Notas— Ser adulto es definidamente el peor deseo que pude haber pedido en mi infancia. Pensaba actualizar mi biográfica dando una breve explicación de qué había sido de mí en estos dos años. Pero a muchos de ustedes los tengo en redes sociales. Así que lo resumiré a un breve: Conseguí un mejor trabajo en otro lugar, deje mi casa y ahora vivo con mi novio en nuestra propia casita. Casita que obviamente tenemos que mantener. Trabajo, pago impuestos, soy un adulto responsable y un esclavo más del sistema. Y estando lejos de la casa en la que viví casi toda mi vida puedo decir que estoy en un proceso de sanar muchas cosas que no había notado. Cosas que son toxicas. Bien dicen que no siempre tienes que amar a tu familia de sangre. Me costó mucho trabajo volver a entrar a esa "zona del escritor", aún trabajo en mi estudio y en mi crecimiento personal. ¡En fin! Eso pasó conmigo. Solo quiero que sepas que estoy feliz de traerte este nuevo capítulo y permíteme tratar de recuperar esta pequeña historia. No quiero morir sin terminarla.

Reviews anons

YahairaB— ¡Gracias por dedicarme algunos minutos de tu día! Hay veces que yo tampoco sé cómo salen las cosas, sólo sé que tengo mucho que contar y todo sale como vomito verbal. Gracias por ayudar a mantener este proyecto a flote, eres una persona importante. ¡Vamos a emocionarnos juntos en este capítulo!

Zelkumy— ¡Es mi deber y obligación agradecerte por tan bello comentario! Me ha subido mucho la moral. Por mucho tiempo me volví loca con el BurnMidorikawa; era como una explosión de sabor, luego comencé a experimentar con otras parejas. Es raro. A veces me cuesta trabajo asimilar que con lo que hago pueda mover (aunque sea un poco) a la gente. Cuando escribo pienso la escena y la vierto en la hoja y me pronto me turbo emociono y pensar que la gente siente lo mismo es súper bonito. Yo no sé cómo agradecerte todo lo que has hecho hoy por mí. Gracias por seguir esta senda a mi lado.

FG—¡No puedo creer que desde la preparatoria! De pronto me di cuenta que ya han pasado ocho años desde que esto inicio y es sorpréndete que mis palabras llegaran a ti. Y jampas podría cobrar por esto. Lo amo mucho, pero por experiencia ya me supo feo cobrar por cosas que hago como pasatiempo (peor experiencia con el cosplay). Muchísimas gracias por seguir a mi lado.

Cecile Carol Blo— Bueno, ya son ocho años desde que nos encontramos. Muchas gracias por leer y seguir mi historia. Estoy completamente sorprendida de cuando tiempo ha pasado. Y por favor no temas, conocer a más gente que le guste lo que hago me hace muy feliz. Gracias por todo tu amor.

NaoBear— ¡Cuánto tiempo! Me alegra mucho leerte. ¿Sabes? En uno de esos arranques que tuve este año derivado de la pandemia si pensé que eliminar esto. No sé… la vida adulta me hizo daño y llegue al punto de cuestionar si lo que hacía era una estupidez. Pero me alegra mucho que tú estés aquí aun leyendo estas tonterías que me encanta narrar. Gracias por conservar en tu mente mi historia y no dejarla morir. Te amito muchito.

Anny— Hola extraño. Tu comentario me ha conmovido mucho. Y también me ha sacado un susto. Me hace muy feliz saber que he podido mover en ti feelings así como yo cuando lo escribo. Gracias por permanecer a mi lado y si me sigues en mi twitter por favor háblame ¡Será lindo hablar!

Sin más… ¡Buena lectura!


Sacro Culto

XXVII.- "Anima Nera"


"I like to bury myself in pain, you know what I mean. I like to suffocate in all my memories until I cannot breathe. So I can taste again, how hard it is: To have a frozen heart inside my chest, that only beats but doesn't feel"

Conocí a Fudou una noche de luna llena, después de una función en dónde presentamos el Lago de los Cisnes. Fue como una aparición. Unas rosas blancas estaba frente al espejo en el que solía prepárame y con ellas venia una nota. La tomé y leí el texto en silencio. No había nadie más que nosotros y reparé de su presencia unos segundos después. Me miraba a través del espejo, sentado en un sillón blanco. Su presencia no fue amenazadora hasta que pronunció aquellas palabras:

Parece que te has encontrado con un desafortunado destino— dijo y me sonrió. (1)

I

Claro. Después de mucho pensar como habían dado con él; Fue la tarjeta el medio para encontrarle. Después de eso solo fue algún hechizo de ubicación, uno muy poderoso.

Gazell sostuvo entre sus dedos el pequeño pedazo de papel. Repasó las palabras nuevamente en su mente. Cerró del golpe el baúl y aún con la tarjeta en sus manos dio algunas vueltas a la habitación. Grand y Burn había llego al castillo hace algunas horas y no quería verle la cara a ninguno de ellos. Uno por traidor, otro por mero capricho, por chismoso en todo caso. Le echó pestillo a su puerta y aunque eso no detendría a ninguno de los dos de volver a entrar en su territorio, sentía que era alguna suerte mística que entendería el mensaje.

Echar a su clan a patadas ya no era opción, porque al parecer ellos estaban jugando sucio y entrar el conflicto con ellos solo podría hacer que cometieran alguna estupidez; como la niebla.

–Parece que me he encontrado con un desafortunado destino… — repitió como un mantra. Observó la sombra de Grand por debajo de la puerta. Como espectro.

Espero un par de segundos. El diablo siguió su camino.

II

—¡Ha sido trampa!— exclamó Ann lanzando sus cartas a la mesa.

—Eres una pésima perdedora— respondió Nepper.

—No soy mala perdedora.

—¿Esperabas que algo de la suerte de Grand se te pegara el día de hoy?— se carcajeó Boomer.

—¡No!— respondió la pelirroja—. Creí que serían honestos conmigo, pero usar sus dones es trampa

—¿Todo bien cariño?— Boutine ignoro el resto del grupo que jugaba cartas en la isla de mármol. Pasó una mano por la frente de Burn y este dio un brinco— Cariño, parece que estas más tenso de lo normal. ¿Es por lo del Detective?

Burn la miró y se giró a ver a todos los presentes. Solo estaba su Clan, el resto de los habitantes del castillo había desaparecido tan pronto ellos arribaron. Había cruzado vagas palabras con Gazell sobre el tema de Atsuishi, pero no recibió nada más que un tajante "destino". El pelirrojo miró sus manos y luego las cerró fuertemente.

—Intento no pensar muy alto— dijo Burn y luego miró la mesa y a las cartas sobre la misma—. Con Grand en este estado me es muy difícil que no lea mis pensamientos. Me siento acosado. Incluso cuando sé que duerme… es como si… como si mi mente estuviera…

—¿Conectada?— cuestionó Berkley.

—Exacto.

—No soy experto en demonios. Pero he leído que ellos suelen crear conexiones con sus víctimas para manipularnos. Para susurrarle cosas al oído.

—¡Eso no ayuda!— exclamó Ann.

—¡Lo sé, lo sé!— Berkley levanto las manos—. Solo estoy tratando de encontrarle algún sentido a lo que nos pasó esta tarde. También sentí a Grand dentro de mí. Por un segundo dude de mis acciones.

—Pienso en como manipulo a Atsuishi— Nepper tomó las cartas sobre la mesa y las barajeó lentamente—. Y como hablo a través de él. Como un muñeco.

—Si de algo había que cuidarnos eran de dos cosas… hombres lobo y demonios— dijo Burn más para sí mismo —. Recuerdo que hace mucho tiempo había más demonios en el mundo. Caminando lado a lado. Siempre los evité. Hasta que un día uno pudo correr más rápido que yo. Si les pudiera dar un consejo, ese sería que no hagan tratos con demonios. Nunca ganan nada.

—¿Hablas desde tu propia experiencia?

Burn asintió.

—Necesitamos revertir los cuernos de Grand lo antes posible.

—Sé que existen hechizos porque Gazell me pidió que los buscara— dijo Berkley—. Desgraciadamente para hacer algo como eso, se necesita muchísima magia. Leí algunos de los hechizos y están avanzados, incluso para el amo Gazell.

—Define avanzados.

—Se requiere mucha energía mágica, objetos, incluso un sacrificio.

—¿Será que por eso Grand se empeñaba en dejar libre al humano?— se dijo Nepper para sus adentros. Burn rápidamente negó con la cabeza.

—No. Grand quiere convertir al detective para ver que dones logra conservar. Ese sujeto tenía un poder de presencia brutal. Si logra convertirlo posiblemente se vuelva en alguien muy fuerte. Grand lo quiere vivo y entre más tiempo pase iremos perdiendo al Grand vampiro. Y yo no quiero seguir compartiendo mi intimidad con él.

—Pero Grand se ha vuelto más poderoso. Eso le puede ayudar en las misiones

—Estoy consciente de eso. Pero los demonios son de mala huero. Ellos atraen la mala suerte y el destino se puede volver desgraciado para los que lo rodean.

—Burn, Cariño. Creo que necesitas descansar— Boutine se paró de su asiento y le dio unos golpecitos en la espalda— han sido unos días muy pesados y creo que deberías tomarte el día.

—¡No quiero descansar, mujer!— exclamó —¡Quiero hacerme cargo de Grand lo antes posible!

Ninguno de los presentes agregó nada. Burn recorrió la sala de extremo a extremo y solamente meneó la cabeza.

—Al demonio — soltó de golpe y abandonó la habitación.

III

En su largo andar por la vida, era la primera vez que polvo de diamante se encontraba con un ser de esa naturaleza. La mitad del equipo estaba alrededor de Mister Bunny Death, escudriñándolo, escuchándolo, admirándolo. Clara le miraba fijamente y de vez en cuando asentía junto con IC. Las dos estaban maravilladas.

—Desde Grand Madre no había tenido la dicha de hablar con alguien como tú— soltó IC entre un suspiro—. Y es una verdadera lástima que tengamos que devolverte.

—Dame un par de horas y podré completar el hechizo que me estas requiriendo— dijo Beluga—. Necesitaremos mucho tiempo antes de poder preparar algo como lo que nos pides.

—Un hechizo de retención— IC Sonrió y sus colmillos se asomaron—. Que emoción; hace mucho que no hacíamos algo tan grande.

—Grand me dijo algo.

Todos miraron a Clara.

—Y quiero que nuestro invitado nos responda con la verdad— dijo y tras un silencio que se prolongó agregó—. Grand habló sobre un contrato que no pueden romper, uno con demonios, pero si nosotros nos involucramos, puede que perezcamos, junto con él… junto con Gazell.

—Hablarnos del contrato no tiene sentido, nos ha comprometido desde ese momento— IQ intervino, pero Clara alzó la mano para callarlo.

—Entonces Grand habló de romperlo.

Todos voltearon hacia el peluche. Asintieron.

—Solo hay dos formas de ganar esto— Clara se puso de pie, tomó al conejo y lo sostuvo en brazos. Abrazándolo—. Hacer todas las misiones o usar las misiones.

—¿A qué te refieres?

—Grand me dio una lista de cosas, cosas que han juntando y colectado. Si hubiera forma de saber que significan puede que podamos usar esos elementos a su favor. Entre menos nos involucremos con el asunto de las misiones puede que ayudemos a Gazell de forma indirecta.

—Si— asintió Droll quien se había mantenido al margen de la conversación—. La cuestión es qué llevo a Gazell a hacer el trato.

—Estamos hablando de un contrato que les prometió algo que siempre han deseado. Más allá de todo. ¿Qué es algo de Gazell deseé más que nada?

Los cinco bajaron la cabeza y callaron. IC se mordió el labio inferior y casi de inmediato respondió a la par de su hermano.

—La chica de la iglesia.

—Es buena observación, pero no.

—Grand te lo reveló, escupe.

—No me lo dijo, dice que no tendría nada de divertido en hacerlo. Pero, pensé profundamente en el contrato. Acerca de que…— hizo una pausa y tras echarle un vistazo al conejo prosiguió—. Que no tendría sentido el contrato si Gazell consigue lo que quiere por cuenta propia.

—Puede que tenga sentido, pero antes que todo tendríamos que leer el contrato para ver las "pequeñas letras". Si es un contrato con demonios, están atados a una maldición.

—Exacto. Una maldición—apunto Clara—. Grand me ha pedido romper la maldición que los ata.

—Para eso tendríamos que saber que han pedido cada uno de ellos.

—Eso lo iremos trabajando en el camino, por ahora necesitamos juntar toda la información que podamos. ¿Tenemos libros de demonología?

Droll asintió.

—Partamos de allí y luego, nos dirigiremos a la tienda de Libros que mencionó ese tal Burn.

Todos los presentes exclamaron de asombro.

—¿Y qué tenemos que ver con los citadinos?— dijo Droll con desgano.

—¡Clara eres un genio!— Salto IC frente de ella y le tendió un abrazo pero Clara se hizo a un lado—¡Comenzaremos investigando a ese tal Burn! Nos haremos su amigo y así podremos estar más cerca de Gazell

—En realidad yo no tenía eso en mente.

—¡Pero es brillante!

Polvo de Diamante sintió que estaban teniendo suerte.

IV

Grand se sintió extrañamente cómodo con tantas personas dentro del castillo. Salió de su habitación vistiendo un sencillo traje negro con camisa a rayas blancas y negras y una corbata roja, sin lentes ni teléfono. Bajó con pasitos rápidos y se escurrió fuera del ojo de todos. Los pillo almorzando en la cocina con los chicos de Burn haciendo mucho ruido, gatitos en mesa y toda la cosa. Pero Burn no estaba presente. Ryuuji fue el primero en alzar la cabeza, no lo había visto llegar pero sintió su presencia en el marco de la puerta.

—¡Buen día!— saludó con una animada sonrisa. Capeo la tormenta y le tendió una taza con café humeante.

—Quiero una cerveza.

—¿Cerveza?— inquirió Ryuuji. Grand asintió y sonrió. Pasó de largo y tomó con sus propias manos la botella del refrigerador. La abrió y bebió rápidamente.

Gazell por otro lado lo estaba ignorando, se encontraba asilando del grupo mirando por el ventanal de la cocina, sostenía a uno de los gatitos en brazos, mientras este le mordía los dedos y soltaba pequeños maullidos. Osamu seguía trabajando en el jardín a pesar de la llovizna que no había parado en toda la mañana. Afuro se hallaba en su cúpula con un libro en sus manos y una manta en la cabeza. Se veía cabreado.

—¿Tienes algún plan para hoy?— cuestionó Midorikawa.

—Tengo dos citas el día de hoy.

—¿Con quién?

—Con dos damas— respondió y le dedicó un guiño porque de pronto Ryuuji había apretado los labios—. Pero son señoras casadas.

—Eso es aún peor.

—Tengo una propuesta para ti el día de hoy— rió Grand, su compañero no se veía interesado—. Haré un par de llamadas y no quiero que estés presente.

—Eso es doblemente peor ¿sabes? Si no me quieres cerca dilo y ya.

—¡No, no!— se carcajeó y la forma en que sus cuernos se meneaban fue hipnótica, eso enfadó más a Ryuuji—. Haré algo de Nigromancia y no quiero que estés cerca porque siempre que lo hago a veces pasan cosas malas. Malas como que te mande de regreso o llame a alguien que no debo llamar.

—¿Y vas a invocar mujeres? — Cuestionó— y son mujeres casadas—. afirmó y se cruzó de brazos.

Grand asintió a cada cosa.

—¿Y qué propones?

—Mira— dio un último trago a su cerveza y le tendió la botella vacía—. Yo me tomaré todo el día en hacer esto, cuando acabe, por la noche saldremos a cazar algo, algo de sangre ¿Qué te parece?

—Bueno…— se mordió los labios y tomó la botella—. No soy quien para cuestionar lo que haces, pero dejarte sin supervisión adulta me asusta.

—Otra cosa que te propongo es que salgas con Burn o con Afuro. Yo necesito a Gazell.

Gazell volteó en ipso facto.

Ryuuji hizo un esfuerzo sobre humano para mantener su cara impasible, casi sin expresión. Ya se le había hecho raro que Grand no intentara entrar en su mente, le estaba preparando para la sorpresa. Midorikawa se había cuestionado toda la noche como era que ellos dos habían podido pasar un tiempo agradable sin tener ser hostiles. Por un instante la idea de llevarse mejor con Gazell jugó en su mente, en un escenario casi bizarro en dónde los dos eran como mejores amigos en un instituto escolar. La idea era encantadora. Luego sintió que sus pensamientos de anoche eran observados. Miró a Grand directo a los ojos y éstos brillaron como faros.

—De verdad me alegro que hayas hecho las paces con él.

Midorikawa enrojeció. Se había pasado de la raya.

—Esto es muy grosero.

—De verdad me esmeré en no hacerlo—dijo Grand levantando las manos—. Pero has sido tú quien me dejó pasar.

Ryuuji le tendió la mano. Con su misma cara de póker. Grand por otro lado la miró y no logró descifrar lo que quería. Alzó una ceja porque intentó entrar en su mente pero estaba vacía de pensamiento alguno. Ryuuji hizo un ademan con la mano abierta.

—Quiero tu tarjeta de crédito.

—No la traigo conmigo.

—Entonces la tomaré de tu billetera.

—Adelante.

—Compraré muchas cosas.

—Adelante— repitió. Su mente estaba en blanco.

—Y tú pagaras por ellas.

—Yo no tengo problemas con eso, es solo dinero.

Ryuuji bajó la mano. Por un momento tuvo la esperanza de ver algo del vampiro. Suspiró y asintió con una sonrisa que parecía ser más de complacencia que de otra cosa y luego desapareció.

La conversación había sido parcialmente vista por todos. Tan pronto como el vampiro desapareció de escena todos volvieron a su plática inicial. Grand de pronto tenía la botella de cerveza en su mano. Había sido muy rápido. La miro y caminó con ella por la habitación hasta posarse a lado de Gazell. Le tendió la botella vacía.

—Te necesito—. Acotó con voz seria.

—No me gusta la cerveza. Gracias.

Dejó la botella sobre el anaquel que tenía a un lado.

—¿Dentro de tus posesiones no tendrás un cáliz?

Gazell le miró de reojo.

—¿Un Cáliz?

—Sí, necesito un Cáliz— apuntó e hizo la forma con sus manos—, no importa que hace mucho no haya sido usado. Necesito algo Sacro. Un Cáliz me vendría bien.

—Depende para que lo quieras.

—La cuestión es si lo tienes o no, vi el contenido de tu cofre y me pareció ver algo similar.

Ese comentario había sido su condena, primero vino el frio, luego el golpe. Gazell le soltó una bofetada. Rápida y maciza. Grand giró la cabeza y soltó una risita nasal. El golpe había sido lo suficientemente duro como para sacarle algo de sangre de la nariz. El líquido era de color negro, denso y brillante y resbaló lentamente sobre su labio. Aún con la mano tensa, el noruego apretó los colmillos y soltó una especie de gruñido. El gatito lo imitó, éste brincó de sus brazos y echó a correr.

—Eso no lo vi venir— dijo en una sonrisa. Se limpió la sangre.

Los de Prominencia se sorprendieron, pero nadie se atrevió a decir nada. Ann hizo un pequeño mohín y Nepper ordenó con la cabeza que hicieran acto de desaparición. Salieron de la cocina con gatitos en brazos.

—Debería arrancarte los cuernos en este momento.

—Supongo que debería pedirte una disculpa primero y luego preguntar.

—Sal de mi mente— ordenó tomando con fuerza de la corbata, acercando sus rostros—. Si vuelves a meterte con mis cosas, te juro te yo mismo te saco los ojos.

Le amenazó. Pero el demonio no quito la sonrisa de sus labios, dejó el que el vampiro lo tomara de la corbata y estando cerca curvó sus labios dejando ver más y más la punta de sus colmillos. Miró dentro de las pupilas ajenas enojo genuino. No entró más allá. Levantó lentamente las manos tratando de demostrar que no ocultaba nada bajo las mangas.

—Sé que lo que hice estaba mal— dijo Grand—. Pero te juro que necesito el Cáliz. No por mí, sino por alguien más.

—No me importa quién sea ese alguien más— lo soltó con fuerza, querido empujarlo pero no pudo moverle de su lugar.

—Si te digo quien ese ese alguien ¿me lo prestas?

—Ve y consíguelo por tu propia mano.

—No puedo— hizo una mueca de tristeza—. No puedo tocar ningún artículo sacro en estos momentos, mucho menos entrar a alguna iglesia o templo. Es por eso que te necesito.

—Vete al carajo— respondió y dio un par de pasos para poder salir de la habitación.

—Voy a intentar llamar a la esposa de Osamu.

Y eso bastó para llamar la atención de Gazell. Dio lentamente la vuelta buscando la verdad en sus ojos. En sus brillantes ojos verdes.

—Y estarás presente si así lo deseas. Necesito un artículo sacro porque usaré un anillo de bodas, si fuera otra cosa te juro no te molesto—. Bajo las manos e hizo un movimiento con la cabeza—. Te necesito en estos momentos— le tendió la mano.

—¿Cuál es el truco? Sé que cuando se trata de demonios tienes que cuidar cada palabra.

—El truco que es simple, me tienes que dar el Cáliz por voluntad propia— explicó lentamente—. Tiene que ser un artículo sacro usado en alguna consagración. Y yo no puedo tocarlo. El artículo no sufrirá daño alguno, sólo será el medio por el cual haré la llamada. Después de eso te lo devolveré en una sola pieza.

—Sal de mi mente— volvió a ordenar.

—Ojala fuera tan fácil hacerlo— sonrió de lado—, más porque soy un maldito voyerista y tu un exhibicionista. Y entonces no sé qué clase juego estamos jugando tú y yo.

—No estas llegando a ningún lado.

—No lo hagas por mí, hazlo por Osamu— soltó la carta bajo su manga—. Le prometí que si nos ayudaba con el asunto de árbol yo trataría de contactar a su mujer. Y así como juego sucio también cumplo mis promesas.

—No me tienes tan contento— dijo y jaló su cabello—. Desde que tienes esos malditos cuernos no has hecho nada más que complicarme las cosas.

—¿Lo dices por tus chicos?

Gazell no pronunció palabra alguna.

—Bueno. Ahora sé que estas molesto conmigo por eso—. Grand trato de acercarse a Gazell, pero este retrocedió—. Es mejor tenerlos cerca. Tú crees que corren peligro aquí, pero en este momento creo que lo mejor es tenerlos a tu lado.

—Tú no sabes nada.

—Gazell. Somos aliados— le volvió a tener la mano—. Ahora más que nunca tenemos que estar unidos. Te necesito.

El Noruego observo la mano de Grand, blanquísima y pulcra. Se le antojaban como unas garras listas para atraparle, como el peor de los jugadores y el mejor de los timadores. Le miró por fracción de segundos y un escalofrío se deslizó por la columna como una espada bien afilada, frío y rápido; casi orgásmico. Tenía la suficiente experiencia echando a Clara de su mente que con él no fue muy diferente, lo tuvo de frente pero le contuvo en ese momento, como cuando vas a ser besado y en el último momento sientes el aliento y saboreas la infidelidad. No dejó pasar a Grand, le dio una advertencia que hizo sonreír al demonio pero no tomó su mano.

—No quiero que les estés pidieron favores a ellos.

—¿Quién es el intruso ahora?

—Conozco demasiado sus esencias como saber que has estado con ellos. Si necesitas algo pídemelo a mí.

—Estarás de acuerdo que estabas un poco indispuesto y meterte en el asunto del humano solo hubiera tirado tu mascarada.

Gazell no agrego nada, tomó la botella vacía y la echó a la basura.

—Y acerca de eso— agregó el denomino antes de que Gazell saliera por la puerta—. Si necesitas algo pídemelo a mí.

—Una vez te deshagas de esos cuernos, tal vez lo considere.

V

Se vio al denomino pasarse por el castillo como una aparición que viene a llevarse tu alma. Llevaba consigo una caja de cartón y de poco a poco la fue llenando con cosas que le fueran de utilidad en su hechizo. Era increíble lo difícil que era encontrar velas de color negro en un castillo que alguna vez fue guarida de Vampiros y Demonios. El reloj había sido cosa fácil, tomó las dos botellas de vino más añejas, un cuchillo e incluso la sal que tenían al fondo de la lacena. Se cruzó con Ryuuji un par de horas atrás y pese a la advertencia no abaldonó el castillo. Decidió irse a la sala más alejada del castillo para no molestar a las almas que en el dormían. Citó al involucrado poco antes del mediodía y se apareció junto a Gazell quien sostenía un cáliz color dorado sin mucho adorno.

—Nunca había entrado a esta habitación— dijo Gazell admirando lo que en su momento posiblemente hubiera sido una sala de juegos o de audiencias.

Solo había una mesa redonda de madera de caoba y algunas sillas. Las ventanas estaba cubiertas por densas cortinas brocadas, y un poco de polvo cubría el piso.

—Hay muchas partes del castillo que no hemos explorado. Pensaba en hacerlo en la biblioteca, pero creo que este paraje solitario sería mucho mejor.

Osamu caminó con una expresión ausente y se posó frente a Grand.

—No estoy muy seguro de esto— soltó Osamu de pronto.

Grand alzó los ojos rápidamente. Sus pupilas brillaron en un verde eléctrico y luego se apagaron. Dejó sus intentos de abrir la botella de vino y se la tendió a Gazell, éste la tomo de mala gana pero no hizo intento de abrirla.

—No me digas que te has echado para atrás— dijo Grand a modo de afirmación—. Ya estamos aquí y me he ganado una bofetada. Hagámoslo.

Osamu alzó una ceja porque no sabía a lo que Grand se refería. Se frotó las manos un par de veces y los dos presentes supieron que estaba nervioso.

—Ya lo entiendo— sonrió—. ¿Habías intentando esto antes?

—Nunca había conocido a otro Nigromante— respondió rápidamente—. No al menos uno que supiera que sí podía comunicarse con los muertos.

—Para tu suerte he hecho esto muchas veces— dijo Grand y volvió a su labor de abrir el vino. En la mesa yacía un símbolo trazado con sal. A Gazell se le hizo familiar, pero no quiso indagar mucho. Había diez velas negras alrededor, en los extremos de la mesa. También estaba un reloj—. Los llamados no duran mucho. Tal vez un minuto o dos. Algunos llamados son exitosos, la mayoría al menos.

—¿De qué repente el éxito?

—Depende las circunstancias. Por ejemplo, si la persona murió en paz o violentamente. Hay almas que al momento de morir sufren pero logran pasar al otro lado. Si las almas están en paz es mucho más difícil llamarlas. Usualmente necesito estar en el lugar en el que fallecieron, como en el cementerio. Llamó y controlo las almas por un periodo determinado de tiempo.

—¿Qué hace de diferente esta alma a las del cementerio?

—Que no tengo un cuerpo, ni un lecho, también que es un alma vieja… y posiblemente el alma ya haya resucitado…— dijo lentamente mirando atentamente la expresión de Osamu—. Hay almas que logran hacer recorridos varias veces, nadie controla eso, hay almas que son viejas y solo vivieron una vez, hay almas que son jóvenes pero han tenido muchas vidas.

—En ese caso puede que la esposa de Osamu ya haya resucitado— dijo Gazell, tratando de entender las palabras del demonio.

Grand asintió. Abrió la botella y le dio un sorbo directo.

—O puede que no— dijo, se limpió la barbilla—. Puede que esté en el mundo de los muertos. Hay almas que tardan en reencarnar. Existen almas que son muy brillantes y se quedan en la bolsa de valores, siendo vendidas y poseídas una y otra vez. Esas almas no las puedo alcanzar así de fácil. Si el alma está en posesión de un denomino o un Dios es imposible tocarla. Si la persona está viva tampoco podré hacer nada. Esta será una tirada de suerte—. Dio otro trago largo y se acabó la botella, un poco de vino salió de entre sus labios—. Así que quiero que sepas que puede que salga mal.

—Por un segundo pensé que la botella era para el hechizo— espetó Gazell y meneó el cáliz.

—Sí, lo es, pero quería un trago para mí— contestó y procedió a abrir la segunda botella. Osamu y Gazell se vieron entre ellos, casi al mismo tiempo y con la misma velocidad que lo hizo Grand abrió la otra botella, se carcajeo—. No tengo problemas con el alcohol, solo tengo sed y creo que necesito sangre pronto. Así que— sonrió con todos sus dientes y se posó sobre la mesa—. Hagamos esto de una vez. ¿Tienes los anillos?

Dudo, Osamu dudo de una manera que nunca creyó. Que Gazell estuviera presente le dio un poco de ánimos para a seguir, pero ver a Grand es ese estado le decepcionó mucho. Le había hecho la propuesta el mismo día que la niebla y no le pareció mala idea, incluso se había emocionado. Palpó la presión del momento y sacó de su bolsillo un par de argollas y se las tendió a Grand. Pero este no las acepto y le hizo un además con la mano.

—Gazell — llamó—. ¿Puedes hacer esto por mí? Necesito que echen los anillos en el cáliz y luego lo llenes de vino—. Este asintió y realizó la acción perfectamente—. Ahora colócalo en medio de la mesa, arriba del símbolo. Y necesito que hagas un círculo de sal alrededor de cáliz.

—Creí que la sal era para que no entraran demonios. Ni salieran.

—También es para que lo que llame no salga de aquí.

—No sería mala idea poner un circulo de sal a tu alrededor y dejar que te pudras aquí.

—Sé que estas muy enojado conmigo— le sonrió y sus ojos verdes titilaron— pero dejemos nuestros problemas para la habitación—. Le respondió mientras le hacía un guiño. El vampiro roló los ojos y trazo el circulo de Sal.

Grand tocó la mesa y las velas se encendieron en un resplandor color verde.

—Osamu— llamó y él miró atento—. Necesito tu sangre— le tendió un cuchillo y éste lo tomó—. Es muy importante que al momento de ofrecerme tu sangre sea por voluntad propia. Quiero que pienses en ella y la llames, quiero que recuerdes un bello momento.

Tendió la mano izquierda sobre el Cáliz y con el cuchillo abrió la carne y un poco de Sangre se vertió. Grand acercó sus manos al Cáliz y recitó unas palabras desconocidas para el oído de Osamu. El fuego de las velas se intensifico y un resplandor muy tenue manó bajo sus palmas. Recitó varias veces las mismas palabras. Sin embargo la expresión de Gazell se fue deformando desde la expectación con el posible llamado hasta desencajarse en una mueca. Ninguno de los presentes lo notó. Grand siguió con el hechizo hasta que de sus manos el brillo se depositó dentro del cáliz. Se irguió un poco y tomó el reloj que yacía olvidado. Era una pieza antigua de oro y cristal bellamente trabajado. El demonio novio las manecillas y las dejó apuntando al medio día. El reloj se prendió un fuego.

—¡Manifestum!— Exclamó.

Pero nada pasó

—¡Manifestum!— Repitió varias veces, una tras otra de manera que poco a poco su voz se fue atenuando. Juntó sus manos y la llevó a sus labios. Pensativo—. Esto no ha salido como lo he planeado.

—¿Qué quieres decir?— cuestionó Osamu.

—Que posiblemente no tengo acceso al alma de tu esposa por las mismas razones que ya te expliqué.

Se miraron, intensamente. Grand tenía la cabeza ligeramente agachada, aún con las manos en los labios, con un ademán entre pensativo y parecido al perdón. Seguía sonriendo de medio lado. Sus ojos titilaron a la par de las llamas verdes.

—Esto es una pérdida de tiempo— dijo Osamu y decidió tomar los anillos del cáliz, pero la mano de Grand se lo impidió mientras gritada algo que tampoco logró entender. El Cáliz se volteó haciendo que el vino de remara sobre la mesa y se diluyera con la sal. Los anillos rodador por sobre la mesa y uno de ellos cayó de esta y comenzó a rodar por el piso.

Dio una vuelta a la mesa y siguió su camino y salió de la habitación por la pequeña abertura por la que entraba la luz, todo esto ante la vista de los vampiros. Se miraron desconcertados.

—¡Sigan ese anillo!— grito Grand y corrió.

Osamu le siguió y Gazell se quedó contemplando la mesa. El reloj había comenzado a andar y las manecillas se movían. Calculo que al menos el minutero tardaría 3 minutos en llegar nuevamente a número doce. Entrecerró los ojos. Algo olía a podrido.

Posiblemente Grand.

En anillo había dado vuelta por sobre el pasillo de manera sobrenatural, como si algo lo estuviera jalando. Dieron la vuelta en donde había pasado y le dieron alcance. Lo siguieron por al menos medio minuto y este recorrió el pasillo principal de sus habitaciones, luego siguió su andar hasta caer por las escaleras. Al llegar a la planta baja corrió por el camino que usualmente tomaban para llegar a la Sala principal. Nepper y Atsuishi iban salieron por una de las puertas y divisaron el pequeño objeto que veía hacia ellos.

—¡Déjenlo pasar!— grito Grand. Ambos se hicieron a un lado.

El anillo comenzó a correr más rápido mientras se acercaba a la cocina. Pasó por debajo de la puerta y tuvieron que acelerar sus pasos para poder alcanzarlo, fue justo cuando iba a chocar con la puerta que daba al jardín que Grand la logró abrir y el anillo saltó y siguió corriendo por la duela de madera del exterior.

Comenzó a perder velocidad y luego se detuvo.

Grand y Osamu también pararon. Gazell los alcanzó justo a tiempo para observar como Afuro recogía el objeto.

—Me encontré un anillo— dijo y lo jugó en su mano. Afuro alzó la mirada y observó a los tres vampiros frente a él —¿se les perdió algo?— de manera sobrehumana, los tres viraron hacia el anillo en su mano. El ángel captó el mensaje y dejó caer el objeto, casi como si estuviera maldito.

—¡Oye cenicienta!— exclamó Grand—¿quieres probarte esta zapatilla?— Afuro alzó una ceja.

Grand avanzó lentamente y tomó el anillo del piso y se lo tendió al ángel.

—Eso no es una zapatilla— dijo Afuro.

—No, pero creo que es de tu medida.

—¿Grand qué pretendes?— cuestionó Osamu y avanzó hasta ellos. Iba a tomar el anillo pero el demonio no lo permitió.

—No es tu zapatilla, pero creo que te queda.

—No quiero que te acerques a mí— dijo Afuro mientras retrocedía lentamente. Sintió miedo de como Grand le sonreía. Más que ser una cenicienta sintió que era Blanca Nieves y le estaba ofreciendo la manzana envenenada—. No te quiero cerca, nunca me has agradado pero ahora con esos cuernos ya no me fio de ti.

Era psicótico.

Afuro corrió hacia lo profundo del jardín. Grand vio media vuelta y le tendió el anillo a Osamu.

—Tu esposa está viva— anunció—. O al menos el alma de ella ya está en la tierra. No puedo hablar con ella por esos motivos, pero si te puedo decir una cosa y no espero que por ello perdones lo que hice— juntó las palmas de sus manos, haciendo la forma de un recipiente, con cuidado haciendo el ademan de beber, de forma lenta y ceremoniosa—sentí mucho amor y eso es lo que te hace fuerte.— Llevó sus palmas hasta su rostro y aspiró con fuerza. Como queriendo retener la escena por breve segundos—. Tarde o temprano ustedes se volverán a encontrar.

Grand dio media vuelta y entró al castillo.

VI

Fue directo a la biblioteca. Ir a su habitación solo levantaría sospecha de lo que estaba a punto de pasar. Camino lentamente y pese a que los pies de Gazell eran rápidos, tardó un poco en llegar hasta él. No hizo nada, se quedó de pie frente a un librero y esperó a que la tormenta de nieve le golpeara directo en la cara. Gazell lo empujo con su cuerpo brutalmente y sostuvo una cuchilla sobre su cuello, totalmente dispuesto a rajarlo. No necesito entrar a su mente para saberlo, era la primera vez que sentía la ira de la pieza blanca, tampoco hizo nada para detenerlo. Disfruto la ira.

—¡Habla!— gritó—¡¿Qué pretendes?!

Se carcajeó aún sintiendo como su piel rozada el filo de la cuchilla de plata, el sólo toque le quemaba.

—¡RESPONDE!

—Puedo explicarlo todo— respondió de forma entrecortada.

—Ese no fue un llamado— acotó de golpe—. Fue un hechizo para objetos perdidos.

—Si.

—¡Por eso no querías tener cerca a Midorikawa! Porque sabias perfectamente que él se daría cuenta de tu treta.

—Sí.

—¿Crees que soy estúpido? ¡ESO CREES!

—No.

—¡Que no me iba a dar cuenta!

—Yo sabía desde el inicio que lo ibas a descubrir. También sabía que no me ibas a delatar— sus ojos brillaron traviesamente.

Gazell apretó los colmillos porque tenía razón. Aprovechó ese momento en el que flaqueó y de un rápido movimiento le tomó por el brazo y éste soltó la cuchilla, lo forzó cambiando posiciones y lo apretó contra el muro. Gazell iba a poner resistencia pero el demonio lo agarró por el cuello con la suficiente fuerza para hacerlo gemir.

—Tu novio y yo tenemos una teoría— dijo Grand lentamente— y en estos momentos nos estamos acercando más y más a la verdad— miró la expresión dolorosa en el rostro de Gazell.

—¿Qué teoría?

—Sobre Afuro y Osamu— respondió pero no lo soltó—. No nos cabe duda que Afuro puede ser un fragmento de Afrodita tan grande que cobro conciencia propia, incluso puede que sea ella misma en persona. Probaste su sangre, lo saboreaste con sus propios labios. Él es divino. Luego…— susurro por sobre su rostro, Gazell intentó liberarse y trató de arañarle la cara con lo último de fuerza que le quedaba— luego…está Osamu.

—Suelta-me…

—Te soltare si prometes no volver a acercarme un cuchillo al cuello— apretó más su agarré y las vértebras del cuello comenzaron a tronar, unas lágrimas traicioneras escaparon por sus ojos que se comenzaban a desorbitar—. Me pone triste, triste como la primera vez que lo hiciste, triste como el circo— hizo una mueca exagerada de dolor, con sus cejas fruncidas y los labios invertidos y tras breves segundos deformó la expresión y sonrió con todos los colmillos y los ojos destellaron como truenos —. No me gusta tener recuerdos tristes. ¿Lo prometes?

Pero Gazell ya no tenía fuerzas para responder.

—¡¿Lo prometes?!

Lo soltó y calló al piso en un sonoro golpe, jadeó rápidamente. Tratando de recuperarse. Sentía que se iba a desvanecer en ese instante. El pensamiento de llamar a Burn cruzó por su mente y se vió juzgado por la mirada de Grand –Patético-. Alzó lentamente los ojos y miró al demonio encima de él. Desde esa perspectiva Grand lucia amenazante. Solo podía escudriñar la silueta a contraluz, con un halo de sol rodeándole la cabeza y la cornamenta sobresaliéndolo, coronándolo. Los destellos verdes titilaban esporádicamente.

—¿Lo prometes?— se agachó para quedar a su altura, posó su mano en la mejilla ajena, tocó su fría piel y delineo su mentón y sus labios. Acarició su cabello blanco y enruló un mechón entre sus dedos— te lo dije, quiero que seamos aliados. Pero no me puedo fiar de un aliado que no confía en mí y me amenaza con cuchillo en mano. Y para que veas que te tengo confianza—. Hizo una pausa y para admirar la cara de su presa, sus ojos estaba rojos y dilatados, su cuerpo temblada pero estaba atento a cada palabra—. En mi primera vida…— dijo suavemente—. Mi madre intento rajarme la garganta en los primeros segundos de llegado al mundo. No lo hizo, pero me pone muy triste…— susurró bajando la mirada y está poco a poco se fue opacando—. No era demonio ni vampiro para defenderme, era solo un humano que nació diferente al resto. Y ahora que tengo este poder, me quiero rodear de gente en quien pueda confiar. No quiero volver a sentir eso. Y sé que estas molesto conmigo, pero solo intento proteger tus intereses. Así que quiero que confíes en mí.

Hizo un ademán con su mano derecha, elevó el dedo meñique.

—Me lo paso muy bien contigo, y creo que de todos los del equipo eres él que más probabilidad posee de tener éxito. En las misiones, en llegar al final de todo esto. ¿Lo prometes?

—¿Qué con Osamu?

Grand bajó la mano con decepción.

—Si no fuera porque estamos comprometidos por medio de un contrato, te hubiera matado en este instante.

—Quiero saber lo que tengas…— dijo con dificultad y trato de ponerse de pie—lo que tengas que decir de Osamu, luego sabré si puedo fiarme de ti.

Grand alzó la cabeza con atención, sabía perfectamente que Gazell no caería tan fácilmente con una amenaza. Se volvió a acercar a él, sin miedo a ser rechazado y lo abrazó, acercando sus labios hasta sus oídos. En un gesto completamente cómplice.

—Hay un alma que desde el inicio de los tiempos ha seguido a Afrodita, sirviéndola, amándola y cuidando de ella. En su momento esa alma se encargó lentamente de unir los fragmentos; un maestro que de pequeños pedazos comenzó a hacer joyas, objetos, armas. Venía a este mundo y moría solo para poder resucitar y seguir con su labor. Al pasar de los siglos, sus recuerdos se iban diluyendo, conservando su poder de alquimista y una promesa en su corazón. Juntando lentamente la conciencia de la Diosa hasta que finalmente ella regresó, y luego, el ciclo se detuvo, el alma de ese hombre no regresó al mundo de los muertos, condenado a la inmortalidad, sin recuerdos y con un anillo de una esposa que murió, una mujer que había reconstruido con el pasar de los siglos. Pude entrar a la mente de Osamu… pude ver el rostro de esa mujer y sentir el dolor de la perdida, también sentí el infinito amor a través de la vida y la muerte. No hay duda, ese sujeto es la rencarnación de Hefestos y Afuro de Afrodita. Y es aquí… cuando estoy entrando en pánico. Cuando me ofrecieron el contrato me dijeron que a cambio de doce sencillas misiones ellos me darían lo que siempre desee. Y me dije… "que puede pasar, son solo misiones, matar algunos humanos, robar tal vez, cazar bestias míticas, cualquier cosa fuera de lo normal" nunca creí que tendría que volver a oír el nombre de ese bastardo… del Dios de los muertos, creí que ya había dejado atrás ese episodio de mi existencia. Entonces estaban todos ustedes, cada uno con habilidades extremadamente raras, poderosos casi divinos, con pasados indescifrables y finalmente, las misiones. No sé qué planee Kidou… pero… estamos siendo parte de algo grande, algo malo, algo que no podremos controlar. ¿Lo entiendes?

Grand tomó el rostro de Gazell.

—Necesitamos romper los contratos.

—¿Cómo has llegado a esa conclusión?

—Lo llevo pensando desde que encontramos a Afuro. Al inició tener contacto con Tsunami fue un caso aislado. Pero en cuanto nos metimos en el asunto de los Dioses, con el Lullaby de Shuuya en nuestro poder y tener a Afuro entre nosotros me hizo pensar las cosas de manera más estricta. No te enojes conmigo…— dijo rápidamente y lo tomó de las manos—. Los he mandado a investigar a cada uno, no puedo decir que sé su vida antes de ser convertidos, pero no sé quiénes son ustedes. He llegado hasta dónde los registros me lo han permitido. Puedo decirte una fecha aproximada en la que te has unido a tus chicos por cuando tuviste tu debut. Te puedo decir muchas cosas de Burn que él mismo te ha escondido. Con Osamu tuve mis dudas porque tiene el clásico perfil del vampiro europeo. Necesito confiar en alguien.

—Tienes a Midorikawa.

—Confió en él. Sin embargo hay cosas que no le podría confiar porque sé cómo es. Y contarle solo lo podrían en peligro, prefiero tenerlo a mi lado, ignorante de muchas cosas.

—Entonces planeas sacrificarme a mí. Que haga parte de tu trabajo sucio.

—No— dijo y agregó rápidamente—. Yo sé que pase lo que pase serás fuerte y podrás hacerle frente, incluso la verdad de porque estamos aquí. Mantendrás la cabeza fría. Te estoy contando todo esto porque sé que no se lo contaras a cualquiera. Ni a Burn.

—Al principio creí que solo me querías para acostarte conmigo.

—Mi plan desde el inicio fue buscar algo más. Es más fácil llegar a tu cuerpo que a tu corazón. Llegará el momento en que debas mantener la cabeza por sobre las emociones. ¿Si en una misión nos piden matarnos entre nosotros a quién matas primero?

—Mataría al más débil.

—¿Tendrías el corazón o el estómago para matarnos? — cuestionó—. ¿Lo que deseas vale más que nosotros?

—Tal vez hace unos meses los hubiera matado a todos sin pensarlo.

—¡Ese es el maldito punto!— exclamó —. Nosotros estamos contactado de alguna manera, aún no sé cómo, pero sé que en un paraje nuestras historias se han cruzado. Puedo ahora decir eso de Afuro y Osamu. No sé si Kidou puso a Afuro en el cementerio y era parte de su plan de lo encontráramos. No sé si existían reglas para poder tomar el cuerpo, si era necesario que Osamu tomara los restos, o si debíamos de profanar el cementerio. Llevo días pensando esto. Me estoy volviendo loco y luego tener que oírlos todo el tiempo me esta desquiciando.

—Grand. Necesitamos revertir tus cuernos…— soltó Gazell y lo tomó por los hombros— sólo llevas un par de días. No quiero pensar en qué pasaría si dejamos que el tiempo pase.

—Lo sé… pero… también me siento muy cómodo… sé que si me dedico a esto puedo controlarlo.

—Grand… estas ebrio y no puedes controlarlo.

—Gazell… ¿me lo prometes?— volvió a cuestionar y levanto la mano mostrando el meñique—. Esto no es una maldición, es una promesa.

—Te lo prometo.

Y unió su meñique con el del demonio.

VII

Aparcó a unas calles de la casa que había visitado el día anterior. Se sintió tonto porque sentía que estaba haciendo algo malo, aunque en realidad ellos lo tenían secuestrado. Recibió una llamada amenazante de que tenían a su hijo secuestrado. Respondió que no tenía hijos, y le dieron que era rosa con boca de cierres. Se consideraba culpable ahora. No diría que era amigo de esa cosa, pero sí se llevaban bien. Las cosas entre él y Ryuuji estaban algo tensas pero no se iba a meter. No era su problema. La noche anterior habían salido tan rápido del departamento que no se dio cuenta que Mister Bunny Death no venía con ellos. Podría decir a su favor que en ningún momento se dio a notar, solo olvido que estaba allí.

Llegó hasta la puerta de la casa y tocó un par de veces. Eran las doce del mediodía y el sol estaba en lo más alto. No recibió respuesta así que dio media vuelta dispuesto a irse. Una voz en su mente le llamó a entrar. No recordaba el nombre de la chica, pero era la que tenía un gemelo. Se mordió el labio. Abrió la puerta y la cerró detrás de él rápidamente para evitar que cualquier rastro de día se colara.

Nadie lo recibió. Camino lentamente tanteando la oscuridad y entró en la cocina dónde se topó con los gemelos, el sujeto de tez azul y cinta en los ojos y la bajita, Clara. Sí, de ella si se acordaba.

—Te he dicho mi nombre.

Burn apretó los labios, estaba harto de que todos entraran en su mente. La miró detenidamente así como queriendo echarla.

—Entre más lejos estés de ese otro vampiro más fácil puedo entrar en tu cabeza.

—Clara, no lo hagas— pidió IC. Está se giró hacia Burn—. Gracias por venir.

—¿Has sido tú quien me amenazó por teléfono?

—¡Si!— sonrió y dio un aplauso— ¿A que me ha salido genial?

—Por un segundo, creí que tenía un hijo llamado José. Y de verdad pretendí que estaba secuestrado.

—Estas agotado mentalmente, por eso fue fácil— respondió y lo invitó a sentarse—.Y por lo que estoy leyendo no quieres estar en el castillo, ni cerca de Grand.

El lugar era precario, con una mesa de plástico y sillas de hierro en mal estado. No había estufa ni refrigerador. La luz blanca titilaba erráticamente. No creía que le invitaran algo. Se planteó seriamente aceptar el ofrecimiento de la vampiresa, tenía razón, estaba harto de todo. Primero tener que lidiar con la tensión entre Ryuuji y Gazell, luego con el mal genio del antes citado, la niebla, el detective y los cuernos de Grand. Necesitaba un respiro de todo. Y saboreo todo como un suave momento. Se sentía bien. Hasta que quiso ponerle pause a esa película y miró a su derecha. Allí estaba el gemelo de la gemela, escudriñando su mente.

Lo miró atentamente y entrecerró los ojos.

—Estás usando alguna suerte de Empatía o de Encanto conmigo.

—Pensé que no lo notarías.

—Estoy agotado, pero aún sé cuándo algo está mal. O hay un polizón en mi mente. Si quieres saber algo, pregúntamelo directamente.

—¡Lo sentimos mucho!— exclamó IC Y le dedicó una mirada enfada a su hermano, aunque todo eso parecía más actuado que otra cosa—. Te llamamos porque en conejito quería regresar al castillo. Le marcamos al señor Osamu pero no nos ha respondido, Grand pidió no ser molestado y no conocemos bien al otro sujeto, el de cabello verde.

—Ryuuji— aclaró Burn—. Creo que sería al último al que quisiera llamar.

—Así que solo nos quedabas tú.

Burn tomó asiento y miró detenidamente el peluche, este le habló y él asintió un par de veces.

—Si tienen algún plan para revertir los cuernos de Grand soy todo oídos.

IC e IQ cruzaron miradas cómplices.

—¿Sabes cómo funcionan los hechizos de reversión?— IC tomó asiento a su lado, muy cerca. IQ tomó el otro lado. La acción fue casi de manera mecánica, coordinada.

—No soy adepto a la magia así que diré que no.

—Un hechizo de reversión— Hablo la Vampiresa rápidamente—. Básicamente sirve para corregir algo que está mal. Como una maldición, un hechizo o algo similar. En el caso de Grand es más complicado porque él no está maldito. Él nació siendo un demonio. Y por lo que pude indagar en su mente. Primero nació demonio—apuntó con los dedos de su mano—, segundo su naturaleza demoniaca fue retenida y luego fue convertido. En ese orden. Pero como tal no buscamos un hechizo de reversión.

—Buscamos algo que nos ayude a encerrar a su demonio interno.

—¿Qué tal si lo exorcizamos?— propuso Burn.

—¡Eso sería una genial idea!— espetó IC—. Si lo quisieras matar

—No puedes exorcizar a un demonio que es dueño de su propio cuerpo— hablo Clara, quien se había mantenido distante de la conversación se acercó a la mesa y tomó asiento frente a Burn—. Si Grand se lo propusiera podría el mismo detener a su demonio interno, pero parece que el disfruta más de sus luchas internas de lo que está interesado en buscar equilibrio.

—Siempre me pareció maravillosa la idea de la doble naturaleza— sonrió IC—. Gazell es muy eremítico con ese tema y no nos deja ir más allá del mar.

—Una parte de mí sabe que me han traído hasta acá para sacarme información de Gazell. Así que se los soltaré muy lentamente: Conozco muy poco de él. Y con lo que sé me basta.

—Bueno, entonces somos más de dos en esta habitación que no conocen a Gazell— dijo Beluga. Se acercó a la mesa dejó un par de hojas sobre la misma. Burn las miró por un momento.

—No puedes revertir el proceso de Grand desde afuera— dijo IQ

—Tienes que hacerlo desde adentro— secundó Clara— y le tendió una pequeña hoja rota.

—Cuando estuve en la mente de Grand, una parte de él me dio este hechizo— IC lo tomó y se lo mostro más de cerca—. Este fue el hechizo que usaron para neutralizar la naturaleza. Es magia demoniaca. Si observas solo el primer símbolo está roto. Si Hubieran roto este papel… todo el poder de Grand despertaría.

Burn abrió la boca pero nada salió de ella. Aspiró con fuerza y contuvo el aire. Estaba sorprendido.

—¿Quieres decir que lo que hemos visto de Grand no es ni el 10% de su poder?

IC asintió y luego tomó las hojas sobre la mesa.

—El plan que nosotros proponemos el reparar este hechizo con otro. Pero para lograrlo, tiene que ser desde adentro. Alguien tiene que llevar este hechizo adentro, debilitar al demonio y sellarlo. Sin embargo esto no detendrá el poder que Grand ya tiene ahora. Simplemente sus cuernos dejaran de crecer y no podrá acceder a su poder más allá de lo poco que ha podido recuperar.

—Es decir, solo detendrá el proceso— dijo IQ—. Pero el demonio seguirá aquí. Para suprimir por completo a Grand hay que hacer un sacrificio aún mayor, nadie puede suprimir la naturaleza de otro ser.

—Tal vez un Dios pueda hacerlo— rio IC pero el comentario fue más para sus adentros.

Burn tuvo una regresión, de esas que te golpean la cabeza y te pierdes en la infinidad de tus pensamientos. Miró sus manos recordando la conversación con Grand el día anterior, acerca de cómo se había quemado con el fuego sagrado de la espada y del templo ardiendo. De pronto los llantos eran más altos entre más se profundizaba la escena. Ya no estaba en la vieja y deteriorada cocina, podía oler el humo y sentir el calor manando de todas partes. Se preguntó cuántas veces más tenía que repetir esa escena en su mente. Como un maldito mantra que tienes que repetir hasta sesear tu tristeza y tu culpa. Su cuerno comenzó a palpitar fuertemente, llevo sus manos hasta su cabeza y escuchó un gruñido salir de la oscuridad a sus espaldas. El tibio aliento de la bestia y los ojos amarillos brillaron en su mente. Una mano lo jaló y de pronto estaba en la cocina.

IC lo llamó pero solo podía ver su rostro perdido y desorientado.

—¿Estas bien?

—Creo que hemos ido muy lejos— Clara llevó su mano hasta su cabeza, su nariz comenzó a sangrar—. Hay algo allí. Vi un laberinto.

—Sabía que esto no era buena idea…

—Estoy cansado— susurró Burn—. De ese templo y de todo el humo— alcanzó a decir y sin más se desplomo sobre la mesa.

—Creo que lo matamos— IC llevó sus manos hasta su boca—. Gazell nos va a matar.

—Nadie va matar a nadie— dijo IQ.

—¡Lo has hecho tú!— exclamó su hermana—. ¿Qué tienes en la cabeza?

—Tú lo has dicho. Necesitamos ganarnos a estos sujetos si queremos estar cerca de Gazell.

—Pero secuestrándolo no es la manera— IC miró el cuerpo desplomado en la mesa. —Si Gazell se entera que lo tenemos aquí seguro que nos mata. ¿Qué vamos a hacer con él?

—Clara— llamó IQ—. ¿Tenemos todavía algo de cuarzo negro?— Clara asintió casi de inmediato, la sangre seguía brotando de nariz—. Bien, podemos hacer un amuleto para repeler a Grand.

—¿Un amuleto? — Susurró IC— ¿Quieres decir una protección contra demonios?

IQ asintió y se puso de pie.

—Por el momento no podemos hacer nada para ayudar a este sujeto más que dejarlo dormir y darle una solución para que Grand no entre tan fácilmente a su mente.

—¡Eso es muy tierno de tu parte!

—También le pondríamos un rastreador. Así sabremos donde esta Gazell en todo momento.

—¡Me gusta como piensas!

VIII

Una pequeña llovizna había comenzado esa tarde. Los habitantes del castillo estaban dispersos por todos lados, particularmente Osamu se había quedo en la escena del crimen, pensando, mirando la sortija en su mano. Como si el mismo anillo le revelara la verdad; sintió ese día la presencia de su esposa a su lado y había jurado que era celestial. Estaba enfadado con Grand, pese a lo anterior la sensación que había experimentado en esos momentos parecía compensar parte del dolor que estaba palpitando por sus venas. Fue amor, la sensación de estar enamorado y el excesivo deseo de proteger.

—¿Te encuentras bien?

Osamu se giró lentamente y miró a Gazell a unos metros de distancia. Quiso ver más allá de sus ojos grises, pero solo distinguió algo que no supo interpretar.

—Puedo hacerte la misma pregunta.

Gazell no se esperaba esa respuesta, ladeó su cabeza y jaló su cabello, todo para parecer natural, ocultando su rostro. Dio media vuelta y se acercó a la apertura del jardín.

—No es nada— contestó—. Yo estaba preocupado por ti. Lo que pasó hace rato fue…

—Estoy bien— dijo Osamu y a Gazell le pareció muy honesto. No había dejo de enojo o ira—. No fue lo que esperaba.

—Supongo que has pensando mucho.

—Más que pensar…— dijo y caminó hasta llegar a su lado, juntos miraron el jardín y de manera coordinada postraron sus ojos en la cúpula. Podían ver la cabeza de Afuro moverse de vez en cuando—. He sentido muchas cosas. Cosas que ya no recordaba.

—¿Puedo hacerte una pregunta personal?

—Claro.

Gazell le dedicó una mirada cómplice, éste le respondió con un asentamiento muy pequeño. Todo este tiempo, ellos habían sido alguna especie de coleguitas. Se lo pasaban bien en la compañía el uno de otro, en silencio y quietud. No necesitaban mucho para comunicarse entre ellos y ninguno indagaba más allá de lo debido. Era la primera vez que Gazell se atrevía a cruzar la barrera personal.

—¿Qué opinas de Afuro?— le preguntó, ninguna expresión surcó la cara de su amigo.

—Me agrada— acotó—. Me desespera.

—En estas semanas que hemos pasado juntos, he podido ver cosas— Gazell peinó su cabello con sus dedos—. Cosas que han pasado entre nosotros. Cosas que no me puedo explicar y cosas que me gustaría entender. Afuro es una de esas cosas. Fue extraña la manera en como lo hemos encontrado.

—Una cosa que he hecho a lo largo de mi existencia, es no pensar demasiado las cosas. Si pienso mucho en el pasado, me agobio.

—¿Entonces aquello que has pedido por el contrato no contradice tus palabras?

—Tal vez. Lleve mi vida inmortal del modo más austero posible. Aunque para un eterno eso es casi imposible. Vi frente a mis manos la posibilidad de poder recuperar algo que me arrebataron. Y confieso que peque de ingenuo. Creí que sería fácil.

—Aparentemente todos pensamos lo mismo.

—La presencia de Afuro me tranquiliza— dijo de pronto. Gazell le miró por el rabillo del ojo pero no dijo nada—. A mi esposa le gustaban las rosas blancas. Pero decidí plantar rojas porque a Ryuuji le gustaban más.

—Y ahora hay blancas.

—Sembré rosas blancas porque a Afuro le gustan. Ryuuji nunca se dio cuenta del cambio, pero él sí.

—No puedes culpar a Ryuuji por no notar un detalle así— dijo Gazell y un atisbo de sonrisa surcó sus labios. Osamu imitó el gesto.

—Lo sé, él es despistado, y no me molesta que no lo notara. Después de todo, no busco su aprobación. Tampoco la de él pero. Confieso que me agrada ver sus reacciones.

—Existen veces que vale más una sonrisa honesta… que un alago vacío.

Osamu posó su mano encima del hombro ajeno.

—¿De verdad te encuentras bien?

—Sólo me siento un poco cansado. Llevo todo el día echando a Grand de mi mente. Es solo eso.

Pero Osamu no estuvo satisfecho con la respuesta. Apretó el hombro de Gazell, dándole apoyo de alguna forma simbólica y salió el jardín pese a la lluvia. Recorrió la senda de piedras y entró a la cúpula. Afuro alzó la vista de su libro.

—¿Puedo?

—Ya estás aquí— respondió el ángel y fingió regresas a su lectura.

La verdad era que Afuro no había podido retomar su lectura desde el episodio del anillo. Se había perturbada mucho de la conversación con Grand y no podía concentrar sus pensamientos en el libro. Osamu entró y se paró frente a él. Dejó de un lado el libro y se puso de pie. Fuera lo que fuera, Osamu se había tomado la molestia de ir hasta allí. Era la primera vez que entraba a su cúpula desde el día en que se la ofreció. El vampiro le tendió la mano y le dio el anillo.

—No quiero nada que venga de ese estúpido— espetó y trató de regresárselo.

—Este anillo es mío— dijo Osamu. El semblante de Afuro se contrario— Siento lo que pasó el día de hoy. No era mi intensión incomodar.

—No entiendo lo que pasó.

—Tampoco yo, pero coincido en una cosa con él. Puede que este anillo sea de tu medida. Y me agradaría que te lo probaras.

—¿Qué están planeando?— Afuro alzó una ceja y cruzo sus brazos—. No me interesa entrar a ninguno de sus jueguitos.

—No soy de la clase de persona que ruegue por las cosas, si de algo te sirve, tampoco me gusta jugar con los demás. Si te lo pruebas prometo hacer todo lo posible para que Grand no te moleste.

—Es una oferta tentadora.

—Y no durara mucho.

Afuro había sostenido todo este tiempo la prenda en su puño. Sintiendo un agradable calor manar de él. Debía confesar que el pequeño objeto había llamado su atención desde que lo vio brilla directo a él. Abrió su palma y lo jugó un poco. Lo observó con ojos curiosos y trató de ponérselo en el dedo indicen. No entró.

—Mientes, no es de mi medida.

—¿Me permites?

El vampiro tomó el anillo y a su vez la mano izquierda del ángel. Y delicadamente colocó la prenda en el dedo anular de su mano. Cuasi de forma ceremoniosa. Le había calzado perfectamente.

Afuro alzó su mano a la altura de su cara y admiro el objeto en su dedo. Se sentía como si hubiera recuperado algo perdido hace mucho tiempo.

Sintió que se completaba un poco más.

Gazell había observado la escena atentamente, ladeó la cabeza y sintió celos por un momento, luego vino una extraña paz que le lleno el estómago. Sí, esa era la sensación que a veces sentía cuando leía alguna escena romántica, ese cosquilleo en su pecho y en sus labios. Había, tal vez, presenciado la escena más pura y honesta en toda su existencia. Llevó por inercia su mano derecha a su cuello y sin despegar la vista de la cúpula apretó su cuello, con fuerza.

Cosa ne rimane della mia anima nera? (2)

IX

El demonio se había escapado del castillo sin supervisión adulta.

Entró a la compañía y a las chicas que trabajaban se les hizo raro ver a su jefe pasearse por el edificio. Habían recibido una llamada de que él estaba muy enfermo en casa, casi en cama. Grand saludo con una sonrisa a todo empleado que paseaba por el lugar. Algunos trabajadores corrían asustados porque no tenían la oficina lista. ¿Qué había que hacer? Preparar café y dejar todo los periódicos del día listos en su escritorio. Al llegar al piso de su oficina fue recibido por su asistente personal. Una mujer madura de cabellera rubia y uniforme negro. Le dio la orden de esperar por el señor Seats Allgood. La mujer le hizo una reverencia y lo dejó pasar.

—Te atrapé— dijo una voz en la oscuridad. Grand sonrió y sus ojos resplandecieron.

—No esperaba verte aquí.

—Me dijiste que por la noche cazaríamos.

Ryuuji se puso de pie y las luces encendieron.

—¿Llevas mucho esperando?

—No, acabo de llegar. Leí en tu mente que tendrías una reunión aquí.

Grand se viró rápidamente.

—¿Quién es el tramposo ahora?

Touche cariño— sonrió y jugó con uno de sus mechones —. Entre más tiempo pase contigo me enseña a ganar en tu propio juego. ¡No olvides que luchas contra el maestro de Auspex!

—Estoy muy sorprendido. Incluso en estos momentos estoy intentando entrar a tu mente y me tienes bloqueado. ¿Debería secuestrarte?

Ryuuji rió animado. Grand tenía mejor semblante que por la mañana.

—Tal vez sea yo quien te termine atrapando en mi mente.

—¿Es un reto?— se comenzó a acercar peligrosamente a Midorikawa, este le dedicó una sonrisa y capeo la tormenta para aparecer sentado en su silla principal.

—¿Tu mami no te enseño a nunca hacer tratos con el diablo?

—Solo quiero jugar un poco— le sonrió—. ¿Me vas a dejar con las ganas?

—¡Claro que lo haré señor demonio! —cruzó sus brazos por encima del escritorio, en una posición seria—. Tenemos que hacer algo con esos cuernitos sino queremos volvernos locos.

—Solo tengo un par de días afuera y ya me quieres echar. Eres tan malo.

—No te quiero echar, sólo quiero que vuelvan a ser uno. Quiero a mi Grand de vuelta, pero también quiero que tú estés a salvo. No sé tú, pero yo oí muy seriamente a Burn decir que te iba a encerrar en un círculo de sal.

—La sal es sin duda una excelente idea. Pero tú no tienes el corazón para dejarme morir de sed.

Ryuuji se carcajeó y poso su mentón sobre sus manos y miró a Grand con ojos brillantes.

—Te lo estoy pidiendo de una forma muy amable. Tenemos la forma para ayudarte.

—¿Tan mala te parece la idea de verme así?

—No es personal— respondió—. Quiero a mi Grand, pero también te quiero a ti, los quiero a todos, pero estás haciendo cosas horribles. Lo de entrar en cabezas ajenas es de muy mal gusto.

—Te dijo que no lo hago a posta. Solo pasa.

—Llegó tu cita— dijo y capeo la tormenta para aparecer frente a él—. Llámame cuando acabes, no estaré muy lejos.

Grand asintió y Midorikawa desapareció de escena.

Llamaron a la puerta un par de veces y su asistente anunció la llegada del detective. Seats entró con una sensación de expectativa en el ambiente. Miró al demonio sentado en el escritorio. Le pareció que en esos momentos era menos amenazador que la noche anterior.

—¡Señor Allgood!— Saludo Grand— ¡Qué bien es verlo en una sola pieza!

—Y supongo que es un gusto verlo tan animado—respondió el humano. No se acercó mucho al escritorio, permaneció en medio de la habitación.

—Sinceramente dude de que se presentara esta noche, pero veo que sus heridas han sanado rápido. ¿Es algo normal en usted?

—Puedo decirle… señor… Kira— dudó—. Que mis habilidades de curación son como las de cualquier ser humano, por suerte no hay huesos rotos, solo algunas contusiones, incluso me dieron incapacidad de una semana.

—Me llena de curiosidad saber si a lo largo de su vida ha experimentado alguna clase de experiencia paranormal. No sé. Ver fantasmas, oír cosas, mover objetos, sanación de wolverin.

—Nada extraño, señor.

—No me gusta que me mientan Señor Allgood.

—No le miento.

Grand sonrió lentamente, creía que se iba a divertir con el humano. Se había logrado colar en su mente. No había duda de que su poder de presencia era más débil cuando no se sentía amenazado. Vio algunos pensamientos rápidos dentro de Seats, pero ninguno en particular le llamó la atención. El venía con intención honesta.

—Veo que no trae amuletos ni estacas. Eso me tranquiliza.

—Creo que ya me quedó claro que usted es mucho más fuerte que yo. Así que me fio de su promesa.

—Prometí no hacerte daño— respondió Grand leyendo la mente del humano—. No prometí no matarte. Muero de ganas por saber qué clase de vampiro serás.

Seats enserió su rostro

—No tengo mucho interés en convertirme en uno de ustedes.

—Piénselo señor Allgood. Si quiere vengar la muerte de su esposa necesitará toda la fuerza posible.

—¿Qué sabe de la muerte de mi esposa?

—Supongo que a estas alturas de la historia lo que estoy a punto de contarle no le impresionara— Grand cruzó los brazos y se movió un poco en su silla—. Así que iré directo al grano. A su familia la mataron vampiros. Pero eso ya lo sabía usted—. Dijo y Seats no parecía sorprendido—. La mataron porque seguramente sabía muchas cosas y eso fue alguna clase de advertencia. Que por cierto, no hizo caso.

—¿Sabe exactamente quién fue?

—No— contestó honestamente—. Pero le puedo asegurar que ese vampiro posiblemente esté muerto.

—¿Qué le hace pensar eso?

—Echamos a todos los vampiros de la corte del principado anterior. Matamos a la mayoría de la corte, pero apuesto que algunos se quedaron. Esa información no se la puedo dar yo, pero quizá podamos conseguirla.

—Me interesa saber quién fue el responsable—. Seats avanzó rápidamente hasta ponerse al frente del escritorio.

—Y de saber quién fue ¿qué es lo que haría?, ¿matarlo?

—Por su puesto.

—¿Y eso aliviará su dolor?

—No— dijo y miró sus manos—. Pero sé que eso le daría descanso al alma de mi esposa.

—Espere un segundo— Grand llevó la mano hasta su mentón y pensó las cosas—. Me está diciendo que mantiene comunicación con el alma de su mujer ¿es eso?

—No.

—Miente. Hay algo que me está ocultando, algo que no puedo ver. Dígamelo por las buenas o tendré que entrar yo mismo.

Pero, pese a la amenaza Seats siguió con el gesto duro y los ojos viéndole fijamente, retándolo a que lo hiciera. Grand sonrió de lado. No lo hizo. Permanecieron así por al menos dos minutos en una tensión palpable y asfixiante.

—Bien— suspiró Seats—. Se lo diré. Desde ese incidente tenía pesadillas sobre la muerte de mi esposa y mi hija. Cada una más aterradora que la anterior. En ese momento decidí comenzar a investigar sus muertes. Y las pesadillas se intensificaron, pero de pronto pararon. Justo cuando la compañía Kira llegó a la ciudad.

Grand lo había observado de manera atenta. Con oídos bien abiertos y mente analítica. Apretaba de vez en cuando su rostro y luego se cruzó de brazos. Otro silencio se prolongó entre ellos.

—Puedo tener una idea de lo que está pasando— dijo el demonio y se puso de pie— No creo que tenga comunicación con su esposa porque posiblemente me diera cuenta de ello. Si dice que tras la muerte de ellas no paró la investigación y luego las pesadillas llegaron eso quiere decir que los chicos del Dragon Link lo estaban engañando.

—¿Qué me está tratando de decir?

—Vera— le dio la espalda y miró la ciudad con especial atención. Eran aproximadamente las nueve de la noche y para ese momento toda la ciudad de Inazuma estaba iluminada—. Los humanos son especialmente débiles ante cualquier clase de hechizo, maldición o derivado. Ellos caen fácilmente ante la más pequeña provocación, sin embargo señor Seats, usted no es como cualquier humano. Una persona normal habría cesado su curiosidad de inmediato. Lo hubiera dejado todo por la paz, pero no. Usted no. Hay humanos que son especiales, fuertes, extraordinarios que nacen con dones. Algunas veces lo desarrollan, otros lo niegan. Lo que le hicieron solo encendió más su fuego interno. ¡Eso es lo que me llama la atención de usted!— exclamó y se giró rápidamente. Se acercó a él y lo tomó por los hombros. Seats de inmediato se tensó y comenzó a repeler al demonio de su cabeza— ¡Eso es a lo que me refiero! Tiene el poder de no dejarme pasar, una extraordinaria fuerza de voluntad ¿Tienen una idea de la clase de poder que usted tendría una vez sea abrazado? — la fuerza con la que Grand lo estaba sujetando aumento y Seats miró aterrado como sus ojos estaba brillando en un verde intenso—. Hay Vampiros que pasan toda una eternidad tratando de mover una piedra y otros que por más siglos que pasen no serán capaces de sacar un conejo de su sombrero. ¿Lo entiende?, !Tienen un regalo en sus manos y puede decidir cuando abrirlo!

Seats le dio un manotazo a Grand y retrocedió varios pasos, asustado.

—¡No me interesa ningún regalo!— exclamó, dispuesto a irse.

Pero fueron las palabras del diablo las que hicieron que de detuviera de golpe.

—¿No le interesa hablar con su esposa por una última vez?

—Le pido de favor que no me engañe.

—No es ningún engaño, se lo aseguro— Grand retrocedió varios pasos con las manos abiertas para tratar de demostrarle que no había truco—. Sucede que tengo el poder de traer a su esposa por algunos minutos, podría despedirse y así lo desea.

—Miente.

—¿Tienen algún objeto de ella?— inquirió sabiendo la respuesta—. ¿Una sortija de compromiso que guarde celosamente?

Seats abrió la boca, pero no dijo nada. Tenía que mentalizarse que cualquier cosa podría pasar, qué él no era un vampiro cualquiera y que incluso sabría detalles como ese. Seats metió la mano en su chaqueta color café y sacó un anillo color dorado. Se lo tendió al demonio, pero no se lo dio.

—Llevo esto siempre conmigo. Quiero creer que me protege en todo momento.

—Es un buen amuleto— espetó Grand con una sonrisa—. Cualquier cosa del ser amado lo es.

—¿Qué tengo que pagar a cambio de esto?

—¡Nada!— exclamó—. Tómelo como un presente para usted. Para que confié en mí. Está demás decir que ya no seguirá acosando al muchacho. ¿cierto?

—¿Se refiere a Atsuishi Shigeto?

—Quiero que se asegure que se dé el caso por cerrado. El muchacho es muy importante para mí.

—¿Puedo preguntar por qué?

—Así como usted, hay humanos que me son interesantes y los quiero cuidar hasta que sea el momento adecuado.

—Bien, yo me encargo de desviar la atención del muchacho, si puedo lo cerraré y usted me ayudará a ver a mi esposa ¿es correcto?

—Correcto.

—Bien— respondió y abrió la palma de la mano, extendió el brazo y le dio el anillo.

—Le prometo que no se va a arrepentir— tomó el objeto y lo puso a contra luz—. Ahora solo necesito el nombre de su esposa.

—Cecilia—respondió Seats con dificultad—, Cecilia Allgood.

Grand aspiró con fuerza. Debía de confesar que estaba un poco temeroso, sentía que no iba a tener mucha fuerza para poder hacer la invocación, no después del hechizo de rastreo, sin comer y mucho menos sin dormir lo suficiente, consideraba que necesitaba al menos 12 horas diarias. Alzó la mano derecha y extendió la izquierda donde yacía la sortija.

—Senda del sepulcro— susurró. Unos símbolos verdes comenzaron a surgir de su mano derecha y fueron cayendo desde sus dedos hasta su pecho, las venas se empezaron a marcar en un verde intenso, cuasi radiactivo. Comenzó a repetir en su mente el nombre de la difunta y a tratar de verla, buscarla, sentirla. Los símbolos llegaron hasta la mano izquierda y brillaron junto al anillo— ¡Invocar al espíritu! — Exclamó y del anillo se desprendió un hilo que se conectó con su pecho—¡Yo te llamo a mi presencia Cecilia Allgood!

La sala quedó en silencio. Las luces titilaron un por algunos segundos pero nada más allá del extraño resplandor en el pecho de Grand se manifestó. Seats miró a ambos lados y le pareció observar nada sobrenatural, excepto la sonrisa del demonio y de cómo miraba algo más allá de él. Se viró y miró una figura blancuzca menearse lentamente, iba tomando forma con el pasar en los segundos y reconoció su largo cabello negro y su rostro redondito y un collar en su cuello que siempre llevaba. El fantasma de manifestó frente a él, suspendido en el aire pero a la vez sumergido en neblina.

Se miraron como la primera vez. Ella le sonrió.

—¿Ce-Cecilia?— tartamudeó Seats y cayó de rodillas, su rostro era un cumulo de emociones, trató de tocar la figura ante él. Ella le tendió la mano. Pero no se atrevió a tocarla.

—Cecilia Allgood— llamó Grand con voz seria y demandante. Sus brazos seguían en la misma posición inicial—. Has sido llamada por última vez para poder despedirte de este hombre aquí presente. ¿Lo conoces?

Ella asintió lentamente.

—Te daré el poder de la palabra por algunos segundos. Tú alma estaba en paz, y no tienes pendientes en esta tierra. Por lo que no podrás permanecer entre nosotros. ¿Estás de acuerdo?

Asintió nuevamente.

—Habla.

Te ves saludable.

—¿Realmente eres tú?

Siento no haberte hecho caso. Pero quería ir a casa a preparar la cena.

—Eso ya no importa. Cecilia. Perdóname. De no haber sido por mi trabajo, estarías conmigo… pero…Quiero vengar tu muerte. Déjame saber quién fue.

No lo recuerdo.

—Tiene que haber alguna pista.

Recuerdo que me quemaba, que me arrancó la vida lentamente. No recuerdo su rostro.

—¿Fue un vampiro?

Era un moustro. No podía respirar. Luego, ya no estaba aquí. Estoy en un lugar muy silencioso.

—¿Estas con ella? Con mi quería Isabell.

Si, también está aquí. Nosotras estamos aquí.

—Prometo estar con ustedes, algún día.

Te esperaremos. Y también al hibrido, él espera que estén juntos de nuevo. En el mundo de los muertos.

—¡No! ¡Espera!

Grand arrancó el hilo del anillo y revirtió la senda. Su respiración se agitó y sus manos temblaron de terror. Lo había rastreado. De manera impresionante. Retrocedió varios pasos y chocó contra su escritorio. Llevó su mano derecha hasta su rostro y lo cubrió, comenzó reír.

—¡No había terminado aún!

—Dije que sería breve— respondió mirándole de soslayo, con un solo ojo, aspiró aire con fuerza, tratando de recuperarse. —Esto ha sido más difícil de lo que creí.

—Cecil… te prometo que, vengaré tu muerte.

—Ella no quiere ser vengada— dijo Grand. Se dejó caer al piso y miró el anillo que aún sostenía con fuerza en su mano izquierda—. Ella está ahora en el mundo de los muertos, su alma logró llegar hasta allá. Pronto encontrara el descanso eterno o con suerte, regresará a este mundo para vivir nuevamente.

—¿Qué quieres decir?

—Las almas en ocasiones tienden a regresar a nuestro mundo, después de mucho tiempo retornan a vuelven a vivir. Algunas repiten una y otra vez su historia, su karma hasta que logran pasar a otro plano. Tu esposa no fue al paraíso, tal vez en algunos años ella decida regresar a este mundo.

Le tendió el anillo y este gateó hasta tomarlo. Se sentó frente al demonio.

—Tiene de dos señor Allgood. Y le digo esto, aunque no debería— Grand se acomodó mejor, se sentó en flor de loto—. Puede vengar la muerte de su esposa y suicidarse o vivir su vida hasta morir. Puede que en ese tiempo su esposa reencarne y usted no la alcance. Puede que muera y si la alcance. O puede aceptar el regalo y esperar el tiempo que sea necesario a que reencarne.

—¿Me está tratando de vender la idea dela inmortalidad señor Kira?

—Le voy a contar algo personal— dijo Grand y se frotó la frente, luego acarició los cuernos—. Me comencé a interesar en la ciencia de los muertos cuando perdí a alguien amado. Quería alcanzar su alma para poder estar juntos.

—¿Y lo logró?

—Aún no. Su alma es muy difícil de encontrar. Puedo presumir que su alma es de las más exquisitas y poderosas que jamás existieron. Pero no pierdo la esperanza… — musitó —. De encontrarlo.

Bajó la mirada mientras sus ojos se iban opacando.

—Si alguien como usted no ha logrado alcanzar al ser amado ¿Qué le hace pensar que yo podré lograrlo?

—Señor Allgood— levantó la cabeza y regresó a ese gesto confiado—, si algo tenemos de sobra es tiempo. Yo sé que lo voy a encontrar, no me importa el precio, el tiempo o la forma. Algo le puedo advertir, si decide morir no recordará nada de esta vida… oh dulce bendición de la ignorancia. Tal vez nunca vuelvan a estar con ella. Tal vez deba dejarla ir y buscar otro amor.

—No me ofenda— espetó.

Grand se carcajeó, con algo de simpatía en su ser. El humanito le resultaba especialmente curioso. Lo retaba y no le tenía miedo.

—¿De qué se ríe?

—No sabes la cantidad de humanos que me han rogado por darles la eternidad y a ti— paró de reírse y enserio su gesto—. Te importa un carajo.

—No sé con qué clase de personas se ha topado antes, pero son estúpidos.

—Creo que yo soy el estúpido. Señor Allgood. Disculpe que su llamado fue tan breve, espero que con esto su alma pueda descansar y me preste sus servicios.

—¿Y qué es lo que quiere que haga?

—Por ahora nada. Solo manténgase a la expectativa. Lo voy a canalizar con mi colega.

—¿Colega? Se refiere al otro sujeto, al de colmillos enormes.

—Si, Burn— anunció—. Desde ahora su trato será con él y por favor, no pelee con sus muchachos.

—De acuerdo— asintió y se puso de pie, le ofreció la mano al demonio para ayudarle y Grand vio esto como un interesante gesto—. No le voy a clavar una estaca en el corazón si eso cree, señor Kira.

Grand se carcajeó, menos tenso. Tomó la mano del humano y de un jalón se puso de pie.

—Piense en mi propuesta señor Allgood.

Finalizo. El Humano hizo un pequeño asentimiento y salió de la oficina.

Grand miró su mano izquierda, sintiendo por breves momentos parte de la senda que había usado para llamar a la mujer. Luego, las palabras vinieron a la mente y un pequeño escalofrió le heló el cuerpo. Todo este tiempo se había mantenido a la expectativa de realizar llamados, tratando de hacerlos rápidos y sin poder de palabra. Su miedo más grande se manifestó ante él y no le quedaba nada más que tratar de romperlos contratos y volver a desaparecer, ocultar su rastro.

—¿Lobo estás allí?— canturreó y Ryuuji capeo la tormenta frente a él.

—Eso ha sido muy amable de tu parte.

—¿Qué cosa?

—Llamar a la esposa del humano para que se despidieran.

—Supongo que es un pequeño precio que pagar para tener al humano de nuestro lado. Nos será útil.

—Si eso crees, entonces te apoyo— asintió un par de veces—. Ahora. Te propongo algo.

—Debo decir que esta expectativa que estas manejando me mata— dijo Grand y se acercó lentamente hasta el vampiro—. Que no pueda leer tu mente me tienta más.

—Comamos algo aquí y vayamos de vuelta al castillo, así te contaremos nuestro plan.

—Me llena la curiosidad saber con quién has estado conspirando.

—Nada de eso, todos conocidos— negó con la cabeza y jugó con uno de sus mechones de pelo—. Es más, creo que yo he sido el alma más sacrificada en este escenario porque he tenido que convivir con gente que no me agrada.

—Los chicos de Gazell.

—Ellos prefieren llamarse polvo de diamante y dejar a Gazell fuera de esto.

—En realidad…— musitó Grand y bajó la mirada—. Creo que sí he sido yo quien les ha pedido ayuda. Estoy un poco confundido y algo cansado.

—¡Tengo un humano dos pisos abajo!— exclamó Midorikawa, tomó a Grand de la muñeca y capeo la tormenta, llevándolos hasta el piso inferior. En una silla yacía una empleada que correspondía al turno nocturno, tenía su uniforme puesto pero parecía dormida— Comida rápida.

—Tenía ganas de cazar, pero creo que me apetece un bocadillo previo.

Se acercó al cuerpo y bebió director de la muñeca. La humana gimió en sueños pero no se despertó. Grand bebió rápidamente pero entre más comía más cansado se sentía. Dejó la muñeca a un lado y se tambaleo.

—Esta Humana tenía algo en la sangre— dijo Grand dando un par de pasos hasta tocar la pared, llevó sus manos hasta su frente—¿Qué tenía?

—Nada que te haga daño.

—¿Y todo esto para qué?

—Para que cooperes.

—Iba a cooperar de todas maneras— dijo quedito y se fue resbalando lentamente sobre el muro.

—Bueno… sí… en realidad pensamos que no ibas a cooperar y la humana ya estaba dormida, así que por si las dudas.

Grand se quedó dormido.

—Se va a enojar mucho con nosotros cuando despierte— dijo Ryuuji y sacó su móvil tecleando rápidamente algo.

Burn entró por la puerta de un golpe haciendo que Ryuuji pegara un grito. No lo sintió. Fuera lo que traía Burn era casi cien por ciento efectivo contra su Auspex.

—¡Me asustaste!— exclamó. Pero Burn lo ignoró.

—¿Cuánto crees que duerma?

—Tal vez una hora o menos.

—Nos dará tiempo de llevarlo al castillo— dijo y lo tomó toscamente del piso y lo echó en su hombro como un sacó de patatas— andando.

—¿Estás seguro que esto va a funcionar?— cuestionó Ryuuji siguiéndolo de cerca. Usó su poder de presencia para poder pasar desapercibido por algunos empleados que se cruzaron con ellos y bajaron rápidamente hasta el estacionamiento.

—Mira— acotó el pelirrojo y dejó a Grand en el asiento del copiloto en su auto—. Estoy tan desesperado por quitarle los cuernos que la idea de Polvo de Diamante no se me hace mala. Además se lo que me haya dado ha podido incluso contigo.

—¿Es alguna clase de amuleto?

—No lo sé— sacó de entre su playera una piedra negra atada con un cordón tejido de color azul—. Me dijeron que esto evitaría en lo posible que Grand entrara a mi mente, no es cien por ciento efectivo, pero también me han dado esto— de su bolsillo derecho extrajo una correa negra con un cascabel blanco.

—¡Un collar de gato!

—No— corrigió y lo hizo sonar en un par de veces—. Bueno sí. Pero esto evitara que Grand use su poder de presencia para pasar desapercibido. No evitara que entre a nuestras mentes pero nos advertirá de su presencia.

—¿Por qué no pensamos esto antes?

—Porque ninguno de nosotros está curtido en estas artes. Los hechizos y suertes de esta naturaleza necesitan de magos naturales. Y creo que ninguno es un mago.

—Quisiera ser mago— hizo un pequeño mohín con sus mejillas—. No tengo ningún talento más que ser bonito.

—No te subestimes— sonrió y le revolvió los cabellos. Ryuuji se carcajeó —. Eres bueno en muchas cosas. ¿Puedes conducir hasta el castillo?

—Seguro— le mostró las llaves del vehículo. Capeo la tormenta y se sentó en el asiento del piloto—. Nos vemos en el castillo.

Burn dejó salir primero a Ryuuji del edificio Kira. Él montó su moto y la encendió. Antes de echar camino sacó su móvil y marcó rápidamente algo y esperó respuesta pero nunca llegó.

A Gazell no le iba a hacer en gracia tener a sus muchachos en el castillo.

To be Continued.


Notas— De antemano te pido una disculpa si en al menos las últimas tres mil palabras existen errores. Para mí Octubre es un mes pesado por cosas del trabajo, justo hoy, catorce de octubre fue el evento más importante de mi empresa y digamos que ya capee la tormenta y si todo sale bien, tendré todo libre hasta fin de año. ¡Por cierto! Estoy realizando el octubreskine 2020, una suerte de inktober con una lista muy chula. Estoy haciendo a los personajes de Sacro Culto. Sería un placer para mí que pasaras a mis redes sociales y los vieras.

Mentiría al decir que ya comencé el siguiente capítulo. Prometo que en cuanto terminé las diligencias en mi trabajo podré dedicarle más tiempo a esto. Yo espero en un mes poder traerles noticias. Por favor, me muero por leer sus comentarios y su retroalimentación. Para mí es muy bonito leerlos.

(1) "Te has encontrado con un terrible destino, ¿No?" o del ingles "You've met with a terrible fate haven t you?" es una de mis frases favoritas de Zelda. Con esta frase había comenzado el borrador de este capítulo pero con otro contexto. Se lo decía Grand a Seats. No quise perder la idea y lo parafrasee para fines prácticos.

(2) "¿Qué es lo que queda de mi alma negra?" de la canción Anima Nera del más reciente disco de Lacuna Coil. Porque yo relaciono a dos bandas con Gazell, Lacuna Coil y Sirenia.