Disclaimer: Los personajes y el universo donde se desarrolla esta historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra del gran Masashi Kishimoto.
Capítulo 12: Ikigai
Sasuke se encontraba sentado sobre una rama con aire poco convencido. Era temprano y una neblina blanca cubría la bahía. Entre la neblina emergían balsas de pesca y de cultivo de perlas. Desde lo alto del cielo, los rayos del sol se vertían sobre el mar a través de la niebla. Al rasgar la superficie del agua la quilla de la barca levantaba salpicaduras transparentes que brillaban al sol de la mañana.
Mantuvo la mirada azabache fija en el paisaje mientras un sinfín de pensamientos merodeaban por su mente. Había pasado la noche en vela intentando sosegar sus sentimientos, imaginando todas las maneras posibles en las que esa misión podía salir mal con Sakura a su lado.
No dudaba de las capacidades de su esposa como kunoichi, sabía que era una de las mejores ninjas de Konohagakure, sus habilidades como peleadora y medico lo constataban, sin embargo, el hecho que estuviera embarazada acarreaba consigo una serie de implicaciones negativas que la convertían en un objetivo delicado. Desde el momento en el que ella se rehusó a aguardar por él en su pequeño apartamento, Sasuke supo que estaba en problemas.
Fue así que, en calidad de marido y mujer, reanudaron el viaje que habían pospuesto a causa del embarazo, los mismos que los llevaron a esclarecer su relación, a unirlos.
La constante preocupación de viajar con Sakura embarazada se convirtió en una forma muy distinta de contar ovejas antes de dormir. No obstante, esa noche fue muy distinta a las anteriores. Itachi había aparecido en sus sueños, lucia calmado y feliz. Era la primera vez que lo vislumbraba desde la cuarta gran guerra; su presencia irradiaba tanta paz que, cuando despertó, se percató de las lagrimas que descendían por sus mejillas.
Pasó el resto de la velada analizando el sueño, como no podía dormir, las primeras horas las dedicó a recordar. Desde la noticia del embarazo, las imágenes de su familia se tornaron nítidas, tan reales como si hubiese viajado en el tiempo para presenciarlas de nuevo.
Debía ser poco antes del amanecer cuando se dio por vencido y, en lugar de intentar dormir, decidió contemplar el alba. Miró al cielo y por primera vez después de su pelea con Naruto lo vio de nuevo, vio el alto e infinito firmamento que no tenia nubes que se deslizaran por él, sino que era azul, claro y amplio.
Reparó en los acontecimientos del pasado y la primera imagen que se perfilaba en su memoria era la de Sakura; sus manos pequeñas y frías, su pelo liso, tan bonito y agradable al tacto; los lóbulos de sus orejas, suaves y carnosos; su costumbre de mirar fijamente a los ojos cuando hacia una pregunta; la manera en que mordía sus labios cuando estaba nerviosa o demasiado concentrada.
Durante todos esos años, Sakura siempre estuvo a su lado.
La persona que habitaba en sus recuerdos más felices era la misma con la que estaba dispuesto a pasar el resto de sus días; la misma niña que se había transformado en una mujer fuerte; la misma chica que jamás temió encararlo; la misma mujer a la que le había jurado amor eterno y la cual se entregó a él en una noche lluviosa de verano.
Sacudió con la mano unas briznas de hierba de su capa y se puso de pie; la neblina se disipaba a medida que los rayos del sol irradiaban no solo luz, sino también calor. Con un movimiento elegante y meticulosamente practicado, descendió de la rama hasta clavar ambos pies en el suelo. Era momento de regresar al campamento improvisado.
Lo primero que vislumbro antes de cruzar los matorrales fue a Sakura postrada en el suelo, cerca de las cenizas de la fogata de la noche anterior; el cabello suelto acariciaba sus hombros, al mismo tiempo que perfilaba su bonito rostro; sus mejillas parecían rollizas y sonrojadas, había aumentado de peso en los últimos meses, ella solía decir que lucia como un globo o tal vez como un pez hinchado, sin embargo, ante los ojos de Sasuke, aquellos detalles le conferían una magnificencia meritoria.
El embarazo le sentaba de maravilla.
—Sasuke ¿eres tu?— pregunto con voz suave. Su vientre, bajo las ropas sueltas, sobresalía triunfante.
—Si— respondió al cruzar los molestos arbustos.
—¿Dónde estuviste?— lo observó con suspicacia mientras acariciaba su estomago con suavidad.
—Desperté temprano, no quería molestarte así que estuve contemplando el amanecer.
Tomó asiento a lado de ella y notó como el calor se precipitaba a sus mejillas.
—¿Todo este tiempo?— enarcó una delgada ceja rosada.
El azabache dejó escapar un largo y pausado suspiro.
—Así es.
Los dos guardaron silencio durante un segundo o dos. Ella se puso de perfil y permaneció inmóvil, de reojo, Sasuke avizoró como destilaba vida y frescura por cada uno de sus poros, como si fuera un animalito que acabara de irrumpir en el mundo para recibir la primavera. Sus pupilas se movían como si tuviera vida propia, riendo, enfundándose, asombrándose, conformándose. Había mucho tiempo que no la notaba tan expresiva, y se quedó unos instantes mirándola impresionado.
A pesar de las incomodidades, Sakura argumentaba sentirse bien, incluso maravillosa.
—Estoy lista para continuar— expresó con una enorme sonrisa estirándole las mejillas, desbordando entusiasmo.
—Aun estamos a tiempo de regresar a Konoha— recitó Sasuke mirándola contemplativamente—. Sigo creyendo que no es buena idea que vengas conmigo, estaré bien.
Sakura puso los ojos en blanco.
—No hay necesidad de ponerse paranoico.
Lo tomó del brazo y tiro con suavidad, a continuación, le dio un abrazo.
—No puedo evitar preocuparme, en especial cuando estas aquí afuera conmigo, expuesta a cualquier peligro— masculló.
—Me niego a convertirme en una flor de invernadero— dijo Sakura a la defensiva. Sasuke se rindió y dejó caer los hombros.
La pelirosa se ladeó y apoyó la cabeza sobre el hombro de Sasuke. Él la acaricio suavemente, disfrutando la cercanía de su cuerpo.
—Tsunade-shishō dice que todo esta bajo control. El embarazo marcha de maravilla— recitó.
Acababan de vislumbrar a la mentora de Sakura tres días atrás, antes de comenzar con el viaje. Al igual que él, Tsunade se mostraba preocupada por la atolondrada decisión de la pelirosa sobre acompañarlo en aquella misión. Cursaba el ultimo trimestre del embarazo, la semana treinta y seis para ser exactos; si bien, la fecha de parto no era cercana, la rubia recomendaba descanso y relajación, objetivos imposibles de conseguir si su testaruda alumna se aventuraba en una nueva misión.
—¿Cómo va tu espalda?— quiso saber.
—Mataría por un masaje— confesó encogiéndose de hombros.
Sasuke hilvanó una sonrisa media. Estaba tan regordeta, tan diferente de la pequeña y esbelta Sakura que todavía imaginaba en su mente. Su calor corporal y su olor llenaban el aire como los aromas de una rica sopa.
—Puedo hacerlo ahora mismo— se ofreció.
Al contrario de lo que muchos imaginaban, más allá del aspecto serio y reservado que mostraba ante todos, para Sasuke, atender a Sakura fue como entrar en la gloria.
Después de mucho tiempo sumergido en la agonía, Sasuke se sentía feliz. Estaba más cerca de la pelirosa de lo que nunca estuvo con nadie.
Aun le parecía irreal saber que, dentro de un par de semanas, un nuevo integrante pasaría a formar parte de su pequeña familia: la prueba irrefutable de los sentimientos que compartían.
Cuanto más pensaba en su unión, mas se percataba que las posibilidades de que ambos estuvieran juntos eran innumerables. Si remontaba esas cavilaciones a sus antepasados, al hecho de que vivieran, se conocieran y llegaran a procrearlos a ellos dos, hasta el día en que sus caminos se cruzaron, era como destilar una forma tan especifica a partir del caos de improbabilidades, tan difícil como convertir el aire en oro: un milagro.
Atisbó el vientre abultado de la pelirosa, y se dijo a si mismo que, el hecho de conocer a Sakura, que se enamorara de él un cuando tenía toda la razón para odiarlo y, de esa unión, de las miles de millones de eventualidades , fuese ese ser, ese pequeño ser que emergía.
—He estado pensando en nombres.
—¿Hmm?— Sasuke parecía sorprendido.
—¿Qué?— preguntó Sakura.
—Es solo una sensación. Me gustaría verla antes de decidirnos por un nombre.
—¿Por qué?— preguntó Sakura resentida—. Además, ¿Cómo estas tan seguro que tendremos una niña?, siempre que hablamos te refieres al bebé como "ella".
Ahora fue el turno de Sasuke para encogerse de hombros. Intentó lucir tranquilo bajo la mirada inquisitiva de la pelirosa. No se lo había contado a Sakura, pero había deseado una niña, al menor para eliminar algo de la distancia, de las diferencias con las que tendría que tratar. Imaginarse a si mismo sosteniendo a una pequeña de cabello rosado y grandes ojos verdes, provocaba que su corazón latiera con fuerza en los confines de su caja torácica.
—No lo se— dejo de respirar durante un momento mientras arrugaba el rostro.
—Tiene que ser una cosa o la otra— dijo Sakura sonriendo ante su reacción—. No nos haría daño estar prevenidos ¿cierto?
El azabache coincidió.
Meditabundo, apartó la mirada de la linda faz de su esposa para contemplar el cielo despejado. Lo cierto era que, durante los últimos días, su atención solo giraba en torno al bienestar de Sakura y su futuro hijo o hija. Por un instante creyó que ella elegiría el nombre; se encontraba tan inmersa en los cambios de esta nueva etapa que, en ocasiones, se sentía como un simple espectador.
—¿Qué te parece Ena?— propuso.
Sakura sonrió.
—¿Regalo de Dios?— él asintió—.Jamás te tome como un hombre religioso, Sasuke-kun.
Agotado por la tensión, acaricio su cuello tan tenso como un resorte de acero.
—No lo soy— admitió, ligeramente sonrojado.
—¿Qué dices sobre Den? Significa legado de los antepasados— saltó a decir con una sonrisa impecable enmarcándole el rostro.
—No me gusta como suena, es un nombre que seguramente elegiría el idiota del usuratonkachi: Den Uzumaki.
Esta vez, Sasuke no pudo ocultar una risa y Sakura lo golpeo delicadamente en el hombro con indignación fingida.
Nuevamente, Sasuke sentía una calma casi religiosa. Aquello era algo a lo que aferrarse, un centro, un punto de referencia.
—Mikoto— dijo volviéndose hacia él, acabando con el instante de paz antinatural instalado entre los dos‑. En honor a tu madre.
Sasuke sintió como el corazón le golpeaba la costillas. Aquel gesto era uno de los tantos que apreciaba de ella. A pesar de la complicada historia familiar, Sakura estaba dispuesta a compartir el dolor de su partida, creía que la mejor forma de hacerlo era honorando la memoria de su madre fallecía.
—Lo lamento, no quise incomodarte— se disculpó al solo recibir como respuesta un entrecejo fruncido—, imaginé que seria un buen gesto.
El azabache exhaló con fuerza. Una sonrisa imperceptible escapó de sus labios.
—Definitivamente lo es, sin embargo, pienso que ya hemos honrado a mi familia de distintas maneras— dijo con una sonrisa—. Además, tu harás la mayor parte del trabajo. El privilegio es tuyo.
Las arrugas en el entrecejo de la pelirosa se acentuaron al escuchar esas palabras.
—Debemos estar de acuerdo— le dijo Sakura.
Ella lo tomó con la guardia baja al alcanzar su mano y colocarla sobre su vientre. El azabache dio un respingo asustado al notar el imperceptible movimiento bajo la palma; demasiado tenue para tener la certeza de que estaba sucediendo.
—Sarada—susurró. Elevó la mirada para encontrarse con los orbes esmeraldas de su esposa en un choque arrebatador.
Sakura repitió el nombre en voz baja y sonrió.
—¿Cómo una ensalada?— preguntó pronunciando cada palabra con suma lentitud—. No, espera, ya lo se, Uchiha Sarada… cómo el aceite.
Sasuke la vislumbró con todo el amor que le era posible.
—Si— asintió—.Es el aceite que ayuda a encender una llama— desvió la mirada hacia su vientre—.Esa es la llama que encendió nuestros sentimientos.
—¿Escuchaste eso?, Sarada— preguntó Sakura dirigiéndose a su estomago abultado.
La respuesta: un movimiento.
Incapaz de matizar las emociones reflejadas en su rostro, Sasuke vislumbró con total asombro a su esposa.
—Cuando se mueve de esta forma, tengo la impresión de que me voy a poner de parto.
Sasuke se inclinó ante ella y acaricio el abultado vientre. Sus ojos brillaban como dos estrellas en el vasto firmamento.
—Está feliz— dijo Sakura—.Sabe que estás aquí.
Sasuke la contempló, se inclinó ligeramente hacia ella para poder pegar la oreja. Los tres disfrutaban de aquella mañana cálida de primavera, ella pateando y moviéndose en el interior de Sakura.
—Está despierta, ellos pueden oír, duermen, pueden asustarse incluso en el sosiego de este interior— le explicó mientras hundía los dedos en la melena azabache—.Sucede cada vez que hablas, supongo que debe emocionarle el sonido de tu voz.
Maravillado, Sasuke se aferró aun más a Sakura. Estaba ansioso por conocer a esa pequeña, porque demonios, si de algo estaba seguro era que ellos tendrían una hija.
Cuando se apartó, vislumbró a la pelirosa derramando unas cuantas lagrimas. Ella lo observó con suspicacia. Odiaba las malditas y caóticas emociones.
—¿Qué sucede?— preguntó alarmado.
Sakura negó con la cabeza al verse imposibilitada al responder con oraciones completas.
—Nada— sollozó—. Es solo que, me siento muy feliz al verte sonreír de esta forma y saber que yo soy la causa de esta felicidad.
Sobrecogido, la aprisionó contra su cuerpo, aferrándose a ella cuando sus ojos vidriosos se alzaron llenos de esperanza.
Destruyendo todo el autocontrol restante en él, acortó la distancia entre los dos al capturar sus labios en un tierno beso.
—Gracias por todo, Sakura— susurró al apartarse; su aliento roció el rostro de la aludida.
Si contemplaba el pasado estaba perdido.
Disipó sus lagrimas con trémulas caricias; los ojos verdes brillaban tras la nube que cubría sus pupilas.
—Te amo, Sasuke-kun— declaró a los cuatro vientos, sonrojada como una niña pequeña.
—Y yo a ti, Sakura.
Mientras vislumbraba el cielo, con Sakura recostada sobre su hombro, recordó que su padre solía decirle que el sufrimiento era un infortunio.
Reparó en esas palabras los días que estuvo encerrado en aquella gélida y húmeda celda. Pensaba que su vida había salido de curso, creyendo que todo estaba perdido. Cuando supo la verdad detrás de la masacre de su clan y el suplicio de Itachi, se vio cegado, absorto en la oscuridad.
Una vez comenzó su viaje con la pelirosa, se dijo a si mismo que aquello era el comienzo de algo nuevo y bueno. A lado de Sakura llegó a la conclusión de que, mientras tuviera a una persona por la cual luchar, mientras estuviese acompañado, habría felicidad.
N/A: ¡Y con esto llegamos al final!
Se que muchos esperaban que ahondara en todo el proceso del embarazo de Sakura y otras experiencias, sin embargo, desde que comencé a escribir el fic plantee que este seria el final, y todo se mostró a mi favor para que se diera :3
Como podrán notarlo, el titulo de este capítulo lleva por nombre Ikigai, lo cual, en la filosofía japonesa significa "el sentido de la vida", "la razón de vivir" o "la razón de ser". Encontré esta palabra poética, puesto que, considero, Sarada y Sakura son lo que le da sentido a la vida de Sasuke uwu.
Sin ánimos de extenderme más, quiero darles las gracias a todas las personas que me acompañaron desde el inicio, a aquellas que se tomaron el tiempo de dejar hermosos comentarios de apoyo, al igual que a todos aquellos anónimos y los que dejaron un tierno follow y/o favorite. En verdad, se los agradezco.
Tengo planeada otra historia, supongo que me tomara un tiempo desarrollarla por todos los detalles que implica, pero es un proyecto que me tiene muy emocionada. Con este fic llegando a su conclusión, probablemente estaré lanzando el primer capitulo dentro de unos días.
Bien, creo que ha llegado el momento de poner fin a mis divagaciones y agradecerles (Si, una vez más), a todas las personas hermosas que están leyendo esto.
¡Felices fiestas! Cuídense mucho y nos leemos pronto.
¡Chao!
