De camino a sus aposentos con Trudy Ben estableció la conexión con Rey y la encontró profundamente dormida y arropada con su capa, tenía una expresión tan pacífica que le daba pena despertarla, le acarició la mejilla mientras le daba un beso.

- ¡Amor, amor, despierta!

- ¿Ben? - aún medio dormida le puso la mano en la mejilla - ¿Dónde estás?

- Cerca, abre la puerta por favor quiero que conozcas a alguien - esa frase termino por despertarla y se levantó corriendo a abrir cuando él iba llegando acompañado de una joven mujer.

- ¿Me extrañaste? - le preguntó Ben abrazándola con fuerza y besándola delante de la chica que solo sonrió ya que nunca imaginó ver a su maestro así tan humano ymostrando sus sentimientos, en verdad estaba enamorado y se alegraba por él.

Al ver que no daban muestras de querer separarse Trudy carraspeó y cerró la puerta haciendo un poco de ruido.

Ben reacio soltó a Rey y sonrió al ver el sonrojo de sus mejillas, amaba verla así, con un brazo en sus hombros volteó a ver a su alumna.

- ¿Maestro? ¿No nos va a presentar?

- Si, claro, Rey ella es Trudy mi alumna, Trudy ella es Rey, la mujer que amo.

- Hola, Rey le dió la mano a Trudy, era casi de su misma estatura de piel clara y cabello tan rubio que parecía blanco pero lo que más le llamo la atención fue la viveza de sus ojos color dorado y la sonrisa tan sincera que tenia, cuando ella tomó su mano tuvo una visión, aunque no sabía si era del pasado o del futuro.

- Hola Rey, ahora entiendo por qué el maestro se enamoró de ti, esa bondad que hay en tus ojos muy pocos la tienen además de que eres muy bonita.

Si la mejillas de Rey ya estaban rojas a causa del beso ahora sentía la cara encendida y se cubrió con ambas manos provocando la risa de Ben.

- Perdón no quise avergonzarte.

- Es muy tímida - le dijo Ben a Trudy.

- El maestro quiere que te busque algo de ropa, dime ¿Qué es lo que más te agrada?

- ¿Ropa? - Rey miró a Ben confundida.

- Si amor, vamos a estar aquí un tiempo y la vas a necesitar y algunas otras cosas también, ella te va a ayudar, lamento que tengas que estar encerrada pero por ahora es mejor así hay problemas con un General y no quiero arriesgarme a qué te haga daño.

- Pero no necesito ropa.

- Claro que si, la chicas siempre necesitamos mucha ropa - mmm con un dedo en los labios Trudy la miro de arriba abajo y sonrió - ya se, te traeré algunas cosas y tú eliges lo que te guste.

- Espera, me olvidaba, necesitas creditos - Ben se acercó al mueble que estaba junto a la cama.

- Tengo suficientes maestro no te preocupes.

- Trae todo lo que creas que es necesario Trudy.

- ¡Ben no¡ No necesito mucho.

- Por favor acéptalo, yo voy a estar muy ocupado, tengo que neutralizar cualquier peligro antes de hacer público lo nuestro y estarás algunas horas sola, quiero que estés cómoda y que no te arrepientas de haberte quedado conmigo.

- Jamás me voy a arrepentir de haber tomado tu mano Ben.

- Yo te haré compañía mientras él trabaja para que no te aburras - le dijo Trudy a Rey - pero antes iré por lo que necesitas, pido permiso para ausentarme durante unas horas maestro.

- Ve, pero lleva a algunos stormtrooper contigo y avísale a Hux.

- Si señor - y con una gran sonrisa se fue dejándolos solos.

- ¡Al fin se fué! - exclamó Ben después de asegurar la puerta.

- ¿Quien es? - preguntó la chica.

- Es un Caballero de Ren.

- ¿Una mujer?

- Si ¿Que tiene de malo?

- No nada es que es un poco raro, es muy linda y simpática.

- Dejemos de hablar de ella, ahora quiero abrazarte, besarte - mientras lo decía caminaba con ella de espaldas a la cama - acariciarte, tenerte en mis brazos y demostrarte lo mucho que te amo, que te voy a amar todo lo que me quede de vida.

De pronto cayeron en la cama, él encima de ella perdidos en un beso como no se habían dado antes, un beso que decía más que mil palabras,sus lenguas hacían una danza sensual que mandaba descargas eléctricas a los cuerpos que encajaban exactamente uno con el otro.

Por unos minutos solo se escucharon las respiraciones agitadas y los gemidos, solo se separaron hasta que necesitaron respirar pero no del todo por qué Ben siguió dejando pequeños besos en los labios y mejillas para bajar al cuello dónde siguió con su seducción implacable.

Daba pequeños mordiscos en la sencible piel de Rey para después pasar la lengua probando el sabor, lamía la vena que latía apresurada, mordio el lubulo de la oreja lo que arrancó un gemido de placer a la mujer que yacía entregada en sus brazos, se detuvo solo para contemplar su rostro, sus ojos nublados por el placer y estuvo a punto de perder el control al ver el amor que ella no ocultaba en cada gesto, en la mirada, en sus labios inflamados por sus besos, y en la voz que pronunciaba su nombre.

- Te amo Ben.

- Te amo Rey.

No hacían falta más palabras, esas sobraban cuando el corazón hablaba.