Shingeki No Kyojin no me pertenece. Mis respetos a su respectivo creador.

[Long-fic] [EreHisu]

Advertencias: drogas, palabras obscenas, sexo explícito.


Bastardo Suicida


Sixteen


No fue una noche en la que lograra conciliar el sueño. La ausencia de éste la desespera y su cabeza dándole mil vueltas a la conversación con Frieda no ayudaba; pensó en Eren hasta lo indecible, ahora, con la gesta de un torbellino de dudas arremolinándose.

Eren, su Eren, el que la besaba devotamente y la aferraba contra su desnudez, el que había golpeado a Reiner por ella y vivido en la privacidad del penthouse a su lado, no era la clase de blasfemo que describía su hermana. No conocía al resto de la familia de él, sabía que entre los Jaeger no había una buena relación, especialmente de parte de Eren hacia su padre y hermano. Probablemente por todo lo dicho por Frieda.

Historia no indagaba en la vida familiar de su rebelde favorito por respeto. A ella no le gustaría que se entrometieran en la suya, no tenía porque hacerlo en la de Eren.

Tampoco podía cortar el pastel con el mismo cuchillo; ella no era, para nada, como ninguno de su familia… mucho menos como Rod, pensó con el disgusto de la clase de persona que era éste.

Había nacido y crecido sola en esa Hacienda, la única que había visto con cierta regularidad era a Frieda; el resto solo iban a vacacionar los fines de semana. Sus otros hermanos detestaban ese lugar, se burlaban de ella y le gastaban bromas horribles. Desde que tenía memoria la habían llamado "la ratona" delante de sus propios padres.

Por sucia, pequeña e indeseada.

Le había dicho el autor intelectual del desagradable alias, su medio hermano mayor Ulklin. Y todos se habían reído encantándole la idea, llamándola así donde apareciera, carcajeándose en su cara. Rod Reiss siempre se hacía el desentendido y guardaba indiferencia hacia los tratos.

Evitaba verla. Como si fuese una vergüenza.

Después de todo era la prueba viviente de sus pecados.

Despertó en la mañana con el sonido producente de las voces de su familia cantándole a Dirk. Se quedó una hora más dentro de la habitación, respondiendo mensajes de Eren y Sasha en su móvil, hasta que su estómago rugió hambriento. Fue así que entonces se escabulló hacia la cocina evitando a los Reiss.

Tomó un poco de pan y leche y se disponía a regresar rápidamente a la pequeña pieza, pero su regreso se vio interrumpido por su medio hermano celebrado.

—¿Ya vuelves a tu ratonera? —Historia bajó la mirada y se movió hacia un lado para seguir su camino.

—Feliz cumpleaños, imbécil.

No se veía a ella misma soportando otra noche más ahí.

Durmió casi el resto del día y cuando hubo despertado se extrañó del apaciguado silencio y calma dentro. Ningún merodeo de nadie, ni de Frieda. Bueno, su ratonera no era recurrida por el resto.

Se sintió fuera de lugar y se reincorporó un poco desorientada; fue en ese instante en que un par de pequeños ojos la observaron con curiosidad y ella emitió gritos que sin lugar a dudas se escucharon hasta fuera de la Hacienda. La rata logró huir por debajo de la puerta e Historia pudo sentir su ira.

—Esos malditos…

Notó entonces en la cama lo otro fuera de lugar: una nota escrita bajo la pulcra letra de su medio hermana mayor.

"Salimos con Dirk y sus amigos: papá contrató un helicóptero para saltos en paracaídas. Dormías tan plácidamente que no quise despertarte.

Frieda"

"Por fin paz" pensó disfrutando el silencio del lugar.

Podía darse un día para ella, que aunque no estuviera en su sitio favorito, había actividades que gustaba de hacer dentro de la Hacienda. Historia pensó que hacer mientras mordía una manzana sacada del refrigerador y optó por ir a cabalgar en los caminos aledaños. Oh, pero antes, tenía algo que hacer.

No era exactamente vengativa, pero había aprendido una que otra cosa con Ymir y la vida misma. Tener estatus y una vida propia había forjado en Historia algo muy importante: hacerse valer. Más que nada con unos medios hermanos tan cariñosos no había mejor momento que aquel para poner en marcha su idea.

Revisó los rincones de la alacena hasta que encontró los pequeños frascos con distintos colores alimenticios: los tomó todos y se escabulló hasta las alcobas de sus hermanas y luego a sus baños privados, donde, sin cavilaciones vacio un poco de cada color en dos recipientes de shampoo.

Satisfecha con la hazaña, Historia abandonó con sigilo primero la habitación de Abel y salía de la de Florian cuando, creyéndose victoriosa, recibió el susto de toparse a su tío mirándola con seriedad.

—Tio Uri…

—A juzgar por lo que llevas en tus manos harás que esas niñas peguen el grito en el cielo.

—Yo… —intentó escaparse lentamente de él, pero claro, no había manera. Ya debía resignarse a un prematuro castigo—Lo…

—No vayas a mentirme diciendo que lo sientes—Uri, con el cabello blanco como la nieve misma, se encogió de hombros—Ya sabré más tarde que fue lo que hiciste, no me digas nada.

—¿Tú no piensas decir nada?

—¿Por qué lo haría? Solo te veo a ti con tus dedos coloridos saliendo de una habitación que evidentemente no es la tuya, no tengo la menor idea de qué está pasando y tampoco me incumbe.

El hombre le sonrió levemente con lo que a todas luces era complicidad.

—Vamos, ve a dejar eso donde estaba.

Historia fue hacia la cocina y limpió toda evidencia de lo hecho, impresionada y mirando a ratos a su tío quien la acompañaba.

—No fuiste con ellos—dijo Historia mientras se limpiaba las manos en el fregadero y de reojo ojeaba al apacible Uri.

—Estoy muy viejo para esas cosas.

Al corto cruce de palabras siguió el silencio.

—Acompáñame—le hizo una seña el bajito hombre saliendo de la cocina e Historia lo siguió sin chistar hasta que cruzaron un gran balconcillo. La invitó a sentarse en una de las dos sillas y, ordenando a alguien de la servidumbre que trajera té jamaiquino volcó toda su atención en su sobrina—Puedes odiarnos y no podría culparte, Historia, pero eres toda una Reiss.

Ella elevó sus cejas en gesto de sorpresa, pero adelantó unas palabras:

—No los odio—chistó—Al menos no a ti y a Frieda.

—Pues yo tampoco te acepté, sobrina mía—oír eso causó un timbre de dolor en el pecho de la rubia—O no lo hice de buenas a primeras. Era indiferente a las acciones de mi hermano, de mi familia. Solo eras la bastarda de Rod a fin de cuentas.

Su respiración comenzó a ralentizarse y no fue capaz de volver en sí misma: entonces, su tío, a quien apreciaba y guardaba respeto por encima de su padre, no la había querido tampoco.

"Era de esperarse"

—No comprendía como te había querido Frieda cuando toda la familia te guardaba desprecio, pero cuando te vi en sus brazos comprendí tu inocencia y me recordaste un poco a mi yo pequeño—apuntó a decir Uri—o quizás fue algo de viejo, lo cierto es… Que te debo una disculpa, Historia. Eres mi sobrina sin dudarlo.

Historia se quedó ahí desvanecida, decepcionada. No era el discurso preparador que esperaba oír de boca de su tío.

—¿Para eso me invitaste? ¿Para disculparte? ¿Por qué?

—Los pecados de mi hermano…

—Al diablo con eso—soltó ella, poniéndose de pie y apretando los puños—Tu amor hacia mí y todo ese… ese montón de mierda es solo culpa porque no me querías—su tono de voz comenzaba a develar la ira y casi chilló lo último—Realmente te importo un carajo.

No quiso escuchar más parafernalia de los fríos, aunque hermosos ojos vidriosos de Uri; huyó al establo y preparó una silla sobre Zafir para montarla en un par de minutos. Bernard exclamó su nombre una vez la vio montada, pero Historia no esperó a por nada y haló las crines para partir velozmente del sitio.

Se sintió desconsolada y abrumada por sentimientos diversos, porque, si bien nunca esperaba nada de su desgraciada familia no paraban de decepcionarla. El galope desenfrenado de la yegua casi la hizo caer del equino y, sin dirigir las riendas hacia ningún lugar, permitió que la yegua la llevara por aquellas tierras por cuenta propia.

Historia cerró los ojos sintiendo su cuerpo saltar sobre el lomo en cada paso: eso la transportó momentáneamente a la persona sobre la que experimentaba aquello con regularidad. Y perdió el aire de los pulmones.

Cuando abrió los ojos, la yegua relinchó asustada al ver una serpiente deslizarse delante y se levantó en dos patas, haciendo que Historia inevitablemente cayera y se golpeara fuertemente, cayendo en la inconsciencia.

Despertó en la maleza y el sol ya casi se escondía en el ocaso. Vio borroso y perdido, levantándose y tambaleando; no había rastro de Zafir allá por donde posara la mirada y, al recordar la serpiente, intentó salir prontamente de la zona dando pasos torpes. Escuchaba grillos aturdiéndola y cigarras, también el sonido de la corriente del río aledaño. Fue entonces que, unos pocos pasos más y un desliz la hizo caer por un risco.

Entre golpes y aruñatazos de ramas y rocas, terminó cayendo al agua más abajo. Las fuerzas la abandonaron y no tuvo la oportunidad de aguantar la respiración, así que el agua comenzó a adentrarse en su cuerpo.

Todo se tornó negro, oscuridad absoluta. Recuerdos veloces vinieron a su cabeza: Frieda enseñándole a leer, Rod desviando la mirada de la de ella, su primer beso con Ymir, Reiner en un partido de fútbol, Alma insultándola y Eren dormitando a su lado.

Era el final.

¿O no?

No alcanzó la famosa luz al final del túnel; un contacto contra su boca trataba desesperadamente de devolverla a la realidad y creyó encontrarse con un par de esmeraldas, pero no, el color era ópaco y café; volvió a sentir el oxígeno dentro de su cuerpo y la necesidad urgente de toser.

Bernard palmeó cuidadosamente su espalda y no tardó en preguntarle algo estúpido.

—¿Estás bien?

—Sí—Historia regresó a la realidad y contempló al granjero quien iluminaba en las penumbras junto al río con la ayuda de una linterna. Cerca de ellos, uno de los caballos—¿Cómo me encontraste?

—Zafir regresó corriendo sola y supe que algo había pasado… Oye, no habrás tratado de…

—No—dijo ella, con voz impasible—Zafir se asustó con una serpiente.

—Ya veo, por eso estaba alterada—dijo él, acercándose a ayudarla a ponerse de pie pero la rubia ya lo había hecho por cuenta propia. Aún le dolían los pulmones y la atacó otro ataque de tos, a lo que Bernard la tomó entre sus brazos—Oye, oye, aún no estás bien…

Historia intentó hacer distancia del muchacho, separándolo con sus pequeñas manos, pero el granjero la hacía contra él con fuerza y sus narices chocaron. Historia parpadeó, confusa y percibió una mirada minuciosa del granjero. Finalmente, éste la besó por apenas un segundo, un beso seco e incómodo para ella.

—Lo siento—dijo él, colocándola sobre el caballo sin mirarla.

Partieron de regreso a la Hacienda sin decirse una palabra. Pero era difícil cuando sus cuerpos iban tan cerca sobre la marcha del caballo. Ella deseó que el recorrido no fuera tortuoso y apenas pudo hacerlo bajó del caballo y se alejó de Bernard, murmurando un gracias inusitadamente bajo y yéndose del establo.

Sus pensamientos estaban difusos entre sí, se sintió rara en todos los aspectos: como si su propio cuerpo no le perteneciera. Finalmente, chocó con Frieda delante suyo y ésta la hizo reaccionar.

—¡Ahí estás! Por Dios, ¿qué haces toda empapada? —la azabache la tomó por los hombros y bajo las luces del lavadero observó bien a la rubia—Historia, oh santo cielo, ¿qué te ocurrió?

—No fue nada.

—¿No fue nada? Tengo que curarte esas heridas…

—¡Allí está!

—¡Esa zorra!

El recibimiento menos cariñoso no se hizo esperar y entonces Florian y Abel con los cabellos desastrosos en distintos parches de colores en conjunto se lanzaron sobre Historia arañándola sobre las marcas que ya tenía y halando sus dorados cabellos como unas fieras.

—¡Niñas! ¡Oigan, deténganse! —Frieda intentó alejarlas e Historia hizo lo posible por defenderse del par iracundo, pero poco pudo hacerse.

No fue hasta que intervinieron Ulklin y Rod que lograron separar a las chicas. Historia estaba hecha un saco de moretones y las otras casi gruñían tratando de zafarse del agarre que les impedía terminar con la petisa.

Frieda se apresuró en llevársela del escenario a través de largos pasillos, hasta entrar en su habitación.

—Espera aquí—ella no objetó nada y se quedó de pie mirando la gran alcoba de su media hermana los minutos en que ésta demoraba en traer un botiquín; alcanzó a visualizar su quedo reflejo en un jarrón de vidrio y bufó al verse así. Por un momento, los ojos se le aguaron en lágrimas, pero fue tan pasajero como pronto volvió Frieda.

La de negros cabellos la instó a sentarse con confianza en su cama personal, hecha para una princesa, nada que ver con el trozo de camilla en que Historia dormitaba en esa casona. Los ojos grandes y excelsos de la mayor estudiaron minuciosamente las heridas a curar e indicó a la más pequeña, por el margen de moretones y rasguños que se quitara la ropa. La azabache frunció el ceño.

—Por Dios, Hisu… ¿Qué…?

—Caí por un despeñadero.

Frieda la contempló entre la preocupación y desaprobación. Mientras pasaba algodón con alcohol por las magulladuras, e Historia hacía un gesto de incomodidad al sentirlo, la mujer suspiró.

—Esto es mi culpa.

Historia no vaciló.

—Sabes bien que me detestan—murmuró la rubia—¿por qué insistes en que me una a ustedes? Ni siquiera Uri…

—¿Uri? Él te aprecia mucho, Historia.

—Si, claro—chistó—la lástima es aprecio.

Era todo un teatro armado; porque ante la sociedad Historia Reiss era una más, la pequeña hija de los Reiss y otra heredera a los bienes y fortuna de la familia. Pero su único privilegio era ser hermana de la misericordiosa Frieda.

—El tío Uri no…

—No quiero escucharlo.

Por respeto a su hermana, Frieda calló. Fue cuidadosa en cuidar las lastimaduras de la más pequeña con la culpa impresa en su ser.

—Quédate esta noche aquí, Hisu.

—… Está bien.

La azabache le extendió un pijama personal de fina seda y la cobijó bajo sus frazadas; acarició sus cabellos y, lentamente, Historia volvía a ser la niña de antaño que adoraba a su hermana. Frieda olvidó lo sucedido y le habló a Historia sobre su anécdota viajando a una tierra extraña, hasta que el sueño le quitó las palabras: Historia, en tanto, seguía en vela. Estaba más tranquila, si, pero sueño era lo que menos poseía en aquel momento.

Observó en dirección a las cortinas que se meneaban por voluntad del viento nocturno: estas cubrían el balcón personal de Frieda hacia las afueras. Historia, queriendo contemplar a la radiante luna y esperando que el viento arrastrara lejos su miseria se posó en el soporte del balcón. Afuera se apreciaba la belleza e inmensidad de los campos de la Hacienda, los establos y el canto nocturno de insectos y animales.

Perduró minutos gozando la noche, sintiendo el frío recorrer su piel y sus heridas, hasta que la serenidad se quebró bajo los murmullos de voces, suspiros y palabras obscenas traídos por el viento: entonces vio que se trataba de dos amantes y se creyó ser una de ellos.

Vio a Bernard sostenerla, besarla toscamente y quitarle el aliento con la boca y apretujarla contra una de las paredes de la madera del cobertizo. Era cierto que sostenía, apretujaba y manoseaba el cuerpo de una petisa que bien podría ser ella, como en años anteriores, cuando el granjero era el motivo de visita para pisar la Hacienda Reiss, pero no eran los mismos tiempos: no era Historia, no, pero si un dibujo casi idéntico de ella.

Parpadeó impresionada con el descaro presenciado; ¿así se veía ella, cuando era amante de ese campesino muchacho? Lo cierto era que había pasado esa página y lo protagonizaba otra Reiss.

Un giro ciertamente inesperado…


Es todo un gusto volver a traerles un capítulo más de este fanfic. El hilo con los Reiss me ha costado, también no tenía planeado incluir al granjero... Pero, vamos, terminó siendo inevitable hacerlo. Opté por darle nombre y etiqueta al tipo. No recordaba que en capítulos anteriores ya había sido mencionado vagamente por Historia... Pero bueh, para ella, Bernard es solo un recuerdo del pasado y fantasma, aunque existe, claro está.

A Historia le falta más evolución dentro de BS y no sé ustedes pero yo como la escritora me enojé permitiendo que él la besara. Tienes a tu Eren, Hisu. Pero ya saben ustedes que ellos no están establecidos y son unos niños perdidos: aclaro que no planeo seguir con ello, pero la transición no es fácil.

Creo -no estoy segura- que el siguiente capítulo estará visto desde la perspectiva de Eren y sobre que pasó con él mientras Hisu vivía sus dramas familiares :)

¡Ah! Hoy por fin cambié un detalle de las etiquetas del fic y pasó oficialmente de Short fic a Long fic xD porque eso es lo que ya es

Nada más que esto está inspirado por muchos OST y classicals playlists.

Dato extra: Aaaaaaa Mikasa debe ser el personaje que más huevos me cuesta escribir en esto XD

Okay pues espero que estén bien, disfrutando la animación de MappaGOD en la cuarta temporada y pasando unos bonitos domingos, gente

Gracias por leer, por tomarse el tiempo de dejarme comentarios apoyando este FF. No saben lo bonito que es recibir su apoyo.

Hasta aquí, como diría la Piku, Sayonara Pokko

Se despide

MioSiriban