Capítulo 33
Te estaba esperando
Viernes 4 de Julio.
No conseguía relajarse.
Quinn daba los últimos retoques a su vestuario, asegurándose de que todo estaba en perfectas condiciones y el vestido lucía impoluto.
Apenas había conseguido mantener los nervios controlados durante todo el día. Unos nervios que a punto estuvieron de obligarla a tomar el teléfono, y anular la cita que tenía con Rachel aquella misma noche. Pero no fue capaz de hacerlo.
Para colmo había estado a solas casi toda la tarde.
Rebecca había abandonado el apartamento, alegando unos asuntos que solucionar, y a esa hora, casi a las 20:00 pm, apenas media hora antes de la cita, aún no había dado señales de vida.
Quinn tuvo que ducharse a solas, vestirse y peinarse, pero había algo que necesitaba de la morena y no podía soportar más la espera.
—Rebecca —espetó dirigiendo el teléfono a hacia sus labios.
Los tonos comenzaron a sonar, pero en el tercero, la llamada se cortó.
Rachel abría la puerta del apartamento en ese mismo instante, y optó por no aceptar la llamada.
—¿Quinn? —preguntó alzando la voz.
La rubia suspiró. Había comenzado a maldecir que le hubiese cortado la llamada, y escucharla entrar en la casa, supuso un gran alivio.
—Estoy en mi habitación —respondía—. ¿Puedes venir?
—¿Se puede entrar? —cuestionó tras la puerta. Rachel dudó. Volver a entrar en su habitación sin saber lo que le esperaba, era sentir como el alma se encogía en su interior.
—Tranquila —respondía sonriente—, estoy vestida.
—Ok, entonces entro. Dime…que…. —se detuvo. No pudo evitarlo. Fue verla vestida para la ocasión, y sentir como todo a su alrededor se detenía.
Era sencillo. El vestido que Quinn había elegido aquella noche, era veraniego y apenas se alzaba un par de centímetros sobre sus rodillas. Blanco, con un sencillo cinturón más oscuro, mientras que su pelo suelto, ligeramente ondulado y con una diadema sujetándolo, le daban el aire encantador que y un tanto snob de la Quinn Fabray del instituto.
Aquella era la misma Quinn Fabray que ella había conocido. No había motivos hippies en su vestimenta aquella tarde en la que ambas iban a volver a encontrarse, y en la que Quinn, parecía haber tomado la decisión de volver a ser quien era.
—Ok, estás guapísima, Quinn —musitó provocando la sonrisa tímida en la rubia.
—Gracias. Hace tiempo que no me pongo este vestido, espero que no me quede mal.
—¿Mal? Dios Quinn, eres la chica más linda que he visto en mi vida.
—Espero que no seas la única persona que me lo diga hoy.
—¿Tienes una cita? —cuestionó procurando sonar distraída.
—Eh... No, solo una cena con los chicos del hotel —mintió provocando la curiosidad en Rachel.
—Oh. Ok, eso está bien —se acercó—. ¿Necesitas algo? He visto tu llamada, pero estaba entrando y me ha parecido absurdo responderte.
—Sí... Ya, ya me he dado cuenta. Necesito, necesito que… ¿Te importa, te importa maquillarme un poco? —preguntó un tanto indecisa.
—¿Te vas a maquillar?
—Eh... bueno, si tú puedes ayudarme sí. Si no, me temo que no.
—Ok, yo te maquillo... Pero si me permites que te diga algo, no es necesario.
—¿Cómo? —cuestionó al tiempo que la invitaba a que la siguiera hasta el baño.
—Bueno, eres de las únicas, por no decir la única, persona que conozco que no necesita maquillaje para tener mejor cara. Así que... podrías ir perfectamente sin hacerlo —respondía siguiendo los pasos de la rubia hasta el baño, dónde Quinn ya tenía preparado su maquillaje.
—Bueno, gracias por el halago, pero hoy me apetece prepararme un poco. Tampoco es algo llamativo, solo, solo quiero estar… Sentirme bien. Lo siento, estoy un poco nerviosa —se excusó tras el leve tartamudeo que la aquejaba, y Rachel se sorprendió.
Que Quinn estuviera nerviosa por quedar con ella misma, era algo que no lograba asimilar. Se estaba tomando unas molestias que ella no había ni siquiera pensado.
Rachel había utilizado la tarde para preparar toda la cena y el regalo que estaba dispuesta a entregarle, pero no se detuvo a pensar en nada para ella. Su vestimenta, iba a ser un simple pantalón y una ligera camiseta, dejando a un lado todo el glamour que se supone tenía que llevar en una cena en el Four Seasons.
No le importaba. Lo único que tenía perfectamente preparado fue su pelo.
No tenía ni idea de lo que podía suceder entre ellas, pero tenía claro que no iba a marcharse de esa cita sin poder dar un abrazo a Quinn, ya fuese como saludo o despedida, y para ello, tenía que asegurarse de que la rubia no se percatase de la longitud de su melena.
Un postizo era la mejor solución.
Una simple coleta, que, gracias a esas extensiones, parecía tener la longitud que ella siempre había mantenido en su pelo.
No necesitaba más para aquella noche. Ya estaba todo perfectamente preparado, pero Quinn, si parecía querer sentirse especial. Y sin duda, lo iba a estar.
—Ok. No te preocupes, yo te ayudo.
—Solo algo sencillo... Un poco de base y algo de rubor... ¿De acuerdo? —espetó adentrándose en el baño.
—Ok.
—¿Me siento?
—Eh... no, no es necesario.
Quinn terminó de pie, apoyándose sobre el lavabo donde permanecía su set de maquillaje, y Rachel no dudó en llevar a cabo la petición.
—¿Vas a volver tarde? —preguntaba al tiempo que comenzaba a dejar el producto sobre el rostro de la rubia, con pequeños y suaves toques.
—No, no lo creo... ¿Por? ¿Tú no vas a estar aquí?
—Eh... sí, supongo que sí.
—¿No tienes planes? Me sabe mal marcharme y dejarte aquí sola esta noche.
—No te preocupes, no pasa nada. Es otro viernes más.
—No... Hoy es un viernes especial, es 4 de Julio.
—¿Celebras el 4 de Julio?
—No, solo... Bueno, me gusta brindar y ver los fuegos artificiales.
—Ah, bueno eso está bien... ¿Puedes agacharte un poco? No veo bien si el maquillaje está perfectamente extendido.
Quinn accedió a la petición de la morena, y rápidamente se inclinó un poco hacia ella, permitiéndole una mejor visión de su rostro. Y volvía el colapso en la morena. Volvía aquella sensación por culpa de la extrema cercanía que había tomado Quinn con ella.
Apenas las separaba un palmo. Tenía su rostro a escasos centímetros de ella, y volvía a sentir que no conseguía mantener el control de su cuerpo, ni de sus deseos, a pesar de odiarse cada vez más por todo lo que llevaba a cabo.
—No pienses... No pienses —susurró de manera imperceptible, tratando de calmarse y terminar de maquillar a la rubia. Sin embargo, Quinn si pudo oír parte de esos pensamientos que se volvieron palabras en el aliento de Rachel.
Sonrió.
Sabia de la necesidad de la morena por no caer en la tentación que ella misma suponía, y se sentía bien. Se sentía bien porque esos mismos sentimientos le dejaban claro que no mentía cuando la rechazó, y que sí se sentía atraída por ella.
—Rebecca —susurró—, no es necesario que me maquilles más, solo un poco de rubor. ¿Ok?
—Ok... ok —tartamudeó al tiempo que cambiaba la pequeña esponja por un pincel, y esparcía con sutiles toques, el polvo rosado que terminó iluminando las mejillas de la rubia— ¿Barra de labios?
—No... Voy a cenar, y si no voy a poder retocármelo, prefiero no llevar.
—Ok, de todas formas, lucen perfectos.
—Supongo que con mi pequeño truco será suficiente —le dijo sin apartarse, provocando la curiosidad en Rachel.
—¿Qué truco?
Un pequeño mordisco.
Quinn no necesitó mas para responder a Rachel, que un simple y pequeño mordisco en sus labios, para lograr que el rosado se hiciera más intenso en ellos. Y el rubor, se apoderase de Rachel, que a punto estuvo de perder la escasa cordura que le quedaba.
—Buen, buen truco, sí. Y ahora será mejor que salgamos de aquí —masculló tratado de mantener el pulso, y Quinn sonrió divertida. No podía verla, pero lograba imaginar cada gesto de su cara cada vez que la provocaba de alguna manera. Aunque fuese de la forma más sutil y simple.
—Cierto —le dijo siguiendo sus pasos—. Será mejor que yo también me marche, o voy a llegar tarde.
—Ok... ¿Quieres que te acompañe?
—No, no es necesario, solo tengo que ir al hotel.
—Ok. De todas formas, voy a bajar contigo. Quiero ir a comprar galletas al Brooklyn para tener postre.
—Oye, ahora que lo mencionas —volvía hasta su habitación dónde recogía un pequeño bolso—. María me dijo ayer que iban a organizar una fiesta esta noche, igual te interesa y pasas un buen rato.
—¿Estuviste con María ayer? —ignoró el ofrecimiento de la fiesta.
—Sí —se detuvo junto a la puerta—. ¿Vienes?
—Eh... sí, vamos —respondía siguiendo sus pasos tras coger una chaqueta—¿Estuviste tomando café con ella? —volvía a cuestionar.
Que Quinn estuviese con María, no le habría resultado llamativo si no fuese porque María ya conocía su secreto, y a pesar de haberle prometido guardarlo, no conocía a aquella chica ni sus intenciones. Y de pronto, la duda acerca de la repentina llamada de Quinn para quedar con ella, comenzó a rondar por su mente.
—Sí, tomé café. Me gusta hablar de vez en cuando ella, me hace bien —respondía sin darle importancia.
—Ok —susurró al tiempo que ordenaba al ascensor a descender hasta la planta baja.
Sus pensamientos no dejaron que se percatase de la seriedad que mostraba Quinn tras aquella pregunta, y aquel silencio posterior.
Quinn también dudaba.
Mencionar a María le hizo recordar dónde iba exactamente, y con quien iba a encontrarse. Y la extraña y loca idea de un supuesto encuentro entre Rachel y Rebecca, comenzó a rondar por su mente.
¿Qué pensaría Rachel si conociese a alguien que tiene exactamente su voz, su forma de expresarse y sus palabras? Por no hablar de sus besos.
—Oye, ¿sabes qué? Igual si es buena idea que me acompañes —musitó Quinn y Rachel supo que algo rondaba por su mente.
—Eh... ok... ok, te acompaño hasta el hotel.
—Genial —respondía sonriente.
Aquello era una completa locura, pensó Quinn, pero tenía que tentar a la suerte. Un encuentro entre las dos únicas chicas que habían logrado algo en ella, era bastante tentador.
Rachel trataba de tranquilizarse. Solo tenía que acompañarla, esperar unos minutos y largarse de allí para entrar en el hotel sin que Quinn lo descubriese.
Los chicos de recepción ya habían recibido las órdenes de la morena para cuando llegase Quinn, pero que la vieran junto a ella no era la mejor de las ideas.
—¿Vas a esperar aquí? ¿Wn la puerta? —cuestionó al ver como Quinn se detenía justo en la entrada.
—Eh... Sí, tienen que llegar aún y...
—Hey... ¿Dónde va la parejita? —María interrumpía la conversación de ambas sorprendiendo por completo a Rachel, que no la vio aparecer.
—Hola María —respondía sonriente—, ¿qué tal?
—Bien —lanzó varias miradas a la morena, que permanecía cabizbaja—. Voy para el Brooklyn, ya mismo empieza la fiesta y aún hay cosas que preparar.
—Genial, precisamente hablábamos de ti. Rebecca no tiene planes para esta noche, y le he dicho que puede ir a tu fiesta.
—Ah... claro, estás invitada —se dirigió a la morena, que se limitó a sonreír—. ¿Y tú dónde vas? —preguntó a Quinn.
—Tengo una cena —trató de disimular—. ¿Recuerdas... recuerdas lo de ayer? —titubeó.
—¿Lo de ayer? No ¿Qué era lo de...? —se detuvo al recordar la llamada de teléfono que Quinn hizo por culpa de su insistencia— Ahh... Es tú ci... —miró a Rachel que observaba la escena entre ambas completamente confusa.
Un gesto, un sencillo y simple gesto por parte de María hacia Rachel, le dio la respuesta que había comenzado a intuir.
—Ammm... perfecto entonces —respondía a Quinn sin apartar la mirada de Rachel, que mantenía un pulso con la chica— Pues... espero que todo salga bien.
—Yo también lo espero. Si sale mal...
—Si sale mal, avísame —la interrumpió mientras Rachel empezaba a lamentarse por toda la situación—. Haremos algo para vengarnos —añadió, esta vez desviando la mirada hacia la rubia—. Será mejor que os deje, seguro que ya te esperan.
—Ya me contarás que tal la fiesta —sonreía completamente ajena a la tensa situación que se había producido.
—Por supuesto, pásate por la cafetería mañana y te cuento... ¿Ok?
—Ok.
—Cuídate Quinn —se despidió con una leve caricia sobre el brazo de la rubia, que respondía con una sencilla y sincera sonrisa—. Tú también, Rebecca —añadió dando énfasis al nombre de la morena—, y ya sabes, si no tienes nada que hacer, vente al Brooklyn.
—Lo haré —respondía segundos antes de ver como la chica ya se alejaba sin apartar la mirada de ella—. Sin duda lo haré —susurró casi con un lamento.
—¿Qué sucede? —cuestionó Quinn tras esperar un tiempo prudencial para asegurarse de que María ya no podía oírlas.
—¿Qué sucede?
—Sí, María estaba más sarcástica de lo normal, y tú apenas has hablado. ¿Ha sucedido algo entre vosotras?
—Eh... no, no —respondía rápidamente—, para nada. Está todo bien.
—¿Segura?
—Eh... sí, completamente segura
La primera situación delicada de la noche se dio en ese inesperado encuentro con María, que tras descubrir que ambas habían quedado para cenar, y Quinn no tenía ni idea de quien era aquella chica, no dudó en amenazarla con sutileza, y dando motivos suficientes para que Quinn sospechase que algo sucedía. Definitivamente, aquello le iba a traer consecuencias, pero de nuevo el destino, el Karma o lo que quiera que fuese que cuidase de Rachel en aquella locura, volvía a aparecer en el mejor momento.
Una llamada.
El teléfono de Rachel sonaba con un número desconocido que no aceptó, pero que le sirvió para mantener una fingida conversación con un supuesto amigo que necesitaba de su ayuda en aquel mismo instante, haciendo creer a Quinn que se tenía que marchar rápidamente.
—Lo siento, Quinn —se disculpó tras fingir una despedida con la llamada—, pero me tengo que ir ya.
—Ok, no te preocupes. Los chicos deben estar dentro. ¿Está todo bien?
—Sí, bueno... es mi amiga... ¿Recuerdas que te dije que iba a venir la semana que viene? —recordó la llamada de Britt como coartada— Pues al parecer ha llegado hoy y quiere que quedemos, porque mañana se vuelve a ir.
—Ah... ok, perfecto... Bueno, al menos vas a tener algo que hacer esta noche.
—Sí, de todas formas, tendré mi teléfono conectado —no mintió. Rachel dejó que el teléfono estuviese con línea, solo se limitó a silenciarlo y guardarlo en su bolso para así evitar que una nueva llamada destrozase todos los planes de aquella noche—. Si necesitas algo, llámame... Y si ves que no acepto la llamada, no te preocupes, yo te llamo enseguida.
—Ok. No creo que sea necesario, pero lo tendré en cuenta... Pásatelo bien.
—Gracias. Tú también. Disfruta de éste 4 de Julio —respondía a modo de despedida.
—Ciao, Rebecca —espetó al tiempo que se adentraba en el hotel.
La morena esperó varios minutos.
Quinn accedía al hall del hotel y rápidamente, un chico se acercaba a ella saludándola de forma efusiva.
Era su momento. Apenas llamó la atención en el inmenso hall de recepción.
La morena aprovechó el momento de distracción del chico, más concretamente el botones de aquel hotel, para colarse en el interior del lugar y acceder al ascensor que la iba a llevar hasta su objetivo.
—¿Qué haces aquí? —cuestionó el chico tras abrazar a la rubia.
—He quedado con una amiga. Vamos a cenar.
—¿Una amiga? Pregunta en recepción, ésta tarde oí que te mencionaban y puede que sea por eso.
—Sí, voy a ver si...
—Hey Quinn —la voz de una de sus compañeras la detuvo justo antes de llegar al mostrador de recepción—. ¿Qué haces aquí?
—¿Elisa?
—Sí, ¿qué tal estás?
—Pues bien, precisamente hablábamos de ti —le dijo.
—Eli, Quinn dice que ha quedado a cenar con una amiga aquí en el hotel.
—Oh… ¿Así que eres tú la chica misteriosa? —cuestionó divertida la recepcionista.
—¿Misteriosa?
—Si. ¿Tu amiga es una tal Rachel Berry?
—Ajam…
—Me dijo que vendría alguien preguntando por ella. Supongo que esa chica eres tú.
—Eh sí, si soy yo —respondía un tanto nerviosa—. ¿No ha llegado aún?
—Sí, acabo de cruzarme con ella en el ascensor —le dijo, y Quinn sintió que el vuelco que le dio el corazón, pudieron sentirlo en toda la recepción. Mientras un nudo comenzaba a aprisionar su estómago—. ¿Te acompaño? —preguntó.
—¿Acompañarme? ¿No está en el restaurante?
—No... Ha reservado una habitación. Es una cena de negocios, ¿no es cierto?
—Eh... Sí —titubeó—, sí... De negocios.
—Ok, te acompaño yo —espetó lanzando una mirada al chico, que, tras volver a saludar a Quinn, se despedía de ella y las dejaba a solas.
—¿Qué habitación es? —cuestionó tras notar como la chica entrelazaba su brazo con el de ella. y la invitaba a caminar hacia el ascensor.
—Tú amiga es importante. ¿No? —bromeó— No ha escatimado en gastos.
—¿Cómo? ¿Qué habitación ha reservado?
—Una deluxe.
—¿De veras?
—Sí, si vieras las caras de Jane y Sarah cuando vino esta tarde para darnos las directrices.
—¿Directrices?
—Sí, pasos a seguir, ya sabes... Como los típicos actores que vienen y ponen muchísimas trabas para evitar que nadie sepa que están aquí.
—Ya... bueno, ella es actriz, supongo que habrá aprendido bien eso de exigir —respondía cada vez más nerviosa.
El ascensor acababa de avisarles que ya estaban en la planta adecuada. Solo había tres plantas más superiores, y en cada una de ellas se encontraban las habitaciones más caras del hotel hasta llegar a la Suite presidencial, con un costo de 10.000$ la noche.
Evidentemente, Rachel no había gastado tanto dinero en su reserva, pero la habitación elegida, casi llegaba a los 500$ la noche, algo que sorprendió muchísimo a Quinn, quien solo esperaba una cena en el restaurante del hotel.
—¿Es importante?
—Sí, muy importante.
—Se te nota, estás temblando —le dijo la chica regalándole una pequeña caricia en el brazo—. Espero que esa chica no venga a contratarte para otro hotel.
—No tranquila, no pienso moverme de aquí —espetó tratando de relajarse.
—Pues no sé por qué, pero tengo la sensación de que esa chica... Viene a ofrecerte algo que te hará marcharte.
—¿Por qué dices eso? Yo no pienso irme a ningún lado.
—Ok. Ojalá que así sea. El hotel no sería lo mismo sin ti, y te echamos muchísimo de menos…
—Yo, yo también a vosotros. Me muero de ganas por volver a trabajar.
—Ojalá sea pronto, pero por ahora, disfruta de esas vacaciones forzadas que tienes. Bien, hemos llegado —se detuvo frente a una puerta—, su habitación, Srta. Fabray —bromeó.
—Ok... Puedes, puedes marcharte —respondía ignorando la broma de la chica.
—¿Quieres que te deje sola?
—Sí, por favor.
—Ok, si necesitas algo, ya sabes.
—Gracias Elisa.
—Que vaya bien —se despidió dejando una nueva caricia sobre el brazo de Quinn.
La rubia esperó impaciente a oír como el ascensor se volvía a abrir, y se cerraba de nuevo, iniciando el descenso de su compañera de trabajo, para soltar un enorme suspiro.
Conocía perfectamente aquella zona, la había recorrido miles de veces mientras trabajaba ahí, al igual que conocía la habitación. Prácticamente todos los empleados de recepción conocían las lujosas habitaciones, y también sabía que precisamente por eso, eran motivo de curiosidad y comentarios entre ellos.
—Bien... No puedes echarte atrás ahora —susurró—. Tienes que llamar.
Contó hasta tres y volvía a detenerse.
Quinn perdía todas las fuerzas cuando debía golpear la puerta para llamar. No era capaz.
Su corazón palpitaba a tal velocidad que no conseguía escuchar nada más excepto su latido, y sus manos temblaban. Temblaban tanto que sus puños se cerraban con tanta fuerza que incluso llegaban a hacerle daño.
—Vamos Quinn... Tú puedes —volvía a susurrar llenándose de valor y dejando varios golpes en la puerta.
Rachel se heló.
Preparaba cuidadosamente la mesa donde iba a cenar cuando escuchó los golpes en la puerta, y supo que era ella.
No podría ser nadie más excepto ella.
La mayor prueba de fuego que iba a tener que pasar, estaba ahí fuera, esperando a que abriese aquella puerta.
Dos nuevos golpes volvieron a sonar y la hizo reaccionar.
Un pequeño bote con perfume permanecía sobre una mesilla, y no dudó en impregnar su cuello con él. Era su perfume, el que siempre había utilizado hasta que se adueñó de Rebecca.
Le sudaban las manos.
Estaba nerviosa, pero lo peor que sentía era no saber cómo iba a reaccionar Quinn cuando supiese que era ella quien estaba allí. Tenía que estar a la altura de las circunstancias, daba igual si para bien o para mal. Tanto si Quinn la trataba bien o por el contrario, iba a echarle en cara todo cuánto había hecho, incluido el hacerse pasar por Rebecca, algo que seguía rondando por su mente tras saber que la rubia estuvo el día anterior con María.
Era todo o nada.
Quinn escuchó los pasos y sintió como ese mismo sonido retumbaba en su cabeza. Y de pronto el olor.
Su olor.
Un perfume que la hacía regresar 3 años atrás en el tiempo. Un perfume que salía por cada pequeño orificio de aquella puerta, y que se convirtió en vendaval en el mismo instante en el que se abrió ante ella.
Rachel permanecía firme, atenta a cada gesto de Quinn mientras ésta, completamente en silencio, recordaba que aquella chica, su chica, estaba allí, y no sabía nada de ella.
—Hola, Quinn —saludó con apenas un hilo de voz.
—Rachel —susurró dejándose guiar por el sonido de su voz.
—Te estaba esperando.
