Capítulo 16
Tanya POV
Los Ángeles, California
–¡¿Cómo que salió de Canadá?! –grité furiosa.
¿Por qué no me había llamado?
¿Qué rayos le sucedía?
–Sí, nuestro contacto lo vio huir de Isabella Swan, al parecer ella fue a enfrentarlo con la policía.
Si mi padre descubría que la tonta Swan estaba tras él, acompañada por un policía, lo haría desaparecer.
–¿Qué? ¡Maldita sea! ¡Sabía que esa perra arruinaría todo! –caminé en círculos –¿Y a dónde fue? ¿Cómo huyó?
–Aún no lo sabemos con seguridad, pero Swan viajó a Puerto Rico con el policía, quizás ahí esté él.
–¿Aún no lo saben con seguridad? ¡Quiero saber dónde está! ¡Hagan lo que sea necesario para averiguarlo! ¡Y si está en Puerto Rico, quiero su ubicación exacta!
–Él la contactará, señorita Denali, debería esperar –interfirió.
–¡Encuéntralo ya! ¡Y ni una palabra a mi padre, o te hago trizas!
–Sí, señorita –agachó la cabeza.
–¡Quiero la información hoy mismo!
Tomé mi teléfono celular y llamé al aeropuerto privado, donde mi padre guardaba su jet.
–Necesito el jet listo –ordené altaneramente.
–¿Para hoy, señorita Denali?
–Hoy o mañana, aún no lo sé. Los llamaré más tarde.
–Prepararemos todo señorita, no se preocupe.
–Quiero al piloto listo, no me gusta que me hagan esperar, ya lo saben.
Armé un pequeño bolso con algo de ropa.
–¿Por qué no me llamaste Jacob? ¿Qué está sucediendo contigo? –observé su fotografía confundida –¿Acaso huyes de mí también? –apretujé mis dientes con fuerza.
Me sentía traicionada, pero aun así no podía dejarlo a su suerte. Él me necesitaba, siempre necesitaba mi ayuda, yo era como su hada madrina.
–No puedo abandonarte cariño, juré protegerte –besé su fotografía.
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Horas más tarde
–¿Señorita Denali?
–¿Qué encontraste? –lo presioné ansiosa.
–Mi contacto atrapó a Rachel Black, pero no sabía mucho, solo confesó que el plan de emergencia sería ir hasta Halifax para tomar un barco y así salir del país sin ser detectados en un aeropuerto.
–¿Entonces él fue a Halifax?
–Black tomó un barco en Halifax, de eso estamos seguros, un empleado del puerto lo confirmó. La primera parada para bajar cargamento será en Puerto Rico, por ese motivo, Swan y el policía fueron allí.
–Malditos bastardos, lo están esperando.
–¿Qué hará?
–¿Qué haré? ¡Tomaré un vuelo a Puerto Rico! ¡Por supuesto!
–No debería, señorita, su padre se enfadará si se entera.
–¡No se enterará!
–Pero…
–¡No hay peros! –grité tomando mi bolso –Llévame al aeropuerto privado, el jet está preparado.
–¿Ahora?
–¡Sí, ahora imbécil!
–¿Qué haremos con Rachel Black? ¿La dejamos ir? –preguntó luego dudoso.
–Desháganse de ella, mátenla.
–¿Segura?
–Sí, no me interesa, y es un cabo suelto.
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Alice POV
Nueva York
–Señorita Cullen, ¿tiene tiempo para mí? –James estaba sentado en el porche de mi casa, fumándose un cigarro de marihuana.
–Que olor espantoso que tienes –bufé.
–¿No estás feliz de verme? –sonrió acercándose.
–La verdad no –negué –Pero pasa, no quiero que alguien te vea aquí –le hice señas para que ingresara –¡Pero antes tira esa porquería! ¡No entrarás con eso a mi casa! –señalé su cigarro.
–Garrett me ha dicho que aún estás casada con el poli –tiró el cigarro y lo pisó.
–Sí, lo estoy.
–¿Y cómo va eso?
Miré alrededor, por si alguien lo había seguido.
–Va excelente –cerré la puerta luego de que ingresara –¿Quieres beber algo?
–Vine solo, nena.
–Solo verifico que nadie te haya seguido…
–Ajam
–¿Y qué vas a querer tomar entonces? –insistí.
Se lanzó sobre el sofá.
–¿Cerveza?
–No tengo cerveza, James.
–¿Qué tienes?
–Café, té…
–¿Un trago?
–Te haré un café –murmuré dirigiéndome a la cocina.
–Entonces tu esposo está con Edward y Bella en Puerto Rico esperando para atrapar a Black, ¿verdad?
–Sí.
Se sentó sobre la mesada.
–Me ensucias todo –señalé gruñendo.
–Siempre fuiste una histérica, Alice.
–¿Qué quieres decir con eso?
–Eres una frenética, todo te molesta, joder –mordió su labio inferior.
Activé la cafetera, ignorándolo.
–Estuve pensando en un plan, Victoria va a pilates los martes y jueves por la tarde, podrías encontrártela allí.
–¿En pilates? –frunció la nariz –Yo no hago pilates, es ridículo ese plan.
–Bueno, entonces si ese plan no te agrada, los viernes sé que almuerza en un bar a tres calles de la oficina con uno de los inversionistas.
–¿Todos los viernes?
–Sí, creo que tiene algo con él, algún tipo de relación amorosa.
–¿Quieres que casualmente la encuentre en el bar?
–La mejor forma es topártela de "casualidad"
–Lo sé, Alice, no soy tonto.
–¿Y cómo le sacarás información? No puedes ser directo, o ella se dará cuenta.
–Me la follaré y haré que confíe en mí –aclaró encogiéndose de hombros.
–Qué asco, James, por favor, eres repulsivo.
–¿Soy repulsivo?
–¡Sí, lo eres!
–Ustedes me han pedido que me enrede con ella para sacarle información.
–¡Yo no te he pedido nada!
–Bueno, bueno, es lo mismo, tú también aceptaste esto, de otra forma, no estaría aquí en tu casa.
–¡Haz lo que te plazca, total ya te la has follado antes!
–¿Estás celosa?
–¡No!
–Siempre tuve una duda…
–Esta es la dirección del bar, éste viernes ve y búscala –le entregué un papel con la dirección exacta.
–¿Porque me abofeteaste ese día?
–¿De qué rayos hablas?
–Cuando descubriste que estaba con tu tía, te volviste loca y me abofeteaste. Recuerdo que estaba Isabella presente, no podrías negarlo.
–¡Yo que sé, pasaron miles de años, ni recordaba que te había abofeteado!
–¿No? Creí que tenías buena memoria.
–Deja de ser irónico, James –me crucé de brazos.
–Solo quiero la verdad. Si me dices la verdad, averiguaré que esconde Victoria. De otra forma, estoy fuera de esto.
–¿Qué? ¿Estás chantajeándome?
–Solo quiero la verdad, nena.
–No me digas "nena"
–¿Por qué no?
–Porque soy una mujer casada, no es apropiado.
–Desvías el tema…
–¡Le dijiste a Garrett que lo harías y lo harás! ¡Listo, fin de la conversación!
–¿Fin de la conversación? –lanzó una carcajada.
–Ya tienes la dirección, puedes irte.
La luz de la cafetera titiló.
–El café está listo, dijiste que me darías una taza.
Bufé.
Le serví el café de mala gana.
–¿Entonces? –preguntó dándole un sorbo al café.
–¿Entonces, qué?
–¿Por qué te enfadaste tanto esa vez?
–Porque quería que mi tía volviera con su esposo, te culpé por su separación, esa es la verdad –mentí frotándome las manos.
Sonrió –Eso es mentira, sabes bien que yo no tuve que ver con su separación, y nunca quisiste a Félix.
–¡Eres un pesado, James, pasaron diez años!
–Solo dime la verdad –repitió colmándome la paciencia.
–¡Esa es la verdad!
–Mentirosa…
–¡Está bien! –grité –Yo me enfadé contigo, porque tú me gustabas, ¿estás satisfecho?
–Tú también me gustabas –dejó la taza a un lado y se acercó.
–Bueno listo, ya pasaron diez años, eso quedó en el pasado…
–Sí, quedó en el pasado, lo sé –con sus manos rodeó mi cintura.
–¡No me toques! –le di una bofetada.
–Ufff, que golpe –achinó la mirada.
–¡Vete de mi casa, James, eres un desubicado, no has cambiado nada!
De golpe y sopetón, sus labios se unieron a los míos.
Me estremecí.
Tenía sabor a café.
Lo empujé atónita.
–¡Eres un idiota! –me limpié la boca.
–No quería quedarme con las ganas –musitó con picardía.
–¡No se te ocurra decirle esto a nadie, o te mato!
–¿Ahora eres asesina? –aguantó la risa.
–No vas a arruinar mi vida, tengo todo lo que quiero. Ese beso jamás pasó, ¡jamás!
–Jamás pasó, nena –me guiñó un ojo.
–Ya vete –señalé la puerta.
–Cuando tenga información te contactaré…
–Contáctate con Garrett, no quiero volver a verte –respondí indignada.
–Bien, princesita Cullen –al irse, cerré la puerta con el seguro, lo observé desde la ventana subirse a su motocicleta.
Volteó a verme, cerré la cortina y evité saludarle.
–Soy una estúpida –golpeé mi frente –¿Por qué se lo confesé? ¡Debí seguir mintiendo!
¿Debía contarle a Jasper?
¿O eso solo podría lastimarlo en vano?
No había significado nada para mí.
¿Esto podría traer problemas a mi matrimonio?
Yo no había querido besarlo, no había sido mi culpa.
¿O sí?
–Maldición –me dejé caer sobre el sofá –No debí invitarlo a pasar, fue un terrible error…
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Emmett POV
Caminé hacia el comedor para buscar azúcar, seguí de largo al ver a Rose sentada en una de las mesas, bebiéndose un té.
–¿Emmett? –se puso de pie y me siguió –¿Cómo puedes seguir ignorándome? ¡Eres un caprichoso!
–No grites, Rose, estamos en el trabajo –aclaré.
–Entonces hablaremos al salir, porque estoy harta de que me esquives.
–Tengo mucho que hacer…
–¿Mucho que hacer? –repitió como burla.
–Sí, tengo mucho que hacer.
–Mira, Emm, seré directa –el rostro se le desfiguró –¡Si no hablamos hoy, lo nuestro se acabó!
–Te espero en casa a las seis –murmuré.
–¡Ahí estaré!
Después de un largo día de trabajo, volví al apartamento.
El reloj marcaba las seis, sonó el timbre, debía ser Rose.
–Pasa, por favor –abrí la puerta.
–Quiero una explicación, Emmett, estoy harta de tu comportamiento.
–Por dios, Rose, no me das respiro…
–¿Respiro?
–Recién llegas y ya estás pidiendo explicaciones. ¡Tú eres la que debe dar explicaciones!
–¿Yo?
–¿Por qué te metiste en medio de un problema familiar?
–¡Lo hice para ayudar a tu hermana! ¡Además sabes muy bien que el muchacho no hizo nada malo!
–¿No hizo nada malo?
–¡La denuncia fue desestimada! ¡Pregúntale a tu padre si no me crees!
–He hablado con mi madre, y sé suficiente. Tú lo ayudaste, y Bree es una niña inmadura, no es correcto que esté con alguien como Diego. Él se aprovechó de ella, de su inocencia.
–¡Tú madre como siempre, te manipula! ¡Eres un idiota, Emm!
–Tú debiste llamarme para pedirme mi opinión –refuté.
–¿Desde cuándo opinas sobre mi trabajo?
–¡No debiste defender a Diego!
–¡Es mi trabajo, y puedo defender a quién se me plazca! ¡Comprobé que el muchacho era inocente! ¿No te alcanza?
–¿Ángela te pagó por tus honorarios?
–¿Eso qué importa?
–¡No debiste meterte en esto, Rose, es un asunto familiar grave!
–Creí que era parte de la familia –sus ojos se llenaron de lágrimas.
–Por ese motivo debiste decírmelo, debiste avisarme que te habían pedido ayuda.
–¿Me hubieras apoyado si te hubiera avisado que lo representaría?
–No, claro que no, te hubiera dicho que no lo hicieras.
–A eso me refiero, ¿ves? –se rascó el cuero cabelludo –Eres un egoísta, Emmett, crees que todo gira en torno a ti. ¡Y no es así!
–Mi madre está enfadada contigo, por lo que hiciste… y la comprendo, te equivocaste. Solo debes pedir perdón y arrepentirte.
–Ella se enfada por todo, Emmett, siempre todo le molesta, y no puedo vivir complaciéndola. ¡Y no pediré perdón por esto! ¡No me arrepiento de haber ayudado a Bree y Diego! ¡Tú hermana está pasándola realmente mal! ¿No comprendes?
–Esta no eres tú, ¿acaso estás enfadada porque aún no vivimos juntos? ¿Por qué no te he pedido matrimonio?
–¿Qué tiene que ver eso? –ladeó la cabeza –¿No soy yo? ¿Acaso te molesta cuando no soy una sumisa que hace lo que tú dices?
–¿Me estás castigando?
–¡Mezclas todo! –exclamó rabiosa.
–Si no te arrepientes, no puedo perdonarte.
–¿No puedes perdonarme? ¡Yo no puedo perdonarte a ti por esto! ¡Se acabó! ¡No aguantaré estas estupideces!
–¡Bien! –grité abriéndole la puerta.
–¿Tirarás a la basura lo nuestro porque defendí a tu hermana? ¡Perfecto, así será!
–¡Defendiste a Diego, no a Bree!
–¡Ella lo ama! ¡Tú madre está arruinándole la vida, como lo hizo con Bella! –se plantó –¡Y ahora arruinará la tuya! –se fue refunfuñando.
No iba a ceder, ella debía pedir perdón.
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Caminé hasta el bar de más cercano, me senté en la barra y pedí una cerveza.
Al rato, llamé a Alec para que fuese al bar a acompañarme, no quería estar solo, me sentía frustrado.
–¿Emmett? –rozó mi espalda al llegar.
–Sientate –señalé la silla a mi lado.
–¿Estás borracho?
–No, aún no…
–¿Cuántas te has tomado? –me quitó la cerveza de las manos.
–Tres –indicó el cantinero con sus dedos.
–¿No crees que es suficiente?
–No, no son suficientes.
–¿Te sucedió algo? ¿Peleaste con tu familia?
–Rose metió la pata y no desea admitirlo –comenté frotándome el rostro.
–¿Pero qué es lo que sucedió? ¿En qué metió la pata?
–¿Recuerdas que te comenté de Diego y Bree?
–Sí, recuerdo que dijiste que tu madre lo denunció por estupro, ¿verdad?
–Bueno, Rose se metió en medio y lo defendió...
–¿Y qué ha pasado con Diego?
–Está en su casa seguramente, planeando ver a mi hermana otra vez.
–¿Pero eso significa que es inocente de los cargos?
–¿Y eso qué, Alec? –gruñí.
–Que jamás dañó a tu hermana –se encogió de hombros.
–¡Ese no es el punto! ¡El punto es que Rose se metió en medio de una discusión familiar, y saltó a defender a Diego, cuando debió estar de nuestro lado!
–Pero seguro que Isabella le pidió ayuda y por eso se metió en medio, no puedes culparla.
–¿De qué lado estás?
–No hay un lado, Emmett –respondió haciéndole señas al cantinero –¿Me traes una gaseosa?
–¡No! ¡Tráele una cerveza! ¡Yo invito!
–Soy muy flojito, al acabar la cerveza estaré desmayado.
–Yo te llevaré a casa –reí.
–Sí, seguro, porque estás muy lúcido –negó.
–Mira, Alec, te pedí que vinieras para decirme que estoy equivocado.
–¿Prefieres que te mienta, entonces?
–¡Diego es más grande que Bree!
–Y tú eras más grande que Alice –manifestó revolviendo el pasado.
–¡Igual que Isabella! –exclamé –Ella también revolvió el pasado, no entiendo por qué –odiaba que la gente revolviera el pasado.
–¿Qué no entiendes? Tú estuviste en una relación con Alice de adolescentes, y ella era menor que tú, Emmett. Es ilógico, y hasta un poco hipócrita que hables mal de Diego, cuando tú no te salvas.
Me quedé boquiabierto.
–Pero Alice era una muchacha madura –impugné –Bree es una niña caprichosa.
–¿Alice era madura? –dudó rascándose la barbilla –Eso no es lo que he oído.
–¡Da igual! ¡No revolvamos el pasado!
–Bien, bien.
El cantinero le entregó la cerveza –Aquí tienes.
–Uf, me arrepentiré de esto –le dio un sorbo –¿Y peleaste con Rose por eso? –frunció el ceño.
–Sí, ella ha dicho que lo nuestro se acabó –di una bocanada de aire.
–¡¿Qué se acabó?!
–Sí.
–¿Y la dejarás ir así tan fácilmente?
–Ella se equivocó al poner como prioridad los caprichos de mis hermanas, que nuestra relación.
–No creo que ella haya pensado eso. Solo quiso ayudar, Emmett –insistió defendiéndola.
–¿Por qué la defiendes?
–Porque cometes un error gravísimo al dejarla ir, esa mujer te ama.
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–Esperan, espera, la llave no es esa –señalé mientras Alec intentaba colocar la llave en la cerradura.
–Oh mierda, te dije que no debía tomar, ahora ambos estamos ebrios, damos vergüenza, ni siquiera podemos abrir una puerta, ¡joder!
–¿Esta es la llave? –revisé el manojo de llaves –Ups, no, esa es de la oficina.
–¿Y si llamamos al guardia del edificio para que nos dé una manito? –Alec se resbaló y cayó de cola al suelo.
Lo ayudé a levantarse –¡Vamos, ponte de pie!
Después de unos cuantos minutos, intentando abrir la puerta, la vecina de al lado se asomó –¿Emmett? ¿Estás bien?
–No podemos abrir la puta puerta –murmuré quejoso.
–¿Están borrachos? –ella lanzó una carcajada, me quitó el manojo de llaves y abrió la puerta –La llave de estos apartamentos es dorada, Emmett, y es la única llave dorada que tienes ahí.
–Hahahahahaha –Alec lloraba de risa.
–Mmm, pues gracias –estreché su mano.
Empujé a Alec dentro –¡Anda, métete!
–¿Te gusta la vecina? –preguntó una vez que cerré la puerta –Se ve bonita… muy hot*, se apareció con sus pantaletas celestes, regocijante.
–Nah, ella me recuerda a Bella, diuj –saqué la lengua asqueado –¿Quieres dormir en el sofá? –moví los almohadones a un lado.
–Puede ser…
–Iré por unas sábanas –me tambaleé por el pasillo.
Revisé en los estantes del armario, saqué unas sábanas limpias y me dirigí de vuelta al comedor.
–Toma, aquí tienes, por si te da frío.
–¿Esto no es una toalla grande? –dudó.
–¿Enserio? –tapé mi boca y aguanté la risa.
–Ya fue, me taparé con esto, no te preocupes –se recostó en el sofá.
–Buenas noche, Alec, gracias por estar para mí siempre –susurré agachándome para besarle la frente.
–Buenas noches, Emm –sus labios rozaron los míos.
Quedé atónito.
–Alec –caminé unos pasos hacia atrás –Yo no soy… tú y yo… bueno, no es algo posible.
–Lo sé, lo sé, lo siento, el alcohol me ha inhibido –respondió avergonzado.
–Sí, bueno, está bien –asentí aclarando mi voz –Iré a dormir, es tarde, ya sabes…
–Sí.
–Buenas noches –repetí alejándome.
–¡Emmett, espera! –me detuvo.
Volteé.
–¿Sí?
–Yo sé que tú no me ves de esa forma, lamento lo que hice, no quise ofenderte. Espero que esto no afecte nuestra relación de amistad o de trabajo.
–Tranquilo, todo está bien –palmeé su hombro derecho.
Seguí caminando, ingresé en la habitación, y me lancé sobre la cama.
Aún no podía creer lo que había sucedido.
¿Por qué rayos me había besado? ¿El alcohol lo había vuelto loco?
¿Era homosexual? ¿Tenía sentimientos por mí?
–What the fuck –musité pasmado.
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Edward POV
San Juan, Puerto Rico
Acaricié su mejilla –¿Bajarás a desayunar o quieres que te traiga algo?
–Quiero quedarme aquí –sonrió al observarme.
–Traeré el desayuno a la cama, ¿qué te parece?
–¡Perfecto!
Bajé por las escaleras, en el lobby me topé con Jasper, se veía preocupado.
–¿Qué pasó, Jasp?
–¿Y Bella? –preguntó mirando detrás de mí.
–En la habitación…
–Ven –salimos fuera, se apoyó contra la barandilla del balcón.
–¿Y qué pasó? ¿Tiene que ver con Jacob? ¿O pasó algo en la empresa?
La intriga estaba matándome.
–Rachel Black –respondió.
–¿Qué hay con ella?
–Apareció muerta, estaba en un hotel saliendo de Federicton, al parecer tenía signos de tortura –susurró procurando que nadie nos oyera.
–¿Qué? –no podía creer lo que oía –¿Tortura?
–Alguien está detrás de Jacob, no somos los únicos que seguimos sus pasos. Seguro que atraparon a Rachel para que les dijera dónde se escondía su primo.
–¿Quién crees que pueda ser? ¿Eleazar Denali?
–Quizás busca eliminarlo, él podría saber que estamos tras Jacob, si es así, lo primero que hará, será mandarlo a matar, para que no haga un trato con el FBI.
–¿No peligroso para nosotros? Podrían querer eliminarnos a nosotros también para que dejemos de hurgar.
–Cuanto antes resolvamos esto, mejor. Debemos atrapar a Jacob y volver a Estados Unidos a salvo, Edward. Y no te preocupes, que yo los protegeré, a ti y a Bella.
Temía por nuestras vidas.
¿Y si el asesino de Rachel nos eliminaba para borrar los cabos sueltos?
No podíamos permitirnos estar relajados, teníamos que estar alerta, atentos a todo.
–¿Y cómo te enteraste?
–Un oficial de policía de Federicton me llamó hace una hora, le había dado un identikit de los Black, y mi número cuando llegué a Canadá, para saber si los habían visto. Reconocieron a la muchacha cuando encontraron el cadáver esta mañana–respiró hondo –Al parecer el huésped de la habitación contigua sentía mal olor, tocaron la puerta, pero nadie respondió, y en recepción no había registros de salida de la huésped Black, por ese motivo llamaron a la policía. Cuando rompieron la puerta, la encontraron muerta, atada a una silla, con golpes, quemaduras y un corte preciso en la garganta.
–Es horrible –me sentía asqueado –¿No deberíamos abandonar la búsqueda para volver a Nueva York? ¿Y si la persona que asesinó a Rachel, ya sabe que él vendrá aquí? ¿Si esa persona va al puerto e intenta matarlo o matarnos?
–Iré yo solo al puerto, por prevención, y esperaré la llegada de Jacob, tú quédate con Bella en el hotel, estarán a salvo. En un sitio como este no se arriesgarán. En cuanto tenga a Jacob bajo custodia, te llamaré. Si sucede algo, huye con Bella, vuelve a Estados Unidos.
–¡No! ¡No irás solo!
–Tengo un arma, Edward –señalo el bolsillo izquierdo del pantalón.
–No, no, no –negué –Yo iré contigo, prometí que lo atraparía.
–Es muy peligroso Edward, piénsalo, si nos sucede algo a ambos, ¿quién cuidará de Bella? ¿Quién la protegerá?
–Encontraremos la forma, Jasp, no puedes arriesgarte a ir solo, es muy peligroso. No puedo permitirlo, Alice jamás me perdonará si te sucede algo.
Se frotó la frente.
–Lo mejor será no decirle a Bella la verdad. Está embarazada, se ha sentido muy descompuesta y débil, me preocupa que su embarazo sea riesgoso y que una noticia así le haga daño al bebé.
–Sí, en eso tienes razón, será mejor no contarle lo que sucedió con Rachel.
Después de esa charla, fui al desayunador del hotel y le armé un rico desayuno lleno de frutas a Bella.
Antes de ingresar a la habitación me sacudí.
–Debo mentir por su bien, no puedo alterarla –me dije a mí mismo antes de cruzar la puerta –Buenos días, hermosa –estaba levantándose de la cama.
–¡Ja! Buenos días –se sonrojó.
–¿Cómo te sientes hoy?
–Cansada, pero mejor que los otros días.
–¿Sí? –apoyé la bandeja sobre la cama.
–¡Que delicioso que se ve ese desayuno!
–Tú te ves deliciosa –con el pulgar pellizqué su barbilla.
Sus manos rodearon mi nuca, besó mis labios apasionadamente.
–¿Eres parte del desayuno? ¿Puedo comerte? –jadeó en mi oído.
–Sí, puedes comerme –sonreí.
Mordisqueó mi cuello.
–¡Ouch!
–Dijiste que podía comerte –su mirada pícara, me estremeció.
–Si sigues mirándome así, voy a entender que deseas algo más que un simple desayuno –aclaré.
–Quizás deseo algo más que "un simple desayuno" –encomilló.
–¿Ah, sí? ¿Y qué es ese algo más? –la tomé de la cintura.
–Tú sabes qué…
–¿Quieres que nos demos una duchita antes de desayunar? –caminé lentamente hacia el baño, mientras me quitaba la ropa.
Se quitó el pijama con rapidez, sus senos quedaron expuestos.
–Oh, Bells
–Ed –deslizó sus bragas hacia abajo, manteniendo su mirada fija en mí.
La alcé en brazos –¡Vamos a la ducha, señorita Swan!
–Ahhhhh –gritó risueña.
Me metí dentro de la ducha con ella en brazos, abrí el grifo.
–¡Está fría! –apoyó sus pies en el suelo.
Regulé el agua fría con la caliente.
–¿Ahora te gusta?
–Sí, ahora sí –masajeó mi polla con sus manos.
Me encorvé hacia delante.
Rozó mis testículos con su dedo índice.
–Bells –gemí.
Se arrodilló, colocó mi polla en su boca y comenzó a chupeteármela.
–Uf, uf, uf –temblé excitado.
–Ñam, ñam, que delicioso desayuno –elevó su mirada.
Lamió mi torso, hasta llegar a mi pecho, donde me acarició con la punta de su nariz.
–¿Me pasas el jaboncito en la espalda?
Tomé el jabón, con él masajeé sus hombros.
Luego bajé por su columbra vertebral, hasta rozar sus nalgas –Tócame, Ed –jadeó deseosa.
Solté el jabón, y le di un leve golpe en la nalga derecha.
–¡Ah! –gimió sorprendida.
Deslicé mi mano por entre sus nalgas, bajé hasta sentir su húmedo coño.
–Mmmmm –se retorció.
La di vuelta, me agaché y metí mi rostro entre sus piernas.
–Que rico coño –saboreé su excitación.
–Ahhh ahhh ahhh –presionó mi rostro contra su coño –¡Házmelo así, sí, sí Edward, sí, que rico se siente eso!
–¡Acaba para mí, cariño!
–Ahhhhhh –me tironeó del cabello.
Apretujó sus muslos con fuerza.
Me levanté, acaricié su mejilla con la palma de mi mano.
–Te amo, Isabella, y te amaré siempre…
Mordió mi labio inferior, estirándolo unos milímetros.
La alcé.
Me rodeó con sus piernas.
–¡Follame, Ed!
.
–¿Estás bien? –preguntó dándole un mordisco a la manzana.
–¿Por qué lo preguntas? –lancé la toalla húmeda sobre una silla.
–Siento que estás mal –estiró su mano hacia mí –¿Acaso no te gustó lo que sucedió en la ducha?
–¡No, Bella! ¡Claro que sí me gustó! ¡Lo disfruté mucho!
–¿Entonces?
–Pues, estoy preocupado por la llegada de Jacob, por ti, por el bebé –me senté a su lado, apoyé mi cabeza en su hombro.
–¿Seguro que es eso?
–Muy seguro, Bells –mentí mordiéndome la lengua.
–¿Viste a Jasper esta mañana?
–Sí, me lo crucé.
–¿Y te ha dicho algo nuevo?
–Nada nuevo. Aún hay que esperar, cuando llegue el barco de Jacob, lo apresaremos, y podremos volver a casa.
–No quiero volver a casa –confesó suspirando.
–¿Por qué no?
–En algún momento tendré que decirles que estoy embarazada, se me notará la panza en poco tiempo.
–¿Y eso te da miedo?
–Sí.
–¡Les diremos a todos que es mi hijo!
–No nos creerán… al menos mi madre no lo hará.
–No tienes que pensar en eso ahora, Bells, además si nos creen o no, es algo que no debería importarte.
–Pero conozco a mi madre, y se volverá loca, armará un escándalo.
–¡Tu madre se vuelve loca por cualquier bobería! –exclamé riendo –¿Aún te importa lo que piense de ti? ¿Sigue interfiriendo en tus decisiones? –consulté preocupado –Creí que ya habías dejado eso atrás.
–No, no me importa su opinión, ya no interfiere en mis decisiones, su palabra no tiene valor para mí –indicó enderezándose.
–Entonces deja de darle vueltas a algo que no tiene sentido.
–¿Y si Victoria difunde mi embarazo a la prensa? De seguro comenzarán a ventilar rumores donde algunos asegurarán que miento, y que el bebé es de Jacob, otros dirán que yo le era infiel contigo y por eso quedé embarazada tan pronto y harán mil conjeturas más. Será totalmente vergonzoso, hablarán de mí hasta el hartazgo. Odio esta vida… a veces quisiera que la tierra me tragara.
–Será mejor elegir la opción de la infidelidad –musité.
–¿Aceptar ante la prensa que éramos amantes? ¡Estás loco!
–Eso solucionaría los rumores, ¿no crees?
–No lo sé, quizás tengas razón y sea lo mejor. Así tampoco Jacob tendría intenciones con el niño –se tildó de repente –¿Y si Jacob quiere hacer una prueba de paternidad? ¿Y si pide ver al niño? ¡Oh, no!
–¡Bella, estás adelantándote!
–Es que tengo miedo, mucho miedo de que él arruine todo –mordió su labio inferior –Mi hijo va a tener a su padre en prisión… es horrible. Ya me imagino llevando al niño a la cárcel para que lo visite.
–¡El niño no sabrá de su existencia, Bella! ¡Jacob no tendrá derechos sobre el bebé, es un peligroso delincuente, y estará en la cárcel de por vida!
–¿Seguro que quieres meterte en este lío?
–¿Qué lío?
–Mi vida –desvió la mirada.
–Quiero estar contigo y apoyarte en lo que necesites, no me importan los escándalos televisivos, ni los chismes. Juntos podremos superar todo, ¿entiendes? Es nuestra segunda oportunidad, no podemos desperdiciarla.
Asintió.
–Y ya no pienses esas cosas horripilantes, relájate, mantén la calma –apoyé mi mano en su vientre.
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Un día más tarde
–¿Qué diablos te sucede? –Bella me sacudió.
–¿Eh?
–Estás paranoico, miras a nuestro alrededor constantemente, me doy cuenta, Ed, no soy ciega.
–No, solo estaba buscando a Jasper, hace desde el mediodía que no lo vemos.
–Dijo que iría a la habitación para hacer unas llamadas, por eso no está en la playa, de seguro está hablando con su jefe o con Alice. ¿Acaso no lo oíste durante el almuerzo?
–No, no lo oí, lo siento.
–¿Qué ocurre, Ed?
–Nada, Bells, enserio, todo está bien –intenté relajarme.
–¿Alguien sabe que estamos aquí?
–¿Qué?
–¿Te preocupa que alguien nos vea aquí? ¿Te encontraste con una ex amante y te preocupa que te vea conmigo?
–¡Oh, no! ¡Nada de eso!
–Entonces dime la verdad, porque estoy segura de que me mientes –refunfuñó.
–Cuando volvamos a Nueva York, te lo diré, ¿okey?
–¿Okey? ¡No, nada de okey! ¡Dímelo ahora! –exclamó furiosa –¿Por qué luego?
–Quiero protegerte, cariño –la tomé de la mano.
–¿Protegerme de qué? ¿Qué me ocultas?
–Denali podría saber que estamos tras Jacob…
–¿Eso qué significa?
–Quizás Jacob no salga con vida de Puerto Rico –admití.
Frunció el ceño –¿Crees que intentarán matarlo?
–Podría ser…
–¿Y por qué miras a los lados? ¿También temes por nosotros? ¿Acaso crees que Eleazar Denali enviará a sus matones para eliminarnos por buscar a Jacob?
–Mira Bella, solo quiero protegerte a ti, y al bebé –murmuré con un nudo en la garganta –Rachel Black apareció muerta, la asesinaron.
–¿Quéeee? –comenzó a temblar.
–Yo no quería decírtelo para no alarmarte.
–¿No alarmarme? ¡Alguien mató a Rachel! –gritó, le tapé la boca.
–¡Shhhhh, no grites, Bella!
–¿La policía cree que fueron los Denali?
–Sí, es lo más probable, Jasper cree que Eleazar intenta eliminar a Jacob para que el FBI no haga un trato con él a cambio de información crucial.
–Nosotros lo llevamos a Jacob, ¿verdad? ¡Es mi culpa!
–¡No, no!
–¡Sí, yo pedí rastrear la llamada, de seguro nos siguieron! ¡Mataron a la joven por mi culpa! ¡Jacob tenía razón, esa gente es pesada de verdad, y jamás lo dejarán en paz! ¡En cuanto tengan la oportunidad lo matarán, si no logra huir, lo matarán! –se levantó y salió corriendo.
–¡Bella, aguarda!
La seguí hasta su habitación, me cerró la puerta en el rostro –Déjame sola, por favor –suplicó.
–No puedo dejarte sola, temo por ti.
–Estaré bien, por favor, Ed…
Me senté en el suelo, apoyé mi espalda contra la puerta.
Al cabo de una hora
Caí hacia atrás, Bella había abierto la puerta –¿Sigues aquí? –preguntó sonriéndome.
–No podía alejarme, lo lamento.
–Ven, pasa –me dejó entrar.
–Lo que le pasó a Rachel no es tu culpa, es culpa de Jacob, él la expuso.
–No sé si quiero atrapar a Jacob, no sé si quiero ser la culpable de su muerte. Yo solo buscaba justicia, que fuera preso, pero ahora comprendo que eso jamás sucederá. Lo matarán.
–No serías culpable de su muerte, Bella. Él se enredó con la mafia, fue su decisión, sabía en que se estaba metiendo.
–Se metió con la mafia cuando era un niño, Edward, no sabía a lo que se enfrentaba realmente.
–¿Lo defiendes?
–¡No, no intento defenderlo! Es solo que no puedo permitir que esa gente lo asesine, no puedo ser tan fría. Eso me convertiría en la misma mierda que ellos. Yo no busco venganza, busco justicia.
–¡Él tiene que pagar por lo que hizo! ¡Nos estafó! ¡Arruinó tu vida, tu reputación!
–Sí, pero debe pagarlo en la cárcel, ¡no muriendo! ¡Yo no quiero ser parte de eso! ¡No puedo! –sollozó –¡Yo lo amé!
–El FBI lo protegerá, cuando lleguemos a casa, lo pondrán en un plan de testigos, le cambiarán el nombre, lo custodiarán y estará a salvo de la mafia.
–Él no va a hablar en contra de Denali, le teme demasiado. El FBI le soltará la mano y lo matarán en cuanto pise la prisión, es obvio.
–No podemos desistir ahora, Bella, debemos atraparlo.
–No quiero sentirme culpable, no puedo hacerlo, lo siento. Me he arrepentido –se colocó el cabello tras las orejas –Nunca lo quise muerto, solo quería verlo tras las rejas.
–Jasper no va a cancelar esto, no puede hacerlo, es parte de su trabajo, lo sabes bien.
–Sí, lo sé.
–¿Aún lo amas?
–No, Ed, no lo amo, pero si lo amé, y después de todo es el padre de mi hijo. No puedo permitirme ser tan fría –dio una bocanada de aire –Sé que en este momento crees que soy una estúpida por preferir dejar ir a Jacob, pero no puedo causar su muerte, no me lo perdonaría jamás.
–Entiendo, Bella, de verdad te entiendo.
Comprendía su sufrimiento.
Ella deseaba que él pagara por sus crímenes, pero no muriendo en manos de la mafia, sino tras las rejas, cumpliendo una condena justa.
Tenía razón, lo justo sería que Jacob recibiese un juicio, fuera juzgado y concluyera el asunto con una sentencia.
Pero lamentablemente, había más probabilidades en éste momento de que Jacob fuera asesinado a sangre fría como su prima Rachel.
Aunque nos alejáramos, y dejáramos a Jacob en paz, para que lograra sobrevivir al huir; como Bella planteaba; la mafia aun así podría rastrearlo y ¡puf!, desaparecerlo en un instante.
Ni hablar de Jasper, que tendría bastantes problemas con su jefe si llegase a enterarse que no cumplió con el trato de atrapar a Black por lástima.
No podíamos dar marcha atrás con el plan, tenía que seguir en pie. Teníamos que encontrar la forma de mantener vivo a Jacob hasta llegar a Nueva York, dónde el FBI se haría cargo de la situación.
.
Día de la llegada de Jacob a Puerto Rico
–Enciérrate en la habitación, no salgas por nada, Bella, ¡prométemelo!
–Sí, Edward, tranquilízate, estaré a salvo en el hotel –indicó ella abrazándome –Por favor ten cuidado, si las cosas se complican, huye.
–¿Estás listo? –Jasper se asomó y señaló su reloj –Es hora de ir, no podemos permitirnos llegar tarde. El barco está a cuarenta minutos del puerto por lo que me ha dicho mi contacto.
–Sí, estoy listo –acomodé mi camiseta.
Jasper me entregó uno de los revolver –No debería dártela, pero por protección la necesitarás. Solo úsala si es necesario, si alguien intenta dañarte, de otra forma, evita dispararla. Yo también llevaré una –golpeteó su bolsillo.
–¿Están seguros de esto? ¿Y si los matones de Denali están ahí esperándolo? ¿Y si les hacen daño al descubrir quiénes son? –Bella comenzó a perseguirse –Podrían querer matar a Jacob y a ustedes para no dejar cabos sueltos.
–Si los hombres de Denali están aquí en San Juan, de seguro estarán buscando a Jacob desesperados, para acabar con el trabajo. Por las dudas, tienes que quedarte dentro de la habitación, es por protección, podrían reconocerte y querer hacerte algún daño –interrumpí.
–Si no regresamos para la noche, llama a Marcus y pídele ayuda –le dio una tarjeta con el número de teléfono –Bella, él te sacará del país y te mantendrá a salvo.
Error, un gran error decirle a Bella la frase "si no regresamos"
–¿Qué? ¿Están locos? –me miró fijamente, sus ojos se llenaron de lágrimas –No lo hagan, por favor, no. Esto es peligroso, muy peligroso, nos equivocamos al venir, ¡pueden morir! ¡El FBI debería mandar un puto ejército aquí para atrapar a Jacob y así protegerlo de la mafia!
–Lo siento, cariño, te amo –le di un beso en la frente y hui.
Jasper me siguió.
–¡EDWARD!
Los gritos de Bella me desgarraban por dentro.
–¡EDWARD!
.
Caminamos por el puerto disimuladamente, intentando no llamar la atención.
Jasper sobornó a uno de los trabajadores del puerto para que nos dejara ingresar a la zona de carga y descarga.
–El barco está llegando, bajará ancla en el atraque número dos –confesó el empleado señalándolo –esperen allí, en cuanto coloquen la tabla para bajar, pidan hablar con el capitán.
–Agradecemos su ayuda –Jasper estrechó su mano.
Observé el barco a pocos metros de la orilla.
–¿Ves a alguien sospechoso?
–Mmm, no –negó colocando la mano en su bolsillo.
–¿Qué hay de aquel hombre? –indiqué con la mirada un hombre de traje caminando en círculos.
Jasper caminó hacia él, sigilosamente.
–Mierda, mierda, mierda –susurré temblando como una hoja.
–¿Disculpe? –Jasper se puso frente a él –¿Tiene fuego? –sacó un cigarro del bolsillo de su chaqueta.
–Sí, claro –el hombre le ofreció su encendedor.
–Gracias, señor.
–No hay porqué.
–¿Espera a alguien? –interrogó.
–Espero el barco de ahí –señaló el barco dónde estaba Jacob –trae mercadería para mi negocio de repuestos electrónicos.
–Interesante…
–¿Usted?
–En ese barco viene un amigo, estoy esperándolo, hace mucho no le veo y he venido hasta aquí para visitarle –mintió.
–¡Oh, qué bien!
Un par de minutos más tarde, el barco llegó a destino, los empleados del puerto ataron el gran barco al atraque número dos.
–¿Subo contigo? –pregunté codeando a Jasper.
–Quédate abajo por las dudas, si ves a Jacob, corre tras él, no lo dejes huir, Ed. Yo subiré y mostraré mi placa para que me permitan hablar con el capitán.
–¿Tienes la fotografía de Black?
–La tengo en mi bolsillo, tranquilo.
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Jasper POV
Necesito hablar con su capitán –le mostré mi placa del FBI a un hombre, que bloqueaba mi paso a la entrada del barco.
–¿FBI?
–Repito –respondí –¿Puedo hablar con su capitán o no? –lo presioné frunciendo el entrecejo.
–Sí, venga conmigo –me dejó pasar, di un vistazo rápido a unos empleados que estaban organizando el primer contenedor para bajarlo –¿Nos metimos en algún problema?
–¿Por qué lo dice?
–Por nada, por nada –negó algo nervioso.
–¿Usted es el capitán? –ingresé a la cabina principal, un hombre estaba frente al timón.
–Sí, yo soy el capitán, ¿usted quién es?
–Es del FBI, pidió hablar con usted, tuve que dejarlo subir.
–Bien, Langdon, puedes retirarte –le hizo señas para que se fuera –¿Entonces, señor…?
–Whitlock –le mostré mi placa –Estoy buscando a este hombre –saqué la fotografía de Jacob de mi bolsillo –Me han informado que está en su barco, que fue contratado como empleado en Canadá, su nombre es Jacob Black.
–Sí, vi a ese hombre, recuerdo su rostro.
–¿Sabe en qué camarote duerme?
–Langdon podría saberlo, yo no me ocupo de la organización de los empleados.
–Necesito que cuanto antes me lleven con este hombre.
–¡Langdon! –gritó.
–¿Señor?
–Acompañe al señor Whitlock a los camarotes, desea encontrar al señor Black, un empleado que contratamos en Canadá –le entregó la fotografía.
Langdon se estremeció.
–¿Lo reconoce?
–S–sí, l–o he vi–visto –tartamudeó.
–¿Puede llevarme con él? ¿Sabe dónde duerme?
–Sí, está a dos camarotes del mío –aclaró.
–¡Lléveme con él! ¡Y le pido por favor, que mientras esté aquí arriba, nadie baje del barco hasta que resuelva esto! –le clavé la mirada al capitán.
Bajamos a los camarotes, seguí a Langdon por el largo y estrecho pasillo.
–Es aquí –señaló la puerta con el número 78.
–¿Está dentro?
–No lo sé, señor, no estoy seguro.
Desenfundé mi arma –Hágase a un lado, por favor –abrí la puerta con rapidez –¡Todos quietos! –grité.
Un hombre en calzoncillos levantó las manos asustado –¿Qué pasa?
–¿Sabe dónde está éste hombre? –le mostré la fotografía.
–Sí, él dormía aquí, en la litera arriba mío, su nombre es Jacob.
–¿Dormía, en tiempo pasado?
–Anoche no vino a dormir, no sé por qué…
–¿No durmió aquí?
El hombre negó repetidas veces.
–Creí que era extraño, pero luego pensé que a lo mejor se enredó con otro tripulante y decidió dormir en el camarote de él después de una noche salvaje.
Jacob no era homosexual, no iría a dormir al camarote de otro tripulante porque sí. Tenía que haber otra razón.
Rasqué mi cuero cabelludo.
–Debemos buscarlo, no puede bajar del barco, ¿me oyó, Langdon?
–Comprendo, vayamos arriba a verificar, podría estar trabajando en los contenedores, tenemos que bajar muchos, son al menos veinticinco.
Volvimos arriba, miré a los lados, de repente un hombre corrió por la tabla intentando bajar del barco.
–¡Hey! ¡Ven aquí! ¡No puedes bajar!
¿Acaso era Jacob? Se parecía mucho a él, cabello castaño oscuro, tez morena, chaqueta de cuero y lentes de sol.
–¡Edward, detenlo! –señalé al hombre que bajaba desaforadamente.
–¡Maldito ven aquí! –Edward corrió tras él.
Bajé a toda velocidad, me trastabillé y caí dándome el rostro contra el suelo.
Toqué mi nariz, me salía sangre.
–¡Agárralo, Edward! –exclamé levantándome.
Oí un disparo a lo lejos.
Alcé la vista, el hombre había caído al suelo más adelante.
–¡Edward agáchate! –le hice señas con las manos.
Aparentemente había un francotirador en algún sitio.
La gente alrededor gritaba y corría desesperada.
–¡Jacob! ¡Jacob! –Edward se arrastró hacia él –¡Oh, joder, está muerto, prácticamente le volaron los sesos!
–¿Estás seguro que es Black? –corrí hacia Edward en reversa, intentando identificar dónde se escondía el francotirador –¿Está muerto?
–¡Sí, es él, y está muerto! –afirmó –¡Tiene la mitad de su cerebro fuera! ¿Acaso no lo ves?
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*hot en inglés significa caliente
