Si alguien me hubiera dicho hace un par de meses que una chica lograría tenerme en la palma de su mano, me habría burlado por decir tal estupidez.
Y aquí estoy ahora.
Abrazando a esa chica como si mi vida dependiera de ello. Deseando que sus manos siguieran acariciando mi cabello y su aliento siguiera golpeando en mi cuello cada vez que gemía y decía mi nombre. Quiero más, más de ella.
Quiero que se entregue a mi hasta que no quede nada. Nada de mi, nada de ella. Solo nosotros.
Logré dormir unas horas. Aún estábamos abrazados y el contacto con su cuerpo desnudo hizo que recordara lo que pasó anoche y mi sangre comenzó a calentarse. Solté su mano para acariciar sus curvas logrando que suspirara dormida.
Se giró hacia mi y pude ver su labio hinchado por el corte. Tense la mandíbula y me alejé. Si despertaba seguramente se sentiría enferma por lo ebria que estaba y no quería lidiar con eso ahora.
Me metí en la bañera e intenté relajarme. Podía sentir mi mejilla palpitando por el golpe y los rasguños en mi cuello ardieron con el contacto del agua caliente.
Si que sabía como sacar las garras. Aún recordaba claramente lo enfadada que estaba.
Recoste mi cabeza en el borde soltando un gruñido, mis hormonas volvían a jugarme una mala pasada. Mi celular comenzando a sonar me hizo saltar de la impresión.
–Maldición...
Estiré el brazo hasta alcanzarlo y vi la pantalla, era Matsuri.
– ¿Que?
–Veo que no estás de humor. Yo tampoco. Mi madre me contó lo que pasó anoche.
– ¿Que mierda podría saber ella?
– ¡Los escucharon peleando en tu puerta, Gaara! La vecina casi llama a la policía. Estoy tan enojada pero me calmaré ya que esa idiota está fuera del mapa.
–Yo no diría que está fuera del mapa.
–... ¿Que?
–Está en la habitación ahora mismo.
– ¡Pero estaban peleando! Por que... pelearon por lo que le dije en la llamada, ¿cierto?
–Algo así. Y sobre eso... no vuelvas a hacerlo.
–Pero... cuando me llamaste para que fuera a tu departamento estabas furioso por culpa de esa idiota. Creí que si le decía esas cosas se alejaría de ti y no volvería a molestarte.
–No vuelvas a intentarlo, no resultará —dije con pereza.
– ¡Pero ella no te merece! Yo te conozco, Gaara. Soy la mejor opción para ti.
–Lo sé. Por eso seguirás disponible para mi y no me buscarás hasta que yo lo haga primero, ¿cierto?
Suspiró con pesadez.
–Sabes que si. Espero que te aburras pronto de ella, ya te extraño.
Corté la llamada y bufé aburrido. Al menos ella me hacía sentir en control.
En cuánto entré a la cocina sentí pereza de preparar algo. Pedí comida tailandesa y volví a la habitación con un vaso de agua y aspirinas para la chica con una muy posible resaca.
Me arrodillé junto a la cama para mirarla. Solo cuando dormía tenía esa expresión calmada. Acaricie su mejilla pensando en lo hermosa e inesperada que podía llegar a ser.
Subí mi mano a su cabello y cerré el puño, estaba ardiendo de rabia recordando como la sostenía contra la mesa, como Hinata lo acercaba con desesperación.
Gimió de dolor y solté su cabello.
–No es tu culpa —murmuré, bajé mi mano hasta su cintura y me acosté junto a ella— no es tu culpa ser tan ingenua.
Se movió apenas abriendo sus ojos y parpadeó con confusión.
– ¿Gaara? —se frotó el rostro con las manos y se acercó a mi cuello— hueles bien... ¿por qué siento que mi cabeza va a explotar?
–La próxima vez no deberías beber tanto.
Gruñó como una niña enojada y rodeó mi cuello. Cerré los ojos sintiendo su tibio aliento haciendome cosquillas y aguanté la respiración.
–Dejé unas aspirinas ahí —dije saliendo de la cama, dejándola con los brazos estirados.
Fui al sofá a esperar por el repartidor, según la aplicación dentro de poco debería estar aquí.
Escuché a Hinata salir de la habitación con pisadas torpes y se encerró en el baño. Idiota, no debió beber así, definitivamente no sabe controlarse. Comimos solo con el ruido del televisor y en menos de 10 minutos estaba de vuelta en el baño.
– ¿Que? —preguntó molesta cuando me vio apoyado en la puerta.
–Te ves horrible.
–Lo sé —farfullo sonrojada.
Se enjuagó la boca con agua varias veces. Me acerqué y ante su mirada curiosa abrí uno de los cajones, dejé un cepillo de dientes aún en su paquete junto a ella y me dediqué a lavar los trastes.
Estuvo varios minutos lavando sus dientes y haciendo gárgaras.
–Odio vomitar —dijo.
Aún estaba usando mi sudadera gris, se sonrojó y escondió sus manos en el bolsillo.
–Volveré a casa de Ino, dejé mi celular y todas mis cosas...
–Yo iré — dije tomando las llaves del auto— le diré que no te sientes bien.
– ¡No es necesario! —exclamó tomando su vestido— se preocupará si no voy, además...
Su cara enrojeció aún más.
–Notará que peleamos. Es mas fácil mentir sobre un labio roto que un golpe y arañazos.
Hice sonar las llaves en mi mano con un ademán desinteresado y fui a la puerta.
– ¡Dije que puedo ir sola!
–Tienes resaca, estás deshidratada y no has podido comer nada, ¿quieres desmayarte en el camino?
Seguimos discutiendo por al menos 20 minutos hasta que logré convencerla para llevarla, su única condición era que me quedaría en el auto y mi condición para obedecer era que nos iríamos de inmediato.
– ¿De quién es este auto? —volvió a preguntar como la noche anterior.
–Mío.
–No sabia que tenías uno...
Suspiré aburrido.
–Es un regalo de graduación.
–Oh, eso es lindo.
Levanté los hombros con indiferencia. Mi padre les había regalado un auto a mis hermanos cuando se graduaron, excepto a mí.
Temari decidió darme el suyo para que no me sintiera excluido, supongo.
Pero ser excluido no es la gran cosa, no tiene sentido sentirse excluido cuando es difícil sentir que es tu familia.
–Es aquí.
Ino no tardó en abrir la puerta y ambas se adentraron en la casa.
Mi celular comenzó a vibrar.
– ¿No puede un hombre estar tranquilo?... ¿Qué quieres?
– ¡Gaara! Hombre, creí que habias muerto.
–Ya quisieras.
– ¿Donde has estado metido? No hemos sabido de ti en, no lo se, un mes o algo.
–Estaba aburrido y... encontré un nuevo pasatiempo que me ha mantenido bastante ocupado —dije, mirando a Hinata salir de la casa y despidiéndose de sus amigas con la mano.
– ¿Si? Deberias volver a conectarte, los chicos extrañan tus fotos. ¡Aún nadie rompe tu récord!
–Son un montón de virgenes fracasados, no me sorprende.
–Lo sé, esos pervertidos te adoran. Entonces, ¿que tan linda es tu nuevo pasatiempo? ¿Nos enviaras fotos?
–No lo sé —dije pensativo, Hinata mostro curiosidad al verme hablar por el celular cuando entró— tal vez pase por ahí y envíe algo interesante. Nos vemos.
– ¡Genial! Adiós.
Volví a guardar el aparato y prendí el auto.
–Ehm...—titubeó abrazando su bolso— ¿puedes llevarme a casa? Se suponia que tenía que volver en la mañana.
–Creí que pasarías el día conmigo.
–Pero mi padre...
– ¿Te ha llamado?
–No...
–Entonces estoy seguro de que no le importará.
Frunció los labios y asintió con tristeza, ¿por que le era tan difícil entenderlo? A su padre no le interesaba, pero ella sigue esperando algo, siempre con la esperanza de atención. Patético.
Solo yo puedo comprenderla.
Volvimos y ella fue directamente a la habitación. Aún estaba algo pálida.
Me recosté en el sofá insatisfecho, así no era como pensaba pasar la tarde. Suspiré aburrido buscando algo en la televisión hasta que el tono del celular de Hinata logró llamar mi atención.
Busqué entre sus cosas hasta dar con el.
Toqué la pantalla y no me extrañó que pidiera una contraseña numérica. Tecleé su fecha de cumpleaños y ya estaba dentro. Reí entre dientes, a veces era tan predecible.
Habían mensajes de Ino y Sakura preguntando si habia llegado a casa, aburrido.
Mensajes de Naruto preguntándole si se encontraba bien y algunos de hace unos minutos preguntándole porqué tenia el labio roto.
Por supuesto que las chicas no le creyeron, es terrible mintiendo. Borré los ultimos mensajes y seguí. La última conexión de Sasuke habia sido en la madrugada, horas antes de encontrar a Hinata. No habían mensajes, nunca habían hablado.
¿Entonces cómo llegaron a esa situación? Sigue dando vueltas en mi cabeza, una y otra vez sin detenerse.
Tenía la intención de devolver el celular a su lugar hasta que vi el nombre de Temari entre sus conversaciones. La mayoría de las veces era Temari preguntando sobre mí, no sería tan molesto si no fuera porque Hinata le respondía con detalles.
Esto es lo peor que me ha hecho.
Entre a la habitación y descubrí su cuerpo de las oscuras sabanas de mi cama, ya había abierto los ojos cuando la tomé de los tobillos y la arrastre hasta la orilla.
– ¿Que crees que estas haciendo?
–Y-Yo debería decir eso —tartamudeo con confusión. Tomé con fuerza su antebrazo y la acerqué.
Le mostré las conversaciones con Temari y su rostro se volvió mas pálido que antes.
Dejé caer el celular y me subí sobre ella, hubo un forcejeo cuando intenté tomar su otra muñeca.
– ¡S–Solo está preocupada por ti!
– ¡¿Por qué tienes que entrometerte?! ¡¿Por qué siempre tienes que hacerlo difícil?!
–Lo siento —sollozó.
La solté y me miró asustada con sus ojos llorosos, mis manos temblaron a causa de eso. Odiaba esa mirada que era tan familiar. El aire comenzó a hacerse mas pesado.
Caminé a la puerta dispuesto a salir de aquí.
– ¡Espera!
Me siguió y tiró de mi brazo para adelantarse y bloquear el pasillo.
–No huyas de nuevo, por favor —suplicó buscando mi mano como la noche anterior— hablemos.
Fruncí el ceño y baje la mirada, no quería hablar, no queria estar aquí.
La empujé con suavidad a un lado y ella apretó mi mano impidiendo que siguiera.
– ¿Recuerdas cuando dijiste que somos iguales porque a nadie le importa lo que nos pase? Tenías razón, lo somos. Sé como te sientes y sé que deseas que alguien te dé eso que nunca tuviste.
–No necesito nada de nadie —dije entre dientes. Intenté irme pero seguía tomando mi mano con fuerza.
–Dices eso pero sigues haciendo que me mantenga cerca de ti. Me pides que me quede contigo porque en el fondo no quieres estar solo y... yo realmente me preocupo por ti, cuando no estás enojado... me gusta estar contigo.
Me liberé de su agarre de un tirón y di media vuelta.
—No sabes una mierda.
– ¡Gaara!
Siguió llamándome hasta que empuje con fuerza la puerta para cerrarla.
Corrí hasta que los músculos de mis piernas ardieron.
Dolor físico. Lo único que lograba calmar mi mente.
Pero no lograba que ella dejara de estar ahí.
Llegué al parque que visitaba habitualmente, seguí corriendo por varios minutos hasta llegar a lo mas profundo. Me dejé caer bajo la sombra de un grupo de arboles, mis piernas no daban más y mi camiseta estaba pegada a la piel por el sudor.
Tal vez era yo el que lo hacía difícil. Tal vez ella tenía razón.
Observé con disimulo a las parejas que llegaban hasta esta zona. Parecían felices e imaginandome así con Hinata hizo que me diera cuenta de que también quería esa imagen feliz para nosotros.
Decidí volver cuando mi ropa ya estaba seca y me arrepentí de salir así de apresurado cuando mis pies dolieron por correr con un calzado inadecuado, pero la ansiedad y la sensación de estar en un espacio pequeño no me dejaba respirar. También había dejado el celular en casa, no tenía idea de cuanto tiempo había estado fuera.
Apoye mi espalda en el ascensor observando los números que indicaban en que piso me encontraba. No tenía que dudar si ella seguiría ahí. La conozco y sé que estará sentada en el sofá con sus ojos llorosos esperándome.
¿Entonces por que sentía miedo de tocar a la puerta? Tal vez había decidido volver.
–Hinata —llamé, los pasos apresurados no tardaron en escucharse.
Como supuse, sus ojos estaban enrojecidos y húmedos por el llanto. Rodeé sus hombros después de cerrar la puerta y enterró su rostro en mi pecho, abrazandome con fuerza.
–Lo siento —dijo con su voz apagada.
Tomé su rostro entre mis manos y apoyé mi frente en su flequillo, estaba realmente dispuesta a estar conmigo en este momento, lo sentía. Haría cualquier cosa por mi si se lo pidiera.
Besé su frente y la levanté en mis brazos, sus piernas se cerraron alrededor de mi antes de ir a la habitación y tirarnos a la cama. Sus manos estaban alrededor, acariciandome.
– ¿Donde fuiste? Te estuve esperando por dos horas...
–...Salí a caminar.
Frunció los labios con preocupación en su mirada.
–Estabas teniendo un ataque de ansiedad, ¿cierto?
–Temari te contó.
–Si...
Chasquee la lengua con enfado y me bajé de la cama, necesitaba una ducha de todas maneras.
– ¡Espera! —se estiro con rapidez para tomar mi mano— lo estás haciendo de nuevo.
Suspiré profundo y volví a sentarme.
–Solo queremos ayudarte, ¿por que no lo aceptas?
–No necesito ayuda.
–...La necesitas Gaara. No puedes controlarte, anoche... casi haces algo terrible, Sasuke podría denunciarte ¿y luego que? Tu padre... no quiero que vuelva a lastimarte. Aún eres menor de edad, sigue teniendo control sobre ti.
Desvíe la mirada con irritación, no le daría la razón.
– ¿Que mierda quieres que haga? No sabes como es, cada vez que me enojo es como si... algo se encendiera dentro de mi y no puedo pensar claramente.
Acarició mi mano con su pulgar y miró hacía el mueble donde estuvo husmeando el otro día.
–Temari me contó... que tu terapeuta dijo que con los medicamentos estarías bien.
– ¡Estoy bien! —grité— ¡no necesito a ese imbecil ni su estupidas medicinas!
Con ambas manos tomando mi brazo, Hinata tiró con fuerza haciendo que me estrellara contra su cuerpo. Inmediatamente intenté alejarme y envolvió sus brazos alrededor con fuerza.
–Nunca duermes correctamente y siempre estás ansioso ¿no es cierto? No puedes estar tranquilo porque piensas mil cosas a la vez, al final del día no sabes cual te hizo enfadar más, pero siguen ahí dando vueltas en tu cabeza sin dejarte dormir.
Pasó sus dedos entre mis cabellos y estampó suavemente sus labios justo arriba de mi oreja. Ya no quería alejarme de ella.
Tenía razon, me obsesionaba con cada cosa que me hacia enfadar, aunque solo fuera algo pequeño, podía estar horas repitiendolo en mi cabeza.
–Quiero estar contigo, pero... si seguimos asi, solo terminaremos lastimandonos.
– ¿En serio crees que con eso todo mejorará?
–Si. Y yo estaré a tu lado cuando sientas que no puedes seguir, cuidaré de ti.
Buscó mi mirada y sonrió tímidamente. La besé con necesidad, su disposición a mi era un deleite.
Buscó los frascos y volvió con un vaso de agua. Lo dudé antes de tomar la pastilla, pero si eso era necesario para mantenerla conmigo, lo haría.
No nos separamos por semanas. No importaba si era en mi departamento o su casa, no podíamos estar lejos el uno del otro.
Aunque en su familia ya había aparecido un problema.
– ¿Que te pasa? —pregunté al verla farfullar malhumorada.
–Es Ino, está enfadada porque no fuimos a la fiesta con ellos.
– ¿Está molesta porque queriamos una noche solo para nosotros? Siempre está criticandote.
–Lo sé, pero...
–No es una buena amiga.
Suspiró decaída y asintió.
–Lo sé.
La abracé antes de besarla y aprovechar de alejar su celular. En unos segundos las notificaciones no dejaban de sonar haciendo la situación molesta.
Hinata se separó cuando alguien carraspeó con fuerza. El sonido constante de las notificaciónes no nos dejó escuchar que alguien venia a su habitación.
–Neji —dijo, sus mejillas enrojecieron y se separó aún mas. Lo miré con desinteres— volviste antes.
–Quería pasar la navidad con la familia —dijo cortante para luego mirarme— ¿quien es el?
–C-Cierto... el es mi primo, Neji.
—Gaara —me acerqué a el y nos dimos un apretón de manos— su novio.
Me apretó la mano con mas fuerza de la esperada y fingiendo sonreir.
Ok, me agrada. Esto será divertido.
El padre de Hinata habia comenzado a molestarse de que pasaramos días enteros juntos, así que le prohibió quedarse a dormir. Pero no le molestaba que pasara la tarde en su habitación.
Lo entendía, se dio cuenta que estaba perdiendo el control sobre su hija.
Y su primo Neji... era otro de mis entretenimientos en esta casa.
Aún no entendía si estaba siendo sobreprotector o siente celos, pero siempre estaba cerca. Así que cada vez que sabía que nos vigilaba, besaba a Hinata y la tocaba rozando el límite hasta que ella me detenía, solo para provocarlo.
La noche de navidad fue... peculiar. A su primo cada vez se le hacía mas difícil ocultar su descontento y todos lo notaron en la cena cuando no se molestó en disimular sus gestos cada vez que Hinata reía de algo que le decia al oído o me miraba con esos ojos soñadores. Esta familia es tan fácil de manipular.
–Creo que me iré a casa —le dije en voz baja, cuando la cena hubo terminado— sé que no le agrado.
– ¿Neji? Solo ignoralo.
–Conozco esa clase de miradas, si quisiera que me miraran de esa manera iría a cenar con mis padres.
Había dado en el clavo. Sintió compasión por mi y fue a encararlo. Hubo una pelea entre ellos, su primo quería que se quedara en casa y ella se negó, tenia planes conmigo.
– ¿Cuál es tu problema? —le preguntó— toda la noche has sido irrespetuoso con Gaara.
– ¡El es quien ha sido irrespetuoso contigo!
– ¡No es cierto! Estás paranoico.
Entró al auto con el ceño fruncido y suspiró con cansancio. Aún estaba molesta, se había despedido rápidamente de su familia y salimos de la casa.
–Los chicos están en casa de Ino, ¿quieres ir? Tu padre cree que estaremos ahí.
–No—respondió— quiero estar contigo. Ya tuve suficiente por hoy.
Cogiéndole la nuca la acerqué y nos besamos. Mi ego crecía cada vez que admitía preferir estar conmigo que con sus mas cercanos.
Arranqué el auto y antes de partir pude ver a su primo observandonos desde una ventana. Yo había ganado, nuevamente.
Era definitivo, no permitiria que nadie se interpusiera entre nosotros.
Haría lo que fuera para mantener a Hinata conmigo.
