Hola! Sé que ha pasado más tiempo del normal entre capítulo y capítulo, pero entre una cosa y otra apenas me ha dado la vida para escribir. Espero que no os hayáis olvidado de la historia jajaja y también intentaré escribir otro capítulo más para estas fiestas. Muchas gracias por leer y espero que os siga gustando este fic :)


16

El primer día los encontró a todos con ojeras tras haber dormido poco y con ganas de quedarse un par de horas más en la cama. Pero, como de costumbre, era inevitable que llegara la hora en la que sonaba el despertador.

Esa mañana Ruby había quedado en pasar por casa de Emma para ir juntas a clase, por lo que la rubia estuvo preparada a tiempo de recibir a su amiga. Durante el paseo, Ruby notó a Emma algo nerviosa, y decidió averiguar el motivo a su manera.

—¿Estás preparada para presentar a tu novia en sociedad?—preguntó, divertida.

Emma suspiró audiblemente antes de negar con la cabeza.

—No lo sé. Creo que no. Estoy nerviosa.

—¿Por qué?

—Porque…—la rubia hizo una pausa antes de explicarlo, como si estuviera buscando las palabras— No sé, a veces pienso que se va a echar para atrás. También que a lo mejor, al vernos, nos van a decir algo. A mí me da igual, pero a ella seguro que no.

—Bueno, Emma, ella te dijo que no quería ocultaros, eso significa que también le da igual. —respondió Ruby, optimista.

—Ojalá, pero creo que Regina no ha pensado en las verdaderas consecuencias…no sé, Ruby, estoy preocupada por ella. Por si le pasa algo. Ya sabes, Robin, las chicas…

La morena asintió, entendiendo la preocupación de su mejor amiga.

—Pase lo que pase, sabes que me tienes a mí. Y a Bella, y a Elsa. Y a las demás chicas. Sé que no podemos evitar ni las miradas ni lo que puedan decir esas idiotas, pero también tienes gente que te apoya. Y si pasa algo, estamos aquí. Además, sabes partir un hueso, yo no me preocuparía mucho.

Emma no pudo evitarlo y soltó una risita. Era verdad, ella tenía una reputación y quizá eso hacía que los demás se acobardaran. Además, las dos tenían buenas amigas. No había nada de lo que preocuparse…aparte de por la madre de Regina. O por cualquier otra paliza que quedase por llegar, cosa que no podía permitir que ocurriese.

Unos veinte minutos más tarde, llegaron al instituto, sin mayor problema, simplemente cambiando de tema a cosas triviales. Cuando llegaron a sus taquillas, Regina ya estaba ahí, recogiendo algunos libros. Emma se apoyó al lado y la saludó.

—Hola, guapa—dijo con una sonrisa.

—Anda, que se te cae la baba. —la picó Ruby, luego se dirigió a Regina— Hola, Regina. No sabes lo pesada que ha estado hablando de ti todo el rato. —bromeó— Al final voy a tener que ponerle una mordaza.

Regina se rió y la saludó amablemente, antes de devolverle la sonrisa a Emma.

—Hola.

Se miraron durante unos segundos, que duraron tanto que Ruby tuvo que pasar la mano por delante de sus caras para comprobar que seguían despiertas. No obtuvo ninguna reacción.

—No tenéis remedio. Si os vais a quedar así todo el día, yo paso. Emma, si no la besas tú, tendré que hacerlo yo.

En ese momento, la rubia reaccionó, riéndose y poniéndose algo roja de la vergüenza. En cuanto se acercó a Regina para dar el primer paso y hacerle caso a su amiga, el grupito que tanto había temido apareció. Se retiró despacio y simplemente se limitó a verlas pasar.

Cada una se dirigió a su taquilla sin mirar a las demás, pero se podía respirar tensión en el ambiente. Regina y Emma se miraron, teniendo una conversación en silencio sobre si deberían marcharse o no. La morena negó con la cabeza, eso sería dejarlas ganar y admitir que les temían, cosa que no era cierta.

Para sorpresa de todos, un grito ensordecedor dejó a todo el pasillo en silencio.

—¡Sácala de aquí!¡Sácala de aquí! —gritó Mal una y otra vez, sin descanso— ¡Sácala!

Era una rata muerta. Alguien había dejado una rata muerta en su taquilla. Pero no era la única, pues cuando Úrsula y Cruella abrieron las suyas, se encontraron con el mismo regalo.

—¿Quién ha sido el de la broma? —gritó Cruella, dirigiendo la mirada a todos los que seguían allí, observando el espectáculo con una sonrisa— Apuesto lo que quieras que has sido tú. — continuó, refiriéndose a Emma.

—Tengo que reconocer que ha estado bien. —respondió la rubia, tratando de aguantarse la risa— Pero no he sido yo.

—¡No mientas! Has sido tú y lo voy a demostrar.

—Inténtalo. — se encogió de hombros— No tienes pruebas, ni tampoco las vas a encontrar. Yo no he sido.


Después del incidente —que le ocurrió también a Robin, minutos más tarde—, todos se fueron tranquilamente a clase excepto aquellos que habían encontrado una rata muerta en su taquilla, cosa que mejoraba el día de sobremanera.

—Sabes que no he sido yo, ¿verdad? —preguntó Emma a Regina una vez estuvieron sentadas en clase.

La morena se sintió invadida por una mezcla de sensaciones contradictorias. Por una parte, le parecía adorable ver a Emma preocupada por lo que ella pensase, pero por otra se sentía culpable. Culpable porque sabía por qué debía asegurarse. Y aquello era porque había dudado cuando ocurrió lo de Robin. No la había creído al momento, y aún eso la perseguía.

—Ah, no. — respondió, intentando quitarle importancia al asunto, y también que la rubia se sintiese mejor— Sé que no has sido tú. Es más, sé perfectamente quién fue.

—¿Quién? —preguntó de nuevo Emma, confundida.

—Mi hermana, Zelena. —bufó Regina— Por eso no quiso irse a la universidad hasta esta mañana. Tenía que haberlo sabido.

Aquello tenía sentido. La pelirroja había insistido una y otra vez que quería quedarse en Storybrooke hasta el último día de las vacaciones. Y a ella le gustaba mucho el campus. Era extraño, pero más extraño era no haberse despedido la noche anterior, sino aquella mañana temprano.

—Pero no pudo haber sido ella sola. —apuntó Emma— Confío en la valentía de tu hermana, pero tuvo que haber conseguido las ratas en algún sitio.

—¿Se te ocurre dónde?

—Por supuesto.


En cuanto sonó la campana del recreo, lo primero que hizo la rubia fue buscar a Killian, antes de que desapareciese hasta la próxima clase. Lo alcanzó justo antes de entrar al patio y lo acorraló ante un pasillo sin salida.

—Hola, Killian. —dijo, casi sin aliento— Casi te escapas.

—¿Emma? —preguntó él, extrañado— ¿Qué haces aquí?

—Va, sí, ya sé que es raro… —admitió—, pero creo que ya va siendo hora de que te pida disculpas.

Killian se cruzó de brazos y la miró fijamente, con una sonrisa burlona.

—¿Ah, sí? —la picó, sabiendo de antemano lo que iba a decir— ¿Vas a pedirme perdón por romperme la nariz?

Emma se rió en alto. La verdad era que no se esperaba aquello.

—No. —se burló— Por eso nunca. —hizo una pausa y suspiró profundamente— Pero por haberte hablado mal cuando has intentado ayudarme sí.

—No pasa nada, Swan. Lo de la nariz me lo merecía…y aprendí la lección. —sonrió él— Y por lo demás, puedes contar conmigo si se vuelven a meter contigo. —finalizó guiñándole un ojo.

La rubia lo miró, escéptica. ¿Y esa actitud? Killian nunca había sido tan protector, no sabía qué le llevaba a cambiar de opinión.

—¿Ahora eres mi defensor? —preguntó, algo confusa.

—No. Pero me caéis bien. —respondió Killian — ¿Quieres saber si tuve algo que ver con lo de las ratas, verdad?

—Euh…sí.

—Bueno, digamos que un marinero siempre tiene recursos. —le guiñó el ojo— Mira, sé que Robin y las chicas planeaban algo porque les escuché hablar, pero no tenía ni idea de qué era. Zelena vino a contarme que quería vengarse de ellos y me pidió ayuda. Eso es todo.

¿Significaba eso que Zelena sabía lo que había pasado? ¿Cuándo se había enterado? ¿Se lo habría contado Regina? Esas preguntas dispararon todas las alertas de Emma. ¿Las habría seguido? ¿Se lo habría dicho Daniel? Eso era algo que tendría que hablar con la morena más tarde, porque ninguna de las versiones le cuadraba. Sacudió la cabeza para olvidarse de eso durante un momento y volvió a mirar al chicho que tenía delante.

—Gracias, Killian.


Más tarde, ese mismo día, Regina había convencido a Emma de pasar la tarde en su casa, con la excusa de seguir con el proyecto —y de que le contase lo que había hablado con Killian—, cuando lo único que quería era pasar más tiempo con ella.

—Ruby dice que como me sigas secuestrando así, va a tener que vengarse. —dijo Emma, bromeando, mientras se tiraba bocarriba sobre la cama de la morena, como si fuera suya.

Regina rió, tumbándose al lado de la rubia.

—Dile a Ruby que te presto, siempre y cuando te devuelva en las mismas condiciones. —respondió.

—Así que ahora soy un juguete…es bueno saberlo.

—Hmm…digamos que más bien, un objeto preciado.

Emma se incorporó y la miró con el ceño fruncido.

—No sé si ofenderme por lo de objeto o alegrarme por lo de preciado. —se cruzó de brazos, fingiendo estar de morros.

Regina no le hizo caso y le dio un beso, haciendo a la otra chica olvidarse de lo que había pasado.

—Anda, no seas idiota, Emma.

—¡Eh! ¿Y ahora me insultas?

—Sí. —la besó de nuevo— Eres la mejor. ¿Quieres hacerme compañía mientras llamo a Zelena?

—No me lo perdería por nada del mundo.

Después de saber la parte de Killian, la morena había decidido que tenía que aclarar las cosas con su hermana, pero necesitaba un apoyo moral a su lado. Alguien que no la hiciera flaquear en cuanto Zelena le quitase hierro al asunto. Porque ella debía estar enfadada. No lo estaba, pero debía al menos parecerlo.

Tras tres tonos que se hicieron interminables, la pelirroja atendió al télefono.

—¿Sí? ¿Ya me echas de menos, hermanita? —dijo, de buen humor.

—No, de hecho me alegro de que te hayas ido, porque si no estarías muerta, Zelena. ¿Cómo se te ocurre?

—¿El qué?

—Sabemos que fuiste tú. Que te aliaste con Killian, que metisteis las ratas en las taquillas. —acusó Regina.

—¿Tenemos? —preguntó Zelena— ¿Está Emma por ahí? Hola, cuñada, me alegro de que mi hermana tenga tan buena compañía.

Emma sonrió, feliz de caerle bien a Zelena. No habían cruzado muchas palabras últimamente, más que para saludarse y despedirse.

—Hola, Zelena. —dijo— Oye, lo de las ratas estuvo muy bien, no se me habría ocurrido. Yo probablemente les habría abierto la cabeza contra la taquilla. —rió.

—¡Emma!¡Zelena! Esto es grave. —se quejó la morena— ¿Sabes en los problemas que nos podemos meter por esto?¿En los problemas que se puede meter Killian?

—Escucha, no hay pruebas. Las cámaras del instituto no lo han pillado. Lo sé, tengo mis contactos. Lo único que me da pena es no haber estado allí para verlo.

Aquellas palabras, aunque no tenían ninguna garantía porque Zelena nunca daba nombres, la ayudaron a tranquilizarse. Casi se había olvidado de un detalle, pero a Emma no, por eso volvió a intervenir en la conversación.

—Pero, ¿por qué lo hiciste? —preguntó, quería averiguar si sabía algo del día del establo.

—Fui a hablar con Killian porque él sabría más de lo que pasa en el instituto que yo, porque estaba segura de que habían hecho algo. —explicó— Luego me comentó que les había escuchado cuchichear algo. Así que planeé vengarme. De forma preventiva, si no han hecho nada.—finalizó con una risita.

—Zel, eres imposible. —dijo Regina, llevándose una mano al pecho y suspirando, aliviada. No tenía ni idea. —Pero no hagas más estas cosas.

—Está bien, está bien…pero si te dicen algo o te tocan un pelo no pienso quedarme quieta, ¿está claro?

—No te preocupes, que para eso estoy yo. —dijo Emma, sonriendo— Sé partir huesos. —continuó, orgullosa.

Tanto ella como la pelirroja rieron, con una Regina algo preocupada de testigo. No tenían remedio.


La rubia había secuestrado a su novia en sus brazos y disfrutaba simplemente de su compañía cuando la voz de Cora se coló, aunque muy bajito, por el pasillo y a través de la puerta. Las dos chicas decidieron que tenían que saber lo que estaba pasando, así que sin hacer ruido se acercaron y abrieron la puerta.

—Supongo que sabrás de lo que vengo a hablar. —dijo Cora, con seriedad.

—De Regina, imagino. Pero no sé qué tenemos que hablar sobre ella. —respondió Henry.

—Le ha ocurrido una cosa muy grave a tu hija, Henry. Y tú ni te has dado cuenta.

¿Sabría Cora lo de la agresión?