XI

Rachel Berry.

—¡Beauty vamos, llegaremos tarde! —grité hacia el baño de Quinn.

—Ya voy saliendo ¡espera morena del diablo! —escuché un sonido metálico contra la encimera y pies arrastrándose—. Bien, estoy lista —anunció entrando al salón.

Mi mandíbula cayó al piso con la visión de sus piernas blancas en ese pequeño vestido veraniego. Observé cada centímetro de su cuerpo, mientras mis ojos recorrían cada curva. Sacudí la cabeza y sonreí. En serio lucía como un maldito ángel y yo quería ser su demonio.

Beauty, luciendo así le vas a dar un ataque cardíaco al Abuelo.

La risa de Marley hizo eco en la habitación.

—Por favor Quinnie, no mates al Abuelo de Rachel. No es bueno para una primera impresión.

Quinn emitió una risita en respuesta.

—Haré mi mejor esfuerzo. —Sus ojos avellana se enfocaron en los míos—. Te veo luego.

Metí mi celular en el bolsillo antes de alcanzar la mano de Quinn. Entrecerró sus dedos con los míos mientras la guiaba hacia la puerta.

—Te veo luego Marley —grité hacia la habitación.

—Adiós chicas. ¡Diviértanse!

Llevé a Quinn fuera con una palmada en su trasero y cuando se volteó para golpearme, se detuvo y simplemente sonrió. Dios, amo a esta chica.

—Luces hermosa —dije pasando mis dedos por las suaves ondas de su cabello.

—Gracias—Sonrió y dudó subir al coche antes de ayudarla a subir.

Eché un vistazo a la chica a mi lado y la noté jugueteando con su cabello, se lo había rizado y yo iba a arruinarlo dejándolo hecho un desastre por el camino. Debería haber pedido prestado el Honda del Abuelo.

—Toma —Le lancé mi gorra de Softball al regazo.

— ¿Para qué es?

—Solo póntela. Te ayudará a mantener el cabello en su lugar —Le dediqué una sonrisa—. Es mejor que no llevar nada ¿verdad?

Se encogió de hombros.

—Supongo que lo averiguaremos —Y se puso la gorra. Se rió mientras caía hacia abajo, cubriendo sus ojos—. ¡Tienes una cabeza enorme enana!

Me incliné hacia ella, agarrando el borde de la gorra entre mis dedos y la acerqué a mí.

—No, tú tienes una cabeza pequeña. —Me agaché bajo la gorra y planté mis labios firmemente sobre los suyos mientras ella reía tontamente. Dios, olía bien.

El motor gritó vida mientras movía la llave en el contacto.

—¿Estás lista para esto?

—Lo estoy —asintió y nos fuimos, mientras el viento batía mi cabello.

—Así que, ¿has llevado a alguna chica a casa antes? —Su voz cortó a través del aire y el rugido del motor.

La miré antes de reírme.

—Estás bromeando ¿verdad?

—No—Se encogió de hombros.

—Quinn—La miré antes de sacudir la cabeza—. Ni siquiera he dormido con la misma chica dos veces.

— ¿Y? Eso no quiere decir que no hayas traído a casa alguna chica al azar.

Suspiró. Coloqué la mano derecha en su rodilla y acaricié la piel desnuda con mis dedos.

—Tú eres la primera y la última —le informé con expresión seria.

Sonrió y su rostro se iluminó. O tal vez fue el mío. Lo que sé con certeza es que esa sonrisa iluminaría hasta mis días más oscuros.

Condujimos por diez minutos antes de estacionar el coche directamente frente a la casa azul de un piso de mis abuelos. El jardín de la Abuela era meticuloso, tenía arbustos bien podados alineándose al frente de la casa.

—Es tan linda —dijo, quitándose la gorra y arreglándose el enredo de hebras de su cabello.

Sonreí con satisfacción hacia ella.

—Tu cabello luce perfecto Beauty. Vamos. —Tomé la gorra que ella había dejado y me la puse, metiendo parte de mi cabello debajo.

Abrí la puerta del coche y la ayudé a bajar, descansando mis manos en sus caderas y trasero.

—Creo que estás tratando de matarme en ese vestido.

—Me alegro de que te guste —bromeó alzando las cejas.

—Me gustas más sin él puesto —susurré contra su cuello.

— ¡Rachel! Detente—Golpeó mi brazo y me reí. Entrelazamos nuestros dedos y la guié hacia la doble puerta principal de color azul. Una de ellas se abrió y apareció Ryder, sonriendo de oreja a oreja.

—Ya era hora —regañó antes de tirar de Rachel hacia él en un apretado abrazo de oso.

—Te voy a hacer daño. Suéltala. —Lo empujé juguetonamente lejos de ella.

Quinn se rió ante nuestras payasadas y luego alzó su barbilla, oliendo el aire.

—Aquí huele increíble.

—Es la salsa casera de la abuela —contó Ryder con una sonrisa.

—Bienvenida a casa —le dije, mientras ella observaba todas nuestras cosas.

—Mira todas esas viejas fotos de ustedes. Eran tan lindos —respondió señalando una foto de la escuela primaria enmarcada en la pared.

—Todavía lo somos. —La llevé a través de la envejecida alfombra beige hacia la entrada de la cocina.

La atravesamos e inmediatamente di con la Abuela, inclinándose sobre la estufa, su cabello marrón con hebras grises estaba atado en un apretado moño. El Abuelo estaba sentado en la mesa redonda, leyendo el periódico. Miró hacia arriba cuando escuchó nuestros pasos, con sus gafas descansando sobre la punta de su nariz como siempre.

— ¡Oh Ma, están aquí! —El abuelo sonaba emocionado. Se levantó de su silla y caminó directamente hacia Quinn con los brazos abiertos— Tú debes ser Quinnie. Es tan agradable conocerte finalmente. —La apretó contra su pecho.

Me reí mientras iba hacia la abuela.

—Abuela, esta es mi chica, Quinn.

La abuela se limpió las manos en el delantal mientras Quinn sonreía y se deshacía del abrazo del abuelo.

—Es agradable conocerte princesa, hemos oído mucho de ti. —Sus ojos se arrugaron en las esquinas mientras sonreía, una pista de hoyuelos como los míos aparecieron en sus mejillas arrugadas.

—Es agradable conocerlos a ambos. Gracias por recibirme —replicó Quinn con una cálida sonrisa—. ¿Puedo ayudar? —Dirigió su pregunta hacia abuela.

— ¡Por todos los cielos no, cariño! Casi he terminado. Ve a sentarte y ponerte cómoda. Rachel, dale lo que necesite ¿escuchaste? —Su voz adoptó el tono que solamente empleaba con Ryder y conmigo.

—Sí, abuela, por supuesto. —Me incliné hacia ella y planté un beso en su mejilla–¿Necesitas algo Beauty?

—Estoy bien, gracias. —El abuelo tiró de la silla a su lado y palmeó sobre ella. —Ven y siéntate a mi lado Quinn. ¿O también te puedo llamar Beauty? —preguntó con un guiño.

Ryder se carcajeó.

—Creo que todos deberíamos comenzar a llamarla Beauty—Le disparé una mirada asesina, para nada divertida.

—Sólo yo puedo llamarla Beauty. Sería sabio que lo recordaras.

—Rachel, deja de amenazar a tu hermano —remarcó mi abuela alejando el vapor de su rostro.

—Sí, abuela. —Pateé a Ryder bajo la mesa. El abuelo se inclinó sobre su hombro y ladeó la cabeza. —Así que Quinn, Rachel nos dice que eres fotógrafo.

Me miró, sonriendo antes de mirar de regreso al abuelo.

—Bueno, eso es lo que estoy estudiando ahora. Me gustaría comenzar mi propio negocio tan pronto me gradúe.

El abuelo azotó su mano contra la mesa.

— ¡Eso es genial! ¿No es así querida?

—Sí, lo es. ¿Qué tipo de fotografía? —preguntó abuela.

—Lo ideal es trabajar para una revista que se centre en viajes e historias de interés humano. Viajaría por el país y conocería todo tipo de gente increíble con historias asombrosas. —Quinn comenzó a explicar despacio y lo suficientemente alto para que todos escucharan. No se me escapó el modo en que sus ojos avellana se iluminaron cuando habló de su arte.

—Oh, eso suena emocionante. — Mi abuela alzó sus hombros hacia sus orejas.

—Ahora, ¿qué harías por ellos? ¿Qué tipo de fotos tomarías? —preguntó el abuelo mientras alcanzaba su vaso de agua.

—Pienso que, o soy asignada con el periodista que escribe el reportaje, o me iría sola a cualquiera que fuera el punto del artículo. Puede ser desde la inauguración de un hotel y su impacto en una ciudad en apuros, hasta la recuperación de un pueblo después de ser casi destruido por un desastre natural. Pero el tema general es positivo y alentador.

Hizo una pausa antes de mirarme, tenía sus ojos abiertos como platos.

—Hay una beca a la que voy a presentar examen para este verano. Aparentemente una de las revistas con base en Manhattan tiene una oficina en Los Ángeles y mi profesor me lo mencionó hoy. Me dijo que me escribiría una carta de recomendación, así que nunca se sabe.

Le di una gran sonrisa.

—No puedes ganar si no juegas, Quinn. Serían idiotas si no te contratan.

—Gracias amor.

—Deberías ver su trabajo, abuelo. Es realmente buena —agregué con el orgullo corriendo por mi cuerpo.

—Sí, lo es —concordó Ryder—. Pero tengo una pregunta. Las fotos que le tomas a las cosas son tan creativa, quiero decir, los ángulos y lo que pones en las tomas son asombrosas. Abuelo, tiene una foto de Rachel sobre el montículo. No puedes ver su cuerpo completo ni siquiera su rostro. ¡Es genial! ¿Tomarás fotos como esa para la revista?

—Primero que todo, gracias. Es dulce que digas eso de mis fotos y lo aprecio. —Quinn sonrió—. Supongo que depende enteramente de la revista y su estilo, pero para las que me gustaría trabajar tienen preciosas y creativas fotografías, y creo que le dan al fotógrafo mucho control sobre su arte —arrugó los hombros.

—Eso suena perfecto para ti. Tu fotografía es demasiado hermosa para ser definida por los estándares de alguien. Si no funciona, siempre puedes meterte en la fotografía deportiva y seguir a tu novia por todo el país —sugerí amablemente.

—Así que ¿me despierto y tomo fotos de ti todo el día?

Dejé escapar una risita.

—Para mí suena como el trabajo de ensueño.

—Oh, pequeña Rachel eres tan egocéntrica—mi abuela suspiró—. Perdóname Quinn, hice lo mejor que pude con ella.

Ella se rió.

—Está bien, abuela, Rach es perfecta como es —Sus ojos se pasearon hacia los míos mientras sus labios se curvaban en una ligera sonrisa.

—Rachel, Ryder, vengan y ayúdenme a servir ¿sí? —preguntó la abuela.

Ryder y yo saltamos de la mesa y volvimos cargando platos con humeante comida italiana. El aroma del pan recién horneado mezclado con el tomate y el ajo se filtró en el aire y mi boca comenzó a salivar.

—Empiecen, por favor. Cariño tú primero —insistió el abuelo. Quinn tomó la fuente de espaguetis y se sirvió una buena cantidad antes de tomar dos pedazos de pan bien caliente y sumarlos a su comida. Sus ojos se abrieron como platos cuando añadió ensalada; yo puse mi mano sobre su muslo y apreté con suavidad.

— ¿Tienes suficiente Beauty? —bromeé.

—Creo que me excedí en mis raciones —admitió y el matiz de vergüenza aumentaba en sus mejillas.

—No te preocupes, sólo come lo que puedas.

—Todo esto luce increíble, señora Berry. Muchas gracias —dijo con sinceridad antes de comenzar a comer.

—Por nada querida. Gracias por venir.

—Ahora, Rachel, necesitamos hablar sobre el reclutamiento —mencionó el abuelo entre descuidadas mordidas llenas de salsa.

—¿Qué hay con él?

—Bueno, para empezar ¿quién estará aquí el día de reclutamiento además de los reporteros de ese canal de noticias? —enroscó espagueti en su tenedor.

Quinn me miró, claramente interesada en la conversación que aún no teníamos. Tragué la comida antes de hablar.

—Tu abuela, por supuesto, Ryder, estarás aquí, ¿cierto? —Ryder asintió y me giré a ver a Quinn—. Y Beauty, me gustaría que estuvieras tú también.

—Espera. ¿Aquí para qué? Ahora estoy un poco perdida.

—Para el reclutamiento de las grandes ligas. Ellos piensan que iré dentro de las primeras rondas así que será televisado en ESPN.

— ¿En serio? —preguntó sorprendida.

—En serio —imité su tono y me miró con ferocidad.

—Eso es de locos y es muy estresante estar entre tanta gente.

—Vas a venir, ¿verdad? —Alcancé su muslo bajo la mesa, subiendo levemente el vestido con la punta de los dedos.

—Por supuesto… iré —balbuceó antes de alejar mi mano.

—Genial. Así que, abuelo, eres tú y abuela. Ryder y Beauty, y por supuesto, mis agentes, Marc y Ryan.

— ¿Ya tienes agentes? —Su rostro se arrugó mientras se estremecía notablemente.

—No oficialmente. No puedo firmar con ellos hasta que no me recluten, pero tenemos un acuerdo verbal.

— ¿Y cuántos tienes? ¿No que la mayoría de la gente tiene sólo uno?

—Uno es un agente, el otro es abogado, pero trabajan juntos y eso me evita el tener que contratar a un abogado aparte —le expliqué.

— ¡Oh! Realmente tenemos que hablar más acerca de esta cosa del Softball. Siento como que no sé nada de lo que está sucediendo Rach —Se mordió el labio inferior y vi el desasosiego en su cara, lucía tan abrumada. Haría lo que fuera para evitarle ese sentimiento. No sólo la quería a mi lado durante este proceso, la necesitaba ahí.

—Lo siento Quinn, hemos tenido nuestros problemas, y todo esto es bastante reciente. Te lo iba a decir.

—No, está bien. No estoy enojada ni nada. Estoy emocionada por ti, pero todo el asunto de la televisión es un poco abrumador.

—Sólo pasa si te reclutan los peses grandes. No envían equipos televisivos a la casa de todo el mundo —explicó Ryder, y ya no pude leer el rostro de ella, estaba en blanco.

—Oh. De todos modos, ¿cuándo es?

—El primer lunes de junio —respondió Ryder antes de que tuviera oportunidad.

— ¿A qué te refieres?

—Bueno, dijiste que apenas pueden vivir del dinero que hacen sin el bono.

—Nadie juega este juego por dinero Beauty. Lo jugamos porque lo amamos tanto que el mero pensamiento de estar sin él causa un dolor insoportable. Es un juego que termina un día para toda persona que lo juega, pero queremos posponer ese final lo más posible—Tomé aliento—. Cuando sólo sueñas con hacer una cosa por la mayor parte de tu vida, es imposible pensar en hacer algo más. No sabes cómo. Es todo lo que siempre quisiste y no solo lucharás como un demonio para llegar ahí, lucharás como un demonio para mantenerte.

—Adoro cuánto lo amas —dijo ella con ojos radiantes.

—No jugaría si no lo hiciera —admití, sonriéndole.

— ¿Marc y Ryan tienen idea de cuál equipo intentará reclutarte? —preguntó Ryder partiendo un pedazo de pan.

—Si lo saben, no me han dicho.

—Así que, ¿no tienes idea de a dónde irás? —masticó pensativamente mientras esperaba mi respuesta.

—Aún no. —Sonreí.

—Los equipos están por todo el país, ¿cierto? —preguntó Quinn y su expresión era una mezcla de emoción y preocupación.

—Algo así.

— ¿Y tú sólo tienes que ir a donde quiera que te digan que vayas?

—Si quiero jugar Softball, sí —respondí con una sonrisa juguetona, esperando aliviar el humor oscuro.

La mirada preocupada de mi abuela osciló entre el rostro de Quinn y el mío.

— ¿Qué harán ustedes dos cuando se vaya?

—Bueno, realmente aún no hemos hablado de eso abuela.

—Las relaciones a larga distancia apestan —comentó Ryder tristemente.

— ¿Qué diablos sabes de ellas? —le solté, de repente abrumada con la realidad de la situación de Quinn y mía.

—Sólo he escuchado que apestan. Y nunca duran. —Apretó su mandíbula algo más tarde de lo que hubiese preferido.

— ¡Es suficiente, Ryder! —La abuela le dio un manotazo con su servilleta—. Las relaciones a larga distancia pueden funcionar tan bien como cualquier otra relación. A veces son incluso mejor.

— ¿Cómo? —preguntó Quinn, ambas teníamos nuestras mentes claramente en el mismo lugar.

—Para comenzar, su relación se concentra menos en el aspecto físico, obviamente —dijo con una risa—, y más en las cosas que verdaderamente importan a largo plazo. Cuando no se pueden ver muchas veces por mes, las base de su relación florece o se desmorona. Ninguna relación puede sobrevivir sin confianza, honestidad, y comunicación, no importa lo cerca que estén.

Se detuvo por un momento, mirándonos a Quinn y a mí antes de continuar.

—Larga distancia significa montones de horas hablando por teléfono. Es decir, hablando de verdad. Porque es todo lo que tienen cuando no puedes simplemente meterte en tu coche y conducir hasta el hogar de la otra. Realmente llegan a conocerse. Los lazos que se forman durante ese tiempo separadas pueden ser tan sólidos como vigas de acero.

Me encontré a mí misma completamente concentrada en las palabras de la abuela.

—Ella tiene razón —agregó el abuelo con una arruga en sus ojos—. Cuando sólo tienes el teléfono, o cartas, eso cambia las cosas. Todas las emociones y los sentimientos siguen allí, pero están amplificados de una forma que es difícil de explicar. Por eso la parte de la comunicación es tan importante.

La abuela miró en su dirección sonriendo con sus hoyuelos marcados.

—Porque es fácil malinterpretar cosas y sacar las conclusiones equivocadas cuando la persona que amas está lejos. La única forma de arreglarlo es hablar sobre ello. Así que terminan hablando… mucho.

— ¿Cuándo estuvieron separados ustedes? —pregunté, cuando finalmente me di cuenta de que estaban hablando desde la experiencia.

—Durante la guerra. Pero le escribí todos los días —dijo la abuela, como si fuera una obviedad.

—Y yo contestaba cada vez que podía. —El abuelo sonrío—. Claro, llamaba también.

—Eso hizo. —Intercambiaron una mirada amorosa y yo apreté la mano de Quinn.

—Bueno, es suficiente de esa conversación por esta noche. Estoy segura de que las chicas no quieren pensar en estas cosas en este momento. —La abuela sacudió su mano frente a su rostro antes de levantarse de la mesa, seguida por el abuelo.

—No, fue muy bonito escucharlo. Gracias. —Quinn sonrió y su mano todavía estaba sosteniendo la mía.

—Nosotras levantaremos la mesa, abuela. Ve a recostarte —sugerí con una sonrisa cordial.

—Gracias, Rachel. Estaremos en la otra habitación —dijo, caminando lentamente hacia la sala.

—Ustedes dos van a quedarse juntas, ¿cierto? —preguntó Ryder con un quejido.

Me giré para mirar a Quinn y sus ojos estaban enfocados en los míos.

—Probablemente estará cansada de mí para entonces. —No pude evitar bromear un poco con Quinn para poder esconder mis miedos.

—Es lo más probable —ella bromeó, al menos esperaba que lo estuviera haciendo.

— ¿Ustedes de verdad no han hablado sobre esto? —cuestionó Ryder sin poder creerlo, recostándose en su silla.

—Todavía no —intenté parecer calmada, ignorando la irritación que crecía por mi cuerpo.

—Enana, junio no está tan lejos. Y te marcharás enseguida luego del sorteo. Ustedes dos no tienen remedio.

Embestí mi pie en la espinilla de Ryder con fuerza y mi temperamento se encendió.

— ¿Por qué demonios no callas tu boca, Ryder, y te preocupas sobre tu propia vida amorosa? O la falta de ella.

La silla de Ryder se deslizó a través del suelo de la cocina con un alto chirrido.

—¡Oh, Rachel! ¡Demonios! Sólo estaba diciendo que ustedes dos probablemente deberían arreglar su vida antes de comenzar a hacer la cosa de la comunicación de la que la abuela estaba hablando. Porque la última vez que chequeé, como que apestan en eso.

Me levanté de mi silla y mi respiración aumentó con cada segundo que pasaba.

—Están siendo un gran imbécil, Ryder, ¿lo sabías? —Hervía y tenía mi mandíbula apretada mientras molía mis dientes intentando controlar mi ira.

La mano de Quinn tomó el borde de mi remera, atrayéndola con fuerza hacia ella.

— ¡Rachel! ¡Siéntate!

Miré su rostro, arrugado por el miedo, y caí de vuelta en mi silla, con mi respiración descontrolada. Después de pensar por un momento, estuve de nuevo de pie y la tomé por su brazo.

—Vámonos.

— ¿Qué? ¡No! Ni siquiera hemos levantando la mesa y…

—Nos vamos. Levantaré la mesa cuando vuelva —demandé, no dejándole otra opción.

—Buenas noches, Ryder —gruñó, dos pasos detrás de mí.

—Buenas noches, Quinn, lo siento.

Me apresuré a llegar a la sala antes de inclinarme para colocar un beso en la suave mejilla de mi abuela.

—Voy a llevar a Quinn a su casa. Estaré de vuelta en poco tiempo, y me encargaré de la mesa entonces. ¿De acuerdo? Gracias por la cena, abuela. Estuvo deliciosa.

— ¿Sucedió algo, Rachel? ¿Qué ha pasado? —La voz de la abuela hacía eco a su preocupación.

—Pregúntale a tu otro nieto. —Sonreí con una disculpa, antes de darle un abrazo al abuelo, inhalando su olor a tabaco persistente en su ropa.

—Fue un placer conocerlos a ambos. Muchas gracias por la cena, estuvo fantástica. — sonrió amablemente Quinn antes de inclinarse para abrazar a ambos.

—Fue un placer conocerte, también, jovencita. ¡Buena suerte con esa pasantía! —recordó el abuelo con una sonrisa entusiasta.

—Eres bienvenida en cualquier momento, incluso cuando ella se marche —La abuela le dijo a Quinn con ojos cansados, pero amables.

—Eso es muy dulce de su parte. Muchas gracias. Los veré pronto a ambos.

Prácticamente arrastré a Quinn fuera de la casa de la mano antes de que ella la arrancara de la mía una vez estuvimos fuera.

— ¡Demonios, Berry, es suficiente! ¡Deja de jalarme como si fuera un maldito perro o algo, ni siquiera sé por qué estás tan enojada!

Me detuve de pronto en la caminata cuando la culpa se mezcló inmediatamente con la ira.

— ¿Te lastimé? —pregunté con una batalla interna de miedo.

Ella inclinó su cabeza a un lado, evaluándome.

—No, pero no hagas eso de nuevo, no me gusta.

Alcé mi mano buscando la suya, pero la escondió detrás de ella.

—Me merezco eso —dije asintiendo antes de caminar hacia mi coche, delante de ella.

Le abrí la puerta, pero no me quedé para ayudarla a subir. Si no me iba a dejar tocar su mano, seguramente no me iba a dejar tocar su trasero.

Una vez dentro, encendí el coche y él sonido de las monedas llenó el aire mientras buscaba cambio. Miré a Quinn, sabiendo que estaba enojada, causando un dolor en mi pecho que no podía soportar.

—Perdóname cielo —dije antes de soltar dos centavos en su regazo.

Ella miró hacia abajo y las esquinas de su boca estaban subiendo en una sonrisa vacilante mientras sacudía su cabeza.

—Te odio hobbit.

—No, no lo haces. —Un alivio se propagó por mi cuerpo tan pronto como me di cuenta de que estaríamos bien. Estaríamos bien.

Ella entrecerró sus ojos, soltando un largo aliento.

—Sólo llévame a casa, Rachel. Fue por eso que me arrancaste fuera de tu casa, así que sólo hazlo.

Mi estómago se revolvió mientras su tono alejaba toda pizca de alivio que había sentido.

Encendí el coche y conducimos en silencio todo el camino hacia su apartamento, excepto por la música que escogí.

Tan pronto como estacioné el coche, ella saltó fuera.

—Vamos, Beauty ¡Espera! —le grité mientras se retiraba, pero ella continuó caminando—. ¡Quinn!

Me di cuenta que ella no tenía intenciones de detenerse, así que la seguí lentamente y mi mente estaba funcionando a toda marcha. Cuando llegué a la puerta principal, noté que no estaba completamente cerrada y mi corazón literalmente soltó un latido de agradecimiento.

— ¿Quinn? —miré por la puerta dentro de la sala vacía.

Noté la luz de su habitación encendida, así que tomé esa dirección. Entré y la encontré mirándose en el espejo mientras se quitaba el maquillaje de su rostro. Se giró para mirarme y suspiró antes de volver a concentrarse en su reflejo. Me senté en el borde de su cama, de repente sintiéndome como la imbécil más grande en la tierra. El problema era, que no estaba segura por qué diablos estaba tan enojada, pero lo cierto es que era mi culpa.

La observé mientras juntaba todo su pelo en una cola de caballo, revelando ese hermoso cuello que usualmente escondía debajo de este. Sabía que estaba en problemas, pero de repente en todo lo que podía pensar era en besar ese cuello. Me puse de pie y comencé a caminar hacia ella, y otra parte de mí estaba tomando el mando de mis acciones, claramente.

—No —dijo de golpe y me detuve. Sin discutir, sin reacción, o insistencia, simplemente giré mi trasero de vuelta y volví a la cama. Si tuviera una cola, estaba segura que estaría metida entre mis piernas.

Estaba al cien por ciento que estaba sin control de esta situación. Esta chica era mi maldita dueña en estos momentos. Me senté en aquella cama esperando que ella me prestara alguna atención. No es que necesariamente me gustara este sentimiento pero lo sufriría… por ella. Me convencí a mí misma de que probablemente sufriría cualquier cosa por esta chica.

El agua dejó de correr y ella caminó hacia mí, evadiendo mis ojos antes de sentarse lo más lejos posible de mí.

— ¿Qué está mal contigo? —Su tono enojado me tomó con la guardia baja.

Me encogí de hombros.

— ¿Qué hice?

—Estás bromeando, ¿cierto? —Ella dejó salir una risa irritada. La observé mientras levantaba sus manos con exasperación—. Enloqueciste en la casa de tus abuelos. ¡Creí que ibas a golpear a tu propio hermano!

— ¡Él me hizo enojar! —Intenté defender mis acciones—. No me gustaban las cosas que estaba diciendo sobre nosotras. No quiero escuchar esas estupideces cuando se trata de ti y de mí.

Ella soltó una ruidosa respiración, encorvando sus hombros.

—Rachel, no puedes enojarte cada vez que alguien dice algo malo sobre nosotras.

—Sí, sí puedo —respondí seriamente, y ella rio.

—De acuerdo, tú pueeeedes —alargó la palabra antes de continuar—, pero no deberías. Además, no es como si Ryder estuviera realmente equivocado.

— ¿Qué estás diciendo?

—Sólo que no tenemos una buena historia cuando se trata de confianza y comunicación, es todo. Claramente tenemos que trabajar en algunas cosas. —Sonrió mientras se acercó a mí.

Lancé mi brazo sobre su cintura y la atraje más cerca antes de besarla en la cabeza.

—Así que no somos perfectas.

—Ni un poco —rió y sus ojos bailaron—. Pero, ¿Rachel?

— ¿Sí? —Me incliné lejos de ella para poder ver su rostro mientras hablaba.

— ¿Podrías por favor mantenerme al tanto de tus cosas sobre el Softball? No quiero ser la última en saber lo que sucede contigo. —Habló con suavidad, y podía ver el dolor en sus ojos.

—Nunca serás la última en saberlo. Lo prometo. —Acaricié su cadera con mi pulgar, el sentimiento de haberla decepcionado estaba surgiendo a través de mi cuerpo.

—Así que, ¿de verdad te irás pronto? —preguntó, el tono en su voz estaba rompiendo mi maldito corazón.

Asentí.

—Pero estaré de vuelta en unos meses. La temporada termina en septiembre, así que vendré a casa en cuanto termine.

Sus ojos se iluminaron mientras las arrugas de preocupación disminuían.

—¿De verdad? ¿Así que no es como que te mudarás para siempre?

La pesadez en mi pecho se alivianó.

— ¿Es eso lo que pensaste? ¿De qué sería elegida y jamás volvería?

—Más o menos. No sé cómo funciona.

—Sólo me voy por el resto de la temporada de Softball y luego regreso a casa. Ya han estado jugando desde abril —le dije, queriendo aliviar sus miedos.

— ¿Y luego qué? Es decir, vuelves otra vez, ¿no?

Sonreí con poco entusiasmo.

—Vuelvo en febrero.

Ella comenzó a contar los meses entre los que estaba de vuelta y los que tenía que volver a irme con sus dedos mientras me preparaba para su respuesta.

—Eso no es terrible. —Sonrió, y dejó caer sus manos.

—Podemos hacerlo, ¿verdad? —pregunté con confianza, pero mi interior estaba haciendo volteretas.

—No estoy preparada para renunciar a ti todavía. Intentaré todo contigo al menos una vez. —Me lanzó un guiño antes de ver la enorme sonrisa en mi rostro, y comenzó a retractarse—. Bueno… casi todo. —Sus mejillas se tornaron rosas.

Incliné su rostro hacia el mío, alzando su mentón con mis dedos.

—Te amo. —Sus ojos se fijaron en mi boca antes de acercarnos mientras la atraía hacia mí.

Ella sabía a la menta de su pasta de dientes, y sus labios eran suaves cuando los abrí. El toque de su lengua contra la mía despertó partes de mi cuerpo de las que no tenía verdadero control. Enredé mis dedos en su cabello, atrayéndola aún más.

Ella soltó un bajo suspiro, y en lo único que podía pensar era en arrancarle ese pequeño vestido blanco de su cuerpo. La acosté en el colchón, y me posicioné sobre ella. La forma en que su cabello se desparramó por todas partes me volvió loca. Había algo tan sexy en verlo extendido a través de su almohada mientras se acostaba debajo de mí.

—Eres tan hermosa —le recordé mientras me inclinaba para volverla a besar, empujando la parte baja de mi cuerpo contra la de ella.

Esperé por la señal de que estaba dispuesta a llegar más lejos antes de intentar cualquier cosa. Sus caderas se alzaron de la cama para encontrar la mía y presionarse contra ellas.

Mi mano alcanzó su pierna antes de deslizarla a lo largo de su piel desnuda, llevando el vestido con ella. Empujé la tela hacia arriba de sus caderas mientras se contoneaba, detectando ningún rechazo hacia mis acciones.

Recorrí el largo del elástico de sus bragas con mis dedos, deslizándolos bajo este. Sentir su piel me hacía sentir hambrienta. No podía tener suficiente, todos mis pensamientos eran consumidos en cómo se sentiría estar dentro de ella.

—Te deseo —admití con mi respiración entrecortada.

Ella abrió sus ojos para ver los míos, su boca apenas estaba abierta mientras sus manos alcanzaban el botón de mis jeans. Sus dedos rozaron contra mí mientras rebuscaba, logrando que un bajo gruñido se escapara de mis labios. Mi fuerza de voluntad estaba desapareciendo, la alcancé para ayudarla a remover la tela que permanecía entre nosotras.

Me despojé de mis jeans y bóxer mientras ella tiraba de mí, sus dedos estaban escavando la piel expuesta. Me senté, con mi respiración errática mientras lanzaba mi remera al suelo. Su hermoso cuerpo, medio desnudo con su blanco vestido amontonado hasta sus pechos, me dejó sin aliento, y sin esfuerzo, removí el vestido de su cuerpo.

Luego, me dirigí hacia abajo y bajé su ropa interior hasta sus pies, dónde ella la pateó

fuera.

Las curvas de su cuerpo me llamaban, y deslicé mi boca sobre ellas, mi lengua saboreando la sal en su piel. Su respiración era pesada y rápida mientras deslizaba sus dedos por los músculos de mi espalda. Cada sonido que escapaba de su boca simplemente me hacía desearla todavía más.

—Rach… —Su voz era temblorosa—. Te deseo.

Sus palabras encendieron una llama dentro de mí que era difícil de contener. Quería complacerla… satisfacerla… arruinarla para todas las demás chicas. Quería que este momento, aquí mismo, fuera la mejor parte del día para ella. Sus manos apretaron mi cuerpo mientras me deslizaba dentro de ella. Ella soltó un suspiro, y casi lo pierdo, justo allí. Mordí mi labio inferior mientras me movía dentro y fuera de ella, intentando enfocarme en nada más que lo increíble que ella se sentía.

Sus ojos se abrieron y cerraron mientras mis movimientos continuaban. No importaba con cuantas chicas me había acostado en New Haven, ninguna se había acercado a un sentimiento como este. Nada se había sentido nunca como esto. Ni siquiera el Softball.

—Nunca podré superar lo increíble que te sientes —admití sin vergüenza.

Ella miró hacia mí.

—Yo también. No te detengas, Rachel. —jadeó las palabras, y coloqué mis labios en los suyos.

Mi cadera se movió con la de ella mientras mis hombros ardían por el peso de mi cuerpo, pero se negaban a titubear. Ella gimió, y se sacudió mientras tomaba una gran bocanada de aire, sus ojos se abrieron de golpe maravillados mientras su cuerpo temblaba con espasmos. Mi ritmo se volvió más rápido; sabía que no sería capaz de contenerme por más tiempo.

Su cabeza cayó hacia atrás, y besé a lo largo de su cuello, antes de encontrar el dulce sabor de sus labios. Mi boca cubría la suya, y mi lengua la exploraba mientras continuaba trabajando dentro y fuera de ella.

—Quinn—dije mientras mis labios se presionaban en los de ella.

Suspiró, mientras sus dientes rozaban mi oído. Gruñí sin control, y acabé dentro de ella.

Gentilmente me empujé fuera antes de caer sobre mi espalda y mi respiración era ruidosa e irregular. Ella se giró para colocar su cabeza sobre mi pecho, y envolví mis brazos alrededor de su sudorosa y desnuda espalda.

—Te amo, Rachel. —Su respiración susurró en mi piel mientras besaba su cabeza.

—Sólo no lo olvides cuando me haya ido por tres meses en el verano.

—Yo no soy la que se ha acostado con la mitad del instituto —rió, suavizando el tema un poco.

—Eso no significa que la mitad del instituto no intente dormir contigo mientras yo esté fuera —le informé con un tono serio.

Había visto el modo en que otras chicas y otros chicos la miraban. No soy la primera en YALE que nota a Quinn. Sólo soy la única que realmente la obtuvo.

—Estás loca —Alzó su mirada hacia mí, con incredulidad dibujada en sus ojos.

—Sólo esperemos que cada chica en el campus tenga la misma opinión de mí.

—Estoy segura que sí. No es como si fueras conocida por tu dulce disposición.

—Bien. —Sonreí, mientras la alegría crecía dentro de mí.