Capítulo 16.- Recuerdos imposibles

«Vision creates faith and faith creates willpower.

With faith there is no anxiety, no doubt

–just absolute confidence»

The New Encyclopedia of Modern Bodybuilding: The Bible of Bodybuilding

Arnold Schwarzenegger

El mundo explotó a su alrededor.

– ¡Cuidado Twi! –oyó Twilight.

Sólo le dio tiempo a conjurar una burbuja de protección y sintió, tras el tremor y la sacudida, el peso de Applejack caer sobre ella antes de que el túnel, en un gemido chirriante y arcoiris, se desmoronase sepultándolas.


Todo se sacudió y Spike temió por un momento que aquellas enormes estanterías se les viniesen encima.

– ¡Cuidado! –advirtió.

Logró apartar a Rarity de la trayectoria de una caja de cartón y aunque a su alrededor se vaciaron estantes completos a lo largo de los infinitos pasillos del almacén, Spike suspiró de alivio al comprobar que aquellas altísimas estanterías seguían en pie, e intactas, a pesar del terremoto.

– Gracias Spike –murmuró Rarity al mirar los miles de Twinkies (*1) que habían estado a punto de caerle encima–. Parece que las sorpresas no acaban por aquí. ¿Crees que ha sido una explosión?

– Tal vez Spitfire haya llegado ya y esté abriéndose paso –aventuró.

– En ese caso, cariño, será mejor que encontremos a Fluttershy lo antes posible y salgamos de aquí.

Spike logró apartar la vista de la ropa interior de Rarity por enésima vez y trató de concentrarse en la tarea que tenía entre garras, así que se ajustó la capucha con orejas del disfraz de gato y siguió buscando en la penumbra. Los rastros de babas del alien les habían llevado hasta allí, pero ya no estaban tan claros: parecía como si aquella cosa se hubiese desvanecido.

– ¿Dónde diantres se ha metido?

Spike vio a Rarity iluminar levemente su cuerno y apuntar al techo.

Allí, una sustancia blanquecina lo cubría y aunque a simple vista parecía razonablemente seca, por cómo crecía sobre la parte alta de las enormes estanterías, estaba claro que no era obra de seres humanos.

– Creo que hemos encontrado su cubil, Spike –susurró Rarity–. Y descubierto su cuestionable gusto por la decoración...

Spike tragó saliva.

– Si voy volando hasta allí, creo que desde arriba podría ver si está cerca.

Rarity se le quedó mirando; parecía extrañada.

– Spike, querido. Tú no tienes alas.

Spike se sorprendió por el comentario. ¿Cómo que no tenía alas?

– Claro que sí. Me salieron cuando a ti a Zecora os raptó aquel pollo volador gigan...

Spike se tocó la espalda. Sus alas no estaban allí. ¿Cómo era posible? Le habían brotado cuando... Pero... Aquello no había ocurrido... ¿Por qué lo recordaba? ¿Por qué recordaba de pronto que...?

– ¿Spike? ¿Estás bien?

– Yo no... No lo sé...


(*1) NdA: La leyenda urbana dice que los Twinkies pueden aguantar comestibles miles de años. Esto no es verdad del todo, ya que los actuales tienen componentes que los hacen aguantar frescos más o menos un mes. No obstante, como todos los teóricos de la conspiración saben, existe una fórmula para los Twinkies desarrollada para el ejército de EEUU que les permite ser comestibles (no necesariamente blandos) por un periodo no comprobado de entre 300 y 500 años.


Applejack despertó sobre Twilight, intoxicada por su agradable perfume a lavanda. Nunca se había fijado en lo condenadamente guapa que era, pero en aquel momento y tan de cerca, no podía pensar en otra cosa. Casi costaba hacerlo de hecho, pensar, de lo hermosa que se veía.

– ¿Qué diablos? (*2) ¿Me he vuelto a dar en la cabeza?

A su alrededor, aunque seguía inconsciente, la pompa de color violeta las protegía del escombro y el metal que las había sepultado; por algún extraño motivo, que la untasen de miel y la tirasen a un hormiguero, a pesar de haber estado a punto de morir y encontrarse en una situación bastante apurada, tan confundida como perpleja Applejack no podía evitar también sentirse extrañamente a gusto. Le pasó un casco por la crin y le apartó la melena de empollona del belfo. Más hermosa que un amanecer en día de cosecha, pensó. ¿Por qué de repente se sentía de aquella manera tan tonta? Mejor centrarse.

– Twilight –susurró–. Twilight, azucarillo, despierta.

Lentamente abrió sus hermosos ojos lila y Applejack tuvo que pelear con toda su alma para no volver a acariciarla. Cuando su amiga acabó de despertar, aturdida, creyó ver un leve rubor en sus mejillas.

– Applejack –murmuró–. ¿Qué... qué ha pasado? ¿Estás bien?

– Esa condenada tubería parece que ha explotado –pudo decir Applejack. Aunque no podía pensar en la tubería, en el escombro o en que habían estado a punto de no contarlo. Sólo podía ver el hocico de Twilight demasiado cerca y su aliento, cálido y tranquilo, le hacía desear no salir de aquella pompa violeta nunca–. Nos has protegido con un conjuro, creo. Por un momento creí que no lo contábamos.

Vio entonces el casco de Twilight apartarle la coleta de la cara y sintió un calor efervescente y delicado hincharle el pecho.

– Applejack... Gracias. Me has... Salvado la vida.

– Creo que... Ha sido... Mutuo...

El cálido pelaje de Twilight seguía bajo ella, respirando, latiendo, a punto de explotar como la condenada tubería, por debajo de la sudadera y la camiseta que le hacían parecer el potro más dulce y hermoso que hubiese visto jamás. Applejack no pudo evitar pensar por un momento en Caramel, pero su recuerdo se difuminó al ser testigo de cómo Twilight seguía en silencio, observándola con sus enormes y enigmáticos ojos, bañadas las dos en luz púrpura que, por todas las cosechas de manzanas de la Historia, parecía invitarlas a darse un cálido, íntimo, y eterno bes...

– ¡Menos mal que estáis aquí! –exclamó Rainbow Dash coceando una placa de escombro.

La luz de los focos del túneles las inundó, arruinando por completo el momento.


(*2) NdA: Mi traducción para «What in tarnation?»


Bulk Biceps vio llegar al flacucho de Shining Armor hasta el hangar.

A Bulk le gustaba leer en ellos porque allí dormían los aviones grandes. Los que podían levantar cosas muy pesadas. A Bulk le encantaban, en especial el C-130 Super Hércules; por algún motivo que no entendía, la comandante Spitfire no le había dejado montarse aún en uno. Había podido ser boomer (*3) durante la misión de Serena (*4); y levantar la pértiga había sido gratamente satisfactorio, pero tras horas de simulador como piloto, todavía no le habían dejado levantar uno de los enormes aviones de transporte humanos... No obstante, sabía que debía seguir intentándolo y que debía tener fe, como decían los libros del gobernador. ¡Algún día le dejarían! Algún día incluso viajaría a Rusia y se subiría en uno de esos enormes Antonov. ¡Aquellos aviones sí que podían levantar!

–¡Bulk! –saludó Shining Armor–. ¡Tenemos problemas!

El flaco Shining Armor iba acompañado de su pony especial. A Bulk le caía bien, aunque siempre le había parecido un poco flacucha, más incluso que Shining.

– ¡Shining! ¡Hijo de una unicornia! –exclamó Bulk. Dejó sus anteojos sobre la «Enciclopedia del Culturismo Moderno» y trabaron patas. Bulk le encontró más debilucho de lo habitual–. ¿Qué ocurre con Shining? ¿Las Presidentas le han puesto a trabajar en un oficina? (*5)

– La vida de padre deja poco tiempo para ir al gimnasio –sonrió Shining. Luego su rostro se hizo serio y habló en susurros–. Bulk, necesitamos que nos lleves a un sitio.

Destrabaron patas y Bulk comprendió que algo serio ocurría. Tardó en comprender unos momentos, porque aunque sería fácil, no estaba seguro de que levantar a Shining y a su pony muy especial para llevarlos a un sitio tuviese mucho sentido. Por otro lado, nunca había levantado a una alicornio y la idea, aunque atrayente, no parecía muy lógica... ¡Ah!, claro... Shining sabía que Bulk llevaba tiempo queriendo pilotar. El flacucho de Shining quería que Bulk les llevase en avión.

– ¿Bulk Biceps podrá levantar un C-130? –exclamó entusiasmado–. ¿Bulk tiene permiso por fin?

– No –intervino la pony especial de Shining–. Pero tenemos que hacerlo de todos modos, señor Bíceps. Será peligroso. Tenemos que transportar algo muy pesado.

Bulk asintió. Algo importante estaba sucediendo. Algo más importante que leer los libros del más alucinante de los humanos (el cual era sin lugar a dudas Arnold Schwarzenegger) y más importante incluso que ir al gimnasio a levantar. Shining y su pony muy especial necesitaban la ayuda de Bulk. Y Bulk quería levantar un C-130. Asintió mientras se ponía sus gafas de espejo.

– Cuándo.

– Lo antes posible.

– Oh, yeahhhh...


(*3) Un boomer en este contexto es el tripulante de un avión tanquero (o de reabastecimiento en vuelo) que manipula el boom (la pértiga).

(*4) Ver «Lo que fuimos: SR–71»

(*5) NdA: Agh. La traducción castellano-peninsular a "The CIA got you pushing too many pencils?" fue esa. Técnicamente acertado pero con una carencia total de encanto. La frase es del inicio de la película «Depredador»


Applejack sintió que salía de un sueño, mientras Rainbow Dash parloteaba a toda velocidad al tiempo que las desenterraba. La explosión había debido derrumbar varios niveles sobre ellas; tierra, cemento, y metal retorcido se elevaban por todas partes en tecnológica y futurista ruina. Nada de eso le importó. Se quedó unos segundos más, observando a Twilight; si no hubiese sido por esa pegaso inoportuna se hubiesen... Se hubiesen...

¿Qué significaba aquello?

– ¡Ha sido alucinante! ¿Lo habéis visto? –insistió Dash–. ¡Había esperado algo alucinante, por supuesto! ¡Pero no TAN alucinante!

Twilight parpadeó también y al estar fuera del escombro y de peligro deshizo la burbuja de protección mágica. Applejack sintió que la cara se le ponía más roja que una Red Delicious al tiempo que la ayudaba a que volviera sobre sus cascos.

– No, Rainbow. No hemos visto eso TAN alucinante –gruñó Applejack. No pudo evitar que el tono le saliera con más agresividad de lo que pretendía–. ¿Qué teníamos que ver?

– ¡El súper-sonic rainboom! ¡Ha sido épico! ¡Tal y cómo mini-Rainbow me dijo que sería! ¡Esa anfitriona ponycida me quería matar, pero controle la onda de choque en el estrechamiento del túnel y sobrecargué la estructura! ¡Casi me mato con la explosión! ¡Pero ha sido aluci...

– ¡Así que has sido tú! –interrumpió Applejack–. ¡Estupendo! ¡Venimos a salvarte y casi nos matas!

– ¡Eh, lo siento! ¡No sabía que estabais aquí! ¡Y ya te he dicho que no esperaba algo TAN alucinante!

Twilight pareció salir de su ensimismamiento.

– ¿Has dicho mini-Rainbow?

Applejack logró apartar sus ganas de estrangular a Rainbow Dash y trató de volver al problema entre cascos. Sobrevivir. Muertes seguras. El destino de la civilización pony. De repente todas aquellas cosas tan importantes, no lo parecían tanto... Un momento... ¿Había dicho mini-Rainbow?

– ¿Esa mini-Rainbow tenía las crines como en cresta? –cayó entonces Applejack.

– ¡Ya lo creo! ¡Molaba cantidad! ¡Y también había una mini-Twilight! ¡El plan de hecho fue suyo! ¡Y tenía alas! ¡Era una alicornio! ¡Y tenía bigote!

Applejack vio a Twilight fruncir el ceño.

– Rainbow Dash, nunca he tenido bigote pero soy una alicornio desde...

Entonces calló y su expresión se volvió más confundida que una ternera a la que le hubiesen encargado levantar a solas un establo. ¡Por un momento pareció a punto de desmayarse! Applejack la tomó por los hombros.

– Azucarillo, te has debido golpear la cabeza con algo. ¿Alicornio? ¿Estás bien?

– Yo no... No lo sé...

Applejack la abrazó y pretendió no darse cuenta de la extrañada mirada de Rainbow Dash.

– ¿Habéis visto también a mi mini-yo? –preguntó entonces Rainbow.

– Yo sí –suspiró Applejack–. Me dijo que le hablase a Twilight sobre la teoría de los muchimundos del humano Everett.

– ¿La teoría de los muchiqué?

Twilight se separó lentamente del abrazo de Applejack.

– Esto no puede ser casualidad –sentenció. Luego quedó pensativa unos momentos y se dirigió a Rainbow Dash–. Rainbow, ¿le quitaste algo a la anfitriona? Ella me dijo que tenías algo que le pertenecía.

Rainbow les enseñó lo que a Applejack le pareció una pelota de buckball. Solo que en vez de color rojo, brillaba en iridiscentes arcoiris metálicos.

– ¡Guau! –se asombró Rainbow–. ¡No era así antes! ¡Creo que el sonic rainboom la ha cambiado!

– ¿Qué se supone que es? –preguntó Applejack. Parecía una esfera, pero de cerca, tenía ranuras pequeñas e intrincadas, en un diseño geométrico que parecía no repetirse.

– Como pensé que esa anfitriona era un mal bicho, recurrí a uno de los planes D –explicó Rainbow Dash–. Seguí cables y al final de ellos encontré esto: quería desconectar la electricidad de la base y cuando lo encontré, pensé que era alguna fuente de energía; pero ya no sé qué puede ser. Vi reflejada en ella a mini-Rainbow por primera vez.

Twilight asintió, pensativa.

Luego levantó la mirada y señaló arriba; entonces Applejack la vio: en el techo, muy alto, por una grieta se colaba la luz del sol.

La explosión producida por Rainbow Dash había conseguido crear una salida.


NdA: Tras media docena de intentos de reinstalación del sistema operativo de mi ordenador, he conseguido arreglarlo formateando una gran cantidad de cosas que afortunadamente no eran los backups de lo que voy escribiendo. Así que vuelvo al lío. A ver si vuelvo a arrancar (por enésima vez) Toca ponerme con «Guerra Civil» que la llevo muy atrasada.