Capítulo 33
Me sorprendió que solo una persona captara la referencia a AR. La referencia era al video musical de la canción de la banda Texas 'In Demand'. Es un video hermoso y enigmático donde él parece ser un eminente hombre de negocios/político/lo que sea huyendo de los paparazzi en un hermoso descapotable con Sharleen Spiteri. Se detienen en una gasolinera desierta y bailan el tango, hay un poco de giros al final también. Tiene que ser una de las cosas más sexis del mudo, sea lo que sea que penséis de AR. Debéis verlo si no lo habéis hecho ya – merece la pena increíblemente. ¡Simplemente estoy tan celosa de Sharleen Spiteri! Está en youtube, sólo buscad Alan Rickman tango – lo encontraréis fácilmente.
Sob sob sob. No puedo creer que esto esté llegando al final, pero no voy a arrastrarlo. Encuentro difícil imaginar a estos dos fuera de Hogwarts. Quién sabe, mi musa puede llevarme un día en esa dirección, pero no por ahora…
Así que, ahora, qué tarea… espero que disfrutéis este capítulo. Yo disfruté escribiendo a McGonagall y espero haberle dado un poco de profundidad. Después de todo, ella ha conocido a estos dos durante mucho tiempo…
. . . . . . . . .
Hermione y Severus se sentaron frente a McGonagall.
La Directora de Hogwarts inicialmente no dijo nada, y se sentó con las manos cruzadas ante ella en el escritorio, mirando sus dedos.
Hermione volvió a sentirse como una estudiante de Segundo Año.
El rostro de Severus se encogió imperceptiblemente.
Ni siquiera se atrevían a mirar al otro.
Permanecieron sentados en silencio durante lo que pareció una eternidad. Hermione podía oír el tictac de varios relojes a su alrededor.
Por fin, McGonagall levantó la mirada, sus ojos moviéndose de uno a otro. Su voz rompió el silencio, provocando una sacudida en el núcleo de Hermione.
"¿Durante cuánto tiempo ha estado sucediendo esto?"
Fue insistente y concisa, pero se mantuvo tranquila. Era casi como si estuviera preguntando acerca de unos ingredientes de pociones robados.
Hermione se movió incómoda y finalmente miró a Severus, insegura de si podía responder o no. Él miraba al frente. Ella abrió la boca para hablar, pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, las palabras de él cortaron las suyas.
"Desde octubre."
El rostro de McGonagall parpadeó un poco. Hubo más silencio. Parecía casi insegura de qué decir. Luego la Directora sacudió la cabeza y miró a ambos severamente.
"No necesito deciros a ninguno de vosotros que las relaciones entre maestros y alumnos están prohibidas. Si tuviera que seguir la ley del colegio tal como está establecida, resultaría en el despido instantáneo del maestro y la expulsión de la estudiante."
Más silencio. McGonagall se tensó aún más. Se volvió bruscamente hacia su Maestro de Pociones. "¿Severus?"
Él finalmente la miró a los ojos y habló, claro e inequívoco. "No considero a la Señorita Granger una alumna."
La Directora suspiró un poco. "Acepto que ha pasado más allá de los límites de lo que yo consideraría una alumna, Señorita Gr… Hermione. Yo misma te animé a vestirte con tu propia ropa, te invité a sentarte con el profesorado en la mesa alta. De hecho, después de todo lo que has pasado, me resulta imposible atribuirte el término 'alumna'. Pero rechazaste mis ofertas, Hermione. Fue tu decisión mantener tu uniforme y asociarte por completo con los otros alumnos. Como tal, a sus ojos, eres una de ellos. Y en consecuencia, esta… situación… me pone en una posición muy incómoda. Ellos la considerarán una relación entre alumna y maestro. ¿Cómo puedo dejarlo pasar?
Hermione, por una vez, no pudo pensar en nada que decir.
McGonagall suspiró un poco antes de volverse hacia Snape.
"Y tú, Severus. ¿No ves los problemas éticos y morales aquí? Estabas en una posición de responsabilidad sobre esta chica."
"Discúlpeme, Profesora McGonagall." La voz de Hermione atravesó el aire, repentina y enérgicamente. "Ya no soy una chica. Dejé de ser una chica cuando presencié la muerte del padrino de mi mejor amigo, cuando pasé un tiempo viviendo a la intemperie, evadiendo la captura, buscando la luz en la oscuridad constante, cuando fui torturada a una pulgada de la muerte por Bellatrix Lestrange en la Mansión Malfoy. Evidentemente, Severus comprende eso, incluso si usted no lo hace."
Ambos se volvieron a mirarla con clara sorpresa ante su repentina proclamación. McGonagall al principio se erizó, pero cuando las palabras de Hermione calaron, su rostro se relajó y bajó la cabeza.
"Lo siento, Hermione. Debes comprender que, como Directora, estoy preocupada por el bienestar de todos los que están a mi cargo. Tengo que preguntarte…" se movió incómoda, antes de mirarla a los ojos, "¿Severus… inició esto… se propuso seducirte?"
Hermione sintió a Snape incorporándose en su silla junto a ella. "¡No! No, en absoluto. Por supuesto que no." Su mente rápidamente reprodujo el comienzo de su relación. Tenía que admitir que la primera vez que habían tenido relaciones sexuales no era un momento que deseara explicarle a su directora, pero sabía muy bien que, en lo que respecta a la seducción, fue ella quien había dejado sus sentimientos abundantemente claros desde el principio. En todo caso, ella lo había seducido a él. "Por favor, Profesora, Severus no habría hecho nada si no hubiera sido por mí. Yo quería esto. Yo… necesitaba esto."
McGonagall la miró atentamente y con respeto preocupado. Bajó la cabeza, murmurando, "Desde luego," luego la levantó hacia Severus, que parecía más ofendido. "Lo siento, Severus. No estaba sugiriendo ninguna coerción por tu parte. Simplemente tenía que preguntar, ya entiendes." Sacudió la cabeza con un suspiro. "Qué tonta he sido, por no haberlo visto. Recuerdo vagamente un incidente en los corredores hace un tiempo que os involucró a los dos… y has estado tan… feliz últimamente, Severus…" Pareció pensativa por un momento. Hermione y Severus se miraron el uno al otro.
El silencio volvió a descender sobre ellos. Estaba claro que McGonagall no estaba segura de cómo proceder. Fue la voz de Snape la que sonó a continuación.
"Tendrás mi renuncia por la mañana."
McGonagall lanzó la cabeza hacia él. "Severus…"
"Estaba preparándome para entregarla de todos modos. Esto… me ha obligado a hacerlo antes de lo esperado, eso es todo."
Ella bajó la vista, haciendo una pausa antes de continuar con solemnidad, "No puedo imaginar Hogwarts sin ti, Severus. Será un triste día cuando te marches, pero…" suspiró hondo, "Creo que, dadas las circunstancias… tu renuncia puede ser el mejor curso de acción a seguir. No deseo despedirte, Severus. Si eso es lo que deseas, entonces tengo que decir que nos facilitará mucho las cosas a todos. Y… lejos de mí meterte ideas en la cabeza, pero puedes encontrar que cuando feches tu carta de renuncia, erróneamente pongas la fecha equivocada, la de uno o dos días antes del baile…" Lo miró por encima de las gafas, con un leve centelleo en los ojos. Si pudieran anunciar que había renunciado antes de que su relación se hiciera pública, atenuarían parte del escándalo que seguramente envolvería al colegio.
"Se le debe permitir a Hermione hacer sus EXTASIS y no debe ser expulsada. Eso sería ridículo." Severus habló abrupta y enérgicamente.
"Por supuesto. Tendré que examinar por completo todo lo que ha sucedido aquí. Pero, debo deciros que sólo tengo una influencia menor en el resultado. Los gobernadores tomarán las decisiones finales. Hermione, me esforzaré por retratarte como algo más que una estudiante para el cuerpo directivo, como de hecho lo eres. Sólo te queda una semana para dejar el colegio y los exámenes son exámenes públicos de magia, cualquiera puede hacerlos. No depende del colegio decidir si puedes hacerlos o no. No hay duda de que los harás, y si tengo algo que ver con eso, tampoco la hay de que no serás expulsada de Hogwarts. Has sido una estudiante tan extraordinaria, que quiero que te marches con tu reputación intacta."
Hermione logró dirigirle una pequeña sonrisa a la Directora. "Sabe tan bien como yo que he cortejado la controversia durante mi tiempo en Hogwarts. ¿Por qué no terminar de la misma manera?"
McGonagall sonrió levemente, luego suspiró y se quitó las gafas, frotándose los ojos. "Desafortunadamente, el asunto de vuestro pequeño… enlace… es sólo la mitad de la historia de la noche. En todo caso, el problema mucho más grave e inmediato es el hecho de que tu varita se haya levantado contra la garganta de un estudiante, Severus."
"Tienes mi renuncia, ¿qué más quieres?"
"Desafortunadamente, los gobernadores pueden decidir imponer más castigos." Suspiró, sus rasgos registrando disgusto lamentable. "Severus… ¿tenías que hacerlo frente a todo el cuerpo estudiantil, el profesorado y algunos de los brujos más eminentes de nuestra tierra?"
Severus permaneció notablemente frío. "El chico era detestable. Sólo lamento no haber seguido con lo que tenía en mente."
"¿Y qué tenías en mente?" McGonagall era claramente curiosa.
Snape alzó una ceja hacia ella y abrió la boca para hablar. Ella sacudió la cabeza enseguida, levantando la mano. "No importa." Después de otro suspiro, continuó. "Pero, Severus, ¿qué justificó tu ira y reacción?"
"Filmore estaba comportándose con gran indecencia, al borde de la agresión, hacia Hermione. Traté de detenerlo, pero en ese momento procedió a insultarnos tanto a Hermione como a mí en los términos más groseros. Era evidente que había consumido cantidades considerables de alcohol. Ha violado gravemente varias reglas escolares y debería ser expulsado de inmediato."
"El comportamiento del Sr Filmore será objeto de un escrutinio cuidadoso, puedo asegurártelo. Si ése es el curso de acción que debe tomarse, entonces, por supuesto que lo será. Me gustaría que ambos escribierais y firmarais una declaración detallando vuestra versión de lo que tuvo lugar esta noche." Volvió a suspirar y se llevó una mano a frotarse los ojos con cansancio antes de levantar la mirada hacia el retrato de Dumbledore. Estaba durmiendo pacíficamente, aparentemente ajeno a todo lo que estaba sucediendo. "Querido, oh querido. A veces desearía que mi ilustre predecesor estuviera aquí para resolver estos asuntos."
"Yo fui tu ilustre predecesor," siseó Snape con sequedad.
McGonagall pareció sobresaltarse y dejó caer la cabeza, "Sí, sí, desde luego, Severus… un desliz de la lengua. Pero sabes mejor que nadie que no empleamos nuestras varitas para imponer disciplina en este colegio."
"¡Alastor Moody se lo hizo a Draco Malfoy en Cuarto Año!" chilló Hermione de repente. "Lo transformó en un hurón. No fue castigado por eso. Severus ni siquiera dijo una palabra."
"Hermione. De hecho, el incidente al que te refieres se trató con la máxima seriedad. Es posible que hayas sido una receptora privilegiada de gran parte de la información interna que lo que pasa en este colegio, pero puedo decirte, que hubo, y hay, gran cantidad de cosas que no sabes." Hermione hundió la cabeza avergonzada. "En cualquier caso, aquél no era estrictamente el Profesor Moody – era Barty Crouch Jr. Permitidme reiterarlo – nuestro profesorado no levanta sus varitas con ira hacia los alumnos." Su mirada se volvió fríamente hacia Severus, que la miraba con una arrogante falta de preocupación.
"La acción estuvo justificada bajo las circunstancias, puedo asegurártelo."
"Parece que hubo circunstancias atenuantes, estoy de acuerdo, pero aun así tendré que instigar el procedimiento disciplinario, ya sabes eso. Como estás renunciando, cualquier castigo probablemente implicará una pérdida de salario o, en el peor de los casos…"
El rostro de Severus se tensó. "Sigue."
McGonagall respiró hondo. "Si el cuerpo de gbernadores concluye que has desprestigiado al colegio, tienen el poder de despojarte de tu varita durante un tiempo."
"¡Pero eso es ridículo!" exclamó Hermione.
McGonagall la miró con triste resignación. "De hecho, es lamentable, pero así es cómo los gobernadores tienen pleno derecho a actuar, si lo consideran conveniente."
Severus hizo un leve gesto de desprecio. Ninguna de las opciones sonaba atractiva.
El silencio volvió a caer sobre ellos. Finalmente, McGonagall se levantó y cruzó para mirar por la ventana. "También fue un baile tan maravilloso. No he disfrutado tanto desde que tengo memoria." Un profundo suspiro escapó de ella. "Aun así, no imagino que haya estropeado la diversión de nadie más allí, aparte quizá del Sr Filmore. Creo que la mayoría de la gente, desde el más joven de Primer Año hasta el mismo Ministro de Magia, encontraron vuestro pequeño incidente como el mejor entretenimiento de la noche. Supongo que tengo que estaros agradecida a ambos por eso."
Hermione logró reír un poco. McGonagall se dio la vuelta para encararlos. "No será fácil para vosotros ahora. Habrá susurros, murmuraciones y risitas. Todavía falta una semana para que os marchéis, y tú, Hermione, tienes exámenes en los que concentrarte. ¿Podrás hacerlo?"
"Estoy acostumbrada a centrarme en el trabajo académico en circunstancias difíciles, Profesora."
McGonagall sonrió para sí misma. "Sí, supongo que lo estás."
Severus se había vuelto hacia la joven a su lado. Extendió la mano y tomó la suya de repente. Hermione lo miró sorprendida y sonrió cálidamente.
La Directora continuó. "¿Qué os poseyó para bajar la guardia esta noche? Claramente habéis sido muy cautelosos hasta ahora."
Hermione no estaba segura de qué decir, aunque no había dudado de lo apropiado de su revelación. Simplemente se sentía correcto. Levantó la mirada hacia la Directora, tratando de pensar en cómo expresarlo.
"Era el momento." Severus habló repentina y simplemente junto a ella. Se volvió y lo miró con profundo amor y afecto, y se inclinó suavemente y plantó un beso en sus labios.
McGonagall frunció el ceño un poco, pero no con desaprobación. Su expresión se fundió en una pequeña sonrisa. "Y ahora, vosotros… ¿qué pasa ahora?" preguntó con genuina preocupación.
Hermione respondió. "Tenemos la intención de mudarnos juntos a Londres. He aceptado un trabajo en el Ministerio. Severus encontrará empleo cuando pueda."
"Tu reputación como mago te precede, pero ya sabes que siempre te escribiré una referencia brillante, Severus."
Hermione parecía repentinamente preocupada. "No cree que… este… incidente afectará a nuestras oportunidades de empleo, ¿verdad?"
"Oh, no. No lo creo, Hermione. No es relevante para el Ministerio de Magia. No te ven como una colegiala, y ciertamente no ven a Severus como un maestro de escuela, créeme. Es eso, están mucho más iluminados que nosotros, en nuestra pequeña burbuja académica. En todo caso, debería imaginar que te habrá hecho mucho bien, Severus."
Él alzó una ceja hacia ella. Ella le sonrió. "Oh, sí… será alentador para mucha gente saber que tienes corazón después de todo."
"Pienso que mucha gente ya lo sabe," dijo Hermione dulcemente, estrechándole la mano.
McGonagall suspiró una vez más. "Bueno, supongo que es mejor que lidie con el Señor Filmore ahora. Esperemos que esté lo suficientemente sobrio como para ser capaz de ofrecerme un relato coherente de lo que sucedió. Por favor, ¿podría tener vuestras declaraciones a primera hora de la mañana? Os recomendaría discreción, pero no veo la necesidad de que permanezcáis alejados el uno del otro por completo. De hecho, cuanto más podamos hacer que parezca una… relación aceptable y… normal, mejor." No parecía completamente convencida por sus palabras. "Te aconsejaría, Hermione, que te vistas con tu propia ropa durante la última semana, como siempre quise. También me gustaría que te sentaras a la mesa alta. Intentaré hacerte pasar como 'una de nosotros', digamos. Aunque lo admito, parece que estamos cerrando la puerta del establo después de que el caballo se haya fugado." Suspiró una vez más. "Cuando haya reunido las declaraciones de todos los que necesito, las presentaré a los gobernadores. Sin embargo, les recomendaré que… sean blandos con vosotros. Soy, después de todo, humana. Eso será todo por ahora."
Hermione y Severus se levantaron para marcharse, pero antes de que pudieran ella los llamó de vuelta. "Oh, y… buena suerte, a los dos. Tengo que decir que… cuando el polvo se haya asentado, espero que encontréis la verdadera felicidad. Ambos la merecéis y… a pesar de tener que lidiar con las consecuencias, me resulta extrañamente satisfactorio que vosotros dos, mi estudiante más brillante y mi más brillante profesor, debíais… encontraros el uno al otro. Lejos de mí dictar que la convención académica debería haber impedido que os unierais. Parece extraño, Severus. Siempre nos había imaginado a ti y a mí, dos viejos maestros solitarios, terminando nuestros días aquí. Parece que estaba equivocada." Les sonrió con ternura.
Hermione miró a su Directora. "Gracias por todo, Profesora. Lamento mucho las dificultades que le hemos causado. Eso era lo último que queríamos." Echó un vistazo a Severus para que corroborara sus palabras. Él la miró por un momento, no del todo seguro de lo que ella esperaba, luego pareció volver a sus sentidos y se volvió hacia McGonagall.
"En efecto… mis disculpas, Minerva."
La Directora le dirigió una leve sonrisa.
"Adiós, Profesora McGonagall," dijo Hermione, con la mano en la puerta.
"Buenas noches, Directora," concluyó Severus.
Con eso, se tomaron de las manos con fuerza y bajaron las escaleras, dejando a la Directora de la Escuela Hogwarts sola en su estudio, mirando por la ventana.
Cuando llegaron al final de los escalones se detuvieron y se volvieron el uno hacia el otro. Hermione levantó la mirada hacia él y se estalló en lágrimas. No estaba segura de si era de vergüenza, alivio o simplemente agotamiento nervioso. No importaba. Él se acercó enseguida a ella y la abrazó firmemente en sus brazos. Ella cerró los ojos y se sintió envuelta en una espesa comodidad negra.
Finalmente, él le levantó la cabeza y besó las lágrimas de su rostro. "Está bien… todo está bien…"
"No quiero que te quiten tu varita."
"Tampoco yo, pero… hay otras formas de emplear mi magia, y no sería por mucho tiempo, imagino."
Ella admiró su resiliencia. Levantó la mirada hacia él, buscando su rostro. "¿Por qué crees que lo dejamos salir esta noche, de todas las veces?"
"Como dije… era el momento… no podía fingir más, ni quería hacerlo."
"Fui yo quien lo comenzó. Dije tu nombre."
"Sí, una vez más… de profundis."
Sus ojos se habían apartado de los de ella, y estaban mirado fijamente mucho más allá de su entorno. Fue su turno de alzarse y besarlo.
"Pensando en el pasado, probablemente habría sido mejor para mí simplemente haber seguido el consejo de McGonagall y no haber vivido como una estudiante desde el principio. De esa manera, probablemente podríamos haber estado juntos como una pareja adecuada para el mundo."
Él de repente volvió a enfocarse en ella y bajó la mirada con una sonrisa burlona en el rostro. "Sí… pero, ¿dónde habría estado la diversión en eso?"
Hermione juguetonamente lo palmeó un poco, pero no pudo negar la verdad de sus palabras. Su relación se había desarrollado, inicialmente al menos, debido a la dinámica entre ellos; su autoridad sobre ella, la seductora resistencia de ella. Mientras estuvieran en el colegio, sabían que era la única forma en que ambos querían que fuera. Los encuentros peligrosos, las muchas veces de cercano descubrimiento, las miradas a través del aula y el comedor; nunca había conocido nada tan embriagadoramente emocionante.
Era sólo ahora, ahora que su relación se había profundizado inconmensurablemente, que habían llegado a un punto en el que ambos estaban tan contentos consigo mismos y el uno con el otro, cuando sabían que su tiempo en el colegio estaba llegando a su fin, que eran capaces de seguir adelante. Revelarse había sido lo más natural en ese punto. El incidente con Lawrence había sido simplemente el catalizador.
Hermione volvió a sonreírle. "Entonces… ¿no te arrepientes?"
"Ciertamente no… aunque, me habría arrepentido de maldecir al tonto. Lo más probable es que habría resultado en una sentencia en Azkabán y, por lo tanto, lejos de ti."
"No lo habrías maldecido."
Él la miró, curioso por su confianza en él. "O, sí… lo habría hecho… si no me hubieras detenido."
Su voz había adoptado un tono escalofriante. Ella habló enseguida para empujarlo hacia atrás. "¿Y qué ibas a decir… cuál era la maldición, Severus?"
Una leve sonrisa parpadeó alrededor de su boca. "Digamos que involucraba cierta parte de su anatomía, la palabra 'Minimus', y una cucaracha."
Ella rio y recostó la cabeza contra su pecho. "Eso es malvado."
"Una vez me dijiste que pensabas que era malvado."
Ella volvió a levantar la vista hacia él, mirándolo profundamente a los ojos. "Estaba equivocada. Pero de todos modos, como he dicho… no hay blanco y negro."
Él arqueó una ceja ante sus enigmáticas palabras, antes de girarse y ofrecerle el brazo para alejarla de allí.
Pasearon por los corredores. Podían oír débilmente la música que todavía continuaba en el gran comedor. El baile se estaba terminando, pero mucha gente seguía bailando. No se encontraron con estudiantes ni profesorado mientras se dirigían a sus habitaciones. Hermione se alegró; lidiaría con eso por la mañana.
Pero al doblar hacia el corredor que conducía a su salón de clases, se encontraron con los ojos pálidos y límpidos de la gata de Filch. Se miraron el uno al otro, con una leve sonrisa en sus rostros.
"Él no estará muy lejos. Lo sé por la pasada experiencia," le dijo Hermione con ironía a Severus. "¿Crees que lo sabe?"
Los pasos arrastrados de Argus Filch se acercaban sonando cada vez más fuerte.
Severus de repente estrechó los brazos alrededor de la cintura de Hermione y se inclinó, besándola apasionada y profundamente en el medio del corredor.
Cuando finalmente se separaron, se volvieron para encontrar al bedel de Hogwarts mirándolos con una expresión de una gárgola estreñida que finalmente, para su absoluta sorpresa, encontró alivio después de 1000 años. Severus sonrió burlón y le murmuró, "Ahora lo sabe."
Tomó su mano y la condujo pasando junto a Filch, bajando la vista más allá de Hermione a la Señora Norris mientras pasaba.
"Un coñito* encantador, Argus."
A Hermione le resultó imposible no disolverse en risitas antes de que estuvieran fuera del alcance del oído.
"Dios, eso fue muy malvado. Eres un hombre cruel, cruel."
"Bien entonces, debes comenzar a redimirme de inmediato." La atrajo hacia sí y la besó una vez más.
Se separaron y ella le sonrió. "No puedo creer que nunca hayamos sido atrapados… in flagrante…. por así decirlo. Nada más que antes esta noche en el corredor."
"Hmm… para entonces, no creo que realmente me importara si lo fuéramos, para ser honesto."
"Oh, dios… ¡puedes imaginar si McGonagall nos hubiera encontrado así!"
Él sonrió burlón. Hermione estaba pensando en su cópula de antes. "Fue… tan bueno, Severus… uno de los mejores, y… ha habido bastantes."
Él la miró fijamente. "Estabas… estás… extraordinariamente hermosa esta noche."
Él le tomó la mano y la condujo a través de su aula, de la que por una vez se sintió extrañamente desapegada, y dentro de sus habitaciones privadas. Luego se paró en el centro de la sala y caminó a su alrededor mirándola vestida en el satén rojo de su vestido. Sacó su varita y continuó caminando en círculos pausadamente, moviéndola arriba y abajo sobre su cuerpo a medida que avanzaba.
"¿Qué estás haciendo?"
"Quitando todo rastro de… él."
Ella le permitió continuar en silencio. Sus ojos se clavaban en su cuerpo mientras se movía, como si él mismo estuviera limpiándola, no su varita.
Finalmente se detuvo y colocó el palo de madera sobre una mesa auxiliar. Entonces cruzó hacia ella, mirándola con satisfacción, y tomó su cintura entre las manos. Severus simplemente la abrazó durante un rato, las palmas de sus manos moviéndose lentamente arriba y abajo por su cuerpo. Luego, inclinando la cabeza, la besó larga y lentamente. Ella pensó que nunca pararía. No quería que lo hiciera.
Después de una eternidad en la que simplemente estuvieron juntos en pie, labios y lenguas acariciándose y saboreándose, como por primera vez, él se apartó un poco y le dio la vuelta en sus brazos. Su cabeza descendió al sensible punto donde la clavícula se elevaba hacia el hombro y sus labios cálidos y calientes acariciaron allí. Luego sintió sus manos en la base de los cordones de su vestido. Tiró y se aflojaron. Sus pulmones se llenaron de aire de forma natural cuando se alivió la tensión del corpiño. Sus largos dedos continuaron tirando de los cordones y ella sintió que se los sacaba de los ojales, uno por uno. Después, cuando se separaron por completo, él volvió a darle la vuelta, y observó maravillado cómo su vestido se desplomaba hasta el suelo, revelando sus pechos llenos y cálidos ante él.
Severus se quedó inmóvil y los miró fijamente, elevándose y cayendo lenta y regularmente a la tenue luz de las velas. Para él, era una imagen de completa perfección. Hermione se desabrochó las medias y se las quitó junto con el liguero. Pronto estuvo desnuda ante él. Entonces se adelantó y levantó las manos a sus botones. Le tomó un tiempo desabrochar incluso los primeros, y él abrió la boca para ayudarla con magia, pero ella anticipó lo que estaba haciendo y levantó un dedo a sus labios. Volvió la cabeza a la larga levita y continuó con su tarea, deleitándose en ella. Recordó las palabras de Rose de antes, pero esta vez, se formaron en su cabeza con una ligera variación… "Tantos botones… todo el tiempo del mundo…" Sonrió en secreto para sí misma y sus manos trabajaron firmemente hacia abajo por su torso. Él ahora estaba respirando rápidamente mientras la mujer desnuda de dedos suaves y flexibles lo abría para ella.
Alcanzó la faja en su cintura y la desató. Cayó al suelo y ella continuó bajando, bajando, arrodillándose cuando se acercaba al final.
Por fin había completado su tarea. Le había tomado largos minutos, no es que ninguno de los dos hubiera objetado. Había sido un acto de absoluta devoción. Hermione volvió a ponerse en pie, y vio el tejido negro abriéndose de forma natural. Levantó las manos, casi reacia a despojarlo de ella. Pero sus manos se elevaron a sus hombros y apartó suavemente la pesada prenda de ellos. Se desplomó en oscuras cortinas hasta el suelo. Ahora le desabrochó la camisa de lino blanco debajo, aunque esto apenas le llevó tiempo en comparación. Fue el turno de ésta de deslizarse de sus hombros. Aparte de sus zapatos, que se había quitado él mismo, no llevaba nada más y ahora estaba desnudo y erecto ante ella.
Se acercó a él, sintiéndolo presionar contra su vientre, pero ignorándolo por ahora. Recostó la cabeza en su pecho y sus brazos la encerraron, mientras que los de ella se levantaron sobre su espalda surcada de cicatrices.
Luego las rodillas de él se doblaron un poco, y llevó un brazo por debajo de sus caderas, mientras el otro rodeaba su espalda. Hermione sintió que la levantaba y la llevaba a su dormitorio. La puso sobre la cama y se acostó a su lado enseguida. Entonces, casi con reverencia, bajó a su pecho. Con una mirada al suave montículo ante él, se lo llevó a la boca y lo chupó. Hermione llevó la mano a su cabello, acariciándolo y calmándolo.
Su pezón se hinchó en su boca y un hormigueo de deleite fluyó a través de ella hasta su núcleo. Ella le concedió su indulgencia y trató de reprimir su propia necesidad. Pero no tenía por qué haber temido, ya que pronto sintió dedos lánguidos, acariciando, separando, sondeando. Sabía que estaba resbaladiza por el deseo, pero el placer que él le provocaba mientras estaba en sus pechos, la llenaba de una felicidad tan sublime, sabiendo cómo adoraba alimentarse de sus apretados capullos rosados, que cuando se corrió, fue como si su cuerpo se hubiera disuelto en una cascada de pétalos de rosa.
Finalmente él se desplazó hacia arriba de nuevo, besándola con ternura y susurrándole, "Te amo," al oído. Ella sonrió, repitiéndoselo, y lo sintió deslizarse en su interior. Estaba tan mojada que resbaló en un movimiento fácil y fluido, cogiéndola casi por sorpresa.
Él cerró los ojos y respiró, esperando, sintiendo, existiendo. Luego, lentamente, comenzó a moverse a lo largo de ella, sus ojos volviendo a abrirse y sosteniendo su mirada, el rostro a un solo aliento del suyo. Su placer creció rápidamente, Hermione incapaz de distinguirse a sí misma de él.
Luego, en silencio maravillado, se corrieron juntos, el momento a la vez evasivo y abrumador. Fue como si hubiera sido forjado a través de la magia más profunda, pero en realidad fue un instante de absoluta humanidad.
Yacieron quietos, simplemente mirándose el uno al otro. El tiempo pasó por ellos. Después Severus se tumbó a su lado, todavía enterrado profundamente en su ser, y cayeron dormidos.
. . . . . . . . .
Simplemente adoro a estos dos…
Empleé la expresión 'de profundis' antes. Como estoy segura que sabéis, significa 'Fuera de las profundidades' en Latín. Adoro el sonido y el sentimiento de las palabras - ¡cómo me encantaría oír a SS/AR susurrándomelo al oído!
*N/T: Juego de palabras con la palabra 'pussy', que tiene el doble significado de 'gatito' y 'coño'.
