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Chipre estaba en control de los Hashashins por fin, pero Altaïr regresó con una esposa. Eso puso una barrera invisible alrededor de los sentimientos de Malik. El Dai sonrió, les felicitó y bromeó junto a los demás, pero Altaïr supo instintivamente que no tenían la misma relación. Tazim miró un momento a María y la felicitó por el embarazo, lo que sorprendió a todos lo que no sabían el hecho. La antigua templaria miró sospechosa al médico.

-¿Cómo lo has sabido?

Tazim sonrió.

-Me he entrenado para notar cada cambio en el cuerpo humano. Además soy quien ayuda a la mujeres a dar a luz desde que la partera falleció el año pasado.

Altaïr miró a su tío.

-Tengo que ponerme al día con muchas cosas.

-Demasiadas, sobrino-Tazim se cruzó de brazos y todos se prepararon para escuchar la reprimenda que iba a llegar sin duda-. Para empezar debes empezar a actuar como el Mentor. Malik es mejor que tú y yo mismo he estado a un día de ponerle a él al frente de toda la Hermandad.

-¿Y por qué no lo has hecho?

Altaïr se frotó la cabeza y retrocedió después del golpe de Tazim.

-No me interrumpas, niño. No recuerdo haberte criado para que no respetaras a tus mayores.

-Lo siento, tío.

-El único motivo por el que no te hemos depuesto es porque tú eres un hijo del Paraíso, elegido por Allah para dirigir a Sus fieles en esta Hermandad-golpeó el pecho de Altaïr con un dedo-. Nunca olvides eso-cuando Altaïr asintió, le rodeó los hombros con un brazo-. Por ahora puedes empezar por contarnos todo lo que has hecho en Chipre. Un año da para mucho.

-Y lamento empezar por mis heridas.

-¿Has permitido que otro médico que te cure? ¡Altaïr!

Hubo un estallido de risa en todo el grupo. Solo los ojos de Tazim vieron a Malik entrar en la fortaleza, utilizando sus habilidades de Hashashin. Tazim solo lo notó porque él mismo las había entrenado.

María, con la intuición que solo se logra siendo mujer, sintió una conexión instantánea con el médico que había criado a su esposo. Se acercó a su lado cuando soltó a Altaïr.

-Sería un honor para mí que me ayudaras con el embarazo.

Tazim le sonrió suavemente.

-Y para mí es un honor que me lo pidas. Sería la segunda generación de Ibn-La'Ahad que ayudo a criar.

-¿Tú no eres un Ibn-La'Ahad?

-Oh, no. Mi apellido es Kasaab. Umar y yo criamos a Altaïr juntos cuando lo traje casi recién nacido desde el Paraíso. Su padre y yo prácticamente nos convertimos en hermanos y Altaïr siempre me ha llamado tío-y hablando de él, Altaïr se acercó para murmurar algo a su tío-. Sí, me encargo yo.

-Gracias, tío.

Tazim miró a María.

-Ven, deberías descansar después de un viaje tan largo y quiero hacerte una revisión rápida para saber que todo va como debería. El primer embarazo siempre es el más delicado.

La guió hacia el laboratorio. Los médicos insistieron en hacerlo más grande para él y Malik cedió. Los Hashashins y civiles del pueblo se ofrecieron voluntarios para la obra que consistió en cegar la habitación de al lado y abrir una puerta entre ambas. Tazim trasladó la zona de reconocimiento a la segunda habitación y reorganizó el laboratorio para una mejor utilización del espacio.

Le preguntó a María si le importaba que la viera desnuda. Ella entendió la pregunta. Las mujeres árabes no podían estar desnudas frente a un médico masculino sin su marido en la misma habitación. Pero ella era cristiana y Altaïr respetaba eso.

-No me importa.

-Bien. Empecemos por las preguntas más vergonzosas. ¿Cuándo fue tu última menstruación?

A pesar de todo María se sonrojó. No estaba acostumbrada a tratar ese tema con hombres. Pero la mirada paciente de Tazim la animó a hablar. Respondió a todas las preguntas lo mejor que pudo. Luego se descubrió el vientre para permitirle sentir la pequeña elevación.

Observó el rostro de Tazim mientras él cerraba los ojos y extendía las manos en esa leve elevación. De repente sonrió.

-Esta es la mejor parte de mi trabajo. Parece que tendrá un corazón fuerte.

-¿Puedes sentirlo?

Tazim le mostró las palmas de las manos.

-Esta es la parte más sensible del cuerpo humano, solo hay que entrenarlas como cualquier otro músculo. Pero quiero asegurarme con otro método, uno que aun no he probado y no sé si funcionará-fue a la primera sala y regresó con unos pergaminos enrollados. Volvió a arrodillarse frente a ella-. Hace unos días los niños de la fortaleza me acompañaron a recoger algunas plantas que no tengo en el huerto y les vi jugar con un tronco vacío. Uno se sentaba a un lado y otro tenía que susurrar en el otro extremo. Para mi sorpresa el sonido se transmitió con fuerza. Así que pensé en crear algo similar para escuchar el interior de los pacientes. Solo que aun no he tenido oportunidad.

Apoyó un extremo del tubo de pergamino en el vientre de María y se puso el otro en el oído. Al instante sonrió.

-¿Funciona?

-Maravillosamente.

Fue a por más pergamino para extender el tubo y con un poco de elasticidad, María también pudo oír el corazón de su hijo. Se apartó para taparse la boca y la nariz con las manos. Gruesas lágrimas caían de sus ojos.

-Ese es mi hijo...

Tazim sonrió y la atrajo en un abrazo.

-Un pequeño milagro de la vida.

María apretó sus brazos alrededor del médico.

-Gracias, por todo.

-Aun no he hecho nada, niña.

-Me has permitido oír a mi hijo antes de que nazca, eso es más de lo que una madre puede tener.

Tazim le palmeó la espalda y se apartó para entregarle un pañuelo de lino.

-Limpia esas lágrimas, odiaría que mi sobrino pensara que te he hecho daño-María se recompuso rápidamente. No por nada había prosperado en un mundo de hombres-. ¿Lista? Te llevaré a vuestra habitación.

Le recomendó descansar una vez la dejó sola y fue en busca de Malik a su habitación. Lo primero que hizo su hijo fue abrazarle. No estaba llorando, no es como si Tazim lo hubiera esperado.

Se sentaron en la cama sin soltarse.

-Pensé que le importaba.

-Y le importas, hijo. Pero puedo ver el motivo de que haya regresado con María-le miró a los ojos-. Dos semanas no son nada frente a un año. Y si realmente le amas, lucharás por cada día junto a él, ¿entendido?

Malik apartó la mirada.

-Yo nunca podría apartar a un padre de su hijo.

-¿Y ya está? ¿Sufrirás en silencio?

-No hay nada por lo que sufrir si nunca hubo nada, ¿verdad?-sus ojos brillaban con lágrimas no derramadas. Tazim suspiró y le abrazó con más fuerza.

-Yo estoy aquí, hijo. Y no me iré en mucho tiempo.

Malik por fin lloró.

Altaïr, al otro lado de la puerta, maldijo en voz baja. Por supuesto que seguía amando a Malik, su año en Chipre había sido eterno sin él. María sabía que nunca podría amarla de verdad. Pero si eso es lo que quería hacer Malik, cumpliría. Aunque no sin intentar hablar con él una última vez.

El día pasó con todos de nuevo en su rutina. Altaïr buscó a Malik en un rincón de los jardines de Masyaf, en el más oculto. Habían compartido algunos besos en ese mismo lugar.

La imagen que vio le apretó el corazón en un puño invisible. Malik estaba apoyado en la barandilla de piedra mirando las montañas que rodeaban Masyaf. Parecía solitario y derrotado. Su figura se recortaba contra los vivos colores del cielo del atardecer.

-Malik...

El Dai le miró sobre el hombro.

-Esperaba que vinieras antes-volvió a mirar el sol poniente-. Supongo que es apropiado que hayas llegado a esta hora-se giró recostándose en la barandilla de piedra-. El final de un día para el final del amor.

Altaïr avanzó rápidamente.

-No, por favor. Déjame explicarme.

Malik le detuvo apoyando la mano en el pecho.

-No hay nada que explicar, lo entiendo. Un año da para enamorarse de alguien más, olvidando a quienes dejamos en casa. Y yo jamás podría darte lo que ella.

Altaïr avanzó a pesar de la mano que se interponía entre ellos, rodeó sus rostro y le besó casi con desesperación. Malik correspondió de igual modo, tirando de su túnica blanca.

-No hay nadie como tú en mi vida, habibi.

Malik le rodeó el rostro con las manos y le silenció colocando los pulgares suavemente en sus labios.

-Escúchame bien, Altaïr, porque no voy a repetirme. Darás un paso atrás y cuando lo hagas, no existirá nada entre nosotros salvo la Hermandad.

-No...

-Sí. Encadenarás esos sentimientos para que no vuelvan a aparecer y serás fiel a tu esposa.

Altaïr vio las lágrimas en los ojos oscuros y supo que también estaban en los suyos.

-Una noche más...

-No, nada más. Solo nos dolería más cuando nos separemos mañana-Malik le besó, o más bien sus propios dedos-. Adios, Altaïr. Recuerda lo que te he dicho.

Fue a apartarse, pero las manos de Altaïr le acercaron por la cintura para un último beso agridulce. El mismo Mentor se apartó un paso firme y tropezó en el segundo, pero se mantuvo en pie. Se miraron un momento más antes de que Altaïr se marchara a grandes pasos.

Malik se sentó lentamente en la hierba y se recostó en la barandilla. Hizo grandes esfuerzos por contener el dolor en su interior.

Altaïr, por su parte, trepó a la cúpula para estar solo. Se encogió contra una estatua de águila y maldijo cada decisión que había tomado desde que salió hacia Acre. Se había casado con María para ayudarla a permanecer en Tierra Santa después de abandonar la Orden Templaria. El embarazo se produjo por mutua lujuria y soledad. Pero un hijo ayudaría a cimentar el matrimonio a los ojos de los demás Hashashins.

Escuchó unos pasos y miró las botas que aparecieron en su visión.

-Más te vale saber lo que estás haciendo, Altaïr.

-Hace mucho que dejé de saberlo, tío.

Tazim se arrodilló frente a él.

-¿Quieres hablar de ello?

Altaïr negó con la cabeza, luego asintió y terminó por tirarse del pelo.

-Haciendo lo que creía necesario he perdido mi corazón, tío.

-Pero a cambio has recibido de el Malik-Tazim presionó su mano contra el corazón de Altaïr-. Protégelo, sobrino, es lo más valioso que alguien puede dar a otra persona. Y mi hijo protegerá el tuyo como si fuera el mismo Paraíso.

Tazim se levantó y se marchó de la cúpula, dejándole solo con sus pensamientos.