Hola hola chicos, tal y como prometí. Aquí les dejo un capítulo más de esta historia. Literalmente no dormí porque me inspiré y creo que, de hecho, voy a hacer una mini maratón por Año Nuevo, aunque no prometo nada, pero este sí que se los había prometido, así que espero que los disfruten.

Capítulo 11

Luego de prácticamente tirarle la puerta en las narices a aquel presuntuoso alfa, la morena decidió que necesitaba una siesta urgente. Viajar tanto tiempo con aquella que se hacía llamar príncipe evitando activamente tirarle bolas de fuego para borrarle la sonrisa que trataba de mantener para aligerar el ambiente. Odiaba terriblemente a aquellos que se esforzaban en no querer una situación que era de por sí incómoda, provocando únicamente más tensión en el ambiente y llenándola de irritación. Deberían darle un premio por su autocontrol.

Decidida a darse un baño rápido, llamó a las sirvientas que le habían asignado para su estadía allí para que le preparasen un baño caliente y relajante. En cuento estuvo listo, se metió rápidamente en la tina y trató de relajarse luego de un agotador viaje en caballo con la única compañía de la rubia. Odiaba el hecho de que a su mejor amiga y doncella no le haya sido permitido viajar con ella, al menos habría podido ignorar tranquilamente a la irritante rubia. Pero su madre pensaba en otra cosa, de hecho, sus palabras exactas fueron: "Debes conocer mejor a Su Alteza, querida. No quiero que te distraigas de ello". Como si quisiera conocer a la rubia. Toda curiosidad que pudo sentir hacia ella menguó en el momento en que la rubia había aceptado sin pensar en ella aquel trato loco. Al menos, al príncipe Phillip lo conocía de más tiempo y sabía que en general era un buen hombre, amable con ella y nunca le había faltado el respeto. Pero la rubia…aquella la alteraba de una forma que no entendía, recordaba perfectamente el evento en los pasillos del palacio del Reino de Plata. Antes, cuando su madre le había contado aquella historia sobre los seres antiguos, había enloquecido brevemente pensando en que sería una locura, pero luego recordó cómo se había sentido el toque del alfa sosteniéndola en aquel suelo. En su momento, recordar aquella sensación le daba una llama de esperanza. Tal vez realmente estaban destinadas a estar juntas en un futuro y su madre le permitiría tener una relación basada en el amor y no sólo en los beneficios. Había pensado que tal vez con la rubia tendría una oportunidad de conocer el amor. No iba a negar que la atraía inmensamente, nunca antes había sentido con nadie aquello que sintió en los leves minutos de estar tan cerca de ella. Recordó las pequeñas conversaciones que habían mantenido cuando la salvó aquel día en el bosque. Recordó el sentimiento que crecía en ella cuando la llamaba niña, recordó lo nerviosa que se puso cuando era el objeto de atención de la rubia. Pero también pensó en cómo todas las ilusiones se hicieron añicos cuando su madre le dijo lo que ocurriría, el hecho de que la enviaban a un reino desconocido con personas desconocidas sólo porque su madre estaba creyendo seriamente en cuentos infantiles. Y si no fuera porque la rubia había aceptado ese hecho tan rápido, la hubiera tomado como una víctima más de las locuras de su madre. Pero la rubia no se negó, no discutió, y peor aún, no le consultó ni pensó en lo que ella tal vez podría querer. Se portó como eso alfas idiotas que piensan que todos los omegas deben besar el suelo por el que caminan y aceptar sin rechistar cada decisión que tomen. Si su dichoso futuro predestinado era así, bien podría el destino meterse sus elecciones por donde le quepa.

Luego de aquel tan necesitado baño, se vistió con un camisón que tenía entre la poca ropa que había conseguido reunir antes de ser llevada al Reino Blanco y se recostó entre las suaves sábanas que cubrían la cama. Estaba tan cansada que no tardó casi nada en quedarse dormida.

Al entrar en la habitación, se dio cuenta que no era la suya. De hecho, no estaba segura de donde estaba, pero eso casi no importaba, lo que la llamó la atención fue que había alguien en el medio de la habitación arrodillada. Era una mujer, de eso estaba segura. Se asomó un poco para ver si estaba bien y se sorprendió con la imagen que la recibió. La joven estaba completamente desnuda, sus pezones rígidos como si el viento frío de la habitación los estuviera castigando. La cabeza la tenía gacha, y sus manos estaban detrás de su espalda sujetas con una soga que se veía suave a uno de los postes de la cama que tenía detrás. Podía escucharla gimotear y sollozar, como si estuviera adolorida. No quiso acercarse tanto con temor a ser descubierta, pero parecía que no había nadie más que ella y aquella chica en la habitación por lo que con un suave susurro trató de llamarla, pero la chica no la reconoció ni levantó su mirada, como si ni se diera cuenta de que estaba allí. Se acercó decidida a saber qué le ocurría y lentamente se acercó a ella, posó una mano delicadamente en el hombro de la chica, pero se sorprendió cuando la atravesó.

Por un segundo se asustó, ¿acaso había muerto? Pero luego descartó el pensamiento estúpido al darse cuenta que el escenario cambiaba levemente, la habitación se había oscurecido un poco y por las ventanas entraban pequeños rayos de sol que lamían la piel de la joven como pequeños fuegos. De la nada, la noche estaba cayendo. Esto tenía que ser un sueño definitivamente.

Luego de la absurda preocupación dejó que el sueño se desarrollara y esperaba a levantarse pronto. No entendía por qué soñaba con una chica desnuda y amarrada, pero no iba a psicoanalizarse en un sueño tampoco. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un gemido lastimero saliendo de la chica, casi como si estuviera sufriendo de alguna manera, pero no estaba entendiendo exactamente qué ocurría; luego de lo que parecieron horas escuchó unos pasos ligeramente pesados, apresurados. Se asustó, pero luego recordó que todo era un sueño y esperó que ingresara el dueño de los pasos.

Grande fue su sorpresa cuando entró nada más ni nada menos que el mismísimo príncipe Emma. Vestía algo parecido ligeramente a un chaleco y unos pantalones que parecían de algodón pero que la hacían ver muy…alfa.

-Hola pequeña- dijo la rubia acercándose como un depredador a la joven arrodillada. - ¿Has sido mi buena niña y has hecho lo que te pedí? ¿O te corriste y tendré que castigarte pequeña? - terminó mientras se acercaba por completo a la joven. La rubia se agachó frente a la joven, pasó su mano por el cabello de la chica y le alzó ligeramente el rostro, pero no lo suficiente para verle la cara. La besó y la joven respondió al beso apresuradamente y con desesperación. La rubia dejó de besarla luego de unos pocos minutos.

Regina estaba aturdida, no entendía nada de lo que pasaba, ni mucho menos por qué soñaría con la rubia que la traía irritada. Y peor en este tipo de sueño. No estaba segura de dónde meterse, pero ni tapándose los ojos podía dejar de ver aquella escena, recordando así que todo es un sueño. Terriblemente excitante, que lo decía ella, pero un sueño al final con la rubia irritante.

Emma soltó una ligera risa ante la obvia desesperación de la joven y siguió explorando con sus manos el cuerpo de la joven. Regina podía ver cómo el cuerpo de la niña respondía al más mínimo toque y ella no pudo evitar hacer en su sueño algo que aún no lo había hecho en la vida real, ni siquiera estaba segura de cómo hacerlo, pero llevó una mano delicadamente a su montículo masajeando ligeramente la zona, tratando de aliviar un dolor sordo que sentía y se dijo a sí misma que no debe sentirse mal, al final, Emma fue quien invadió sus sueños.

La mano de la rubia tomó uno de los pechos de la joven y lo masajeó suavemente sacándole pequeños gemidos mientras trataba de hablar y suplicar. Regina no estaba segura, pero creía que la chica ahora estaba amordazada y por ello sólo la escuchaba gimotear ante las burlas del alfa.

La rubia dejó de masajear a la niña y comenzó a tirarle suavemente uno de los pezones mientras el otro era capturado por su boca. Regina comenzó a masajear mucho más hacia dentro su zona íntima sintiendo que el calor se apoderaba de ella. Emma continuó con lo que hacía hasta que la niña tiró de sus restricciones y gimió un poco más alto, luego de eso llevó su mano levemente hacia el abdomen de la joven y jugueteó por unos segundos con el ombligo de la niña. Regina podía ver que la joven estaba completamente desesperada por ser tocada en otra parte y se lo hizo saber a Emma con un ligero gruñido y más gemidos retenidos por la mordaza. Sin embargo, Emma no se lo tomó muy bien y le soltó un fuerte azote que sólo provocó que salga más gemidos lastimeros y necesitados de la joven.

-Recuerda quién manda aquí niña, yo decido qué tan rápido vamos y si quiero jugar contigo por horas lo hago, y si quiero hacer que acabes en segundos lo hago. ¿Entiendes, o debo castigarte ahora pequeña? -amenazó la rubia a la joven haciendo que suelte un ligero sollozo mientras negaba la cabeza en sumisión y derrota. Regina no podía creer lo que pasaba, pero cuando vio a Emma azotar a la joven desconocida, sintió cómo una ola de algo la golpeaba por dentro y soltó un ligero gemido. Las sensaciones que estaba viviendo por primera vez eran muy fuertes y sólo se dejó llevar por ellas.

Luego de la ligera reprimenda que le dio a la joven, Emma siguió con sus burlas hasta que fue al lugar que tanto ansiaban ambas. Regina vio como la mano del príncipe se sumergía entre las piernas de la niña y soltó un gemido al verse copiando el movimiento. Sus dedos viajaron por su humedad moviéndose tal y como los dedos de la rubia se movían en la joven sin rostro. Empezó de una forma agobiantemente lenta pero sólo subió el ritmo cuando la rubia le hizo lo mismo a la chica. Se sentía culpable por lo que estaba ocurriendo, pero no podía detenerse, aunque quisiera. Regina escuchaba los gemidos amortiguados de la chica y escuchó sus propios gemidos resonar a su alrededor. Subió un poco más sus dedos y encontró una zona abultada donde normalmente estaba su pequeño clítoris y la tocó con curiosidad para sentir que una descarga de placer atravesaba su cuerpo sacando un gemido profundo de ella. Las sensaciones eran demasiado, los gemidos de la joven resonando, los sonidos de humedad, las palabras en un tono bajo y ronco que advertían a la chica y le decía lo que quería. Regina no podía más, sentía que algo dentro de ella iba a explotar mientras se frotaba con mayor vigorosidad tratando de igualar el rápido movimiento de los dedos que la rubia mantenía en la niña. Sentía que algo ocurriría pronto, no estaba segura de lo que pasaba con su cuerpo, pero tomó uno de sus pezones a través de la ropa que parecía que llevaba puesta.

-Mírame cariño- le dijo Emma a la joven que seguía con la vista hacia el suelo tratando desesperadamente de alejarse del toque de la rubia para evitar correrse sin permiso, pero no consiguiendo su objetivo. La mano de la rubia la tomó de los cabellos y alzó el rostro de la joven mientras la besaba con ferocidad sin dejar ni un solo segundo de acariciar el clítoris de la chica.

Regina veía la escena casi sin parpadear soltando sus propios gemidos al ver la ferocidad en la escena y continuando con su trabajo de forma desordenada y poco coordinada. Estaba demasiado excitada y así como quería parar ante la sobreestimulación, no quería dejar de perseguir ese pico que tanto había buscado. Luego de un minuto más así, vio que la chica era soltada y gritaba tras la mordaza mientras se retorcía dentro de lo posible con sus restricciones.

-Sé mi buena chica y mírame pequeña, quiero que me mires mientras te corres- le dijo bruscamente la rubia mientras agarraba otro puñado de cabello y tiraba dolorosamente hacia atrás. Es en ese momento en el que Regina puede ver por completo a la chica mientras estaba a punto de correrse ella mismo. Su rostro se contrajo de incredulidad ante lo que veía y su inevitable orgasmo en sueños la sacudió mientras sus jugos empapaban su mano y el grito que salió de su garganta no está segura de qué mismo fue, pero estaba segura que era más shock ante lo que sus ojos veían; porque la joven que había sido la protagonista de tal obra era, de hecho, ella.

Espero que lo hayan disfrutado pequeños pervertidos, ciertamente me gustó escribirlo. Este fue un capítulo más de relleno que cualquier cosa porque quería cumplirles con el regalito, ya los próximos capítulos si serán un poco más largos porque vendré con trama y drama. Por ahora, dejen sus comentarios y anímenme a hacer la maratón que les mencioné arriba. Sin nada más que decir, nos leemos pronto.