El corazón le latía a prisa, y el sentimiento de querer llegar lo más pronto posible, la impulsaba y motivaba a irme más rápido, dejando atrás a los demás.

Después de casi meses, sin saber nada de su Darling, revolcándose y hundiéndose en su miseria; finalmente, lo habían localizado.

Finalmente, se reencontrarían. Lo abrazaría y besaría, y le pediría perdón por su descuido y le prometería no volver a arriesgar así su vida. Porque era su Darling, su preciado Darling.

La vida no tenía sentido si él no estaba a su lado. Con él, se sentía completa; porque ellos, eran uno.

— ¡Zero Two, espera! — la llamó Ichigo, tratando de seguir el paso a duras penas. Aunque, claro, sus palabras no llegaban a ella y solamente eran ignoradas.

Pero no podía culparla, pues ella también estaba ansiosa por volver a ver a Hiro así como los demás.

Lo que la ponía contenta y la hacía sonreír. Sin embargo, tenía un presentimiento respecto a la reaparición de Hiro.

Que no la dejaba tranquila, y le hacía cuestionarse sobre las razones para aparecer después de casi tres meses.

— ¿Te encuentras bien? — preguntó Goro, al notar su estado de ánimo y su silencio.

Tal vez, no era nada.

— No es nada, estoy bien, Goro — le sonrió, tratando de apartar esos pensamientos y también, de convencerse de que todo estaba bien.


Se sentía ansioso, y aunque trataba de tranquilizarse convenciéndose de que todo estaría bien, pensar las palabras que diría y las posibles reacciones de sus compañeros y escuadrón, lo ponían más nervioso.

Suspiró profundamente, y volvió a mirar al cielo.

Ichi y Nawabari estaban ocultos pero no muy lejos de donde él estaba. Vigilando en caso de que las cosas se salieran de control para intervenir.

Sobre todo, si las cosas con Zero Two se tornaran feas. O eso le dijo Ichi, con una mirada entre seria y amenazante; que lo hizo sonreír un poco preocupado.

No quería que ninguna de ellas se hiciera daño. Ambas eran importantes y especiales para él; pues aunque tuvo momentos nocivos y casi peligrosos con Zero Two, no iba a descartar los buenos momentos que pasó a su lado.

La apreciaba, después de todo. Por haber traído un cambio a su monótona vida; incluso se atrevería a decir que si no fuera por aquel accidente que tuvieron, no habría sido capaz de conocer a la Princesa Klaxosaurio.

Lo cual, también le agradecía... Aunque estaba muy seguro de que ella no se lo tomaría bien.

Y nuevamente volvió a suspirar, pasándose una mano por la cara.

— ¿Cómo debería decirle...? — preguntó en voz baja, por un momento. Pues el sonido de algo grande acercándose lo alertó y lo instó a levantar la mirada al frente.

Y luego, ser envuelto en una nube de polvo que lo hizo toser y cerrar los ojos. Para entonces, ser derribado y abrazado en el suelo por Zero Two.

Y aunque él se esperaba algo así, no quita que le duela y le sorprenda.

Porque Zero Two, siempre lo toma desprevenido.

— ¡Darling, estás bien! ¡Estás vivo! — lloraba Zero Two, sonriendo, aliviada como emocionada —, ¡Te extrañé tanto, Darling!

Hiro sonrió levemente, acariciando su cabello con una mano —. Yo también me alegro de verte, Zero Two.

Zero Two sonrió una vez más, y tenía la intención de besarlo, cuando Hiro la detuvo, poniendo una mano en su hombro; lo que la confundió y extrañó.

— ¿Darling?

— Espera, Zero Two, quiero hablar contigo — dijo, sentándose y poniendo distancia entre ambos —. Es importante.

Darling, ¿Qué pasó? ¿Qué fue...? — sus palabras se detuvieron al notar los cuernos de Hiro, que anteriormente eran pequeños y cubiertos por su flequillo y ahora; estos relucían, como si de una corona se tratase, dejándola pasmada —... Tus cuernos, crecieron.

— Sí... Aunque, no son tan largos como los tuyos aún — sonrió, levemente, rascándose la nuca —... De hecho, hay mucho que tengo que contarles a todos. Pero primero, necesito hablar contigo, Zero Two... ¿Me escucharías?

Una parte de ella comenzaba a sentirse amenazada; un miedo inexplicable la embargó. Pero... Si su Darling quería hablar de algo importante para él, entonces, lo escucharía.

—... Está bien, te escucho.

Había tomado una decisión, y no iba a titubear o dar marcha atrás.