Capítulo 11. La crisis

Sábado 11 de junio, 16:41. Cerca de Tokio.

Suzie Joestar bajó del vehículo rápidamente, sin esperar que Roses, su mayordomo, le abriera la puerta. Estaba ansiosa por ver a su hija y nieto, además de a su marido y a Caesar. Roses se adelantó para abrirle la pesada puerta de madera de la entrada y la mujer caminó en grandes zancadas por el camino principal hasta la casa.

-Tadaima!-exclamó, quitándose en el recibidor los zapatos de tacón que traía-. ¡Holy! ¡Jotaro!

Nadie le respondió. Qué extraño, pensó, caminando por todo el lugar.

-¡Joseph! ¡Caesar! Per l'amor di Dio!, ¿dónde están todos?

Roses iba detrás acarreando los bolsos de ella y chocó contra su espalda cuando Suzie se detuvo en seco en la puerta de la cocina.

-Lo siento, señora-se disculpó.

-¿Qué pasó aquí?-preguntó ella.

La cocina estaba hecha un desastre: la madera del suelo y el cielo estaban trizadas como si hubiese ocurrido un terremoto, al igual que los estantes superiores. El resto del mobiliario estaba cubierto con una tela plástica, como si fueran a remodelar. ¿Por qué su hija no le había dicho nada? Remodelar espacios interiores era una actividad que siempre hacían juntas.

-¡Holy Elizabeth Joestar!-bramó Suzie, caminando a zancadas por la casa. Al cabo de unos minutos vio a su hija en el jardín de su derecha, con las manos metidas en la tierra del huerto de hierbas.

-Mamma? ¿Qué haces aquí? Pensé que tu viaje demoraría un poco más-dijo su hija, levantándose y yendo a su encuentro.

-¿Por qué tienes ese desastre en la cocina, ragazza?- dijo su madre bajando al jardín. Se abrazaron cariñosamente-. ¡Parece que se está cayendo a pedazos!

-Es una larga historia, mamá-dijo Holy, quitándose los guantes de traía.

-¿Y dónde está todo el mundo? No me digas que trabajando, porque tus padres trabajan de aburridos, no porque lo necesiten. Jotaro está en la escuela aún. ¡Y tu marido nunca está!

-Jotaro está en una excursión de la escuela fuera de la ciudad- dijo Holy, cansinamente.

-¿Y tus padres?

-Eh...Bueno, papà está en… hum, ya sabes, en el hospital de la Fundación y dad, bueno, está en… ahí mismo, creo.

Suzie Joestar no era una mujer paciente y, para desgracia de su hija, sabía leer muy bien a las personas que quería. Cuando Holy le mentía u ocultaba cosas no la miraba a los ojos y le aparecía un pequeño tic en la ceja izquierda. Ahora tenía los mismos síntomas y además se miraba el hombro izquierdo como si se asegurara que no tuviera nada ahí. ¿Sería su stand?

-¿Cómo va tu salud, cara? ¿Te has sentido mejor? ¿Cómo vas con tu entrenamiento de stand?

-Bien, bien, no creo que me pase algo malo de nuevo-dijo ella y de nuevo, la mano fue a su hombro-. Se llama Cranberries. Te lo muestro, si quieres.

-No podré verlo de todas maneras-dijo su madre, encogiéndose de hombros-. ¿Te lesionaste, Holy? Te has tocado el hombro demasiadas veces.

-¿Eh? No, no...

-Déjame revisar-dijo Suzie y chequeó con sus dedos los músculos de la zona antes de que Holy se quejara-. No tienes nada, sólo estás un poco tensa. ¿No será que tu entrenamiento ha sido demasiado duro?

-No más duro que el que me dieron ustedes cuando era niña-rió Holy forzadamente.

-¿A dónde me dijiste que fue el bambino?

-A… a una excursión.

-Sí, pero ¿a dónde? Esta condenada isla es bastante grande, ¿sabes?

Un teléfono sonó en la lejanía. Holy se sobresaltó e hizo el gesto de ir a buscarlo, pero Roses fue más rápido y le trajo el teléfono inalámbrico más cercano.

-Tome, miss Holy.

-Gracias, Roses-replicó ella, contestando la llamada y alejándose de su madre unos metros-. Moshi-moshi? ¡Ah, hola, hijo! ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu excursión? ¡¿Qué qué?!- exclamó y luego, como su madre la observaba, agregó en tono falsamente relajado-. Es decir, ¡qué bueno, cielo! Ajá. Ya veo, hum...

Suzie seguía mirándola fijamente, pero los ojos verdes de Holy la evitaban. Le daba la sensación que su hija estaba evitando a toda costa demostrar alguna emoción o decir algo que pudiera levantar sospechas. ¿Por qué se esforzaba tanto en esconder una simple conversación con su propio hijo? ¡Solo estaban ellas dos y Roses, que era de la familia! A menos que…

-Me estás ocultando algo, ragazza-dijo, cuando Holy colgó la llamada y sonreía incómodamente-. ¿Qué sucede?

-¡Ah, no, nada! Es que Jotaro, hum, bueno… se escapó del viaje escolar y se fue… a otra ciudad. Me estaba avisando que está bien, que no me preocupe y que va a volver mañana.

-¿Por qué rayos Jotaro huiría de su viaje? Está en último año, puede perjudicar su egreso si falta demasiado-dijo Suzie-. Además, acordamos que no habrían más sorpresas ni cosas raras en lo que queda de colegio.

-Lo-lo que pasa es que se escapó con un amigo, el chico pelirrojo, ¿lo recuerdas? Bueno, me dijo que él estaba un poco triste y que…

-¿Y a dónde se fueron?

-A...a…-Holy se tocó su hombro izquierdo y sonrió nerviosamente-. ¿Dó-dónde me dijo que era? Era algo con "m".

-Oh, Holy-dijo su madre, con un aura amenazante a sus espaldas-. No te esfuerces más, eres pésima mentirosa. ¿Qué está pasando?

Sábado 11 de junio, 13:33 horas. Morioh.

Tomoko recorrió la mesa del comedor con la mirada mientras se preguntaba cómo había llegado a esta situación: ella estaba sentada en la esquina. A su izquierda, en la cabecera, estaba Josuke; a su derecha, Caesar mirando distraído su copa de vino. En el extremo opuesto a Josuke estaba su padre y frente a ella, Kakyoin Noriaki y Kujo Jotaro. Todos comían en silencio y sólo su hijo seguía parloteando sobre lo emocionado que estaba por su fiesta de cumpleaños que sería en unas horas, ignorando la cortesía forzada de los adultos.

La noche anterior, Caesar le había explicado a Tomoko que su nieto y un amigo habían aparecido sin avisar para conocer a Josuke. Que ya sabían la verdad, al igual que Holy. Que ni Jotaro ni ésta estaban molestos con Tomoko ni con Josuke y que, en el caso de su nieto, solo quería conocer al niño. Que, por el amor de Dios, su hijo había invitado a Jotaro y a su amigo a su fiesta de cumpleaños.

-Por supuesto, sólo si estás de acuerdo, Tomoko-le había dicho Caesar-. Tú tienes la última palabra.

Qué considerado, había pensado Tomoko con sarcasmo.

Esa mañana, Josuke había llegado radiante mostrándole su stand y contando que esos jóvenes lo habían ayudado. Ella no podía ver a Crazy Diamond, pero tuvo la certeza de su poder cuando su hijo hizo levitar un plátano y una manzana del frutero y los fusionó frente a sus ojos.

-Mamá, ¿puedo invitar a Jotaro-san y Noriaki-san a mi cumpleaños?

Claro, por supuesto, hijo. Invitemos al nieto de tu padre y a su amigo con sus poderes mágicos a que compartan un rico pastel con tus amigos, había querido responderle. Pero en lugar de eso, dijo:

-Cariño, ni siquiera los he visto o he hablado con ellos, ¿no crees que sería mejor…?

-¿Y si los invitamos a almorzar, mamá? ¡Les preguntaré!

Tomoko no tuvo tiempo de detenerlo, porque el chico se había ido corriendo. De tener más energía, lo habría alcanzado, pero la semana había sido intensa en el trabajo y había pasado la mañana de su preciado sábado cocinando y preparando las cosas para la fiesta. Y calmando la agotadora ansiedad de Josuke.

Caesar había llegado unos veinte minutos después para asegurarse que la invitación era genuina y no un invento del niño. Ella se había resignado y había confirmado el almuerzo juntos. ¿Por qué lo había hecho? Ciertamente no estaba dentro de sus planes recibir al nieto de su ex amante y a su amigo para almorzar, pero al menos no era Joseph. Y estaba cansada de estar escondiendo cosas. Y ya no tenía sentido seguir haciéndolo porque tanto Josuke como el nieto de Caesar sabían la verdad.

A la una en punto, sintió voces extrañas cerca de la puerta. Tuvo que admitir que sentía curiosidad por conocerlos, en especial al nieto. Le parecía tragicómico que su ex amante tuviera un nieto de dieciocho años y que éste hubiese derrotado a una vampiro hechicero o algo así. Se asomó por la ventana de la cocina que daba a la calle y solo alcanzó a ver a un muchacho pelirrojo que iba en silla de ruedas. Él debía ser el paciente por el cual Caesar pasaba mucho tiempo en Tokio algunos meses atrás como fachada para el resto de su familia.

Los golpes en la puerta la habían sobresaltado. Mientras trataba de mantener la calma, había ido a abrir la puerta. Caesar la saludó alegremente mientras se quitaba los zapatos y le presentó a los desconocidos. Kakyoin Noriaki le había parecido muy gentil, pero con un aura de duende molestoso y travieso que la sorprendió. Y Kujo Jotaro… Ah, Kujo Jotaro. ¿Cómo se podía explicarse a sí misma lo que sintió cuando lo vio?

Su primera impresión fue de susto, porque era idéntico a su abuelo. Por un segundo, pensó que Caesar la había engañado y había traído a su esposo sin avisarle. Pero al mirarlo por segunda vez, sintió un cariño entrañable por ese desconocido. Aunque sabía que no era Joseph Joestar, tuvo ganas de hundir su nariz en el pecho del muchacho y quedarse ahí un buen rato, como alguna vez hizo con su abuelo. Evidentemente no hizo ninguna tontería porque Jotaro era apenas un crío.

Pero fue la tercera mirada lo que provocó que sus piernas temblaran involuntariamente, porque Jotaro la había mirado con curiosidad desde su considerable altura. ¡Hasta tenía los ojos de su abuelo! Se sintió enrojecer hasta las raíces del pelo al imaginarse al tonto de Joseph con veintitantos años de edad mirándola así como cuando se conocieron en ese bar.

-Pasen por favor, mi padre llegará en unos minutos-había dicho ella, cuando su cerebro volvió a reaccionar.

Y así fue como, treinta minutos después, estaban todos sentados a la mesa, comiendo en silencio y siendo mareados por la verborrea del cumpleañero, por supuesto:

-Mi mamá me regaló unas zapatillas geniales y mi abuelo me regaló una chaqueta como de malo que escapa de la policía.

-¿Eso no es incentivarlo al mal, Higashikata-san?-preguntó un divertido Caesar al abuelo del muchacho.

-No tiene nada de malo desafiar la autoridad-terció Jotaro-. A veces- añadió, bajo la mirada ceñuda de su abuelo.

-Jotaro dice eso porque él es un delincuente juvenil en nuestra escuela-dijo Kakyoin en tono casual-. Le pegó a un profesor porque era pésimo y no volvió al colegio, no paga en restaurantes si la comida es mala y además le pega a los pandilleros de otras escuelas y los manda al hospital.

Ok, oficialmente el sobrino de mi hijo es un vándalo, pensó horrorizada Tomoko. A su lado, Caesar se atoró con el vino.

-¡¿Cómo que le pegaste a un profesor?!-bramó mientras tosía.

-Yo no fui el que manipuló a la enfermera del colegio, la golpeó y destruyó la enfermería-dijo Jotaro con suavidad-. ¿O se te olvidó eso, Kakyoin?

-Pues sí, se me olvidó, sabes perfectamente que estaba bajo la influencia de DI...digo, del señor vampiro malvado-dijo Kakyoin-. Así que no cuenta.

-Jotaro Kujo, ¿quieres explicarme por qué agrediste a un profesor?-interrumpió Caesar la discusión.

-Acosaba a las alumnas- gruñó Jotaro, encogiéndose de hombros-. ¿Qué querías que hiciera? La escuela no iba a hacer nada.

-En ese caso, te felicito-dijo Tomoko con fiereza-. También me ha tocado… educar a tipos así.

-Afortunadamente le enseñé muy bien a defenderse-dijo el señor Higashikata-. De hecho, ahora que lo pienso, Tomoko-chan hizo algo parecido cuando estaba en la escuela. Tenía como quince años y un día...

-Eh, papá, hay un niño presente-lo interrumpió ella con una significativa mirada.

-¿Mamá le pegó a un tipo malo que la acosaba? ¡Genial!-preguntó Josuke-. Esperen, ¿qué significa acosar?

Tomoko le lanzó una mirada asesina a su padre, que se rió y respondió:

-Yo no sé, que tú mamá te explique, ella es la profesora

Sábado 11 de junio, 17:46. Morioh

Jotaro estaba sentado junto a la mesa de bocadillos en el jardín trasero de los Higashikata viendo cómo los engendros (más conocidos como Josuke y sus amigos) correteaban por todos lados gritando como monos. Había ido a esa fiesta exclusivamente porque quería saber más de Crazy Diamond y asegurarse si era o no un peligro inminente para la familia.

Familia. Se imaginó los futuros eventos sociales en los que tuviera que asistir con el mocoso y la cara que pondría la gente cuando tuviera que explicar la relación sanguínea que había entre ambos. "Es mi tío, hijo de mi abuelo con otra mujer". Claro, sonaba espectacular.

Como si le hubiese leído el pensamiento, Tomoko Higashikata apareció cargando una llamativa piñata de tortuga que dejó sobre la mesa para sentarse a su lado.

-¿Estás bien, Jotaro-kun? Eh, puedo llamarte así, ¿verdad?

Él asintió en silencio, sin despegar la vista de los niños. Josuke estaba corriendo con los ojos vendados tratando de perseguir a sus amigos. Sonrió.

-Aprovechando que estás aquí, quiero darte las gracias por ayudar a Josuke a entender mejor su… habilidad-dijo ella en tono amable-. No deja de hablar de ti y de tu amigo.

-No fue nada, honestamente-dijo Jotaro-. No hice nada.

-También quiero pedirte disculpas- dijo Tomoko, después de una pausa incómoda-. Por desordenar tu familia un poco con esto de la infidelidad de tu abuelo. Y si JoJo ha sido molesto contigo con esto de "tío y sobrino", le diré…

-¿JoJo?-repitió él, mirando a la mujer esta vez-. ¿También le dices JoJo?

-Oh, lo siento. Había olvidado que tu abuelo y tú son JoJo también. Caesar me lo contó.

Jotaro no puedo evitar una pequeña sonrisa. ¿Tan amigos se habían hecho su abuelo y esa mujer? No podía culparlo, en realidad, ella parecía ser una buena persona.

-Es cierto. Mi abuelo Caesar le dice JoJo a mi otro abuelo. Mi abuela también. Y esos dos me dicen JoJo bambino. JoJo niño-aclaró, ante la mirada de extrañeza de Tomoko. Suspiró-. No tengo que disculparte de nada porque no estoy enojado contigo, ni con jiji. Eso es cosa de ustedes, yo no me voy a meter.

-Caesar me dijo que dirías algo así-replicó ella, sonriendo-. ¿Sabes? Aunque te parezcas físicamente a Joseph Joestar, creo que en el fondo eres más parecido a Caesar Zeppeli.

Jotaro sintió un calor no del todo desagradable en las mejillas y volvió a mirar a los niños. Caesar estaba persiguiéndolos mientras gritaban eufóricos por el jardín escapando del "monstruo". Algunos adultos se reían o comentaban. Entre ellos, había una joven de rasgos extranjeros que miraba embelesada a su abuelo.

-¿Quién es ella, Tomoko-san?-preguntó Jotaro-. La joven al lado de las guirnaldas.

-Monse-chan-dijo la anfitriona-. Una amiga mía que es profesora de español en el colegio donde trabajo. ¿Por qué?

-Porque le gusta mi abuelo-dijo Jotaro, divertido.

Tomoko se rió, pero no confirmó ni negó el comentario. En lugar de eso, le dijo que la piñata había sido idea de Monse (porque era latina) y le pidió que la ayudara a colgarla del árbol, a lo que él accedió. Los "engendros" se acercaron como una horda de zombies a sus piernas mientras Jotaro ataba la soga a una rama cercana. Tomoko le pasó un bate de baseball a Josuke y Monse se acercó para explicarle que tenía que golpear la piñata para que los dulces cayeran y los niños los recogieran.

-¿Qué? ¡No, no quiero!-gimoteó Josuke, abrazando la enorme tortuga de papel-. ¡No quiero romperla!

-Tienes que romperla si quieres que salgan los dulces- explicó la joven pacientemente-. Así funcionan las piñatas, JoJo.

-¡Pero yo no quiero romperla, Monse-san!

Los niños comenzaron a ponerse impacientes mientras Tomoko les repartía bolsas de papel para guardar las golosinas. Jotaro emitió un suspiro de exasperación mientras terminaba el nudo.

-Escucha, mocoso. O rompes tú la piñata o la rompo yo, ¡elige!-tronó.

-¡Nooooo!-dijo el niño, haciendo puchero.

-¡Jotaro!-lo reprendió Caesar, dándole un suave golpe en el hombro

-Yo la rompo-balbuceó el niño, resignado.

Jotaro se apartó y el resto también. Josuke se ubicó y con los ojos chispeando de tristeza, le dio dos certeros golpes a la piñata que se rasgó en una lluvia de dulces. El niño no se movió mientras sus invitados llenaban sus bolsas con golosinas: seguía mirando la piñata desmembrada colgando del árbol.

-No te preocupes, JoJo-le dijo Tomoko-. Monse me dijo que para eso sirven las piñatas, ahora podemos…

-¡No! ¡Crazy Diamond!

El stand de Josuke se materializó detrás de él y golpeó la piñata con sus puños reiteradas veces. Jotaro no alcanzó a detener el tiempo para ver qué ocurría (como era su plan original) porque todo fue demasiado rápido. Apenas un segundo después, Crazy Diamond había desaparecido y la piñata colgaba como nueva, meciéndose. Jotaro miró a su alrededor, pero nadie se dio cuenta de lo sucedido, a excepción de él y Tomoko, que se apuró en cortar la cuerda y llevarse la piñata.

-¿Qué demonios…?-alcanzó a decir Jotaro, mirando a Josuke.

Pero no tuvo tiempo de procesar bien lo que acababa de ver, porque un tentáculo de Hierophant Green se aferró a su muñeca y lo jaló hacia la entrada de la casa.

Sábado 11 de junio, 17:16. Morioh
Caesar le había pedido a Kakyoin que vigilara la entrada de la casa de los Higashikata en caso de que Joseph Joestar decidiera ponerse creativo y aparecer sin invitación en la fiesta de Josuke. Es por eso que el joven se encontraba allí, sentado bajo un quitasol y bebiendo un zumo de cereza, mientras observaba cualquier movimiento sospechoso.

-Zeppeli-san, no creo que Joestar-san haga alguna tontería como esa- le había dicho Kakyoin unas horas atrás.

-No lo conoces como yo lo conozco, Kakyoin-kun.

-¡Claramente no, porque usted es su esposo y conoce cosas que yo no quiero ver!

-¡No me refie…!-Caesar había tomado aire, sujetándose el puente de la nariz, mientras el joven se reía-. Me refiero a que de lo que es capaz. Por favor, cualquier cosa extraña que pase, me avisas, ¿bueno?

Kakyoin le había respondido con un saludo militar mientras se sonreía y lo veía irse enfurruñado a la casa, murmurando algo sobre la adolescencia actual. Y así había pasado gran parte del cumpleaños, vigilando. Era el mejor haciendo eso, después de todo su stand tenía un radio de veinte metros. Lamentaba no estar cerca de los bocadillos, pero Hierophant cubría eso.

En ese momento una van de color violeta se estacionó frente a la casa. Unas letras coloridas que decían "Uncle Robert and Happy Wagon" estaban pintadas en un costado. Kakyoin revolvió con la pajita su zumo ¿por qué ese nombre se le hacía vagamente familiar? Ladeó la cabeza al observar como cinco personas bajaban del vehículo. Estaban disfrazadas de las Tortugas Ninja y se dirigían por el costado de la casa hacia el patio trasero. ¿Podría considerarse como sospechoso que las Tortugas Ninja caminaran como pingüinos sigilosos hacia la fiesta? Kakyoin reprimió una carcajada al verlos. No parecían peligrosos. Supuso que Tomoko había contratado algún show para Josuke.

Entonces la van se abrió nuevamente y salió un ¿hada? fornida y barbuda con un vestido rosado, unas antenas de estrellas y unas bonitas alas en su espalda. Oh, por eso se me hacía conocido el nombre, pensó. Aguantándose las ganas de reír, sorbió lo que quedaba de su bebida y envió los tentáculos de Hierophant Green a que se enredaran en los pies del hada musculosa.

-¡Quédese donde está, Joestar-san!-gritó.

El aludido pegó un salto y, por instinto, le lanzó un basurero cercano usando a Hermit Purple. Por supuesto Kakyoin tuvo que haber adivinado que Joseph Joestar no se rendiría tan fácil y que debió inmovilizarle las manos también, porque apenas esquivó el objeto con su stand y lo envió lejos.

-¡Kakyoin! ¿Qué estás haciendo aquí?-bramó Joseph

El basurero cayó sobre un auto (que abolló) y el hada cayó con estrépito al suelo, porque Kakyoin lo tenía atado de los pies.

-Estoy evitando que usted haga justamente lo que pretende hacer. Podría estar adentro comiendo y bebiendo tranquilamente, pero no, me mandaron a vigilar la puerta porque aparentemente su esposo no confía en usted y supuso que…

Los tentáculos de Hierophant Green rodearon el cuerpo del hombre como una soga verde y brillante. No olvidó las manos esta vez.

-¡No me hables de ese italiano traidor!-tronó Joseph, reptando y retorciéndose para zafarse-. ¡Y no me aprietes tanto o arruinarás el traje!

-Por cierto, ¿por qué está vestido de hada, Joestar-san?-dijo Kakyoin, acercándose en su silla-. ¿Nunca vio las Tortugas Ninja? ¡No sale ningún hada! Por último vaya de Splinter.

-¡En la Fundación no había ningún traje que me quedara bueno, solo este!-dijo Joseph, enviando una onda de hamon por su cuerpo.

Kakyoin reprimió un quejido al sentir el cosquilleo del hamon en su propio cuerpo. Era como si le diera la corriente, pero sin ser particularmente doloroso. Pero contra su voluntad, aflojó a su stand.

-¿En serio? ¿Por qué en la Fundación tendrían un traje de hada que sólo a usted le queda...? ¿Sabe qué? No importa, no quiero saber, prefiero morir con la duda.

Joseph envió otra onda de hamon para liberarse completamente, que si bien a Kakyoin no le dolió, era más fuerte que la anterior y lo obligó a soltar a Hierophant Green. Riendo eufóricamente, Joseph intentó correr con sus piernas ya libres, pero el joven fue más rápido, lanzó un Emerald Splash sobre su cabeza y una gruesa rama del árbol cayó sobre el hada.

-¡ACASO ME QUIERES MATAR O QUÉ?-gritó Joseph, esquivando el objeto con su stand.

-Nop, lo respeto lo suficiente como para no hacerlo, solo quería distraerlo-dijo Kakyoin, atando nuevamente al hada de las muñecas y poniéndolas atrás de su espalda.

La escena era muy similar a un vago recuerdo que emergió en su mente. Había reducido a Jotaro de esa manera cuando habían peleado en la enfermería. Oh, creo que sí me acuerdo de esa vez, pensó. Con un movimiento de su mano, su stand rodeó la cintura de Joseph y lo dejó atado a la van.

Con cautela, se acercó al hombre que seguía forcejeando y pataleando.

-El rosado se le ve bien, Joestar-san-dijo, mirando la falda del vestido-. No intente usar su hamon de nuevo o me veré obligado a usar de forma violenta a Hierophant Green. Y eso arruinará el traje. No sabía que un Departamento de Fiesta Infantiles en la Fundación Speedwagon.

-Hay un Departamento de Diseño, Kakyoin-replicó Joseph, molesto.

-Quizá podría trabajar ahí después, ¿se imagina? Sería genial, porque tengo que admitir que estos trajes están muy bien hechos-dijo el joven, tocando las antenas con punta de estrellas que sobresalían de la peluca que usaba el hombre.

Joseph hizo un bufido de burla, pero no dijo nada. Kakyoin sabía que debía ganar tiempo, así que se fijó en la van nuevamente.

-¿En el Departamento de Diseño también inventaron ese nombre? Me gusta. Creativo. Como consejo, le recomiendo saque la palabra "wagon" si quiere pasar más desapercibido una próxima vez.

-No había más presupuesto.

-Jiji-dijo una voz grave y amenazante detrás de Kakyoin-. ¿Qué haces aquí?

Jotaro apareció justo cuando unos gritos de emoción les alertaron que las Tortugas Ninja estaban siendo acosadas por un montón de niños con mucha azúcar en la sangre. Joseph suspiró cansinamente, como si asumiera su derrota.

-Ok, yo sólo quería ver a Josuke, nada más. No iba a decirle quién era ni nada, solo quería verlo. Lo prometo.

-En serio no entiendo cómo mierda lograste derrotar a Kars, el "pináculo de la evolución", siendo así de idiota-le dijo Jotaro con brusquedad-. ¿Se supone que esperabas pasar desapercibido vestido así y que nadie te reconociera? ¡Podrías haberte puesto una máscara o haberte afeitado! ¿Por qué no usaste uno de los trajes de tortuga?

-Esto es un insulto a nuestra inteligencia-comentó Kakyoin.

-No había más presupuesto-repitió Joseph.

Se quitó las antenas y la peluca que traía y sacudió cabeza, como si le doliera. Kakyoin y Jotaro intercambiaron miradas exasperadas.

-Eres un tonto-suspiró Jotaro, levantando a au abuelo con Star Platinum-. Te llevaré a casa de oji-san y te quedarás ahí hasta que se calme todo. ¡Y no intentes nada raro con tu hamon o no dudaré en golpearte!

Joseph se encogió de hombros mientras caminaban. ¿Ya se había rendido?, pensó Kakyoin. Eso era extraño. Se alejaron unos metros de la casa de los Higashikata y Kakyoin estaba retirando su stand, cuando percibió que la piel de Joseph emitía mucho calor. Qué raro, hace un rato estaba bien, pensó.

-¿Se siente bien, Joestar-san? Tiene su temperatura muy elevada.

-Es verano, hace calor-dijo el hombre con voz rasposa.

Entonces se estremeció visiblemente. Parecía a punto de desmayarse. Jotaro y Kakyoin se detuvieron enseguida.

-Creo que tiene fiebre, Joestar-san-dijo este último, posando un tentáculo de su stand en la frente.

-¡Pamplinas! Yo nunca me enfermo…-y un arranque de tos se llevó sus últimas palabras.

Normalmente, Kakyoin pensaría que era una táctica para escapar, pero no se podía fingir una fiebre así. Y al parecer, Jotaro pensó lo mismo, porque Star Platinum liberó a su abuelo y éste cayó al suelo como un trapo viejo.

-¿Qué- qué me pasa?-jadeó Joseph, respirando con dificultad-. No… no me había sentido así desde… Desde… Desde… Oh, my god- y se desmayó.

Sábado 11 de junio, 18:00. Cerca de Tokio.

Holy Kujo sentía su casa vacía de nuevo, ahora que su madre y Roses se habían ido. No se sentía culpable por haberle contado toda la verdad a Suzie, pero sí le preocupaba lo que pudiera pasarle a sus padres. En especial a Joseph. Y después de las palabras que le había dicho Roses antes de partir, el miedo era peor.

Sabía que debían se ellos quienes le dijera a su madre la verdad. Pero ella no podía seguir mintiendo por sus padres. En retrospectiva, no estaba enojada con Joseph. Ni con Caesar. Obviamente le molestaba la mentira y el engaño, pero gran parte de esa rabia la había canalizado liberando por fin a Cranberries. Podía perdonarlos. Miró el cielo, preguntándose cómo estarían con la partida de Suzie, cuando sintió sonar un teléfono cerca.

-Holy-sama-dijo un hombre en traje, pasándole el aparato.

-Gracias, Tomoe-san. Moshi-moshi?-contestó Holy al llevarse el auricular a la oreja. Al cabo de unos segundos, respondió:-. Lo sé. Voy para allá, llegaré en unas horas.

Cortó la llamada, le pasó el teléfono al hombre llamado Tomoe y le indicó al resto del personal presente que era hora de irse. Miró el helicóptero que estaba frente a ella en el improvisado helipuerto que habían armado detrás de la casa de los Kujo. Le hizo una seña a la piloto y ésta echó a andar el aparato. Holy subió sin dificultad en el asiento contiguo y se puso los audífonos.

-¿A dónde vamos, jefa?-dijo la piloto en un inglés británico.

-A Morioh.

oOo

Expresiones en italiano:
Per l'amor di Dio!: ¡Por el amor de Dios!
Ragazza: Muchacha
Papà: Papá. En ese caso Holy se refiere a Caesar así y a Joseph como dad