Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 15
Dos días después de mi intoxicación/peor cita del mundo, fui capaz de volver a mi rutina normal, la que, afortunadamente, no involucraba vomitar o meter mi mano en mi bol de sopa.
Fue en algún momento antes del almuerzo que recibí un mensaje de Edward, preguntando si estaba de acuerdo en cenar con él, Emmett y Rose más tarde. Le respondí rápidamente que sí, esperando tener tiempo en mi descanso para tomar un cambio de ropa.
Afortunadamente, almorzar en mi coche permitió que corriera a casa con tiempo de sobra. Llamé a Rose una vez que entré en nuestro departamento, necesitando saber si sabía adónde íbamos y qué vestiría esta noche.
—¿Qué mierda pasa? —gritó al teléfono, sonando completamente agitada.
—¿Dónde estás?
—En el gimnasio.
—¿Qué vas a usar esta noche? —pregunté, yendo al punto mientras pasaba las perchas con mis prendas en mi clóset.
—Eh... —Ella vaciló—. No tengo idea.
Típico.
—Bueno, ¿adónde vamos?
—A un lugar francés en la cuarta calle —respondió, sonando distraída—. Oye, realmente necesito terminar mi entrenamiento. Solo... —Pausó—. Ve a mi armario, toma el vestido sin tirantes azul marino de J. Crew y mis zapatos plateados.
—De acuerdo... ¿por qué?
—Porque eso es lo que usarás esta noche.
—¿Eso no es un poco formal?
—¿Comparado con la camiseta y los jeans que normalmente usas? Sí.
—Está bien, como sea. Gracias —mascullé, caminando hacia su cuarto, tomando los zapatos y el vestido.
—¿Irás directo al restaurante después del trabajo?
—Espero a que Edward me pase la dirección, pero sí. Probablemente. Eso tiene mucho sentido. ¿Todos viajan juntos?
Ella ignoró mi pregunta.
—No te olvides de usar delineador de ojos, y tu mejor sostén, el que hace que tengas tetas —ordenó.
Gruñí, pero hice lo que dijo, abriendo mi cajonera y sacando el sostén.
—Esto es mucho trabajo —me quejé—. ¿Cuál es la importancia, de todas maneras? ¿Por qué simplemente no vamos a Moonshine como siempre y nos sentamos en el patio a beber margaritas?
—Porque esto es simplemente... diferente —enfatizó.
Fruncí el ceño, confundida.
—¿Qué es diferente?
—Deja de hacer tantas preguntas. Realmente tengo que irme. Nos vemos luego. —Colgó antes que pudiera preguntarle algo más.
Tomé el vestido, los zapatos, y mi buen sostén a pedido de Rose, y volví al trabajo, contando las horas hasta que fuera libre y capaz de ver a Edward.
~HoF~
Pareció una eternidad hasta que llegaran las cinco y media, pero una vez que lo hizo, era todo sonrisas mientras me cambiaba rápidamente en el baño del trabajo, añadiendo incluso un poco de delineador a mis párpados.
Mientras salía del edificio y volvía al estacionamiento, llamé a Edward.
—Hola, tú —respondió él, la emoción en su tono me hizo sonreír.
—Hola. Estoy saliendo del trabajo. Probablemente el tráfico sea horrible, así que iré directamente al restaurante. No estás allí ya, ¿o sí?
—Eh... no. Estaba por irme. ¿Estás segura que no quieres venir hacia aquí y viajar juntos?
Sostuve mi teléfono entre mi hombro y mi oído mientras abría el coche.
—Nah, no vale la pena viajar en dirección opuesta. Los veré allí. Aunque puede que me lleve un tiempo encontrar estacionamiento.
—De acuerdo —dijo, sonando decepcionado—. Pero no pierdas tiempo en estacionamiento, usa el valet.
—Eh... —Vacilé. Él conocía mi desprecio por pagar por estacionar, especialmente ya que estacionar en la calle después de las seis era gratis.
—Yo lo pagaré —ofreció, y sabía que probablemente estaba poniendo los ojos en blanco.
—Como sea. No es gran cosa. Te veré pronto.
Después de dar vueltas un par de veces a la cuadra, encontré un lugar a unas calles de la dirección que Edward me envió. Pero a mitad de camino de allí, me maldije por intentar caminar en estos tacones. Quizás debería haber usado el valet.
Entré en Péché, acomodando mi cabello salvaje, molesta por el efecto del viento. Eché un vistazo alrededor del restaurante, la luz cálida y suave de los candelabros creaban una escena más romántica de la que había imaginado.
Encontré a Edward de inmediato, sentado solo en la barra. Tenía puesto una camisa blanca con las mangas enrolladas y pantalones de vestir negros. Observé, algo maravillada mientras lo veía reírse de algo que le decía el barman.
Antes de encaminarme hacia él por completo, él se dio vuelta de repente, encontrando mi mirada. Su rostro se iluminó con una sonrisa, y no pude evitar sonreírle en respuesta. Él simplemente era tan adorable.
Caminó hacia mí, tomando de mi cintura de inmediato y agachando su cabeza para dejar un beso en mi mejilla.
—Hola. Luces bien —murmuró, echándome un vistazo antes de apartar una banqueta para mí.
—Gracias. Hola —susurré las palabras, momentáneamente embelesada al tener su mano en mi cintura y sus labios en mi mejilla y el hecho que apartó mi silla—. ¿Dónde están Rose y Emmett? —pregunté, echando un vistazo alrededor mientras aseguraba mi cartera en el respaldo de la banqueta.
Edward simplemente sonrió, acercándome una copa de champaña.
—Toma. Prueba esto.
—¿Qué es? —pregunté, envolviendo mis dedos alrededor de la fría copa.
—Solo pruébalo —instó, mirando cómo tomaba un sorbo.
—¿Por qué estás tan emocionado? —pregunté, riéndome de su entusiasmo—. Esto es muy bueno, por cierto. ¿Tiene gin? —Él asintió, claramente orgulloso del trago que eligió para mí—. ¿Cuándo vendrán Rose y Emmett?
—No vendrán... —respondió él lentamente, estudiando mi reacción.
—Oh. ¿Por qué no?
Edward observó su trago, una pequeña sonrisa en sus labios.
—Porque no los quería aquí para nuestra cita.
Me llevó un segundo darme cuenta de lo que decía.
—¿Nuestra cita? Pero dijiste...
—Sé que dije que nos encontrarían aquí, pero supuse que si pensabas que esto era una cita real y no solo una reunión de amigos, entrarías en pánico, lo que te llevaría a comer por estrés y a potencialmente intoxicarte de nuevo.
Puede que lo haya fulminado con la mirada.
—Pero...
—En serio, Bella. No puedes enojarte conmigo. El interior de mi coche no puede lidiar con que te enfermes otra vez —bromeó.
—Oh, qué buena manera de sacar el «vomitaste en mi coche» —murmuré, lo que solo desató su risa—. Supongo que tengo darte el crédito. Este fue un plan bien pensado —dije, mi voz elevándose en volumen.
No podía evitarlo. No pude entrar en pánico como normal antes de venir aquí porque obviamente no sabía que esto era una cita. Y ahora que lo sabía, comenzaba a sentir el pánico.
Eché un vistazo al vestido que Rose sugirió que vistiera, notando muy tarde que ella sabía de esto. Brevemente miré en dirección al barman, viendo cómo asintió su cabeza mientras secaba una copa. Todos sabían de esto.
—Bella. —Edward rio, colocando una mano sobre mi muslo, notando mi pánico—. Deja de temer. Hemos comido juntos muchas veces. Esto no es diferente.
—Pero sí lo es —discutí, vaciando mi copa.
Él estudió mi rostro antes de decir:
—De acuerdo. Sí, es diferente, pero... no tiene que ser tan diferente.
Suspiré, tratando de hacerle entender.
—Ya no eres Edward mejor amigo; eres Edward cita. ¿Y si Edward cita piensa que soy una idiota?
—Vomitaste en el coche de Edward cita dos noches atrás y él no pensó que fueras una idiota, así que... —Sacudió la cabeza—. También, no me siento cómodo hablando de mí en tercera persona... ¿podemos no hacerlo?
—Claro. —Le hice señas al barman, si es que era una barman de verdad, y ordené otro trago.
—Estaremos allí —le dijo Edward, señalando a una mesa en el rincón del restaurante. El barman asintió en respuesta, y me bajé de la banqueta antes de tomar mi cartera, siguiendo a Edward por detrás.
—Romántico. Íntimo —medité, sentándome de un lado de la mesa.
—Bueno, ahora que sabes que esto es una cita, no puedo dejar que hagas una escena en público, ¿o sí? —bromeó.
—No sería la primera vez. —Resoplé, bajando mi mirada mientras observaba la pequeña vela entre nosotros.
—Entonces... —comenzó él, y levanté la vista, viendo sus ojos llenos de emoción.
—¿Crees que exageré? —pregunté de repente, concentrándome en su manzana de Adán mientras tragaba su bebida.
—¿Con qué? —preguntó, limpiándose la boca con el borde de su mano.
—Con... todo. —Sí. Eso lo cubría bastante.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Siempre exageras, Bella. Estoy acostumbrado a ello. Incluso lo acepto.
Abrí mi boca para responder, luego la cerré cuando el mesero trajo mi bebida y dos menús, dándonos unos minutos para mirar los especiales.
—No tengo idea de por qué lo aceptas —susurré finalmente, sintiendo su zapato contra el mío por debajo de la mesa, sacándome una sonrisa.
—Sí lo sabes —contestó, su voz intencionadamente baja.
—Jamás supe que te gustaran las idiotas —dije, bromeando un poco; mi manera de intentar calmar los nervios en mi estómago.
—Vamos, Bella. No eres una idiota —discutió, frunciendo el ceño.
—¿No? ¿Entonces qué soy?
Tomándose un tiempo para pensar, miró mi rostro en busca de lo que fuera que necesitaba, e intenté no apartar la mirada.
—Solo eres insegura —dijo con decisión.
—¿Y tú no? —bromeé, encontrando su seguridad sobre nosotros difícil de creer.
—No —respondió instantáneamente—. No soy inseguro. Sé que te deseo. Te he deseado por mucho tiempo.
Mi estómago dio un vuelco ante sus palabras.
—¿Desde cuándo? —pregunté, porque tenía que saberlo.
Edward descansó sus codos sobre la mesa y se inclinó ligeramente, la luz baja de la sala suavizaba sus facciones, haciéndome desear que estuviera sentado a mi lado; tocándome.
—No lo sé. No hubo un momento exacto en donde todo hizo clic para mí —dijo suavemente, haciendo una pausa, su mirada sobre mis labios—. Simplemente me di cuenta que pensaba en ti cada vez más con el pasar de los días; riéndome sobre algo que habías dicho o hecho, incluso cuando no estabas cerca.
Mentiría si dijera que su admisión no hizo que mi corazón se acelerara.
—No tenía idea —dije honestamente, casi en disculpa.
—Sé que no. —Se rio, echándose hacia atrás—. Quiero decir, no me sentaba en casa, llorando y rezando que algún día fueras mía, pero... pensaba en ti. Demasiado.
—Supongo que no soy muy atenta —murmuré, observándolo lamerse los labios—. Y no es que no pensaba en nosotros o lo que sea, pero... eres Edward. Eres mi mejor amigo. No parecía ser una opción, así que nunca entretuve la idea, y... —Dejé de hablar, necesitando que se hiciera cargo de nuevo.
—Recuerdo la primera vez que nos conocimos, en Jasper's —recordó, sacudiendo la cabeza ante el recuerdo.
—Oh, ¿quieres decir la noche que te llamé un asno porque no dejabas que Emmett y yo tomáramos prestado tu coche para ir a Taco Bell? Sigo guardando algo de enojo por eso —bromeé.
Él puso los ojos en blanco.
—Aún no puedo creer lo enfadada que estabas. Ni siquiera me conocías.
Me encogí de hombros.
—Como sea. No siento lástima por ti, especialmente ya que pasaste los siguientes seis meses llamándome Taco Bella. —Me reí al recordarlo, dejando caer mi cabeza en mis manos.
—Me olvidé de eso. —Sonrió cálidamente, pasando una mano sobre su barbilla afeitada—. Y entonces Emmett y Rose comenzaron a salir, y nosotros comenzamos a pasar tiempo juntos cada vez más... Realmente me confundiste por un tiempo.
—¿Qué? —cuestioné, soltando una risa nerviosa, porque no estaba segura de lo que decía—. ¿Cómo te confundí?
—Solo... las cosas que decías y hacías. No lo sé. Estaba seguro que hacías todo lo posible para molestarme, pero aún así apenas te conocía.
—Probablemente sí intentaba molestarte —admití.
—Pero entonces me di cuenta que la única razón por la que me molestabas mucho era porque la mayoría de las personas con las que me rodeaba eran falsas, y tú no eras así. Creo que eso es lo que más me gusta de ti —confesó, fijando su mirada en mi rostro.
—¿Eso es lo que más te gusta? Pensé que simplemente te gustaban mis pechos —bromeé, suavizando mi expresión, sintiéndome un poco abrumada por todo lo que él estaba diciendo.
—Eso se encuentra alto en la lista de Cosas Que Me Gustan Sobre Bella.
—¿Tienes una lista?
—Quiero decir, no está escrito en una libreta o algo. —Su sonrisa satisfecha estaba ligeramente torcida mientras deba unos golpecitos a su sien.
Le devolví la sonrisa, amando lo honesto y directo que estaba siendo. Era tan jodidamente atractivo, y si yo estaba siendo honesta, me hacía desearlo aún más de lo que ya hacía.
Di un sorbo a mi trago, dándome algo qué hacer además de mirarlo. Comenzaba a sentirme cómoda, notando que había sido estúpida al reaccionar exageradamente respecto a nuestra cita. Este era Edward, por Dios santo. Nunca había habido algo raro entre nosotros, y no tenía sentido que comenzara ahora.
—De acuerdo, entonces... ¿qué hacemos? —pregunté, golpeteando mis dedos impacientemente sobre la mesa. Ahora que estábamos hablando de esto, necesitaba saber el próximo paso lógico.
—Bueno. —Suspiró, entrecerrando los ojos en mi dirección—. Nada tiene que cambiar realmente. Excepto por el hecho que ahora puedo tocar tus pechos cuando sea que quiera.
—Está bien. —Me reí de su enorme sonrisa—. Manoseo de pechos ilimitado. Puedo lidiar con eso.
—Podemos tomar las cosas despacio —sugirió después de unos instantes de silencio—. Si quieres.
—Despacio —repetí, gustándome la idea—. Eso me da menos posibilidades de cagar esto.
—No te dejaría cagarla —masculló, estirándose sobre la mesa para colocar su mano sobre la mí, obligando que mis dedos detuvieran su golpeteo nervioso.
—No lo sé. Hay una gran posibilidad de que pueda arruinar nuestra amistad.
—Pero no lo harás.
—De acuerdo, pero cuando estaba con Peter...
—Es diferente con nosotros —me aseguró, dándole un apretón a mi mano—. Especialmente porque no espero que uses tweed. Jamás.
—Cállate. —Me carcajeé, amando su habilidad para hacerme sentir cómoda sin importar la situación.
—Me callaré si prometes confiar en mí con esto, y mantener tu pánico al mínimo.
Por supuesto que podía confiar en él. Confiaba más en él que en cualquiera. Pero eso no quería decir que no iba a hacerle sufrir un poco.
—¿Cómo se supone que confíe en ti? —pregunté, frunciendo ligeramente el ceño—. ¿Recuerdas esa vez que me dejaste comer pizza con moho?
—¿Dejarte? No. Recuerdo cuando comenzaste a comer pizza con moho e intenté detenerte. No querías escuchar —me recordó. Y está bien, eso era verdad.
—No creo que eso sea verdad —dije de todas formas, deleitándome con la charla fácil que habíamos comenzado.
—Así que, en tu mente, solo me quedé a un lado y te dejé comer pizza con moho —dijo seriamente.
—Exacto.
—Realmente tienes que superar eso, Taco Bella —dijo, el nombre saliendo fácilmente de su boca.
—No —pronuncié desafiante, tratando de contener mi sonrisa—. No vas a traer devuelta ese sobrenombre.
—Eso lo veremos —dijo con diversión, riéndose suavemente mientras tomaba su menú.
Tomé el mío también, escaneándolo antes de levantar la mirada, tratando de mirarlo en secreto. Él fruncía sus labios y sus ojos, mechones de cabello caían contra su frente. Como si sintiera mi mirada, levantó la vista con una expresión interrogante.
—¿Estás lista? —preguntó, ofreciéndome una pequeña sonrisa. Sus palabras se sintieron como si quisiera decir algo diferente.
—Sí. —Sonreí afectuosamente—. Estoy lista.
~HoF~
Después de la cena y de pelear por el último bocado de créme brulée, salimos afuera y fuimos recibidos por una brisa cálida. Edward le tendió su ticket al encargado, y esperamos a que el valet trajera su coche. Él no estuvo para nada sorprendido que hubiera estacionado mi coche en la calle, y como él tenía el día libre mañana, decidimos rápidamente dejar mi vehículo en el centro por la noche y que él me llevara al trabajo en la mañana.
El viaje a nuestro edificio pareció llevar nada de tiempo, el silencio cómodo mientras Edward descansaba su mano sobre mi rodilla.
—Bueno... lo pasé bien —mascullé, entrando a su departamento, sintiendo la repentina necesidad de decir algo para romper el silencio.
Él sonrió, quitando su mano de la mía, encendiendo las luces y cerrando la puerta detrás de él.
—¿Estás segura que no estás molesta de que te haya puesto una trampa para la cita? —preguntó con tono burlón.
—No. Fue extrañamente encantador.
—Bien —dijo suavemente, acercándose y cerrando la distancia entre nosotros—. También lo pasé bien.
Los latidos en mi pecho se aceleraron y levanté mi barbilla un poco, sintiendo su cálido aliento en mi rostro. Él sonrió lentamente, y vaciló por un momento demasiado largo, así que me acerqué y lo besé suavemente. Y entonces sus cálidos labios estaban sobre los míos, su lengua deslizándose gentilmente contra mi lengua. Gemí en su boca cuando aferró mi cintura, acercándome a él, sus manos moviéndose sobre mi trasero. Antes que pudiera envolver mis brazos alrededor de su cuello, él presionó dos besos en mi boca y se apartó.
—¿Quieres algo de beber? —preguntó educadamente, y abrí los ojos, parpadeando.
Sus manos desaparecieron de mi trasero, y mi cuerpo literalmente ardía por su toque.
—¿Bella? —preguntó, su tono claramente divertido—. ¿Algo de beber? —Besó mis labios y se dio vuelta, pero tomé de su brazo, manteniéndolo en su lugar.
—No —murmuré.
—¿No? —Levantó sus cejas—. ¿Entonces qué?
—Ya sabes qué —susurré, soltando su brazo y caminando hacia el sofá, quitándome los tacones.
Edward se quedó en su lugar, frotando su rostro con una mano mientras me observaba. Le eché un vistazo, dejando mis zapatos en el suelo y desapareciendo en su cuarto, eligiendo dejar las luces apagadas.
Le llevó un minuto, lo que pareció ser eterno, pero entonces Edward apareció en la puerta, viendo cómo luchaba para alcanzar el cierre de mi vestido.
—Bella... —Soltó una pequeña risita, y luego caminó hacia mí, girándome—. Ven —susurró, sus dedos fríos rozando la piel de mi espalda mientras me asistía.
Me crucé de brazos sobre mi pecho, manteniendo el vestido en su lugar una vez que estuvo desabrochado. Me quedé de espaldas a él, no del todo segura de qué hacer.
Acordamos llevar las cosas despacio, pero esto se sentía correcto. No necesitaba pasar tiempo conociéndolo antes de acostarme con él, porque ya lo conocía. Esto tenía sentido —nosotros teníamos sentido— y mi pecho se contrajo ante la comprensión que llegó cuatro años demasiado tarde.
Perdida en mis pensamientos, sentí el aliento de Edward en mi hombro, el cual pronto fue reemplazado por sus labios. Me incliné contra su toque, luego giré para enfrentarlo, dejando que el vestido cayera al suelo. Él me sonrió, estudiando mi cuerpo.
—¿Puedo...? —comenzó a preguntar, deslizando sus manos por debajo de mis brazos y estirándose para desabrochar mi sostén. Le llevó un segundo, y me reí contra su pecho—. Cállate. Es difícil. —Se rio conmigo, finalmente desabrochándolo.
Lo dejé observar, notando la lujuria en su mirada cuando se acercaba para tomar uno de mis pechos. Sonreí de forma seductora y di un paso hacia atrás antes de que pudiera, moviéndome hacia la cama y arrastrándome sobre el colchón.
—Entonces... —exhalé, esperando a que él se moviera.
Él soltó una risa, pasándose las manos por su cabello antes de desabotonar su camisa, dejándola en el suelo.
—Espera —ordené, colocándome de rodillas, estirándome hacia él. Se acercó y desabroché su cinturón por él, desabotonando sus pantalones después. Estos cayeron al suelo y él se los quitó, trepando a la cama vistiendo solo sus bóxers.
Él se sentó contra el cabecero, jalándome para que me sentara a horcajadas sobre él y mi cuerpo se encendió cuando su polla se presionó contra mí. Con sus manos ásperas en mis caderas y su boca cubriendo mi pecho con besos húmedos, giré mis caderas contra él, provocando un gemido por parte de los dos.
—Pensé que querías tomar las cosas despacio —jadeó.
—Esto es despacio —desafié, sin detener mis movimientos.
Él me observó perezosamente, su aliento acelerándose mientras asentía suavemente.
—Por favor —murmuré, derritiéndome cuando comenzó a succionar mi cuello.
—¿Por favor qué? —bromeó él.
—Quiero esto —susurré con confianza, fijando nuestras miradas.
—¿Sí? —Su rostro esbozó una sonrisa y él tomó de la parte trasera de mi cuello, acercando mi cabeza y besándome profundamente.
—Sí. Dios, sí.
Él dio unos golpecitos a mis muslos y me aparté de él. Me recosté sobre el colchón, y él besó mi cadera mientras deslizaba mis bragas por mis piernas, lanzándolas al final de la cama.
Mi pecho se elevaba y bajaba, observándolo quitarse sus bóxers y estirándose para tomar un condón de su mesa de luz. Se lo colocó, observando atentamente mi expresión antes de cernirse sobre mí, dejando besos a boca abierta en mi hombro.
—¿Sí? —volvió a preguntar, necesitando estar seguro una vez más.
Asentí, tomando su mano y colocándola entre mis piernas, soltando un gemido cuando se movió y deslizó sus dedos dentro de mí. Mis caderas se levantaron, necesitando más, y su pulgar rozó mi clítoris, añadiendo la cantidad perfecta de presión.
—Me encanta verte así —dijo con voz ronca, mordisqueando mi cuello.
Empuñé las sábanas, entonces su cabello, soltando jadeos cuando sus dedos me llevaron más, más y más cerca.
—Mierda, solo... —Me mordí el labio, sintiendo esa sensación familiar crecer, tratando de perseguirla; necesitándola y deseando que Edward me la entregara.
—Quiero estar dentro de ti cuando te corras —pronunció en voz baja, quitando sus dedos, dejándome con ganas.
—De acuerdo —jadeé—. También quiero eso.
Él colocó sus palmas contra el colchón a un lado de mi cuerpo. Observó mi rostro y sonrió para sí mismo, luego estiró un brazo ante nosotros y tomó su polla, dejando que apenas rozara contra mí.
—Para mí no hay vuelta atrás después de esto... —susurró contra mi pecho, empujando lentamente dentro de mí—. Voy a quererte —exhaló cuando jadeé— todo el tiempo.
Solté un gemido suave, arañando su espalda una vez que estuvo adentro por completo. La sensación entre mis piernas se intensificó con sus palabras; su confesión. Él maldijo suavemente y gruñó, dejando caer su cabeza sobre mi hombro mientras embestía lentamente dentro de mí.
—Esto... simplemente —murmuró incoherentemente, enterrando una mano en mi cabello y arqueando mi cabeza hacia atrás, fijando sus labios a mi cuello.
—Lo sé —fue todo lo que pude decir—. Lo sé.
Cerré los ojos y disfruté de esta sensación; sus labios y dientes rozando mi piel, su mano entre nosotros, frotando y presionando.
Él llevó mi rodilla sobre su hombro y levantó mi pierna, yendo más y más profundo, nuestros cuerpos pronto se cubrieron de una fina capa de sudor.
Mi cabello estaba pegándose a mi rostro, y él lo apartó de mi frente.
—Oye, mírame —dijo suavemente, presionando un beso de boca abierta contra la mía, mirándome a los ojos—. Ponte arriba.
Él aferró la base de su polla y cuidadosamente salió de mí, sentándose en el medio de la cama. Mis rodillas hicieron presión contra el colchón, sentándome a horcajadas de él, y él se sostuvo mientras me hundía, haciendo que siseara.
Nuestros cuerpos se movían en sintonía; sus manos guiando mis movimientos mientras yo jadeaba, aferrándome a sus hombros.
—Mierda, no sé... —comenzó a decir y cubrí sus labios en un beso.
—Estoy cerca —prometí.
Sus labios se separaron y una mirada de concentración cubrió su rostro, observándome atentamente mientras volvía deslizar una mano entre nosotros.
Mis ojos se cerraron y gemí, su otra mano aferraba mi trasero mientras nuestros cuerpo arremetían contra el otro. Su boca se unió a mi pecho, mordiendo suavemente mi pezón y me perdí.
—Mierda, amo ver cómo te corres —incitó, frotando mi clítoris con más fuerza, sus palabras provocando que mi cuerpo se tensara y cayera al mismo tiempo.
Y entonces la sensación había pasado, y con su mano cubriendo perezosamente la mía, Edward me recostó sobre el colchón. Envolví mis tobillos alrededor de su cintura, aferrándolo más fuerte mientras él embestía contra mí.
Mi nombre se escapó de sus labios, y quizás también amaba verlo correrse, sabiendo que estaba sintiendo exactamente lo mismo que yo segundos atrás.
—Santa mierda —masculló, sin aliento.
Asentí en acuerdo, recuperando el aliento.
Sentí la necesidad de decir algo, pero estaba tan abrumada por la emoción, que sabía que cualquier cosa que dijera ahora mismo sonaría estúpido.
No sabía si la intensidad que sentía era porque había pasado la última semana frustrada sexualmente mientras intentaba que Edward se acostara conmigo, o porque él realmente era bueno en la cama.
O quizás la intensidad no tenía nada que ver con esas cosas.
Quizás tenía que ver con el hecho que estaba enamorada de mi mejor amigo.
Edward sonrió engreídamente, como si supiera exactamente lo que estaba pensando.
—¿Por qué sonríes? —Me reí, apartando su cabello de su frente así podía ver sus ojos.
—Porque te gusto demasiado —bromeó, besando mi mejilla—. Se nota en tu rostro.
Quizás era así.
Pero su rostro tenía la misma expresión que el mío.
Uff, ya era necesario. Al fin Bella se dio cuenta que ama a Edward *-* Voy a extrañar a estos dos.
¡Gracias por comentar y hasta el próximo!
