoso héroe de la destrucción! -
Desperté con un sobresalto.
Grover me sacudía por el hombro. Annabeth hacia lo mismo con Percy.
- El camión ha parado. - Dijo G-Man apresuradamente. - Creemos que vendrán a ver los animales. -
- ¡Escóndete! - Susurró Annabeth con urgencia.
Ella lo tenía fácil. Se puso la gorra de invisibilidad y desapareció. Percy, Grover y yo tuvimos que escondernos detrás de unos sacos de comida y confiar en parecer nabos.
Las puertas traseras chirriaron al abrirse. La luz del sol y el calor se colaron dentro del lugar.
- ¡Qué asco! - Rezongó uno de los camioneros mientras sacudía la mano por delante de su horrenda nariz. - Ojalá transportáramos electrodomésticos. - Subió y echó agua de una jarra en los platos de los animales. - ¿Tienes calor, chaval? - Le preguntó al león, y le vació el resto del cubo directamente en la cara.
El león rugió, indignado. Yo frunci el ceño mientras apretaba los puños. El mono en unas de las jaulas dejó de mirarme fijamente y empezó a fulminar a aquel hombre.
- Vale, vale, tranquilo. - Dijo el hombre con una sonrisa burlona.
Al parecer no era el único molesto, porque a mi lado, bajo los sacos de nabos, Grover se puso tenso. Para ser un herbívoro amante de la paz, parecía bastante a un mortífero depredador … O una cabra bastante loca, la verdad.
El camionero le lanzó al antílope una bolsa de Happy Meal aplastada. Luego le dedicó una sonrisita malévola a la cebra.
- ¿Qué tal te va, Rayas? Al menos de ti nos deshacemos en esta parada. ¿Te gustan los espectáculos de magia? Éste te va a encantar. ¡Van a serrarte por la mitad! -
Me tense, estos bastardos …
La cebra, aterrorizada y con los ojos como platos, nos miró fijamente. No emitió sonido alguno, pero pude sentir que quería decir: "¡Por favor, liberadme!".
- 'Ayúdalo, señor.' - Me estremecí cuando escuché una voz en mi cabeza resonar. Volteé y miré al mono que me devolvía la mirada, pero sus ojos …
Eran pupilas con cruces de oro.
Pero antes de que pudiera reaccionar al respecto, se oyeron unos fuertes golpes a un lado del camión.
El camionero gritó: - ¿Qué quieres, Eddie? -
Una voz desde fuera, sería la de Eddie supongo, gritó en respuesta: - ¿Maurice? ¿Qué dices? -
- ¿Para qué das golpes? -
Toc, toc, toc.
Desde fuera, Eddie gritó: - ¿Qué golpes? -
Nuestro tipo, Maurice, puso los ojos en blanco y volvió fuera, maldiciendo a Eddie por ser tan imbécil.
Un segundo más tarde, Annabeth apareció al lado de Percy. Debía de haber dado los golpes para sacar a Maurice del camión.
- Este negocio de transporte no puede ser legal. - Dijo ella con seriedad.
- No me digas. - contestó Grover. Se detuvo, como si estuviera escuchando algo. - ¡El león dice que estos tíos son contrabandistas de animales! -
Mire a la cebra, y sentía que estaba de acuerdo con el león.
- La cebra dice que es verdad. - Dijo Percy sorprendido.
Lo miré. - ¿Hablas con cebras? -
- ¡Es Poseidón! - Dijo Annabeth. - El creo a los caballos, así que es normal que los entiendas. -
- ¿Estas diciendo que una cebra es un caballo? - Cuestionó Percy confundido.
- Son equinos, son de la misma familia. -
- Yo puedo sentir más o menos lo que quiere decir, ¿Que significa? - Pregunté curioso.
- Bueno … - Comenzó Annabeth vacilante. - Se sabe que el animal sagrado de Hestia son los asnos, ¿Quizás puedas sentir un poco las emociones de los equinos? - Dijo pero no parecía muy convencida de ello.
- 'Es cierto.' - Me estremecí cuando escuché esa voz de nuevo directamente en la cabeza.
Volteé hacia el mono, no paraba de mirarme con sus ojos similares a los míos. ¿En serio me estaba hablando a mí?
- 'Si.' -
Ah, genial.
- ¡Tenemos que liberarlos! - Sugirió Grover, y tanto él como Percy y Annabeth se quedaron mirándome, esperando que los dirigiera.
Ah, genial.
- La cebra dice que abramos la jaula, que el puede estar por su cuenta solo. - Tradujo Percy de equino al Inglés. Y aunque suene descabellado sentía que era verdad.
Pero …
- 'Hágalo, señor. Cause desastre, como debe ser.' - Decía el mono, lo cual me perturbaba. - 'No podrá obtener la regresión del pecado original sino tiene la misma mentalidad que él.' -
Me sobresalte de la impresión, este mono … Sabia lo que esa mujer con cuernos de ciervo me dijo. Sin embargo, no tenia tiempo para reflexionar sobre aquello. Tenia que pensar rápido al respecto con la situación de ahora.
Afuera, Eddie y Maurice aún seguían gritándose, pero sabía que volverían en cualquier momento para atormentar otra vez a los animales. Mire a Percy y asentí de acuerdo.
Aquaboy empuñó su espada y destrozó el cerrojo de la jaula de la cebra. El pobre animal salió corriendo. Se volvió y le hizo una reverencia con la cabeza a Percy. El animal estaba bastante agradecido.
- '¿Me haría el favor …?' - Dijo el mono. Cuando lo mire tenia una sonrisa burlona.
Suspiré y saqué a Ischyros, las nudilleras. Y le pegué un golpe al cerrojo de la jaula destrozandola. El mono aulló de felicidad y salió, se posó en mi hombro y empezó a comerse mis piojos.
Creo que es su forma de agradecer.
Grover levantó las manos y le dijo algo a la cebra y al mono en idioma cabra, una especie de bendición.
Justo cuando Maurice volvía a meter la cabeza dentro para ver qué era aquel ruido, el mono saltó sobre el lomo de la cebra, la cuál saltó por encima de él y salió a la calle.
Se oyeron gritos y bocinas. Nos abalanzamos sobre las puertas del camión a tiempo de ver a la cebra galopar por un ancho bulevar lleno de hoteles, casinos y letreros de neón a
cada lado con un mono loco como jinete que no paraba de reír. Acabábamos de soltar una cebra y a un mono en Las Vegas.
Lo que pasa en Las Vegas se queda en las Las Vegas … ¿Verdad?
Maurice y Eddie corrieron detrás de ellos, y a su vez unos cuantos policías detrás de ellos, que gritaban: - ¡Hey, para eso necesitan un permiso! -
- Este sería un buen momento para marcharnos. - Dijo Annabeth ansiosa por irse.
Yo igual, no quería que unos policías investigaran el camión con contrabando de animales con nosotros adentro.
- Los otros animales primero. - Intervino Grover.
Percy se hizo cargo y rompió los cerrojos con su espada. Grover levantó las manos y les dedicó la misma bendición caprina que a la cebra y al mono.
- Buena suerte. - Les dije a los animales. El antílope y el león salieron de sus jaulas con ganas y se lanzaron juntos a la calle.
Algunos turistas gritaron. La mayoría sólo se apartaron y sacaron fotos, probablemente convencidos de que era algún espectáculo publicitario de los casinos, era mejor que pensaran así.
- ¿Estarán bien los animales? - Le pregunto Aquaboy a Grover. - Quiero decir, con el desierto y tal … -
No había pensado en eso …
- No te preocupes. - Contestó la cabra. - Les he puesto un santuario de sátiro. -
- ¿Que significa? - Pregunte curioso.
- Significa que llegarán a la espesura a salvo. - Respondió. - Encontrarán agua, comida, sombra, todo lo que necesiten hasta hallar un lugar donde vivir a salvo. -
- ¿Por qué no nos echas una bendición de ésas a nosotros? - Le preguntó Percy, de hecho, no sonaba tan mal.
- Sólo funciona con animales salvajes. -
- ¡Oh! Así que sólo afectaría a Percy. - Dije golpeando mi puño con la palma de mi otra mano. - ¡Eso tiene mucho sentido! -
Annabeth y Grover rieron.
- ¡Hey! - Protesto Aquaboy mirándome como una foca enojada.
- Es una broma, es broma. - Dije sonriendo.
- Vamos. - Dijo Annabeth sonriendo. - Salgamos de este camión asqueroso. -
Salimos a trompicones a la tarde en el desierto. Debía de haber cuarenta y cinco grados, así que seguramente parecíamos vagabundos refritos por las calles de Las Vegas, pero todo el mundo estaba demasiado interesado en los animales salvajes que misteriosamente aparecieron por la ciudad como para prestarnos atención a nosotros.
Pasamos junto al Monte Casio y el MGM. Dejamos atrás unas pirámides, un barco pirata y la estatua de la Libertad, una réplica bastante pequeña pero que me provocó la misma añoranza.
No estaba seguro de qué íbamos buscando. Tal vez sólo un lugar donde librarnos del calor por unos instantes, encontrar un sandwich y un vaso de limonada y trazar un nuevo plan para llegar a Los Ángeles.
Debimos de girar en el lugar equivocado, porque de repente nos encontramos en un callejón sin salida, delante del Hotel Casino Lotus. La entrada era una enorme flor de neón cuyos pétalos se encendían y parpadeaban. Nadie salía ni entraba, pero las brillantes puertas cromadas estaban abiertas, y del interior emergía un aire acondicionado con aroma de flores: flores de loto, quizá. Jamás las había olido, así que no estaba seguro, pero era embriagador.
El portero nos sonrió. - Ey, chicos. Parecéis cansados. ¿Queréis entrar y sentaros un rato? -
Durante la última semana había aprendido a sospechar. Suponía que cualquiera podía ser un monstruo o un dios. No se podía saber. Pero aquel tipo era normal. Saltaba a la vista. Pero aún así no pude evitar sentir que algo andaba mal.
No obstante, no tuve tiempo de pensar mucho en ello cuando Percy tomó a Grover y Annabeth por la muñeca y los jalo hacia el interior.
Suspiré, y sin mas opción tuve que seguirlos. Dentro, apenas eche un vistazo y escuche a Grover exclamar: - ¡Wow! -
El recibidor entero era una sala de
juegos gigante. Y no me refiero a los comecocos cutres o las máquinas tragaperras. Había un tobogán de agua que rodeaba el ascensor de cristal como una serpiente, de una altura de por lo menos cuarenta plantas. Había un muro de escalar a un lado del edificio, así como un puente desde el que hacer puenting. Y cientos de videojuegos, cada uno del tamaño de una televisión gigante. Básicamente, tenía todo lo que se te pueda ocurrir. Vi a otros chicos jugando, pero no muchos. No había que esperar para ningún juego. Por todas partes se veían camareras y bares que servían todo tipo de comida.
- ¡Eh! - Dijo un botones. Por lo menos eso me pareció. Llevaba una camisa hawaiana blanca y amarilla con dibujos de lotos, pantalones cortos y chanclas. - Bienvenidos al Casino Lotus. Aquí tienen la llave de su habitación. -
- Esto, pero … - Mascullé sin saber que decir.
- No, no. - Dijo sonriendo. - La cuenta está pagada. No tienen que pagar nada ni dar propinas. Sencillamente suban a la última planta, habitación cinco mil uno. Si necesitan algo, como más burbujas para la bañera caliente, o platos en el campo de tiro, lo que sea, llamen a recepción. Aquí tienen sus tarjetas LotusCash. Funcionan en los restaurantes y en todos los juegos y atracciones. -
Nos entregó a cada uno una tarjeta de crédito verde. Sabía que tenía que tratarse de un error. Evidentemente pensaba que éramos los hijos de algún millonario. Pero acepté la tarjeta y pregunté: - ¿Cuánto hay aquí? -
- ¿Qué quiere decir? - inquirió con ceño, al parecer no entendiendo mi pregunta.
- Quiero decir que … ¿Cuánto se puede gastar aquí? -
Sin embargo, en vez responder se rió en respuesta. - Ah, estaba bromeando. Bueno, eso mola. Disfruten de su estancia. -
Ay, wey … Si antes tenia un mal presentimiento, ahora era más fuerte. Pero Percy, Grover y Annabeth estaban entusiasmados por una verdadera cama en la cual descansar y verdadero baño en el cual bañarse.
Subimos al ascensor y buscamos nuestra habitación. Era una suite con cuatro dormitorios separados y un bar lleno de caramelos, refrescos y patatas. Línea directa con el servicio de habitaciones. Toallas mullidas, camas de agua y almohadas de plumas. Una gran pantalla de televisión por satélite e internet de alta velocidad. En el balcón había otra bañera de agua caliente y, como había dicho el botones, una máquina para disparar platos y una escopeta, así que se podían lanzar palomas de arcilla por encima del horizonte de Las Vegas y llenarlas de plomo. Yo no creía que aquello fuera legal, pero desde luego molaba. La vista de la Franja, la calle principal de la ciudad, y el desierto era alucinante, aunque dudaba que tuviera tiempo para admirar la vista con una habitación como aquélla.
- ¡Por la santa Athena! - Exclamó Annabeth. - Este sitio es … -
- Genial. - Concluyó Grover.
- Absolutamente genial. - Dijo Percy de acuerdo.
- Si, pero … - Intente hablar para razonar con ellos, pero ninguno me escuchó. Se habían ido a sus propias habitaciones dejándome solo. Solté un suspiro exasperado. - ¿Que clase de líder puedo ser si nadie me escucha? -
Sin más opciones, me fui a la habitación restante. Revise el armario donde había de mi talla. Puse cara de extrañeza.
Tiré la mochila de Ares a la basura. Ya no iba a necesitarla. Cuando nos marcháramos, podría apuntar otra a mi cuenta en la tienda del hotel. Me di una ducha, que me sentó fenomenal tras una semana de viaje mugriento.
Me cambié de ropa, comí una bolsa de natuchips, bebí tres refrescos de uva y un helado de melocotón, a la final acabé sintiéndome mejor que en mucho tiempo. En el fondo de mi mente, algún problemilla seguía incordiándome. Habría tenido un sueño o algo … Tenía que hablar con mis amigos sobre algo. Pero estaba seguro de que podía esperar.
Salí de la habitación y descubrí que Percy, Annabeth y Grover también se habían duchado y cambiado de ropa. Grover comía patatas con emoción mientras Percy tomaba una malteada de mora azul, mientras Annabeth encendía el canal del National Geographic.
- Con todos los canales que hay. - Le empezó a decir Percy. - Y tú pones el National Geographic. ¿Estás loca? -
- Emiten programas interesantes. -
- Mejor pon el canal de cocina. - Dije.
- ¿En serio? - Me miró Aquaboy en forma de reproche.
- Hey, emiten recetas interesantes y muy buenas. -
- Me siento bien. - Comentó Grover. - Me encanta este sitio. -
Sin que se diera cuenta siquiera en ello, las alas de sus zapatillas se desplegaron y por un momento lo levantaron treinta centímetros del suelo.
- ¿Y ahora qué? - Preguntó Annabeth. - ¿Dormimos? -
Deje salir un bostezó cansado. - No estaría mal. -
Pero entonces, Percy y Grover se miraron y sonrieron. Ambos levantaron sus propias tarjetas de plástico verde LotusCash.
- Hora de jugar. - Dijo Aquaboy sonriendo ampliamente como una foca loca.
- Ay, no … -
No recordaba la última vez que me lo había pasado tan bien en mi vida. Venía de un orfanato. El orfanato era muy conservador, y solo teníamos una noche una vez al mes en que comíamos alguna comida chatarra como pizzas o hamburguesas, o simplemente alquilar una película y verla en la amplia sala del orfanato. Y las noches con la familia Jackson eran más o menos similares. ¿Un hotel de Las Vegas de cinco estrellas? Ni hablar. Ni en mis más locos sueños, y eso que he tenido varios.
Jugué varios juegos de luchas y de cocina donde arrasaba con todo, pero se volvió aburrido rápidamente. Así que recorrí el lugar en busca de algo con que entretenerme.
A lo lejos vi a Percy jugar a un juego de realidad virtual con pistolas láser. Vi a Grover unas cuantas veces, pasando de juego en juego. Le encantó el cazador cazado: donde el ciervo sale a disparar a los sureños. Tremendo nuestro amigo cabra pacifista. Vi a Annabeth jugar a juegos de trivialidades y otras cosas para cerebritos. Tenían un juego enorme de simulación en 3D en el que construías tu propia ciudad y, de hecho, veías los edificios holográficos levantarse en el tablero. A mí no me pareció gran cosa, pero a ella le encantó por supuesto. Como futura arquitecta, me imagine que era el juego perfecto para ella.
No sé en qué momento me di cuenta de que algo iba mal. Probablemente fue en el momento en que un chico tropezó conmigo y sus cosas callaron al suelo.
- ¡Lo siento! - Dije ayudándolo a levantarse.
- No te preocupes, no iba hacia donde corría. - Dijo el chico. Tenia el cabello negro que parecía de haber salido de la cama, es decir, desordenado y desgreñado. Tenía la piel en un tono aceitunado y ojos marrón oscuro. - Estaba buscando a mi hermana, para mostrarle … ¡Mis cartas! - Exclamó el chico en pánico.
En ese momento reparé que las cosas del niño seguían tiradas en el suelo, cartas de alguna especie de juego y figuras. Algunas de ellas las reconoci, como las furias, Medusa, Dionisio, Ares, etc. Había una gran cantidad.
Si no me equivocaba eran cartas y figuras de Mitomagia, un juego de cartas y figuras del cual unos niños del orfanato jugaban mucho. Jamás les presté atención hasta ahora.
Empecé a ayudar al chico, quien me dijo que se llamaba Nico, a recoger sus cosas, pero cuando agarré la última carta me llamó la atención.
- Hestia … - Susurré sorprendido. En la carta estaba mi madre, una mujer con capucha con llamas naranjas saliendo de sus ojos y avivando una hoguera.
- ¡Oh, sí! Es mi nueva adquisición, ¡Y es alucinante! - Dijo Nico con una gran sonrisa. - Aunque tiene bajo ataque, de solamente mil y una defensa de dos mil. Cuando es la única carta en tu campo, ¡Tiene defensa infinita por tres turnos! - Exclamó el chico con gran emoción contagiosa, que me hizo sonreír. - Y otras de sus habilidades es que protege a todas tus cartas otorgándoles completa invulnerabilidad a los daños y a la destrucción por un turno, ¡Es increíble¡ ¡Además tengo su figura! -
Nico me mostró la figura de Hestia, era similar a la de la carta, solo que de treinta centímetros.
- Se ve increíble. -
- ¡Lo sé! - Exclamó el chico. - Quiero mostrársela a mi hermana Bianca, ¡Con Hestia en mi colección, solo me falta una figura más y estará completa! -
Sonreí divertido. - Pues te deseo suerte, Nico. -
Le entregué la carta, pero cuando puso sus dedos en la carta senti toda la escena cambiar.
Todo se había vuelto oscuro como la noche, haciéndome estremecer. Pero entonces, me percaté de una luz, era una mujer y un joven que se abrazaban.
La mujer tenia el cabello negro con forma de rizos que enmarcaban su rostro, junto a unos hermosos y cálidos ojos marrón miel. Tenía un aspecto dulce y encantador sin pretensiones, con una sonrisa honesta.
El joven se parecía demasiado a Nico ahora que me percataba, solo que su piel era extremadamente pálida y su cabello negro era más largo y liso. Sus ojos eran oscuros, pero tenían un brillo especial en ellos.
- Ya, ya, Hades. No te desesperes. - Decía la mujer, provocándome un sobresaltó al escuchar el nombre. - Te prometo que pronto saldremos de aquí, estoy segura. -
- Esta bien, hermana. - Respondió el tal Hades con una leve sonrisa. - ¡Pero juega conmigo un rato, Hestia! ¡Hera y Demeter no quieren pasar tiempo conmigo! -
Si antes estaba sorprendido, ahora estaba catatónico. Esa mujer era …
- Seguro, hermanito. - Respondió Hestia con una sonrisa cálida.
Pero entonces, todo se torció y la imagen de mi madre dejó de sonreír y me miró directamente a mí. Sus cálidos ojos color marrón miel cambiaron a latentes llamas doradas que salían de su cuencas, de manera diferente a Ares pero al mismo tiempo similar.
- ¿Cuanto tiempo piensas quedarte ahí, Diomedes? - Dijo ella con voz autoritaria que me hizo despertar de esa ensoñación.
- ¿Dio? ¿Estas bien? - Me pregunto Nico preocupado.
- Eh … ¡Si! - Respondí apresuradamente. - Un gusto conocerte, Nico. Pero me tengo que ir, ¡Cuidate! -
- ¿Eh? ¿Seguro … ? - Dijo no muy convencido, pero no pare a escucharlo.
Lo único que tenia en mente era salir de aquí.
- ¡Dio! - Escuche a alguien gritar mi nombre. Volteando me encontré con Percy. - ¡Hay que salir de aquí! -
- No me digas. - Le respondí con sarcasmo.
- ¡No lo entiendes! ¡Aquí hay personas de la década del cuarenta! - Exclamó Aquaboy en pánico.
¿Del cuarenta? Pero todos lucían muy jóvenes aquí, amenos que … ¿Es un lugar sin tiempo? Eso quiere decir que Nico … Entonces se me pasó por la cabeza: ¿cuánto tiempo llevábamos aquí? Parecía sólo un par de horas, pero ¿Cuánto había sido en realidad? Intenté recordar por qué estábamos aquí. íbamos a Los Ángeles. Teníamos que encontrar la entrada del inframundo. Sally … Por un horrible instante me costó recordar su nombre. Sally. Sally Jackson. Tenía que dar con ella y volver juntos como una familia, ella, Percy y yo. Temíamos que evitar que Hades causara la Tercera Guerra Mundial.
- Hay que encontrar a los demás. - Dije con seriedad.
Rapidamente nos encontramos a Annabeth aún construyendo su ciudad.
- Vamos. - Le dijo Percy. - Nos marchamos. - No hubo respuesta. Asi que la sacudió por los hombros. - ¿Annabeth? -
Pareció molestarse. - ¿Qué? -
- Tenemos que irnos. -
- ¿Irnos? ¿De qué estás hablando? Si acabo de construir las torres … -
- Este sitio es una trampa. - Le dije, pero no respondió hasta que Percy volvió a sacudirla.
- ¿Qué pasa? - Preguntó ella más irritada.
- Escucha. Tenemos una misión, ¿Recuerdas? - Decía Percy, pero la hija de Athena no le prestaba mucha atención.
- Oh, Percy, sólo unos minutos más. -
- Annabeth, aquí hay gente desde mil novecientos cuarenta. Niños que no han crecido más. Te inscribes y te quedas para siempre. - Se explayó Percy, demostrando la seria situación en la cual nos encontrábamos.
- ¿Y qué? - Replicó Annabeth sin interés. - ¿Te imaginas un lugar mejor? -
Entonces, Percy tuvo suficiente. La agarró de la muñeca y la apartó del juego.
- ¡Eh! - Le gritó, e intentó pegarle, pero nadie se molestó siquiera en mirar la escena. Estaban demasiado absortos en su ensueño.
Percy la obligó a mirarlo a los ojos. - Arañas. Enormes arañas peludas. - le dije. Eso la estremeció y le aclaró la mirada.
Vaya, ¿Quien lo diría? Funcionó.
- Oh, santo Olimpo. - Murmuró Annabeth entrando en razón. - ¿Cuánto tiempo llevamos … ? -
- No lo sé, pero tenemos que encontrar a Grover. -
Tras buscar un buen rato, lo vimos jugando al cazador cazado virtual.
- ¡Grover! - Llamamos al unísono.
Él contestó: - ¡Muere, humano! ¡Muere, asquerosa y contaminante persona! -
Ay, no. ¡Esta cabra está loca!
- ¡Grover! - Le llamé más fuerte.
Se volvió con la pistola de plástico y siguió apretando el gatillo, como si sólo fuera otra imagen en la pantalla.
Percy, Annabeth y yo nos miramos, y asentimos. Y entre los tres lo agarramos por los brazos y lo apartamos de ahí.
Sus zapatos voladores desplegaron las alas y empezaron a tirar de sus piernas en la otra dirección mientras gritaba: - ¡No! ¡Acabo de pasar otro nivel! ¡No! -
El botones del Loto se acercó presuroso. - Bueno, bueno, ¿Están listos para las tarjetas platino? -
- Nos vamos. - Le dije perforandole con la mirada, el botones se estremeció.
Sabia que mis ojos habían cambiado a la forma de cruces de oro muy peligrosas, así que fue muy sabio que el sujeto se apartará.
- Qué lástima. - Se recompuso él, y me dio la sensación de que era sincero, como si nuestra partida le doliese en el alma. - Acabamos de abrir una sala nueva entera, llena de juegos para los poseedores de la tarjeta platino. -
Nos mostró las tarjetas. Sabía que si aceptaba una, jamás me iría de aquí. Me quedaría allí, feliz para siempre, jugando para siempre, y pronto olvidaría a Percy, a Sally, mi misión e incluso mi propio nombre. Jugaría juegos de luchas y cocina, y quizás Mitomagia con aquel chico Nico por los siglos de los siglos.
Grover tendió un brazo hacia la tarjeta, pero Annabeth le pegó un tirón y la rechazó.
- No, gracias. -
Caminamos hacia la puerta y, a medida que nos acercábamos, el olor a comida y los sonidos de los videojuegos parecían más atractivos por casa paso que dábamos. Pensé en nuestra habitación del piso de arriba. Podíamos quedarnos sólo por esa noche, dormir en una cama cómoda y mullida por una vez …
Gracias, pero no.
Salimos a toda prisa del Casino Lotus y corrimos por la acera. Era por la tarde, aproximadamente la misma hora del día que habíamos entrado en el casino, pero algo no cuadraba. El clima había cambiado por completo. Había tormenta y el desierto rielaba por el calor.
Llevaba la mochila que me había dado Ares colgada del hombro, cosa rara, pues estaba seguro de que la había desechado en la habitación cinco mil uno, pero de momento tenía otros problemas de que preocuparme.
Fui hasta el quiosco más cercano, miré la fecha de un periódico. Gracias a los dioses, seguía siendo el mismo año en que habíamos entrado. Después reparé en la fecha: 20 de junio. Habíamos pasado cinco días en el Casino Loto.
Sólo nos quedaba un día para el solsticio de verano. Un día para llevar a cabo nuestra misión.
¡Genial!
Nótese el sarcasmo por favor.
