¡Hola!
Sé que esto es una sorpresa, empezar una historia sin terminar otra... pero, he de decir en mi defensa que esta ya la tengo escrita hace tiempo y estaba guardada en una carpeta en el olvido por lo que solo es revisar y reescribir alguna escena que no me convence. El otro día la encontré y me dije ¿por qué no subirla? y aquí estoy.
Esta historia está inspirada en una famosa historia de amor entre una sexy cantante y un famoso presidente con la banda sonora de mi querida "Lana del Rey" a la que amo y admiro. En este capítulo aparecen varios fragmentos de las canciones "Young and beautiful", "Pretty when you cry", "Blue jeans" "Videogames", "Sad girl", "Dark Paradise", "Born to die" y "Nathional Anthem" parte del discurso de Akane pertenece al monologo de Nathional Anthem.
Mil perdones si se me escapa alguna falta de ortografía y agradecer todo el cariño que recibe esta historia. Mil gracias por vuestros comentarios que me animan día a día a mejorar. Estamos llegando a la recta final, este es el penúltimo capítulo y pronto veremos que pasa con la relación del presidente y la joven cantante.
Como sabéis los personajes no me pertenecen y hago esto con el único fin de divertirme y haceros pasar un buen rato.
Espero que me dejéis un review y me comentéis que os parece, ya sabéis toda crítica es buena.
Sin más, a leer.
Capítulo 16
Ranma suspiró por quinta vez en el día mientras escuchaba a lo lejos los gritos de Ranko. Su hermana estaba histérica por dos simples razones:
Cumplía dieciséis años y por fin sería presentada en sociedad.
Y la segunda razón de su histeria y la más importante era que Akane Tendo estaba invitada y asistiría a la celebración.
Una vez más suspiró con pesar encerrado en su siempre fiel y pacifico despacho. No se había dado cuenta hasta ahora de que aquellas cuatro paredes eran su refugio y oasis, aquel sitio donde iba a encerrarse cuando quería estar solo.
— Quizás es hora de que te independices —le había dicho su hermana a la vez que le dejaba en la mesa un disco de vinilo — eres un hombre adulto ¿sabes?
Rio al recordad la cara de su hermana cuando le dijo esas palabras, casi regañándole como si fuera ella la mayor. Dejando salir el aire de sus pulmones tomo el disco entre sus manos y lo giro un par de veces.
Allí frente a él hace dos días su hermana le había dejado el nuevo disco de Akane Tendo. Aprovechando que sus padres estaban fuera organizando el cumpleaños de su hermana aprovecho los momentos a solas para escuchar aquella voz que le volvía loco.
Una mueca de tristeza se pintó en su cara de repente al recordar las tristes letras que llenaban aquel disco. Normalmente Akane escribía canciones movidas y divertidas, con mensajes cargados de picardía y alegría… pero esta vez el disco era muy diferente. Era un disco gris, triste… un disco escrito por y para él.
Con mucho cuidado lo coloco en el gramófono y se dispuso, por quinta o sexta vez a escucharlo. Cualquiera que lo viera era la viva imagen de la tristeza. Allí encerrado, con la camisa arrugada, fumando tabaco como un camionero y tirado en su silla bebiendo brandy con la única compañía de la melancólica voz de Akane Tendo. Si la nación viera el despojo humano en la que se había convertido su presidente perfecto…
— ¿Seguirás queriéndome cuando ya no sea joven ni bella? — cantaba con tristeza Akane.
Ranma cerró los ojos con fuerza mientras daba otra calada a su cigarro. Esta era su poco sana pero mejor manera de calmarse pues aunque quisiera negarlo él también estaba histérico ese día, por fin después de sufrir por su ausencia al fin la tendría a su lado de nuevo. Y esta vez quería que no se volviera a ir.
— Sé que lo harás, sé que lo harás, yo sé que lo harás — cantaba Akane con voz aguda — ¿me seguirás amando cuando ya no se joven y bella? — Ranma sonrió con amargura, pues claro que lo haría, toda la maldita vida.
— Querido señor cuando llegue al cielo, por favor déjame traer a mi hombre… cuando el venga dime que le dejaras pasar, padre dígame si usted puede — cantaba la chica. El presidente se encontró a si mismo tarareando por encima la letra — ¡oh esa gracia! ¡Oh ese cuerpo! oh esa cara que me hace querer festejar… él es mi sol me hace brillar como diamantes…
— Tu brillas por ti misma — murmuro para luego suspirar y escuchar a Akane seguir con su canto.
Llevaba un par de días pensando y pensando que hacer cuando la viera ¿arriesgarse a ser feliz o rendirse del todo y ser un amargado toda la vida?
— Hermano — la voz tímida de Ranko le asusto. Con rapidez se incorporó e intento parar el disco pero al ver que era su hermana suspiro — siento haberte asustado…
— Tranquila no es nada — con la mano le hizo un gesto para que entrara y cerrara la puerta. Ranko miro a su hermano con tristeza, ya no quedaba nada de su hermano mayor, aquel con el que jugaba y reía… había ido marchitándose según se hacía mayor y las ambiciones de sus padres crecían con él.
Le daba mucha tristeza verle así.
— Esta es muy buena — murmuró Ranko consiguiendo que su hermano le mirara — la canción… es buena pero muy triste…
Ranma se quedó en silencio escuchando atentamente aquella deprimente canción. La primera vez que la escucho se le encogió el corazón pues aquella letra y su triste voz eran por su culpa…
— Todas las hermosas estrellas brillan por ti esta noche mi amor, ¿soy la chica de tus sueños? — Ranma cerró los ojos y se volvió a inclinar en su sitio rendido ante el dolor. Ranko le miraba aguantándose las lágrimas, le dolía en el alma ver a su hermano así, tan derrotado, tan abatido… — todos esos momentos en los que dijiste que era tu chica me hiciste sentir como tu mundo entero.
Ranma se tapó los ojos con los antebrazos mientras ponía una mueca en su boca. Ranko se acercó a él con cuidado escuchando y dejándose llenar ella también de la tristeza.
— Esperare por ti cariño — canto Akane con fuerza pero con la voz quebrada — es todo lo que hago cariño — Ranko puso la mano en el hombro de su hermano mayor cuando le vio apretar los dientes con furia —pero no apareces cariño… nunca lo haces, porque estoy guapa cuando lloro…
Ranma sintió un puñal en el pecho, cada vez que escuchaba esa canción el corazón le ardía. Ella le estaba esperando, a pesar del dolor a pesar de estar herida le esperaba, pero tampoco tenía la esperanza de que el fuera por ella, por eso le dolía tanto esa canción porque en ella Akane le dejaba claro que él era un cobarde y que sabía que no iba a ir a buscarla.
— Hermano…
Para su sorpresa su hermano mayor la tomo en brazos y la sentó en su regazo como cuando era pequeña y se hacía daño. Él siempre la tomaba en brazos y le curaba para luego reconfortarla en sus brazos como buen hermano mayor, pero esta vez era diferente, el que necesitaba apoyo y ser reconfortado era él.
— Tranquilo hermano, esto se arreglara — le susurraba Ranko acariciándole la espalda en el momento en el que Ranma se abrazó a ella — Todo se arreglará…
De repente notó como su hermano se tensaba y el sonido de la canción se hacía más fuerte, Ranko sabía que llegaba a una parte de la canción muy triste, en ella Akane no pudo evitar disimular la voz quebrada por el llanto además de la rabia y el dolor que sentía.
— No digas que me necesitas cuando te vas una y otra vez, soy más fuerte que todos mis hombres, excepto por ti… — Ranma escuchaba la canción donde Akane le escupía en la cara que por él había dejado de ser ella misma, había hecho cosas que por ningún hombre había hecho y todo para nada — no digas que me necesitas si me dejas atrás, me estas abandonando — cantó Akane con la voz rota de dolor — no puedo hacerlo… yo no podría hacerlo pero tú lo haces bien porque soy guapa cuando lloro.
Ranma suspiro y se apartó de su hermana que seguía sentada en su regazo — No se arreglara nada Ranko, ya lo has oído — dijo señalando el condenado aparato que seguía reproduciendo las ultimas notas de la canción.
Ranko suspiró con pena y acaricio una vez más la cara de su hermano — ¿Sabes? Mi favorita es la siguiente…
Ranma la miró alzando una ceja, abrió la boca para protestar pero su hermana alzo el dedo para que se callara. Una lenta música empezó a sonar y Ranko sonrió mientras que cantaba a la par que Akane mirando a su hermano.
— Pantalones azules, camisa blanca, entras en la habitación y sabes que haces mis ojos arder — Ranma se sonrojo ante la mirada juguetona que le lanzo su hermana — Eras como James Dean, seguro que eres tan descarado como la muerte…
Ranko soltó una risita cuando su hermano bebió lo que le quedaba de Brandy en la copa — ¿te da vergüenza la canción?
— No, solo que… no se…
— Te avergüenza que la cante yo ahora que sé que va dedicada a ti y las marranadas que hacíais juntos ¿verdad? — Ranma apartó la mirada sonrojado y se sirvió otra copa, gracias a Dios había dejado la botella cerca — a mí me encanta esta canción y que te compare con James Dean… aunque más quisieras ser tan guapo — bromeo intentando quitar la tensión y la tristeza que reinaba en aquel despacho.
Ranma bufó y Ranko con una sonrisa siguió cantando — Y sé que el amor es cruel, el amor duele pero todavía recuerdo aquel día que nos conocimos — Ranma suspiró y Ranko le abrazó con fuerza — te amaré hasta el final de los tiempos, esperare un millón de años por ti.
– Ojalá — pensó Ranma desesperado.
— Prométeme que recordaras que eres mío, cariño ¿puedes ver a través de las lágrimas? Te amo más que esas perras que estuvieron antes di que lo recordaras — Ranma sonrió levemente negando, a pesar de estar triste Akane seguiría siendo Akane y su vocabulario no cambiaría nunca, menos mal — te amare hasta el final de los tiempos.
— ¿Por qué te gusta esta canción más que las otras? — preguntó Ranma con curiosidad.
Ranko puso una sonrisa torcida — porque no es tan triste como las otras, en ella veo resquicios de la Akane que amo, la Akane que te pone a parir con talento y disimulo aunque esté triste te deja claro que fuiste un idiota y que aunque te quiere te puedes ir a la mierda.
Ranma frunció las cejas y Ranko se tocó la oreja para que escuchara — Dijiste que tenías que marcharte para empezar de nuevo tu vida, yo estaba como: no por favor, quédate aquí… no necesitamos dinero podemos hacer que esto funcione.
Ranma de nuevo dio un trago a su bebida sintiendo el ardor de su garganta dándole tregua al que sentía en el pecho al escuchar el sarcasmo en la voz de su chica favorita — Pero él se marchó un domingo, dijo que regresaría a casa el lunes, yo me quede despierta y preocupada esperando pero él estaba persiguiendo dinero, "atrapado en el juego" fue lo último que escuche.
— Que manera tan disimulada de explicar que la dejaste tirada por un sillón de cuero y ambición, sillón que no querías y ambición que no tenías — comentó Ranko ganándose un reproche de su hermano.
—Te amaré hasta el fin de los tiempos, esperaría un millón de años por ti — recitó Ranko a la par que Akane — no entiendo porque te quiere tanto pero lo hace hermano, te quiere tanto como tú a ella no entiendo que haces aquí encerrado y deprimido cuando podrías ser feliz.
— Te dije que no importa lo que hicieras, que yo estaría siempre a tu lado, porque voy a estar a morir si caes o si vuelas ¡que mierda! Por lo menos lo intentaste — Ranma escuchaba atento la canción de Akane ignorando el parloteo de su hermana quien le regañaba por ser un cobarde — pero cuando saliste por aquella puerta una parte de mi murió, te dije que quería mas pero eso no era lo que tenía en mente: yo solo quiero que sea como antes, bailábamos toda la noche pero entonces ellos te llevaron lejos, te robaron de mi vida, solo necesitas recordar… que te querré hasta el final de los tiempos…
El parloteo de Ranko había finalizado, ahora observaba atenta a su hermano mirar con seriedad aquel aparato para luego callarlo antes de que la siguiente canción sonara. Ranko frunció el ceño, la siguiente canción también era muy buena y ayudaría a su hermano a reaccionar.
— ¿Por qué lo quitas?
— Porque ya no quiero escuchar más — respondió con simpleza.
— La siguiente canción era de mis favoritas también.
Ranma miró a su hermana alzando una ceja — ¿hay alguna que no lo sea?
— No, la verdad es que pienso que la genialidad de Akane Tendo es tan grande que no tiene ni una canción mala, pero en la siguiente también te lanzaba unas perlitas buenas.
— ¿Tu de qué lado estas? — preguntó Ranma cabreado.
Ranko se cruzó de brazos con fastidio — del vuestro por supuesto por eso quiero que abras los malditos ojos de una vez hermano, me duele en el alma verte así.
— Tú no sabes nada Ranko…
Su hermana puso un gesto enfadado y tomo el cartón que guardaba el disco de Akane y leyó los nombres de las canciones que obviamente ya se sabía de memoria.
— Pista cuatro en esa canción dice un par de frases como: por ti, por ti es todo por ti todo lo que hago te lo digo a menudo el cielo es un lugar en la tierra contigo, dime todas las cosas que quieres hacer, he oído que te gustan las chicas malas, cariño, ¿es cierto?
Ranma buco bebiendo sin entender a donde quería llegar su hermana — ¿quieres que siga? Muy bien, en la canción 6 Sad girl en esta la verdad es que te manda advertencias claras — se aclaró la garganta y recitó las frases que Akane le dedicaba a su hermano.
— Estar a su lado como su amante es algo puede que no sea algo atractivo para idiotas como tú... y arrastrarse a su alrededor no sería algo que tú harías pero no has visto a mi hombre.
Se dio una pausa para ver la reacción de Ranma quien frunció el ceño. Ranko bufo y siguió recitando las letras de las canciones — Con su Bonny a su lado — Ranma todos sabemos a quién se refiere — soy una chica triste, con su dinero a su lado soy una chica triste, soy una chica mala y triste.
— He escuchado esa canción Ranko, no hace falta que me la repitas entera — dijo Ranma con tono afligido.
Ranko no hizo caso a sus palabras — No, porque te quiero recordar mi parte favorita — Ranma frunció las cejas, sabía la parte a la que se refería su hermana — ten cuidado con lo que me dices, cuidado con quien estás hablando, ¡estoy en llamas cariño!
— ¿a qué juegas Ranko? — Explotó el mayor haciéndola levantarse de su regazo — ya sé que me odia no necesito que me lo recuerdes tú también.
— No entiendes nada, eres un obtuso — se quejó Ranko — ¿no entiendes que te intento hacer ver que aunque esté enfadada y quiere matarte en todas sus malditas canciones te dice que te quiere y te echa de menos? ¿Que nada ha cambiado cuánto a sus sentimientos? ¿Qué te esperara toda la vida?
Ranma se quedó callado un momento y respiro con fuerza. Ranko lo conocía y sabía que poco a poco estaba consiguiendo su propósito — Pista ocho: amarte para siempre no puede estar mal, aunque no estés aquí no seguiré adelante... y no hay remedio para la memoria, tu rostro es como una melodía, no saldrá jamás de mi mente — Ranma se restregó las manos por la cara con ansiedad, Ranko decidió seguir presionando — Pista nueve: mi corazón se rompe con cada paso que doy pero estoy esperando a las puertas a que me digan que eres mío... no me pongas triste, no me hagas llorar, a veces el amor no es suficiente y el camino se pone difícil. Ven y demos una vuelta por el lado salvaje déjame besarte con fuerza bajo la lluvia como las chicas locas — se mantuvo en silencio unos segundos — escoge tus últimas palabras esta es tu última oportunidad, porque tú y yo hemos nacido para morir.
— ¿no lo ves Ranma? — Preguntó Ranko con lástima viendo a su hermano — ¡esta dolida pero quiere que vuelvas!
Ranma se quedó en silencio unos segundos y asintió con la cabeza. Ranko sonrió con alivio al ver a su hermano por primera vez entrar en razón ¡era un cabezota!
— Tengo miedo Ranko, pero...
— No temas Ranma, ¡por dios! Te quiere tanto que le duele ¡te ha escrito un disco entero diciéndote que te mataría pero que te adora! — Ranma sonrió levemente — ¿quién hace eso?
— Voy a luchar por ella Ranko — dijo Ranma seguro de sí mismo por primera vez en la vida. Su hermana le había ayudado a abrir los ojos, tenía razón, Akane había sido muy valiente poniendo su alma y corazón en ese disco, dándole la última oportunidad que no pensaba desaprovechar.
Ranko le miró con ojos brillantes — ¿de verdad?
— Sí, quiero estar con ella y si tengo que dejar a un lado y renunciar a la presidencia lo haré — dijo firme — no aguanto un día más sin estar a su lado, sé que me costará es la mujer más cabezota del mundo, pero no me importa estar días, meses o años suplicando, la tendré de nuevo a mi lado.
— Eso era lo que quería escuchar hermano — aplaudió Ranko contenta — lo mejor es que te prepares y te pongas guapo, en unas horas te encontrarás con Akane y quiero que todo salga perfecto.
— Gracias hermana, a veces parecer tú la mayor — comentó Ranma algo avergonzado.
La chica se encogió de hombros y sonrió con malicias — es cierto que me preocupo por ti es decir... eres mi hermano pero lo que más gana tengo es de ver la cara que pondrá la tonta de ukyo ¡no puedo esperar!
Ranma rodó los ojos y negó con la cabeza — Eres de lo peor.
— Tampoco es para tanto — con alegría se acercó a su hermano y le dio un abrazo — prepárate y arregla las cosas ¡lento!
Sin darle tiempo a responder Ranko desapareció por la puerta. El joven presidente soltó una risita y se recargó en la silla.
Su corazón iba muy rápido pues los nervios estaban comiéndole. Había tomado la determinación de recuperar a la mujer de sus sueños. Ranko tenía razón, ella le seguía queriendo, por alguna extraña y absurda razón y sobre todo por suerte para el Akane le quería tanto como el a ella a pesar de todo, así que iba a aprovechar la oportunidad.
Inspiró profundamente dándose ánimos. Ya no había vuelta atrás, por fin sería un hombre y tomaría las riendas de su vida, si tenía que dejar la presidencia lo haría y no le temblaría el pulso lo más mínimo porque Akane lo valía.
— Solo espero que me acepte...
Se levantó y se dirigió a su habitación para ducharse y arreglarse, debía verse bien para su chica.
Ranko caminaba de arriba abajo ignorando a los invitados que llegaban a su fiesta. Muchos de ellos habían sido invitados por sus padres, viejos conocidos y amigos con los que entablar negocios o con hijos jóvenes y casaderos que podían interesarse por su hija y así llevarla al buen camino... ¡pamplinas!
— Ranko... ¡Ranko ven aquí! — Le riñó su madre cogiéndola del brazo acercándola — Saluda a los señores Sakamoto.
Ranko rodó los ojos y se inclinó ligeramente — Gracias por venir a mi fiesta.
— Un honor para nosotros que nos invitara señorita — hablo la señora Sakamoto — este es mi hijo Tetsuya.
— Un placer — contestó Ranko sin mirar al pobre muchacho que temblaba nervioso. Nodoka miró con gesto enfadado a su hija.
— Ranko por dios — murmuró al oído de su hija quien bufo.
— ¿qué más queréis? Ya les he saludado.
Ranma rio por lo bajo ante la cara que ponían los Sakamoto y como sus padres intentaban disculparse ante la "mala educación" de su hija.
— Que vergüenza — murmuró Ukyo por lo bajo. La castaña estaba a su lado y por primera vez no estaba agarrada como un pulpo.
El joven presidente se encogió de hombros y saludó a los invitados quienes le halagaron y se deshicieron en piropos para su prometida quien puso esa mueca de falsa modestia que siempre ponía.
— Enhorabuena Saotome, tiene una prometida preciosa — le dijo el señor Sakamoto — realmente bonita.
Ranma sonrió falsamente agradeciéndolo. Ukyo sonrió ampliamente fingiendo estar avergonzada. Al igual que su hermana Ranma desconectó sus oídos de su cerebro y buscó con la mirada la puerta de aquel enorme salón que sus padres habían alquilado.
Estaba impaciente por verla, tenía ganas de abrazarla y decirle que la amaba, que quería casarse con ella y que le daba igual todo, la presidencia, el qué dirán... todo, solo ella.
Era consciente de que no sería fácil, que esa mujercita se haría de rogar, que pelearía con uñas y dientes y que no le perdonaría con facilidad, que tendría que rogar y suplicar pero no se rendiría.
— ¡Akane! ¡Hola! — escuchó el grito de su hermana y sus ojos se alzaron con rapidez hacia la puerta.
Allí parada en un precioso vestido negro de lentejuelas estaba Akane Tendo. A diferencia de las mujeres allí presentes enfundadas en kimonos caros o coquetos vestidos occidentales que cubrían todo lo que había que cubrir allí estaba ella, enfundada en aquel pedazo de tela que abrazaba todas sus curvas, los diminutos tirantes, el amplio escote que marcaba aquellos montes... el cuello de la cantante estaba adornado por el collar que una vez le regaló. Era preciosa, Akane Tendo no era de este planeta.
Pero fueron sus ojos los que le removieron el alma, su cuerpo era algo que volvía a todos loco pero a él lo que siempre le pareció su arma más letal eran sus ojos y su sonrisa, siempre brillantes siempre pícaros... aquellos ojos que veía ahora estaban oscuros, tristes...
— Siempre llamando la atención de la peor forma — murmuró su padre en su oído viendo como su hermana saludaba a la cantante — ese vestido no es casualidad hijo — Sin pronunciar palabra Ranma miró a su padre preguntándole con la mirada que quería decir — es una forma de darte en la boca, se sabe hermosa ¿qué mejor forma de hacerte ver lo que has perdido que apareciendo con esas pintas?
— Siempre se vistió así — murmuró el también.
— Siempre lleva conjuntos... demasiado sensuales — Genma enarcó una ceja y apuntó a la cantante con la cabeza — pero ese vestido... es diferente, es el vestido de la venganza... y el acompañante de la venganza.
Ranma sin entender a qué se refería su padre miró de nuevo la puerta y sintió su bilis subir por su pecho y acumularse en su garganta.
Al lado de Akane estaba un hombre moreno y alto, con buen porte pero no tanto como él. Frunció el ceño al ver como la tomaba de la cintura mientras hablaba con su hermana.
Quiso ir y arrancar aquella mano del pequeño cuerpo de su chica pero la mano de Ukyo se aferró a su brazo — No vayas — le susurró con tensión — ni se te ocurra Ranma Saotome.
— No puedes prohibirme nada Ukyo — dijo con rabia — no eres la dueña de mi vida.
— Basta los dos — riño por lo bajo Nodoka — comportaos.
Ranma se mordió la lengua y soltó con furia el agarre de su prometida quien gruñó molesta. Vio como Akane se acercaba con su hermana a ellos con aquel idiota aun tocando su cintura creyéndose su dueño... si puedo era le rompería la cara.
— Madre, madre mira esta es Akane Tendo la cantante que tanto me gusta.
Nodoka miró a la cantante de arriba abajo, como si la estuviera analizando, buscando ese algo que la hacía tan irresistible para todos.
— Nodoka Saotome un placer.
Akane se inclinó levemente — Akane Tendo — Ranma miraba a la mujer esperando que ella le lanzara aunque fuera una leve mirada, pero los ojos de Akane estaban puestos en su madre, enzarzada en una muda pelea.
— Este es mi marido Genma y mi hijo Ranma, creo que ya los conoce a ambos.
Ranma sintió su estómago saltar cuando los ojos de Akane se cruzaron con los suyos al fin — sí, ya he coincidido con ellos alguna vez — la voz de la chica se notaba tensa y sería igual que su mirada — un gusto verles de nuevo.
— Ella es mi nuera — se apresuró a decir Nodoka antes de que pudiera contestar el saludo de Akane — Ukyo Kuonji, la futura esposa de mi hijo. Creo que también la conoce.
No paso por alto a nadie la forma en la que Nodoka resaltó la palabra nuera y futura esposa para que a la cantante le quedara claro cuál era su postura. Ukyo quien sonreía con soberbia se inclinó levemente.
Akane la miró con una mueca de asco pero un apretón en su cintura regalo de aquel fulano que la acompañaba la freno. Ranma la conocía tan bien que pudo jurar que Akane estaba a punto de soltarle algún comentario muy, muy feo a su madre y a su prometida pero se controló.
— si sé muy bien quien es, nos hemos visto un par de veces, además los periódicos no se cansan de hablar del interminable noviazgo de su hijo y la señorita kuonji.
— ¿a qué se refiere señorita Tendo? — preguntó Nodoka.
En la cara de la chica apareció una sonrisa torcida, una sonrisa cruel que le puso la piel de gallina — La prensa cada poco habla de ella, la eterna novia, la primera dama alegre... ya sabe por eso de la falsa sonrisa que siempre lleva cuando ve a los paparazis...
— La prensa le aprecia — dijo Ukyo con voz tensa.
— ¿y quién es su acompañante? — preguntó de repente Genma para quitar la tensión del momento.
Akane miró a su acompañante y le dio una ligera sonrisa que revolvió las tripas de Ranma — Este es Takeo, es un viejo amigo.
— ¿y nada más? — preguntó con curiosidad Ranko haciendo reír a Akane y su acompañante.
— Nada más, por ahora — contestó el hombre con simpatía y tono coqueto.
Ranma gruñó jurándose a sí mismo que antes muerto que dejar que aquel don nadie le robara a su chica. Sabía que no estaba dispuesta a hablar con él, aquella mirada fiera le gritaba que no quería verle ni tenerle cerca.
Pero no iba a parar hasta conseguirlo.
— Venga señorita Tendo, le presentaré a mis amigas — dijo Ranko tomándola del brazo arrastrándola hasta donde un grupito de niñas les miraba expectantes.
Ranma la observó alejarse con los ojos llenos de pena. Akane no quería estar cerca de él.
— Ranma, no quiero verte cerca de ella — le dijo Ukyo poniéndose frente a él tapándole por un momento la visión de la hermosa cantante — no le hables ni la mires.
— ¿estás loca?
— He visto las miradas que le lanzas y no estoy dispuesta a ser el hazmerreír de esta fiesta.
Ranma se cruzó de brazos y con gesto tosco dijo — Pues tú cierra la bocaza y deja de meterte donde no te llaman.
Su prometida abrió la boca para confrontarle pero Nodoka alzó la mano frenando aquella disputa de forma firme — Ya está bien los dos. Hoy es el día de Ranko, no quiero ningún escándalo en el cumpleaños de mi hija — apuntó a Ranma con el dedo — tanto tú — luego se giró a mirar a Ukyo — como tú, más os vale cerrar la bocaza y controlaros ¿queda claro?
— Si suegra — respondió Ukyo avergonzada bajando la mirada.
Ranma por el contrario no contestó, bufó y se giró para ir a la barra y pedirse la copa más cargada que el camarero pudiera hacer. No era sorpresa para el que Akane le ignoraba, es más lo raro sería que no lo hiciera, pero eso no quitaba el hecho que doliera como mil demonios.
Durante la velada Akane no habló ni hizo contacto visual con algún Saotome que no fuera Ranko la cual estaba más que encantada con tener la atención de su ídolo solo para ella. Ranma gruñó — y eso que quería ayudarme…
Intentó varias veces acercarse a ella pero cuando sus ojos marrones le veían tomaba del brazo a su hermana y la arrastraba lejos de él molestando al presidente. Necesitaba hablar con ella, borrar todo rastro de tristeza que había en su bonito rostro, decirle que quería estar con ella, que la amaba y que renunciaría a todo con tal de tenerla a su lado.
Suspiró y tomo una copa de la bandeja que llevaba un camarero, bebiendo su contenido sin fijarse siquiera en que bebía. La veía en la distancia sonriendo con falsedad a las amigas de su hermana, intentando ser cordial.
Soltó una risa torcida, la conocía tan bien… Akane no deseaba estar allí pero su amor por sus fans era tal que no su ética le impedía ser descortés con ellos y más si eran seguidores incondicionales como era Ranko.
Por eso estaba allí, por su hermana, por la felicidad de Ranko y para agradecerle el apoyo que ella le llevaba otorgando desde que prácticamente comenzó su carrera, no por el…
— Maldita sea Akane… — una vez más decidido intentó acercarse a ella pero esta vez no le dio tiempo a dar dos pasos cuando una voz masculina le frenó.
— Déjela en paz señor Saotome, ya lo ha pasado lo suficientemente mal.
Ranma se giró para mirar al acompañante de Akane ¿Cómo se llamaba? Tanuki o Tekuchi… tampoco es que le importara.
— Métase en sus asuntos.
— Akane es mi amiga — insistió el hombre que empezaba a colmar la paciencia de Ranma — y soy su acompañante esta noche así que lo que concierne a ella me importa.
— Mire, no tengo tiempo si lo que quiere es pelear por ella lo hare — dijo con rabia encarándose a aquel mindundi que a sus ojos intentaba robarle el amor de su amada Akane.
El hombre soltó una risita y miró hacia los lados para comprobar que nadie se había percatado del pequeño ataque de ira del presidente — No creo que quiera hacer un escándalo señor Saotome, su amada carrera se verá manchada y no quiere eso.
— Me importa una mierda mi carrera — dijo Ranma con la mandíbula tensa acercándose un paso más de manera amenazante — llevo deseando partirle la cara desde que entro con ella así que no tiente a su suerte.
— ¿Ahora no le importa su carrera? — Preguntó con sarcasmo el hombre — creí que era lo más importante para usted, más incluso que ella — lanzó una mirada tras la espalda de Ranma y este supo muy bien a quien se refería.
Ranma apretó los puños con rabia y su cara se tensó con rabia — Usted no sabe nada de ella ni de mi…
— Permítame no estar de acuerdo con usted, yo se muchas cosas señor Saotome — explicó con calma — se bien lo mucho que ha hecho sufrir a Akane, lo mucho que lloró por su culpa — por primera vez desde que se enfrentaron en los ojos de Takeo no había burla sino seriedad, como si quisiera dejarle claro al presidente que le importaba muy poco quien era el, que no le permitiría hacer sufrir a Akane otra vez — estuve a su lado todo este tiempo y nunca la vi tan destrozada y ella no se lo merece.
— Que honorable por su parte intentar seducir a una mujer en su momento más bajo — escupió con rabia. La sola imagen de Akane siendo consolada por aquel hombre le revolvía las tripas.
El hombre negó con la cabeza — Akane es solo una buena amiga, no le mentiré me sentí terriblemente atraído por ella hace tiempo, incluso tuvimos un par de encuentros, antes de que se conocieran — aclaró con rapidez al ver que esta vez Ranma Saotome si estaba dispuesto a darle un puñetazo.
– Esta colmando mi paciencia — amenazó — si intenta alejarme de ella no lo va a conseguir.
— Créame que se lo merece pero esa no es mi intención — habló con calma el hombre — Yo ya perdí mi oportunidad con ella, más bien nunca la tuve… por eso me da tanta rabia verla así, tan apagada por su culpa — Ranma abrió los ojos de par en par y sintió el peso de la vergüenza y la culpa caer estrepitosamente sobre sus hombros — me pidió que la acompañara para no enfrentarse sola a usted, por alguna extraña razón aunque le odie aun le ama y por eso me veo en la obligación de decirle que si no está seguro de sus sentimientos y de lo que acarreará su relación, si no va a poder llevar el peso sobre sus hombros… no la vuelva a ilusionar, no se lo merece.
Ranma meditó un segundo las palabras de aquel tal Takeko o cómo diablos se llamara. No veía burla veía sinceridad y preocupación por la menuda mujer que danzaba por la sala ajena a su conversación.
— No quiero hacerle más daño — explicó Ranma sin saber porque estaba expresando sus pensamientos a aquel desconocido — ya la perdí una vez, no voy a perderla de nuevo… y si tengo que renunciar a todo por ella… no me importa.
El acompañante de Akane le sonrió con sinceridad — no sé si te costara un día o un año, quizás un milenio pero estate seguro de que ella te ama, solo… está muy dañada y lo que más desea es arrancarte la piel a tirar por eso debes andar con pies de plomo pero tarde o temprano si tus ideas y sentimientos son firmes volverá — la voz de Takeo era suave y con un deje de nostalgia. Ranma intuyó que tal vez aquel hombre estuvo enamorado de Akane — eres un cabrón con suerte, Akane Tendo es una mujer que no da segundas oportunidades, debes tener algo muy especial para haber conseguido su esquivo corazón.
— Lo único que hice fue… amarla, mal eso sí, pero amarla intensamente — murmuró volteándose para mirar en la dirección que se encontraba la cantante quien asentía distraídamente ante lo que su hermana le contaba — pero esta vez la amare como se merece, si ella me lo permite claro.
Noto como el hombre le daba una palmada en el hombro en señal de apoyo — tiene todo mi apoyo Saotome, y agradecimiento también — Ranma enarcó una ceja y Takeo soltó una carcajada — Soy el dueño del estudio donde Akane graba sus discos y permítame decirle que gracias a usted Akane ha creado una obra maestra que nos hará ganar mucho dinero.
— ¿Usted trabaja con Akane? — El hombre asintió — ¿alguna vez Akane le contó algo sobre… nosotros?
—Al principio no pero recuerdo un día que llegó un carísimo collar y solo traía su inicial, luego vino todo y Akane en un arranque de tristeza me lo confesó, también me pidió guardar el secreto.
— No me importa que lo sepan, no ahora…
— ¿Entonces va a luchar por ella?
Ranma de nuevo la observó en la distancia sonreír y hablar con ternura mirando a su hermana como si fuera una amiga de toda la vida y pensó ¿estaría dispuesto a dejar la presidencia por ella? Esa pregunta se la hizo muchas veces y siempre era la misma respuesta "si" una y mil veces sí, pero luego llegaba su padre y le metía ideas en la cabeza que se mezclaban con su miedo e indecisión y siempre le hacían dudar, pero esta vez no había dudas, no había miedo, quería a Akane Tendo a su lado para siempre.
Aquel viejo sillón de cuero por el que había luchado y perdido a su amor no le había dado ni una cuarta parte de la felicidad que ella le daba, por eso deseaba enmendar su error y recuperar el tiempo perdido.
Akane se lo merecía todo y más y él estaba dispuesto a darle el cielo si ella se lo pedía.
— Sí — contestó firme — la amo.
Takeo sonrió ampliamente — me alegro de oír eso, solo espero que ella le perdone pronto.
Ranma suspiró y afirmó mirándola con amor. Aquella menuda mujer era su maldito mundo y nadie le separaría de ella de nuevo, jamás.
— Ranma hijo, debemos ir sentándonos, servirán la comida pronto — habló Nodoka acercándose a ellos — señor, la señorita Tendo y usted van en nuestra mesa, Ranko así lo ha querido.
— Me siento halagado señora Saotome — Nodoka le miró con los ojos entrecerrados — será mejor que vaya a buscar a Akane para sentarnos.
Nodoka y Ranma le vieron alejarse entre la multitud, Nodoka se aferró al brazo de su hijo y tiró de el para llamar su atención — ¿De qué hablabais?
— No es tu asunto madre.
— Todo lo que tenga que ver contigo es mi asunto.
— ¡Soy un hombre adulto madre! — gritó Ranma en un susurro saltándose del agarre de su madre — ya está bien de querer controlar mi vida.
Ranma caminó con rabia por el salón hasta localizar su mesa donde Genma y Ukyo esperaban sentados. La mesa redonda estaba adornada con un mantel blanco y un bonito centro floral. Se sentó con rabia y bufó al ver como Ukyo y Nodoka se mandaban miradas que no traerían nada bueno.
— Buenas noches de nuevo — dijo Takeo cuando llegó a la mesa acompañado de Ranko y Akane.
— Buenas noches, espero que esté disfrutando de la fiesta — habló Genma jugando con su servilleta levemente incómodo.
Ranma estaba sentado en una posición privilegiada, justo enfrente de la mujer de sus sueños. A la izquierda de Ranma estaba Ukyo mirando a Akane con rabia, junto a esta Genma, el acompañante de Akane, la cantante y junto a esta Ranko seguida de su madre.
Akane se veía inquieta, como si no estuviera cómoda. Sus ojos estaban opacos y su gesto era aburrido a no ser que se dirigiera a su hermana que entonces Akane sonreía de oreja a oreja, pero esa sonrisa no era real, no como las que ella le regalaba antaño.
— Y dígame señorita Tendo — preguntó su madre cuando trajeron el primer plato — ¿Qué tal va la venta de su disco?
— Va muy bien, no esperaba tal acogida.
— ¿No? Es raro teniendo en cuenta lo popular que es usted entre las jóvenes.
Akane soltó una risita amarga — Para desgracia de la gente como usted ¿verdad?
Los ojos de Nodoka se llenaron de llamas ardientes, Ranma conocía a su madre y estaba seguro de que estaba deseando lanzarle la copa en la cara a Akane — debe entenderme señorita Tendo, estoy criada de otra forma y en otro ambiente, mi forma de ver la vida es…
— Opresora para las mujeres — terminó Akane — no digo que esté mal su forma de pensar es decir, yo apoyo a las mujeres que se casan y tienen hijos porque así lo desean, pero no me gusta cuando esa es la meta que tienen sus padres para ellas, hacerlas vivir la vida que ellos desean que tengan… no es justo.
— Libertad y libertinaje son cosas muy distintas señorita Tendo.
Akane bebió largamente de su copa de champan — sin duda.
Ranma la veía con tristeza, el rostro de Akane era la viva imagen de la pena y desolación, nunca antes vio aquella sombra en esos ojos marrones que tanto amaba, parecían tan opacos…. Tan faltos de vida ¿tanto daño le había hecho?
— Y dígame señorita Tendo — habló Genma aclarándose la garganta — ¿es su acompañante su nueva pareja?
— Eso es lo que usted más desearía ¿verdad? — preguntó con rabia Akane poniendo un gesto altanero.
— No sé de habla — dijo Genma quitando hierro al asunto.
Ranko carraspeó y llamó la atención de Akane contándole como ella la había descubierto y como había conseguido su primer disco intentando borrar aquella incomodidad que se había creado en el ambiente.
Ranma suspiró al darse cuenta de que Akane estaba evitando mirarle, si no observaba a su hermana o padres miraba el mantel o la copa que tenía entre las manos. Se sintió frustrado y agobiado por no poder soltar por la boca todo lo que quería soltar.
Poco a poco llegaron al postre sin que Ranko dejara de parlotear. Nodoka se aclaró la garganta y dijo — Pero señorita Tendo, de verdad me intriga mucho saber qué es lo que le pasó para que se volviera tan…
— ¿Puta? — la voz de Akane era una mezcla de hastío e ironía. Su madre ahogó un grito y Akane sonrió de manera torcida.
— No es lo que quería decir.
— Pero es lo que estaba pensando — le dijo Akane terminando su copa.
Ranma la observo con pena intentando llamar su atención observándola fijamente. No le importaba quedar como un loco acosador, necesitaba que Akane le mirara a los ojos una vez, solo una y así podría dejarle claro lo que sentía por ella.
Por desgracia alguien se le adelantó.
— Pues claro que es lo que estamos pensando — dijo Ukyo con voz chillona, harta de la miradas que su prometido le lanzaba a aquella mujer que a sus ojos no era digna de merecer el amor de un hombre como Ranma — sus acciones es lo que la convierten en eso.
— Mis acciones — murmuró con calma Akane encendiendo un cigarro que saco de su bolso con calma aspirando levemente el humo y sacándolo más tarde.
Ukyo frunció el ceño y movió la mano intentando alejar el humo de su cara — Pues sí, no hay más que verla, fumando y bebiendo como un hombre y… y… seduciendo a hombres casados o prometidos — Akane lanzo una risita cruel y por primera vez miró a Ranma a los ojos haciéndole temblar.
— No sé de qué me habla — dijo con calma Akane cruzándose de brazos y apoyándose en ellos para mirar fijamente a Ukyo quien se removió inquieta.
— Sí que lo sabe — aunque Ukyo intentaba ser discreta para no montar un escándalo no podía evitar soltarle a aquella mujer frente a ella todo lo que pensaba de ella, era algo superior a sus fuerzas — ¿no le da vergüenza juntarse con un hombre prometido?
Akane se quedó mirándola unos segundos pero luego bajo la vista negando levemente con la cabeza. Al alzar la mirada de nuevo poso sus ojos sobre Ranma quien tembló, no de miedo o incomodidad no, no sentía nada eso, simplemente tembló.
— Yo no soy una mujer comprometida señorita Kuonji, en todo caso el que debe fidelidad a su esposa o prometida o lo que sea es él, no yo — aunque el mensaje iba directo para Ukyo, Akane tenía sus ojos clavados en Ranma.
La mesa se quedó unos segundos en silencio hasta que Ranko soltó un ruido de admiración por la mujer a su lado. Akane miró a sus acompañantes y noto como algunos estaban ligeramente incomodos pero le importó muy poco, tomo lo que quedaba de su copa y lo bebió con ansia.
— No… no sé cómo no le da vergüenza — dijo Nodoka cuando salió de su asombro — Akane clavo sus ojos en ella y dio otra calada a su cigarro con el rostro bañado en el hastío, estaba harta de tener que defenderse de esas víboras y de intentar simular que estaba bien que nada le hacía daño… estaba harta de ser perfecta y de que esas mujeres fingieran serlo también — no entiendo cómo puede hablar tan tranquila de su comportamiento inmoral.
Akane muy seria y con su cigarro en la mano pregunta — ¿Con cuántos hombres se ha acostado señora Saotome?
— Por dios — murmuró Genma incómodo.
Nodoka que tenía la boca abierta de par en par y un enorme sonrojo en las mejillas comenzó a balbucear — Como… como se le ocurre… yo solo…. ¡Con mi marido por supuesto!
— Señorita Tendo preguntarle eso a mi mujer es de muy mal gusto — habló enfadado Genma.
— Y falto de educación — corroboro Ukyo.
Akane ignorando los comentarios de Ukyo y Genma seguía con la mirada fija en la matriarca Saotome quien se removió incomoda en su asiento pero no alejó sus ojos de ella — Señorita Tendo, preguntarme sobre esos temas en la mesa me parece cuanto menos indecente.
— ¿Sabe que es indecente señora Nodoka? — preguntó Akane con la voz más cansada y triste que Ranma le había escuchado jamás. Nodoka negó levemente y Akane dijo en el mismo tono — *La castración de los deseos, del amor, del sexo… eso si es indecencia*
La mesa se queda en un completo silencio, las palabras de Akane dejaron perplejos a todos en la mesa pero sobre todo a Nodoka quien parecía haber visto a un fantasma. Akane buscó con la mirada a Ranma quien estaba igual de sorprendido que el resto.
La cantante suspiro y apago el cigarro en el cenicero para levantarse — Si me disculpan tengo que cantar.
Ranma la sigue con la mirada y la ve subirse al escenario, comenta algo con los músicos y estos asienten, tras comprobar el micrófono Akane da las buenas noches consiguiendo que los invitados se callen.
Akane en medio del escenario toma el micro y dice — Primero de todo quiero agradecer a la señorita Saotome su invitación, es para mí un honor estar aquí y quiero agradecerle frente a todos su apoyo incondicional todos estos años. Hoy quiero darle como regalo lo único valioso que tengo, mi voz y mi arte… la música.
— Es genial, creo que voy a explotar de felicidad — murmuró Ranko.
— Algo no anda bien — murmuró Genma desconfiado.
— Esta noche, quiero regalarle a Ranko una canción, una canción muy especial que a última hora decidí sacar de mi disco y que no ha visto la luz… hasta hoy — los ojos de la castaña se fijaron en los de Ranma — esta canción la escribí al hombre que más ame y amaré en el mundo, a mi gran amor imposible pues pronto se casara con otra pero siempre estará en mi corazón, aunque su recuerdo sea agridulce — se quedó callada intentando aguantar las ganas de llorar, tomo aire por la boca y miro al techo para luego sonreír levemente — ¿Saben? Recuero el día que lo conocí, quedo tan claro que era el indicado para mí... ambos lo supimos de inmediato y a medida que pasaba el tiempo las cosas se ponían más difíciles y nos enfrentamos a más desafíos.
Ranma sintió su corazón frenarse al escuchar las palabras que Akane le estaba regalando, aunque nadie supiera que eran para él.
Akane trago con dificultad y se mordió el labio para luego asentir varias veces para dar veracidad a sus palabras — Le rogué que se quedara... y yo trato de recordar lo que tuvimos al principio — Ranma quería subir y abrazarla escuchando como de tanto en tanto la voz de la chica se entrecortaba por el dolor y la rabia.
— Él era carismático, magnético, eléctrico... y todo el mundo lo sabía. Cuando él llegaba todas las cabezas de las mujeres se volteaban, todos se volteaban para hablar con él... ¿saben? Es como un híbrido, una especie de hombre que no puede contenerse a sí mismo — Ranko lanzó una leve mirada a su hermano quien estaba embelesado ante la triste imagen de Akane Tendo abriendo su corazón en canal.
— Siempre tuve la sensación de que se debatía entre ser buena persona o hacer a un lado todas aquellas oportunidades que la vida le podría ofrecer a un hombre tan magnifico como el... y así es como... me tocó entenderle — Ranma veía que a pesar de que el tono y las palabras de Akane mostraban dolor sus ojos seguían opacos y enfadados a pesar de estar plagados de lágrimas.
— y lo amaba, lo amaba, lo amaba, lo amaba... madre mía como lo amaba — repita Akane riendo y negando con la cabeza como si se negara a aceptar lo mucho que había sentido por ese hombre. De repente miró al suelo y suspiro para luego alzar la mirada y morder su labio — y todavía le amo, le amo...
El corazón de Ranma empezó a latir furioso, como si hubiera recorrido Tokio de punta a punta corriendo. Ella le seguía amando, estaba dolida sí, pero le quería aun había una oportunidad para ellos ¿verdad?
— Pero es un imposible... un doloroso y amargo imposible...
El público estaba boquiabierto, pues todos conocían bien a la joven Tendo gracias a los chismorreos de las revistas, una mujer sin corazón que vivía su vida enredada en amores poco duraderos y llena de vicios, pero ante ellos había otra Akane, una vulnerable y dolida pero también orgullosa, no dispuesta a dejarse humillar por un hombre.
Akane dio una leve mirada a los músicos que comenzaron a tocar, Akane cerró los ojos y comenzó a cantar con voz fina — el dinero es el himno del éxito, entonces antes de salir ¿Cuál es tu dirección? — Ranma la miraba fijamente y notaba como poco a poco la tristeza de Akane se transformaba en rabia ¿Por qué había sacado esa canción del disco? ¿Qué decía aquella letra que decidió en el último momento que nunca viera la luz? — yo soy tu himno nacional ¡dios! Eres tan guapo.
— ¿Qué ha dicho de un himno nacional? — escucho a un hombre murmurar. La cabeza de su padre se giró para mirarle con angustia.
— Le encanta enamorarme sin remordimientos, teniéndome raptada entre la alta sociedad — Akane abrió los ojos y le miró con unos ojos cargados de rabia — me dice que esté a la altura, pero no sé cómo, el viento en mi pelo y sus manos detrás de mi cuello — Akane se tocó el cuello levemente acariciando aquel collar que le había regalado hace tiempo — le dije: ¿crees que podamos ir a la fiesta más tarde? Y él me dijo si, si, si, si…
Ranma tragó saliva cuando Akane tomo el micro con rabia y cantó — Dime que soy tu himno nacional ¡oh si cariño! El arrodillarme me hace tan increíble ahora — escupió con veneno — dime que soy tu himno nacional, amorcito, amorcito como ahora que te hago sexo oral.
Algunos invitados gritaron y taparon los oídos a sus hijos, incluida Ukyo quien fingió estar asqueada. Akane sonrió ante las caras de todos aquellos puritanos idiotas, como si ellos no hubieran hecho eso nunca.
— Rojo, blanco y azul en el cielo, el verano está en el aire y el paraíso en tus ojos, ¡yo soy tu himno nacional!
— Ranma para esto ahora — dijo Genma entre dientes sacando de su ensoñación a Ranma.
— ¿De qué hablas? — Genma abrió los ojos y los oídos de Ranma se enfocaron en varios comentarios a su alrededor — parece que se la canta al presidente — decían unos — a lo mejor es coincidencia decían otros intentando no creerlo — ella dijo que se iba a casar pronto y el presidente se casara pronto además el lleva toda la noche mirándola, le he observado y no apartaba sus ojos de ella —murmuraban otros — ella también le está mirando.
Ranma cayó en la cuenta de que la gente se estaba dando cuenta de por dónde iban los tiros de la canción de Akane, y más que sentir angustia sintió alivio de que por fin la bomba explotara.
Mientras Akane ajena a todos los murmullos seguía cantando todo lo que llevaba dentro — el dinero es la razón de nuestra existencia, todo el mundo lo sabe, es un hecho — cantó mirando esta vez con rabia a Genma quien prácticamente la asesinaba con la mirada.
— Canto el himno nacional mientras estoy sobre tu cuerpo agarrándolo como una pitón — Ranma se estremeció ante el recuerdo del cuerpo de la mujer sobre el suyo, cuando era feliz, cuando se sentía libre — y no puedes quitarme las manos de encima, ni dejar tus pantalones puestos ¡mira en lo que me has convertido!
— Mira como está mirando al presidente — dijo una mujer — sin duda es una indirecta, han tenido algo, él es el hombre de quien hablaban los periódicos — comento otra — es solo una canción, pura coincidencia — aclaró otra.
— La mataré — murmuraba Genma mientras su mujer miraba a todos los lados escuchando también los comentarios.
— Me dijo que estuviera a la altura, ya lo estoy y más — dijo Akane mirándole con furia — le dije: para ser sinceros ¿no sabes con quien estas tratando? ¿Crees que puedes comprarme muchos diamantes? — la última pregunta la cantó con sorna, una burla clara haciéndole recordar las veces que la llenó de regalos intentando tenerla contenta o la vez que su padre intentó comprar su silencio con dinero.
El estribillo volvió a sonar de nuevo y Akane cantó con furia — Dime que soy tu himno nacional — Ranma no paraba de mirarla mientras cantaba. Notaba como Ukyo a su lado apretaba con furia su brazo aguantándose las ganas de levantarse y montar un escándalo, pero Ranma sabía que no lo haría, a diferencia de Akane, Ukyo se moriría si esas arpías allí presentes hablaran mal de ella.
Akane de repente soltó una risita que hizo eco en toda la sala — Esta es una historia de amor para la nueva era, para la página de chismes, estamos en una rápida y enferma destrucción… restaurantes caros, bebiendo y conduciendo, comprando en exceso, una sobredosis y agonizando — cantaba Akane con pasión — el alcohol, el amor, nuestros sueños y nuestra ira borran la línea entre lo real y lo falso, triste y sola necesito que alguien me abrace — Ranma notó que al cantar la última estrofa se le entrecorto la voz — y él lo hará, él lo hará muy bien.
Sus ojos, sus preciosos ojos que no quería dejar de ver jamás poco a poco se iban relajando, perdiendo la rabia a medida que la canción seguía y su corazón se aceleraba más ante la idea de tenerla de nuevo pronto entre sus brazos.
— Puedo decirlo, puedo decirlo… el me mantiene a salvo en su aislado y escondido cuarto de hotel.
— Ranma, Ranma para esto ya — murmuraba Ukyo al borde del llanto al saberse observada por todos con lastima — me está humillando, nos está humillando.
Pero la castaña no recibió respuesta, el presidente estaba totalmente hipnotizado por aquella mujer de la que se había enamorado la primera vez que la vio luciendo aquel despampanante vestido rojo, coqueteando con todo el mundo, teniéndola alegría y valentía que él no tenía… la amaba.
— El dinero es el himno del éxito así que ponte rímel y tu vestido de fiesta — susurro Akane con una torcida sonrisa en su cara — Yo soy tu himno nacional, chico levanta las manos y hazme una ovación de pie.
Ranma sonrió también al darse cuenta de que Akane le estaba pidiendo que si quería volver debía arrastrarse todo lo que ella se arrastró por él, que debía pelear y humillarse si quería su perdón ¿justo? Sin duda ¿lo haría? Sin pensarlo.
Akane se retiró el pelo de la cara con fuerza haciendo de un gesto banal algo tremendamente sexy — Chico has aterrizado en la tierra de la dulzura y el peligro de la reina de la nada — Ranma suspiró y Akane volvió a cantar aquellas frases que habían dinamitado todo.
— Dime que soy tu himno nacional ¡oh cariño! El arrodillarme me hace tan increíble ahora… dime que soy tu himno nacional, amorcito, amorcito… como ahora que te hago sexo oral — La gente empezó a murmurar y mirarle, algunos intrigados otros reprobatoriamente como si esperaran una explicación pero el… ni caso, solo veía a Akane, su Akane.
— El rojo, el blanco, el azul en el cielo, el verano está en el aire y el paraíso en tus ojos cariño — cuando cantó eso se tocó la cara levemente señalando sus ojos ¡yo soy tu himno nacional!
La gente se removía en su sitio — sin duda es para el presidente, hablando de ojos como el cielo… — sin duda él los tiene azules — Ukyo gruñó ante las palabras a su alrededor — ¿entonces el amante de la señorita Tendo fue siempre el señor Saotome?— era de esperar que cayera en sus redes — no te puedes fiar de ningún hombre.
Genma Saotome estaba rojo de rabia buscando la manera de acallar a aquella mujer que estaba destrozando su secreto mejor guardado. Se dispuso a levantarse para sacarla a rastras pero su mujer le frenó.
— Genma… espera — el hombre miro con curiosidad a su mujer pero esta le advirtió con la mirada que no se moviera.
Poco a poco la música fue disminuyendo y con ella los murmullos de la gente. Akane estaba en medio del escenario mirando fijamente a Ranma quien a su vez la observaba a ella, ignorando los ojos de los invitados quienes apenas pestañeaban, esperando que alguno de los dos aclarara o hiciera algo.
Akane entonces reacciono. Ante los ojos de Ranma la cantante salió de una especie de trance vengativo y desesperado, la observo respirar con dificultad y vio como sus ojo se aguaban. Con gesto tambaleante y para sorpresa de todos Akane bajo del escenario con rapidez y desapareció de la sala dejando a todos los invitados y los Saotome pasmados.
Ranma sintió de repente como si alguien le hubiera puesto unos cables eléctricos en las piernas, se levantó como un resorte llamando la atención de los invitados que murmuraron entre susurros.
— Ranma… ni se te ocurra — murmuró Ukyo mirándole con ojos asesinos.
El presidente miró a los presentes y luego a su prometida. Negó levemente y comenzó a caminar hacia atrás mirando la mesa donde estaba su familia — tengo que ir.
— ¡Ranma! Siéntate estas avergonzando a Ukyo — gruñó Genma — y a nosotros también.
— No puedo dejarla sola de nuevo — murmuro mirando a sus padres.
— ¡Lo que no puedes es renunciar a todo por un lio con esa mujer! — gritó Genma corroborado lo que el resto estaba pensando. Por fin la bomba había estallado liberándole de todas las cadenas que le ataban — ese amor que sientes es algo pasajero, lo superaras.
Ranma se quedó quieto mirando a su padre — ¿has dicho amor?
Genma al darse cuenta de sus palabras puso un gesto descompuesto en su cara — No…
— Lo has dicho.
— Ranma…
— ¡Por fin admites que la quiero! — Dijo Ranma sonriendo pues era la primera vez que su padre no se refería a Akane como un capricho pasajero — ¡Maldita sea la quiero! ¡La amo! — Dio dos pasos más y mirando a sus padres repitió con voz queda — la amo — y salió corriendo del salón persiguiendo a la mujer que él sabía era el amor de su vida.
Ukyo soltó un grito agónico ante la burlesca mirada de Ranko quien aplaudía y daba salto tos sobre su silla. Genma miró al rededor encontrándose con las miradas curiosas y reprobatorias de sus invitados.
— Ranma... ¡Ranma! — Al ver que su hijo ya estaba muy lejos miró a su mujer con gesto de pánico — ¡Nodoka haz algo!
— No hay nada que hacer Genma — dijo Nodoka demasiado tranquila, como si la alta sociedad de Japón no se hubiera enterado que su hijo tuvo un romance clandestino con una mujer que se consideraba la bomba sexual de la época y cuya forma de vivir era altamente reprobable a los ojos de todos los presentes.
— Pero... pero Nodoka...
— ¡Basta Genma! ¡Basta todos de cuchichear! ¡Aquí nadie es un santo! — Los invitados abrieron los ojos de par en par ante la brusquedad de la siempre correcta Nodoka Saotome — y tú deja de llorar — le hablo a Ukyo, demonios ¡esta es la fiesta de cumpleaños de mi hija! ¡Vamos todos! ¡A divertirse maldita sea!
La banda se puso a tocar música animada mientras que los invitados se removían en su sitio y hablaban entre ellos. Algunas, las más jóvenes, encantadas con la hermosa escena que habían presenciado ¿había algo más romántico para una adolescente que una historia de amor prohibido?
Entre los mayores había opiniones dispares, algunos apoyando el buen juicio del presidente, otros criticando a la joven tachándola de seductora caza fortunas, había diversidad de opiniones que fueron aplacadas por la mirada asesina de Nodoka Saotome.
— Creo que yo ya no tengo mucho que hacer aquí — dijo con una sonrisa el acompañante de Akane — muchas gracias por la velada, me lo he pasado muy bien.
Ranko asintió al hombre agradeciéndole sin palabras pues había visto como se había acercado a su hermano y hablado con él, estaba segura que aquel chico había dado un pequeño empujoncito a su hermano quien por fin había ido detrás de su felicidad.
— Buena suerte hermano...
*La castración de los deseos, del amor, del sexo… eso si es indecencia: Esta frase pertenece a la serie "Arde Madrid" la cual recomiendo enormemente.
