Una Nueva Vida.

Capítulo dieciséis.

Al ver a su padre caer desplomado al suelo, Senku sintió una enorme preocupación y un enorme alivio.

Rápidamente se volteó hacia Kohaku.

-Lleva a Tsukiku a tu habitación y quédense ahí. Yo me encargó.- le susurró, a lo que ella asintió y tomó a su hija en brazos, retirándose rápidamente mientras Senku se acercaba a su padre y se inclinaba a su lado para tomar su pulso. Parecía normal.

Sin mucha delicadeza, le dio una bofetada, despertándolo en el acto.

-¡TENGO UNA NIETA!- gritó mientras despertaba, sentándose en el piso. Volteó a verlo con los ojos muy abiertos. -¡Tienes una hija! ¡Es tu hija! ¡Es MI NIETA!- empezó a señalarlo y señalarse frenéticamente.

Senku rodó los ojos, agradeciendo mentalmente haberle dicho a Kohaku que se llevará a la niña antes de despertar a su padre.

-¿Qué demonios estás haciendo aquí, viejo?- se llevó las manos a la cintura luego de ponerse de pie. -¿Por qué diablos pensaste que era una buena idea venir a donde estoy trabajando y arrastrar a toda la familia contigo?- si de verdad era idea de Gen iba a estrangularlo.

-¡Pues gracias al cielo que lo hice!- se puso de pie con una mirada indignada. -¿Cuándo pensabas decirme de mi nieta?- no se veía molesto, sino herido, y eso hizo que Senku tenga que luchar por hacer a un lado la culpa queriendo invadirlo antes de contestar a su pregunta.

-Técnicamente ya te hablé de ella…-

-¡Eso no cuenta y lo sabes!- se llevó las manos a la cabeza, caminando de un lado a otro, llamando la atención de las personas alrededor del hotel. —Hasta me hiciste creer que habías conocido a alguien… pero yo tenía razón. ¡Kohaku-chan regresó! ¡Y con mi nieta!- miró al cielo por un buen rato, sonriendo suavemente. —Soy abuelo…- sus ojos se aguaron.

Senku chasqueó la lengua, intentando ignorar el todavía más pesado sentimiento de culpa en su pecho.

-Lo siento… pero la verdad es que hay mucho más que no te he dicho…-

-¿A qué te refieres?-

Una vez su padre se calmó lo suficiente, Senku lo invitó a un restaurante cercano donde pagó una cabina privada y allí le contó absolutamente toda la verdad, que dejó a Kohaku por imbécil, que supo que volvió a Tokio hace un par de meses y que poco tiempo después se encontró a Tsukiku en la última feria de ciencias. Le contó de la adoración de su hija por la ciencia y que había decidido enseñar en una escuela primaria para estar más cerca de ella y poder conocerla mejor. También le dijo que Kohaku no quería nada con él antes de que empezará a preguntarle para cuándo la boda.

Al final, su padre acabó sumamente abrumado.

Senku evitó decirle de los atentados en su contra, pero si le dijo que todavía no le había dicho a Tsukiku la verdad por temor a su reacción. Y que quería mantener el secreto.

-Imaginé que tú estarías en contra de mantener esto como un secreto, así que por eso decidí no decirte.- admitió con un suspiro, tomando un sorbo de su café con desgano.

-Hijo…- negó con la cabeza. —Soy tu padre y nunca te he golpeado, pero vaya que te lo mereces.- soltó una risa incrédula. —Ya creía lo suficientemente malo que hayas dejado al amor de tu vida… pero resulta que la dejaste embarazada y todo… ¡y en siete años no hiciste nada!- suspiró, recargando los codos en la mesa con una mirada aturdida. —Lo siento muchísimo por ti, hijo… Nunca habría deseado algo así para tu vida. Tú te lo buscaste, y me parece que estás tomando un mal curso de acción, pero aun así lo siento por ti.-

-Sí, sí, lo sé.- hizo una mueca. —No necesitas decírmelo, soy muy consciente de que cavé mi propia tumba. Y ahora… La verdad no sé si estoy haciendo lo mejor o lo peor, pero hice lo que me pareció correcto en su momento… Diría que estoy muy satisfecho con como son las cosas ahora.- después de todo acababa de pasar una tarde maravillosa junto a las dos personas que más adoraba en el mundo.

-Yo pienso que la sinceridad siempre es el mejor curso de acción. No solo para que puedas ganarte el cariño de tu hija, sino para que recuperes el amor de Kohaku-chan.-

-Viejo, por favor.- de inmediato negó con la cabeza. —No.-

-¿Qué quieres decir con no?- alzó las cejas. -¿Qué no la quieres de regreso?-

-Ese no es el problema aquí.- apretó la mandíbula. —No hablemos de eso.-

-¿Por qué? ¿Esperas que te crea que nunca la amaste?-

-Te dije que no quiero hablar de eso.- dejó su taza de café en la mesa, con fuerza.

Byakuya negó con la cabeza tristemente, con una mueca de resignación.

-Muy bien, muy bien. Entonces ¿qué piensas hacer ahora?-

-Quiero que tú te lleves a Lillian y a mis hermanos a la otra punta de esta isla o que se vayan a otra de las islas de Okinawa. O bien regresen a Tokio, pero no los quiero cerca de aquí.-

-Ya veo, que interesante.- asintió alegremente. —Ni en tus sueños, jovencito.- guiñó un ojo.

-Viejo…- se frotó sus sienes, rogando por paciencia. —Ni siquiera deberían estar aquí para empezar. Y sabes que no te dejaré hablar con Tsukiku por el momento. Tendrás que ser paciente y esperar a que le diga la verdad. Luego convivirán todo lo que quieran.-

-¡Claro, suena súper!- le enseñó el dedo pulgar. —Sobre mi cadáver.-

-¡Papá!- lo miró fastidiado.

-¿Sí, querido hijo?- sonrió petulante.

-No puedes arruinar mis planes, esto es muy serio y lo sabes.-

-Pues sí era tan serio debiste decírmelo antes, ahora te tragarás mi presencia aquí porque no pienso apartarme de mi nieta hasta que se canse de mí y tal vez ni así.- se cruzó de brazos con una gran sonrisa. —Y quiero verte intentar impedírmelo.-

Senku gruñó por lo bajo, maldiciendo haber heredado la terquedad de ese hombre. Aunque no fuera su padre biológico, definitivamente eran iguales en que no daban el brazo a torcer.

-¿Y entonces qué? ¿Me vas a delatar?- se cruzó de brazos, enfurruñado.

-No… Aunque no me guste tu plan, lo respetaré. Pero igual quiero conocer a mi nieta. Aunque no me gusté la idea de mentirle…-

Una vez más, Senku sintió la culpa pesar sobre él.

¿Realmente fue tan mala idea el plan de fingir ser su maestro?

Él estaba feliz de este modo… pero si hubiera elegido otro curso de acción ¿podría ser incluso más feliz? ¿Podría escuchar a su hija llamándolo papá... aunque sea una vez?

-Supongo que puede funcionar… Aunque claramente no puedes decirle de esto a mis hermanos. No van a callarse la boca. Aceptaré que le digas a Lillian y tal vez a Rei, solo eso.-

-Iba a decirles a ellas de todos modos, con o sin tu permiso.- bostezó. —Oh, hijo… Lillian va a estar tan feliz.- sonrió con cascaditas de felicidad bajando por su rostro. —Ya estábamos pensando que te ibas a morir solo y teníamos que depositar nuestras esperanzas sobre nietos en tus hermanas y hermanos. ¡Pero ya tenemos a nuestra nieta! Y está tan chiquita…- frotó sus mejillas con estrellas prácticamente bailando a su alrededor. —Es adorable, ¡se parece muchísimo a ti! Aw… ¡Quiero verla otra vez!- hizo amago de levantarse de su asiento, pero Senku tomó su muñeca y lo hizo sentarse otra vez.

-Tranquilo viejo, aunque digas que no le dirás, más te vale ser cuidadoso cuando estés con ella. Esa pequeña leona es más inteligente que tú y yo juntos a su edad. Y astuta como su madre, una digna leoncita.- sonrió suavemente, orgullosamente, mirando a su taza pero pensando en su pequeña hija.

Cuando alzó la mirada, su ceja se crispó al toparse con el rostro lloroso de ojos brillantes y sonrisa temblorosa de su padre, que lo observaba tan orgulloso como él se había sentido hace unos segundos con las manos unidas bajo su barbilla y los codos en la mesa.

-Mi hijo.- tomó un pañuelo y se limpió la nariz sonoramente. —De verdad… ya eres papá.- tomó otro pañuelo y limpió sus ojos. —Tenemos que decirle a tu madre. Lillian se va a volver loca de alegría. Aunque no le va a gustar nada que no podamos decirle la verdad a la pequeña, ya sabes. ¡Pero lo importante es que tenemos una nieta! Y Rei… ella también estará encantada. Es una lástima que no podamos decirle a tus hermanos, pero es cierto que Shinichi y Roy no podrían guardar el secreto, esos niños parlanchines... Y no quisiera hacer a Suika guardar este secreto también… Diablos, hijo, de verdad que no me gusta para nada este plan tuyo.- negó con la cabeza. —Espero que las consecuencias de esto no arruinen tu relación con la pequeña.-

-Seré cuidadoso.- aseguró aunque no con toda la convicción que le gustaría. —Y esperó que tú también lo seas.-

-Claro. Puedes confiar completamente en mí.- aseguró sonriente.

.

Kohaku estaba muriendo de nervios en su habitación en el hotel, caminando de un lado a otro mientras su hija la observaba con confusión.

-¿Estás bien, mamá?- finalmente le preguntó después de cansarse de verla caminar en círculos. -¿Conocías al señor de antes?-

-Mmm…- empezó a sudar profundamente. —Sí… más o menos.- tosió incómodamente.

-¿Y sensei también lo conoce?-

-De hecho…- se mordió el labio, dudando por un segundo, antes de suspirar y decidir que de todos modos lo sabría pronto. —Él es Byakuya… su padre.-

La boca de su hija cayó abierta. Ella jadeó y todo, con ojos brillantes.

-¿Él es el que inventó el primer Rei-bot? ¡Es increíble! Aunque… qué extraño que se haya desmayado… ¿estará bien? ¿Podemos ir a preguntarle a sensei si su papá está bien?- se llevó las manos a sus mejillas con rostro repentinamente preocupado.

-Eh… Estoy segura de que está bien, bebé.- se le acercó a frotar su mejilla cariñosamente. —Él es un astronauta, siempre ha tenido buena salud. No te preocupes.- aseguró con una sonrisa sincera.

-Mmm… de acuerdo.- dijo no muy segura.

-¿Quieres ver algunos vídeos en internet?-

-Eh…-

-De gatitos~...-

-¡Oh, sí quiero!- de inmediato brincó en su sitió con una gran sonrisa.

Kohaku rió tiernamente y sacó su celular para dejar que su hija viera todos los videos de gatitos adorables que quisiera.

No solía dejarla viendo vídeos mucho porque a ella solía dolerle la cabeza luego de estar más de media hora frente a una pantalla y no quería arriesgarse a que a su bebé le pasará lo mismo, ya que también tenía ojos sensibles. Ella le había pedido que le comprará un celular, pero Kohaku le dijo que lo haría cuando fuera un poco más mayor, aún así accedía a prestarle su celular de vez en cuando para que viera los gatos que tanto le gustaban.

También le había pedido mucho un gato de mascota, pero en eso sí que Kohaku era firme en decirle que no. No quería mascotas para nada, no después del incidente con el gato blanco en la playa…

Hizo una mueca al recordar aquello, relajándose en su cama mientras la veía reír al observar con entusiasmo esos videos de animales. Sonrió al ver su carita tan maravillada.

Verdaderamente su bebé era tan linda…

Pasó media hora y Kohaku le quitó el celular, ignorando sus pucheros. Aunque no se quejó tanto como solía hacerlo, simplemente tomó uno de esos libros de ciencia que Senku le había dado y se puso a leer.

Pasó otra media hora y casi salta en su lugar al escuchar un golpeteo en su puerta.

Seguramente era Senku. ¿Ya había hablado con su padre? Esperaba que todo resultará bien… y que Byakuya reaccionará bien también…

Se levantó de la cama y fue abrir con rostro ansioso, sorprendiéndose al ver que no era Senku quien había llamado a su puerta sino alguien a quien hace muchos años no veía: Lillian. A quien adoraba como una tía o una segunda madre, además de que era prima lejana de su difunta madre.

Ella tenía su largo cabello atado en una coleta y su rostro seguía siendo sumamente hermoso con todo y las leves arrugas en su él. Sus ojos azules estaban llenos de lágrimas.

-¿Quién es, mamá?- su hija levantó la vista de su libro con una mirada curiosa.

La mirada de Lillian de inmediato voló a la niña y las lágrimas comenzaron a escapársele, a lo que Kohaku palideció y de inmediato cerró la puerta detrás de ella.

-¡E-es una amiga, hija! Sigue leyendo, regresó en un momento.- le gritó desde afuera del departamento, antes de bajar la cabeza, incapaz de mirar a Lillian a los ojos. —Hola…- dijo en voz baja.

-Kohaku…- sollozó, llevándose una mano a la boca. —Ha… ha pasado mucho tiempo.- tomó los lados de su rostro y la hizo levantar la mirada. —Mírate… eres toda una mujer hecha y derecha… toda una madre, eh.- sonrió dulcemente, todavía con los ojos aguados.

-Lillian…- suspiró profundamente. —Si-siento mucho haber cortado contacto contigo. Es solo… es que yo…- cerró los ojos, incapaz de sostener su mirada. —No creí que quisieras cargar con este secreto y… d-de verdad lo siento mucho.-

-Oh, Kohaku…- soltó su rostro para abrazarla, haciéndola apoyar su cabeza sobre su hombro. —No podría molestarme contigo… pero realmente quiero conocer a tu pequeña ahora.- se separó para sonreírle dulcemente.

-¿No estás molesta?- se sorprendió, mirándola con los ojos muy abiertos.

-No podría… no soy quién para juzgar. Además, molestarse nunca resuelve nada. Por ahora, solo quiero conocer a esa lindura de niña que tienes allí.- rió alegremente, contagiándole el buen humor.

-Bien, pero… por favor no digas nada de… de que Senku es su padre. Si fuera por mí ya le habría dicho hace tiempo pero Senku no quiso así que por favor no…-

-Está bien.- la interrumpió, alzando las manos. —Byakuya y Senku ya me explicaron la situación. No diré nada. Puedes presentarme como un familiar lejano.-

-Muy bien…-

Volvió a entrar a la habitación de hotel con Lillian siguiéndola, encontrándose con la mirada curiosa de su hija.

-Wow…- ella pestañeó aturdida. —Qué bonita…- miró impresionada a Lillian.

-Aw, pero sí tú eres un encanto…- se acercó a ella con las manos juntas, mirándola con ojos brillantes. -¿Tú nombre es Tsukiku, verdad?- se sentó a su lado en la cama, llevando una mano a su cabello. —Mi nombre es Lillian, soy tu… soy familia de tu madre. Es… un verdadero gusto conocerte, pequeña.- acarició su rostro cariñosamente.

-¿Familia?- su boca cayó abierta. —Ah, por eso eres tan bonita. Porque mi mamá es la más bonita del mundo.- señaló con un dedo en alto.

Lillian rió tiernamente, pellizcando con suavidad su mejilla.

-Tiene sentido, tú eres una niña muy bonita.- la miró dulcemente. —Dime, Tsukiku, ¿te gusta la música?-

-Sí, bastante.- asintió. -Me gusta que mi mamá me cante, y algunas canciones en inglés y otras en japonés y algunas canciones de películas y anime.-

Lillian volvió a reír, posando su mano en el hombro de la pequeña.

-Eso suena maravilloso. Yo soy cantante ¿sabes?-

-¿De verdad?- se quedó con la boca abierta.

-Sí. ¿Quieres que cante algo para ti?-

Aunque insegura, Tsukiku asintió.

Kohaku se sentó en un cojín cercano, sonriendo suavemente mientras veía la mirada maravillada de su hija al escuchar la dulce voz de Lillian cantándole una canción de cuna que casi la hace dormirse al final de no ser porque luego empezó a cantarle una con más energía y en japonés, a lo que Kohaku decidió unirse cantando algunas líneas mientras su pequeña aplaudía. Sin embargo, cuando Lillian iba a cantar una tercera canción, se escuchó un golpe en la puerta.

Compartió una mirada con Lillian, antes de levantarse y abrir, palideciendo al ver a Byakuya en la puerta, con Senku a su lado intentando inútilmente jalarlo lejos.

-Que bueno volver a verte, Kohaku-chan.- sonrió enormemente, antes de mirar dentro de la habitación. -¿Dónde está...?... Oh.- sus ojos se iluminaron al ver a la niña sentada junto a Lillian. -¡Ahí estás!-

Rápidamente entró a la habitación aún sin ser invitado, la pasó de largo, llegó hasta la cama y, sin decir nada, cargó a Tsukiku en sus brazos y le dio un gran abrazo, pegando su mejilla a la suya mientras cascaditas de alegría caían por su rostro.

-¡Maldita sea, viejo! ¡¿Qué demonios se supone que estás haciendo?!- Senku agitó los brazos de arriba a abajo, con su voz cargada de incredulidad y molestia. —Esto es exactamente lo que te pedí que no hicieras…- se lamentó en un susurro.

-¡Pero que niña tan linda! ¡Eres aún más adorable de cerca! ¡Mi nombre es Byakuya, pero puedes llamarme abuelo! ¡O abuelito, como tú quieras!- habló todavía lloriqueando de alegría mientras seguía frotando su mejilla contra la suya, abrazándola contra su pecho con ella inmóvil en sus brazos con los ojos muy abiertos y una profunda mueca de confusión.

-Ya es suficiente, viejo, sueltala.- Senku, después de estrellar sonoramente la palma de su mano contra su frente, se acercó a su padre con una mueca de fastidio. —Vas a hacer que se harte de ti sin que te haya siquiera dirigido la palabra.- señaló con una ceja temblándole.

-Byakuya, querido, realmente deberías bajarla y dejarla presentarse.- Lillian colocó las manos en los hombros del mayor, que finalmente empezó a hacer pucheros y dejó a la pequeña en el suelo, todavía con sus ojos muy abiertos y gesto aturdido.

Todos la miraron nerviosamente mientras ella pestañeaba y finalmente miraba sospechosamente a Byakuya, antes de que sus ojos se iluminaran.

-¿Eres esposo de Lillian-san? ¿Y papá de mi sensei?-

-Sip, ese soy yo.- Byakuya se inclinó a su altura, hincandose en una rodilla y posando una mano en su cabeza. -¿Y tú eres Tsukiku, verdad? Es un nombre muy bonito.- sonrió inmensamente.

-Sí… pero, sí eres papá de mi sensei… Eso quiere decir que tú eres el que inventó el primer rei-bot, verdad?- esa pregunta pareció tomar a Byakuya por sorpresa, pero asintió. -¡Wow, increíble! ¡Es súper genial! ¡¿Y también fuiste un astronauta?! ¡Es diez billones por ciento asombroso! ¡¿Puedes hablarme de eso?! ¡¿Del espacio y de los robots?! ¿Puedes, sí?- hizo su truco de ojitos de cachorrito para convencerlo.

Aunque claramente no tenía necesidad de llegar a eso, Byakuya tenía pensado malcriarla peor que una tía solterona desde el momento en el que la vio, así que su truquito solo hizo que volviera a atraparla en un abrazo interminable una vez más.

-¡Que la sueltes, viejo!-

Esa noche cenaron con Byakuya y Lillian, y Senku claro, los tres intentando llamar la atención de Tsukiku mientras ella solo estaba confundida, queriendo saber de ciencia y de Lillian y su familia.

Cuando Tsukiku bostezó, Senku lo usó como excusa para arrastrar a sus padres adoptivos fuera de allí y Kohaku suspiró al quedarse ambas solas.

Siempre fue así… solo ellas dos solas. Una pequeña familia de dos personas. Pero realmente no solo la había alejado de su padre… sino de toda su familia paterna. Sus abuelos y sus tíos, personas que sin duda la adorarían y a las que les dolería lo que había decidido. Realmente no pensó en ellos cuando tomó la decisión de irse…

Cuando su hija se durmió, Kohaku permaneció despierta, pensando en todo lo que había estado pasando estas últimas semanas y en los eventos que la llevaron a irse de Japón hace siete años.

Fue una mala época en su vida, los últimos meses previos a su separación con Senku. Y cuando la dejó… realmente pudo haberse hundido en la miseria, de no ser por la pequeña luz de esperanza que resultó ser su bebé. Ella lo iluminó todo… y Kohaku creyó que no necesitaba nada más para ser feliz. Creyó que todo estaría bien sí eran solo su hija y ella, pero aunque de verdad ese hubiera sido ese el caso… ¿no debería haber pensado en qué era lo mejor para su hija, antes de en qué era lo mejor para ella misma y su corazón roto?

No lo pensó. No lo vio desde ese lado. Solo pensaba en huir, alejarse, dejar todo atrás. Empezar una nueva vida dejando atrás el pasado… pensó que en el futuro estaría bien mientras tuviera a su niña, pero no pensó en su futuro, el futuro de Tsukiku, la vida de Tsukiku, todo lo que ella perdería por sus decisiones.

No pensó en los daños a personas que estaban relacionadas a ellas. Sabía que esto podría dañar a Senku, aunque en su mente cegada por el rencor se justificaba con que a él no le importaría enterarse que tenía una hija. Aun así no pensó en la familia de Senku, en sus amigos más cercanos y en todo lo que esto podría afectarlos. No pensó que algún día podría estar arrepintiéndose tan amargamente de sus acciones como se estaba arrepintiendo ahora.

Si se hubiera quedado… ¿tal vez Senku hubiera sido un padre tan amoroso y dedicado como lo estaba siendo ahora?

¿Tal vez su hija tendría una gran relación con sus abuelos? ¿Con sus tíos y sus amigos? ¿Ella podría haber crecido rodeada de personas que la adoraran? ¿Con amigos que la entendieran? ¿Habría sido más feliz?

Realmente no podía saberlo con certeza… pero aún así estaba convencida de que ese habría sido el caso. Y eso solo la hacía sentir peor con ella misma.

Pero sentirse mal no resolvería nada… Ahora lo que debía preocuparla sería cuándo y cómo Senku tenía planeado decirle la verdad a su hija. Y la reacción de su hija sobre eso.

Tsukiku podía ser un poco impredecible, no importa lo bien que la conociera, no sabría decir si esto le alegraría o la haría enfadarse. Y no sabría qué hacer en ninguna de las dos posibilidades.

Sería bueno que estuviera feliz del hecho de que Senku fuera su padre pero ¿luego qué? ¿Tendrían custodia compartida? ¿Estaría una semana con ella y otra con él? ¿O iría con él los fines de semana? ¿O sería solo cuando Senku tuviera tiempo? La verdad no estaba segura de si le gustaba alguna de esas opciones siquiera en lo más mínimo.

Y lo peor era que una parte de ella… una pequeña parte de su mente no dejaba de sugerir la posibilidad de… hacer las paces con Senku. No para llevarse bien, sino para retomar su relación como pareja… y eso era absolutamente ridículo y sin embargo no podía sacarse la idea de la cabeza.

Pero ¿realmente era tan absurdo?

, se dijo. Sí lo era.

Él nunca había dado ni siquiera la más pequeña señal de haberla extrañado o de quererla de regreso, salvo en la noche donde volvieron a hacer el amor, donde le endulzó el oído con miles de cosas bonitas, pero realmente no creía poder fiarse de lo que le dijo en el calor del momento. Además de que estaba borracha y recordaba todo a medias.

Y… él nunca, jamás le había dicho que la amaba.

Que quisiera a su hija en su vida, no significaba que la quisiera a ella. Y Kohaku no quería ser la que le rogara por volver a estar juntos. No después de todo lo que sufrió por él.

Aunque aún lo amará y él se estuviera comportando como un padre maravilloso, eso no cambiaba el hecho de que la hirió muchísimo.

Como padre no podría reprocharle nada ahora, pero como hombre… realmente no estaba segura de sí alguna vez podría perdonarlo.

A pesar de que nunca dejó de amarlo, no podía perdonarlo tan fácilmente. Aunque le doliera, prefería quedarse sin él antes de arriesgarse a que volviera a lastimarla.

Suspiró para apartar esos pensamientos pesimistas y abrazó a su hija, cerrando los ojos y luchando por dormirse.

Mañana sería un día agitado, más por el hecho de que todavía tenía que lidiar con el problema de los perseguidores. Tendría que levantarse de madrugada e ir a ver lugares donde hacer la emboscada cerca de donde harían las excursiones, como Senku le dijo, y esperar que todo resultará bien y sin contratiempos.

.

Al día siguiente, toda la escuela partió para comenzar con las excursiones planeadas. Claro que no todos los grados juntos o sería incontrolable, aún así Senku se las arregló para que las aulas de los mocosos de Myuji y Tsukasa y la mocosa de Ukyo fueran junto a su grupo de alumnos, así su hija tendría a sus amigos. Y así Kohaku no perdería de vista a su protegido.

Primero fueron a un templo antiguo en el cual Senku no se despegó de su hija, diciéndole todo tipo de datos históricos e interesantes, feliz de verla sonreír tan enormemente al ver las construcciones tan grandes y antiguas y aprender más de su estructura y construcción.

El segundo lugar que visitaron fue un jardín donde se cultivaban plantas y flores exóticas, algunas genéticamente modificadas y todo. Eso pareció interesar especialmente a su hija, y Senku puso todo su empeño en enseñarle lo más posible y explicarle cuidadosamente para que entendiera todo lo que decía y responder cuidadosamente todas sus dudas.

Kohaku estuvo cerca de ellos todo el tiempo, pero se mantuvo al margen, silenciosa, distante y pensativa. Senku lamentaba un poco que no estuviera de tan buen humor como ayer, pero no es que estuviera esperando algo diferente… Ya sabía que ella lo odiaba, de todos modos.

El tercer y último lugar que visitaron ese día fue un bosque por el que organizaron un tour, y como esta era una actividad más física Senku acabó cansado luego de unos minutos y Tsukiku decidió ir a jugar con sus amigos. Eso lo desanimó un poco, pero era cierto que no podía acapararla por completo. Había elegido esas excursiones porque estaban más al aire libre y sabía que su pequeña leona era una niña muy inquieta a la que le gustaba pasearse por ahí y esas cosas.

Afortunadamente había convencido a su padre de llevar a Lillian y a sus hermanos a la playa y a ver otras atracciones la mayor parte del día, pero insistieron en unirseles al menos en la última excursión, por lo que Senku no pudo hacer nada y simplemente dividió los grupos para tener más privacidad en caso de que a alguien se le fuera la lengua de más.

Cuando Byakuya y los demás llegaron, Kohaku se acercó a él y le dijo que era su hora de irse.

-Tengo que preparar todo para lo que hablamos esta mañana… ya sabes que hacer una vez acabé la excursión.- susurró en voz baja, a lo que él asintió seriamente.

-Muy bien. Suerte con eso.- ella asintió y se retiró después de darle una excusa a Tsukiku y despedirse de ella.

Byakuya y Lillian se acercaron a Tsukiku de inmediato, con sus hijos detrás de ellos.

-Hola, pequeñita.- Rei, la mayor de los cuatro, se inclinó para sonreírle dulcemente. —Mi nombre es Rei, soy hermana de tu sensei.-

-Wow, te pareces mucho a tu mamá.- señaló, impresionada. —Eres igual de bonita.-

Rei rió dulcemente, posando una mano en su cabeza cariñosamente.

-Es un verdadero placer conocerte, esperó verte mucho más a menudo. Yo también soy una científica… Bueno, estoy a punto de graduarme de preparatoria y estudiar para eso.- sonrió.

-¡Wow, qué genial!- sus ojos se iluminaron.

-Así que sí alguna vez buscas otra chica para hablar de ciencia, aquí me tienes.- guiñó un ojo.

Luego de que Rei la saludara tan afectuosamente, sus hermanos varones se acercaron a Tsukiku mirándola con ojo crítico.

-Así que eres hija de Kohaku-chan, eh…- el mayor de ellos, de cabello blanco y ojos azules, le sonrió alegremente luego de decir aquello. —Mi nombre es Ishigami Shinichi, tengo catorce, y ya estoy trabajando en mi propio disco.- guiñó un ojo.

-Nuestro.- su otro hermano le clavó un suave codazo en el brazo. —Yo soy Roy, tengo trece.- le sonrió amablemente. Él también tenía ojos azules y se parecía bastante a Shinichi (y los dos a Byakuya), aunque su cabello era negro. —Sí te gusta la música rock, soy el mejor de mi edad cantando tanto en japonés como en inglés.- alzó la barbilla orgullosamente.

-De tu edad, porque yo soy el mejor en todo Tokio.- señaló Shinichi con tono petulante.

-Quédate con Tokio, yo con todo Japón.-

-No hasta que alcances notas tan altas como yo.-

-Al menos yo sé tocar más de un instrumento…-

-¡Estoy aprendiendo a manejar el piano, pequeño idio...!...-

-Suficiente ustedes dos.- rodando los ojos, Senku estrelló sus frentes juntas, cambiando su discusión por quejidos de dolor. —Y ustedes, ¿cuándo piensan aprender a controlar a sus mocosos?- miró reprobatoriamente a Byakuya y Lillian, que estaban muy ocupados lloriqueando por lo lindos que eran sus hijos como para prestarle atención.

-Eh…- Tsukiku los miró extrañada, pero se veía divertida por sus actitudes. —Un gusto.-

-Suika, ¿no quieres presentarte también?- Rei miró a la más pequeña de sus hermanas, que asintió alegremente.

-¡Hola, mi nombre es Suika! Tengo once años. Es un gusto conocerte.- ella era una niña pequeña para su edad, pero aun así le sacaba varios centímetros de altura a Tsukiku. La miró alegremente detrás de sus anteojos redondos con sus grandes ojos marrones.

-¿Suika?- ladeó la cabeza. -¿Cómo la fruta?-

-Es un apodo. Mi verdadero nombre es…-

-¡Oye, Senku-nii-chan!- Shinichi jaló la camisa de Senku insistentemente. -¿No que Kohaku-chan solía ser tu no...?...-

-Mocoso, no hagas preguntas estúpidas, por favor.- le sonrió con los dientes apretados, mirando furiosamente a su padre para que callara a su engendro.

-Yo solo decía, porque Tsukiku-chan se parece pero muchísimo a…-

-A su madre, obviamente. Ahora cállate.- colocó una mano en su boca y comenzó a arrastrarlo hacia Byakuya. —Viejo, ¿por qué no lo llevas a dar una vuelta muy, muy lejos de aquí?-

-Eh…-

-Tengo una mejor idea.- Lillian intervinó. -¿Por qué no tocas la guitarra y cantamos algo para Tsukiku? Roy puede tocar el violín y Rei y Suika cantar conmigo.-

-¡Yo seré apoyo moral!- Byakuya aplaudió alegremente.

-¿Hablan de música?- el mocoso de Myuji, al que Kohaku había dejado al cuidado de Ukyo, se acercó interesado. -¡Mi nombre es Kei! Soy hijo del famoso cantante Myuji-senpai, seguro han escuchado de él.-

-No…-

-Para nada.-

-¿Quién?-

-Hmm…- el niño hizo pucheros, pero pronto volvió a sonreír. —En fin, ¡soy muy bueno tocando la batería!-

-¿Así que el hijo del guitarrista es un baterista? Interesante.- Senku rió por lo bajo.

Aunque, ahora que lo recordaba, su madre solía ser la baterista en el grupo de Myuji. Esa sí que era un ejemplo de mala madre, abandonando al niño con solo semanas de nacido y queriendo utilizarlo para ganar dinero. Y él que ni siquiera tuvo la opción de criar a su hija…

Bueno, Kohaku le dio la opción indirectamente, pero él no lo supo, aunque de todos modos reconocía que tenía la culpa.

-¿Música?- la amiga de su hija, Misaki, se acercó con una mirada curiosa. -¡Yo amo bailar!-

-¡Perfecto, estamos rodeados de pequeños grandes artistas!- Lillian aplaudió con entusiasmo.

-Umi tiene una hermosa voz…- murmuró Ukyo por lo bajo.

-¡No es cierto, papá, no digas eso!- Umi se sonrojó hasta las orejas, negando con la cabeza.

-Pues si te apetece cantar puedes unirtenos.- Lillian le sonrió dulcemente, haciéndola sonrojarse más. -¿Y ustedes, dulzuras? ¿Quieren cantar o bailar?- miró a Haishi y Yok, que compartieron una mirada, hicieron una mueca de horror y rápidamente negaron con la cabeza. —Bueno, pueden unírsenos cuando quieran si cambian de opinión.-

Senku se sentó junto al mocoso de Tsukasa y el pequeño mafioso mientras veía a Tsukiku observar interesada a todos preparándose y poniéndose de acuerdo con la canción que tocarían. Él no tenía mucho interés en la música, así que eso lo había heredado de Kohaku, diez billones por ciento seguro.

La guitarra y el violín comenzaron a sonar con notas suaves mientras Lillian y sus hijas comenzaban a corear en voz baja. El mocoso de Myuji traía unas baquetas consigo, y comenzó a golpear en varios árboles antes de encontrar uno cuyo sonido le gustó y comenzar a golpetear allí.

Pronto, la música subió de nivel y Lillian comenzó a cantar a viva voz, coreada por sus hijas mientras sus hijos varones tocaban con más entusiasmo, también cantando emocionados. Byakuya solo aplaudía y bailaba de forma ridícula, provocando que todos los que no estaban cantando se rieran. Misaki estaba bailando muy emocionada, y Senku rió al verla jalar a Tsukiku para bailar con ella aunque claramente no quería hacerlo.

Decidió sacar su celular y grabar el momento para mostrarselo a Kohaku luego. Era una pena que el trabajo le impidiera ver esto.

Ukyo aplaudía suavemente ante el sonido de la música, y Umi comenzó a cantar suavemente, apenas siendo escuchada. Haishi se puso de buen humor ante el ambiente alegre, y Senku tenía la impresión de que el niño mafioso alias Yok también estaba de mejor humor, aunque era difícil de decir por su mascarilla.

Estuvieron así una buena media hora hasta que Senku les dijo que debían volver con el grupo. Todos se quejaron, pero él insistió y se despidió de su padre y llevó a los niños con sus respectivos maestros y a su hija de vuelta al grupo con Maiko malhumorada probablemente por no haberse pegado a él en toda la excursión.

Hicieron la última parte del tour y finalmente fue hora de terminar la excursión de ese día.

Le dijo a Maiko que se quedaría más tiempo para encargarse de unos asuntos y se despidió de todos, no sin antes pedirle a Ukyo que vigilé bien a los niños y en especial a su hija.

Una vez solo, frunció el ceño duramente y se fue en dirección al claro de bosque donde se suponía que debía esperar a Kohaku.

A medio camino, sintió que lo seguían.

Él normalmente no era bueno percatándose de esas cosas, así que para él fue claro que los tipos estaban muy cerca y probablemente le saltarían encima en cualquier momento.

Fingió no darse cuenta y siguió caminando normalmente, hasta que los sintió todavía más cerca y maldijo, antes de hacer algo no muy inteligente pero que era su única opción: correr.

Milagrosamente llegó al punto de encuentro, pero maldijo al no ver a Kohaku por ningún lado. ¡¿No debería estar ya allí?!

Tragó saliva, volteando hacía sus perseguidores.

Eran dos hombres absurdamente musculosos y altos, para colmo armados y apuntándolo. Por la forma en la que miraban sus manos, parecían conscientes de que traía un arma petrificadora con él. Así que en el momento en el que hiciera un movimiento extraño probablemente dispararían y estaría jodido al diez billones por ciento.

Comenzó a sudar frío, retrocediendo varios pasos hasta que su espalda chocó contra uno de los tantos árboles del lugar.

-Al fin.- uno de ellos rió maliciosamente. —Nos has dado muchos problemas, maldito flacucho.-

-Se equivocan…- una suave voz femenina se hizo oír. —Ustedes me han dado muchos problemas a mí.-

Los tipos se estremecieron, mirando a todas partes.

Senku sonrió.

Esa leona… por un momento lo asustó.

-¿Qué mierda...?... ¡¿Dónde demonios estás?!- apuntaron sus armas hacia los árboles.

-¿Tanto quieren saber? En ese caso… se los mostraré.- y, con esas palabras, Kohaku saltó desde uno de los árboles, estrellando una sola pero fuerte y certera patada en los rostros de ambos, arrojándolos al piso.

Antes de que pudieran levantarse, ella enterró dos cuchillos en un hombro de cada uno, clavándolos con fuerza en la tierra.

Ella se enderezó, sacando un arma y apuntándolos, y Senku se quedó con la boca abierta al verla cubierta de sangre que claramente no era suya.

-¿Pero qué...?...- después de dejar de retorcerse de dolor, los tipejos la miraron horrorizados.

-Oh, pobres e ingenuos perseguidores de Ishigami-sama… vienen tantos tan seguido… y aun así no son suficientes…- rió, con una risa baja y francamente espeluznante. —Acabó de encargarme de otro y aun así no logró saciar mi hambre.- llevó una mano a su boca y de allí extrajo un dedo humano medio masticado.

Ah, ese truco.

Senku apenas fue capaz de contener sus carcajadas ante los recuerdos que lo invadieron al verla usar ese truco tan viejo para asustar a sus perseguidores.

Los dos tipos de inmediato gritaron, completamente horrorizados.

-¡Psicópata!-

-¡Mujer enferma!-

Los dos estaban temblando, y Kohaku solo volvió a reír como desquiciada, sacando otra arma y disparando ambas a la vez, cerca de sus cabezas, haciéndolos temblar más.

-Tranquilos, tranquilos… el estrés los hace menos deliciosos.- pasó su lengua por sus labios. —Aunque me sería difícil esconder sus huesos luego de acabar con ustedes…- alzó la mirada al cielo. —Oh, tengo una idea.- sonrió como una verdadera loca. —Sí me entregan a su líder, tal vez consideré dejarlos vivir… aunque si no quieren, siempre puedo derretir sus huesos con ácido sulfúrico. ¿Podrías ayudarme con eso, Senku-sama?-

-¿Otra vez, Kohaku?- negó con la cabeza. —Realmente debes controlar tu apetito, mis colegas comienzan a sospechar… Pero claro, claro… entiendo que tienes hambre.-

-¡NO, ESPERA!- ellos se desesperaron por completo. -¡Ibara! ¡Él nos paga! ¡Lo juró, es ese viejo asqueroso! ¡ESPERA!- estaban prácticamente llorando cuando Kohaku se acercó más.

-Si me están mintiendo…-

-¡NO, ES CIERTO!- retrocedieron lo mejor que pudieron todavía con los cuchillos inmovilizándolos. -¡Es Ibara! ¡Odia a Ishigami Senku y luego de matarlo planea ir tras Nanami Ryusui! ¡Lo juró!-

Kohaku miró de reojo a Senku, que estaba crujiendo los dientes.

-Tiene sentido. Ibara es un enemigo reciente… y un completo idiota. Esto tiene toda la pinta de ser obra suya.-

Kohaku asintió, antes de estrellar una fuerte patada en la cabeza de uno de los tipejos y luego del otro, desmayándolos.

-Fue más rápido de lo que pensé.- se dirigió a uno de los arbustos y de allí sacó una bolsa de donde tomó una toalla.

-¿Qué usaste para la sangre esta vez?- Senku la miró impresionado. —Esta vez casi me engañas hasta a mí…-

-Oh, es un gel especial.- encogió los hombros mientras se limpiaba los rastros de la sangre falsa. —Me gusta porque se quita fácil de la ropa… Pero oye, no me digas que te creíste lo del dedo falso.- lo miró burlonamente.

-Claro que no.- rodó los ojos, aunque sonriendo. —Pedido a Yuzuriha antes de venir ¿eh?-

-Por supuesto. Nadie es mejor que ella.- sacó su celular y le marcó a la policía. —Vendrán por ellos en unos minutos… Así que… ¿quién es el tal Ibara?- se llevó las manos a las caderas.

-Es un político idiota.- suspiró con hastío. —Debí haberlo sabido… aunque es tan insignificante que ni siquiera se me pasó por la cabeza.- rascó su oído con indiferencia.

-¿Lo denunciarás?-

-No… eso le hará saber que ya sé que está detrás de mí.- frunció el ceño. —Primero quiero hablar con Tsukasa, luego veré que hacer.-

-Muy bien, como quieras.- suspiró. —Me gustaría decir que mi trabajo ha terminado… pero dudó que estos sean los últimos que quieran matarte.-

-Por el momento…. ¿qué tal si disfrutamos el resto de la excursión? Tengo un video para ti.- sonrió misteriosamente.

Mientras esperaban a la policía, le mostró el video de su hija bailando con su amiga al ritmo de la canción que su familia y amigos estaban tocando y cantando. Eso la hizo muy feliz, y aún cubierta de sangre y después de esa actuación psicópata, Senku la vio como la mujer más hermosa que habían puesto ante sus ojos.

Ella sintió su mirada y alzó la cabeza, y estaban tan cerca que acabaron con sus narices casi rozandose, con sus ojos fijos en los del otro.

Bajó lentamente la cabeza, tocando su nariz con la suya… hasta que escucharon las sirenas de los policías cercanas y ambos se apartaron rápidamente, evitando mirarse.

Se llevaron a los criminales y Senku y Kohaku volvieron al hotel, después de que ella se hiciera un cambio de ropa.

Supo que su padre, Lillian y sus hermanos cenaron con Kohaku y Tsukiku esa noche, pero no pudo unírseles, demasiado ocupado hablando con Tsukasa y sus contactos en la policía.

Al día siguiente estuvo muy cansado durante las últimas excursiones, pero aun así hizo su mejor esfuerzo por enseñarle a su hija todo lo que pudiera cuando su padre no estaba acaparándola como el entrometido que era.

Esa tarde tuvieron que regresar a Tokio, y durante el viaje en el crucero, mientras Tsukiku estaba con sus amigos, Byakuya lo llamó al otro lado del barco y él se sorprendió cuando lo llevó a donde estaban Kohaku y Lillian esperando. Lo miró sospechosamente, preguntándose qué demonios planeaba ahora.

-Como bien sabrán… el mes que viene es navidad, año nuevo, y las vacaciones escolares de invierno.- dijo Byakuya con una sonrisa que Lillian compartió. —Así que… Lillian y yo estuvimos hablando… y queremos que ustedes y su hija pasen esa época con nosotros, en nuestra casa de campo.-

-¿Qué?- preguntaron ambos a la vez.

-Viejo…- Senku empezó a negar con la cabeza, pero su padre se cruzó de brazos.

-Nos lo deben.- dijo solemnemente. —Los dos nos ocultaron a la niña, una más tiempo que otro…- Kohaku bajó la mirada, culpable. —Además, se lleva muy bien con nuestros niños. Y queremos conocerla mejor.-

-Navidad es una época para la familia, y somos familia.- añadió Lillian. —Por favor… solo serán dos semanas.- los miró suplicante.

Senku suspiró profundamente.

-Pues… realmente no me importaría. La decisión es tuya, leona.- la miró de reojo.

Ella tragó saliva, antes de apartar la mirada, observando el mar que rodeaba el barco.

-Bueno… es verdad que Tsukiku se divirtió mucho con ustedes hoy… Senku me mostró el vídeo.- sonrió suavemente, antes de suspirar exageradamente. —Bien, bien… Ya han sido demasiadas navidades celebrando solo nosotras dos… Supongo que esto le gustará a mi hija.- accedió aunque todavía viéndose no del todo convencida.

Byakuya y Lillian intercambiaron grandes sonrisas satisfechas.

-¡Muchas gracias, Kohaku-chan! No te arrepentirás.- aseguró Byakuya con un guiño.

A pesar de que dijo eso, dos semanas después llegaron las vacaciones de invierno y, apenas llegaron a la casa de campo, Tsukiku fue enviada a compartir habitación con Suika, y cuando Kohaku estaba terminando de instalarse en su habitación, Byakuya de repente arrastró a Senku allí con todo y maletas y le cerró la puerta en la cara.

-¡¿Qué mierda, viejo?!- golpeó la puerta furiosamente.

-¡Olvidé mencionarlo!~ ¡No tenemos muchas habitaciones, así que tendrán que compartir esta! ¡Qué pena, pero ni modo!- lo escucharon ponerle seguro a la puerta. -¡Nos vemos la hora de la cena… o mañana!-

Senku y Kohaku intercambiaron una mirada llena de frustración.

Estas vacaciones apenas estaban comenzando y ya parecían un completo desastre.

Continuara...

Holaaaaaaaaaaaa! :D

Muchisimas gracias por todo su apoyo al fic! Sus reviews me llenan de alegria el kokoro :'D

Realmente me animan a continuar con todas mis ganas!

Espero q este cap les haya gustado nwn

Merezco un review? *w*

Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!