Capítulo 13. Batalla de lágrimas.
Tal dolor era el de su corazón y alma que le pasó de manera física a la cabeza y al estómago. Para su suerte se encontraba en aquella habitación de hotel, la cual estaba situada en Turín y en la cual se libraría de tener que verle la cara a Rivaul, Oliver/Tsubasa, Clemente o cualquiera de los jugadores del Barcelona/Cataluña por el incidente que tuvo con el primer mencionado, cuyo bebé llevaba en sus entrañas, las cuales empezaban a dilatarse cada vez más, dándole muchísimos dolores de tripa que sentía como si se las estuviesen extirpando de cuajo.
No se encontraba especialmente favorecida: su pelo se engrasaba con más facilidad y tenía que estar lavándoselo continuamente (y por lo tanto, le crecía a velocidades masónicas), tenía muchísima más hambre y como consecuencia comía mucho más, llegando a engordar seis kilos. La cabeza le daba vueltas continuamente, tenía marcadas ojeras grisáceas y moradas que disimulaba con un corrector de su predilecta marca Estée Lauder, le habían salido estrías de cintura para abajo, le habían engordado las piernas, y había llegado a tal grado de palidez que había superado a Amaia en la misma, llegando a parecer una manifestación fantasmal. Y, para colmo, le habían salido varias espinillas pequeñas por diversos puntos de su rostro, el cual, a pesar de todo, seguía conservando su característica belleza.
Deseaba dar a luz al bebé o perderlo para deshacerse del inmenso, avernal, y complicado dolor que le hacía pensar que sus vísceras eran bombas cargadas. No le gustaba la sensación de sentir que le pesaba la tripa todo el rato, de tener asiduas ganas de vomitar y llorar. Quería abortar, pero no quería que nadie supiese nada de lo que había ocurrido, ya que en toda España y parte de Europa se hablaba de ello. Le abrazaba el alma el hecho de que Rivaul fuera de nuevo ese hombre que había conocido, y que todo aquel lío no era más que una pesadilla. Que no tuviese a esa escandalosa y maleducada mujer que le tiró de los pelos y la pegó. Que no tuviera a esos niños de la fotografía, cuyo hijo más mayor era la viva imagen de su padre. Que aquellas mujeres no la hubiesen atacado a plena vista de la prensa.
'Qué bonito mientras no sabía nada y pensaba que me iba a casar con él. ¡Fue bonito mientras me lo creí!', pensó mientras emanaban nuevas lágrimas de sus ojos, recorriendo todo su rostro, llegando a caer en su crecido y dolido pecho.
Se tumbó en su cama con mucho mimo, ya que temía hacer daño al bebé. Se agarró fuertemente el vientre con las dos manos, como si en cualquier momento la bomba que tenía entre sus entrañas fuese a estallar en una retorcida y cruenta masacre. Otro calambre penetró en su cuerpo que hizo que soltara un contenido pero sonoro chillido.
'Puede ser que sea un castigo de Dios el que mi embarazo esté resultando tan difícil. ¡Tan difícil que roza lo imposible! No sé si llegaré con vida. Ya de por sí mi aspecto parece el de una moribunda…'
Intentó reincorporarse recta con la ayuda de sus manos, con el apoyo del colchón de la cama. Lo logró, pero al pie de la letra del famoso refrán 'a puño y sangre'. Sudó mucho más que un futbolista profesional en un partido, sintió que algunas de sus profundidades viscerales se rompían como cuerdas que ya habían dado todo de sí y se rompían a cámara lenta. Con facilidad volvió a caer al suelo, y al son y compás de un cadáver andante volvió a reincorporarse, logrando dar un par de desgarbados y forzadísimos pasos hasta que estrepitosa e inevitablemente cayó al suelo, lo cual iba acompañado de una tensión tan baja que provocó que se desmayase al instante. Una pareja oyó ese ruido sordo, el cual era inútilmente opacado por la puerta de la habitación. La presencia femenina decidió abrir la puerta, encontrándose con el cuerpo de Andrea yaciente en el suelo, el cual emanaba sangre de su entrepierna. Dio un chillido y le avisó a su acompañante, el cual llamó al Hospital Amedeo di Savoia y puso en alerta a los que pasaban por la puerta, con todos los presentes horrorizados. La sirena de la ambulancia comenzaba a sonar por el hotel y la zona en la cual se encontraba, el centro de la ciudad torina.
Dos enfermeros cargaron con Andrea, la colocaron en una camilla, le dieron algo de oxígeno, hicieron rodar a toda velocidad las ruedas de la misma con cuerpo y cuerpo, la metieron en la ambulancia, uno de ellos cerró las puertas con un brusco movimiento y el otro se dirigió al volante cerrando la puerta, emprendiendo el camino hacia el hospital. Una señora comentó que era la misma chica a la cual habían pegado en las noticias que hablaban de Rivaul. La gente comenzó a hablar de los sucesos ocurridos (y por ocurrir) en el hotel.
- Es la gerente del primer equipo del Barcelona/Cataluña, ¿verdad? – preguntó un joven trajeado, el cual iba acompañado de la que parecía ser su familia.
- Sí, Matteo. – respondió el señor más mayor que le acompañaba.
- Parece ser que como no le ha salido la jugada con Rivaul, lo intentará con alguno de los jugadores estrella del Piamonte/de la Juventus – comentó una chica con tono resentido a lo lejos.
- Menuda oportunista – añadió otra chica moviendo el pelo hacia un lado -. Las chicas extremadamente guapas y desconocidas son las peores, porque se pegan a quien sea para promocionarse.
Parecía que su vida iba sobre ruedas, y en cierto modo así lo consideraba, pero pensaba que esto era solo el principio y que poseería mucho más. El gentil Salvatore Gentile (como se había encargado de llamarle ella con despampanante burla española) se había encargado de enchufarla en una reconocida internacional como secretaria, aparte de haberle conseguido un lujoso piso en la calle Navigli, en Milán, ya que su módulo le había proporcionado una posición en la misma ciudad. Salvatore, ante esto, no se lo tomó a mal, ya que su trabajo lo había construido en Milán. Ya no maniobraba como gerente en el Piamonte/la Juventus, ya que había conseguido trabajo gracias a los contactos de Salvatore Gentile, famoso jugador del equipo torino que tenía contactos por Turín y Milán y otros países europeos tales como Suiza, Francia, Bélgica o España.
Se encontraba redactando cartas para todas aquellas fuentes de las que dependía de la empresa; entre ellas, grandes abogados, diseñadores gráficos, arquitectos, economistas, dueños de conocidas empresas a nivel mundial, millonarios influyentes, hombres de negocios, algún que otro artista musical, etc. Le habían mandado redactar una carta al presidente de la marca Nike, la cual quería que patrocinase al equipo torino. Concretamente, al jugador japonés que había entrado en sus filas hacía unos meses. En un instante, y cuando no se daba cuenta, se tiró de los pelos, torciendo el gesto con la boca, convirtiéndolo en una mueca.
'¡Por el amor de Dios!, ¿tanto bombo por un jugador japonés? No, no, no, no. ¡Esto no puede estar pasando!'.
Movió el pelo a modo 'Patricia Fernández' (como lo denominaba ella), tomó el teclado con ambas manos acercándoselo al pecho, y, todavía más deprisa, creó un nuevo archivo en InDesign y empezó a redactar la carta, cuyas palabras pensó lo más deprisa posible para no tener que ver algo sobre ese 'malparido' (como había designado a Lenders/Hyuga en su momento) el resto del día.
Miró nuevamente la fina gargantilla de oro blanco con el diamante negro incrustado en el medio, el cual tenía forma de rombo y del cual colgaba, mediante una cadenita del mismo material precioso, un pequeño diamante blanco que emanaba destellos azulados. Lo tomó con el pulgar y el índice de su mano derecha. Una tristeza invadió sus ojos, viniéndole a la mente el angelical y atractivo rostro de Dario/Gino, a quien asociaba con el héroe Capitán América por su excepcional físico y su carácter justiciero y heroico. Le echaba de menos. En verdad, le echaba en falta. Una lágrima recorrió su correspondiente mejilla, y, secándose dicha con un pañuelo rojo, se levantó de la silla con un silencioso pero brusco movimiento de piernas. Sus pasos se asemejaban a los de un vaivén, los cuales hacían sonar los tacones de sus sandalias, los cuales, iban en dirección a los baños de las mujeres, cuya decoración consistía en suelos, paredes de mármol, puertas de ébano y grandes y pulidos espejos ornamentados con sencillos pero sofisticados marcos de oro blanco. Si ya de por sí los espejos desprendían un brillo que parecía un conjunto de luces de cuento de fantasía, dichos marcos lo resaltaban.
Amaia se sintió esperanzada, ya que esas luces, según lo que había leído en sus cuentos de fantasía, indicaban que su ser amado volvería a ella. Dibujó una ligera sonrisa en sus rojos y carnosos labios, movió su brazo derecho para arreglarse el cabello, el cual volvió a peinar hacia un lado con sus dedos, los cuales llevaban las picudas uñas pintadas de rojo sangre. Volvió a mirarse en el espejo, centró su vista en su sobresaliente busto, se repitió una y otra vez lo guapa que era y se dirigió a la puerta con un paso algo más relajado que el anterior, cerrando la puerta con mucha suavidad.
Volviéndose a sentar en el sitio en el cual estaba antes, se acordó de revisar todo lo que había hecho en el mismo día y las dos mismas semanas. Efectivamente, había cumplido su trabajo, y estaba muy satisfecha, ya que había trabajado muchísimo durante aquel tiempo y, por favor de Salvatore Gentile, cobraría cinco veces más que las demás secretarias de la empresa en la que trabajaba.
Cogió su bolso rojo, y, agradeciendo llevar un conjunto de color rojo, el cual consistía en unos ajustados pantalones de vestir y una blusa del mismo color, la cual se soltaba por la parte de sus brazos pero se ajustaba a su tronco, ya que la falda de tubo le había ocasionado algún que otro problema por temas de comodidad. Reordenó y recogió todas sus cosas, metió su portátil dentro de su bolso, y, viendo que un grupo de altos ejecutivos se había decidido a ocupar el ascensor con una formal charla sobre los balances de la empresa, optó por bajar por las escaleras para no molestarles, calculando cada paso que daba con sus zapatos.
Ya en un suelo completamente llano, caminó con un paso mucho más ligero, decidido y seguro, ya que las protuberancias no se le daban bien estando en calzados altos. Si pudiese, llevaría un calzado con menos altura, pero las normativas de su empresa se lo impedían. Relajó su mandíbula y su cuerpo en general al acordarse de que todas las noches Salvatore Gentile le hacía maravillas en los pies con su boca, aparte de subirse en su cuerpo parcialmente desnuda, hasta que los dos entraban en acción y acababan como vinieron al mundo en el paraíso de las sábanas de alguno. Un detalle a mencionar de su vida privada que había dado a sus compañeras y algunos jefes de lo que hablar es que siempre venía a la empresa con el pelo parcialmente mojado, un indicio que daba a entender que ella se había encamado con alguien.
Oyó unos pasos que venían en dirección a la entrada de su empresa. Se puso ligeramente nerviosa y siguió caminando, haciéndose la sueca ante ello, no antes sin girar su cabeza hacia ese lado, ya que le había dado una señal de algo.
Los mismos pasos, avanzando cada vez más, provocaron que Amaia se detuviese a escucharlos, ya que le producía muchísima curiosidad el saber quién vendría a la empresa a la hora del cierre. Sus oídos habían acertado; ya que el andar pertenecía a una mujer. Seguramente era el de una secretaria o el de una ejecutiva, produciéndole dicho pensamiento tranquilidad. No obstante, andaba unos cuantos pasos distanciados de la empresa, pero la cual podía ver a simple vista. Otra vez la sensación de nerviosismo se había vuelto a manifestar; notándose esa vez en su estómago y en sus piernas, cuyas reacciones fueron una sensación de gas y temblores, correspondientemente.
Los pasos se hacían cada vez más claros. Eran unos quedos tacones los que estaban caminando por aquellos momentos. A la luz pudo observar que la supuesta figura femenina se aproximaba hacia ella con un paso lento pero seguro. Su instinto le dictó que algo iba a pasar. Siempre recta al mismo, se asustó aún más, poniéndose lívida del todo. Abrió los ojos.
- Davay, no yesli eto ty, Amayya! (¡Anda, pero si eres tú, Amaia!) – se hizo pronunciar una voz femenina que, según su habladuría, podría asociar como una mezcla de una mezzosoprano y una contralto, la cual podría relacionar con la de la cantante de una famosa banda rusa de dark pop llamada Omnimar.
Desagradablemente sorprendida. Atemorizada. Aterrada. Tan lívida estaba que no podía empalidecer más. Sudaba por dentro de su cuerpo. Intentaba contener la respiración, la cual se acabó convirtiendo en un leve jadeo. Y lo peor no era el hecho de que se pareciese a la cantante de Omnimar ni que llevase un atuendo idéntico al que ésta llevaba cuando hacía la canción 'Pecypc', sino la sensación de tremenda inseguridad que la misma le provocaba. La conocía de antes, y habían acabado de una manera realmente carnífrica. Le habían dicho que sus venganzas eran realmente terroríficas.
- D-Da-Dar'ya Karkarova? (¿D-Da-Dariya Karkarova?) – soltó rápidamente como una exhalación en una voz relativamente queda, sin más que decir por su impresión y acrecentado temor.
- Da, Amayya Styuart. Eto ya (Sí, Amaia Stewart. Soy yo) – contestó la rusa en su frígido tono vocal, acompañado de un lenguaje corporal completamente inculpable y un rostro totalmente inexpresivo, cuya mirada guardaba turbios secretos.
Compartía con Amaia bastantes rasgos físicos, psíquicos y psicológicos. Por ejemplo, tenían la misma nariz respingada, estrecha y de tamaño medio. Un tono de piel parecido. Un físico de pelo bastante parecido en su forma; con la diferencia de que Dariya lo tenía rubio, se lo peinaba con la raya en medio y le llegaba hasta la cintura. La forma física de Dariya era mucho más atlética y sus curvas las tenía más reducidas, pero se hacían notar con los pantalones de cuero que portaba, y la superaba por unos pocos centímetros. Sus ojos eran de la tonalidad del hielo, los cuales acentuaban su frialdad con un color opaco y unas ojeras ligeramente grisáceas, las cuales perfectamente se hacían pasar por un maquillaje ahumado, y las cuales estaba provocando en Amaia películas mentales de que le iba a hacer algo.
- Ya veo que por tu cara bonita te pagan diez veces más que a las demás secretarias de esta empresa – espetó Dariya con un tono aparentemente desapegado y desdeñoso, pero que destilaba rabia -. Lo que hace ser la puta predilecta de un futbolista de élite.
Amaia sintió como si estuviera dentro de un gran bloque de hielo, el cual se pegaba a su cuerpo y no la dejaba salir; ni tan siquiera realizar el más mínimo movimiento. Era verdad lo que le estaba diciendo su antigua enemiga de corto tiempo, pero ¿cómo es que lo había descubierto, y con tanto detalle? Le habían dicho que Dariya era muchísimo peor que un agente del FBI, y que descubría cualquier cosa sobre alguien y la usaba para destruir dicha imagen, o también para sacar beneficio de ello.
- Escúchame bien, Dariya; no tengo tiempo para tus quejas personales contra mí – protestó una cansada Amaia con un sutil desdén como escudo, el cual estaba rompiéndose por el miedo y la incertidumbre.
Dariya no sólo era una chica loca despechada por un asunto. Su expresión facial enarcaba sus cejas hacia abajo. Sus ojos adquirieron un ligero brillo de furia que los acentuaron. El resto de sus facciones, tales como la boca, estaban completamente relajadas. Amaia conocía su característica frialdad; o eso pensaba ella, hasta que tuvieron ese conflicto. Sin embargo, decidió mantener la calma, al igual que su interlocutora, la cual sí daba esa imagen serena.
- Ah. ¿No eras la puta predilecta de Schneider? – continuó Dariya, completamente indiferente e impasible -. En toda Europa corre el rumor de que te has acostado con él teniendo a otro.
Ya bastante tenía con haber ido a parar a su casa completamente desnuda y que encima su antigua enemiga tuviese que echarle leña al fuego. Contuvo la que podría haber sido una reacción fúrica, transformándola en una contenida y agitada respiración con destellos de furia.
- Es increíble el descaro y la arrogancia que puede llegar a tener una sola persona – farfulló Amaia entre dientes.
Su respiración se oía entrecortada mientras articulaba las palabras, producto de la impotencia de no poder hacer nada contra ella. Intuyó que escondía algo en la parte de su cuerpo. Algo peligroso. Pudo verlo pegado a su ropa por unas milésimas de segundo que le había dado una ligera luz. Dariya dibujó en su rostro una especie de sonrisa de lado, torciendo el gesto con sus labios, mandándolos hacia abajo, construyendo una especie de mueca macabra que oscilaba entre una extraña rabia y una posible satisfacción.
- Tú misma te acabas de describir – concluyó Dariya, mirándola furtivamente a los ojos.
- ¡Perdona, Dariya Karkarova, pero no me conoces lo suficientemente como para decir tales calamidades! – gritó una indignadísima Amaia, levantando el dedo índice y señalándola con él.
Sabía el tipo de persona que era, y no tenía por qué venir alguien a recriminárselo ni a decirle nada, ya que era quien era, era como era y no pensaba cambiarlo. En realidad, Dariya Karkarova había acertado en los dos sustantivos que le había aplicado y se los había devuelto en forma de segunda persona, dándole a entender que ella era la que era ello. Al fin y al cabo, sabía que ambas lo eran, y que ninguna de las dos iba a cambiar por la otra. Pero lo que le fastidiaba de sobremanera era el que alguien con quien había acabado muy mal le fuese a recriminar por su manera de ser, siendo el mismo igual o peor. 'Los burros que hablaban de orejas', como lo llamaba ella, lo detestaba en profundidad.
- ¡No me conoces de nada! ¡NO ME CONOCES DE NA…!
Ni dos segundos habían pasado y había notado cómo una pequeña, fina y puntiaguda navaja había atravesado parte de su abdomen, estando algo cerca de las costillas inferiores. Una punzada de dolor iba sintiendo en dicha parte, la cual comenzó a sangrar desmesuradamente, no pudiendo evitar dar un gritido. La respiración se le dificultó aún más, ya que sentía cómo una parte de su cuerpo se había abierto en canal. La sangre que le caía de la boca, la cual había subido hasta su interior, iba cayéndose por el cuello y los pechos, manchando así su blusa.
- ¡Hija de la gran puta! – fue lo que alcanzó a decir, gritando con todas sus fuerzas -. ¡Eres una demente!
Las lágrimas que tanto le habían costado de calmar hace unas horas volvían hacia ella. Ahora no era simplemente el dolor psicológico que sufría, sino también físico. Intentó respirar nuevamente pero le dolía tanto que simplemente tosía y jadeaba. Dariya la miraba con una terrorífica mezcla de odio y alegría.
- ¡Y tú eres alguien que no merece tener todos los privilegios que tiene, mientras que millones de personas trabajan muchísimo más que tú y no los tienen nunca! – espetó nuevamente la fría y colérica voz de Dariya.
¡Y TÚ, UNA RESENTIDA! ¿ME OYES? – dio a concluir ella entre furia, lágrimas y sangre emanante de su boca y abdomen, hastiada y aterrada de todo aquel asunto. Le había costado articular la frase entera debido a su dificultosa respiración.
Otra cuchillada por parte de la rusa le hizo sangrar hasta el punto de hacer ésta un charco que la rodeaba, con una Amaia sujetándose el estómago con ambas manos para frenar el riego de sangre y completamente paralizada por el miedo y el dolor, cayendo segundos después al suelo en un movimiento brusco e inmediato, no sintiendo nada más. Unas lágrimas apenas en su desaparición en forma de secado estaban presentes en su rostro, las cuales estaban, para su gracia o desgracia, separadas de la sangre que le había salido por la boca. Los pasos de la rusa, según como se estaban dando a entender, indicaban que había eludido la escena del crimen con mucha clase y frialdad, completamente sorda del dolor y los agudos gemidos de su antigua rival, quien se veía acabada.
Oliver/Tsubasa estaba enterado de muchísimas cosas que le habían quitado la paz. Le presionaban a cada rato que les presentase a la chica con la que estaba saliendo (cuando en realidad no estaba saliendo con nadie ni tenía intención de hacerlo), Andrea estaba en un hospital de Turín debido a que había perdido de sangrienta manera el bebé que esperaba con Rivaul (cuya mujer estaba furiosa y echaba pestes de ella, algo que le tenía muy harto), el mismo Rivaul se había encargado de complicarle la existencia, algunos grandes futbolistas se habían puesto en su contra y además tenía la presión de la Selección de la Copa del Mundo.
Estaba observando desde la ventana cómo unos niños se pasaban la pelota, con grandes sonrisas en sus rostros, riendo, moviéndose libremente. Algo que pensaba que había perdido ya, porque jugaba al fútbol de manera completamente mecanizada; como si fuera una rueda más del engranaje del Barcelona FC/Cataluña FC. Echaba de menos esa época en la que jugaba al fútbol sin más; porque era su pasión. Echaba de menos ser el niño que había cogido una pelota por aquel entonces y había comenzado a jugar con ella sin parar; yendo a todas partes con ella pateándola. Echaba de menos la época en la que el oro relucía, en la que era un muchacho sin muchos recursos que jugaba felizmente, sin pensar en nada más.
Algo que le había dado a pensar durante muchísimo tiempo era su relativa humildad económica, con la cual subsistían gracias a la pequeña pensión que su padre les pasaba, a pesar de ser el importante capitán de un barco. Roberto Hongo, con quien había estado desde pequeño y le había animado a cumplir su sueño de ser un futbolista de talla mundial, le había contado que su padre, el señor Atom/Ozora, ganaba el suficiente dinero como para mantener un nivel de vida muchísimo más elevado del humildísimo nivel que llevaban él y su madre. La razón por la que el padre estaba ausente la mayor parte del año y apenas se quedaba dos meses escasos era porque tenía una amante extranjera en el mismo barco, y, según fuentes chismosas, habían tenido un hijo. En verdad, estaba indignado con su padre; un sentimiento que parecía habérsele olvidado jugando al fútbol de manera profesional, mientras viajaba por Brasil y España.
- Señor Oliver Atom/Tsubasa Ozora, tiene visita – avisó el portero de su edificio, cuyo apartamento era el quinto.
- Bien. – contestó, ausente de emoción.
Colgó el telefonillo, se levantó del sofá y se dirigió hasta la puerta para abrirla, extendiendo la mano para mover el pomo. No era Roberto, ni su amigo Bruce/Ryo, ni su madre. Eran su padre y Patty/Sanae, dos personas que juntas le provocaban una extraña sensación de desagrado y desconcierto. Ella en absoluto le causaba ninguna de las anteriores dichas, pero él sí que lo hacía. Y con razón. Oliver/Tsubasa se había quedado completamente callado; como si no tuviese nada que decirles. Más bien, no tenía nada que decirle a él. En la misma magnitud en la que le diría todo lo reprochable que ha hecho durante todos estos años, ya que ese 'nada' ocultaba muchos trapos sucios que su madre se esmeraba muchísimo en tapar para que él tuviera una vida feliz y sin preocupaciones.
'Tu padre es una persona muy ocupada, Oliver/Tsubasa. Por eso no viene aquí nada más que dos meses', le respondía su madre cada vez que preguntaba por él, quien detrás de esa sonrisa ocultaba mucha tristeza.
'Él te quiere mucho', le decía constantemente a un niño Oliver/Tsubasa, para que no se preocupara, aunque él ya lo viniese notando desde hacía algún tiempo.
Se encontraba cara a cara con él. Su padre había envejecido, pero no lo esperado de un capitán de un gran barco. Portaba un traje de diseño de color negro, resolviéndole todas las incógnitas a Oliver/Tsubasa con tan sólo observarle. La notable gorra marinera de capitán con la identidad corporativa de la compañía en medio, tejida minuciosamente en hilo dorado, la portaba elegantemente en su cabeza, adornando su detalladamente arreglado cabello. Era alto, delgado y moreno, y su semblante era completamente serio.
A su lado, se encontraba una arreglada Patty/Sanae, la cual también portaba un elegante vestido negro, el cual resaltaba su delgadez en todo sentido. Traía recortado el cabello hasta el final de su cuello, cuidadosamente peinado y arreglado. Oliver/Tsubasa interpretó todo aquello como una especie de montaje. No obstante, no se lo iba a echar en cara a ella, ya que sabía que simplemente estaba enamorada de él y no había hecho nada malo. Posó su mirada en la de ella y la saludó, preguntándole por ella. Su padre, sin embargo, permanecía estoico.
- ¿Cómo te atreves a venir hasta aquí? – preguntó la voz de Oliver/Tsubasa, la cual contenía como podía la cólera que tenía guardada contra él todos estos años, refugiada en una total frialdad.
Frunció el ceño, dirigiéndole una mirada fija. Sus puños apretados eran una gran prueba física de que estaba realmente enfadado con la situación, la cual tenía que ver el cómo había vivido durante todos estos años y cómo la estaba percibiendo y enfrentando en ese momento.
- Llevo más de cinco años sin saber de ti – emitió Oliver/Tsubasa, con una sonrisa sarcástica en el rostro -. ¡Já! ¡Pero qué estoy diciendo, por favor! – continuó, haciendo un aspaviento con la mano -. ¡Si desde aquel día que fuiste nombrado capitán del barco no he vuelto a saber de ti prácticamente!
Oliver/Tsubasa se echó a reír por no llorar o enfadarse.
- ¿Cómo es que de repente has regresado a mi vida, eh? – preguntó de forma burlona y con la voz alzada, como si no esperara ninguna respuesta de su receptor.
De alguna u otra manera, pensaba que había acudido a él porque ya era una estrella del fútbol y ganaba mucho dinero.
El señor Atom/Ozora seguía tan impasible como siempre.
- Simplemente he venido a aclarar las cosas contigo, Oliver/Tsubasa – dijo simplemente el señor Atom/Ozora -. No lo hagas más difícil de lo que ya es.
Oliver/Tsubasa se cruzó de brazos y le miró ceñudamente, a la par que levantó lentamente la cabeza, dejando ver su plano mentón y su trabajada, ancha y fuerte mandíbula. No quería escuchar lo que tuviese que decirle aquel hombre que le dejó a la deriva con su madre, aquel hombre que tenía una amante, cuya esposa no lo sabía. Le daba rabia que su madre no estuviese enterada de todo aquel escabroso asunto. Según lo que Roberto le había contado, iba a tener un hijo con la amante, la cual parecía ser que lo habría perdido o se habría largado con él, ya que no había oído nada de ella en los últimos años. Y de su padre, tampoco.
- Eres un artero, papá – afirmó Oliver/Tsubasa, empezando a mostrar su rabia -. ¡Un auténtico sinvergüenza! – soltó.
Dio un par de inhalaciones y exhalaciones aceleradas.
- Con que tienes una amante y un hijo en común, ¿no? Con ésas me vienes, ¿verdad? – continuó Oliver/Tsubasa, alzando cada vez más el tono de voz.
El énfasis en la última palabra dicha se había hecho notar, llenando la habitación de su cólera.
El aludido se puso tremendamente pálido y tenía indicios de nerviosismo. Su hijo había descubierto la mentira que tantos años llevaba cuidando. Un atisbo de esperanza fue a posar en el brillo de sus ojos, ya que ni dicha ni el hijo existían. Sin embargo, los de Oliver/Tsubasa, los cuales eran claros, perdieron el brillo recuperándolo al instante, denotando rabia a través de un marcado brillo en ellos.
- Ella y yo ya no somos nada desde hace cinco años – replicó un aparentemente calmo capitán de barco, al cual se le notaba el nerviosismo y la poca paciencia por su cara colorada -. Ya he hablado con tu madre y hemos vuelto.
Otra puñalada a su alma. Recordó las lágrimas que un día su madre derramó, al preguntarle él qué era lo que le pasaba. La rabia se iba apoderando de él. Los puños que estaba manejando temblaban cada vez más.
Patty/Sanae le observaba, no sin mucha pena ni miedo. Era la primera vez que observaba a Oliver/Tsubasa en ese estado, y eso le preocupaba. Jamás había visto sus demonios. Sólo había visto a aquel chico alegre, simpático y apasionado por el fútbol. Pero tenía que admitir que aquel tema que estaba tratando era el primero que no tenía que ver con el fútbol, recordando lo ignorada que se sentía cada vez que ella le contaba algo y él saltaba con el fútbol o alguna anécdota relacionada con el mismo. Una lágrima de alegría recorrió su respectiva mejilla, dándole la esperanza de que aún pudiera tener algo con él. Un leve y acogedor calor se aposentó en su pecho. Se atrevió a tomar la palabra con una inquieta voz, la cual tenía espacio para la alegría, la tristeza y el miedo:
- Oliver/Tsubasa, tienes un hermanito de tres años.
El mismo hizo un movimiento rápido, cogió con una sola mano un jarrón y lo estrelló contra el suelo de un brusco y rudo ruido que indicaba que lo había hecho adrede. Patty/Sanae se estremeció, dando un par de pasos hacia atrás por la intensa desazón ante la reacción de él. Sudoroso, jadeante, con la cabeza y parte del tronco hacia abajo, dio un golpe a la mesa, dejando ahí parte de su furia y rencor.
- Ni me interesa, ni me importa – recalcó Oliver/Tsubasa, en un bajo y grave tono que transformó en una viva voz en la última palabra -. ¿Por qué me has dicho eso, Patty/Sanae? ¿Tú sabes lo que tu acompañante se trae entre manos?
Una sudorosa Patty/Sanae dio un par de pasos adelante con la intención de abrazarle, pero éste no se dejó, apartándose simplemente. Ella retrocedió aquellos pasos, comprendiendo que él estaba muy violentado y demasiado tenso por la extraña y dolorosa situación que le rodeaba en aquellos mismos instantes. Dicha situación, expuesta en principio en voz de Roberto Sedinho/Roberto Hongo, se había materializado con la inoportuna vuelta de su padre. La cuestión de la cuestión era: ¿La inoportunidad era oportunidad no deseada? Algo que Roberto le había oído repetirle tantas veces cuando la oportunidad del gol estaba muy lejos o el defensa rival le arruinaba el futuro gol desviando la pelota.
- El señor Atom/Ozora decidió tomar la palabra, rompiendo nuevamente el incómodo silencio.
- Como antes ha dicho Patty/Sanae, tienes un hermano pequeño de tres años llamado Tyler/Daichi. Tu madre y yo estamos juntos desde hace cuatro años.
Aquellas palabras, las cuales atravesaban su corazón como varios afilados puñales tanto como en su cerebro en forma de variopintos dolorosos y furibundos recuerdos, hicieron que diese otro golpe aún más fuerte a la mesa. Él se había estado comunicando de manera regular con su madre; una vez por semana más o menos, pero había estado hablando cada vez menos con ella debido a sus asuntos futbolísticos y sus nuevas amistades. Pero jamás le contó todo aquel embrollo familiar… ¿Por qué sería? La última vez que la vio fue hace por lo menos cuatro o cinco años, cuando cumplió los diecisiete años y estaba con las maletas en la puerta para irse a Brasil. Y no sabía en dónde encajar la reciente información sobre aquel hermano pequeño, si sus padres ya se habían rejuntado o él seguía con la amante. Se puso las manos sobre la cabeza, dándole vueltas.
- ¡PERO QUÉ ES TODO ESTE MONTAJE, POR EL AMOR DE DIOS! – berreó Oliver/Tsubasa, alzando las manos y abriendo el pecho en su totalidad -. ¡Nunca pensé que tuvieses la cara tan dura, papá! ¡Y jamás pensé que mamá sería tan tonta de volver contigo y encima tener otro hijo!
Patty/Sanae no pudo evitar dejar caer algunas lágrimas por sus mejillas, las cuales salían como delgadas fuentes de sus ojos e iban atravesando su mandíbula, su mentón y su cuello, dejando su rostro completamente decolorado, sus ojos vidriosos, sus dientes y labios temblorosos y su cuerpo inquieto, a la vez que enturbiado. Juntó sus dos manos, dejándolas caer en el final de su vientre.
'Oliver/Tsubasa, no sabes cómo se siente tu madre ahora mismo. Has estado ausente por más de cinco años', pensó, compungida, a la vez que intentaba componer una sonrisa en sus labios, la cual se quedó en una simple mueca. 'Tyler/Daichi le está dando la alegría que tanto le recuerda a ti de pequeño. ¡Escúchanos! ¡Escúchale, escúchala, escúchame!'.
Había despertado en una amplia cama de hospital, la cual no compartía con nadie y era mucho más lujosa que el resto de las mismas. Sabía que alguien le había donado sangre; bien, por los rumores de aquellos médicos y enfermeros que la habían atendido, o bien, porque había despertado y había logrado incorporarse sentándose. Se volvió a tumbar, ya que no se sentía con las suficientes ganas. O no las podía, ya que había perdido muchísima sangre en aquella noche.
Seguramente Salvatore Gentile se había enterado de aquello y había ordenado llamar a sus médicos privados, aparte de denunciar al agresor, ya que aún no se sabía quién era ante el público, aunque ella lo sabía perfectamente. Y aún sentía el dolor de la puñalada en su abdomen, así también como la sangre que emanaba de aquel profundo y hendido corte. Dio un pequeño chillido, se volvió a poner la mano en la sangrante cicatriz y contuvo las ganas de chillar, aunque difícilmente pudo. No pudo evitar dejar caer una lágrima, imaginando su posible muerte. Había oído hablar de aquellos cantantes, actores y empresarios que habían sido apuñalados y en pocas horas o días habían muerto. Su cabeza reproducía una y otra vez el escenario de un ataúd negro con su nombre, una fotografía suya en blanco y negro y mucha gente que ella conocía alrededor de la futura tumba. Primero visionó a Dario/Gino echando varias flores rojas encima del ataúd, y luego a Benji/Genzo y Andrea dando un discurso.
Recordaba al ya fallecido Mitch Lucker, el cual cantaba en la banda Suicide Silence, de la cual conocía apenas un par de canciones. Se llevó las manos a la cabeza y se agarró de los pelos, saliéndosele unas cuantas lágrimas por los ojos.
'¡Por Dios, si ése tuvo un accidente de motocicleta por andar borracho!', pensó, dando una bocanada de aire. '¡Yo no me voy a morir por hacer el idiota!'.
Se sentía libre, pero vacía a la vez. Libre de no aguantar un dolor indefinible con sus antiestéticas consecuencias, pero triste por haber perdido lo único que le unía a Rivaul. Se arropó con las blancas sábanas de la vasta cama en la que estaba tumbada, dando gracias a que la habitación tenía tonalidades muy cercanas al blanco. Su cabello lo sentía tan largo y tan pesado… Le había crecido muchísimo en aquellos escasos meses, acompañándole en el proceso diversas partes del cuerpo. Sentía como si pesara bastantes kilos de más, provocando que su cerebro se pusiese a pensar en una burlona y despechada Elvira luciéndose en bikini frente a una 'morsa inglesa', como se describía en su imaginación y en su mirada insegura.
'¡Bah! El color del pelo, los ojos y la piel de ésa son muy comunes en el mundo. Sin embargo, mis colores son más bien inusuales', pensó, girando la cabeza hacia un lado y cerrando los ojos, acompañándolo de una mueca en forma de sonrisa de lado.
- Andrea Rosier is here? (¿Andrea Rosier se encuentra aquí?) – oyó la aludida una peculiar voz que le devolvió parte de la alegría -. They told me she was in this hospital. Quick, I need to see her right now! (Me han dicho que está en este hospital. ¡Rápido, necesito verla ahora mismo!).
Una voz femenina relativamente aguda se notaba realmente desesperada y angustiada, y, al juzgar por el tono, le dolía muchísimo algo.
- Miss, you can't to pass to this room! (¡Señorita, no puede pasar a esta habitación!) – le decía uno de los médicos que la estaban conteniendo para que no diera un paso más al frente, en tono desesperado -. Further, you have to take rest! You are bleeding in the abdomen! (¡Además, tiene que guardar reposo! ¡Está sangrando por el abdomen!).
- I can assure you I'm fine! In comparison with her, I'm fine! My best friend's accident is much more serious! (¡Puedo asegurarle que estoy bien! ¡En comparación con ella, estoy bien! ¡El accidente de mi mejor amiga es mucho más grave!) – insistía ella, intentando zafarse de los brazos de los doctores mediante los suyos propios y su cintura.
Andrea no supo cómo, pero la chica logró zafarse de los brazos de los médicos, con ellos cediendo en que estuviese unos minutos, y que después, se la llevarían a su habitación como condición. A continuación, los mismos se dirigieron hacia principios de la puerta para vigilar a ambas, y ella se le acercó. Una chica de pelo muy oscuro y piel extremadamente pálida, completamente sudorosa, comenzó a hablar entre jadeos:
- ¡Andrea…! ¡…Andrea! – la tos y la falta de aire hacían que le costase mucho hablar -. ¡Por fa-favor, Andrea…! ¡Cuéntame qué es lo que te ha pasado! ¡Cof! ¡Cof!
La aludida se horrorizó al ver el estado de la chica. Deteniéndose a mirar, pudo observar que era Amaia. No la había reconocido porque estaba despeinada, deslucida y extremadamente pálida. Caminaba desgarbadamente. Tenía una voz muy apagada en comparación con lo habitual. Llevaba ropa holgada que no mostraba su cuerpo. Se sujetaba el estómago con una mano y se apoyaba en la mesa con la otra, haciendo grandes esfuerzos para no caerse al suelo. La mano situada en su abdomen estaba totalmente cubierta de sangre, y el denotativo de que no era suficiente para detener el flujo de sangre era que misma estaba cayendo por el resto de su ropa y parte del suelo. Andrea abrió los ojos, comenzando a tener miedo y a asustarse por la situación.
- ¡Amaia! – gritó ésta, viendo con horror la sangre que salía de su cuerpo, tapándose la boca con una mano -. ¡Amaia, por el amor de Dios! ¡Mírate! ¡Tú eres la que se encuentra peor! ¡Deberías hacer caso a los médicos e irte a tu habitación antes de que empieces a desangrarte!
Amaia notó cómo los pasos de los médicos corrían a toda velocidad y la volvían a agarrar por los brazos, no sin uno de ellos que le pusiese la mano en la boca, dejando caer sangre de la misma, manchando así su rostro y la mano del médico. Ella marchaba a paso lento con los médicos.
- You have to take bed, miss (Tiene que guardar cama, señorita) – le dijo el médico alto y rubio, sujetándola y mirándola.
Ella se limitó a asentir, no sin sentir una pequeña corazonada con el médico porque tenía rasgos en común con Dario/Gino y el Capitán América. Sonrió por el físico y el tono afectuoso del mismo, y porque había visto a su mejor amiga, aunque no fuese en las mejores condiciones. Andrea la veía marchar con los dos médicos con una pequeña sonrisa, ya que había visto a su mejor amiga a la que no veía desde hace meses. Casi un año. Y en todo aquel tiempo habían ocurrido tantas cosas… Sintió una puñalada en su estómago cuando recordó el cómo Amaia había sangrado por el mismo sitio. Era una sangre oscura, intensa, rápida, devastadora a la vista. Desgarrada. Desagradable. Dolorosa. Le recordaba a cómo Cristo sangraba por encima de sus túnicas blancas, el día de su resurrección. Recordaba cómo aquella monja que le contaba el relato de cómo el Señor Todopoderoso había sido despojado de sus prendas y posteriormente crucificado.
'Señor, ayúdanos a Amaia y a mí, porque ambas estamos entre el límite de la vida y la muerte. Ayuda a Oliver/Tsubasa, que se encuentra quizá en el momento más difícil de su vida'.
Miró al techo, dejando caer lágrimas de sus ojos. Notaba su vientre vacío, carente de dolor. Alegría y dolor habían venido a la vez a su consciencia. Aún seguía queriendo a Rivaul, pero sabía que tenía mujer e hijos a los que cuidar, aunque no le gustase en absoluto la idea. Los médicos, nada más ver su aborto espontáneo, le dijeron que, de haber seguido con el embarazo, el bebé hubiese nacido con muchísimos problemas, y, altamente posible, prematuro. Volvió a moverse para tumbarse de lado, cogiendo la almohada y abrazándola a su vez que ponía su cabeza en la misma. Se le escaparon unas lágrimas por el ojo, impregnando la funda de la almohada de las mismas.
- Amaia Stewart is in this hospital? (¿Amaia Stewart se encuentra en este hospital?) – preguntaba una desesperada y asfixiada voz masculina a la recepcionista del hospital, quien se había quedado boquiabierta al ver quién era.
- Yes, sir (Sí, señor) – respondió ella -. Are you someone from her family? (¿Es usted alguien de su familia?).
Muy indignado, pensó en decirle aquellas cuatro cosas a la señora, ya que era un futbolista muy conocido por el mundo. Pero la prisa le podía más que la rabia, así que le dijo que era su hermano mayor, con la recepcionista indicándole la habitación en la que ponía el número 213. Éste le dio las gracias atropelladamente y echó a correr como si no hubiese un mañana. Preguntándole a una enfermera por la habitación número 213, y con ella dándole las indicaciones de que subiese un piso y fuese hacia la derecha. Subiendo las escaleras todo lo rápida y silenciosamente pudo, no pudo evitar el sentirse ofendido de que mucha gente lo mirase. ¡Por fin la habitación número 213!
Uno de los médicos que vigilaban la puerta de la entrada se quedó atónito.
- Però si è Benji Price/Genzo Wakabayashi! (¡Pero si es Benji Price/Genzo Wakabayashi!) – exclamó completamente atónito y sorprendido el más joven, el cual llevaba gafas y era alto y delgado -. Mamma mia, quell'ultimo! (¡Madre mía, qué pasada!).
- Ma cosa ti aspettavi, Giovanni? (¿Pero qué te esperabas, Giovanni?) – le replicó su compañero, mirando también a Benji/Genzo -. Questo è un ospedale per persone con molti soldi! (¡Este es un hospital para gente con mucho dinero!).
Benji/Genzo hablaba varios idiomas, pero para su desfortuna en aquel mismo instante, no estaba entre ellos el italiano.
- Excuse me. Amaia Stewart is in this room, right? (Discúlpenme. Amaia Stewart se encuentra en esta habitación, ¿verdad?) – comenzó a hablar con su habitual voz grave y raspada -. In case it is so, could I come in? (En caso de que sea así, ¿podría entrar?).
- Yes, sir (Sí, señor) – le respondió cortésmente el médico más mayor, abriéndole la puerta.
Benji/Genzo entró en la habitación, dejándose acompañar por los médicos, cuya puerta cerró el más joven, quedando ambos fuera, vigilando la entrada. Al primero le dio conmoción y pena al ver a su amiga en aquel estado; le daba la sensación de que había sobrevivido a un cruento intento de asesinato. O que ya había muerto, y que había resucitado como una muerta viviente, ya que su piel extremadamente pálida, la cual llegaba a los subtonos grisáceos y verdosos, le parecía tremendamente anormal. Sus ojeras eran leves pero tenían un notable tono grisáceo. La sangre le seguía emanando del centro de su herida, pero parecía ser bien contenida por la fuerza y el grosor de las vendas puestas para paralizarlo de alguna manera.
Ella, al notar su presencia, se giró todo lo que su cuerpo le permitía, estando tumbada. Le miró con toda la alegría que le concedían sus ojeras.
- ¡Benji/Genzo! – exclamó, sosteniéndose el abdomen por el dolor del movimiento implicado.
Él la miró con los ojos disparados de sus órbitas, completamente horrorizado, llevándose posteriormente las manos a la cabeza.
- ¡Amaia, por el amor de Dios! – gritó -. ¿Qué es lo que te ha pasado?
Amaia se echó a reír. Tenía algo en mente que le sobresaltaría.
- ¿Sabes por casualidad quién era Jeffrey Dahmer?
- ¡Por el amor de Dios, Amaia! – protestó, algo incómodo por la pregunta -. ¡Hablas de asesinos en serie cuando han estado a punto de matarte a ti!
- ¡Correcto! – respondió una emocionada Amaia, señalándole con el dedo, dándole a entender que había acertado -. Sí, es un asesino en serie. ¿Sabes por qué te hago esta pregunta?
Volvió a echar a reír por la expresión incómoda y molesta de su interlocutor. El 'A ver, ¿qué?' que Benji/Genzo había soltado con desgana fue la gota que colmó el vaso. Cada vez que se ponía pesada con algún tema concreto o lo sacaba del aire, le encantaba oírlo.
- Porque compartimos número – explicó ella, calmadamente, a la vez que intentaba contenerse la risa -. El número de su apartamento era el 213 y mi habitación de hospital es el 213.
- ¡Amaia, deja de decir tonterías! – se quejó, exasperado - ¡Además, su apartamento ya no existe, porque se quemó junto con los restos de los cadáveres que tenía en conserva!
- No son tonterías, mi querido Benji/Genzo – reía Amaia, inmune a los gritos -. Son evidencias. Y por cierto, con él aprendí que no todos los asesinos en serie son feos.
Benji/Genzo la miró con desaprobación y se puso una mano en la frente, mientras asentía con ironía.
- Ya. A mí me parece que te hubiese embaucado y después te hubiese troceado, de haber sido heterosexual. ¡Era gay!
- ¡Yo no he dicho que me lo quisiera follar! – reclamó Amaia, alzando el dedo -. ¡Y además, ya sé que era gay!
Se apartó el pelo de la cara, y dio gracias de que ninguna parte de su cabello se hubiese manchado de sangre. No es que estuviese sucio, pero ya empezaba a notárselo algo pesado. 'Manías de chica joven', del creador de 'Manías de señora mayor' era lo que tenía Amaia con los temas relacionados con el físico, el pelo y la higiene personal. Intentó hacer un movimiento de cabeza que hiciese 'volar' su pelo, pero tal era su largo y su espesor que acabó cayendo.
- Tienes el pelo demasiado largo como para ser una segunda Patricia Fernández – observó Benji/Genzo con un tono bastante irónico -. Deberías cortártelo un poquito.
- ¡No pienso cortármelo, por el amor de Dios! – chilló Amaia, cubriéndolo con ambas manos para protegerlo.
Benji/Genzo se levantó de la silla realizando un brusco movimiento con una de las patas de la misma, puso sus brazos en jarra y adelantó la cabeza y el tronco, con expresión de enfado.
- ¡Pues yo tampoco pienso enseñarte la carta que me envió esa chica! – se querelló Benji/Genzo, alzando la voz.
Amaia le miró como si estuviese loco.
- ¡Simplemente quería saber cómo son los caracteres japoneses escritos a mano! – rezongó, extendiendo un brazo con la mano abierta -. ¡Si ya sabes que no entiendo un carajo el japonés!
- ¡Te digo que no verás esa carta y fin de la historia, Amaia! – chilló, abriendo los ojos y adoptando una expresión ligeramente nerviosa.
- ¡Oye, que yo no leí esa carta antes de entregarla a tus ingratas manos! – le señaló la aludida, comenzando a molestarse realmente -. ¡Esa pobre chica estaba a pocas semanas de morir!
Amaia hizo un gesto teatral tapándose con las sábanas, inclinando la cabeza hacia arriba, cerrando los ojos y abriéndola boca, simulando que se desmayaba. Benji/Genzo pareció no haberse dado por aludido con su expresión impune. Sus iris se giraron para mirarla como gesto máximo.
- ¿Y? – respondió él, fríamente, alzando los hombros y soltándolos -. Todos los días muere gente.
- ¡Por Dios, Benji/Genzo! – Amaia se hizo la escandalizada, poniéndose ambas manos en la cara -. ¡Tienes la sensibilidad en el culo!
- Bueno, pero al menos la tengo – protestó Benji/Genzo, señalándola con el índice -. ¡Eres tú la que no la tiene cuando quieres leer una carta que contiene cosas personales!
- ¡Vaaaaaaaaaaaaaleeeeeee! – protestó Amaia, fingiendo demencia mientras ponía las manos en alto -. ¡Si estás a la defensiva, es que algo pasó!
Una conocida voz masculina ahogó la discusión que ambos estaban teniendo, a pesar de estar bastante lejos de la habitación en la cual se encontraban. Amaia le mandó callar porque quería averiguar qué era lo que decía, con un molesto Benji/Genzo porque quería replicarle a lo Sheldon Cooper.
- Andrea Rosier est-elle ici? J'ai besoin de le voir maintenant! (¿Andrea Rosier se encuentra aquí? ¡Necesito verla ahora mismo!) – decía en un tono desesperado, el cual conservaba su típica frialdad y altanería.
Amaia puso cara de fastidio, resoplando. Ladeó la cabeza, apoyándola en la almohada.
- Qué arrogancia la de Francia – anunció entre dientes enfatizando en las palabras 'arrogancia' y 'Francia', girando las cuencas de sus ojos para mirar hacia el otro lado – Qué mal le va a sentag a mi pobge estómago habegle oído.
Benji/Genzo se echó a reír, sentándose en un lado de la cama, poniéndose una palma en la frente y ladeando la cabeza de derecha a izquierda.
- Madre de Dios. ¿Qué te ha hecho Elle Cid Pierre/Pierre LeBlanc?
- Básicamente, ser un caradura y una basura andante con Andrea – escupió, con desprecio y rabia, enfatizándolo con un puñetazo a la cama -. Y reírse de cómo iba yo vestida en la fiesta en donde invitó a los equipos. ¡Claro, como yo no iba con ropa de diseñadooooooooor…! – hizo un marcado énfasis en la última vocal, alargándola a modo de burla.
- (Pobre cama, no tiene la culpa de nada). La verdad es que tú no andabas muy metida en el mundo de los ricos, ni sabías…
Alguien abrió la puerta bruscamente y asomó la cara, retirándose rápidamente y cerrando nuevamente la puerta de un seco golpe, corriendo.
- Ahhhhhhhhhh, un fantôôôôôôôôôôôôôôôôôôômeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee! (¡Ahhhhhhhhhh, un fantaaaaaaaaaaaaasmaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!).
Amaia arrugó la nariz, torció el gesto en una mueca y se tumbó de lado, molesta.
- ¡Por lo menos los fantomés no critican cómo va la gente a las fiestas! – refunfuñó, enfatizando en su palabra inventada y dirigiéndole una mirada asesina a la puerta -. ¡Y si supiera la cantidad de chavales y chavalas que van de fiesta con unos tejanos y unas deportivas de no-marca, le da algo a ese intento de príncipe!
- Andrea, mon amour! Je sais que tu es làààààààà! (¡Andrea, mi amor! ¡Sé que estás aquíííííííí!) – gritaba y gritaba Pierre, poniendo las manos alrededor de su boca a modo de altavoz y moviéndose en todas las direcciones -. Vous ne pourrez pas m'éviter pour touuuuuuujouuuuuuuuurs! (¡No podrás evitarme por sieeeeeeeeeempreeeeeeeeeeeeee!).
- ¡Señor Elle Cid/LeBlanc, no puede molestar así a los enfermos ni al personal sanitario! – le llamó la atención la irritada jefa de urgencias, que por allí pasaba -. ¿No se da cuenta de que está organizando escándalo?
- ¿Sería usted tan amable de decirme dónde se encuentra la señorita Andrea Rosier? – le preguntó, pasando por alto lo que le había dicho.
- En la habitación 218, señor – le señaló amablemente ella, mirándole.
- Muchas gracias, señorita.
Salió corriendo hacia aquella habitación, dando gracias a que la misma le quedaba muy cerca. La jefa de urgencias ladeó su cabeza para mirarle nuevamente. Estaba evidentemente molesta con la celebridad, lo cual le hizo soltar un bajo: '¡Qué descreído, descarado y antipático es!', reiniciando su marcha y dirigiéndose a la sala número dos de urgencias.
Llevaba una costosa camisa, cuyo cuello tenía varios volantes montados y estaban algo apretados a su garganta, lo cual ocasionó que se desabrochara un par de botones de la camisa y dejara una pequeña parte de su pecho al descubierto. Una mujer joven le había observado, quedándose parada de pie en el sitio y pensando: '¡Qué chico tan guapo! ¡Parece un modelo!'.
Barcelona, España.
Parecía ser que Rivaul le había declarado la guerra en la prensa. Y ya no es que pareciese, es que ya era un hecho el que Rivaul le hubiese declarado la guerra, ya que era muy egocéntrico y no tenía aguante para ver a alguien que prácticamente le había quitado el puesto del jugador número uno en el mundo. Karl-Heinz Schneider, molesto también, le había declarado a la prensa de que le quedaba mucho camino que recorrer para poder superar a Rivaul, y que el calificativo del jugador número uno del mundo era más relativo que la teoría de Einstein, ya que había muchísimos jugadores que podrían ocuparlo.
- Voy a ser honesto – había dicho un tranquilo Carlos Santana ante el público -. Oliver Atom/Tsubasa Ozora supera con creces los requisitos como uno de los mejores jugadores del mundo; incluso entre el top 10. Pero no es el mejor jugador del mundo, ya que, en primer lugar, eso es relativo; y, en segundo, cada jugador tiene un estilo de juego diferente y cada persona que los conoce, un criterio diferente. Rivaul debería ser mucho más modesto y no molestar a Oliver/Tsubasa, ya que su consideración como 'el mejor jugador del mundo' ha sido otorgado por los medios y los fanáticos.
Los periodistas y reporteros que le habían oído hablar se habían quedado completamente boquiabiertos. Mientras que unos apuntaban todo lo que había dicho, una presentadora deportiva se dispuso a grabar su discurso, dando fin a la grabación que incluía todo lo que había dicho Santana. Todos los reporteros hablaban de lo que Santana había declarado, dándole la razón.
- ¡Es verdad! – dijo un hombre joven, alto y delgado, mientras sostenía una libreta y un bolígrafo escribiendo en una hoja -. ¡Lo del mejor jugador del mundo es muy relativo, y ellos lo saben de sobra!
- Milán, - Italia.
- La verdad es que Oliver Atom/Tsubasa Ozora es un excelente jugador; es un jugador privilegiado – había declarado Dario Belli/Gino Hernández a la prensa italiana y a la europea en su siempre serenos tono y ademán -. Pero no es el mejor de todos; yo opino que aún le falta mucho para evolucionar, y que ha entrado en el primer equipo de Barcelona/Cataluña porque el entrenador Edward Van Saal considera que su nivel es suficiente para su equipo.
- Usted ha mencionado varias veces el parecido estilo de juego que tienen Oliver Atom/Tsubasa Ozora y Karl-Heinz Schneider – le preguntó la periodista, - guapa, alta y de buena planta, acercándole el micrófono a la boca -. ¿Qué me diría usted acerca del capitán de la Selección Nacional de Alemania y del Bayern - de Múnich?
Dario/Gino tomó una expresión adusta por unos instantes, exhalando por la boca para disimularlo y dar a entender al público que quería decir algo profundo. Estaba especialmente molesto con el jugador alemán por motivos personales.
- Él también es un excelente jugador – afirmó, en un tono serio -. Por cierto, me codeaba con él cuando coincidimos en el Torneo de Francia, y teníamos una buena relación. De hecho, pensaba que mi equipo iba a jugar contra su poderoso Imperio en esos instantes, pero mi lesión en ambas manos y mi hombro derecho lo impidieron, además que mi equipo perdió también contra Argentina, dejándonos fuera del Torneo. Sin embargo, Japón ganó todos y cada uno de los partidos, venciendo a la Alemania de Schneider.
Ella se volvió a acercar el micrófono a la boca, manteniendo una distancia.
- La gente sigue hablando del famoso Torneo de Francia – continuó la periodista -. Sin embargo, ¿cómo cree que actúo Schneider frente a Atom/Ozora?
Es una persona lo suficientemente cuerda y amueblada para no hacer daño a nadie a propósito – aclaró Dario/Gino, manteniendo la compostura serenamente -. Pero actuó de manera muy fría y calculadora con Atom/Ozora durante todo el partido, ya que le hizo una falta. Es alguien formal, ya que le estrechó la mano por educación, pero no se intercambiaron las camisetas. Para mí, que el cambio de camisetas se hace sólo cuando las personas tienen un vínculo afectivo muy estrecho, y Schneider no estaba unido a nadie en particular. Y si se le pudiese definir como alguien muy arrogante, no sería de la manera convencional en la que todo el mundo pensaba y de la que todos hablaban y hablan hoy en día.
- ¿Cree que la Selección Nacional de Italia está preparada para la Copa del Mundo? – cuestionó la periodista, haciendo un disimulado gesto coqueto hacia él.
Una persona, sabiendo siempre de sus capacidades y límites, podrá determinar si puede dar la talla o no en ese algo – respondió, de manera automática. Siguió hablando -: Por ejemplo, la Selección Nacional de Italia, mi país, siempre puede dar la talla, pero también es consciente de sus fallos, de sus límites, así como de sus capacidades y sus fortalezas. Como cualquier otro país.
- ¿Y piensa usted que Japón tendrá posibilidades de ganar la Copa del Mundo?
- La verdad es que desde que Japón tiene ahora muy buenos jugadores, o, por lo menos, muchísimo mejores que los anteriores – concluyó Dario/Gino, mirando a las cámaras -. Es un equipo muy joven, ya que en años anteriores ni siquiera había sido mencionado en ámbito futbolístico. Y Oliver Atom/Tsubasa Ozora es quien lo ha impulsado y dirige hoy en día; es el jugador número uno de Japón y de Asia si no lo es del mundo entero. La lección que él me dio aquel día mientras corría con el balón y me metió un gol, es la de no subestimar a ningún rival por débil o desconocido que sea, ya que yo lo había hecho por verlos perder contra Schneider. Claramente, yo no le había visto nunca. Y, como él me demostró, Japón fue el ganador del Torneo de Francia y empató en el amistoso contra Holanda.
- ¿Tiene alguna relación con otro jugador de la Selección Nacional de Japón?
- Sí – afirmó el capitán italiano -. Su nombre es Rob Denton/Aoi Shingo. Le conocí hace un año y medio, cuando ingresó en el Inter de Milán. Jugaba muchísimo mejor que todos los jugadores del equipo, y gracias a él pudimos ganar a la Juventus, en cuyo partido jugaba Lenders/Hyuga. Incluso supera a Oliver Atom/Tsubasa Ozora en algunas facultades, ya que fue él quien le dio el gol del empate a Japón contra Holanda en el último minuto, algo que su capitán no había sido capaz de hacer.
Turín, Italia.
- La verdad es que estoy encantado de oír que mi compatriota Oliver Atom/Ozora Tsubasa ha sido declarado como uno de los mejores jugadores del mundo – explicaba Lenders/Hyuga, fingiendo una expresión alegre lo más cercana a la realidad posible -. También es un gran logro que Van Saal le haya colocado en el primer equipo como jugador oficial, pudiendo ponerse a la altura del águila del Barcelona/Cataluña, aunque, como han dicho otros jugadores de talla mundial, le falta mucho para poder llegar a ser el mejor del mundo.
Amaia había estado mirando las noticias desde su móvil, clicándole a continuación a un vídeo que contenía las imágenes de Dario/Gino, el cual hablaba de Oliver Atom/Tsubasa Ozora, quien ya había sido proclamado como jugador oficial del Barcelona/Cataluña. También de la posible salida de Rivaul del mismo, alegando que era 'por motivos personales'. Amaia dedujo que a éste le había pillado su mujer con alguna y quería traérselo de vuelta a Brasil. Claramente pensó en Andrea, quien no sabía nada acerca de la familia de Rivaul, ya que éste nunca la había mencionado ni mostrado a las pantallas. Clickeó en una noticia relacionada con la posible ida de Rivaul, quien anunciaba que a lo mejor regresaría a su país natal y jugaría en un equipo de allí.
'Si Rivaul se va, le dará una gran oportunidad a Oliver/Tsubasa de proclamarse como el mejor jugador del mundo, y, exagerando las posibilidades, de llevar el número diez. Pero eso es algo que sólo han mencionado en los medios. No creo que al águila le convenga irse del Barcelona/Cataluña'.
Le entraron instintos asesinos en el momento del vídeo en el cual la periodista empezó a coquetear con Dario/Gino, llenando de insultos a la pantalla del móvil, con la consecuencia de que volviese a sangrar por la tripa y tuviese que cubrírsela con un algodón blanco.
Alguien tocó la puerta.
- ¿Puedo pasar? – pudo oír la voz de Andrea.
- Por supuesto – contestó Amaia -. Siempre puedes pasar.
La misma abrió la puerta, empujando hacia abajo el pomo y soltándolo. Entró en la habitación y se sentó en la cama. Se veía muy pálida y también muy débil, la cual podía mantenerse sentada, algo que Amaia apenas podía, estando semi-tumbada, apoyándose de un par de almohadas. Andrea, también observando a su amiga, pudo ver que había alcanzado el punto más álgido de la palidez y que todavía seguía sangrando por la tripa pero en mucha menor cantidad.
- Andrea – empezó a hablar Amaia con voz débil, cogiendo a su amiga de una mano -. Antes de que me muera. ¿Me podrías contar qué es lo que ha pasado con Rivaul?
La aludida se echó a reír fuertemente por lo que acababa de oír acerca de la muerte, estando a unos instantes de caer redonda en la cama.
- ¡Pero qué te vas a morir ni que niño muerto, Amaia! ¡Ja, ja, ja!
La misma puso cara de disgusto, ya que pensaba que su amiga se estaba tomando a mofa lo de su 'posible muerte', frunciendo el ceño y reproduciendo escenas macabras en su mente.
- ¡Claro que me voy a morir! – protestó la aludida en medio de un aullido de dolor, sujetándose la tripa con una mano -. ¡De hecho, sólo me faltan unas horas para diñarla!
Andrea comenzó a notar cómo su cuerpo y su rostro comenzaban a calentarse, dando lugar a que se enojara, se levantara de la cama y apretara el puño derecho.
- ¡Por el amor de Dios, deja de decir barbaridades! – al gritar, su voz se había agudizado -. ¡Como vuelvas a decir que te mueres, seré yo quien cause tu muerte!
Gran impacto habían tenido esas palabras en Amaia, porque había comenzado a sollozar, escapándosele unas cuantas lágrimas por los ojos. Empezó a secar sus ojos con sus manos, a la par que también se puso colérica y se puso a señalarla con el dedo y a moverlo, a la vez que hablaba.
- ¡Te voy a decir una cosa! – apuntó Amaia -. ¡Si me matas, irás a la cárcel, y serás reportada tal y como hicieron con Ted Bundy, Jeffrey Dahmer, Richard Ramírez y compañía! ¡Investigarán sobre ti, harán un documental y le pondrán música tétrica de fondo!
- ¡PUES DEJA DE DECIR QUE TE VAS A MORIR! – berreó Andrea, dándole un pisotón al suelo.
- ¿Y qué le hago yo si Dariya Karkarova me apuñaló hace apenas tres días y he perdido tal cantidad de sangre todos los días que me han tenido que hacer dos donaciones, eh? – chilló Amaia, indicando con el dedo su vientre, como señal visual del daño recibido.
Dicho tenía un profundo corte, del cual emanaba algo de sangre y se notaba que había sido realizado a sangre fría; a tal modo como se realizaría una puñalada en un cuerpo. Andrea se quedó completamente aterrada, a tal punto que, si hubiese llegado a tener algo entre sus manos, lo hubiera dejado caer al suelo del impacto. Sus ojos, abiertos como platos y desorbitados, acentuaban aquella expresión aterrada que su boca abierta, su mentón tenso y su cuerpo completamente inmovilizado retrataban.
- ¡Por Dios, Amaia! – exclamó, con una voz mucho más aguda de lo normal -. ¡Esa tía está completamente loca!
- ¡Claro que está loca, y de remate! – señaló una indignada Amaia, haciendo énfasis en las cuatro últimas palabras -. ¡Lo que pasaba es que no querías creerme!
La aludida tomó el móvil de las manos de su amiga con un rápido movimiento, movió los dedos en la pantalla, le dio varias veces a la pantalla y se la mostró.
- ¿Sabías que Salvatore Gentile y Dario/Gino han mandado comunicarlo a toda Europa por los medios televisivos? – replicó una nerviosa Andrea, pasándoselo a Amaia -. ¿Y que Mark Lenders/Kojiro Hyuga está metido en el embrollo?
Una impresionada, sorprendida y alterada Amaia observaba las noticias, a la vez que leía detenidamente y pasaba los dedos para continuar con la lectura.
'Aún no se sabe el nombre del agresor de Amaia Leire Stewart, una estudiante inglesa que recientemente ha terminado sus estudios en el prestigioso Instituto Europeo de Diseño de Milán. La víctima estaba fuera de su oficina de trabajo sobre las ocho de la noche, ocasión que le había sido muy fácil de aprovechar al agresor. Lo único que cuenta Salvatore Gentile, jugador estrella del Piamonte FC/de la Juventus FC, es que la vio desmayada, con un profundo corte en su vientre, el cual derramaba sangre y tenía altísimas posibilidades de ser fruto de una fría puñalada. Lo más reciente sabido de la joven Amaia Stewart es que fue ingresada en el Hospital Amadeo di Savoia apenas un par de días a petición del mismo jugador'.
'Benji Price/Genzo Wakabayashi, ex jugador del Grünwald FC/Hamburgo FC y actual del Rötburg FC/Bayern de Múnich FC, también es una de las personas más allegadas de la joven, ya que el mismo fue a visitarla al hospital apenas un día después. Dario Belli/Gino Hernández, capitán de la Selección Nacional de Italia y del Inter de Milán FC, su ex pareja, ha contratado varios detectives para investigar a su agresor en una ardua búsqueda'.
'La verdad es que, incluso en las ciudades más seguras y avanzadas del mundo, hay peligro; siendo el mismo relatado como algo extraordinario', afirma Dario Belli/Gino Hernández ante las cámaras, en un tono muy serio. 'Claramente no se puede comparar una ciudad con otra, ya que en cada puede haber una u otra cosa que le quite el sueño a los ciudadanos. Sea en donde sea, hay que tener cuidado'.
A Amaia se le saltaron las lágrimas de la emoción, secándoselas con una mano, a la vez que sostenía el móvil con la otra e iba pasando el texto subiendo el dedo pulgar. Dejó de mirarlo, lo posicionó en uno de los lados de su cama y se lanzó a los brazos de Andrea, devolviéndole a la vez un fuerte abrazo.
- ¡Andrea! – exclamó, emocionada -. ¡Es increíble! ¡Se acuerda de mí! ¡Me quiere!
- Por eso decías que te ibas a morir, ¿verdad, eterna enamorada del apuesto italiano? – replicó Andrea en tono jocoso, a la vez que abrazaba a su amiga y le acariciaba el cabello, sintiendo la mandíbula de la misma en su hombro.
- La verdad es que no he dejado de pensar en él ni un solo día – contestó Amaia, derramando una nueva lágrima -. Le adoro incluso más que a mi propia vida, como Eros Ramazzotti.
Andrea rompió a carcajadas nuevamente.
- ¡Tía, por el amor de Dios! ¡No creo que Eros Ramazzotti dé su vida por el capitán de la Selección Nacional de Italia!
En un largo y profundo abrazo, se contaron una a la otra lo mucho que se habían echado de menos, y todo lo que les había pasado por aquel entonces. A Amaia le sorprendió (y se echó a reír por) la cantidad de mujeres interesadas que se hacían pasar por novias o esposas del famoso jugador David Clemente por sus ingentes cantidades de dinero. Andrea le contó que Rivaul había llegado a proponerle matrimonio, pero que el anillo jamás se lo vio puesto, así como también posponía y posponía la presentación de su familia (que no es que le importase eso en gran medida). Amaia comentó sobre la aparición de Pierre por su cuarto, saliendo corriendo porque 'había visto un fantasma', con una desternillada Andrea de fondo haciendo exagerados gestos para imitarle.
- ¡Si hasta he oído a la jefa de urgencias despotricar contra él desde esta habitación! – comentó Amaia, con las lágrimas saliéndosele de los ojos de la risa y el estómago en tensión.
- ¡No me extraña! – concordó Andrea, sujetándose el vientre con una mano y secándose las lágrimas de risa con otra -. ¡Si yo fuese esa mujer, seguramente haría lo mismo!
Por la amplia ventana pasaba una ligera pero notoria brisa de aire, la cual se notaba en determinados puntos de la piel de cada una y les otorgaban un efecto relajante en la misma, estimulando a sus psiques de tal forma que las volviese tranquilas. Ambas habían logrado quitarse un peso de encima. Ambas ya estaban calmas. Por una parte, Amaia estaba mucho más tranquila al saber que él la quería y había hecho algo por ella. Por otra, Andrea también lo parecía exteriormente, porque en parte estaba muy triste por haber perdido al posible hijo que podrían haber tenido Rivaul y ella, pero por otra le agradeció a Dios que le hubiese quitado ese peso de encima, ya que, por todo lo sufrido, el ya no posible bebé iba a tener muchos problemas. También había algo más que daba vueltas en su mente.
Amaia intuyó lo que era al observar los ojos vidriosos, el rostro ligeramente colorado y la expresión de angustia de su amiga, dándole un abrazo como consuelo, a lo cual la misma correspondió, acariciándole la cabeza.
'Por favor, Dios, no me cruces con él'.
FIN.
NOTAS:
- Jeffrey Dahmer, Ted Bundy y Richard Ramírez fueron conocidos asesinos en serie que, por su aspecto físico y carisma, ganaron muchísimas fans, dando lugar a la hibristofilia (fetiche o atracción hacia hombres considerados como 'criminales').
- Cuando Amaia le habla a Benji/Genzo sobre Jeffrey Dahmer, éste comienza a sacar conclusiones sobre el asesino (era homosexual, vivía solo y practicaba la necrofilia y el canibalismo con los cuerpos de sus víctimas), con Amaia añadiéndole que compartían número (él tenía el 213 como número de su apartamento, y ella, como número de su habitación de hospital) y que era muy atractivo ('…no todos los asesinos en serie son feos').
- Las frases que Amaia dice sustituyendo la 'r' por una 'g' y el término 'fantomés' (que viene del francés fantôme, cuyo significado traducido es 'fantasma') son de burla no hacia la propia Francia, sino a Elle Cid Pierre/Pierre LeBlanc, a quien considera como alguien extremadamente arrogante y detesta por el trato impartido hacia su amiga Andrea por parte de éste.
- Eros Ramazzotti es un celebrísimo cantautor italiano pop.
- Patricia Fernández es un personaje ficticio de la serie 'Yo soy Betty, la fea', muy conocida por su característico movimiento de pelo, el cual realiza como realce de su persona, o, bien, como gesto despectivo hacia alguien que no le cae bien. Amaia tiene un movimiento parecido al de ella, con la diferencia de que se ayuda de su mano, ya que su longitud abarca más de media espalda larga.
- En alusión al mismo personaje, Benji/Genzo compara a Amaia con ella a modo de burla, ya que movió su pelo de tal forma.
- Andrea hace alusiones a Dios hablando con él en su mente porque cree en él.
- La mención que se hace de Rivaul sobre su posible marcha del Barcelona FC/Cataluña FC hace alusión al último capítulo de Captain Tsubasa: Road To 2002, ya que, al salir lesionado del partido contra el Valencia FC/San José FC y ser cambiado por Oliver/Tsubasa y quedarse éste en el puesto de Rivaul, se intuyó por diversos medios que él se trasladaba a otro equipo.
- Los personajes hacen intervenciones en varios idiomas: Dariya y Amaia hablan en ruso, Amaia, los doctores y Benji/Genzo hablan en inglés, los doctores hablan italiano, y Elle Cid Pierre/Pierre LeBlanc, en francés.
- Omnimar es una banda rusa de dark pop.
- Oliver/Tsubasa tiene un hermano pequeño, el cual se da a conocer mediante los mangas cuando él ya ha ingresado en el Barcelona FC/Cataluña FC, dando a entender que sus padres habían tenido otro hijo por deseo de la madre, ya que ésta echaba de menos a su hijo. La historia narrada en el capítulo es inventada.
- Del mismo se sabe su nombre en la versión japonesa, pero no la europea, así que le llamé Tyler, quedando así: Tyler Atom/Daichi Ozora.
