Los Guardias Lunares se llevaron una pata a la frente y gruñeron en voz baja luchando contra sus propios instintos. Podían sentir la llamada de la Sed, tentándolos, seduciéndolos y llevándolos un poco más cerca del abismo de la locura. Muchas plegarias a la diosa Luna fueron susurradas; una batpony dio un paso atrás, pero unas palabra de un compañero la hicieron hacer frente a su propio temor.

—¡Permaneced juntos! —gritó Rise mientras volaba sobre sus compañeros—. ¡No somos monstruos, no somos ferales y la Sed no tiene poder sobre nosotros! ¡Tenéis que luchar, por todos los que cuentan con vosotros! ¡No les fallaréis!

Rise ganó altura tras decir eso, apretando los dientes y luchando ella misma contra el tirón de la Sed sobre su voluntad, deduciendo que el ritual no estaba evitando completamente la influencia de la Gema de la Sangre. Entre las tropas de tierra pudo escuchar las voces conjuntas de Shining Armor y Moonlight Sonata arengando a los soldados que les acompañaban. Hubo un violento movimiento entre los milicianos cuando Malachite tomó a uno de estos con ambos cascos y le ordenó a gritos que se controlara.

Los ferales volaban sobre el denso follaje de Hollow Shades bufando como animales salvajes y armados con alguna espada batpony y lanzas los pocos que portaban algún arma. Volaban a distintas alturas caóticamente, lanzándose a la caza sin táctica ni orden alguno mientras la cacofonía de las trampas activadas iba muriendo entre los árboles.

—No puede ser, son pocos, son demasiado pocos...

Rise observó una vez más los alrededores: el templo no era una fortaleza, pero su hubicación era fácilmente defendible. Tras la imponente estatua de Selene se alzaba un risco sin vegetación, era imposible ocultarse en él y los ferales no habrían tenido tiempo de volar hasta su cima para atacarles por la espalda. No había forma en que pudieran estar rodeándolos sin ser vistos. Aquello no podía ser tan fácil...

Una gigantesca figura entró en el claro y dejó claro que las trampas a duras penas la habían dañado. La criatura se detuvo y gruñó hacia el ejército que le plantaba batalla: su cuerpo era de madera maciza, rojos sus ojos poseídos por la magia, duros tocones afilados por garras y colmillos y su tamaño y peso triplicaban el de un poni adulto.

Junto al lobo de madera apareció un batponi que vestía de negro; el viento trajo a Rise un olor a vinagre y, el traidor se quitó la capucha, reconoció al instante los mismos ojos verdes que vio en la mansión de Zaphire Assistant. Night Blade la miró a ella fijamente mientras alzaba con un casco la Gema de la Sangre y con el otro la Pirámide de Adenror.

Como una bandada de grandes murciélagos, los ferales surgieron del bosque y se unieron a los que ya volaban sobre los árboles. Docenas de lobos de madera atravesaron la línea de los árboles y se lanzaron, aullando, contra las lineas de defensores. No hizo falta que Rise diera ninguna orden: los tiradores lanzaron una lluvia de flechas sobre el enemigo; a una orden de Shining Armor, los soldados de tierra avanzaron y clavaron sus escudos en la tierra. Por encima de los bufidos y las órdenes, el grito a dúo de Midnight Slash y Blackwind precedió a la contracarga aerea de los flanqueadores. Rise resistió el impulso y la llamada de la Sed de unirse al combate; necesitaba observar para reaccionar a lo que fuese que Night Blade había preparado.

Los lobos chocaron contra la Guardia Solar y, mientras eran retenidos, proyectiles de fuego fueron lanzados por los magos para incinerarlos. Moonlight Sonata hizo que sus soldados se abrieran en un amplio semicírculo, haciendo que los monstruos de madera se adentraran en su formación antes de atacarlos por todos los flancos. Por su parte, Malachite hizo que los milicianos alzaran el vuelo y hostigaran a los lobos desde el aire, dejándolos efectivamente bloqueados en combate mientras él y otros guerreros se encargaban de acabar con las monstruosidades. En el aire, como un dúo de bailarines y seguidos por todos los flanqueadores, Midnight y Blackwind acababan con los ferales sin dudar ni detenerse, la batalla claramente inclinada en su favor.

Rise Love observó todo esto con creciente inquietud. Algo iba mal. Aquellas fuerzas no podían vencer a los defensores, Night Blade no iniciaría jamás una batalla que no supiera que podía ganar. ¿Qué estaba preparando? Night Blade hizo un gesto muy teatral, con clara intención de que Rise lo viera; del bosque salió una nueva oleada de batponies… pero eran pequeños.

Potros batpony. Todos ellos bufando salvajemente, todos ellos con los ojos brillando en rojo por influjo de la Gema de la Sangre. Eran muchos, y galoparon hacia la primera linea sin dudarlo un solo instante. Los gritos de sus compañeros llegaron a sus oídos, retrocediendo al ver a los pequeños tomados por la Sed. A oídos de Rise Love, los sonidos se apagaron como si estuviera bajo el agua, y enfocó todos sus sentidos en una única presa; Night Blade estaba lejos, y muchos ferales se interpondrían en su camino y notó cómo sus colmillos se alargaban y afilaban.

Pero cuando estaba concentrándose en Night Blade, Rise recordó las lecciones que había tomado con él. "Deja que la Sed te guíe", y ella ya sabía que un Cazador Batpony no es una bestia sin cerebro. Y si ella estuviera en la posición de Night Blade, los potros no serían más que una distracción; por más daño moral que causaran, por más que fueran ferales, no eran rivales contra los milicianos, aún menos contra los soldados de la guardia Solar y Lunar. No… eran una distracción.

Entonces cayó en la cuenta, y gritó antes de que las primeras sombras dejaran paso al auténtico peligro.

—¡CAZADORES!

El caos reinó. Los primeros en caer fueron los unicornios de la Guardia Solar, y solo la magia de Shining Armor al repelerlos evitó que murieran más. Entre los tiradores hubo un grito cuando un miliciano fue atravesado por una espada batpony; otro disparó contra el Cazador Batpony, pero este desapareció en una nube de sombras antes de ser impactado.

En el flanco derecho, Malachite oyó el grito de su hija a tiempo y, para cuando el primer Cazador apareció a su lado, el Protector acabó con su vida con un certero espadazo; de una orden hizo que todos los milicianos se pusieran en grupos de tres, protegiéndose mutuamente, pero no fue suficiente: incluso tres contra uno, no eran rivales para la velocidad, fría fiereza y fuerza de los Cazadores Batpony. En el flanco izquierdo, Moonlight ordenó a la formación replegarse hacia el templo, evitando momentaneamente que los Cazadores se aparecieran a la espalda de la misma.

—¡Tiradores al cuerpo a cuerpo! ¡Flancos, retroceded al templo! ¡Shining Armor, atrás, proteged la entrada!

Mientras todos cumplían las instrucciones, Rise voló hacia Midnight y Blackwind. La primera se había trabado en combate con un Cazador hasta que el semental lo atacó por la espalda, ensartándolo limpiamente. Midnight lo atravesó a su vez, bufando mientras miraba la vida abandonar los ojos de su enemigo antes de dejarlo caer. Por un instante, Rise Love dudó si la Sed estaba haciendo mella en sus amigos, pero los dos la miraron al llegar, atentos a sus órdenes.

—Abridme camino hasta ese traidor —escupió—. Hay que acabar con esto.

—Vuela detrás nuestro, Rise, y encárgate de ese cabrón —farfulló Midnight.

—Estaremos a tu lado hasta el fin. ¡Por Luna!

—Y por Equestria. No les deis tregua; ya no son nuestros hermanos, son ferales.

—Por Luna, hazle sufrir Rise. ¡Chicos, formación detrás nuestro, preparaos para cargar! ¡Cubrid a la Sargenta hasta el final!

Todavía luchando contra los ferales, los flanqueadores tomaron posiciones junto a los dos sargentos y se lanzaron como uno a la carga. Se desplegaron para enfrentarse a los enemigos, apartándolos y despejando el camino para el resto de sus compañeros; Rise Love se vio obligada a frenar cuando un batpony surgió de la nada frente a ella: Dos espadas, jirones de sombra todavía lamiendo su pelaje y los ojos cubiertos por la magia de la Gema. Pero antes de que llegara a levantar su arma, un compañero cargó contra el Cazador Batpony, apartándolo de su camino.

Cuando lo supero, Rise escuchó claramente el sonido de una espada atravesando carne, y a su compañero gemir de dolor por última vez. El olor de la sangre llenó sus fosas nasales mientras sus sentidos de afilaban, guiados por la Sed. Un movimiento cerca suyo la hizo reaccionar, acabando con la vida de un Feral sin ni siquiera pensar en ello; escuchó el silbar de un virote de ballesta y giró con un fuerte aleteo para evitarlo, y frente a ella Midnight Slash y BlackWind gritaron al cargar contra los enemigos que les bloqueaban el paso.

Rise se dejó caer al suelo, desplegando las alas en el último instante para frenar la caída. Dos criaturas pequeñas saltaron contra ella, colmillos por delante y, durante un terrorífico instante, Rise fue consciente de lo que iba a hacer. De un solo movimiento, los dos potros cayeron al suelo con la garganta cortada; Rise pensó que ya estaban muertos, que no había nada más que pudiera hacer por ellos.

En el fondo de su ser, su subconsciente respondió "presas".

Galopó unos pocos pasos y saltó a un lado para evitar a otro Feral, pues una yegua de su compañía ya estaba saltando sobre el mismo. Dos batponies desconocidos cargaron contra ella, no tenían los ojos rojos por influjo de la gema; desvió el primer ataque con la espada, esquivó el segundo agachándose y despachó al primer enemigo. El segundo no tuvo ninguna posibilidad cuando Rise saltó sobre él, le trabó la pata de la espada y le atravesó el pecho con su arma. "Traidor", le susurró.

Sintió, más que escuchar, el crepitar de la magia y saltó a un lado. Un rayo mágico impactó donde ella habría estado, causando una pequeña explosión; sin pensarlo, alzó el vuelo en zig zag y trazando un amplio semicírculo en vertical, cayendo finalmente sobre un unicornio de pelaje oscuro y acabando con su vida rápidamente. Y notó el sutil olor a vinagre antes de alzar la vista.

Night Blade la observó con una oscura sonrisa; Rise, con el pelaje erizado y las pupilas afiladas, plegó su espada hacia atrás y bufó hacia su maestro. Night Blade, por contra, tenía las pupilas afiladas pero la observaba con absoluta tranquilidad.

—Todavía no te atreves a dejarte llevar por la Sed. Nunca desarrollarás todo tu potencial así, Rise.

—¡Ríndete! ¡Detén esta locura!

—¿Locura? —rió él, alzando el vuelo poco a poco y desplegando sus espadas gemelas—. No, Rise Love, esto no es locura: Es el futuro de la raza batpony, ¡seremos lo que estábamos destinados a ser, y Luna será una vez más la reina de la noche!

—¡Ella no quiere esto!

—Pero recordará, Rise. ¿O crees que esta gema tampoco puede afectarla a ella?

—¿Qué? ¡Eso no puede ser, mientes!

—¿Vas a arriesgarte a ver si tengo razón? Para cuando Luna llegue, todos los tuyos habrán muerto… a no ser que me detengas ahora.

La yegua, la sargento de la primera compañía batpony, bufó con violencia y cargó sin dudar contra su enemigo. Este la recibió casi sin moverse, deteniendo sus ataques y contraatacando con habilidad; Rise combatió como nunca antes, mejor que nunca en toda su vida, y ella lo sabía. Pero cada ataque era detenido, cada finta anticipada, y los contraataques de Night Blade se acercaban demasiado a alcanzarla. Colgando de su cuello la gema brillaba, solo tenía que recuperarla, ¡solo necesitaba quitársela!

Hasta que, tras un ataque de él vio la oportunidad: Se lanzó adelante, desvió una de las espadas enemigas y alargó el casco para atrapar la gema… que se desvaneció, junto a su portador, en una nube de sombras. Rise se lanzó al suelo, pero el ataque por la espalda que esperaba nunca llegó. Night Blade reapareció frente a ella a pocos metros, riendo en voz baja sin prestar atención a la intensa batalla que se desarrollaba a pocos metros.

—¡¿A qué estás jugando?!

—A ver si comprendes por qué lo Cazadores Batpony somos el futuro de nuestra raza.

—¡Nosotros no vamos a ser eso! ¡Somos mucho más, somos mejores! ¡Los batponies no somos monstruos!

—No. Los ferales son monstruos. Los Cazadores seremos… perfectos. Y ya has demostrado que no puedes detenerme.

Night Blade se esfumó una vez más entre sombras. Rise solo tardó unos segundos en comprender su error: estaba lejos del templo, y se había llevado a sus mejores combatientes con ella.

—¡Atrás, al templo!

Pero, tal como gritaba eso, escuchó movimiento en el bosque a su espalda; vio al primer feral aparecer justo cuando ella alzaba el vuelo. Tras este, llegaron mucho, cientos de ferales más, todos ellos armados con espadas, lanzas y armadura, y cargando sin miedo contra los defensores. Tras los mismos volvió a escuchar el aullido de los lobos de madera, mientras docenas más de estas enormes criaturas se lanzaban a la carga.

Cuando llegó hasta la Guardia Solar, los ferales ya chocaban contra las líneas de los defensores en todos los frentes. Shining Armor, sangrando por debajo de su casco, gritó una orden a sus soldados antes de percatarse de que Rise había llegado.

—¡Han entrado, Rise! ¡Son cinco Cazadores, no están dominados por la gema!

—Es culpa mía, ¡le he abierto el camino, es culpa mía!

—¡Eso ahora no importa, escúchame! ¡Coge a tus mejores guardias y entrad ahí! ¡Acabad con los traidores, evitad que completen el ritual! ¡Es una orden!

—¿Y qué hay de vosotros?

—Sargento, llevo en esto muchos más años que tú, os daré todo el tiempo que necesitéis. ¡Cumple tus órdenes!

—¡Blackwind, Midnight Slash, Moonlight y Malachite! ¡Venid conmigo, el resto estáis a las órdenes de Shining Armor!

Los cuatro aludidos llegaron rápidamente y, junto a Rise, se dirigieron a la entrada del templo. La sargento de la Guardia Lunar se giró para mirar una última vez a Shining Armor.

—Capitán, ha sido un honor.

—El honor es mío, Rise Love. Buena caza.

Diciendo esto, el unicornio tomó un escudo y su espada y avanzó para cubrir a un compañero caído. Rise se adentró en la oscuridad del templo y, al poco, el sonido de la batalla quedó eclipsado tras las densas paredes de la ancestral construcción.