Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.


Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!


Capítulo 33

15 de diciembre, Noruega

—Jesús, esta fue una mala idea. —Emily asomó la cabeza por detrás de la montaña de cobijas en las que estaba envuelta.

—Lamento haberlo sugerido —temblé—. Tal vez no debimos haber venido a mitad del invierno y mejor debimos haber visto el show por internet. De esa forma pudimos habernos desviado más al sur.

—¿A Australia? —siseó Emily—. ¿Tan al sur?

Me reí.

—Sí, eso habría funcionado.

—No —suspiró Emily con melancolía—. No es así.

Ambas miramos al cielo en completa fascinación y luego nos miramos la una a la otra pensando lo mismo. El frío helado valía más que la pena para poder experimentar esto con nuestros propios ojos.

Después de que Edward regresara a casa, Emily y yo pasamos otras pocas semanas en Italia antes de retroceder y visitar España, Portugal y luego dirigirnos al norte hacia Inglaterra y Escocia. Luego, hace diez días, viajamos más dentro de Inglaterra y navegamos hacia Noruega. Fue en el ferry donde escuchamos a alguien hablar sobre la aurora boreal y lo increíble que era, así que de forma muy espontanea decidimos hacer nuestro mejor esfuerzo por verlas nosotras mismas. Cuando desembarcamos, preguntamos por ahí y alguien recomendó un lugar llamado Finnmark, así que es ahí a dónde fuimos.

Después de ahorrar más de lo que habíamos anticipado en Inglaterra y Escocia, tomamos la decisión de usar el dinero sólo para pasear mientras estuviéramos en Finnmark y nos quedaba sólo un día más antes de tener que seguir adelante y buscar trabajo. El problema que tenía ahora era a dónde ir.

Alzando la vista al cielo, no pude evitar pensar que este era el lugar perfecto para terminar. La verdad, aunque había pasado los momentos más increíbles y no me arrepentía de ni un solo minuto, estaba lista para regresar a casa. No se lo había mencionado a Emily porque podía ver que ella estaba amando cada segundo y no sabía cómo abordar el tema por miedo a decepcionarla.

Edward y yo mantuvimos nuestras promesas y nos mensajeábamos, hablamos por Skype o por teléfono todos los días, y para mi alivio no había nada de incomodidad durante nuestras conversaciones. Lo extrañaba más de lo que había esperado y saber que lo tendría al regresar sólo aumentaba mi deseo de ponerle fin a este viaje.

—Hice algo mientras estabas en la ducha —me dijo Emily, trayéndome de regreso a la realidad.

—¿Oh? —la miré con las cejas alzadas, cuestionándola—. ¿Debería sentir miedo?

Se rio y negó con la cabeza.

—No lo creo.

—Eso no es muy tranquilizador. —Me giré para ver de nuevo el cielo.

—Me la he pasado de maravilla, Bella —dijo y asentí mostrándome de acuerdo—. Y estoy muy feliz de que hayas venido conmigo, no creo que hubiera sido lo mismo si hubiera estado sola.

—No me habría perdido esto, Emily.

—Pero también sé que cada vez extrañas más y más tu hogar, así que mañana regresamos a Oslo y luego iremos a casa. Ya confirmé los vuelos y las transferencias, así que sólo tenemos que empacar nuestras cosas.

Me enderecé, mirándola con confusión.

—¿Qué?

—Lo extrañas, Bella. Hemos estado lejos por mucho tiempo, hemos visto lugares absolutamente increíbles y hemos hecho cosas maravillosas. Ahora que he visto esto —señaló el cielo—, creo que es un buen momento para empacar y volver a casa.

—¿Estás segura? —pregunté en voz baja y asintió vigorosamente.

No dije nada durante unos minutos, pero la emoción que sentía creciendo dentro de mí me aseguró que esto era lo correcto para mí.

—Bien —solté un largo suspiro—, vayamos a casa.

xxx

Edward…

—¿Sr. Cullen?

—¿Sí? —alcé la vista y vi a mi asistente parado con reticencia en la puerta.

Después de Didi, el remplazo de Bella, asumí que había experimentado a la peor asistente que existía. Sin embargo, desde mi regreso de Italia había comprendido que ese no era el caso. Didi había sido reasignada después de mi casi renuncia y uno de mis primeros pendientes cuando volví a trabajar fue contratar un remplazo.

Susan había durado cuatro días – la despedí después de atraparla fumando mariguana en el baño, el elevador y finalmente en su escritorio.

Helen nunca llegó a su primer día.

Jane comenzó muy bien, parecía eficiente y organizada. Luego encontramos todas las notas, contratos y cartas que se le habían pedido escondidos debajo de un número de Cosmopolitan en el cajón de su escritorio.

Ahora era el turno de Eric Yorkie. No había decidido intencionalmente elegir a un asistente hombre, pero era por mucho mejor que el resto en cuanto a solicitudes se refería. Era joven, pero definitivamente dispuesto y entusiasta. El único problema era que parecía sentir terror por mí.

—Su reunión de las doce… um… bueno… ellos… um… quieren retrasarla hasta la una. Su agenda está libre, pero les dije que necesitaba checarlo con usted y si no es conveniente, pues puedo…

El pobre chico no había respirado desde que empezó a hablar, así que lo interrumpí antes de que se desmayara.

—Está bien, Sr. Yorkie. Necesitaré que tome notas, así que ¿puede tomar su comida antes para asegurarse de estar de regreso a tiempo?

—Sí, Sr. Cullen —dijo—. ¿Puedo traerle algo?

—No, gracias —dije amablemente y le sonreí para tranquilizarlo—. Intente no preocuparse tanto, lo está haciendo bien.

Asintió y prácticamente salió corriendo de la oficina. Suspiré y me recargué en mi silla, preguntándome qué más podría hacer para relajar al chico. Desde que regresé de Italia había hecho un esfuerzo consciente por ser más relajado y accesible, pero al parecer Eric Yorkie no lo veía de esa forma.

Por muy difícil que fuera dejarla, y aunque la extrañaba todos los días, Bella había tenido razón. Ese era su viaje y necesitaba hacerlo sin mí, y mi carrera era algo que yo tenía que hacer. Me había preparado para un poco de especulaciones y chismes cuando regresara a trabajar, pero el vídeo que había grabado para Bella había hecho que la atención fuera casi insoportable.

Mujeres, que usualmente nunca hablaban conmigo, sentían que era apropiado chismorrear sobre lo romántico que era y como es que deseaban que sus esposos, novios o novias hicieran algo similar. Los hombres ahora me veían como un gurú de relaciones y buscaban consejos sobre sus intereses amorosos.

Había sido agotador durante unas semanas y casi volaba de regreso a Italia, pero la atención se desvaneció y pronto las cosas regresaron a la normalidad, y la gente en la oficina, en su mayor parte, todavía pensaba que era difícil, arrogante y exigente.

Afortunadamente, tenía una buena relación laboral con mi equipo y nuestras reuniones eran ahora experiencias más relajadas para todos.

—Oye —dijo Emmett ruidosamente cuando entró a mi oficina—. Supiste que atrasaron la reunión, ¿cierto?

Asentí.

—¿Quieres ir a comer algo antes? Estoy hambriento. —Hizo una mueca y añadió—: Rose decidió que necesitábamos empezar a comer saludable y me preparó una ensalada para traer al trabajo.

—Pues cómete la ensalada —dije y bufó.

—Los conejos comen ensalada y la última vez que me fije, yo no era un conejo. Creo que parezco más un oso y los ojos no comen ensaladas, comen comida de verdad. Pensé que podíamos ir a ese restaurante de cortes de carne que abrió el mes pasado.

—Una vez vi un documental sobre osos —sonreí—. Y atrapaban peces en los ríos y escarbaban en los botes de basura de los campamentos. No recuerdo nada sobre que hicieran barbacoa.

—Esa fue una respuesta muy rápida para ti —se rio—. Mira, ¿vamos ir a comer o no?

Justo cuando estaba a punto de responder, la puerta se abrió y alcé la vista para ver a Phil parado en mi oficina. Me puse de pie y pregunté:

—¿Teníamos una reunión?

—No, esto no estaba agendado —dijo con felicidad—. Sólo me preguntaba si querías viajar conmigo al aeropuerto.

—¿Aeropuerto? —fruncí el ceño.

—¿No has sabido de Bella? —preguntó confundido y negué con la cabeza—. Oh, creí que te habría llamado primero.

—¿Para qué?

—Le llamó a Renee para decirle que ya estaba en casa.

—¿En casa? —exhalé y asintió.

—Bueno… casi. Estaban en el JFK esperando su conexión a Sea-Tac. —Vaciló por unos segundos—. Renee le dijo que la veríamos en el aeropuerto… asumí que te querría ahí.

—No me llamó —dije en voz baja—. Ni siquiera sabía que estaba planeando regresar a casa tan pronto.

—Espero no haber arruinado alguna sorpresa que tuviera planeada —musitó Phil—. Como sea, iré a casa a recoger a Renee y luego la veremos en el aeropuerto. El vuelo llega a las 12:55, por si quieres sorprenderla.

—Gracias, Phil. —Miré donde estaba parado después de que cerró la puerta, sintiéndome un poco desanimado.

—Asumo que es un no a eso de ir a comer —bromeó Emmett y me encogí de hombros—. ¿No irás a esperarla?

—Quiero ir —admití—. He estado esperando este momento por meses, pero… ¿por qué no me llamó?

—Tal vez Phil tenía razón, Eddie. ¿Pudo haber sido por una sorpresa o algo así?

—Tal vez —dije, pero no estaba seguro de creerle. De repente me sentí extremadamente nervioso al pensar que mi confianza pudo haber sido infundada. ¿Y si había pasado mucho tiempo para ella? ¿Y si no quería que fuera a recogerla? ¿Y si ya no me quería en absoluto?

—¿Entonces? —presionó Emmett—. ¿Vas a ir a recogerla o qué?

xxx

Bella…

—¿Llamaste a tu mamá?

—Sí —asentí—. Sólo a mi mamá.

—¿A Edward no?

—A Edward no.

—¿Por qué? —Emily se veía perpleja—. Pasaste los últimos meses suspirando por el tipo, ¿y no le dijiste que regresarías a casa? No lo entiendo.

—Es martes y estaremos a mitad del día laboral cuando aterricemos —le dije.

—¿Y? Ya te demostró que eres más importante que el trabajo, Bella. No creo que a él le vaya a importar a qué hora aterriza tu vuelo.

—Sé que iría por mí, Emily, pero no quiero que la primera cosa que le pida sea una elección entre su trabajo y yo. No es justo para él y ya le pedí que hiciera eso una vez antes. Como sea, para cuando tengamos nuestro equipaje, pasemos seguridad y estemos de regreso en la ciudad, él ya casi habrá terminado su día, así que podré verlo entonces. —Me detuve y añadí rápidamente—: También podré darme una ducha y ponerme presentable.

Alcé la vista a la pantalla para revisar en cuál compuerta necesitábamos estar. Todavía faltaba media hora antes de empezar a abordar, pero este era un vuelo que no tenía intención de perder.

—Vamos, hay que esperar junto a la compuerta.

Comencé a avanzar, pero Emily se detuvo y negó con la cabeza.

—Hay algo que necesito decirte. —Avancé unos pasos hacia ella y añadió en voz baja—: No regresaré a Seattle contigo.

—¿Qué? —pregunté sorprendida.

—Amé Europa, y de verdad creo que terminar donde lo hicimos fue lo correcto, pero todavía no estoy lista para ir a casa. —Sonrió—. A todas partes donde íbamos la gente estaba fascinada con nuestro país y me di cuenta que yo misma conozco muy poco de él, así que ¿por qué no arreglar eso?

—Vaya —murmuré—. ¿Hablas en serio?

—Sí. —Asintió y no pude ver ni un trazo de inseguridad en su cara—. La idea de regresar a un trabajo de nueve a cinco haciendo lo mismo todos los días ya no suena exactamente atrayente. Soy joven y si no lo hago ahora, probablemente nunca lo haré.

—Si eso te pone feliz, Emily, entonces hazlo —le dije y empecé a ponerme sentimental—. Te voy a extrañar muchísimo.

—Yo también —me abrazó con fuerza y dijo—: Me alegra mucho que tu familia te quitara el dinero.

Me reí y me limpié unas lágrimas de la cara.

—Entonces, si no estás en mi vuelo, ¿a dónde vas?

—Iré primero a Nuevo Orleans, es un lugar al que siempre quise ir de pequeña y después de eso… pues veré a dónde me lleva el viento.

—Voy a necesitar noticias diarias de ti —dije y asintió—. Y tienes que prometerme que eventualmente regresaras. Incluso si es un vuelo de visita que cruza por la ciudad, tienes que regresar.

—Regresaré para la boda —dijo con seriedad y fruncí el ceño.

—¿Boda? ¿Quién se va a casar?

—Le doy seis meses máximo antes de que ponga un anillo en tu dedo —dijo y rodé los ojos—. Es en serio, Bella.

—Necesito llegar a casa y ver si sobrevivimos los últimos meses separados —murmuré con nerviosismo.

—Si le hubieras dicho al pobre hombre que volverías a casa, estoy muy segura que tendrías la respuesta a eso en el momento en que te bajaras del avión. —Sonrió y me frotó los brazos—. Estarás bien, ambos lo estarán.

Escuché el anuncio de que mi vuelo estaba a punto de abordar y una vez más me encontré despidiéndome de alguien que se había convertido en una gran parte de mi vida. Alguien con quien había compartido la experiencia más increíble de todas y a quién extrañaría casi tanto como a Edward.

—Ten cuidado —susurré—. Sigue actualizando tu blog y cuídate.

—Todos los días. Adiós, Bella —dijo y luego ambas nos giramos y caminamos hacia nuestras respectivas compuertas.

El vuelo de regreso a Seattle fueron las cinco horas y media más largas de mi vida. Estaba triste por dejar atrás a mi amiga, triste porque nuestro viaje había terminado y ahora era sólo algo que recordar, pero al mismo tiempo estaba casi saltando de emoción. La idea de ver a Edward en unas pocas horas era abrumadora y los segundos avanzaban cada vez más lento. Entré más nos acercábamos al aterrizaje, más deseaba haberle dicho que regresaría a casa para que pudiera esperarme en el aeropuerto y no tener que esperar incluso más para verlo.

El hombre en el asiento junto a mí estaba claramente irritado por mis constantes movimientos y golpeteo de pies, pero estaba demasiado inquieta para importarme. En cuanto las puertas se abrieron, me paré y salí de mi asiento en un momento, no estaba dispuesta a desperdiciar ni un segundo.

Naturalmente, porque tenía tanta prisa, el mundo conspiró contra mí para mantenerme dentro del maldito aeropuerto. Mi maleta fue una de las últimas en aparecer en el carrusel y cuando intenté agarrarla, el costado se rompió y la mitad de mi ropa se tiró. Tardé quince minutos en reunir mis cosas, volver a guardarlas y atar un cinturón en la parte rota para evitar que más cosas siguieran cayendo.

Al salir, la mayoría de los pasajeros ya habían salido del aeropuerto, y con sólo unos cuantos rezagados por ahí localicé de inmediato a mi madre. Estaba llorando mientras intentaba gritar mi nombre y agitaba las manos en el aire.

—¡Bella! Bella, por aquí. —Sonreí y me apresuré a ella, riéndome cuando se puso todavía más sentimental—. Estoy tan feliz de que estés en casa, cariño —lloró—. Apenas dormí por la preocupación.

—No era necesario —le aseguré—. Estábamos perfectamente seguras.

Mi papá fue el siguiente que apareció a mi lado, me frotó la espalda e intentó ser el más sentimentalmente estable de los dos.

—Es bueno tenerte de regreso, Bells. ¿Cómo te fue?

—Fue increíble, papá —dije con felicidad—. Absolutamente increíble.

Me salí de los brazos de mi madre para poder abrazar a papá, luego noté a Phil parado detrás de él.

—Hola, Phil —dije y me guiñó.

—Me alegra que te la pasaras bien, pero creo que todos estamos más felices de tenerte a salvo en casa.

—Es raro estar de regreso —admití y se rio.

—Creo que deberíamos ir a comer y así puedes contarnos todo —dijo mi madre y mi papá aceptó empáticamente—. ¡Maravilloso!

—De hecho, tenía unas cuantas personas a las que quería ver. —Miré a Phil, que tenía una sonrisa presumida en la cara—. ¿Podemos hacerlo una comida más tarde o tal vez una cena?

—¿Y si mejor pedimos una mesa para cinco? —sugirió Phil y vi a mi papá fruncir el ceño—. Iré a hacer la reservación. —Al apartarse ladeó la cabeza a la derecha y cuando me giré una enorme sonrisa se formó en mi cara.

—Hola —dijo Edward en voz baja. Estaba parado un poco alejado de mis padres, pero avanzó unos tentativos pasos hacia mí—. Un pajarito me dijo que regresarías a casa hoy.

—El pajarito tenía razón —dije y sonrió—. Probablemente te estás preguntando por qué el pajarito te lo dijo en lugar de decírtelo yo.

—Así es.

Respiré profundamente y me acerqué a él.

—Ya una vez me elegiste a mí sobre tu trabajo, no quería tener que pedirte que hicieras lo mismo otra vez sólo para recogerme en el aeropuerto.

—Bella —comenzó a decir con exasperación y agité la mano para detenerlo, pero la agarró y me jaló a su pecho—. No me habría perdido esto por nada; por ninguna maldita cosa. Estoy aquí porque te amo y eres lo más importante de mi vida, ¿entendido?

—Entendido —acepté y apoyó su cabeza en la mía—. Espero que no te moleste comer con mis padres y Phil.

—No sería parte de mi top de cosas que quería hacer cuando regresaras a casa, pero siempre y cuando pueda pasar esta noche contigo, lidiaré con ello. —Se rio entre dientes.

—¿Qué te parece esta noche y mañana temprano antes del trabajo? —sugerí.

—Suena bien. ¿Tal vez incluso durante la comida de mañana? Puedes pasar por mí.

Sentí mi corazón hincharse, esta vez era real.

—¿Comer en tu oficina?

—Después del incidente en mi escritorio, tal vez comer en mi oficina no sea la mejor idea —susurró y sonreí—. ¿Qué te parece si nos vemos en la oficina para que puedas platicar con Alice y el resto del equipo, y luego buscaremos dónde comer?

—Suena bien —dije con felicidad—. ¿Edward?

—¿Sí, Bella?

—¿Puedes besarme ya? Estoy a punto de explotar en llamas. —Agarré un puño de su camisa y asintió, sus ojos cambiaron de suaves y cálidos a hambrientos y apasionados en un parpadeo.

Lentamente, movió hacia enfrente la cabeza y presionó con suavidad sus labios sobre los míos. Ambos tuvimos mucho cuidado para mantenerlo relativamente limpio – nos habíamos metido en problemas antes por nuestra falta de control y no quería que la primera impresión de mi padre sobre Edward fuera mala.

Al apartarse, nos sonreímos tontamente durante un segundo, luego me rodeó con sus brazos, abrazándome con fuerza contra él.

—¿Quién demonios es ese hombre? —le preguntó papá a mi mamá y ella se rio.

—Es Edward —dijo ella simplemente.

—¿Edward? ¿Quién es Edward? Oye, ¿su jefe no se llamaba Edward? No pensé que tuviera novio —gruñó—. ¿Estaba saliendo con él cuando se fue a Europa?

—Fue un poco más complicado —le dijo mi madre—. Te sugiero que le eches un vistazo a YouTube.

—¿Qué demonios es un YouTube? —espetó y mi madre gimió.

—Necesitas dejar atrás los años setenta, Charlie. —Le palmeó la espalda y añadió—: Él podría ser tu yerno en un futuro cercano.

—¿Podría ser qué? Jesús, creí que sólo estábamos aquí para recibirla en casa —dijo papá con voz ahogada y luego lo escuché suspirar—. Bueno, supongo que no es tan malo.

—¿A qué te refieres? —preguntó mi madre.

—Estaba tan interesada en esa chica Emily antes de irse que de verdad creí que era lesbiana.

—Santo cielo, Charlie. —Mi madre suspiró con exasperación.

—En serio que no te conoce para nada, ¿cierto? —Edward sonrió.

—Tampoco te conoce a ti, pero espera la inquisición española durante la comida para rectificar eso —dije e hizo una mueca—. No te preocupes, en cuanto termine la comida seré toda tuya.

—Me gusta cómo suena eso. —Sonrió y presionó sus labios sobre mi frente.

Era muy bueno estar en casa.

Edward…

Está en casa. No puedo creer que esté aquí… finalmente conmigo. No estoy seguro de qué tan caballerosamente puedo actuar en la comida con su familia. Detente, has esperado todo este tiempo, ¿qué son unas cuantas horas más? ¿Horas? Oh carajo…


Yo me despido aquí, pero recuerden que faltan un último capítulo que se publicará mañana. Mil gracias por acompañarme y apoyarme a lo largo de esta traducción :)