Mi ropa sale volando rápidamente. Ni siquiera sé donde cae. Solo sé que el no aparta la mirada de mi ni un segundo mientras me desnudo a la velocidad de la luz. Cuando he terminado tengo la respiración acelerada y no sé si es por su mirada posesiva sobre mi cuerpo, o porque me he desvestido más rápido de lo que nunca lo he hecho nunca en mi vida.

—He preparado varias cosas mientras estabas fuera. —me dice mientras se levanta del sofá y camina en mi dirección.

Se detiene frente a mí. Está completamente vestido. Son casi las 9:00 pm. Pero por la ropa que lleva no creo que tenga que ir al club esta noche.

—¿Hoy no vas al club? —le pregunto con curiosidad.

—Voy a dedicarme toda la noche a ti. —me dice en un susurro mientras de la vuelta y se para a mi espalda.

—Quiero sacarte unas fotos Ana. —susurra en mi oído haciendo que toda mi piel se erice.

—¿Unas fotos? —le pregunto con un nudo en la garganta

—Sí. Unas fotos tuyas…—me dice mientras pone las manos en mis hombros. —Excitada…—comienza a deslizarlas suavemente hacia abajo por todo el contorno de mi cuerpo. —Mientras te tocas…—llega a mi cintura y traza círculos en mi vientre haciéndome gemir. —Mientras te corres…—detiene el movimiento de sus manos. —mientras estoy enterrado en ti. —me dice mientras retira las manos de mi cuerpo.

Y solo entonces me percato de lo que el me está diciendo. ¿Acaso yo escuché bien?

—¿Por qué quieres unas fotos mías así? — es lo único que se me ocurre preguntarle con la respiración acelerada.

Siento sus pasos mientras vuelve a dar la vuelta y se detiene frente a mí.

—Quiero decorar mi habitación con tu cuerpo desnudo.

—¿Cómo sé que no terminaran colgadas en algún sitio web?

—No lo harán. ¿Confías en mí? —me pregunta entrecerrando los ojos.

—Con los ojos cerrados.

—Pues vamos. —me dice tendiéndome su mano.

Tomo su mano y me conduce hacia mi habitación. No estoy preparada para los cambios que ha sufrido mi habitación. Abro los ojos impactada. La habitación completa está cubierta con satén negro desde el suelo, hasta las paredes. Incluso la cama tiene sábanas negras que relucen bajo las luces especiales que ha instalado. Se ha tomado todo su tiempo. Ha montado un estudio fotográfico. Incluso la cámara está lista en su trípode para sacar las fotos.

—¿También eres fotógrafo? —le pregunto con curiosidad girándome hacia él.

No me imagino a alguien más sacándonos las fotos.

—Un viejo hobbit que tengo. —me dice con una sonrisa. —¿Podemos comenzar? —me pregunta mientras me suelta la mano.

No sé ni por donde comenzar. Nunca en mi vida he hecho esto. ¿Debería decirle que no me gusta que me saquen fotos? Creo que es el momento oportuno para eso.

—Debo confesarte algo primero. —le digo mientras lo observo dirigirse hacia la cámara.

El se me queda mirando expectante.

—No me gusta que me saquen fotos.

—¿Por qué?

—Nunca me ha gustado como quedo en las fotos.

—Eso va a cambiar a partir de hoy. A la cama. —me pide mientras coge la cámara.

Hago lo que me pide. No tengo idea de que hacer o como ponerme.

—Acuéstate y sube las manos por encima de la cabeza.

Hago lo que me pide. Siento mi corazón acelerado.

—Gira levemente el rostro hacia mí y mírame con deseo. —me pide.

Giro mi rostro y lo miro fijamente. No sé si es una mirada de deseo, pero es como lo miro cada vez que lo tengo frente a mí. Repentinamente la luz del flash me deja ciega cuando dispara varias fotos.

—¡Perfecta! Ahora sube tu pierna derecha y apóyala en el colchón. —me pide mientras cambia de posición él y se mueve a otro ángulo.

Siento el flash dejarme ciega nuevamente.

—Sube la mano derecha hacia tu cuello. —me pide mientras regresa hacia el costado de mi cuerpo. —Inclina la cabeza hacia arriba y arquea el cuerpo mientras desliza la mano desde el cuello hacia tus senos.

Intento recordar todo lo que me ha pedido. Echo la cabeza hacia atrás mientras deslizo la mano desde mi cuello, lentamente, hacia mis senos. Esto me está excitando sin siquiera intentarlo. A medida que mi mano baja por mi cuerpo, cierro los ojos y muerdo mi labio inferior. En cuanto mi mano llega a los senos comienzo a acariciármelo.

Gimo.

Masajeo mi seno mientras bajo mi otra mano por todo mi cuerpo lentamente hacia mi sexo. Ya no soy consciente de mucho. Solo siento el sonido del obturador de la cámara mientras sigue sacando fotos.

Dejo de sentir el obturador. Pero no dejo de tocar mi cuerpo mientras me retuerzo de placer sobre las sábanas de satén negras. Siento sus manos retirando las mías de mi cuerpo. Las coloca a ambos lados de mi cabeza mientras presiona contra el colchón. Abro los ojos en el momento justo en que su cuerpo cubre el mío y su boca caliente comienza a devorarme.

Vuelvo a sentir el obturador de la cámara y separo mis labios repentinamente de los suyos. Miro hacia la cámara que ahora está a nuestro costado en el trípode. Pero no hay nadie allí.

—Está programada. —me dice aclarando mi duda repentina.

Vuelvo a girar mi cabeza hacia él y Christian vuelve a tomar mi boca. Su lengua me invade, luchando desesperadamente contra la mía. Jadeo contra sus labios.

Vuelvo a sentir el obturador.

Christian aparta su boca de la mía. Baja por mi cuerpo besando mi piel, pero no suelta mis manos. Tira de ellas hacia abajo a medida que desciende por mi cuerpo. Chupas mis senos, los devora. Tira de los pezones haciéndome gemir audiblemente.

Vuelvo a sentir el obturador.

Se separa súbitamente de mi cuerpo dejándome con la respiración acelerada. Abro los ojos y lo veo comenzar a desnudarse.

—Arrodíllate en el centro de la cama. —me dice mientras va hacia la cámara.

Cuando estoy arrodillada en el centro de la cama, el acomoda la cámara. Termina de desnudarse rápidamente haciendo saltar su impresionante erección fuera de los bóxers. Coge un preservativo y se une a mi nuevamente en la cama. Pone el preservativo a un lado mientras se arrodilla frente a mí. Pega su frente a la mía rozando nuestras narices. Me mira fijamente mientras me abraza por la cintura pegando su cuerpo al mío.

—Abrázame Ana. —enredo mis manos rápidamente en su cuello y tiro levemente de su cabello.

El obturador dispara varias fotos.

—Haz lo mismo que yo. —me dice en un susurro.

Christian baja sus labios hacia mi cuello y yo hago lo mismo en el suyo. Se queda quieto y yo hago lo mismo mientras respiro agitadamente. Unos segundos después vuelvo a sentir el obturador. Ahora me percato de lo que está haciendo. Tiene calculado el tiempo justo para las poses y tomar las fotos.

Volvemos a cambiar de posición.

Christian se coloca el preservativo bajo mi atenta mirada. se sienta con las piernas estiradas.

—¡Lista! —me pregunta con una sonrisa. No sé exactamente para qué, pero asiento. —Ven aquí.

Tira de mi mano hacia él. Y me acomodo sobre su cuerpo sentándome a horcajadas sobre él. Su miembro aún entre nosotros.

Christian me sonríe mientras el obturador nos saca varias fotos nuevamente.

—Apóyate en mis hombros y levántate un poco. —me pide sin apartar la mirada de mí.

Me apoyo en sus hombros y en mis rodillas sin apartar mi mirada de él. Christian guía su miembro a mi entrada haciendo que gima de puro placer. Se introduce solo un poco mientras lleva sus manos hacia mis nalgas.

—No te muevas. —me dice en un susurro.

Sé lo que está haciendo. Está esperando el momento justo. Y ese momento llega unos segundos después cuando tira de mi cuerpo hacia abajo haciendo que mi cuerpo se estrelle contra el suyo fuertemente. Grito de puro placer en el momento justo en que el obturador suena y la cámara saca sus fotos.

Y se queda quieto una vez más. Ahora su frente pegada a la mía, tiene los ojos cerrados. Y yo hago lo mismo. Cierro los míos. Puedo sentir su respiración acelerada al igual que la mía. A ambos nos está costando trabajo aguantar la tentación. Puedo sentir su miembro palpitar en mi interior e inevitablemente aprieto los músculos de mi vagina a su alrededor.

—¡Ana! —deja escapar un jadeo justo en el instante en que el obturador vuelve a sonar.

Esto es insoportable. No puedo quedarme quieta ni un segundo más. Necesito sentirlo, necesito el movimiento, esa deliciosa fricción entre nuestros cuerpos. Necesito que me haga jadear de placer como solo él sabe hacerlo.

Así que me sin dudarlo ni un segundo más lo empujo por los hombros hacia atrás. Christian abre los ojos cuando ve lo que intento hacer. No sé que me quiere decir su mirada. Pero después de unos segundos en que intercambiamos una mirada de puro deseo, aparta sus manos de mi cuerpo y las apoya mientras se inclina hacia atrás, pero sin acostarse.

—¡Tómame! ¡Lentamente!

Es todo lo que necesito mientras siento el obturador una vez más. Mientras apoyo ambas manos en su pecho comienzo a moverme sobre él. Mis movimientos son como mismo el ha pedido, lentos, sensuales y controlados. No aparto mi mirada de la suya. Me encanta ver la expresión de su rostro cada vez que desciendo sobre él. Tras unos cuantos movimientos, no puedo soportarlo más, necesito sentir su posesión salvaje sobre mi. O para el caso, poseerlo salvajemente. Sé que es lo que a él le gusta, y a mi también. Debo admitirlo. Me encanta. Así que sin apartar mi mirada de la suya, comienzo a aumentar la velocidad de mis movimientos. Ya ni siquiera escucho el obturador de la cámara. No me importa. Christian se deja caer completamente en la cama y lleva sus manos hacia mis nalgas.

—¡Tira de tus pezones! —me dice en un gruñido sensual.

Mis manos, como por voluntad propia, se separan de su pecho. Van hacia mis senos y comienzo a masajearlos y tirar de los pezones mientras me muevo en círculos sobre él. Dejo escapar un gemido cuando el placer comienza a incrementarse en mí y me dejo caer hacia adelante apoyando mis manos en sus hombros.

—¡No puedo soportarlo más! —le confieso mientras unos mis labios con los suyos.

Christian no se contiene, abre su boca para recibir la mía. Mi beso es feroz y el me lo devuelve encantado. Separo mis labios de los suyos, me aferro de sus hombros fuertemente y comienzo a aumentar mis movimientos sobre él. Ya no son lentos ni controlados, son desesperantes, a cada instante más. Puedo sentir como el agarre de sus manos en mis nalgas aumenta. Y también se incrementan los gemidos que escapan de nuestros labios. Siento mis paredes aferrarse a él aún más, todo mi vientre tensarse. Estoy cerca, muy cerca.

—¡Christian! —grito mientras siento como mi cuerpo se encuentra al borde del orgasmo.

—¡Déjate ir Ana!

No necesito más. Tampoco es que pudiese controlarlo.

—¡Dios!

Mi cuerpo completo comienza a palpitar de placer mientras me dejo caer sobre su pecho. El continúa moviendo mi cuerpo contra el suyo. Y no sé como lo logra, solo sé que rápidamente se gira y me veo acostada en la cama debajo de su cuerpo. Aún mi cuerpo palpita con el resiente orgasmo. Christian apoya sus manos junto a mi rostro. Me sonríe, y mientras sale lentamente, entra rápidamente en mi arrancándome un gemido en el momento justo en que la cámara nos ilumina a ambos.

Me sonríe nuevamente y repite el movimiento enterrándose fuertemente en mí. Esto es lo que necesito. Su posesión salvaje hace que mi cuerpo comience a reaccionar una vez más. El orgasmo aún está fresco en mi y ya siento como mis paredes se contraen nuevamente a su alrededor. Se inclina más sobre mi y succiona uno de mis senos. Su boca caliente muerde, chupa y tira del pezón dolorosamente, después del otro. Haciendo que grite. Pero no de dolor. Lo que siento es un placer indescriptible mientras el continúa penetrándome ahora más rápido. Separa sus labios de mis senos. Baja sus manos y se aferra de mis caderas fuertemente. Y entonces comienza a tirar de mi cuerpo contra el suyo en cada movimiento. Si lo de antes era posesión salvaje, esto no sé que es. Mi cuerpo se estrella contra el suyo en perfecta armonía. Encajamos a la perfección uno con el otro. Y puedo sentir el orgasmo nuevamente creciendo en mi interior. Siento mis paredes aferrarse a él, apretándolo, no queriendo dejarlo escapar. Me quedo mirando el rostro de Christian mientras comienza a descomponerse lentamente de placer mientras aferra sus manos ahora más fuertemente a mi cuerpo.

—¡Un poco más! —le suplico con voz ahogada.

Siento sus manos apretarme más fuerte mientras tira de mi cuerpo contra el suyo una vez más. Dios, lo siento tan profundo en mí, no puedo más. Y con dos fuertes embestidas más me dejo ir con un gemido ensordecedor. Christian comienza a detener sus movimientos, lentamente, hasta que suelta mi cuerpo y se deja caer sobre mí.

Inconscientemente me veo enredando mis dedos en su pelo, y moviendo mi mano lentamente en su cabeza, acariciándolo mientras siento su respiración acelerada comenzar a ralentizarse contra mi pecho.

—Ana… —me dice en un susurro mientras besa mi piel acalorada. —…lo siento si fui algo brusco contigo. —me dice en voz baja mientras su aliento me acaricia el cuello.

—Si lo fuiste no me he percatado, estaba perdida en el delicioso orgasmo que me estabas proporcionando como para notarlo. —le contesto con una sonrisa.

—¿Te refieres al primero o al segundo? —me pregunta deslizando la lengua por mi piel.

—Humm, el segundo, definitivamente el segundo.

Christian se separa levemente de mi cuerpo y al instante extraño la humedad de su lengua y el calor de su cuerpo sobre el mío. Se aparta lo suficiente para mirarme fijamente. Sube la mano hacia mi mejilla y me acaricia lentamente mientras aparta un mechón de pelo de mi rostro.

—¿De verdad te encuentras bien? —me pregunta nuevamente.

Me le quedo mirando. Puedo ver la preocupación reflejada en su rostro.

—Estoy bien Christian. —no creo que sea el momento de decirle que me duele por donde me sujetó tan bruscamente.

Se separa de mi cuerpo y sale de mi interior. Se quita el preservativo y le hace un nudo mientras lo pone a un lado. Después se gira hacia mi nuevamente y desliza sus manos por mis caderas, justo por donde me había apretado para poseerme de la forma que lo hizo.

Sin apartar su mirada de la mía, desliza sus manos suavemente por las caderas, trazando círculos lentamente, frotando la piel. Me duele un poco, pero no me quejo. Solo le sonrío.

—Mañana por la noche vamos a ir al club. —me dice mientras detiene el movimiento y se levanta de la cama.

Se dirige hacia la cámara y detiene la programación.

—Supongo que para otra de mis lecciones. —le digo sentándome en la cama.

—Supones bien. Veo que le vas cogiendo la vuelta a esto. —me dice mientras recoge el preservativo de la cama y se dirige al baño.

—¿Me dirás de que va la siguiente? —le pregunto mientras estiro mis piernas adoloridas.

—Te lo diré. — me dice mientras sale del baño y se detiene frente a mí. —Mañana vas a hacer algo que debiste hacer hace mucho tiempo.

—Me he perdido. —le digo frunciendo el ceño.

—Te vas a acostar con un extraño de un bar.