Domingo, 08 de noviembre de 2020
Disclaimer: Este fan fiction está hecho sin fines de lucro, Ranma ½ es una obra de la gran mangaka japonesa Rumiko Takahashi, quien me enamoró con su historia y sus personajes, que me sirven de inspiración para crear otras historias, las cuales no solo me ayudarán a mejorar en mi forma de escribir, o eso espero, sino que tal vez pueda entretener a alguien que me visite por aquí.
Capítulo XIV
Acuerdos e interrupciones
Primera parte
Si dos adolescentes prometidos en matrimonio se dicen "te quiero", "me haces feliz", "te amo", "te extraño" o de más palabras bonitas; es muy natural. Que se traten con motes cariñosos como mi vida, princesa, cariño, mi amor; es lo que se espera. Verlos de la mano, abrazados, acariciándose, besándose tímidos y escondiéndose para estar a solas; sería lo habitual.
Sin embargo, si estos dos adolescentes prometidos en matrimonio son Ranma y Akane, sus muestras de afecto se escapan de las normas fijadas del enamoramiento. Sus familias lo sabían, por eso esa mañana de domingo era muy especial.
El fuerte heredero Saotome de singular trenza azabache junto a su bonita prometida Tendo de cabello corto negro azulado, se habían ido tomados de la mano al teatro Zeami Motokiyo, demostrando su gran paso, que seguro muchos desestimarían; pero era una acción bastante valiosa, sobre todo porque Ranma fue el iniciador y Akane no lo mandó a volar por semejante atrevimiento.
Es por ello que el ambiente del Dojo Tendo se sentía rejuvenecido y lleno de esperanza: el compromiso de los prometidos tenían futuro.
—Querida, debemos hacer algo especial para esta noche —propuso Nodoka encantada.
—Sí, tía —Le sonrió Kasumi.
—¿Y el pequeño P-chan? —preguntó solo para seguir conversando sin preocupaciones serias.
—Se lo llevó Nabiki. Dijo que quería ayudarme a cuidarlo —contestó mientras ponía a la mesa las ollas que necesitarían y no pudo evitar pensar: «Extraño viniendo de ella». A pesar del apacible rostro de la mayor de las hermanas Tendo, aún se encontraba confundida por la actitud solidaria de la regularmente displicente castaña. «¿Estarás tramando algo nuevo, Nabiki? ¿Qué?».
—También debe estar de buen humor —afirmó la joven madre interrumpiendo los pensamientos de Kasumi al mismo tiempo que revisaba el refrigerador para asegurarse de que nada faltara.
—Así es, como todos, tía. Hasta Nabiki, quien no suele ayudar mucho en casa, ha insistido esta vez, y como el pequeño cerdito se pone muy nervioso cuando se cocina, no he visto nada de malo en dárselo —continúo la charla tranquila dejando a un lado sus recientes sospechas.
—Tienes razón, también lo he notado, creo que le teme al filo de los objetos cortantes, el pobre incluso se ha desmayado cuando me ha visto limpiar mi katana.
Se miraron y rieron a la vez. Seguro creían que la mascota de la menor de la casa temía a ser el almuerzo o la cena. Como si alguien lo hubiera intentado alguna vez… Es que ellas no sabían de los pesares del desventurado P-chan.
Y mientras las hermosas mujeres continuaron hablando animadamente en la cocina… En la sala, Soun no podía concentrarse en su juego de shōgi. Su cabeza no podía apartar una idea que le escarapelaba la piel. Necesitaba consultarlo, sino la angustia lo mataría.
—Amigo Genma —Se aclaró la garganta. No era fácil—, ahora que nuestros hijos viajarán y estarán solos —Tragó saliva ¿Cómo hablar de eso para garantizar la inocencia de su hijita más pequeña?—... ¿Alguna vez usted le ha contado a Ranma la historia de La salamandra y la cueva?
—¿Có-Cómo, amigo Soun? —inquirió confundido.
—Bueno, quiero saber si su hijo sabe sobre… sobre… la gran responsabilidad que tienen las abejas con las florecitas. —Desde que vio a su futuro yerno tocar por voluntad propia a su bebé sintió cierto vacío en el estómago que lo tenía preocupado.
—¿Mmm? —Genma pestañó varias y pausadas veces, para variar, no entendía.
El artista marcial moreno entrecerró los ojos. «¿En serio no comprende?», no podía creerlo. Se enderezó aun más en su lugar e intento explicar de nuevo:
—Saotome, Ranma sabe que lo de la cigüeña de París es falso ¿Verdad? Sabe que un verdadero hombre cuida a su doncella hasta de él mismo ¿No es así? —Su gesto endureció y sus ojos ligeramente empezaron a cristalizarse. Le resultaba muy difícil imaginar esa situación ahora que la sentía más real. «¿Dónde quedó mi querido hijo político desinteresado en esos roces?».
—¿Ah? ¡Aaah! Se refería a eso. —Se cruzó de brazos y pareció concentrarse. Su amigo Soun era un exagerado… Pero le pagaba la comida y la casa, así que sentía la obligación de decirle la verdad y "tranquilizarlo".
—Sí… ¿Lo sabe?
—Ja, ja, ja… Pues no. —Comenzó a sudar y se rascó la nuca. «Tampoco voy a mentir ¿No?».
—¡¿Qué?! —El señor de la casa se alteró—. ¡Y no intente echarse una gota de agua fría!—amenazó intuyendo las intenciones del señor de la pañoleta blanca quien no tuvo más remedio que quedarse en su lugar. Aquello era una de las cosas que Soun temía: si Genma no hablaba con su primogénito de… de… de eso… Él se vería forzado a… «¿Cómo lo haré de nuevo? ¿Y con mi bebé?». Recordaba que las experiencias con Kasumi y Nabiki fueron ciertamente incómodas, sobre todo con la segunda que le dejó claro que sabía más que él.
—¡Es que nunca hubo necesidad¡ Él siempre ha estado concentrado en su entrenamiento y… y… «Pero cuando llegamos aquí…» —El padre de Ranma recordó las murmuraciones entre sueños de su hijo… «Maldición». Debía hacer algo para proteger a la pequeña hija de su mejor amigo, casi su hermano—. No se preocupe, Tendo. Me encargaré de esto y Akane estará a salvo.
Quizás los dos hombres, en el fondo, comprendían que un heredero a los dieciséis años era muy precipitado. Solo querían mantener a sus hijos juntos, mas no someterlos a responsabilidades prematuras.
—Me lo promete, Saotome —pidió Soun entre sollozos apretujando las manos de Genma.
—Sí, mi amigo —declaró convencido inspirándole confianza. Claro que haría algo al respecto: le diría a Nodoka que se encargue.
Ryoga ya estaba azul y sentía su cabeza inflarse, pero no saldría de la bañera.
—Por favor, he visto a verdaderos hombres, un niño como tú solo me causa risa. —Nabiki no perdería el tiempo ayudándole a perder su timidez. Lo tomó de la pañoleta e hizo que medio cuerpo del muchacho saliera del agua.
El joven Hibiki tapó sus partes nobles, rojo de vergüenza, como si hubiera necesidad.
La castaña Tendo lo miró alzando una ceja y se alejó un poco para sentarse en el suelo, apoyando su espalda en la pared. «¿De verdad cree que quiero verlo?, qué estupidez», rio burlona.
—Para qué me trajiste aquí. —Se quejó él.
—Quiero que hagamos un trato.
—¿Conmigo? —preguntó extremadamente desconfiado.
—Sí.
—Sé cómo eres. No gracias.
Nabiki se paró, dispuesta a irse.
—Está bien, si eso quieres… le diré a otra persona que cuide de Akane.
—¡Espera! ¡¿Cuidar de Akane!? —Ryoga se paró por la sorpresa y antes de que Nabiki volteara completamente se volvió a esconder en la bañera.
—¿Ahora te interesa? «Todos son tan predecibles».
—Tal vez —dudó—... Explícame de qué se trata.
«Listo, ya aceptó», se dijo Nabiki sentándose en la lavadora y lanzándole una toalla.
—No sé si ya sabes que… nos iremos a una casa de retiro en Ryugenzawa por la obra de teatro, ese lugar es peligroso —disimuló preocupación—… Y mi pequeña hermana muy cándida y testaruda. Seguro yo tendré mis propias funciones y no podré estar a su lado las veinticuatro horas… Sin embargo, sé de alguien que sí podría estar con ella todo el día.
—P-chan —aseveró el joven de curiosos caninos con la suave tela en la cintura.
—¡Bingo! No eres tan tonto como pensaba.
—¡Ja! No soy nada tonto y sé por qué lo haces… Yo también estoy intranquilo.
La segunda hija de Soun se asombró de lo que le escuchó decir, aunque no lo manifestó por fuera. Ella tenía un presentimiento extraño con relación a Blanca Nieves y sus siete enamorados, no estaba segura, pero algo le decía que debía estar muy alerta. Era cierto que no quería dejar pasar una oportunidad así y se arriesgaría por ganar el dinero que estaba en juego. No obstante, su hermana menor estaba también incluida en ese misterioso desafío y necesitaba aliados. ¿Sabría Ryoga algo importante? ¿Qué tanto le habría contado Akane a su mascota confidente?
—¿Y qué sabes que te tiene intranquilo?
—No es obvio, no te preocupes, yo protegeré a Akane del aprovechado de Ranma —declaró con aplomo.
«¿Ranma? Sí que es tonto, no sabe nada». Si por un momento Nabiki pensó que no estaba frente a un niño ingenuo, sino uno listo, al escucharlo "piso tierra"; aún le faltaba mucho por aprender.
—Eeeh, ¡claro! La protegerás de Ranma —ironizó.
—Así es. No dejaré que se le acerque —dijo furioso sin darse cuenta de la burla de la astuta Tendo. No se le había olvidado cómo Saotome había tenido el descaro de tomar la delicada y pequeña mano de su adorada Akane. «No permitiré que se salga con la suya».
—¿Y qué quieres a cambio por este trabajo? —preguntó la chica de liso cabello castaño, segura de la respuesta que obtendría.
—Nada. La seguridad de Akane no tiene precio.
—Qué noble eres, Ryoga. «Lealtad sin costo, definitivamente soy muy lista». No olvides de contarme absolutamente todo en cuanto a mi hermana —puntualizó ella y el joven Hibiki asintió firme con la cabeza.
—¿Crees que haya problemas en que me lleve? —reparó. ¿Dejarían que Akane, una novel actriz sin fama, lleve a un animal solo por gusto propio?
—Tú solo apégate a ella para que tenga pena de dejarte. Si logras que quiera llevar a P-chan, lo llevará, te lo aseguro. En esa obra mi hermanita tiene más poder del que ella misma se imagina. —Le guiñó y sin decir algo más Nabiki salió del baño.
Ryoga apretó los puños ideando alguna forma de que Ranma no interviniera en que Akane lo llevara a Ryugenzawa, sin prestarle demasiada atención a las últimas palabras de su nueva aliada.
Después del susto cuando esquivaron al taxi amarillo y de ayudar a Ryu Kumon, la camioneta Ford Transit gris piedra de la productora de Hiroaki Fukui, que sería la movilidad permanente de Akane y los demás actores de la obra; se estacionó en la puerta del teatro Zeami Motokiyo para que los adolescentes artistas marciales pudieran bajar. Ranma lo hizo primero y sin decir una palabra ayudó a su pensativa prometida; no habían hablado desde que partieron de la clínica.
Hiroaki, quien iba en su propio auto, le entregó sus llaves a uno de los empleados para que lo estacionara y se acercó a su niña bonita para entrar juntos. Experimentó cómo su todavía joven corazón no controlaba sus latidos, eufórico; la tenía a su lado.
Era comprensible cómo se sentía. Quizás el ser humano nunca podría manejar las emociones enamoradas sin importar edad ni experiencia.
—Bonita, agradezco que estés aquí, tu ayuda es importante. Además podremos aprovechar para coordinar algunos aspectos de tu permanencia en Ryugenzawa —dijo tratando de no quedarse viéndola fijamente y de tener una conversación profesional común.
—Gracias a ti, Hiroaki, lo que haces por Ryu es…
—Ya te dije que pierdas cuidado por eso —La cortó—. Me gusta ayudar y, más si lo hago por alguien que me importa.
Ranma los escuchaba molesto, aunque en el fondo sabía que con Akane no tenía motivos porque ella era así: dócil y amable con quien no la provocaba. A pesar de ello… él sentía que algo no estaba bien, sentía angustia; como cuando su prometida era atenta con Ryoga o Shinnosuke y ellos intentaban algo más. Trató de tomarle nuevamente la mano, como en casa, necesitaba tenerla en contacto y halar de ella si era necesario. «Este productorcillo se le acerca mucho». Con la vista al frente movió su mano lentamente y temblando rozó el dedo meñique de ella para… «¡Diablos!». Por más que extendió sus dedos, no halló la conexión que buscaba. «Marimacho», se quejó.
Akane, distraída, al escuchar la última frase de Hiroaki sintió repentinamente frío y se abrazó suavemente. Sin saber ni sentir el rechazo que acababa de protagonizar.
—¡Señor Fukui! —Apenas vio entrar a su jefe, una mujer relativamente joven vestida formalmente lo llamó corriendo hacia él.
—Señorita Tanaka, buen día. —Saludó el productor un poco extrañado por el comportamiento de su secretaria temporal en Nerima; nunca le había levantado la voz.
—Buen día, señor Fukui. Disculpe, ha habido problemas con las telas que eligió para el vestuario y…
—Espere —ordenó con tranquilidad y luego se dirigió a Akane—. Bonita, debo arreglar esto, espérame en aquella sala —señaló a su izquierda un cómodo espacio de espera—. Luego subiremos para encontrarnos con Atsushi. —Hiroaki, frustrado de tener que dejarla y ser responsable, acompañó a su secretaria.
La pequeña Tendo asintió comprensiva y giró para decirle a Ranma que tendrían que esperar, empero él ya se había adelantado y sentado con los brazos cruzados en un sillón unipersonal.
«¿Qué le pasa ahora? Y justo cuando quiero decirle quien…».
—Ranma —Lo llamó resuelta, sentándose en uno de los muebles cercanos a él—, no te lo quería decir antes, pero tal vez puedas ayudarme —El joven Saotome la observó sin hacer más movimientos que con los ojos—, es que… al parecer estuve mucho tiempo inconsciente y es incómodo no saber qué me pasó ayer y por qué desperté en la cabaña de Taro —Si por unos instantes el chico de la trenza quiso ignorarla por haber escapado del contacto de su mano, ahora ya no lo haría, quería escucharla; tenía toda su atención—. Creo que, pero solo lo supongo ¿Está bien?, creo que quien inició esto fue…
—¡Tendo!
Como era de esperarse: fueron interrumpidos.
Mousse, después de servir la mesa para los invitados de Atsushi, salía del teatro un poco decepcionado. Suponía que si Saotome ya no había regresado el día anterior al Nekohanten buscando a su prometida sería porque ya la habría encontrado… Entonces al recibir el pedido del teatro para varias personas, algo dentro de él le había indicado que había una posibilidad de verla. «Quizás vestida como aquel día», pensó con una sonrisa tonta. «¡¿Y qué si no la veo?! Yo tengo a mi Shampoo», recordó. Sin embargo, su presentimiento no falló. Al salir del ascensor un brillo azul llamó su atención, se acomodó las gafas y su boca se dejó llevar al gritar su nombre.
—¿Mousse? —Akane y Ranma lo reconocieron. Él se les acercó e hizo una reverencia hacia ella.
—Me alegro de que estés bien, Tendo —dijo con sinceridad.
La jovencita de bonito cabello corto pestañó varias veces, confundida.
—Sí está bien. Gracias —respondió el heredero Saotome. Lo último que le faltaba: un cegato boquiflojo. No se arriesgaría a que el chico pato contara como lo vio el día anterior y a tener que explicar que en su desesperación, por la desaparición de su prometida, fue a buscarla como un loco corriendo por las calles y tejados gritando su nombre alertando a quien podía para poder encontrarla… Además «¡Qué tiene este que alegrarse por el bienestar de Akane!».
Mousse lo miró mal «¿Qué se mete?».
—Bonita, terminé, vámonos —Hiroaki intervino, dispuesto a aprovechar el tiempo con ella y dejando instrucciones claras para que solucionaran el problema de las calidades y colores de las telas.
—Muchas gracias por preocuparte, Mousse. —Akane también reverenció, verdaderamente agradecida, suponiendo que el muchacho de ojos verdes también sabría de lo que le sucedió. «Puede ser que sepa por Kasumi o Nabiki. ¡Qué amable!», reflexionó.
Se despidieron y Hiroaki guio a los jóvenes prometidos hacia el elevador, notando con ilusión que no se tomaban de las manos ni tenían muestras cariñosas. «¿Será que fingen estando con sus padres?». Era posible, y cada vez su presunción se fortalecía más dentro del aparato en movimiento; ellos ya ni se miraban y estaban alejados.
Al llegar al piso de las oficinas principales, la puerta se abrió mostrando a Taro esperando para entrar al ascensor y bajar.
—Niña —dijo sorprendido de verla tan pronto, aunque nadie notó el pasmo porque manejaba bien su personalidad desinteresada.
Ranma apretó los dientes. «Otro ¿Qué es esto? ¿El teatro de los idiotas? ¿Qué hace aquí Pantimedias?».
El celular de Hiroaki sonó, haciendo que se disculpara para contestar y se alejó unos pasos.
—¿Taro, qué haces aquí? —preguntó la pequeña Tendo, también asombrada, verbalizando el último pensamiento de su exprometido.
—Qué fea forma de saludar —Akane enrojeció ligeramente; no quiso ser grosera—, y más a quien te salvó la vida y te prestó su camisa favorita. —Pegó su cara al de ella enrojeciéndola más. A Taro le gustaban las reacciones de esa chica. Sonrió sin dejar de verla.
—¿Oye boba, no es esa cosa que vi esta mañana en la basura? —Se entrometió Ranma, mintiendo con doble intensión: interrumpir la conversación, ya que no pasó por alto el rubor de su prometida; y minimizar la ¿Ayuda de Pantimedias? «¿Desde cuándo este es solidario con los demás?».
El muchacho de mirada fría se sintió incómodo. «¿Mi camisa en la basura?».
—¡No es cierto! ¡Claro que no la echaría a la basura! —desmintió ella apretando los dientes y con los labios ligeramente abiertos.
Taro sintió un pequeño calorcito agradable en el pecho al escucharla y ver su carita enfadada con el afeminado. «¿La estará guardando?».
—¿Ah, sí? ¡Pues yo vi una horrible camisa tirada! —Trató de insistir el joven Saotome, pero Akane le tapó la boca con más cólera y sus ojos encendidos miraron a Taro «¡Por qué Ranma le engaña haciéndome quedar mal!».
—Es mentira, nunca botaría tu camisa después de lo que hiciste conmigo. Le pedí a mi hermana Kasumi que la lavara para buscarte y podértela devolver —explicó ella, decidida a aclarar el mal entendido. Después de todo, Taro no dejó que se ahogara y la había ayudado a regresar a casa.
En la cabeza de Ranma solo se escuchaba «…después de lo que hiciste conmigo…». Ya no se movió más intentando librar su boca.
—Tranquila, niña, si quieres puedes quedártela como recuerdo de lo que pasamos juntos –dijo el chico de rizos castaños con el propósito de confundir al idiota de camisa roja quien se veía ¿Desolado?
«…lo que pasamos juntos», se repitió el chico de la trenza con todos sus vellos de punta y nuevamente empezó a dudar de su prometida.
Akane era bastante inocente para muchas cosas, no obstante habían cosas que le molestaban, tal vez sin razón, pero le molestaban.
—No —negó con esa mirada castaña y enérgica que le estaba acelerando el pulso a Taro—. Quiero devolvértela.
—Entonces, podemos vernos o puedo buscarte y solos podríamos… —El muchacho de ojos grises trataba de mantener una conversación cómplice con ella, y cada vez que Akane le cortaba de alguna forma lo alentaba a continuar.
—No es necesario estar solos, puedo ir a verte con mi padre o mis hermanas, o si deseas puedes ir a mi casa, ya la conoces, siempre llena de gente.
«Akane es distinta», notó Taro, ella no coqueteaba con facilidad como otras chicas que había conocido. Si la pequeña Tendo intentaba ser indiferente o solo seguía siendo una ingenua, no importaba; su actitud era absorbente. Le tendría paciencia.
—Como tú quieras, niña —dijo con una sonrisa de lado y entró al ascensor.
Cuando el aparato se cerró y los números en la pantalla superior comenzaron a descender, la jovencita peliazul soltó a su exprometido.
—¿Qué fue eso? —peguntó Ranma con cierta molestia en la garganta.
—¿Eh?
—Dijiste "Después de lo que hiciste conmigo" y él "Lo que pasamos juntos", ¿de qué hablaban?
—¿Y de qué más? De lo que me pasó ayer. Espera… ¿Acaso tú…? —Akane ensanchó sus ojos—, ¿sigues con eso? ¿En serio crees que él y yo…? No puedo creerlo.
—Responde y acláralo entonces. —Necesitaba oírla, de verdad lo necesitaba. Ella se apresuró en hablar:
—No recuerdo todo, pero cuando desperté me encontraba en la montaña del Cuervo y Taro estaba…
—Bonita, listo, ya solucioné otro asunto más. Lamento la espera —interrumpió Hiroaki tratando de hacer notar lo importante y ocupado que era.
Siempre era así, nunca podían arreglarse sin contratiempos y entrometidos. Ranma gruñó, frustrado se alejó de ellos.
Akane vio cómo Ranma desaparecía por las escaleras. Tenían que terminar de hablar aunque lo obligara. Se dispuso a ir detrás de él.
El productor la detuvo sosteniéndola de la muñeca.
—¿Pasa algo, bonita? Tienes que reunirte ahora con nosotros. —La voz del productor sonó ligeramente autoritaria y seria. «No más interrupciones», pensó sin importarle que el prometido de su niña bonita se había ido.
Y es que el dramaturgo no se imaginaba las continuas intermisiones que ellos siempre tenían que soportar.
Akane vio la mano de su jefe cerrada sobre su muñeca, luego movió sus ojos hacia las escaleras vacías. «Rayos». Observó a Hiroaki demandante y le contestó:
—No pasa nada… ¿Demoraremos mucho? —Ella sabía que debía respetar su nuevo trabajo y que «Ranma es un tonto», empero deseaba que el tiempo pasara rápido para poder conversar con él; no le gustaba que sus amigos pensaran mal de ella, mucho menos Ranma.
—No lo creo, ¡vamos! —La alegría de Hiroaki revivió, no solo disfrutaría un rato de su niña bonita, también lo haría sin el niñato con suerte cerca de ellos. «¿Qué les habrá pasado? ¿Podría ser que realmente no se quieran?», meditó con esperanza. Hizo que Akane le tomara del brazo y caminaron a encontrarse con Atsushi.
El joven Saotome bajaba las escaleras retumbándolas a cada paso.
—¡Maldita sea! Akane no se cansa de torturarme.
Así se sentía: torturado. Tener una hermosa prometida, por más que no se lo dijera directamente, le resultaba un martirio. No podía perderla de vista con facilidad, los depredadores siempre estaban al acecho, esperando un mínimo descuido de parte de él para intentar quitársela. Agradecía que ella fuera una marimacho que no se diera cuenta de la sabrosa presa que resultaba; eso ayudaba un poco. «Tonta presunciosa».
Llegó a la planta de salida y continuó caminando con fuerza ¿Qué debía hacer ahora? ¿Buscar a Taro y escucharlo a él primero? ¿O ir con Ukyo para que le diera más pistas del chico que le dijo que estaba con su prometida? Mejor iría a que Mousse le confirmara si Shinnosuke seguía buscando a Akane… Y si fuera así «¡¿Qué narices hace buscándola?!». Por otro lado Ryu ocupando la mente de la boba sentimental y Ryoga que no paraba de entremeterse entre ellos… Se sentía agotado.
Un momento… si la pequeña Tendo era una presa tonta y presunciosa… ¿Qué acababa de hacer?
—¡Maldición! ¡¿Cómo la dejo sola?!
Y con el depredador más viejo.
Corrió de regreso. ¿Ahora cómo se presentaría de nuevo ante ella? ¿Se sentiría importante la muy presumida y notaría su preocupación? Detuvo su andar, dudoso y orgulloso. Se volteó de nuevo para salir del teatro; no le daría gusto.
Antes de pasar las puertas de cristal y madera que daban a la calle, vio una gran propaganda de Blanca Nieves y sus siete enamorados con su preciosa prometida mordiendo una manzana. Giró nuevamente. No había remedio; a lo mejor Akane era una presa tonta y presunciosa, pero «Es mi presa».
—¿Deseas algo más, mi amado esposo?
Hace no mucho, estas palabras le sonaban y le hacían sentir bien. «Creo que ahora no quiero ni oírlas».
—No —respondió escueto y confundido por sentir molestia a pesar de todas las atenciones que le brindaban, ya no solo sus seis artistas dioses marciales, ahora también su cónyuge.
Los jóvenes esposos se encontraban en su alcoba dentro de la gran aeronave de madera en algún lugar del mundo, disfrutando de la suavidad de su cama y de la paz de su pequeño reino.
Él dejó sus palillos dorados, los que ella le había regalado el día de su boda, encima del velador acomodándose para dormir. Ese era el último movimiento del día, el que indicaba que podía cerrar los ojos para después despertar al alba y seguir recibiendo más cuidados.
Ella abrazó a Kirin, muy fuerte, su alegría era inmensa. Su príncipe, ahora su rey, pese a todo la había elegido. «Soy tan afortunada».
—Entonces… ¿Lychee puede descansar tranquila? —preguntó presta.
«¿En serio tiene que consultarme eso también?».
—Si te dijera que "no", que todavía necesito… no sé… cualquier cosa, ¿dejarías tu confortable posición para obedecerme?
—¡Por supuesto, mi rey! Siempre ¿Cuándo no te he obedecido? Yo por ti haría lo imposible —Se levantó, dando por hecho sus palabras.
El actual rey Kirin vio a su complaciente y hermosa esposa al pie de su cama, dispuesta a cumplir cualquiera de sus deseos. Se sintió asqueado ¿Quizás de él mismo? No soportaba que lo trataran como un inútil, como si él fuera incapaz de realizar la actividad más sencilla, como si en vez de rey fuera un desafortunado muchacho parapléjico. ¿Acaso ser el líder de Los Siete Dioses De La Suerte significaba eso? ¿Ser venerado y servido hasta el final de su vida? «¿Aborrezco la fortuna que me rodea?», meditó contrariado.
—Échate, Lychee. No quiero nada —dijo con desgana, girando en su cama, dándole la espalda.
—Está bien, mi amor. —Ella se colocó nuevamente a su lado y volvió a acercarse para sentir su agradable olor.
Siempre era igual. Desde su unión matrimonial no recordaba contradicciones de parte de su esposa, acataba su voluntad sin siquiera mostrar una ligera mueca de disgusto. «¿Dónde está su amor propio? ¿Sus ganas de vivir su propia vida?».
El joven rey sentía que quería a Lychee, o por lo menos lo había aprendido en su aún corto tiempo de casados; pero a veces… ¿Ya no la soportaba? No estaba seguro. Eso sí: no la entendía. ¿Qué opinaba ella en verdad? ¿Por qué nunca le daba a conocer su parecer? ¿Por qué le decía "sí" a todo por más que él intencionalmente le soltaba alguna descabelladura? ¿Era feliz sometida a su lado? Efectivamente parecía contenta… Sin embargo, ¿cómo era posible aquello? Si lo único que hacía era vivir para él ¿Así lo amaba? ¿Era amor lo que sentía? ¿Qué era lo que tenían? ¿Dónde queda el equipo que representa un matrimonio? ¿Cómo podían trabajar juntos en las decisiones importantes de su reino si ella no juzgaba y solo estaba absurdamente de acuerdo con todo lo que él decía y le asentía sonriente, cegada?
Cómo extrañaba el juicio femenino… Aunque lo disfrutó por cortísimo tiempo.
La osadía en sus bellos ojos marrones y los brillos caramelo dando su sincera opinión los guardaba y los guardaría en su corazón hasta la muerte.
«Akane… ¿Cómo hubiera sido si me llegaba a casar contigo? ¿Sentirte a mi lado cada noche? Acariciarte y besarte por el resto de nuestras vidas».
La jovencita de cabello negro azulado, la única que se le enfrentó sin vacilar, aquella niña dos años menor que él, la de particular gastronomía, la que le negó su compañía; aún aparecía en sus pensamientos y en sus sueños, como un respiro para alejarse de su vida insufriblemente llena de obediencia. «Akane, sin tan solo no te hubiera dejado ir por un maldito pergamino que terminó uniéndome a alguien que no conocía». ¿Y acaso a la pequeña Tendo la conocía? No, pero… «La electricidad que sentí al tenerte cerca y respirar tu embriagador aroma, observar la suavidad de tu piel y tus labios rosas… No la he vuelto a sentir».
—Lychee, ¿estás despierta?
—Jamás podría dormir hasta sentir el apacible respirar de tu sueño.
—Tks. Deberías dormir cuando quieres hacerlo.
—Eso es lo que hago, mi amado. Yo quiero dormir cuando tú lo hagas.
Kirin respiró profundo, calmándose ¿Siempre sería así? ¿Ella nunca intentaría hacer algo que no dependiera de su voluntad?
—Necesito irme —anunció firme.
—¿A dónde? —La joven esposa le prestó más atención sin perder su temple, se levantó un poco para observar su perfil.
—Lejos.
—¿Deseas que te acompañe?
—¿Lo harías?
—Solo si tú quieres. —¿Por qué actuaba así? ¿Solo si él quería? ¿Y qué quería ella?
—Entonces quiero ir solo —contestó un poco irritado.
—Está bien, mi rey.
—¿Qué? Así, sin más. ¿Sin intentar persuadirme a que me quede a tu lado? —Sinceramente no la entendía. Ella decía amarlo y que no podía vivir sin él, mas no pensaba mover un dedo para acompañarlo.
—Si quieres irte, te comprendo, mi amor. Solo te pido que te cuides.
El joven esposo se puso de pie, molesto por los ánimos sin vida de Lychee. Abrió el baúl que reposaba a lado de un librero y sacó sus palillos chinos ancestrales de bambú.
—Dormiré en otra habitación y mañana partiré temprano. —Caminó a la salida de su habitación con ansias de libertad.
—Es necesario que vayas. Debes convencerte —declaró la reina decidida, antes de que Kirin la dejara sola.
—¿De qué hablas? —Volteó a verla; confundido.
—De la chiquilla sin linaje —afirmó con paciencia—. Lychee te ama y no es tonta.
La miró entrecerrando los ojos queriendo comprenderla.
—Sé que quieres verla, a pesar de que ella no te aceptó y prefirió a su prometido.
La afirmación lo tomó desprevenido. Y sintió ira al escucharla.
—Eso no es cierto. Akane se quedó con ese idiota porque pensó que yo no la quería por mi error al tomar el rollo con la última técnica antes que a ella.
—No, mi amado. Tendo Akane se quedó en Japón porque su corazón ya está ocupado por Saotome Ranma.
—¡Ya dije que no es cierto! ¡Él no es digno de ella!
—Debes saber la verdad, querido. Por eso estoy de acuerdo que vayas y te convenzas. Ella es de él y yo soy tu destino. —Le sonrió apacible.
—Ya lo veremos. —Harto de su docilidad y falta de emociones salió tirando un portazo.
Si estaba convencido de algo, era que su matrimonio no significaba más que un formal acuerdo, una obligada aceptación de sus tradiciones y leyendas. Lo que él y Akane habían tenido era sumamente diferente, porque ella se preocupó por él sin conocerse lo suficiente y había aceptado su propuesta de matrimonio deslumbrándolo vestida de novia. Seguro se habrían casado si no hubiese sido por el entrometido muchacho de trenza azabache.
La joven reina se quedó sentada sobre su cama, tranquila, ideando la fiesta de bienvenida que le prepararía a su querido esposo para su regreso.
Y si él no regresaba… Conocería a la verdadera Lychee.
—Yo soy tu destino, Kirin —repitió con extrema seguridad.
Se levantó de la cama y vistió su bata de seda blanca. Tenía que preparar el equipaje de su equivocado rey.
Continuará…
Notas de autora:
¿Holi? ;D, ¿hay alguien por ahí?
Lamento el tiempo transcurrido desde la última actualización de mi ficcito :'(, solo diré que pasó algo que me entristeció mucho y no tenía ánimos de disfrutar ni de los pequeños placeres de la vida; sin embargo, aunque no lo merezca, el tiempo va calmando las penas y los sentimientos vuelven a organizarse :).
Disculpen si los posibles errores que encontraron les fastidiaron la lectura :(, trato de evitarlos, pero a veces se siguen escapando.
Muchísimas gracias si leyeron "Acuerdos e interrupciones (primera parte)", como ven Ranma y Akanita seguirán con su plan de compromiso, el cual alegrará a algunos, fastidiará a otros y pondrá los nervios de punta, esto último sobre todo a Soun XD. A mí me parece que el señor Tendo y Genma son muy graciosos y exagerados en ciertas situaciones como la que intenté escribir en este capítulo donde trataron de hablar de la sexualidad responsable de sus hijos, me divertí haciéndolo n.n.
Ryoga y Nabiki se han puesto de acuerdo para cuidar de Akanita, los prometidos siguen sin poder aclarar el mal entendido de la camisa, Kirin ya llegó, las vidas de nuestros artistas marciales se van uniendo en esta nueva aventura teatral y de verdad espero seguir contando con su apoyo para continuar con mi ficcito ;D.
"Pisar tierra" es una locución verbal que en mi país significa ver con claridad las dificultades sin engañarse.
Ya saben, si no es mucha molestia escríbanme: críticas, sugerencias, gustos, disgustos y/o todo lo que quieran escribirme para mejorar mis ideas y escritura supernovel.
GRACIAS Y VIBRAS POSITIVAS EXTRAS A: Tear Hidden, Rosali Leon Huamani, hinatacris, Niomei, Megami Akane, Maya Shapyro (x2), Alexandraaa, Benani0125, A.R Tendo, Lucitachan, Betcy Morales, Ivonne Bracero Hidalgo, SARITANIMELOVE, Valetomlavy, KillarySlayer, Alexandraaa4, Marisol Salinas.
Cada esperada palabrita suya es importantisimísima para mí, me anima un montón, es muy especial lo que siento con sus comentarios *.*, si pueden no dejen de hacerlo, de verdad muchas gracias (abrazos, besitos, corazoncitos azules) n.n.
Si tienen cuenta FF NO OLVIDEN REVISAR SUS INBOXS, siempre trato de responderles y seguir agradeciéndoles por ahí n.n. No lo hago por aquí porque parecería otro capítulo, ji, ji, ji n.n. Y a quienes no tienen cuenta, por favor sepan que leo con mucha ilusión cada uno de sus comentarios, gracias por su amabilidad en escribirme ¡Les deseo lo mejor! :D
¡Cuídense muchísimo! Paz y amor para sus vidas. Hasta pronto n.n.
StaAkaneFan.
