Miasma de Recuerdos

Un Mes y Veintitrés Días desde la Última Muerte (Nueve Muertes)

Esa mañana, Subaru se levantó más agitado de lo que lo había hecho en mucho tiempo. Solo en aquellos primeros días después de llegar a Kyo había llegado a pasar noches equivalentemente tormentosas. Y por lo mismo, él sabía que algo extremadamente terrible estaba por suceder. Realmente nada le aseguraba que la situación se fuera a desenvolver de esa manera, pero la sensación estaba tan arraigada a su ser, que se sentía total y completamente convencido de ello.

No, la anterior afirmación se encuentra errada. Había algo que sustentaba fuertemente sus temores; la desaparición de Crusch Karsten. Después de llevarse una gran sorpresa al descubrir que Anastasia no la recordaba, Subaru la cuestionó respecto al conocimiento de las identidades de los demás miembros de las fuerzas a cargo de la cacería de la ballena…

Él mismo no estaba al tanto de las identidades de muchos de ellos, solo de Julius, Mimi, Ricardo, Felix Argyle, el caballero de la mujer desaparecida, y Wilhelm Van Astrea, su mayordomo. Para su alivio, Anastasia no había olvidado a los tres primeros. Tampoco a los dos últimos. Lastimosamente, Subaru no conocía el nombre de nadie más que haya participado en la cacería, más que el de un par de mercenarios del Colmillo de Hierro cuyos nombres recordaba porque había interactuado en distintas ocasiones con ellos.

Aun así, lo cierto es que Subaru no solía interactuar demasiado con los mercenarios, por lo que la cantidad de nombres que podía usar para determinar el alcance del lapsus en la memoria de Anastasia eran muy limitada. Por ello, cuando terminó de cuestionarla y al no obtener resultado alguno, Subaru se levantó de la mesa y, después de excusarse, se desvaneció de la sala ante la mirada de una muy desconcertada Anastasia.

Una vez más en su habitación, Subaru se puso a trabajar en sus diseños una vez más, para así alejar a su mente de lo que estaba ocurriendo; pero hacerlo le fue imposible. "No… No… No…Ya no más, ¡por favor! ¡Ya no puedo más!" Sacudiendo su cabeza, Subaru comenzó a arrancar pelos de su cabeza mientras se forzaba a sí mismo a evitar el asunto. Pero no había forma de que eso fuera a funcionar.

La tragedia se estaba acercando, y la desaparición de Crusch solo podía ser el primer paso. Subaru estaba convencido de que la tragedia volvería a por él, y no se sentía preparado para lidiar con ello una vez más. "¡Ya no más! ¡YA NO MÁS! ¡POR FAVOR! ¡DÉJAME EN PAZ!" Al final, Subaru perdió la consciencia gritándole a la nada, y sin nadie que pudiera calmarlo…

Nadie, excepto Anastasia. "Alphonse me informó que escuchó revuelto en tu habitación, y pensé que podría tener algo que ver con lo que sucedió en el comedor…" Esas habían sido sus palabras. "¿Qué pasa, Natsuki-kun?" No quería responder esa pregunta, no quería hablar de lo que estaba pasando por su mente. Si hablo de ello, puede que se vuelva real; es lo que había pensado. Al final, Subaru no respondió ninguna de las preguntas, y Anastasia, siendo la mujer perceptiva que era, decidió no presionarlo más en búsqueda de una respuesta que no obtendría.

Ella desapareció de la vista de Subaru, que se encontraba recostado sobre su escritorio, y Subaru pensó que una vez más se había vuelto a quedar en completa soledad. Pero ella no se había ido. Anastasia se sentó sobre su cama y, en completo silencio, le hizo compañía. No lo abrazó, no le susurró palabras de apoyo, lo único que le ofreció fue la calidez de su presencia; lo único que, en ese momento, necesitaba él. Después de un rato, Subaru finalmente decidió acostarse en su cama, ante lo que Anastasia finalmente se retiró. Y con ello, Subaru finalmente pudo conciliar el sueño que posteriormente fue frustrado por las peores pesadillas…

Y así como él había previsto, la tragedia llegó en forma de un llamado; un llamado a través del Espejo Convergente de la mansión. El locutor que se encontraba al otro lado de la superficie del espejo era un hombre de barbilla cuadrada, con pelo verde oscuro y una expresión eternamente seria. Se trataba de Markus Gildark, el capitán de la Guardia Real, y su mensaje no era precisamente alentador.

La cacería de la Ballena Blanca se había cobrado hasta el noventa y cinco por ciento de las vidas de aquellos bajo el mando de Wilhelm y Felix. Y aunque solo un miembro del Colmillo de Hierro había muerto, uno de bajo rango, además, la razón de esto devenía de que ellos habían emprendido la retirada ante la primer señal de que la ventaja en el combate estaba extremadamente parcializada hacia el lado enemigo.

La razón por la que el capitán había llamado personalmente se debía al involucramiento de uno de los componentes de su guardia; Julius Juukulius. Julius había asistido al Colmillo de Hierro de manera no oficial, por lo que no había revelado el motivo de su ausencia a sus superiores. Algo que le habría valido un enorme castigo, o incluso la destitución de la Guardia Real, de no ser porque sus resultados habían sido de mayor peso e importancia que sus acciones inadecuadas para un caballero de su calibre.

Tanto él, como Mimi Pearlbaton, Ricardo Welkin y Wilhelm Van Astrea habían dado caza a la Ballena Blanca, finalizando así los cuatrocientos años en que ésta sembró terror en el corazón de los habitantes de ese mundo. Pero ese grandioso resultado se veía opacado por la pérdida de la vida de gran cantidad de guerreros y… la muerte del guerrero que le dio el golpe de gracia…

"Julius… Solo diré que me alegra que hayas obedecido mis órdenes y vuelto a mí lado." El caballero observó a sus señora con vergüenza, para posteriormente bajar su rostro en señal de deshonra.

"No me merezco tan bondadosas palabras de su parte, Anastasia-sama." A pesar de lo dicho por Julius, la chica colocó la palma de su mano sobre el hombro de caballero mientras le sonría.

"Lo que lograste definitivamente se merece todos los halagos que recibas… y más." Afirmó Anastasia, haciéndole levantar la mirada. "Estoy orgullosa de que seas mi caballero, Julius Juukulius. Espero que sigas a mi lado por muchos años más, y espero que estés allí cuando sea coronada. Je, je, je…" Con una risita inocente, la chica bromeó mientras alejaba su mano del hombro de su caballero.

Colocándose en posición completamente firme, el caballero exclamó. "Y-Yo estoy seguro de que será así, Anastasia-sama. En mi opinión, usted debería ser capaz de decir esas palabras con total seriedad."

"Je, je, je, je…" Rió ella, cubriéndose la boca con una mano. "Creo que estás siendo un poco demasiado parcial, Julius. Pero aceptaré el halago." Notando que la conversación entre señora y caballero había finalizado, Markus se acercó a ambos.

"Cómo estaba diciendo antes, Anastasia-sama. Después de que el grupo conformado por Julius y el Colmillo de Hierro se separó del grupo de Wilhelm Van Astrea, éste último se quedó para realizar los últimos preparativos y hacerse con la cabeza de la Ballena Blanca. No sabemos exactamente como sucedió, ya que los testigos aún se encuentran bastante desorientados, pero en algún momento del camino hacia la Ciudad de Flanders, la caravana fue atacada por el Culto de la Bruja."

"¿El Culto de la Bruja? ¿Estás seguro de eso, Markus?" Preguntó Anastasia, con su ceño ligeramente fruncido.

"Completamente. La información proviene del mismismo Wilhelm, que enfrentó tanto al infame Arzobispo de la Codicia, como al desconocido Arzobispo de la Gula… Al parecer el Arzobispo de la Codicia no se dignó en comprobar su estado una vez terminado el combate, por lo que sobrevivió a su encuentro y pudo informar al respecto a un grupo de sobrevivientes que se había ocultado de los atacantes. Lastimosamente, Wilhelm Van Astrea murió camino a Flanders, así que solo sabemos lo poco que pudo decir en sus últimos momentos de lucidez."

"Ehmm… ¿Puedo preguntar una cosa?" Mientras que Markus y Anastasia intercambiaban palabras, Subaru había estado observando fuera del cuadro, en completo silencio…

Cuando Anastasia fue informada respecto a la llegada de los supervivientes, Subaru había estado junto a ella en medio de una reunión sobre posibles diseños; o así había querido llamarlo él, para no admitir que necesitaba distraerse hablando con ella. Como el metia se encontraba en la misma habitación en la que ellos estaban reunidos, Subaru escuchó respecto a lo sucedido y le pidió acompañarla…

Sus razones para hacerlo estaban especialmente ligadas a su deseo de comprobar lo ocurrido con Crusch; después de todo, al salir de su cuarto esa mañana, aprovechó para preguntar a varios de los empleados de la mansión, incluidos Tivey y Hetaro, respecto a ella. Pero nadie la había reconocido, lo que inevitablemente había sembrado aún más inquietud en su corazón.

El caso más sorprendente era el de Hetaro, que afirmaba que él había sido tratado por Felix debido a que Anastasia había hecho un trato directamente con él; algo que ella misma corroboró después, cuando le preguntó sutilmente al respecto. Hetaro había llegado la mañana anterior, la misma en que la él se brincó tanto desayuno como almuerzo, y era debido al estado de Subaru, que éste no se había percatado del regreso del pequeño.

El regreso de Hetaro había estado limitado por su salud, ya que Felix había recomendado que no se moviera demasiado; lo que lo había restringido a moverse solo en su habitación en la mansión de Crusch por meses. Subaru no sabía cuál era la fecha estimada original del regreso de Hetaro, pero sospechaba que el hecho de que su llegada ocurriera la misma mañana posterior a la desaparición de Crusch no era una simple coincidencia. Al no saber mucho más de Crusch y su familia, Subaru no pudo indagar mucho más a fondo; aunque sí había descubierto que el padre de Crusch ahora era el actual líder de la Casa Karsten y no su hija, como había sido antes de que fuera olvidada por, aparentemente, todos excepto él.

No obstante, descubrir más sobre lo ocurrido con Crusch no era la única razón tras su deseo de acompañar a Anastasia. La otra razón para hacerlo era poder asegurarse de que, si algo malo sucedía y morían, estaría cerca de ella al regresar y podría salvarla. La idea de volver a morir le resultaba en extremo aterradora y traumatizante, y realmente no estaba seguro de ser capaz de recuperarse de otro ciclo de muerte. Aun así, la idea de que algo le pasara a ella y que su Regreso por Muerte fuera insuficiente para recuperarla le resultaba igualmente sobrecogedora, y era algo que lo atormentaba constantemente.

Y no solo lo atormentaba que ello pudiera pasar con Anastasia, sino que además con el resto de sus allegados más cercanos. Después de todo lo ocurrido, pensamientos como los límites de su habilidad solían aparecer en su cabeza con mayor frecuencia que nunca, haciendo que su necesidad de enfocarse en diseñar artefactos reinventados aumentara equivalentemente; por lo mismo ahora su obsesión era distraerse con sus bocetos…

Los supervivientes de la cacería habían sido colocados en el ala médica de la guarnición de la Guardia Real, y fue a través del espejo de la guarnición que Markus había contactado con Anastasia. Junto a un grupo de mercenarios, que no incluía a Tivey que le haría compañía a su hermano por órdenes de la misma Anastasia, los dos partieron al edificio de la guarnición, donde se reunieron con un Ricardo lesionado, una adormecida Mimi y un inconsciente Julius.

Ya Anastasia había intercambiado palabras con sus otros dos subordinados. Ricardo no había podido responder debido a que su boca había sido cubierta por vendas de tela, y Mimi estaba tan adormecida que parecía ni siquiera saber dónde estaba. Markus había empezado a relatar lo ocurrido a lo largo del camino, pero fue interrumpido por el repentino despertar de Julius, cuyo abatimiento solo incrementó al escuchar sobre el deceso del anciano guerrero.

Y ahora que estaba teniendo la oportunidad de escuchar lo ocurrido, el caballero había dejado de lado los sentimientos de vergüenza y derrota, y se había enfocado en averiguar lo más posible al respecto. Subaru, por su parte, se había sentido extremadamente celoso por la reacción sobria y calmada del caballero ante todo lo que le estaba sucediendo; ni siquiera habiéndose despertado totalmente desorientado, para entonces descubrir que un aliado importante había muerto, Julius había perdido la compostura; él deseaba ser así.

Pero sabiendo que conseguir eso no sería algo inmediato, ni fácil, optó por empezar a reunir la mayor cantidad de información posible ante un, probable, evento de muerte cercano. "¿Eh? Sí, por su puesto." Respondió Markus, mirando extrañado a Subaru. Hasta ese momento, Markus no había escuchado a Subaru hablar, y la repentina pregunta lo había desconcertado; después de todo, había llegado a pensar que se trataba de alguna especie de sirviente, como un mayordomo, uno que nunca interrumpiría de esa manera la conversación de su ama.

"Je, je, je… Él no es un simple sirviente, Markus. No hace falta que pongas esa cara." Comentó la chica, riendo, para sorpresa de los presentes. Ella, con su enorme experiencia leyendo expresiones y miradas, había sido la única en percibir el sutil cambio de actitud en Markus.

"Claro, disculpe mi falta de respeto, señorita." Se disculpó él, bajando su cabeza en reverencia. Subaru, que se sentía completamente fuera de lugar, hizo sonar su garganta para entonces formular su pregunta.

"… Por lo que entiendo, la Ballena Blanca tenía alguna especie de relación con el Culto de Bruja. ¿O me equivoco?" Nadie había afirmado nada respecto a ello a lo largo de la conversación, así que Subaru quería asegurarse de que estaba comprendiendo bien la información que escuchaba.

"No es algo completamente seguro, pero Wilhelm dijo que uno de los Arzobispos del Pecado, Gula específicamente, había afirmado que la Ballena Blanca era su mascota."

"Su mascota…" Susurró Subaru. "¿Y la ballena puede… podía eliminar los recuerdos sobre una persona?" Preguntó Subaru nuevamente. Esa había sido su preocupación desde el principio, y por lo que había escuchado sobre la ballena a lo largo del camino, parecía que esa era la creencia popular.

"Lo cierto es que nunca llegamos a saber demasiado de la Ballena Blanca. Esto porque sin importar cuantos fueran a enfrentarla, solo pocos eran capaces de regresar con vida; así como en esta ocasión… Fue gracias a aquellos supervivientes, que se volvió obvio que los números de los pelotones enviados no encajaban con la cantidad que recordaban. No era raro que, de un grupo de diez hombres, el único superviviente solo recordara la existencia de uno o dos de sus compañeros. Por lo mismo se teorizó que la Ballena Blanca era capaz de eliminar la existencia de las personas a las que asesinaba con su niebla, ya que aquellos que morían de otras maneras sí que eran recordados… Pero…"

"¿Pero?" Cuestionó Anastasia, ante la pausa de Markus. Subaru, que ya había comprendido, parcialmente, lo ocurrido con Crusch Karsten, miró fijamente al capitán de la Guardia Real.

"Gracias a Wilhelm descubrimos que la ballena no era la única con la habilidad de eliminar los recuerdos de la existencia de una persona. Gula… El Arzobispo de la Gula, también podía hacerlo. Lo que calza con su afirmación de que la Ballena Blanca era su mascota. Wilhelm tenía una profunda vendetta en contra de la ballena, todos lo que lo conocimos cuando era caballero sabemos cuánto lo afectó la muerte del anterior Santo de la Espada. Por eso no me sorprende que haya asesinado tan rápidamente al Arzobispo de la Gula."

"¿Wilhelm-san asesinó a uno de los arzobispos?" Preguntó Julius, atónito. Y no porque dudara de la destreza del avejentado espadachín, sino porque, a pesar de su edad, Wilhem Van Astrea había logrado asesinar a la Ballena Blanca, que aterrorizó al mundo por cuatrocientos años, y a uno de los temidos y poco conocidos Arzobispos del Pecado del Culto de la Bruja, conocidos por vencer a enormes grupos de experimentados guerreros por sí mismos, el mismo día.

"Correcto. No sabemos mucho respecto a lo sucedido, solo que lo asesinó y que posteriormente enfrentó a Codicia, pero que la habilidad de éste le otorgaba una especie de vulnerabilidad; algo que le impedía dañarlo y que hacía que el filo de la espada fuera repelido por su cuerpo. Así lo describió Wilhelm."

"Pero… ¿Acaso el Arzobispo de la Gula también les arrebató la existencia a otros guerreros bajo el mando de Wilhelm-san?" Preguntó ahora Anastasia, con curiosidad.

"Sí, así es, Anastasia-sama. A eso me refería con que algunos supervivientes seguían muy desorientados como para cuestionarlos respecto a lo sucedido. Esto ya que aparentemente la habilidad de Gula no solo le permitía eliminar a alguien de la existencia misma, sino que además robar sus recuerdos." Ante lo dicho por Markus, los tres presentes se mantuvieron en un profundo silencio.

Subaru, cuya piel había sufrido una piloerección por el solo pensar en la posibilidad de encontrarse ante un enemigo como ese, se percató de algo que hizo que saliera del trance en el que se encontraba. "Habla como si aquellos afectados por la habilidad del Arzobispo de la Gula estuvieran bien…"

"¡Eres perspicaz, chico! Correcto, parecer que asesinar a Gula bastó para que las personas afectadas por él fueran recordadas de nuevo y recuperaran la memoria. Aunque cabe señalar que no todos sufrieron de ambos efectos, algunos solo perdieron su memoria y otros fueron olvidados. No sabemos que podría haber pasado con aquellos que sufrieran de ambos a la vez, pero suponemos que nada bueno. Tampoco sabemos si a la totalidad de aquellos a los que Gula les arrebató algo lo recuperaron, pero en este caso es difícil de saber, ya que simplemente no tenemos forma de averiguarlo…"

"Entonces, aparentemente, matar al Arzobispo de la Gula era la manera de devolverle a sus víctimas lo que perdieron…" Resumió Julius. "En ese caso, ¿qué sucedió con las víctimas de la Ballena Blanca?"

"De momento no sabemos… Para ser afectado por la habilidad de la Ballena Blanca había que morir, por lo que es difícil determinar si algo ha cambiado; y con las enormes pérdidas que sufrieron durante el combate, es casi imposible establecer si miembros de un escuadrón fueron borrados por la niebla…" Respondió Markus, absorto. Tras un momento en silencio, el caballero prosiguió. "Estaremos al tanto de las repercusiones de los sucedido ayer. La muerte de un Arzobispo del Pecado y la Ballena Blanca son una excelente noticia, pero vendrán de la mano de un gran revuelo. No sabemos cuántas personas fueron eliminadas de la existencia o perdieron sus recuerdos por culpa de ellos, por lo que estoy seguro de que el reino tendrá sus manos ocupadas lidiando con ello conforme vayan resurgiendo aquellos olvidados por la memoria colectiva…"

Tras ello, la conversación siguió adelante, pero Subaru poca atención puso. Su mente se había ido a la deriva. Crusch Karsten había sido olvidada, y a pesar de que había pasado más de un día desde que se percató de ello, nadie parecía volver a recordarla. Subaru no solo no entendía por qué él era el único capaz de hacerlo, sino que tampoco por qué su nombre simplemente no regresaba a la memoria de los demás.

Crusch Karsten, al igual que Anastasia, era una candidata a la Selección Real, por lo que era una persona vital para el Reino de Lugunica. Y, aun así, nadie parecía percatarse de su desaparición. Nadie, excepto él. Tal vez ello se debía a que había sido asesinada por la ballena, y no por el Arzobispo de la Gula; lo que implicaba que asesinar a la ballena no era suficiente para que ella fuera recordada. No había nada que se pudiera hacer, nada excepto…


Cuando regresaron a la mansión, Subaru se despidió rápidamente de Anastasia, además de Mimi, Ricardo y Julius, quienes habían sido de alta. En completa soledad, comenzó a caminar a través de los oscurecidos pasillos de la mansión de Anastasia. La campanada de media noche estaba por sonar, por lo que era de esperarse que pocas luces se mantuvieran encendidas. Al fin y al cabo, el viaje de ida o vuelta desde el lugar donde se llevó a cabo la batalla contra la ballena y la capital de Lugunica es de casi dos días de duración.

Gracias al tratamiento de los curanderos del reino, el pie de Julius había sido curado, al igual que la boca de Ricardo. Ahora ellos, y Mimi, que había sufrido de agotamiento extremo, solo necesitarían una semana de descanso para recuperarse y volver a sus trabajos. Incluso Julius, que había sido reprendido por no informar respecto a sus acciones durante periodo laboral, podría regresar a su puesto como el caballero de Anastasia sin problema.

Al final, todo había salido bien para la facción de Anastasia Hoshin. Aunque lo mismo no podía decirse de la facción de Crusch Karsten. Su líder había muerto durante la batalla contra la Ballena Blanca, su mayor combatiente sucumbió ante el poder del misterioso Culto de la Bruja y el caballero… El caballero de Crusch se encontraba en estado catatónico. Subaru no lo había visto, pero había escuchado al respecto durante una conversación que se dio entre Julius y Markus, cuando el primero estaba siendo dado de alta.

Se desconocía la razón detrás de la condición de Felix Argyle, pero la hipótesis que había sido formulada, basada en parte por lo que se había recogido de un comentario que Wilhelm había hecho a un curandero del Colmillo de Hierro, era que una persona cercana a ambos murió debido a la niebla aniquiladora de la Ballena Blanca; una persona que solo Subaru podía recordar. Esa persona era tan importante, que su mente fue incapaz de llenar los huecos dejados en su memoria. Esa era la teoría de los mejores curanderos del reino; curanderos muy por detrás de Felix en el uso de la magia curativa.

Otra perdida que el reino resentiría enormemente. Al final, esa era la mejor forma de definir los resultados de la cacería; una victoria manchada por las pérdidas. Y exactamente por esto, es que Subaru se sentía tan abrumado. Él tenía en su poder la capacidad de revertir todo eso, pero no estaba haciéndolo; ni siquiera estaba considerando hacerlo. Su egoísmo… Su egoísmo es lo que le impedía acabar con su propia vida, para rehacer el mundo y recuperar las decenas de vidas perdidas.

Anastasia había hecho un trato con Crusch… A cambio del tratamiento de las heridas de Hetaro, Anastasia prestaría sus fuerzas a Crusch con el objetivo de vencer a la Ballena Blanca. ¿Y acaso no contaba él como parte de las fuerzas de Anastasia Hoshin? Tal vez no como lo hacían el Colmillo de Hierro o Julius, pero lo cierto es que él era un empleado de ella, y revertir lo ocurrido podía considerarse, en parte, su deber. Pero él no estaba dispuesto a hacerlo, simplemente porque temía a la muerte.

"Lo hago por ella…" Susurró, mientras se recostaba contra la pared de uno de los penumbrosos pasillos y se dejaba caer. Su espalda baja tocó el piso y él levantó la mirada. Frente a Subaru se encontraba una ventana, desde la que pudo observar la brillante Luna. Después de dos días, la Luna finalmente se había mostrado, dejándose ver entre la neblina que finalmente estaba comenzando a ceder. "Por ella… Por Anastasia… Lo estoy haciendo por ella."

Subaru entonces comenzó a repetirse la misma frase, con el objetivo de convencerse a sí mismo de que la única razón por la que no estaba usando Regreso por Muerte, era por Anastasia. No ayudaría a la facción de Crusch Karsten, la facción que curó a Hetaro, porque no hacerlo beneficiaría a Anastasia. Por ella… por ella… por ella… por ella…

Crusch Karsten era la rival más fuerte de Anastasia. Felt aparentemente era mal vista por la nobleza debido a su ideología anarquista, Emilia no contaba con mucho apoyo por su sangre y a alrededor de aquella a la que desconocía rondaban rumores de cómo había asesinado a sus anteriores esposos para amasar una gran fortuna. Solo Crusch representaba un peligro para los objetivos de Anastasia, y ahora que había desaparecido, su empleadora tendría la oportunidad de tomar fácilmente el trono.

Sí, así debía ser. Él había prometido ayudar a Anastasia a alcanzar sus objetivos, él deseaba ayudarla a conseguir aquello que la haría sentir completa. Él alcanzaría sus objetivos a través de ella, por lo que era primordial que ella ganara la Selección Real y ahora… Por ella, por ella, por ella, por ella… Por Anastasia, por Anastasia, por Anastasia, por Anastasia, por Anastasia, por Anastasia, por Anastasia, por Anastasia, por Anastasia, por Anastasia.

Anastasia había estado allí para él, Anastasia lo había ayudado a levantarse y lo había colocado en el camino hacia su final feliz. El deseaba retribuir la bondad de la chica codiciosa, y empezaría por ignorar la muerte de su más fuerte contrincante en la Selección Real. Como solo él la recordaba, si simplemente dejaba de lado su existencia, entonces habría sido como si nunca hubiera nacido en primer lugar.

Así era la política, solo tenía que quedarse de brazos… Solo tenía que seguir viviendo, así de simple. Lo hacía por ella, no por él, por ella, por Anastasia… No por él, no por él… No porque tuviera miedo… No porque temiera romperse… No porque la muerte le aterrara… No porque le horrorizara la posibilidad de perderse a sí mismo… No porque fuera débil… Por ella…

Subaru siguió repitiendo la frase una y otra vez, mientras instintivamente metía su mano derecha en uno de los bolsillos de su pantalón. Al hacerlo, pudo sentir un pedazo de papel, el cual inmediatamente tomó. Se trataba de una hoja doblada, la cual desplegó cuidadosamente. Una vez completamente desdoblada, posó su vista sobre un boceto; uno muchísimo más detallado que cualquier otro que hubiese dibujado.

"Por ella…" Siguió repitiendo, con una sonrisa quebrada formándose en su rostro. Frente a él se encontraba el diseño final del arma que había ideado al poco tiempo de llegar a Kyo. Ahora, mes y medio después de haber aceptado que necesitaría una manera de defenderse, el diseño estaba completamente terminado. Solo necesitaba encontrar a alguien discreto dentro del departamento de artesanía y herrería, y podría darle vida a su arma…

Tal vez Leith, pensó él; pero al recordar la expresión condescendiente en el rostro de su compañero, sintió asco reptando por su garganta. La sensación de molestia estaba comenzando a convertirse en fuego de ira que recorría sus venas como si de veneno se tratara, como si algo hubiera empezado a tomar control de él, cuando una voz provocó que reaccionara.

"¿Subaru? ¿Subaru, que haces aquí?" Se trataba de Julius, que se encontraba de pie a pocos metros de él.

"¿Yo?" Se preguntó Subaru, ligeramente desorientado. Pero, al percatarse de donde estaba y en qué estado, Subaru guardó rápidamente el boceto y se puso en pie. Sintiéndose nervioso por la mirada escrutiñadora del caballero, que claramente había observado el papel que guardó sospechosamente, Subaru permaneció en silencio. Permaneció en un incómodo silencio hasta que finalmente comprendió donde se encontraba. "¿Qué haces aquí, Julius? ¿Este pasillo lleva directamente al patio, no es así? ¿No deberías de estar en cama descansando?"

"Yo…" Subaru, por primera vez desde que lo conoció, vio al caballero dudar. Lo que Julius pensaba hacer era obvio. Con su mano estaba apretando el mango de su espada y llevaba ropa para entrenar. A pesar de que Markus le había ordenado que se mantuviera alejado de los combates y, por supuesto, también de cualquier actividad física, incluido el entrenamiento, Julius pensaba hacer precisamente eso último.

"Quieres ir a entrenar, ¿no es así?" Subaru sabía que estaba preguntando lo obvio, pero eso no era todo lo que quería decirle… "Te sientes derrotado, ¿verdad? Sientes que no estás a la altura de tu título como caballero de Anastasia. Sientes que eres débil, Julius. Te sientes inútil, incapaz…" Julius hizo una mueca de incomodidad, pero sin embargo no lo contradijo. Claro, Subaru había escuchado respecto a lo ocurrido por parte de Markus, y conocía lo suficiente al caballero, como para suponer que estaría frustrado por el resultado; era algo que rayaba con lo lógico. Pero iba un poco más allá… La mirada de Julius, visible apenas por la luz lunar, Subaru la había visto muchas veces en el espejo; era una mirada que no calzaba con el imperturbable caballero… Subaru sonrió con tristeza. "Pues bienvenido al club. Somos dos que nos sentimos así. Y tú eres uno de los mejores caballeros del reino, así que imagínate como se siente un despreciable inútil como yo."

"Subaru…" Respondió Julius finalmente. "No creo que seas un inútil. Tal vez no poseas destreza en combate, pero tu valor se encuentra en otra-"

"Julius…" Pero antes de que Julius pudiera terminar su refutación fundamentada en halagos vacíos, Subaru lo detuvo. "¿Podría entrenar contigo?"

Por un instante, Julius falló en comprender lo que había escuchado. Sin embargo, cuando cruzó miradas con Subaru, pudo verlo. La determinación de la que había discutido con él meses atrás, poco antes del ataque al hotel. La determinación de alguien no dispuesto a aceptar sus debilidades e impotencias.

"Bien, pero no creas que voy a ser blando contigo solo porque no sabes nada del manejo de la espada." Y así, ambos hombres de espíritu herido caminaron lado a lado hacia la promesa de una mejor versión de sí mismos; sin saber que dicho camino podría llegar a ser más enrevesado que aquel que habían recorrido hasta ese momento. La promesa de un mejor futuro siempre traería un enorme costo consigo.


FIN DEL ARCO II