Este Fic es una adaptación del libro "Conspiración en la noche" de Jezz Burning la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Troll mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Último capítulo, nahhh falta el epílogo! Y pendientes que se viene la continuación de "El Ángel caído". Gracias a todos por leer.
¡Que viva el Ichiruki!
Capítulo 32
Nunca le gustó demasiado la soledad, pero en aquel momento tampoco deseaba tener
compañía. Trataba de mantener los nervios bajo control, pero ahí estaban, removiéndose
inquietos en su estómago. Y, teniendo en cuenta que había sido elegida para llevar a cabo una
operación de riesgo de la que aún desconocía los términos, no podía ser de otra forma.
Perdió el hilo de las veces que contó las baldosas que alicataban la pared de enfrente. Eran
quinientas diecinueve, ni una más ni una menos. Todas las veces, el recuento había arrojado el
mismo resultado. Cuando decidió que se había cansado del color blanco y comenzaba a contar
las grises del suelo, la puerta se abrió, dando paso a su superior acompañado de dos
licántropos machos a los que jamás había visto El primero, de edad avanzada y sonrisa franca,
caminaba con la solemnidad de un cargo importante. El segundo, corpulento y de una belleza
salvaje, clavó los ojos ámbar en ella haciéndola sentir como si, en lugar de llevar puesto el
uniforme reglamentario, la cubriera una simple bolsa de plástico transparente.
Se levantó para ejecutar con limpieza el saludo que correspondía y obtuvo miradas de
aprobación por parte de dos de ellos. El último, aquel extraño y hermoso licántropo macho,
expresó enfado con un simple gesto del rostro y una mirada severa hacia los otros dos.
—Descanse, soldado —ordenó su superior.
—Creo, coronel, que debería ofrecerle el respeto y deferencia que merece desde ahora —dijo el
licántropo de más edad al notar en el joven lo mismo que ella había visto.
—Por supuesto, señor. Pero antes debería usted hablar con ella pues aún no ha sido informada.
Desde su ingreso aquí, consideré necesario guardar silencio para proteger su integridad y su
correcta formación militar.
—Una decisión muy acertada, coronel. —Rukia observó sin comprender mientras su superior
se cuadraba ante ellos—. Confiamos en que mantenga ese silencio hasta que reciba la
contraorden. Comprenderá que esa información en manos del enemigo, significaría un terrible
peligro para ella.
—Por supuesto, así se hará. Mi lealtad es inquebrantable. Si fuera necesario, el secreto morirá
conmigo.
El licántropo mayor asintió con amabilidad.
—Márchese —pronunció el joven de melena naranja por primera vez. Su voz, grave y rotunda, no
admitía réplicas.
El coronel volvió a cuadrarse frente a él, esta vez con más ímpetu si cabe:
—Mi señor... —se despidió antes de desaparecer de la estancia.
Sólo cuando la puerta se hubo cerrado de nuevo tras el coronel, el más anciano se le acercó.
—¿Nos sentamos? —indicó adelantando una mano para que lo hiciera ella en primer lugar.
—Preferiría seguir de pie, si no le importa.
No es que desconfiara de su coronel, pero estar encerrada allí con dos desconocidos no
tranquilizaba ni un ápice el remolino que se le había formado en las tripas. Aunque le sorprendió
que sus palabras provocaron dos reacciones diferentes. El macho que le había ofrecido asiento
sonrió con algo parecido a la sorpresa y, el otro, el joven de ojos ámbar, arqueó una burlona
ceja y curvó los labios hacia el mismo lado, en una evidente muestra de humor.
—Está bien. Con todos mis respetos, yo sí lo haré.
Rukia prefirió mirar hacia el mayor mientras esperaba a que se acomodara y ofreciera la
explicación que necesitaba. Sentirse observada por el gran licántropo de pelo naranja,
quien permaneció de pie desnudándola con la mirada descaradamente, no la ayudaba a
calmarse y se preguntó qué ocurriría si lo mandaba a paseo mientras conversaba con el otro macho.
—Te preguntarás quiénes somos y qué hacemos aquí. —Rukia asintió—. Mi nombre es Einar,
señor de Tavastia y amigo y confidente de nuestro desaparecido Isshin.
Rukia volvió a cuadrarse para el saludo de reglamento.
—No, no, no, no —rio Einar—. No es necesario que hagas eso. No tú. —Rukia notó que el
macho lanzaba una fugaz mirada hacia el otro—. Hemos venido para darte a conocer algo que
se ha mantenido en secreto desde tu nacimiento. Queremos que comprendas que esto se ha
hecho para salvaguardar tu propia vida.
Rukia asintió pero prefirió no decir nada y esperar a que el licántropo continuara. Entonces,
Einar extrajo de sus ropajes un papel doblado con mimo. Lo desplegó y volvió a hablar.
—Naciste en Palermo. Descendiente del cruce entre dos Originales, lo cual te brinda el mayor
rango de pureza en una hembra de nuestra especie. Tus progenitores, llevados por la lealtad a
la causa, sellaron tu destino desde tu nacimiento, tal como manda la tradición y las escrituras.
No obstante, a excepción de unos pocos elegidos entre los que me encuentro, se ha mantenido
en secreto para el resto de la raza.
»Tu formación militar no fue algo elegido por ti, sino por un antiguo nagual que, con la
información necesaria, nos proporcionó una guía para que, una vez llegados a este momento,
poseyeras en tu haber todo cuanto necesitarías.
—Me gusta lo que hago y lo hago bien —dijo.
—Desde luego —asintió—. El coronel nos ha ofrecido un gran informe de tus brillantes logros
profesionales que, por otra parte, confirman lo que el nagual vaticinó.
—Es un honor para mí brindar mi vida y mis conocimientos en favor del bienestar de la raza. —
Por esas palabras recibió gestos de aprobación y admiración por parte de ambos licántropos.
—Y desde luego, creo hablar por el Consejo en pleno al decir que tienes todo nuestro
agradecimiento —asintió enfatizando sus palabras—. Pero tu destino no es servir a la raza de
ese modo, te espera uno mucho más importante. —Rukia no pudo controlar la mirada
interrogativa que escapó de sus ojos—. Rukia —continuó Einar—, estás destinada a ser la
consorte del Alfa por excelencia, el nacido con el mayor nivel de pureza de toda la raza.
Aquellas palabras provocaron varias reacciones involuntarias en su interior. El nerviosismo que
hasta aquel momento padecía no fue nada comparado con lo que experimentó después de
oírlas. Fue como recibir un imaginario pero tremendo derechazo en mitad del pecho. Su
respiración se aceleró y la corriente sanguínea amenazó con hacerle estallar las venas.
Inmediatamente sintió cómo los ojos le escocían y comenzaba su transformación.
—Cálmate, Rukia. Te ruego que te controles —pidió Einar mientras lanzaba rápidas y
evidentes miradas de preocupación al licántropo más joven.
Rukia tomó aire profundamente para después expulsarlo todo vaciando completamente los
pulmones. Repitió el proceso varias veces hasta que su corazón volvió a un ritmo menos
peligroso.
—No —dijo simplemente cuando pudo articular palabra.
—Lo siento, Rukia, pero no puedo entenderte.
—No lo haré. No pienso compartir mi vida con alguien al que ni siquiera conozco —dijo con
contundencia.
—Bueno eso tiene fácil solución. Por eso está aquí él —indicó Einar sonriendo y elevando una
mano para tenderla hacia el rubio licántropo—. Rukia, tengo el honor de presentarte a Ichigo.
Rukia giró los ojos de nuevo hacia el imponente licántropo que había permanecido en silencio
durante toda la conversación. Vestido con una cazadora negra, un pantalón vaquero muy
desgastado y unas botas que aparentaban pesar medio quintal, desde luego no presentaba la
imagen de ser nada de lo que Einar afirmaba. Sin embargo, debía admitir que era un macho
impresionante e irradiaba un poder inequívocamente letal. Podía apreciar su olor, un aroma
indescriptible que espoleaba todo su interior, tentando sus sentidos, retándola a que se
acercara. ¡Alarma! Recordó las palabras que había oído a sus padres en varias ocasiones
acerca de las relaciones entre licántropos de distinto rango:
«Kia, jamás tendrás una relación más satisfactoria que la compartida con un licántropo de
nivel superior». Y las que ella lanzaba como respuesta en cada ocasión: «Soy perfectamente
capaz de controlar mis instintos».
Ichigo siguió con la mirada el escrutinio de la hembra. Era realmente hermosa, una beldad
oculta bajo el uniforme militar. Era fuerte y poseía carácter, podía notarlo en el tono de su voz y
eso le gustó. El sondeo al que la había sometido arrojó un poco de luz con respecto a su
personalidad, pequeños detalles que el informe del coronel no mencionaba. Sus ondas
mentales eran muy semejantes a las propias y se sorprendió al notar que podía conectar con
ella en un plano que hasta ahora le resultaba desconocido; su mente era como un libro abierto
para él. La hembra se empeñaba en buscarle algún defecto, algo que se opusiera por completo a
lo que su subconsciente registraba. Einar no podía verlo y ella se obcecaba en ocultarlo incluso
para sí misma, pero para Ichigo estuvo claro que se sentía muy atraída hacia él. Incluso
excitada. Tuvo que controlar las carcajadas que amenazaban con hacerle perder la compostura
mientras contemplaba la forma en que ella seguía mirándolo.
Cuando dio por terminado su examen volvió a encarar a Einar.
—No hay nada que me obligue a hacerlo, ¿verdad?
—En realidad no, pero...
—Discúlpeme pero no hay peros. No lo haré y es mi última palabra.
Rukia se cuadró ante ambos y se dirigió con paso seguro hacia la salida. ¿Unirse a un
licántropo de por vida así? ¿Sin más? ¿Sólo por su linaje? ¿Únicamente porque un nagual
idiota lo había dicho? Ni hablar. Y menos con aquel que parecía llevar escrita la palabra
«peligro» sobre la frente. Su intuición le advertía de que no era buena idea.
—¡Es tu destino, Rukia, no deberías ignorar eso! —dijo Einar en un tono más alto para que lo
oyera con claridad cuando ya posaba su mano sobre la manija de la puerta.
—Es el destino que otros eligieron para mí, no el que yo deseo —dijo sin mirarlos antes de salir.
Rukia respiró con cierta libertad. Se le antojó que sus pulmones no habían trabajado del
mismo modo desde que entró en aquella habitación. Ningún sonido traspasó la puerta, los dos
machos seguían en silencio.
Soltó la manecilla que aún mantenía sujeta con una de sus manos y comenzó a caminar por el
pasillo, sin saber exactamente a dónde ir. Un subordinado pasó junto a ella ocultando algo entre
los brazos.
—¡Alto soldado! —ordenó. El interpelado frenó en seco y la saludó—. ¿Qué esconde ahí?
—Es sólo un pequeño perro que se ha colado en las instalaciones. Lo llevaba al portero para
que se encargara de hacerlo llegar a la perrera.
Rukia miró al pequeño chihuahua que no dejaba de temblar violentamente. Sus dos pequeños
ojos oscuros la miraron con una tremenda tristeza.
—Entréguemelo.
Rukia observó que el soldado titubeaba, dudando por un momento sobre qué debía hacer.
Algo pareció afectarle significativamente pues se llevó una mano con violencia hacia la cabeza y
arrugó el ceño mientras apretaba los dientes.
—¿Se encuentra bien, soldado? —preguntó mirando hacia ambos lados del pasillo para buscar
ayuda.
Fue entonces cuando volvió a ver al licántropo llamado Ichigo, parado a varios metros de ellos.
—Estoy bien..., creo. Tenga. —Le entregó al pequeño perro—. Es todo suyo —dijo antes de
marcharse.
Rukia acogió al chihuahua entre los brazos y el animal se arrebujó acercándose más a su
cuerpo. Al otro lado del pasillo, Ichigo le sonrió enigmáticamente antes de girarse para abordar
la salida del cuartel. Intentó quitarse de la cabeza la imagen de aquel tipo mientras caminaba
hacia los barracones, dejaría allí al pequeño perro. Se le antojó que el chihuahua parecía tan
indefenso como ella se sentía en aquel momento. Vulnerables pero reales. Podrían cuidarse el
uno al otro. Ya pensaría en un nombre para él.
Una vez estuvo satisfecha con el rincón que preparó para el chihuahua, solicitó una entrevista
con el coronel. Debían aclarar algunas cosas. El soldado encargado de realizar las veces de
secretario se levantó y se cuadró frente a ella nada más verla entrar.
—He pedido una entrevista con el coronel.
—Lo siento pero en este momento está ocupado. Si lo desea puedo avisarla en cuando esté
libre.
—No es necesario, esperaré.
Rukia tomó asiento y no habían pasado ni cinco minutos cuando la puerta se abrió para dar
paso a Einar seguido de su coronel. Su presencia no pasó desapercibida al licántropo que la
saludó con cordialidad antes de marcharse.
—Adelante, Rukia. Debemos hablar sobre una operación importante que llevarás a cabo.
XXX
—Memoria restaurada.
»Retirando instrumental.
»Constantes vitales de los pacientes, estabilizados: ritmos cardiacos moderados y regulares,
respiraciones normales.
»Desactivando sistema.
Sólo cuando el SIM se desconectó por completo y se procedió al desbloqueo de las puertas,
pudo acceder al interior de la sala. Tenuemente iluminada en ese momento para facilitar un
despertar relajado a los dos intervenidos, toda la actividad terminó en el momento en que el
médico se despidió con un saludo silencioso de Einar.
El lico se acercó despacio situándose entre las camillas y se acomodó en el sillón giratorio que
hasta el momento había ocupado el facultativo. Observó a ambos pacientes evaluando su
apariencia. A primera vista, todo parecía en perfecto estado, sin embargo era necesario esperar
a que despertaran para comprobar el éxito de la operación.
Rukia había pasado tres veces por aquella máquina, la primera fue precisamente aquel día,
cuando se conocieron. Y, aunque antes de nada tomaron la precaución de hacer las pruebas
correspondientes para asegurar que no corría peligro alguno, no podían estar seguros al cien
por cien de que no hubiera complicaciones posteriores. Sólo un examen médico, que pasaría
más tarde, lo confirmaría.
Pasaron un par de horas hasta que los párpados de Rukia comenzaron a registrar algún
movimiento. Einar se incorporó un poco para acercarse más a ella. Deseaba proporcionarle la
seguridad de un rostro conocido cuando despertara.
—Está bien, mi señora. Ya ha pasado todo.
—Qué manía tenéis con esa maldita palabra —murmuró entre dientes, cerrando los ojos por
espacio de unos segundos y arrancando una sonrisa de los labios de Einar.
—¿Cómo te encuentras?
—Como si todo el regimiento hubiera estado pateando mi cabeza durante horas —dijo
llevándose las manos lentamente a las sienes para aplicar un ligero masaje circular.
—Descansa entonces. Ya hablaremos más tarde —ofreció levantándose del sillón.
—No te vayas, por favor. La vez anterior desperté sola y no es agradable.
Einar volvió a dejar caer su peso en el asiento y sonrió con algo parecido a la ternura. Desde
que vio a Rukia por primera vez, no paraba de pensar en esa hija que dejó tantos años atrás y
a la que jamás conoció. Los dioses tenían reservados muy diferentes y tortuosos caminos para
todos ellos. Quizá por ese motivo no pudo cerrar los ojos ante lo que reconocía como la
felicidad de la hembra junto a Ichigo.
—Supongo que tienes algunas preguntas que hacerme. Así que esperaré hasta que estés en
condiciones de formularlas.
Rukia respiró relajada y pausadamente.
—Sólo dime una cosa. —La Pura hizo una pausa antes de continuar—: ¿El coronel puso alguna
objeción cuando sugeriste que yo fuera la elegida para infiltrarme en el bando contrario?
Einar no pudo ocultar la sorpresa que le produjo las palabras de Rukia. Había relacionado a la
perfección todo lo ocurrido con aquella visita al coronel antes de que comenzara la operación
espía. La hembra sonrió satisfecha.
—¿Por qué lo hiciste, Einar? ¿Por qué decidiste que yo debía ser quien ayudara a Ichigo a lograr
su objetivo, a encontrar a su padre?
—Porque el informe que el coronel ofreció reflejaba a una licántropo con los requisitos precisos
para lograrlo —respondió mirándola directamente a los ojos—, experiencia, fortaleza, carácter,
voluntad, inteligencia y, lo más importante, corazón. Confié en tus posibilidades desde el
momento en que te tuve frente a mí. Y no me equivoqué. Además... —continuó volviendo a
reposar el cuerpo en el respaldo del sillón—, era primordial que os conocierais.
—Comprendo.
—No puedes enfadarte conmigo por eso, Rukia —dijo levantándose—. Eres quien eres, por
mucho que te lo niegues. E Ichigo..., él jamás hubiera dado su aprobación a ese enlace. Sé que
es un macho complicado y difícil pero...
—Me lo dices o me lo cuentas.
—Necesitabais tiempo para conoceros, para daros cuenta de que estáis hechos el uno para el
otro. —Se tomó un respiro y continuó—. Quiero que sepas que todo estaba perfectamente
milimetrado, no corrías peligro real en ningún momento. Una vez que Ichigo te vio en el
Kulturhuset y supo quién eras, tuvo muy claro que debía protegerte a toda costa. Él jamás
hubiera permitido que te ocurriera nada.
—Te equivocas —respondió recordando la forma en que la engatusó para que ella misma se
ofreciera a aquella intrusión en su cerebro que podía provocarle la muerte.
—Sé a lo que te refieres, estoy al tanto de todo. Y no puedo excusarme en su nombre. Pero
quiero que sepas que jamás fue su intención recurrir a engaños contigo. Después de tu marcha,
él también desapareció. No he sabido nada más desde entonces. Espero que cumpla con su
obligación y esté presente esta noche para el acto frente al Consejo. Ahora que la purga se ha
completado es necesario que asuma su posición.
Rukia no contestó, se limitó a cerrar los ojos aunque no durmió. Einar se encaminó hacia la
salida pero antes de alcanzarla volvió a oír las palabras de la Pura.
—En tal caso, tendremos que obligarlo. —Einar se giró y sonrió con ilusión antes de desandar
sus pasos y volver al lado de Rukia—. No podemos dejar que ese caprichoso sueco juegue
con todo lo que hemos tenido que pasar para llegar hasta aquí —sentenció guiñándole un ojo.
Ichigo se paseó arriba y abajo por la sala privada de su padre en Skokloster. Había llegado hacía
unos minutos después de recibir un mensaje en el teléfono móvil que no pudo ignorar. Mientras
conducía por la avenida de tilos hacia la enorme y cuadrada construcción, no pudo evitar
sonreír al volver a verla libre de los despojos que la batalla contra Aizen había causado. En
apenas dos días, el equipo de limpieza y recuperación había conseguido devolverle su
magnífica imagen.
Isshin miraba a su hijo fingiendo preocupación. Ichigo podía ser un misterio para muchos,
pero a él no lo engañaba. Estaba tan nervioso que era incapaz de ver que, en realidad, Isshin
se lo pasaba en grande.
—Repite eso de nuevo —pidió a su padre.
—Einar se entrevistó con Rukia —dijo haciéndose el loco.
—¡Eso ya lo sé, padre! Me refería a lo que dijo ella.
—¡Oh!, está bien. Dijo, con estas mismas palabras, que serías un jodido cobarde si no te
presentabas esta noche para tomar posesión de tu cargo públicamente.
—¿Qué más?
—Que te retaba a una carrera en moto, si ella ganaba acudirías a la cita frente al Consejo
Ichigo no dijo nada, parecía considerar la oferta pero Isshin no estaba dispuesto a que su hijo
pasara el resto de su vida maldiciéndose por una decisión equivocada. Era el Hati y únicamente
había una cosa que podía arrastrarlo en la dirección que él deseaba: el instinto del animal que
inundaba sus venas
—Esa hembra es magnífica. Si tuviera unos cuantos años menos no dejaría que se me
escapase. Tiene que ser una fabulosa amante y después de tanto tiempo sin...
La mirada de advertencia asesina que le lanzó Ichigo, casi le hizo olvidar el control y estallar en
carcajadas.
—Está bien. ¿Cuándo llegará?
—¡Oh! ¿No te lo he dicho? Hace unas horas que está aquí —dijo sonriendo.
—¿Qué? —exclamó a voz en grito.
—Sí, está abajo, en el museo de vehículos. Con Einar.
—De acuerdo, vamos.
—Adelántate tú, hijo, no podría seguir tu ritmo aunque quisiera. —Isshin ya no pudo
contenerse y dejó escapar una risilla amortiguada.
Ichigo no necesitó más para encaminarse hacia el lugar con determinación. En pocos minutos
entraba al museo y clavaba, en Rukia, la mirada verde más tormentosa que ella le hubiera visto
jamás.
Sin decir palabra, Rukia se acomodó sobre una Ducatti. Ichigo arrastró una de las motocicletas
junto a la de Pura. Ambos pusieron el motor en funcionamiento y se colocaron el casco.
—La carrera será hasta el final del jardín para dar la vuelta alrededor del monolito y volver aquí,
¿de acuerdo? —Los dos contrincantes alzaron el pulgar hacia Einar, en señal de aprobación—.
Bien. Tres. Dos. Uno. ¡Adelante!
La máquina de Rukia se lanzó a todo gas hacia la primera meta. Sin embargo, Ichigo sólo
consiguió que una gran mancha de carburante creciera con rapidez a sus pies. Cuando fue
consciente de la encerrona, rio a carcajada limpia mientras Rukia volvía hacia ellos con toda la
tranquilidad del mundo.
Ichigo desmontó cuando ella lo hizo y esperó a que se quitara el casco con una sonrisa lobuna
aún en los labios.
—Has perdido, machote —dijo Rukia cruzando los brazos sobre el pecho.
—Has hecho trampa.
—Te la debía. Y siempre pago mis deudas. —Ichigo sonrió con humor recordando el momento
en que manipuló la montura de la Pura en el pasado—. Alegaste que fue en mi beneficio, para
que llegara alerta a la cita con aquel asesino y que, gracias a ello, salvé la vida —explicó—.
Bien, yo lo he hecho para que no eches a perder la tuya. Debes ocupar tu lugar como Alfa. No
puedes privar a la raza del Hati. Ni el Hati debe dar la espalda a sus súbditos.
—¿Y si hubiese elegido otra motocicleta? —preguntó el sueco refiriéndose a las motos y
acercándose a ella.
—Las manipulé todas —sonrió Rukia satisfecha.
—Buen trabajo, cachorrita —ronroneó tomándola por las caderas para acercarla a él con
ímpetu.
Rukia sintió, como siempre que aspiraba su aroma de forma tan cercana, que su cuerpo
reaccionaba involuntariamente.
—Tuve un buen maestro, vikingo —acertó a decir antes de que Ichigo se apoderara de su boca
para devorarla con la necesidad que ella también sintió crecer en sus entrañas.
Si unos días atrás Ichigo se enfadó consigo mismo por caer en la telaraña del amor, durante
aquellas odiosas últimas horas sin Rukia se sintió permanentemente furioso por no haber
admitido en su mente lo que su corazón ya sabía. Continuó besándola, en un abrazo íntimo,
demostrándole con sus actos y con todo el cuerpo cuanto su misma esencia era incapaz de
expresar con palabras. Y, para sí, bendijo el día en que ambos conocieron personalmente el
rostro del que sería su destino.
