N/A: A partir de aquí los relatos siguen con las palabras del fictuber 2020.
12
Veneno
Debía admitir que le daba miedo a veces. Tenía una mirada demasiado pesada que le ponía los pelos de punta cuando estaba dirigida a él, una mirada bastante aterradora para sus escasos diez años. Más si le sumaba esa peligrosa sonrisa a la que nada se le podía negar.
—Vamos, papá, debes probarlo.
Draco miró a la pequeña rubia de pie junto a su mellizo, como si tener que probar un "pastel" preparado por su hijo más extraño no fuese ya muy sospechoso, en especial después de haberlo encontrado husmeando en su laboratorio de pociones semanas atrás. Tomó la rebanada que el niño le ofrecía en su plato favorito, ese decorado con un brillante fénix rojo justo en el centro, nunca le prestaba su plato a nadie, lo cual hacía todo más sospechoso si cabía.
—Papá, vamos, come ya —apresuró Athenea.
—Sí, papá, ni que le hubiera puesto veneno —dijo Diker con ironía, ¿tenía la edad para siquiera saber qué era la ironía?, igual la sonrisa de inocencia seguida a sus palabras no auguraba nada bueno.
—Está bien, vamos a ver —accedió finalmente, tomando el plato y la pequeña cuchara a juego.
Ambos niños abrieron los ojos, expectantes a su reacción. Tomó un poco y se lo llevó lento a la boca, cerrando los ojos sin querer saber qué podría pasar. Los masticó y tragó aún sin ver. Hm, sabía bien, ¿era de fresa? Dos agudas risas estallaron al unísono, Draco abrió los ojos de golpe, se miró y toco la cara sin descubrir qué era lo divertido.
— ¡Oh, por Merlín, niños! ¿Qué le hicieron a su padre? —escuchó a Granger gritar desde la entrada a la sala.
— ¡¿Qué?! ¡¿Qué pasó?! ¡¿Qué tengo?! ¡Por Salazar, Granger! ¡DIME QUÉ ME HICIERON! —gritó el rubio mayor, escandalizado y levantándose del sofá, en busca de un espejo.
—Oh, mi error, no es nada, esa arruga en tu frente es sólo por tu vejez —respondió la castaña, rozando su pálida frente, con una sonrisa divertida en su rostro.
—No es divertido.
—Claro que sí.
—Y no soy viejo.
—Sólo un poco.
—Igual así me amas —la tomó de la cintura.
—Sólo un poco —sonrió más, a lo que siguió un beso entre ambos.
Y un "ewww" por parte de sus pequeños mellizos que los miraban desde abajo.
