Pokémon Reset Bloodlines - Especial de 100 Historias: La Guerra de los Glitches

Por Fox McCloude, Viroro-kun and BRANDON369

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri y Nintendo. El universo de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover. Todos los derechos reservados.


Summary: La entidad glitch MissingNo se deleita en causar toda clase de problemas y sufrimiento a otros en la nueva realidad. Pero cuando otro ente muy similar a él surge, y amenaza con rehacer la realidad en una forma que implica la pérdida de sus fuentes de entretenimiento, MissingNo tal vez deberá hacer algo que podría considerarse impensable: salvar al mundo de ser borrado.


El vacío entre universos, la delgada línea entre la realidad y los sueños. Un lugar completamente vacante de cualquier cosa al cual pocos podían acceder, mucho menos vivir allí. Si alguien llegase hasta su oscuro vacío y permaneciera allí por un período de tiempo extendido, sin duda sería llevado hasta la locura a causa de la soledad.

Qué bueno, entonces, que el concepto de locura no se le aplicaba a MissingNo. Él era algo que existía fuera del reino de los vivos, la personificación caótica del remanente de una línea temporal muerta, una que se alimentaba de la miseria y sufrimiento de otros. Para él, el vacío entre universos era el lugar al cual llamaba hogar, un lugar al cual volver entre sus viajes por el mundo y las líneas temporales que lo rodeaban, y ocasionalmente al arrastrar a otra gente allí para su diversión. Y allí era donde se encontraba, observando a través de varias grietas que le mostraban eventos de su realidad preferida, a mucha distancia unos entre otros en el espacio y tiempo.

Asumiendo su segunda forma favorita, la de un ave de presa "Tipo Pájaro" con plumas de color morado para mantenerse cómodo, MissingNo bostezó visiblemente. No era que necesitara hacerlo, en realidad, pero de cara a los últimos eventos, necesitaba una manera de demostrarlo. Para un ser que no estaba atado al tiempo de manera lineal y que podía experimentar todo el pasado, presente y futuro a su propio ritmo, siempre era un tiro de dado saber si encontraría eventos interesantes o simplemente se moriría de aburrimiento.

Había pasado ya mucho desde la última vez que pasaba algo interesante en el mundo debajo de él: en su mayor parte, se sentía como que el crecimiento de dicho mundo avanzaba a gatas, ralentizándose, y rara vez pasaba algo intrigante, al punto que su objeto favorito, Ash Ketchum, se encontraba constantemente atrapado en una tediosa resolución romántica que se resolvería fácilmente con solo hablar. Todo el universo estaba en un punto muerto, volviéndose enfermizamente idealista con cada pequeño desarrollo, y eso él realmente lo detestaba. ¿Dónde estaba la tragedia? ¿Dónde estaba el caos, la espiral impredecible y lenta que haría que todo se saliera de control?

Esa situación no se podía quedar así. Algo tenía que hacerse para poner al mundo de vuelta en el curso correcto.

Poco sabía MissingNo que él no era el único que tenía esa idea en mente.

- Qué inútil.

El tono agudo y tajante de una voz desconocida sacó a MissingNo de su estado de fuga, lo que le permitió escuchar un woosh volando hacia él. Se dio la vuelta y se agachó en shock mientras una criatura que se parecía a un Bulbasaur pixeleado le pasó por encima, explotando tras haber fallado en conectar. El pájaro frunció el cejo, tratando de darle sentido a la inusual ocurrencia.

- ¿Quién está…? – La respuesta de MissingNo no necesitó pregunta al finalmente notar al invitado no deseado frente a él, frunciendo el cejo. Su rostro, constitución y apariencia joven le recordaban a una forma que ocasionalmente utilizaba, pero sus colores en escala de grises y los pixeles que parpadeaban a su alrededor delataban sus orígenes sobrenaturales.

- ¿Ash Ketchum...? – preguntó el glitch a pesar de todo, antes de sacudir la cabeza. Colocó un ala sobre su pico, entrecerrando la mirada. – No… te ves diferente. Más caótico. Más…

- Como tú. – La voz de la criatura no titubeaba ni un poco; no era carente de emociones, pero difícilmente sería agradable. Y junto con el Bulbasaur explosivo de antes, eso no le daba la mejor de las introducciones al pájaro glitcheado.

MissingNo mantuvo firmemente su posición, listo para soltar sus poderes. – ¿Qué eres tú?

- Puedes llamarme ZZAZZ. – El "chico" extendió sus brazos, que parpadearon con estática antes de volver a reformarse en su lugar. – Un error en el sistema, algo que nunca debió haber existido.

Esa era toda la confirmación que MissingNo necesitaba. Su cejo fruncido se volvió más pronunciado, con demasiadas posibilidades corriendo por su cabeza. – Estaba al tanto de que podrían existir otros como yo… pero ¿cómo…?

- De hecho, debo darte las gracias." – ZZAZZ se permitió sonreír esta vez, dándole una mirada a las ventanas hacia la realidad que se encontraban abiertas detrás del glitch mayor. – Cada vez que interactuabas con el mundo de allá abajo, cada vez que forzaste tu entrada hacia el tejido de la realidad, sin importar lo pequeña que fuese, creabas ondas, perturbando la estructura. Y en ese espacio… yo nací.

- Oh, eso quiere decir que soy algo así como tu papá. – se rio el glitch, relajando su cuerpo solo un poco antes de darse la vuelta, y alzando su ala a modo de saludo. – Bueno, hijo, creo que deberías dejarme en paz, tengo mucho…

Otro woosh. MissingNo apenas fue lo bastante rápido para rociar una doble dosis de Pistola de Agua hacia el Bulbasaur, haciendo que el Pokémon glitcheado detonase a distancia segura.

- ¡Hey! – espetó el pájaro, mirando asesinamente a ZZAZZ. El chico glitcheado no dijo nada, pero varios de los Pokémon iniciales de tipo Hierba que lo rodeaban todavía hicieron sus intenciones bastante aparentes.

Entendiendo finalmente la amenaza, MissingNo alzó ambas alas, listo para atacar. – Si así es como quieres jugar, ¡toma esto!

De nuevo sus Pistolas de Agua se manifestaron, esta vez lanzando un chorro de energía glitcheada antes que líquido, apuntando directamente hacia su pariente. ZZAZZ permaneció impasible, simplemente esperando que los ataques dieran en el blanco. A pocos centímetros de recibir el impacto, chasqueó los dedos. Y en un parpadeo, el ataque de MissingNo se esfumó, desapareciendo totalmente como si nunca hubiera sido disparado en primer lugar.

Los ojos de MissingNo se ensancharon. – ¿Qué demo…?

- Como sospeché. Nunca has tenido que lidiar con enemigos que igualan tu poder. – comentó ZZAZZ, observando sus manos de manera experimental mientras caminaba acercándose a MissingNo, con su pequeña tropa de Pokémon explosivos siguiéndolo. MissingNo arqueó una ceja al ver cómo ZZAZZ continuaba observándose a sí mismo al acercarse; ¿quizás era que no estaba acostumbrado a su propio poder? ¿Sería algo que podría utilizar para su beneficio?

Como fuese, no podía permitirse más descuidos. – ¿Qué es lo que quieres? – preguntó el glitch mayor, listo para defenderse intentando evaluar más la situación.

- Corregir las cosas. – ZZAZZ se detuvo apenas a centímetros de distancia, observando las puertas hacia la realidad al lado de MissingNo, mostrando entrenadores de Kanto, Pokémon salvajes de Johto, leyendas perdidas de Galar y todo lo demás que había entre esas cosas.

Frunció el cejo con asco, girándose para atravesar con la mirada a MissingNo.

- Eres un fracasado. Podrías hacer cualquier cosa que desearas con la realidad, y aun así te contentas con tratar de causar miseria indirectamente. Podrías ser una verdadera deidad, y aun así no haces más que molestar a gente que sin valor alguno.

- Una vez intenté hacer que los humanos me adorasen. No resultó muy bien. – A pesar de la situación, MissingNo rodó sus ojos, rápidamente igualando la mirada de ZZAZZ con una propia. – Controlar las cosas es aburrida. El caos y la miseria le dan sazón a la vida, ¿sabes?

- Ambos somos remanentes de lo que debería hacer sido. Y nuestra realidad no es más que una simple imitación hueca e imperfecta de la anterior. Tiene que ser vaciada, para reconstruirla a nuestra imagen y semejanza. – El glitch más joven señaló hacia su pariente. – Y para eso, necesitaré tu poder.

- No estás dando argumentos muy convincentes, amigo. – MissingNo volvió a extender sus alas.

ZZAZZ le lanzó una mirada más penetrante, con una sonrisa en los labios. – Eso no fue una oferta.

De pronto y sin avisar, ZZAZZ se le lanzó encima a MissingNo, y el glitch menor logró atrapar al Tipo Pájaro a pesar de la ausencia de un piso físico. El glitch mayor sintió un chispazo viajando por su cuerpo mientras ZZAZZ le hundía los dedos entre su piel emplumada, haciendo que todo su cuerpo glitcheara y cambiara constantemente sus disfraces mientras su oponente le inyectaba sus poderes a la fuerza.

MissingNo gritó, con todo su cuerpo ardiéndole como si estuviera en llamas, convulsionando de dolor mientras trataba de sacarse a ZZAZZ de su cuerpo. Trató de enfocarse, planear cómo contraatacar, pero sus pensamientos estaban confusos, su cabeza estaba vacía, y todo su cuerpo estaba siendo consumido por la energía de su enemigo. Sentía que sus brazos emplumados se entumían, y al darse la vuelta, el pánico lo invadió: todo su cuerpo estaba glitcheando, disipándose en la nada, y cualquier intento de regenerarlo no funcionaba.

Seguía tratando de pensar qué hacer, pero lo que encontró no fueron sus propios pensamientos. La sonrisa de ZZAZZ se ensanchó aún más, y MissingNo supo de dónde venían.

Vio cómo tierras de todas clases lentamente se desintegraban lentamente en el vacío, sin que hubiera Pokémon o humano lo bastante fuerte para contrarrestar el vacío de la nada, dejando atrás un abismo completamente ausente de vida. No se veía nada hasta donde alcanzaban a ver sus ojos, cualquier casa, terreno y objeto desaparecía también, verdaderamente mudando de todo lo que hacía el mundo debajo de ellos habitable. Y en el centro de todo se encontraba ZZAZZ, indiscutible señor de toda la creación.

Ese era su sueño, su meta, y su ambición. Y al destruir y absorber a MissingNo, se convertiría en su realidad.

- ¿Puedes sentirlo? ¡Este es el poder que puedes utilizar! ¡El verdadero alcance de nuestras habilidades! – El tono estoico y monocorde del glitch menor se había ido, reemplazado por pura arrogancia y la sonrisa más diabólica que MissingNo jamás había visto. – ¡Y será todo mío para tomarlo!

MissingNo no tenía ninguna respuesta ingeniosa, y su forma cambiaba constantemente de una a otra mientras su cuerpo se desvanecía de la existencia. ¡Necesitaba encontrar algo, y rápido!

Trató y trató, pero mientras sus alas eran reducidas a simples muñones, ningún plan le venía. Estaba impotente, atrapado en el suelo, presionado contra la nada…

Y entonces, de pronto, una idea se abrió paso en medio del color, y sus ojos volvieron a ensancharse. No tenía idea de si funcionaría, pero no había razón para no intentarlo. Sintiéndose victorioso, el glitch mayor se carcajeó estridentemente.

La sonrisa arrogante de ZZAZZ se disipó, siendo reemplazada por una ceja arqueada. – ¿Qué? ¿Es que perdiste la razón en tus momentos finales?

- Oh, no es nada, solo que recordé algo. – MissingNo levantó sus muñones emplumados en alto, casi agarrando las propias manos de ZZAZZ. – ¿Sabes por qué no interactúo directamente con las cosas tan a menudo?

El glitch mayor agarró los brazos de ZZAZZ, sujetándose de ellos con fuerza. La expresión de shock en blanco del glitch menor fue algo que MissingNo celebraría enormemente.

- ¡Porque nos vuelve tangibles y vulnerables! – Poderosamente, MissingNo se agarró de ZZAZZ y se quitó de encima al chico glitcheado, usando toda su fuerza para mandarlo a volar por encima y lejos de él, estrellándolo hacia lo más cercano a una pared en ese espacio infinito. Los Bulbasaurs explosivos trataron de atraparlo en respuesta, pero el glitch se las arregló para rodar y ponerse a salvo, haciendo que todos detonaran lejos de él, dejando al pájaro capaz de mirar felizmente hacia arriba, donde ZZAZZ ahora se encontraba, y el cuerpo glitcheado del chico ahora estaba atrapado entre varios portales.

Convertirse en físico e interactuar con la materia siempre había sido una de sus grandes debilidades, algo a lo cual siempre se aseguraba de recurrir solo en situaciones donde no pudieran lastimarlo. Tenía suerte de que su pequeña apuesta terminó pagando y que la regla todavía se aplicaba en el vacío entre universos.

El glitch mayor sonrió orgulloso mientras el cuerpo del menor comenzaba a dividirse, y cada fragmento de su existencia se esparcía por el espacio-tiempo, y toda dicha existencia se hacía pedazos para ser absorbida por la línea temporal debajo de ellos debilitándolo.

Aun así, ZZAZZ seguía sonriendo ante su predicamento.

- De verdad eres un idiota. – dijo volviendo a sonreír. – No importa cuánto tiempo me lleve, yo ganaré. ¡Y tú acabas de hacerlo posible!

Esta vez, fue el turno de ZZAZZ para reírse sin parar cuando lo último de su esencia se fragmentó, con su silueta glitcheándose y desapareciendo en la nada mientras todos sus fragmentos desaparecían hacia el mundo, dejando a MissingNo a solar como siempre había estado, observando las ventanas hacia el universo una vez más en silencio. Debería haber estado feliz de por haber resuelto el problema, pero no pudo evitar sentirse intranquilo.

MissingNo se quedó estático, mirando sus muñones mientras finalmente lograba regenerar sus alas con sus plumas, todavía con dolor invadiéndole el cuerpo. Había sido breve, pero esa era la primera vez que recordaba haber sentido dolo desde siempre.

Si había aprendido algo sobre sí mismo y las criaturas cómo él, era que sin duda eran difíciles de matar. Aunque fuese fracturado en varias piezas, ZZAZZ todavía podría causarle problemas. Especialmente si tampoco estaba atado por el tiempo de forma lineal. Alguien así definitivamente se las arreglaría para destruir todo el universo si le daban la oportunidad, con esos poderes para reducir las cosas a nada. Y eso solo incrementaría su aburrimiento todavía más.

- Este es un verdadero atolladero. – Se tocó el ala con la barbilla, mirando los portales con los ojos entrecerrados. – No puedo dejar a alguien así que ande suelto. Mi fuente principal de entretenimiento está en juego, después de todo.

Necesitaba encontrar una forma de deshacerse de él. Pero sabía que exponerse de esa manera significaría problemas, si ese breve encontronazo casi lo dejó muerto. Mejor no subestimar el problema de nuevo, antes que terminara agrandándose en algo peor.

Y entonces, recordó las palabras de un sujeto en el mundo de abajo, allá en Isla Cinnabar. Y cómo no debía juzgar el valor de "donnadies" que vivían sus propias aventuras.

Y de pronto, MissingNo sonrió, con un plan formándose en su mente.

- Bueno, creo que es tiempo de que pongas a prueba lo que presumes, amigo. – dijo, mientras casi se reía al pensar que tenía agradecerle a ese sujeto de todas las personas. Y así, con una sonrisa en su rostro, MissingNo se dirigió personalmente hacia los portales, listo para entrar a la ofensiva contra su pariente glitcheado.

De alguna manera, sentía que las cosas dejarían de ser aburridas por un tiempo a partir de ahora.


(-0-)


El reloj acababa de marcar la 1:00 am. El mensaje decía que ese maldito ladrón atacaría a la medianoche para robarse su "preciada posesión" que tanto le costó para mantenerla lejos de esos idiotas del museo. Durante la última hora no hizo otra cosa que mirar de frente la puerta de su bóveda, rodeada de sus guardaespaldas y sirvientes.

- Lady Amano, ya pasó una hora. – dijo su jefe de seguridad. – Dudo mucho que vaya a venir.

- Ja, debí imaginarlo. – dijo la mujer vestida de kimono poniéndose de pie. – Ese simple ladrón de poca monta no se atrevería a venir aquí con toda seguridad. Abran la bóveda.

De inmediato se movieron para insertar la contraseña en el panel de cerradura, y entre dos hombres tuvieron que girar la pesada manija para luego jalar la pesada puerta. No había forma de que ese ladrón hubiera podido entrar allí para robarse su tesoro.

O eso pensó, hasta que los sirvientes lanzaron un grito ahogado una vez que miraron adentro.

- ¿Qué pasa? – exclamó Lady Amano poniéndose de pie para mirar. – ¡PERO QUÉ DIABLOS!

Donde antes estaba su preciada posesión ahora solo había una tarjeta con una araña negra, y un mensaje escrito que rezaba "Saludos del Arácnido Negro". La cámara estaba completamente intacta: no había signos de haber sido violentada, abierta ni atravesada de ninguna manera.

- ¡No se queden parados como imbéciles, busquen al ladrón!

- ¡Les ahorraré el esfuerzo, Lady Amano!

Una voz masculina, amplificada con altavoz resonó en el patio de la casa, e inmediatamente todos corrieron afuera. Mirando por todos lados finalmente vieron al responsable, ataviado en su ya conocido atuendo de capa, sombrero y antifaz, sujetando con una mano un megáfono, y con la otra, una corona de oro con gemas de color arcoíris.

¡Su preciado tesoro!

- ¡Callisto Amano, líder del Grupo Amano y ante los ojos del mundo una de las mayores filántropas de Johto, en realidad es una jugadora importante de una de las más grandes operaciones de contrabando dentro y fuera de la región! – anunció el Arácnido Negro. – ¡Para estas alturas mi querida amiga en la fuerza policíaca ya viene en camino para arrestarte, con evidencia suficiente para ponerte un buen tiempo tras las rejas! ¡Resistirse es inútil!

- ¡Entonces me aseguraré de que tú caigas conmigo! – exclamó la mujer furibunda. – ¡Mátenlo, que no huya!

La seguridad echó mano de sus armas, pero para cuando lo hicieron, un Meowth que no supieron de donde salió saltó frente a todos y arrojándoles el destello de Día de Pago en sus caras, lo único que pudieron oír fue la risa alegre del Arácnido Negro y el sonido de la teletransportación de un Pokémon Psíquico.

Segundos después las sirenas policíacas y las luces giratorias azules y rojas acercándose le indicaron que no tenía sentido escapar, y no le quedó más que rabiar maldiciones contra ese dichoso ladrón.

Otra noche, otro golpe exitoso, y otro criminal más para que Ito pudiese agregar a su registro como la mejor policía de todos los tiempos. En resumen, un gran final para un gran día.

- Buen trabajo, compañeros. – felicitó a Abra y Meowth una vez que estuvieron a distancia segura.

Normalmente, Neko era quien elegía a sus objetivos en cada golpe, y también lo que se llevaba de cada uno de ellos. Pero lo de hoy había sido la excepción, pues alguien le había enviado un paquete con un radio transmisor antiguo. Cuando lo encendió, la persona del otro lado claramente estaba distorsionando su voz para ocultar su identidad, diciéndole que fuese tras esa mujer, y que le robase ese objeto específicamente.

Al principio creyó que sería una trampa, pero al final accedió, y la información resultó ser correcta después de todo. Descubrió que la mujer tenía conexiones con jugadores del bajo mundo y movía mucho dinero para cubrir su rastro, así que no podría dejarla ir.

Ahora, de vuelta donde estaba, volvió a tomar el transmisor para llamar a su contacto desconocido.

- ¿Y bien? – preguntó la voz distorsionada del otro lado.

- Misión cumplida. – dijo Neko. – En este momento Amano debe estar siendo arrestada, y tengo en mi poder la corona, como pediste.

- Muy bien. Ahora quiero que la destruyas.

- ¿Cómo dices? – preguntó Neko. – ¿Destruirla, por qué?

- Esa corona perteneció a una reina antigua, y lleva consigo una maldición en su interior. Aparentemente otorga poderes mágicos a su portador, a costa de sus vidas.

- ¿Pero eso no es un simple mito? – Neko parecía confuso.

- No, es muy real. Registros históricos muestran que ninguno de los descendientes de la reina que llevaron esa corona vivió hasta después de sus cuarentas. No será muy difícil; golpea las gemas hasta que se rompan, y hagas lo que hagas no te detengas ni sucumbas al deseo de quedártela.

Neko se quedó mirando la corona robada. Extrañamente, una sensación de querer quedarse con ella, una tentación de no hacerle caso a la voz del otro lado, lo estaba invadiendo en aquel momento. ¿Cómo sabía la voz del otro lado al respecto?

Al mismo tiempo, su parte racional, la que le recordaba que todo lo que le dijo sobre Amano resultó ser cierto, que no debía estar mintiendo sobre esto, le gritaba que era mejor hacerle caso.

Dejando el transmisor de lado, puso la corona encima de una piedra cercana, y luchando contra ese deseo que parecía provenir del cetro (como si le susurrara al oído "¡No lo hagas!") Neko les pidió a Meowth y Abra apartarse. Buscando en su bolsa de viaje algo para romper la corona, encontró un martillo de metal pesado, y se imaginó que eso serviría. Tomó un profundo respiro y alzando el martillo, golpeó con todas sus fuerzas la corona.

Chispas saltaron y la gema más grande de la corona se agrietó ligeramente, pero no bastó. Así que Neko volvió a alzar el martillo y la golpeó de nuevo. Esta vez le dio a una de las gemas pequeñas, pero la grande resistió.

Así que volvió a golpearla. Y otra vez. Y otra. Y otra más, una y otra vez.

Finalmente, después de siete intentos de resistirse, y como si el susurro de "¡No lo hagas!" se hubiese convertido en un grito de desesperación, Neko alzó el martillo por octava vez y lo dejó caer sobre la corona con todo lo que tenía. Un chispazo de luz iluminó el área brevemente cegándole la vista, pero pudo oír el ruido de material agrietándose y rompiéndose. Cuando abrió los ojos, vio que tanto la corona como la roca donde estaba se habían hecho pedazos.

Aunque extrañamente, de los pedazos de la corona, específicamente lo que solían ser las gemas, salía un extraño humo, y de nuevo, Neko tuvo esa extraña sensación de escuchar un grito ahogado, como si estuviese agonizando. Al ver a Abra y Meowth, ambos Pokémon estaban temblando, como si algo los aterrara.

Y de alguna manera, Neko supo lo que estaban pensando. Algo extraño, algo maligno, habitaba dentro de esa corona. ¿Sería que estaban poseídos por el espíritu vengativo de la antigua reina? ¿Fue eso lo que mató a sus descendientes?

No quería averiguarlo, así que simplemente decidió que enterraría los pedazos en ese lugar, con la esperanza de que nadie los fuese a encontrar. De nuevo buscó su bolsa de herramientas, esta vez una pala, y comenzó a cavar tan rápido y profundo como podía.

Por esa vez, el Arácnido Negro no necesitaba llevarse un trofeo de su último gran golpe.


(-0-)


- [¡Resplandor!]

Latios concentró toda su energía psíquica en una enorme esfera frente a él, apuntando hacia el árbol a varios metros de distancia. El rayo voló directo hacia su objetivo, envolviéndolo completamente. En cuanto el ataque se desvaneció, el árbol volvió a aparecer a la vista, apenas perturbado por la ráfaga de energía, salvo por algunas ramas caídas.

El dragón tomó una expresión sombría, mirando sus pequeñas manos y cerrándolas en puños. – [No... no es lo suficientemente bueno.]

- [¡Hermano!]

La voz hizo que Latios se diera la vuelta, dirigiendo la mirada al otro lado del jardín secreto, donde la familiar forma de su hermana menor volaba hacia él.

- [¡Así que allí estabas! ¡Bianca y yo hemos estado buscándote todo el día!] –Latias le sonrió a su hermano, antes de dirigir su atención hacia el árbol, que todavía temblaba por el ataque. – [¿Estabas entrenando?]

Latios soltó un suspiro. – [Todavía no logro que funcione el Resplandor de nuestro padre. Estoy así de cerca, pero…]

- [¿Tal vez lo que necesitas es descansar un poco? Llevas haciendo esto demasiado tiempo…]

- No!]

Su respuesta brusca mandó a volar a Latias de espaldas, pero a Latios no le importó. Frunció profundamente el ceño antes de condensar algo de energía psíquica en sus brazos, tratando de darle la forma correcta.

- [Casi lo tengo. ¡No puedo detenerme ahora!] – Latios sacudió sus puños una vez más, y la energía psíquica se disipó una vez más mientras le devolvía la mirada a su hermana. Su cuerpo temblaba, y trató de acercarse a él. Latios esquivó su intento, y exhaló.

- [... Solo déjame en paz. Estaré bien.] – le dijo dándose la vuelta.

Logró espiar a Latias por la esquina del ojo, esperando que le respondiera. En vez de eso sacudió su cabeza, y se volteó en la dirección de donde vino.

- [De acuerdo… buena suerte.] – Con esa declaración, Latias se alejó volando, dejando a Latios una vez más a solar con sus pensamientos.

El dragón azul continuó mirando en la dirección de su hermana mucho después de que se marchó, hasta que finalmente se dejó caer y flotó a pocos centímetros del suelo, tratando de disfrutar de la hermosa vista del jardín secreto, hasta que sus ojos se fijaron de nuevo en el pequeño altar donde se resguardaba la Joya de Alma. Los restos condensados del que fuese su ancestro y de Latias, luego de salvar a Alto Mare tantos años atrás.

Latios sacudió su cabeza, pensando en los eventos que involucraban a los entrenadores de Dragones de otra región y la cazadora que trató de causar alboroto no hacía mucho. Su ancestro jamás habría permitido que algo como eso sucediera, y no se atrevía a pensar en lo que le habría pasado a Alto Mare, o peor, a Latias, si no hubieran tenido la fortuna de contar con ayuda.

Necesitaba mejorar, para convertirse verdaderamente en el valiente defensor de la ciudad. Y con todo, apenas era capaz de dominar el movimiento característico de su especie como estaba. Necesitaba ser mejor, más fuerte. Y aun así, era incapaz de serlo.

- Puedes ser fuerte.

La voz sonaba atronadora, desconocida, y fría. Puso a Latios en alerta, haciéndolo mirar de izquierda a derecha en busca de cualquier cosa que no fuese familiar. – [¿Quién anda allí?] – Latios entrecerró la mirada, ya que su búsqueda resultó infructuosa.

La voz desconocida volvió a sonar. – Acércate más.

A pesar de la vaga instrucción, Latios sintió que sabía a dónde debía ir. Voló hacia la fuente central del jardín, y al espiar dentro del agua, notó algo que no había visto antes: una esfera pequeña y negra, de forma similar a la Joya de Almas. Una energía caótica y oscura arremolinaba dentro de ella, hipnotizándole a la vista. Latios se acercó más, hundiendo un dedo en el agua y hacia la esfera, enviando ondulaciones por la superficie del agua.

- [¿Qué es esto…?]

- Tómame. Te daré lo que buscas. –respondió la esfera.

Latios no se atrevió a cuestionarlo. Podría haber sido una trampa, pero eso no importaba. Tenía que ser más fuerte, sin importar nada.

Y así, cogió la esfera, preparado para lo que fuera.

Latias suspiró, volteando su mirada al verdor que rodeaba el jardín secreto, tratando de ver algo del entrenamiento de su hermano desde el otro lado, escuchando los sonidos de ataques disparados y movimientos cargando.

Siempre había sido muy terco, pero desde los eventos con esa Cazadora Pokémon, era como si algo lo tuviera poseído. Un deseo de entrenar sus habilidades más que nunca, enfocándose horas y horas cada día para mejorarse a sí mismo. Y eso asustaba a la chica, preocupándole que su hermano se hubiese vuelto más arisco, duro, y propenso a enojo y frustración. Sentía que necesitaba hacer algo para ayudarle, pero no se le ocurría nada.

Ella gruñó, volando encima de unas flores para disfrutar de la vista, tratando de sacudir su mente de preocupaciones. Tal vez, Latios podría disfrutar de una guirnalda de flores como muestra de su aprecio…

Pero antes de poder ejecutar su idea, sin embargo, alguien le tocó el ala.

- Mal día, ¿no crees?

Latias se sobresaltó del shock, dándose la vuelta para ver una figura misteriosa y encapuchada mirándola, sin ningún rasgo visible excepto una enorme sonrisa dentuda. Alguien (o algo) que jamás había visto. Y estaba demasiado cerca para su confort. La dragona se mantuvo firme, entrecerrando la mirada mientras observaba a la persona desconocida.

- [¿Quién eres tú?] – le preguntó, esperando que hubiera algún ataque, amenaza, o cualquier otra cosa maliciosa justo después. Se sorprendió bastante cuando la persona misteriosa simplemente se encogió de hombros ante su pregunta.

- Alguien que disfrutaría del espectáculo, si no fuera por las circunstancias. – La persona suspiró, como si estuviese molesta por algo, mientras miraba el jardín a su alrededor. – Te preocupa tu hermano, ¿verdad? Quizás debas ir a verlo de nuevo.

Latias bajó su cabeza, evitando mirar al hombre (o al menos asumía que era un hombre), y bajó solo un poco su guardia. – [No quiero molestarlo.]

- Pero si no tienes que hacerlo.

La dragona roja parpadeó, confundida por lo que dijo, hasta que rápidamente conectó los puntos. Cerró los ojos, activando el don especial que ella y su hermano compartían.

Comenzó a espiar el punto de vista de Latios, y al enfocar la vista compartida apropiadamente, los ojos de Latias se ensancharon. Su hermano estaba destruyendo cosas con impunidad, rompiendo estatuas y árboles con facilidad, con salvajadas y violencia que nunca antes había visto en él. Por un momento pensó que, quizás, solo se había dejado llevar por su entrenamiento, pero el puro impulso de asalto a todo en su línea de visión era prueba suficiente de que algo andaba muy, muy mal.

Y a través de él, casi como si él pudiese ver lo que estaba sucediendo, la figura cruzó los brazos. – Parece que hay problemas en el paraíso, ¿eh? Creo que sí deberías ir a ayudarlo.

Latias sabía que debería haber sospechado más de quienquiera que fuese este sujeto, pero su preocupación por Latios tomó prioridad sobre su sentido común. Así, desactivó la vista compartida y salió disparada hacia el otro lado del jardín, dejando al hombre misterioso atrás y rápidamente cubriendo la distancia que la separaba de Latios.

Al detenerse, Latias encontró a su hermano en medio de una furia primigenia, todavía atacando todo lo que estuviera en su línea de visión con sus ataques de Resplandor a medio dominar, sus ojos carmesís de rabia y su expresión contorsionada en una horrible y furiosa mirada. Parecía estar sufriendo, casi como si se estuviera forzando a sobrepasar sus límites, a costa de todo lo demás.

Latias se acercó volando, sujetando el brazo de su hermano antes que pudiese conectar otro golpe, ganándose una mirada asesina.

- [¡Hermano! ¡Detente!] – Las súplicas de Latias cayeron en oídos sordos, pues Latios le apartó bruscamente la mano, gruñéndole en la cara.

- [¡No puedo! ¡Lo estoy logrando! ¡VOY A LOGRARLO!] – Un Resplandor formado a medias salió volando de su mano, cortando a través del suelo y dejando una profunda marca. – [¡Nada se interpondrá en mi camino!]

Viendo a su hermano de ese modo, perdido en su propio poder, aterrorizó a la dragona menor. No tenía idea de lo que estaba pasando con su hermano, pero una cosa era segura. No quería perder al Latios al cual conocía.

Y así, pese al estado de su hermano, Latias se le arrojó encima, abrazándolo con fuerza y manteniéndolo en su lugar.

El dragón macho estaba confundido, y trató de sacudirse de encima del cuerpo a su hermana. – [¿Q-qué crees que estás…?]

- [Está bien. No tienes que presionarte tan duro.] –Latias lo abrazó fuertemente, compartiendo su calor con su hermano, mirándolo directo a los ojos. – [¡También me preocupo por ti! ¡No quiero que te pierdas a ti mismo!]

Latios apretó sus dientes, entrecerrando los ojos casi como si estuviese tratando de luchar contra cualquiera que fuese la fuerza que lo había poseído. – L-Latias...!]

- [¡No quiero perderte!] – gritó ella, sujetándolo con todavía más fuerza, con todo lo que tenía.

Latios continuó tratando de luchar, como si estuviese en guerra contra algo que Latias no podía ni imaginar. Aun así, ella lo sostuvo fuertemente, creyendo en que su hermano sería capaz de superarlo. Se mantuvo firme mientras Latios continuaba sacudiéndose, luchando contra sí mismo.

Y finalmente, el dragón azul lanzó un desgarrador grito hacia el cielo, y Latias pudo ver una extraña esfera abandonando su cuerpo, volando lejos de él. Todavía con dolor, Latios cargó su energía y la lanzó hacia arriba, interceptando la esfera en caída libre y consumiéndola completamente con un poderoso y completo rayo de Resplandor, dejando nada excepto polvo a su paso.

Ante ese despliegue de poder, Latios se desplomó en los brazos de Latias, sin más energía restante en su cuerpo mientras respiraba agitadamente.

- [¡Hermano!] – Latias lo sacudió varias veces, temiéndose lo peor. Solo cuando su hermano levantó la mirada de nuevo, sus pensamientos comenzaron a aclararse.

- [Está… está bien, ya estoy bien… mayormente.] –Con algo de esfuerzo, Latios logró volver a flotar por su propio medio, acariciándola. – [No sé qué fue eso, pero se apoderó totalmente de mí…]

Latias miró a su hermano, con un enorme gesto fruncido y nada feliz formándose en su rostro. Y sin avisar, le dio una fuerte bofetada en la cara. [¡Idiota!]

- Auch!] – Latios se frotó la mejilla, mirando a su hermana con incredulidad. Eso no hizo nada para apaciguar la rabia de Latios.

- [¿Crees que eres el único que tiene que volverse más fuerte? ¡Yo también quiero hacerme más poderosa! No quiero que pierdas tu vida como…]

Las palabras de Latias murieron en su boca, desviando la mirada hacia el altar que resguardaba la Joya de Almas. Latios se unió a su hermana, ambos muy conscientes de lo que ella trataba de decir.

Latios sacudió su cabeza mirando hacia el suelo. – [… Lo siento, Latias. Yo solo quería… protegerte.]

- [No necesito que me protejas, ¡quiero ser capaz de luchar a tu lado!] – espetó Latias, volviendo a fruncirle el cejo.

Latios le respondió sonriendo, con una felicidad que ella creyó perdida. – [Entonces, ¿qué te parece si entrenamos juntos?]

Una sonrisa dividió la cara Latias ante la propuesta. – [¿De verdad?]

- [Por supuesto. Necesitaré un saco de golpear para mi Resplandor después de todo.]

Y de inmediato, Latias miró enfurruñada a su arrogante hermano. – Hey! ¡Te arrepentirás de esto!]

Latios se rio felizmente por lo que dijo, y no pasó mucho antes que Latias se le uniera, y con eso ambos hermanos pudieron dejar lo sucedido atrás, preparándose para entrenar juntos.

Sin importar lo que hubiera por delante de ellos, ya estaban listos para enfrentarlo como uno solo, y eso era lo más importante de todo.

Mientras MissingNo observaba a los hermanos dragones reconciliándose y entrenando juntos, se deshizo de su disfraz de encapuchado para tomar su apariencia típica y pixeleada.

En cualquier otra ocasión, se habría sentido enfermo de ver tal demostración de alegría y ternura, pero tenía cosas más importantes en qué pensar en ese momento, como el efecto que la esfera oscura había tenido en Latios. Ya tenía una corazonada de que ese era el caso tras haber seguido la historia de la corona antigua a la cual guio al Arácnido Negro para que robase, pero lo que le pasó al Pokémon Dragón/Psíquico lo confirmó: ZZAZZ realmente intentaba hacer que alguien liberase sus fragmentos, probablemente estando demasiado débil para hacer mucho más excepto persuadir a la gente de aceptarlo, quizás con la esperanza de poco a poco acumular su poder hasta volver a su antigua gloria de esa manera.

No podía dejar que eso sucediera. Aún quedaban muchos factores desconocidos en los cuales pensar, pero si no había más remedio, ya sabía lo que tenía que buscar mientras observaba la línea temporal. Cualquier caso de posesión, cualquier incidente extraño y sin explicación, tenía que monitorearlo y atacarlo preventivamente antes que pasara a mayores.

MissingNo, estaba al tanto de que sería solo una medida temporal a lo mucho, difícilmente una forma de detener a ZZAZZ permanentemente. Pero tenía la esperanza de que, al perseguir los fragmentos, encontraría un método a prueba de tontos para deshacerse de su oponente.

Y así, con un giro, MissingNo abandonó el jardín secreto para irse al vacío entre mundos, listo para viajar hacia su siguiente destino.


(-0-)


El Escuadrón Especial para Incidentes Bloodliners había tenido que resolver ya varios incidentes. Algunos grandes, otros pequeños, pero hasta ahora Krysta no había tenido dificultades mayores en las misiones que le fueron asignadas.

Siendo las palabras clave hasta ahora.

- ¡Lance, Frey, no podré contenerlo mucho más! – gritó por su comunicador mientras con sus manos lanzaba un rayo de hielo hacia una barrera, que desde el otro lado ardía al rojo vivo por un potente ataque de fuego.

El resumen de la misión decía que una jovencita aparentemente había sido vista montando sobre un Entei, el cual había provocado un incendio forestal muy cerca de Ciudad Ecruteak, antes de desaparecer. Posteriormente, otro incidente similar ocurrió cerca del Bosque Ilex al oeste de Pueblo Azalea. Y luego, otro más en los Bosques Drowning cerca del Monte Plateado. Por fortuna fueron controlados, pero las secuelas de dichos incendios tardarían mucho en recuperarse.

Y como si fuera coincidencia, el líder del Gimnasio Cinnabar había dado un reporte a la Liga Pokémon de que desde hacía varias semanas su nieta había estado desaparecida. Entre los altos mandos se manejaba información clasificada de que dicha nieta era una Bloodliner, por lo cual se les llamó a ellos para investigar el asunto.

Como era de esperarse, las coincidencias no existían.

En aquel momento, la agente estaba usando todo el poder que tenía para tratar de mantener el iglú gigante donde, con ayuda de sus Pokémon, había podido encerrar tanto a la bestia legendaria como a su jinete, pero una prisión de hielo no detendría a un Pokémon Legendario de Fuego para siempre.

- ¡Ya casi llegamos! – exclamó Frey desde el otro lado de la línea. – ¡Aguanta un poco más!

La fase uno del plan era encontrar al Entei viajero que provocaba esos incendios. La fase dos, atraer su atención hacia ellos y una vez que estuviera lejos de donde pudiera causar daño, evitar que escapase.

Ahora estaba en marcha la fase tres: separarlo de la chica para romper el control que esta ejercía en él.

Krysta se vio forzara a dejar de lanzar su rayo congelador, y les indicó a sus compañeros Pokémon que se alejaran un poco. Segundos después, el fuego hizo ceder el muro de hielo y Entei volvió a salir. Krysta miró fijamente los ojos del Pokémon legendario. Estaban totalmente abiertos, sin parpadear, y las pupilas estaban contraídas y sin vida. Ella conocía perfectamente esa mirada: el control de un Bloodliner de tipo Corazón ejercido sobre un Pokémon.

Pero lo que más le preocupaba, era la chica misma, específicamente sus ojos. Había un destello rojo en ellos que le enchinaba la piel (por extraño que eso sonara) y que parecía sobrenatural. La chica dirigía al Entei, pero actuaba como si estuviese en una especie de trance, poseída o algo por el estilo.

Y ese mismo resplandor era emitido por ese medallón que llevaba colgando del cuello.

No sabía por qué, pero su instinto le gritaba que ese medallón era el responsable de esto, y que la clave para ponerle fin era quitárselo y destruirlo de una vez por todas.

- ¡Krysta! – oyó el grito de Lance. Mirando hacia arriba vio que se aproximaba junto con Frey a lomos de su Dragonite. Ambos saltaron fuera de su espalda y aterrizaron del otro lado. – ¡Perdón por la espera!

- ¡Estamos listos, solo dinos qué hacer! – exclamó Frey, arrojando dos Pokébolas para sacar a su Feraligatr y Tyranitar, que se pusieron en guardia esperando sus órdenes.

- ¡Usen ataques de Roca para encerrarlos, pero no los lastimen! – gritó la Bloodliner de Hielo. – ¡Lance, haz que Dragonite le quite a la chica de encima y la aleje!

- ¡Entendido! ¡Tyranitar, Feraligatr, usen Filo de Roca y Tumba de Rocas para encerrar al Entei!

Y sin perder un instante más, los dos Pokémon de Frey invocaron sus ataques, creando una especie de jaula con pilares y muros para restringir los movimientos de Entei sin dejarle a dónde huir. Inmediatamente, ella y sus tres Pokémon, Walrein, Beartic y Glalie la reforzaron con sus Rayos de Hielo, pero dejando la parte superior despejada, para que Dragonite pudiera hacer lo suyo desde arriba.

- ¡Dragonite! – exclamó Lance, dándole la señal a su Pokémon principal, que de inmediato descendió, sujetando a la chica por las axilas y sacándola de la espalda de Entei.

Mientras Entei lanzaba explosiones de fuego tratando de romper la jaula de piedra improvisada, arriba en el cielo la chica comenzó a lanzar chorros de lo que claramente eran ataques de Supercalor, mientras forcejeaba por soltarse de Dragonite. Pronto disparó uno contra ellos, pero afortunadamente Feraligatr contraatacó con Hidrobomba para contrarrestar el fuego, además de que las repeticiones lo habían debilitado notablemente.

- ¡Lance, haz que Dragonite le quite ese medallón y me lo arroje! – gritó Krysta.

- ¡Ya oíste, Dragonite, quítaselo! – ordenó el domador de dragones.

No fue fácil en medio del forcejeo, pero al cabo de unos segundos, Dragonite alcanzó a arrancarle el objeto del cuello y lanzárselo a Krysta, que saltó para atraparlo. Detrás de ella veía como Entei parecía a punto de liberarse de nuevo, y entonces miró el medallón.

A simple vista parecía un simple collar con una enorme joya roja enmarcada por un patrón de llamas doradas, pero apenas sujetó su cadena, esa sensación que tuvo Krysta antes se incrementó diez veces más. Había algo maligno en ese objeto, y tenía que destruirlo.

Con ese pensamiento, apretó el puño con todas sus fuerzas, incluso sintiendo que los dedos y la palma comenzaban a dolerle, pero tenía la intención de congelar esa cosa lo más cerca del cero absoluto. Pero algo le decía que eso no sería suficiente.

El Entei todavía luchaba por liberarse y escapar, y con la chica ahora gritando mientras seguía arrojando fuego, tuvo la sensación de que lo que fuera que habitaba en ese medallón aún intentaba defenderse. Arrojó el objeto congelado al suelo, y creó en su mano una enorme y afilada estaca de hielo. Entonces procedió a clavarla repetidamente y con furia sobre la baratija, hasta que la partió en mil pedazos.

Un extraño humo salió de la joya destruida, y lo que pareció ser un grito agonizante resonó en los oídos de todos los presentes. En ese preciso momento, una explosión de fuego que parecía una erupción volcánica destruyó la jaula de piedra liberando a Entei, y sacando a volar a los Pokémon que lo rodeaban.

Sin embargo, la bestia legendaria no siguió atacando. Al mirarlo fijamente a los ojos, Krysta vio que su mirada había cambiado. Ya no estaba ese resplandor maligno, sino más bien reflejaban confusión. Mirando a todas partes, retrocedió, y de un salto comenzó a alejarse de allí rápidamente.

- Dejen que se vaya. – ordenó Krysta, al ver que los Pokémon querían perseguirlo. – Ya no causará más problemas.

Dragonite entonces descendió, cargando a la chica pelirroja que había dejado de gritar y lanzar fuego. Al parecer se había desmayado. Cuando despertara, los agentes tendrían muchas preguntas para ella.

Pero por ahora, se sentían aliviados de que su misión estaba cumplida.

A salvo ya en el cuartel general, los tres agentes presentaban su reporte de la misión al Director Flagg, que lo leía sin pronunciar ni una palabra ni voltear a verlos hasta que terminó. Usualmente, si tenía alguna objeción o duda, la diría apenas la encontrase.

Esta vez, sin embargo, releyó el informe dos veces más, como si quisiera estar seguro de algo, y solo después de la tercera vuelta fue que finalmente decidió hablar.

- Hay una cosa que no me queda del todo clara. – les dijo. – Con exactitud, ¿cómo fue que conectaron la desaparición de la nieta de Blaine con los incendios provocados por ese Entei?

Lance intercambió miradas con Frey y después con Krysta, como si estuvieran decidiendo quién era el mejor para responder a esa pregunta. Tras unos segundos de deliberación silenciosa, Lance fue quien tomó la palabra.

- No estamos seguros de si nos creerá, señor. – dijo el Campeón Regional. – A decir verdad, no sabemos con exactitud si nuestra fuente era quien decía ser.

- ¿Y quién decía ser? – preguntó el director.

- No quiso darnos su nombre, supuestamente por protección. – dijo Frey. – Solo nos dijo que había sido un miembro del Grupo Amano durante su año final antes del escándalo de su dueña.

- Seguramente usted habrá oído, ¿verdad? – continuó Krysta. – Uno de los golpes del Arácnido Negro fue exponer la corrupción de Callisto Amano y sus conexiones con esa operación de contrabando. Bueno, la persona que nos dio la pista dijo haber sido quien le dio al Arácnido Negro la información para exponer a Amano en ese entonces.

- ¿Pudieron verificarlo? – preguntó intrigado el director. – ¿Rastrearon la llamada?

- Lo intentamos, pero la conexión llevaba a múltiples líneas telefónicas, más de cien al mismo tiempo. – dijo Frey. – No sabía que eso fuese posible.

- No debería serlo, aún con la tecnología actual. – dijo Flagg. – ¿Y aun así le creyeron?

- Al principio no estábamos seguros, creímos que se trataba de algún tipo de broma. – dijo Lance. – Pero no muchos tienen acceso al canal de comunicaciones de los Hombres-G, y dado que no teníamos ninguna otra pista que conectara ambos casos…

- Siempre les he dicho que no hay que actuar por corazonadas. – les reprendió el director. – Los Hombres-G actuamos basándonos en hechos concretos. Sé que les otorgué a su Fuerza Especial un grado de autonomía para lidiar con este tipo de incidentes, pero espero que conozcan sus límites.

- Lo entendemos, señor. – se disculpó Frey.

- Esta vez lo dejaré pasar solo por sus resultados, y el historial de los tres. – dijo Flagg. – Aunque no enfrentarán acciones disciplinarias, en cuanto tengan una oportunidad, quiero que inicien una investigación sobre su fuente. La seguridad de la región podría verse comprometida si hay alguien allá afuera con acceso a ese tipo de información, y eso es algo que no podemos permitir. Es todo, los tres pueden retirarse.

Y sin decir más, los tres agentes abandonaron la oficina del director. Ninguno dijo una sola palabra al respecto, pero los tres estaban pensando exactamente lo mismo.

Quienquiera que hubiese sido esa fuente no solo tenía la información, sino que también tuvo los medios para contactarlos. Muy poca gente tenía acceso a ello, y todos sus nombres estaban en la base de datos. ¿Y cómo había hecho para conectarse por más de cien líneas telefónicas simultáneamente?

La misión podría haber sido un éxito, pero aún quedaban muchas interrogantes sin responder.


(-0-)


Cuando su padre lo llamó para pedirle su ayuda en algo, Falkner al principio creyó que sería una buena oportunidad de pasar tiempo juntos como padre e hijo. El líder del gimnasio de Ciudad Violet no se imaginaba que estaría peleando por su vida contra su primer compañero Pokémon, de todas las cosas.

Su visita a Rota los llevó a recibir una petición de la Duquesa Ilene en persona, que les explicó que un Guardián del Aura renegado había irrumpido en las bóvedas del ducado y robado un objeto antiguo y peligroso, que había sido sellado por el propio Sir Aaron para evitar que cayera en malas manos. Y ahora estaba atacando a gente sin motivo aparente, y necesitaban ayuda para aprehenderlo.

El experto en Pokémon pájaros se llevó más de una sorpresa cuando finalmente dieron con él. Para empezar, dicho criminal en cuestión era prácticamente un muchacho que si acaso llegaría a los dieciocho por lo que él estimaba. Era bastante más alto que él, eso sí, cabello negro ligeramente largo con unos ojos rojizos, y llevaba un atuendo que le recordaba bastante al uniforme de los caballeros de Rota, aunque con coloraciones grises en lugar de azules, y estaba acompañado por un Lucario variocolor que le asistía en sus fechorías. En su mano sostenía una gema muy extraña, que era de hecho el objeto que había robado.

Y la otra sorpresa, fue que dicho Lucario se encontraba lanzando ondas de aura grises por sus patas, para poner al Pidgeot de Falkner, su Pokémon más fuerte, en contra de ellos, y ahora estaba trabado en un combate mortal contra el Skarmory de su padre. Si esto seguía así, en el peor de los casos podrían terminar…

Falkner sacudió su cabeza, apartando ese pensamiento de su mente. Su prioridad de momento era salvar a su compañero, y luego castigar a los responsables.

- ¡Aumenta el control, Caliburn! ¡Ese pajarraco de hojalata es lo único que se interpone entre nosotros para exterminar a esos dos! – gritaba el joven criminal, hablándole a su Lucario. – ¡Estaremos un paso más cerca de nuestra misión!

- Sí, amo Lancelot. – replicó el Lucario, que aparentemente respondía al nombre de Caliburn.

A su alrededor yacían tirados varios Pokémon pájaros que pertenecían tanto a él como a su padre: Noctowl, Staraptor, Fearow, Dodrio, Swellow, Pelipper, Honchkrow… todos habían caído a causa de que Caliburn había usado sus poderes para hacer que se atacaran entre sí, y los únicos que quedaban todavía peleando eran Skarmory y Pidgeot. El único consuelo era que aparentemente el esfuerzo a lo largo de la pelea lo había agotado al grado que a solo podía enfocarse en controlar a uno solo de los dos. Si fuera a ambos, quizás ya estarían muertos.

Pidgeot graznó y comenzó a agitar las alas, enviando una corriente de viento ardiente sobre el Skarmory de Walker. El ave de acero había hecho entrenamiento para resistir el calor y el fuego, lo que le había ayudado a aguantar hasta entonces, pero ya estaba llegando a su límite. El ataque de Ola de Calor ciertamente era más fuerte de lo que Falkner recordaba habérselo enseñado, y se sentiría orgulloso de no ser porque estaban usándolo en su contra.

- Maldición… – dijo Falkner apretando los puños. – ¡¿No hay forma de romper ese control?! A este paso Pidgeot nos va a…

- Tranquilo, Falkner. Mira eso.

El muchacho miró hacia donde apuntaba su padre. Concretamente hacia la pata de Pidgeot, donde él había puesto un sujetador con una Pidgeotita, como recompensa por su desempeño durante el último año en el gimnasio, pero que no habían utilizado todavía. El actual líder del Gimnasio Violet no entendía del todo a qué se refería su padre, o de qué los podría ayudar.

- ¿Qué pasa con eso? – preguntó Falkner. – Si me estás pidiendo que Mega Evolucione a Pidgeot, ¿eso no empeorará nuestra situación haciéndolo más fuerte todavía?

- También hay una posibilidad de que sea nuestra salvación. – dijo Walker. – No es la primera vez que veo Pokémon capaces de ejercer control mental, pero incluso eso tiene su forma de contrarrestarse. Como un fuerte estímulo externo que sacuda todo el sistema del individuo.

Walker buscó dentro de su chaqueta y le arrojó un medallón alado, Falkner lo abrió y sus ojos se ensancharon al ver su contenido: una Piedra Activadora.

- ¿Papá?

- Es solo un presentimiento, pero… tal vez si activas la Mega Evolución puedas sacudir a Pidgeot lo suficiente como para romper el control de estos sujetos.

- Pero nunca lo hemos intentado antes.

- No es que tengamos nada mejor ahora. – insistió Walker. – Se supone que la Mega Evolución obtiene su poder de los lazos entre el Pokémon y su entrenador. Podría ser la única forma de salvar a tu compañero.

- ¡Dejen de murmurar y acepten su derrota! – exclamó Lancelot, haciendo que Pidgeot se lanzara con un choque de Alas de Acero contra Skarmory. Ambos pájaros se mantuvieron parejos, pero estaba claro quién de los dos llevaba la ventaja.

- ¡Solo hazlo, Falkner! ¡Nosotros trataremos de mantenerlo ocupado!

Falkner apretó los dientes, pero al ver el esfuerzo que hacía el ave metálica de su padre por resistir, finalmente decidió que no tenía nada que perder. Si la Mega Evolución se trataba del lazo entre él y Pidgeot, entonces tenía que concentrarse en todo lo que habían vivido, en sus recuerdos más importantes.

El día que el huevo que recibió de su padre se abrió, y nació su Pidgey. Los dos se volverían inseparables mejores amigos desde entonces.

Su primera victoria contra el Pichu de su vecino, demostrando que la ventaja de tipo no significaba nada para ellos.

Su evolución a Pidgeotto, que les ganó la carrera de obstáculos aéreos, lo que los impulsó a querer llegar a alturas mayores.

Aquel concurso de Poké-Aros. No ganaron, pero le dieron una buena pelea al campeón defensor y este los felicitó, invitándolos a intentarlo de nuevo cuando tuvieran más experiencia.

La primera vez que volaron juntos por la costa de Johto de ida y vuelta, al evolucionar a Pidgeot y ser ya lo bastante grande para cargarlo en su espalda.

Su primera batalla como líder del Gimnasio Violet. Un reto por octava medalla, pero no le permitió al retador ganar en su primer intento. Ni al segundo, ni al tercero. Le probaron su fuerza y determinación una y otra vez, hasta que desistió y decidió irse a otra parte a probar suerte.

- ¡PIDGEOT! – exclamó Falkner a todo pulmón, sosteniendo la Piedra Activadora encima de su cabeza.

Justo cuando Pidgeot azotó en la cabeza a Scarmory, enviándolo al suelo, y se disponía a rematarlo, la Piedra Activadora envió los hilos de energía hacia él. La Pidgeotita en su garra reaccionó de igual manera, y Pidgeot detuvo su ataque comenzando a retorcerse mientras era envuelto en ese remolino de energía multicolor.

- ¡¿CÓMO?! – gritó el guardián renegado.

La energía se disipó, creando un enorme estallido de aire que los sacó volando a todos. Falkner vio a su padre poniéndose de pie junto a él, y a Lancelot y Caliburn haciendo lo propio del otro lado. Skarmory por su parte también luchaba por incorporarse pese a sus heridas. Pero la mirada del líder de gimnasio estaba fija en su compañero, y en su nuevo aspecto.

Físicamente, Pidgeot estaba mucho más grande, su cresta había tomado un aspecto mucho más salvaje, y sus alas ahora tenían plumas azules en las puntas. Sus ojos que antes estaban furiosos y con un siniestro brillo rojo, producto del control mental, habían recuperado su color normal; y la Mega Piedra en su pata había desaparecido.

- Pidgeot, ¿sabes quién soy? ¿Me reconoces?

- ¡Caliburn, vuelve a aplicarle el control mental! – gritó Lancelot.

- Como diga, amo.

Caliburn volvió a emitir las ondas de control mental. Sin embargo, esta vez Pidgeot ni siquiera se inmutó. Parpadeó por unos momentos antes de graznar con rabia y deseos de venganza hacia quien lo obligó a atacar a sus propios amigos.

- ¿Qué estás haciendo? ¡Caliburn!

- Estoy intentándolo, pero… ¡no está funcionando! ¡La energía de la Mega Evolución repele mi aura!

- ¿Qué dices?

- Tenías razón, papá. – dijo Falkner. – Mejor todavía, parece ser que la Mega Evolución no solo rompió el control mental de Pidgeot, sino que lo volvió totalmente inmune.

- Ahora parecen haberse girado las tablas, ¿no? – agregó Walker.

- Eso es lo que ustedes creen. ¡Aún podemos controlar a su otro pájaro! ¡Caliburn!

Pero antes de que el Lucario variocolor pudiese ejecutar su orden, Pidgeot alzó el vuelo y comenzó a aletear, esta vez dirigiendo el ataque de Ola de Calor hacia sus adversarios. El Lucario instintivamente tuvo que interrumpir su intento para saltar frente a su amo y levantar una barrera de Protección. Si bien el domo protector evitó que las corrientes de aire los golpearan directamente, no impidió que el calor comenzara a llegárseles, empezando a sofocarlos en ese confinado espacio.

- ¡No te detengas, Pidgeot, mantén ese calor todo lo que puedas! – ordenó Falkner.

Pidgeot estuvo más que feliz de continuar agitando las alas. Pese a que Caliburn logró mantener la Protección activa todo lo que duró, no pudo proteger a su amo del calor, y eventualmente este se desmayó al no poder soportarlo. La breve distracción al darse cuenta de esto fue suficiente para que el domo protector flaqueara, haciéndole recibir el ataque directamente.

Y al estar potenciado por la Mega Evolución, fue lo suficientemente intenso para ponerlo al instante fuera de combate.

Padre e hijo inmediatamente corrieron hacia donde estaban sus adversarios inconscientes, y tras verificar que no se les fue demasiado la mano con ese ataque, Walker recogió la gema que Lancelot había soltado tras desmayarse. Apenas la tocó, el antiguo líder sintió que lo recorría una sensación escalofriante, como si hubiera algo maligno en ella.

- ¿Qué hacemos con esa cosa? – preguntó Falkner. – Parecía estar potenciando sus habilidades, ¿no?

- Hay que destruirla. – dijo Walker con determinación. – La duquesa no dijo nada de que debíamos recuperar esto intacto, y es mejor que no caiga en las manos equivocadas.

Falkner asintió estando de acuerdo, y miró a Pidgeot para que hiciera los honores. Walker le pasó al Mega pájaro el objeto, y su pico comenzó a resplandecer con un ataque de Picoteo antes de triturarlo repetidamente y escupir los fragmentos lejos de allí.

A Falkner le pareció oír un grito agudo en el momento en que destruyó la gema, pero eso ya no importaba. El peligro había pasado y todos ellos se habían salvado de las fechorías de este sujeto.

Ahora solo quedaba darle su debido castigo.

Ya en el Palacio Cameran, la Duquesa Ilene les otorgó a Falkner y Walker una medalla como reconocimiento especial por su servicio al haber detenido a Lancelot antes de que pudiese causar más daño.

- El Ducado de Rota les está profundamente agradecido a ambos. – declaró solemnemente. – Nos aseguraremos que Lancelot pague por sus crímenes y que lo que hizo no se vuelva a repetir.

- ¿Qué sucederá con él? – preguntó Falkner.

- Pese a su edad, será juzgado como un adulto, y se quedará tras las rejas hasta entonces. Sin duda sus acciones han dado un muy mal nombre a los Guardianes del Aura de Rota, y su legado.

- Hablando de eso, ¿por qué atacaba a esas personas? – preguntó Walker. – Había escuchado que la misión de los Guardianes del Aura era proteger a otros, no asesinarlos.

Hubo un momento de silencio antes de que la duquesa decidiese responderles. Claramente era un tema delicado y que no se trataba a menudo.

- Lancelot alguna vez fue uno de los aprendices más notables entre los Guardianes del Aura. Era un prodigio y sus habilidades eran remarcables, pero hubo algo que siempre lo perturbó. Ver mucho sufrimiento y discriminación que sufrían los Bloodliners como él lo llevó a abandonar su entrenamiento, y al parecer ha perdido su camino. Sin embargo, nunca lo creí capaz de semejantes actos. Lo único que se me ocurre es que la gema que robó tuvo algo que ver en ello.

- Eso es una locura. – dijo Falkner. – No todos odian o quieren lastimar a los Bloodliners. Pero de nuevo, cuando fuimos a verlo a su celda, dijo un montón de cosas extrañas, así que puede que no esté del todo bien de la cabeza.

- ¿Qué cosas dijo? – preguntó Ilene.

- Dijo algo que el tiempo de los humanos normales ya llegó a su fin, y que es hora de que los Bloodliners corrijan todos los errores que han cometido. También dijo algo de que esa celda no podrá retenerlo para siempre, y menos impedirle comunicarse con su compañero.

- No hay de qué preocuparse. – aseguró Ilene. – El Aura ha sido un poder muy conocido en Rota desde tiempos ancestrales, así que conocemos formas de neutralizarla. Le hemos colocado grilletes y ropas con un revestimiento especial que bloquea sus habilidades, para que no pueda intentar nada ni usar ninguna de sus habilidades. También mantendremos a su Lucario bien lejos de él.

Falkner y Walker sintieron alivio de escuchar eso. Ese muchachito de verdad estaba muy mal de la cabeza, y así como estaban las cosas, estaba mejor encerrado que suelto y volviendo a hacer cosas como controlar Pokémon para que se mataran entre ellos con su Lucario. Al menos con esa piedrita fuera del camino ya no debería ser capaz de volver a hacerlo, al menos no como antes.

Demasiado pedir para un retiro tranquilo entre padre e hijo.

- Creo que ya eso es todo. ¿Capitán?

- ¿Sí, milady? – dijo el mencionado guardia que la acompañaba.

- Por precaución, ordene a sus hombres que vigilen a ambos prisioneros en todo momento, para que no intenten nada.

- Como usted ordene.

Mientras los líderes de Ciudad Violet y la Duquesa se relajaban, ninguno de ellos se fijó en el capitán, y como su capa brevemente parpadeaba de pixeles por una fracción un segundo antes de cruzar la puerta de la sala del trono. Poco sabían que ese no era el verdadero capitán, aunque no notarían la diferencia.

Después de todo, su impostor únicamente necesitaba implantarle memorias falsas mientras seguía dormido para que creyera que había sido él todo ese tiempo, y los eventos seguirían su curso.


(-0-)


Los Bloodliners habían cambiado la sociedad de maneras que la gente no podría imaginar. La reacción de las personas ante su existencia fue en su mayoría negativa, despreciándolos y atacándolos, expulsándolos de sus hogares...

Y sin embargo, había personas que veían en los Bloodliners una buena forma para enriquecerse.

Aquella enorme embarcación que navegaba de noche a través de una tormenta, a primera vista parecía un barco carguero, pero en realidad era mucho más que eso. Bajo la mesa, aquel barco manejaba un negocio mucho más lucrativo, pues se dedicaba a transportar Bloodliners de una región a otra.

Todos aquellos Bloodliners que necesitaban escapar, estaban siendo perseguidos o incluso aquellos que eran buscados por las autoridades; podían utilizar embarcaciones como esta para llegar de forma segura o ilícita a otras regiones, donde nadie los conocía, podrían cambiar sus identidades o conseguir una nueva vida. Evidentemente este no era un lujo que cualquiera se podía permitir: el capitán de la embarcación no los ayudaba por generosidad. Debían pagar una gran cantidad de dinero si querían viajar.

Desafortunadamente, en está ocasión llevaban a cierto polizón muy peligroso…

- ¡Muere! ¡Muere! ¡MUERAN TODOS!

El barco era un completo desastre; hasta donde sabía la tripulación estaba muerta y los Bloodliners corrían por todas partes desplegando sus destructivos poderes. Uno de ellos arrojó enormes llamas infernales desde sus manos, obligándolo a ponerse a cubierto hasta que pudiese recargar su ataque.

Para fortuna o desgracia de los tripulantes del barco, ahí se encontraba él, la única persona con la experiencia suficiente como para lidiar con esta situación: El Cazador de Bloodliners.

-Así que uno de Inferno. – El Cazador se planteó sus posibilidades mientras se cubría de las llamas. – Gasta demasiada energía; solo necesito esperar a que se agote.

Así lo hizo; esperó en el momento en que las llamas cesaron, y antes que viniera la siguiente ronda, corrió a toda velocidad hacia él y lo noqueó de un puñetazo en la cara. Estuvo a punto de ponerle fin, pero dos Bloodliners más se interpusieron en su camino, el primero sacando una especie de cola de energía de atrás y el segundo usando látigos de energía que salían desde sus mangas. Tras evadir sus ataques, envió a los Pokémon que había traído consigo para que le abrieran camino: un Flareon, un Dragonite, un Starmie y un Golduck.

Esta podría ser la misión más peligrosa que emprendió hasta ese momento. Todos aquellos monstruos atacaban enloquecidos, perdiendo cualquier tipo de raciocinio y simplemente lanzándose a lo loco, sin importar cuanta muerte y destrucción produzcan en el camino. Uno de sus más grandes miedos se había hecho realidad.

Uno de estos Bloodliners, que era de los más difíciles de rastrear gracias a que era capaz de cambiar su apariencia y camuflarse entre la gente, era el responsable de toda esta masacre. Aparentemente, al principio no era más que un simple ladrón de poca monta, pero se había apoderado de una máscara maligna que lo convirtió en un asesino, y para empeorar, le permitía transmitir su locura a todos los demás Bloodliners con los que había tenido contacto.

Mientras el Cazador y los Pokémon que lo acompañaban corrían por la cubierta del barco, esquivando toda clase de ataques, comenzó a recordar la advertencia que recibió, la razón por la que había conseguido infiltrarse en el barco y rastrear al transformista con tanta facilidad. Ya se estaba acostumbrando a escuchar a sus fantasmas del pasado, pero no se esperaba volverlo a ver a él…

- ¡Tienes que encontrar a ese ladrón y destruir la máscara que robó! – le advirtió lo que parecía una figura cuadrada y pixeleada. – ¡Es pieza clave para el futuro que intentas evitar! ¡Esa máscara está poseída por un Pokémon oscuro que fue exiliado por el mismísimo Arceus! ¡Si fracasas en esta misión, todo aquello por lo que has luchado estos años será en vano!

Y aparentemente, el mensajero de Arceus tenía razón. No sabía si era por energía de Giratina o del mismísimo Lord Helix, pero el poder de esa máscara era autentico. El ladrón la había robado de un museo hacía poco, y aparentemente pensaba transportarla en este barco. Pero algo debió salir mal, porque abandonó cualquier sigilo y se dedicó a infectar a otros Bloodliners para causar caos y destrucción.

Era como si todas sus pesadillas se hubieran materializado, este era precisamente el futuro que estaba intentando evitar. Monstruos como esos utilizando sus poderes para asesinar gente inocente, tal y como en sus sueños…

Pero en esta ocasión era real. Debía encontrar al ladrón y acabar con él y cortar este peligro de raíz.

- ¡Dragonite, Híperrayo!

Consiguió abrirse camino gracias a sus Pokémon acompañantes, pues Dragonite le conectó su Híperrayo a un Bloodliner de Combate Cercano que se interponía en su camino. Al ver que se acercaban más, envió a Golduck y Starmie a dispararles una ráfaga de burbujas. Estaba por continuar con su avance, pero vio cierto brillo en los ojos de Dragonite y tuvo que regresarlo a su Pokébola antes de que algún Corazón de Dragón tome control sobre él. Uno de ellos aprovechó la oportunidad para cargar contra el Cazador con sus puños cargados en fuego, pero…

- ¡No me tomarás por sorpresa, monstruo!

Con una rápida reacción, el Cazador sacó su navaja y al esquivar el puño llameante de su enemigo, le atravesó la mano con su arma y se lo clavó contra la pared. Entonces una explosión le advirtió como el Flareon que lo acompañaba salió volando fuera del barco por algún ataque; Había muchos Bloodliners dispuestos a atacarlo, ya sea con garras de energía emergiendo de sus manos, alas de energía, cuchillas de agua e incluso uno que había recubierto su puño con acero.

No podía contra todos al mismo tiempo… Pero estaba preparado para eso.

- ¡Ahora!

Arrojó una bomba de gas que cegaría a todos sus enemigos mientras él avanzaba a su destino. Uno de ellos, que aparentemente poseía la habilidad Vista Aguda, intentó interceptarlo con un pico de energía, pero el Cazador rápidamente lo noqueó electrocutándolo con su bastón. Finalmente encontró la puerta que lo llevaría a la habitación del capitán y la atravesó mientras Starmie y Golduck luchaban contra los demás enemigos.

- Arceus santo…

La vista que el Cazador encontró al otro lado era una autentica escena del crimen, con todo destrozado, cuerpos y sangre por todas partes. Había cinco cuerpos sin vida en la habitación, dos de ellos parecían pertenecer a Bloodliners y los otros tres del capitán y su tripulación.

Había llegado muy tarde para evitar la masacre, pero esperaba encontrarse al transformista en esta habitación…

- ¡Sé que estás aquí, monstruo! – gritó el Cazador. Siendo un maestro del disfraz, estaba seguro que se encontraba en la habitación, pero tenía que hacerlo salir. – Sí no puedo encontrar al real, entonces acabaré con todos.

El Cazador sacó un pequeño explosivo y estaba por arrojarlo, cuando el "cadáver" del capitán se levantó de forma repentina para atacarlo. Había mordido el anzuelo.

- ¡Maldito demente! – El capitán arremetió contra él, pero el Cazador lo rechazó golpeándolo con su bastón. En ese momento, tanto el rostro como el físico cambiaron, mostrando a alguien de cabello negro azulado con una máscara dorada cubriéndole el rostro. Ya tenía su objetivo.

- Es hora de que purgues tus pecados, maldito demonio. – le habló el Cazador. – Pagarás por todas y cada una de las vidas que quitaste. Tengo experiencia más que suficiente cazando a monstruos como tú.

- ¡No me compares con esos Bloodliners de hoy en día! – replicó enfurecido el hombre enmascarado. – ¡Yo soy superior a ellos! ¡Yo fui elegido con los poderes de transformación en una época donde muy pocos poseían habilidades! ¡Soy superior y con el poder de está máscara…!

Pero el transformista no pudo terminar su discurso. Enfurecerlo había sido funcionado, pues se descuidó y pudo desenfundar un revólver que tenía escondido en su gabardina. El objetivo era claro: un disparo limpio en la cabeza acabaría con él, y con la maldita máscara.

Así que jaló el gatillo y un segundo después, su enemigo cayó hacia atrás, sin vida.

En ese instante, un extraño humo negro de lo que parecía ser energía maldita cubrió la habitación y por unos instantes el Cazador sintió miedo al escuchar un grito agonizante proveniente del mismísimo Lord Hélix. El peligro ya había pasado, pero el Cazador todavía tenía los ojos abiertos de la impresión, se sentía como si hubiera visto el inframundo con sus propios ojos.

Mirando el cadáver de su enemigo, y el arma en su mano, un pensamiento invadió al Cazador. Mejor asegurarse de que estuviera bien muerto. Un solo disparo no bastaba, mejor destruir la maldita máscara totalmente.

Y sin perder tiempo, vació toda la carga del arma en la cara de su enemigo, haciendo saltar sesos y pedazos de máscara. Solo para estar seguro de que tanto ese demonio como su máscara nunca más volvieran a dañar a nadie.

Se tomó unos segundos para contemplar sus resultados.

- ¡Menos mal! ¡Oye, amigo! ¡Necesitamos ayuda! – El Cazador se volteó encontrándose un muchacho con marcas en su mejilla, gravemente lastimado mientras ayudaba a caminar a un adulto que apenas parecía mantener la conciencia. – Me alegra haber encontrado a alguien. Todos están heridos y débiles, no sé qué fue lo que ocurrió, gastaron hasta lo último de sus energías.

Ante esas palabras el Cazador simplemente sonrió. Si había un lado positivo de todo esto, era que el cambiaformas lo había llevado hacia varios objetivos potenciales, y había uno de ellos, como cereza sobre el pastel.

No dejaría ningún superviviente en esta embarcación. Tenía todo el tiempo del mundo para reclamar su recompensa; la verdadera masacre acababa de comenzar…


(-0-)


Mientras se paseaba por los inmaculados corredores del nivel subterráneo del Paraíso Aether, Guzma gruñó para sí mismo. Ya detestaba la posibilidad de ser visto alrededor de los miembros de la Fundación aún con el trato que había hecho con Lusamine, pero lo que empeoraba las cosas todavía más era saber que lo habían llamado aquí porque uno de sus muchachos había empezado a causar problemas, golpeando a gente y Pokémon indiscriminadamente mientras gritaba cómo nadie iba a poder detenerlo, hasta que algunos de los empleados de la Fundación lograron hacer exactamente eso, contactando a Guzma para descubrir lo que estaba mal con él, especialmente ya que pidió ver a su jefe sin una sola pausa. Sabía lo imbéciles que podían ser sus muchachos, pero andar suplicando que los atraparan era un nuevo nivel de caer bajo hasta para uno de ellos.

No pasó mucho tiempo antes de que a Guzma finalmente se le permitiera ingresar a la habitación, apenas prestando atención a los múltiples empleados que yacían en el suelo, que solo esperaban que las cosas terminaran pronto y sabiendo que el sentimiento era mutuo de parte suya. Al entrar en el pequeño y frío cuarto blanco, el jefe del Equipo Skull fue recibido por la imagen de uno de sus secuaces mirándolo de frente, con la máscara lo bastante abajo para ver la gran sonrisa de dicho secuaz, que le saludaba con la mano al hombre mayor.

Guzma gruñó, con las manos en sus bolsillos. – Y bien, ¿qué fue lo que hiciste? La Fundación ya me dio un buen resumen de tus andadas…

- ¡Es esta cosa, jefe! ¡Encontré esta pequeña joyita y me hizo sentir superpoderoso! – El secuaz registró entre su bolsillo, sacando una pequeña esfera dentada de color puro negro, sosteniéndola orgullosamente cerca de la cara de Guzma. – ¡Tienes que sentirla! ¡Es increíble!

Guzma no compartía el entusiasmo de su subordinado, frunciendo el cejo tratando de averiguar cuál era el alboroto por todo eso. – ¿Y para qué sirve esta piedrita?

- ¡Me dijo cosas! ¡Que me hiciera salvaje, que podría lograr cualquier cosa, y funcionó! ¡Me dio todo lo que podría haber deseado! – El secuaz la presionó más cerca del rostro de su jefe, y con su sonrisa todavía ensanchándose más. – ¡Tienes que usarla! ¡Así le podrás darle con todo a Alola con ella!

Retrocediendo ligeramente, Guzma finalmente cedió y cogió la extraña piedra, entrecerrando sus ojos para verla. – ¿Esta pequeña baratija?

En cuanto dijo eso, un dolor agudo invadió totalmente el cuerpo de Guzma, congelándolo donde estaba hasta que lo hizo agacharse. Sintió como que algo externo invadía todo su ser, apenas logrando contenerlo, mientras su secuaz lo miraba con excitación, como si todo estuviera predeterminado. Y entonces habló una voz estruendosa desde la piedra negra.

- El Emperador de la Destrucción, Guzma. Tu secuaz te tiene en una gran estima.

Guzma frunció el cejo, tratando de darle sentido a esa voz, sujetando con fuerza la piedra. – Qué... ¿Qué cosa eres...?

- Soy… un amigo, se podría decir. Un espíritu afín que quiere ayudarte a eliminar todo lo que se interpone en tu camino.

Incluso al dar un respingo mientras soportaba la influencia oscura que lo envolvía, Guzma miró a la piedra parlante, sintiendo que la curiosidad y la intriga le invadían ante la oferta. – ¿Y eso cómo lo harás?

- Acéptame. Permíteme volver a completarme. Y destruiremos todo juntos.

Guzma se quedó en silencio, considerando la oferta. No hacía falta ser un genio para darse cuenta que las palabras de la piedra difícilmente serían de fiar, y había visto suficientes películas para saber dónde terminaban los tratos como estos. Sonaba como una idea horrible, y a pesar de eso, teniendo una oportunidad de probar verdaderamente su poder, para que toda Alola temiera su nombre, era demasiado tentador para dejarlo así no más.

Pero la piedra todavía no terminaba de hablar. – Podrías tener todo el poder que anhelas a tu disposición. ¿Qué más podría desear un ser frágil como tú?

Guzma abrió bruscamente los ojos, mirando otra vez la piedra. Esta se mantuvo en silencio, con su oferta abierta, y aun así las consideraciones de Guzma se habían detenido. Su mirada se tornó aguda, dura, mientras apretaba su agarre en la esfera con su fuerza incrementada.

- ¿Frágil? – le gritó Guzma a la piedrita, apretándola tan fuerte que la mano le temblaba. – ¿Te atreves a llamarme frágil?

- No quieres serlo…

- ¡No te atrevas a burlarte de mí, maldito guijarro! ¡No necesito nada que puedas ofrecerme! ¡Ya soy la destrucción en forma humana!

Guzma continuó sujetando la piedra dentada, con su ira superando cualquier influencia oscura que ese pedazo de tierra tuviera sobre él, volviendo a ponerse de pie cuan alto era mientras la sujetaba con fuerza, empezando a formarle grietas por la fuerte presión que ejercía sobre ella.

La voz se quedó en silencio, quizás en shock por el desprecio del hombre, haciendo que estallara una telaraña de grietas por toda su superficie. – Te arrepentirás.

No logró terminar su amenaza, ya que Guzma lanzó la piedra hacia la pared con un movimiento rápido y poderoso. Impactó poco después, haciéndose añicos apenas golpear, y haciendo que los fragmentos estallaran en energía oscura, sin dejar nada atrás.

Todo ese rato, Guzma continuó observando la pared que golpeó la piedra, con una mueca de pura rabia todavía dibujada en su rostro. Esa cosa se atrevió a considerarlo a él frágil, como si realmente necesitara el poder de algo más para ser alguien. Ya era capaz de ser fuerte sin Movimientos-Z; no necesitaba lo que fuera que esa maldita piedra querría darle. Él no era frágil, no era un tonto, y más importante aún, no era débil.

Solo fue cuando respiró lentamente y se calmó un poco que recordó que no estaba solo en la habitación. Se giró hacia su secuaz, y dicho subordinado lo miró de vuelta, mucho más pálido. Su anterior sonrisa estaba completamente ausente.

- ¿Jefe...? ¿Estás… estás bien? – preguntó, con la voz mucho más baja que antes.

Guzma no respondió, simplemente reflexionando de lo que acababa de suceder. Y entonces, abruptamente se agarró la cabeza, sacudiéndola salvajemente en un repentino arrebato de rabia.

- ¡¿Qué estás haciendo, Guzma?! – le gritó a nadie en particular, hasta que dejó de sacudir la cabeza y respiró profundamente. Y luego volteó a ver a su secuaz, tocándole el pecho con el dedo. – La próxima vez, asegúrate que las baratijas como esa valgan para algo. ¿Entendiste?

- De acuerdo… – El secuaz parecía estar arrepentido, hasta algo triste, pero a Guzma no le importó mucho; sabía que desde el momento que regresaran a Pueblo se animaría jugando algunos videojuegos con los demás.

Y así, sin decir ni una palabra más, Guzma y su secuaz abandonaron la habitación y se dirigieron hacia el muelle del Paraíso Aether, esperando que este extraño evento fuese el final de este día tan condenadamente extraño.

Todavía no era el final.

El empleado calvo de la Fundación Aether suspiró mientras observaba al líder del Equipo Skull, sentado en una silla con los pies sobre la mesa, los brazos cruzados y un gesto fruncido de molestia en su rostro. Era muy evidente que no le gustaba que lo retuvieran en el Paraíso Aether todavía más de lo que creía necesario, pero esto era demasiado importante para que el hombre se fuera todavía.

- Entonces, ¿cuánto va a tardar esto? – preguntó Guzma, sin siquiera molestarse en sonar interesado.

- Serán solo algunas preguntas. Las piedras como la que encontró tu secuaz parecen haberse convertido en el centro de atención últimamente.

Guzma frunció el cejo todavía más, casi tomándose con seriedad el tema. – ¿Qué, es que son las piezas de un Pokémon Legendario o algo así?

- Algo por el estilo.

- Habría sido bueno saber eso con anticipación.

El empleado entornó la mirada, observando varias veces al líder del Equipo Skull. – Pero tu caso es muy peculiar. La mayor parte de la gente que ha sido víctima de estas piedras tuvo que pelear activamente contra su influencia, o terminó cayendo en ella, mientras que tú lograste sacudírtela de encima tú solo.

- Quizás es que soy demasiado terco para esa piedrita malvada, ¿quién sabe? – se rio Guzma, colocando las manos detrás de su cuello con una sonrisa macabra y confiada.

El hombre calvo, por su parte, se tocó la barbilla. – Así que una voluntad fuerte es capaz de retenerlo completamente…

- Voluntad fuerte nada. El sujeto estaba tratando de hacerme que "volviera a completarlo" o alguna otra estupidez como eso.

El cuerpo del empleado se tornó rígido, mirando de vuelta hacia Guzma. – ¿Qué tan coherente fue?

- Lo bastante como para mantener una conversación. – El hombre se encogió de hombros, sin ver por qué era tan importante.

Sin embargo, eso hizo que el empleado se detuviera momentáneamente. Hasta entonces, aunque la piedra parecía hablar de verdad, era más cercano a un intento de posesión que una discusión real. Hasta entonces. Había creído que romper cada pedazo de la influencia de ZZAZZ habría reducido su poder, pero si su coherencia se había incrementado, no pudo evitar preguntarse si lo contrario era real en vez de lo que pensó.

- ¿Cuál es el problema de todos modos? ¿Esto es algún tipo de posesión demoníaca? – preguntó Guzma, con la mirada tornándose inquisitiva.

El empleado se encogió de hombros, sin ver ningún daño en soltar algo de información. – Más o menos. La criatura dentro de la piedra no debe volver a andar libre por allí nunca más.

- ¿Y qué, es que planeas revisar y destruir cada piedra hasta que no quede ninguna?"

- No estoy seguro. Es un nuevo problema.

Guzma rodó los ojos, difícilmente impresionado por las palabras del empleado. – Suena como una pérdida repetitiva de tiempo para mí. La cosa no es un peligro a menos que alguien sea lo bastante idiota para agarrar una de esas piedritas, ¿no?

El empleado no dijo nada, dándose cuenta que el hombre tenía razón. Hasta entonces, se había enfocado mayormente en reaccionar al problema causado por cada fragmento, sabiendo bien que era solo para evitar que incrementara la brecha y contener la influencia de ZZAZZ. Quizás era tiempo de tomar un enfoque diferente…

Al no recibir respuesta, Guzma rodó los ojos, parándose de la silla y dirigiéndose hacia la puerta. – Bueno, si no tienes nada más que hacer, me voy. Saluda a la Presi por mí.

El líder del Equipo Skull azotó la puerta tras de sí, dejando solo al otro hombre. Sin más necesidad de mantener la charada, MissingNo volvió a su típica forma de glitch, todavía pensando en la sugerencia de Guzma.

Hasta ahora, los fragmentos de ZZAZZ que mandó a otros para que lidiaran con ellos causaron una gran variedad de problemas, y aun así no servía de nada para deshacerse de él totalmente. Siempre había un nuevo fragmento, un nuevo problema para resolver en alguna otra parte de la línea temporal, y cada vez las cosas se ponían más difíciles de controlar. Tuvo suerte de que Guzma resultara ser un sujeto tan propenso a la ira que rechazaría los encantos de ZZAZZ, pero no podía contar con que la siguiente víctima tuviese esa suerte.

Necesitaba una solución más permanente, concreta, y tal vez, ya sabía exactamente con quién hablar para encontrarla.


(-0-)


- ¿Trajiste un qué aquí?"

La mirada de Zinnia era penetrante, intensa, e increíblemente enojada, como esperaba que lo sería. Steven levantó ambos brazos despreocupadamente, manteniendo al anciano de baja estatura a plena vista.

- Lo conocí durante mi última excursión aquí en las Cataratas Meteóricas. Es un historiador interesado en aprender más sobre tu cultura. – explicó. El hombre observaba las casas de la Aldea Meteórica mientras estaban de pie enfrente de la de Zinnia, fascinado por la arquitectura, y tomando notas en su libreta. Se habían encontrado por pura casualidad, pero Steven estaba lo bastante intrigado por su misión como para traerlo aquí al escondite de los dracónidos.

La explicación no sirvió para ablandar a Zinnia, que se masajeó la frente frunciendo el cejo. – Ya sabes que tú y el amigo de Ryuga son las únicas excepciones. Los sootopolitanos no son bienvenidos aquí.

Steven, ya acostumbrado a su temperamento e inflexibilidad a estas alturas, simplemente asintió y sonrió. – Estoy seguro que tu abuela se hará la vista gorda con esto.

- Claro que sí. – Zinnia rodó los ojos, atrayendo su atención al hombre bajito, observándolo suspicaz y detenidamente. – ¿Quieres demonizarnos de nuevo? ¿Tratarnos como alguna curiosidad estúpida para ustedes los sootopolitanos?

- Todo lo contrario, en realidad. – El hombre guiñó el ojo, presentando los contenidos de su libreta para que la cronista pudiese verlos. – Soy un cuentacuentos de oficio, como verás, y creo firmemente que hay siempre dos lados en cada historia. Me sentiría honrado de escuchar el relato de los dracónidos de boca de su propia cronista, para que más gente pueda saber de lo duras que son sus condiciones.

- Ya demasiados sootopolitanos lo han hecho. Cada uno tenía motivos subrepticios. – dijo directamente, afilando su mirada. Aunque eso no detuvo la actitud jovial del historiador.

- Oh, puedo confirmarte que mis intenciones están puramente motivadas por la curiosidad. Conozco de la cultura dracónida desde hace mucho tiempo, pero nunca tuve la oportunidad de discutirla con alguien de tu posición, señorita Zinnia. – Se inclinó respetuosamente, todavía ofreciendo el fruto de su escritura. – Significaría mucho si aceptaras relatarme tu historia.

La mujer por fin se rindió y tomó la libreta, leyendo su contenido lentamente. Parecía en conflicto, considerando todo lo que estaba absorbiendo. Pero al final, suspiró, mirando a Steven con el cejo fruncido.

- Si algo malo llega a pasar, nunca te lo perdonaré. – Su tono era filoso como una daga, y Steven sabía que probablemente estaba a nada de tirarle a su Salamence al menor problema.

Steven se metió las manos a los bolsillos, sin perturbarse nada. – No lo hará, puedes estar segura.

Zinnia continuó observándolo, y finalmente se rio, redirigiendo su atención de nuevo al anciano. – Muy bien, entonces, vamos adentro, señor "historiador".

- ¡Con gusto!

La cronista entró a su casa seguida del historiador, y los dos cerraron su puerta para permitir que el intercambio sucediera en privado y dejando al Campeón de la región Hoenn a solas con sus pensamientos. Este sonrió, de pie esperando y golpeando el pie rítmicamente. La idea de que alguien quería contar la historia de los dracónidos desde la perspectiva de ellos y tratar de cerrar la brecha entre ellos y los sootopolitanos sonaba simple en papel, pero sabía que publicarla para comenzar y enviarla con el mensaje correcto eran otro cúmulo de problemas. Pero eran batallas que valía la pena librar.

Steven dejó que su mirada vagara, viendo a los varios dracónidos moverse alrededor y ocupados en sus propias rutinas. Algunos notaron al Campeón, saludándolo al verlo, mientras que otros mantenían su distancia, apenas convencidos de que un sootopolitano podría estar interesado en hacer algo bueno por ellos. Steven no estaba sorprendido: el camino de reconciliación era largo, pero estaba listo para tomar cada paso para llegar allá, sin importar lo pequeño que fuese.

Sus pensamientos fueron bruscamente interrumpidos, sin embargo, cuando un grito de "¡Señor Stone!" salió de un túnel cercano, y un muy familiar niño dracónido llegó corriendo hacia él con mucha prisa.

- Tú eres… Ryuga, ¿correcto? – preguntó Steven, alzando una ceja.

Ryuga no le respondió, y en vez de eso señaló en la dirección de donde vino, con una expresión sombría en el rostro. – ¡Es una emergencia! ¡El Equipo Zenith está aquí!

Steven frunció el cejo al oír el nombre de dicho equipo, soltando un breve gruñido.

- De verdad que no saben cuándo renunciar… – Respiró profundo, arrodillándose para ver a Ryuga en los ojos. – ¿Cuántos de ellos hay?

- Solo es uno, pero se apoderó de una extraña roca de nuestra sala de tesoros antiguos. ¡Está planeando atacar la aldea!

Steven no necesitaba más información, y rápidamente cogió su Pokébola más preciada, dejando salir a su Metagross variocolor y saltando encima, dejando que el niño dracónido se montara junto con él. – Llévame hasta allá, Ryuga.

El niño asintió, y sin tardanza, el confiable compañero de Steven salió volando a través del túnel bajo la guía del dracónido, tratando de llegar hasta el miembro del Equipo Zenith. Si solo era una única persona, necesitaban actuar sin perder el tiempo: una oportunidad de paz entre los dracónidos y los sootopolitanos tenía lugar, y estaba listo para cualquier cosa con tal de asegurarse de que transcurriera sin ningún problema.

No tardaría mucho para que Steven y Ryuga llegaran hasta su destino, una enorme sala dentro de la cueva de cara hacia el lago subterráneo más grande de las Cataratas Meteóricas, rodeado por varias estalagmitas y estalactitas por todo el lugar. Apenas entraron, pudieron ver a su objetivo acercándose a la aldea, con un Flygon volando junto a él y listo para pelear. Metagross depositó a ambos detrás de un enorme muro natural, dejando que el hombre y el niño vigilaran sus movimientos.

- ¡Aquí está, señor Stone! – Ryuga apretó sus puños con determinación, antes de dar un giro rápido y prepararse para ir por el otro lado. – ¡Iré a buscar ayuda de inmediato!

Steven se sorprendió de ver al niño que antes estaba tan dispuesto a pelear contra el Equipo Zenith ir tan rápido en busca de ayuda, pero se ajustó su chaqueta despreocupadamente, tratando de tranquilizarse. – Muy bien, pero eso no será necesario. Soy la única persona que necesitamos para esto.

Ryuga le dio un pulgar arriba, antes de salir disparado por la cueva y dirigirse a la Aldea Meteórica, dejando al Campeón y a su Metagross a solas para encarar la amenaza. El hombre decidió rápidamente poner manos a la obra, abandonando su escondite y aproximándose hacia el soldado del Equipo Zenith.

- Para un grupo de científicos, nunca aprenden de sus errores. – dijo el hombre, con Metagross a su lado listo para lanzar cualquier ataque a su disposición. El soldado Zenith rápidamente le devolvió la mirada con unos ojos carmesís, con una enorme y malvada sonrisa en su rostro y en el de su Flygon.

- ¡Mira quién está allí! ¡El Campeón en persona! – Dio un puñetazo hacia el aire, sonriendo de ver a Steven. – ¡La víctima perfecta para el ascenso del Equipo Zenith!

- Lamento informarte que eso ya ocurrió antes, y fracasó. – Steven dio un paso al frente, tronando sus puños mientras Metagross flotaba frente a él. – Pero puedes intentarlo de nuevo, si quieres.

El miembro del Equipo Zenith aceptó el desafío, agitando su mano en el aire. – ¡Flygon, Aliento de Dragón!

- ¡Metagross, Cañón Destello!

La ráfaga de energía draconiana chocó contra el rayo de poder metálico a medio camino, y los ataques comenzaron a empujarse uno contra el otro buscando hacerse retroceder. Flygon y Metagross continuaban ejerciendo sus poderes, con ambos ataques tratando de sobrepasar al otro, pero no pasó mucho para que el rayo de metal lo atravesara, acortando la distancia hacia el Pokémon tipo Tierra/Dragón.

Aun así, con las posibilidades en contra, su oponente no dejó de sonreír. – ¿De verdad piensas que puedes derrotarnos? ¡Flygon, mostrémosles lo que podemos hacer!

La esfera oscura en las manos del soldado pulsó con energía, y de repente, un aura oscura brotó tanto del hombre como de su Flygon, envolviéndolos completamente. El Aliento de Dragón emergió del dragón verde con una renovada intensidad, recuperando la rápidamente el terreno perdido y viajando de vuelta hacia Metagross. Steven se congeló, y también lo hizo Metagross mientras el Pokémon Dragón disipaba totalmente el Cañón Destello, estrellándolo contra el suelo de la cueva, que se agrietó ante el impacto.

Steven se quedó allí, mirando con confusión mientras Metagross volvía a levantarse, solo ligeramente dañado, pero igual de sorprendido que él por el repentino pico elevado de fuerza. Encaró al miembro del Equipo Zenith con el cejo fruncido. – ¿Cómo...?

- ¡Esta piedra, Campeón! ¡Es todo gracias a ella! – sonrió el soldado, sujetando la esfera oscura y pulsante en alto, y sus ojos flasheando de un profundo carmesí. – ¡Me ha dado el poder para resucitar al Equipo Zenith! ¡Un poder más fuerte que cualquier Megalito o Mega Evolución! ¡Un poder que te destruirá! ¡Flygon, otro Aliento de Dragón!

Steven y Metagross apenas fueron lo bastante rápidos para saltar en direcciones opuestas, otro Aliento de Dragón cortó a través del suelo entre ellos y atravesó la pared de la cueva, consumiendo todo a su paso. Cuando el polvo se alzó sobre el punto de impacto y el ataque se disipó, Steven continuó observando el daño, totalmente sorprendido por ese incremento de poder. Y entonces observó de nuevo al sonriente y arrogante dúo de entrenador y Pokémon. No tenía idea de cómo esa piedra los estaba ayudando, pero esa era todavía mayor razón para encontrar la manera de detenerlos.

El hombre claramente disfrutaba de su actual ventaja sobre el Campeón, carcajeándose excitado mientras sujetaba aún más fuerte la piedra, y el aura oscura alrededor de él y su Pokémon comenzaba a incrementarse considerablemente.

- ¡Arrodíllate ante nosotros, Campeón! ¡No hay forma de que vayas a… vayas a… ughhh!

De repente, el soldado cayó de rodillas, sujetándose con fuerza, y toda su bravata se disolvió mientras su cara se contraía en una expresión sombría. Flygon reaccionó de manera similar, cayendo al suelo y temblando de dolor, y la oscuridad que los rodeaba se volvía aún más espesa. Steven y Metagross hicieron una pausa, observando a sus enemigos sin entender lo que pasaba. Al menos, hasta que el campeón de pelo plateado fijó los ojos sobre la esfera oscura una vez más. Esa que supuestamente lo hacía más poderoso de lo que lo harían la Mega Evolución y el Megalito. Las implicaciones eran muy obvias, y Steven sabía lo que tenían que hacer.

- ¡Necesitamos destruirla! – Apuntó hacia la gema, con un gesto fruncido y lleno de determinación en su rostro, mientras señalaba a su compañero. – ¡Metagross, ve por otro Cañón Destello!

El Pokémon de tipo Psíquico y Acero asintió, y de inmediato cargó su ataque apuntando hacia la piedra, mientras sus oponentes continuaban agitándose de dolor, como si cualquiera que fuese la fuerza con la que estaban metiéndose los estaba consumiendo desde adentro. Para cualquier otro, tratar de golpear la piedra en esa situación habría sido increíblemente arriesgado, y muy probablemente hasta letal.

Pero Steven y Metagross no eran como cualquier otro. Y así, el rayo de acero voló directo hacia la mano del soldado, dislocando la esfera y haciéndola volar directo hacia el lago. Al caer dentro el agua, el lago comenzó a brillar intensamente, y luego ocurrió una explosión, lo bastante fuerte como para enviar ondas de choque por toda la cueva. Steven casi cayó hacia atrás, aunque afortunadamente no pasó nada malo mientras las ondas del lago volvían a apaciguarse, y las Cataratas Meteóricas dejaron de sacudirse sin causar más daño.

Con el peligro aparentemente ya pasado, Steven tomó un profundo respiro, y su atención volvió hacia el soldado y su Flygon. El aura oscura que los rodeaba se estaba disipando, aparentemente haciendo que el entrenador y el Pokémon recuperaran el sentido, lo suficiente como para que el miembro del Equipo Zenith sostuvieran una expresión de shock al mirar sobre el lago.

- No... ¡no! Eso no es… – empezó a gritar, pero antes de terminar su oración, volvió a caer inconsciente, y su Flygon lo siguió poco después.

Steven observó a ambos, tomándose unos segundos para asegurarse de que de verdad estaban derrotados. Toda esa batalla había sido muy extraña, y la resolución todavía más, pero mientras observaba la notable abolladura en el cuerpo otrora inmaculado de Metagross, tal vez fuese mejor que su escaramuza hubiera terminado tan rápido como lo hizo, y retornó a Metagross, dándole las gracias silenciosamente por su duro trabajo.

- No puedes quedarte solo ni por un segundo sin meterte en problemas, ¿verdad?

Steven se rio al darse la vuelta, encontrándose con Zinnia que se acercaba desde arriba con su Salamence, casi con aspecto de verse decepcionada de que la batalla ya hubiera terminado.

- Lo siento. Un soldado del Equipo Zenith decidió que su último intento no fue suficiente, al parecer. – Le echó un vistazo al hombre caído, solo en caso que se le ocurriera levantarse de nuevo. – Se robó una extraña piedra que le dio poder a él y a su Flygon. Tuve que destruirla.

- Oh, la Gema de la Obscuridad. – Zinnia entrecerró los ojos. – Es una vieja reliquia que apareció de repente hace algunas décadas. Vuelve loco a cualquiera que la sostenga a cambio de poder.

Steven arqueó una ceja. – ¿Tuvieron algo con ese poder durante las Guerras Entrenador-Guardián?

- ¿Cómo crees que descubrimos sus efectos?

Steven conectó los puntos, y bajó la cabeza a modo de disculpa. – Perdón por sacarlo a colación.

- Está bien. Ya es cosa del pasado. Probablemente nos hiciste un favor destruyéndola. – Zinnia dejó salir un suspiro, pero rápidamente se recuperó y sonrió mientras volteaba la cabeza en la dirección de la Aldea Meteórica. – Hablando de eso, tu amigo historiador resultó no ser tan malo. Estaba muy interesado en aprender de nuestra historia, y muy comprometido con pasar nuestra historia a los sootopolitanos.

Escuchar eso logró que Steven volviera a sonreír. Al menos, algo bueno saldría de ese día, independientemente de lo que casi sucedía.

- Estoy seguro de que las cosas pronto mejorarán para ustedes, eventualmente. – Se desempolvó su traje, mirando el miembro del Equipo Zenith y su Pokémon una vez más. – Voy a entregar a este sujeto a las autoridades, por el momento. Dile a Ryuga que le agradezco que me haya avisado.

- ¿Ryuga? Pero si él se fue de la Aldea Meteórica poco después de nuestra aventura.

La respuesta hizo que Steven se quedara congelado, igual que la expresión confusa de Zinnia. Steven giró la cabeza. – Pero él fue quien me avisó del ataque.

- Quizás te cayó una roca en la cabeza, porque él no ha estado aquí por un largo tiempo.

El Campeón se rascó la cabeza, totalmente estupefacto. ¿Qué había pasado aquel día, para él?

No muy lejos de donde se encontraban Steven y Zinnia, "Ryuga" y el "historiador" se encontraban cara a cara, ambos deshaciéndose de sus respectivos disfraces para aparecer como un enorme pájaro morado y un Gastly de aspecto enfurruñado.

- Gracias por la ayuda, aquí está tu paga. – dijo MissingNo levantando un ala, y en cuanto lo hizo, un montón de papel moneda se materializó en el aire, presentándoselo rápidamente a su compañero que no estaba nada divertido.

Gastly rápidamente hizo flotar el dinero cerca de él, y echarle un vistazo a su paga, materializando una caja registradora junto a él. – Espero que este dinero tenga valor real. No soy selectivo con mis clientes, pero preferiría no trabajar contigo.

- El disgusto es mutuo. Pero realmente necesitaba tu ayuda.

- Tienes suerte de que esperaba tener una oportunidad de un encuentro con los dracónidos para aprender sobre su historia por un largo tiempo, y jugar mi papel en ayudar a calmar las tensiones entre ellos y los sootopolitanos. – El cuentacuentos hizo desaparecer su registradora, volviéndose hacia el Tipo Pájaro con el ceño fruncido. – Aun así, ¿no te parece que involucrar al Campeón Regional de Hoenn fue un poco excesivo para lidiar con el fragmento de ZZAZZ?"

- Hasta el campeón tuvo algunos problemas con el remanente. No quise arriesgarme. – MissingNo se puso las alas en la cintura, entrecerrando los ojos mientras miraba los muros de las Cataratas Meteóricas. – Cualquier fragmento que quede destruido solo hace que los restantes se vuelvan más poderosos. Y solo queda uno más.

MissingNo gruñó, pensando en todos los incidentes en los que había metido mano, rastreando cuidadosamente cada pieza de su oponente. Había logrado evitar lo peor, incluso con algo de daño colateral que no podía ni decir que había disfrutado. Y aun así, cada incidente tomaba del anterior, con riesgos más elevados que solo se evitaban por coincidencias afortunadas más que por planeación. Era una situación precaria, e incluso tomando en cuenta la sugerencia de Guzma, no tenía idea de cómo mantener lejos los fragmentos de cualquiera sin interactuar con ellos directamente. Sin ideas propias, pensó que tal vez, alguien que había estado contando historias para ganarse la vida por milenios habría tenido un plan más claro en mente, especialmente con tanta ventaja de inicio.

Desafortunadamente, Gastly no le traía buenas noticias.

- Cuando me conociste en el pasado distante para contarme de tu predicamento, me aseguré de seguirle la pista a cualquier historia que involucrase a las piedras oscuras mientras averiguaba de nuevos relatos. – El Pokémon Fantasma hizo lo más cercano que pudo a encogerse de hombros con su gas púrpura, sacudiendo su cabeza. – Sin importar la forma que tomasen, o cómo la historia las asociaba, todas terminaban únicamente con la destrucción del fragmento. No había otra solución.

- No puedo confiar que el fragmento final pueda ser vencido en este punto. O peor, que destruirlo no rompa el sello de ZZAZZ para comenzar. – MissingNo se agarró la frente con el ala, soltando un pesado suspiro. – Estoy seguro que ese sujeto esperaba que esto sucediera en este momento en que lo arrojé por toda la línea temporal…

El glitch trajo su atención de vuelta a Gastly, rodando sus ojos. – Eres un cuentacuentos. ¿Cómo escribirías un final feliz para esto? Posiblemente no demasiado cursi, ya de por sí como está me enferma.

Gastly flotó alrededor, con la mirada alzada mientras trataba de pensar en una solución. Rápidamente negó con la cabeza una vez más, aunque sonreía, como si un atisbo de idea comenzara a aparecer.

- No es una historia de fuerza, eso es seguro. – Su sonrisa se hizo más ancha, mientras volaba en círculos alrededor del pájaro con interés. – Pero te diré… el tiempo no fluye de manera normal para ti, ¿verdad? Desde tu perspectiva, me informaste de algo hace apenas unos minutos, ¿no?

- Sí, algo así. ¿A dónde quieres llegar? – preguntó MissingNo, tocándose la barbilla con interés.

- Tal vez tu error haya sido pensar esto desde la perspectiva de un humano, pero tú no lo eres. Quizás la solución a todo este conflicto yace en algo que un humano normal no puede hacer.

Ese comentario hizo que MissingNo se detuviera a pensarlo. Desde que comenzó su pequeña guerra con los fragmentos de ZZAZZ, mayormente reaccionó a lo que pasaba, sin tomar realmente acción por sí mismo. Quizás fue demasiado cauteloso, tratando de espiar en el pasado y reaccionar en el presente, sin considerar cuál camino futuro tomar. Y así, cuando las sugerencias de Guzma y Gastly dieron vuelta de nuevo en su cabeza, el inicio de un nuevo plan se formó en su mente. Sonaba muy loco, y no había garantía de que funcionaría, pero aun así le trajo una sonrisa a su pico.

- ¿Sabes qué? Creo que podrías tener razón. – Su sonrisa se ensanchó, volviéndose más atrevida a cada segundo. – Y conozco la manera perfecta de hacerlo.

Miró hacia el techo de la caverna, pensando en todo lo que había pasado, desde el trabajo asignado al Arácnido Negro hasta la pelea en las Cataratas Meteóricas. Todas las pequeñas escaramuzas que llevaban hasta ese momento final, y había llegado la hora de sellar el trato.

- ¡Estás acabado, ZZAZZ! – declaró MissingNo, alzando un ala triunfante y sintiéndose mucho más involucrado de lo que jamás esperó estarlo.

Y entonces, Gastly intervino. – Te voy a cobrar extra por la ayuda, por cierto.

El entusiasmo de MissingNo se acabó abruptamente, frunciendo el cejo en la dirección del cuentacuentos interactivo. Con un gruñido, generó dos veces la cantidad del dinero que le dio al fantasma antes, y el estafador rápidamente lo guardó en su registradora.

No dejó que ese comentario que mató el humor lo desanimara por mucho tiempo, sin embargo. Ahora tenía una solución, y la volvería realidad.


(-0-)


Para alguien que percibía el tiempo de manera no lineal como él, esperar era una extraña ocurrencia. Estaba tan acostumbrado a la idea de poder viajar a cualquier lugar en el tiempo que la idea de quedarse quieto por un período extendido se sentía como una tortura de pesadilla. Si cada segundo podía ser una aventura, ¿para qué desperdiciar incluso una fracción, después de todo?

Y aun así helo aquí, esperando pacientemente para ejecutar su plan. Se volvió un aburrimiento colosal, estar atrapado allí con la esfera de energía oscura a pocos centímetros de distancia de él, pero pensar en ZZAZZ lo mantenía andando. El glitch menor seguramente estaba tan aburrido como él, y MissingNo no podía dejar que lo superaran ni siquiera en eso.

Tras esperar literalmente durante épocas completas, el glitch mayor finalmente decidió hacerse notar, acercándose a la esfera que resguardaba a su enemigo en su disfraz del Tipo Pájaro una vez más. Alzó un ala felizmente. – Ha pasado mucho tiempo, ZZAZZ.

- MissingNo. – La voz atronadora sonaba aún más fuerte que de los fragmentos anteriores, casi sonando como la verdadera.

El glitch mayor no respondió de inmediato, sino que chequeó sin prisas a su oponente. – Incluso después de miles de años de estar esparcido a través de la línea temporal, sigues siendo una simple roca. Creí que destruir cada uno de los demás fragmentos te volvería más fuerte.

- Es solo cuestión de tiempo. Solo necesito un huésped, y entonces todo mi poder acumulado se liberará. Nada podrá detenerme.

- Sí. Y yo no puedo destruirte directamente, porque eso me sujetaría las reglas de la realidad. Una lástima, en serio.

- Me doy cuenta que tú estuviste detrás de los ataques que destruyeron a mis otros remanentes. Cada uno de ellos, a través de la historia de esta línea temporal. Y nunca te expusiste a ninguno de ellos, como un verdadero cobarde.

MissingNo se encogió de hombros. – No me interesa ser un héroe. Pero si tratas de arruinarme mi diversión, eso no lo puedo permitir.

- Tu "diversión" ya se acabó. Es solo cuestión de tiempo antes de que alguien me encuentre. Ya he ganado.

Aunque no pudiese verlo, MissingNo podía sentir lo confiado que estaba ZZAZZ. Casi hizo que el glitch mayor se riera por lo adorable que sonaba.

- ¿En serio crees eso? Porque te tengo muy malas noticias, hijo… – Colocó sus manos sobre las caderas, permitiéndose una sonrisa. – ¿Te das cuenta de dónde nos encontramos?

De pronto, la esfera guardó silencio, si no fuese por el suave pulso de oscuridad sobre su superficie, tal vez finalmente notando los edificios en ruinas, desorden general, y la casi total ausencia de seres vivos a su alrededor. Aun sin una sola palabra, MissingNo podía ver que la realización se apoderaba del glitch menor.

Sintiéndose algo teatral, MissingNo abrió ambas alas, con una sonrisa en su pico. – ¡Bienvenido al futuro, donde cada especie de Pokémon ha sido cazada hasta la extinción por culpa del proyecto Mirage del Dr. Yung, y donde lo poco que queda de la humanidad lucha una guerra perdida por la supervivencia! Uno de mis escenarios favoritos, si me lo preguntan.

- No... no, eso es imposible. ¡Esta no es nuestra línea temporal!

- Oh, de hecho, sí lo es. En una bifurcación. – Levantando su ala emplumada, la sonrisa de MissingNo se ensanchó aún más mientras se le hinchaba el pecho de orgullo. – Viajar hasta aquí requirió bastante trabajo, como verás. Necesitaba aislar una pequeña sección del mundo del tiempo y colocarla en otro lugar de la línea temporal, encontrar el camino correcto para llegar a un futuro que ya está invalidado. Es como saltar hacia una sección de las vías de tren en desuso que hay al lado para llegar a su final. Por fortuna, había una forma de hacerlo.

Se giró hacia un lado, espiando una figura en la distancia. Una figura solitaria, un simple niño de cabello gris y ojos dorados, que buscaba rescatar lo que hubiese en las ruinas. MissingNo lo miró con interés.

- Ese niño viajará en el tiempo algún día, y dejará su marca en la línea temporal que elegimos. Solo necesité saltar un poco a través de su vida para llegar a este punto, y esperar el momento correcto para alinearme. Y con esto, transferí tu remanente final hacia donde nadie con vida podrá encontrarlo.

Se giró hacia la esfera, aguardando alguna respuesta, esperando pacientemente la reacción del glitch menor. Aun sin expresión alguna, podía ver que la realidad de la situación lo golpeaba tan fuerte como esperaba.

- ¡Eso no tiene sentido! ¡No puede estar pasando! – gritó, y su negativa fue tan poco efectiva como sus anteriores presunciones.

MissingNo se rio. – Y aun así, pasó. Todo gracias a un muchacho que tendrá más impacto en la línea temporal del que tú podrías aspirar a lograr.

- ¡Esto es solo un retraso! ¡No puedo perder!

- Oh, ¿dónde quedó tu arrogancia ahora? – Con las alas plegadas y una sonrisa arrogante en su pico, MissingNo se acercó al último remanente de of ZZAZZ, asegurándose de que fuese testigo del triunfo del glitch mayor. – Fuiste derrotado. Por una imitación hueca y defectuosa de la realidad que tanto desprecias, nada menos.

»Pero mira el lado positivo. Tú deseabas un mundo de vacío total, y ahora podrás disfrutarlo por toda la eternidad. ¡Deberías agradecerme!

MissingNo se rio, y con total certeza de su victoria, continuó mirando la esfera. ZZAZZ se quedó en silencio, y las energías oscuras dentro del remanente arremolinaban incontrolablemente.

- ¡No! ¡Este no será el final! ¡Algún día seré libre! ¡Y pagarás por esto! – Sonaba totalmente incoherente, lleno de pánico, y comenzó a tratar de moverse como podía en la dirección de su única salvación posible. – ¡Ven aquí, niño! ¡Te pudo conceder lo que sea que quieras! ¡Por favor!

Lastimosamente, el niño estaba demasiado lejos como para siquiera oírlo, abandonando las ruinas para irse a otra parte, dejando a ambos glitches a solas, y cualquier oportunidad de otro encuentro era prácticamente imposible.

MissingNo sacudió su cabeza, casi sintiendo pena por el pobre y estúpido glitch que ahora estaba condenado para todo el resto de la eternidad. – Qué mal, no estás de suerte. Pero solo para estar seguros…

Con un movimiento de sus garras, MissingNo le echó algo de tierra encima a ZZAZZ, cuidando de no dañar la piedra, cubriéndola poco a poco. El remanente oscuro pulsaba salvajemente, tratando y fallando en escapar de su inminente perdición.

- ¡¿Qué estás…?! ¡No, no, no! ¡Detente! ¡Detente, tú…!

Mientras más y más tierra se apilaba encima del fragmento, la voz de ZZAZZ se tornaba más débil, con cada grito menos coherente, eventualmente volviéndose puros quejidos menos y menos audibles. Y entonces, la tierra lo cubrió totalmente, sin que se oyeran más que ruiditos vagos, con la esfera totalmente fuera de la vista. MissingNo se puso de pie y escuchó, casi sintiendo respeto por la derrota final de su oponente solo por un segundo.

Finalmente, se dio la vuelta, dando una última mirada a la hermosa miseria y destrucción que los rodeaba. – Adiós, ZZAZZ. Gracias por hacerme pasar un buen rato.

Y entonces, con una vueltecita, MissingNo regresó a su forma usual, dirigiéndose de vuelta a su línea temporal usual. Con esa acción, la "Guerra de los Glitches" finalmente había concluido.

Era extraño, confiar en otras personas, ponerlas a pelear contra un mal mayor como sus protegidos. Él era una criatura del caos, que se regodeaba de la miseria y el sufrimiento, difícilmente alguien que se pondría del lado del "bien". Y aun así, no podía negar el atractivo de obtener una victoria limpia por una vez.

Tal vez debería considerar un poco más ayudar a otros. O tal vez debería continuar metiéndose con ellos, disfrutando del dolor ajeno. No había razón para echar al caño su diversión, después de todo.

Pero una cosa era segura: no había nada que él, o su línea temporal elegida, no podrían hacer trabajando juntos.

FIN.


Notas de los autores:

FOX: Uff, por fin, ¡lo logramos! ¡Rescatamos esto del infierno de desarrollo! ¡Yupi!

Lo siento, necesitaba sacarme eso de adentro. Pero en serio, teníamos este pequeño proyecto en mente desde hacía varios meses, y queríamos celebrar haber pasado el hito de las 100 historias secundarias. Aunque técnicamente esta no es la centésima historia del universo de Reset Bloodlines que hemos escrito en su totalidad (si contamos Miedos a la Evolución y (NON) Reset Bloodlines, que tienen lugar en líneas alternativas dentro del multiverso), sí es la número 100 que toma lugar en la línea principal. Así que decidimos irnos con todo y hacer un tributo a cada autor del Resetverso, con varios personajes que han protagonizado algunos de nuestros trabajos más importantes.

Mis contribuciones mayores aquí fueron por supuesto las escenas del Arácnido Negro, Falkner y Walker, y de los Hombres G, que representan a partner555, Ander Arias y a su servidor respectivamente, aunque ayudé con algunas ediciones en la escena de BRANDON369, la del cazador de Bloodliners. Con suerte, servirá para establecer la base para algunas historias futuras.

Bien, espero que hayan disfrutado de nuestro pequeño trabajo aquí, y agradecemos mucho que nos hayan seguido todos estos años y todo el apoyo que nos han dado. Estén atentos para el Especial de Navidad como todos los años (y no, no nos hemos olvidado de él). Feliz Navidad adelantada para todos, y esperemos que el 2021 sea un mejor año para todos nosotros en general. ¡Hasta la próxima!

VIRORO: ¡Hola a todos! Aquí Viroro-kun. Primero que nada, unas profundas disculpas a todos los lectores, no solo por mi falta de escritos en Reset durante el último año más allá de ayudar con la historia principal, sino por como terminé contribuyendo al infierno de desarrollo que esta historia atravesó, debido a una combinación de un año muy difícil y un caso severo de bloqueo de escritor. Dicho eso, yo fui el que originalmente tuvo la idea de hacer algo único y especial para la historia número 100, por lo cual decidimos tomar la idea de expandir a los de la clase de MissingNo poniéndolo en conflicto con otro de los suyos, el cual tras discutirlo con Fox terminó tomando la forma de ZZAZZ, basado en ese glitch bastante peligroso que es fundamentalmente la encarnación de la nada. Disfruté bastante echarle algunos gags mitológicos a la historia respecto a él (el Bulbasaur que explota en particular es una referencia a que uno de los eflectos del glitch es reemplazar a tu equipo con un montón de Bulbasaurs que solo saben usar Explosión) y espero que les haya gustado también.

No siento que este haya sido mi mejor trabajo, pero sí disfruté de escribir todas mis viñetas, y mis propias partes sirven como tributos similares a los de Fox: el Dío Eon representa a edinosaur25, Guzma representa a Shadow Ninja Koopa, y Steven a mí, y además cubrí las escenas que enmarcan y cierran la historia. También ayudé con algunas partes, como crear junto con Fox la idea detrás de Lancelot y Caliburn como una versión en villano del típico Guardián del Aura y su Lucario, como un contraste para William Stronger, que espero poder detallar más a fondo eventualmente. Igual que Fox, espero que esta historia sirva como un buen trampolín para futuras subtramas, y más importante que hayan disfrutado toda la historia como está.

No tengo mucho más que añadir, excepto que espero que también disfruten del Especial de Navidad que pronto llegará también.

BRANDON: Hola a todos, aquí BRANDON369. Finalmente llegamos a las 100 historias de Reset Bloodlines, ¿quién lo hubiera pensado? Este universo tuvo una expansión gigantesca, antes de lo que cualquiera pudiera haber imaginado y estoy contento de formar parte de ella.

Yo comencé en Reset Bloodlines como un lector en la versión traducida, pero gracias a la invitación de mi amigo Fox, pude aportar con mis propias ideas e historias. Pude trabajar con toda clase de personajes memorables, como el carismático Blaine, el dúo tan divertido del Montañero y Mizu, el infame Cazador de Bloodlines, la estratégica Katie, o incluso Cyrus, el villano que puso todo en marcha. Y esos son solo algunos de los personajes que pude explorar en este universo tan amplio.

Pueden apostar a que esto es solo el inicio, pues se vienen muchas historias más.

Sin nada más que decir, me despido hasta nuestro especial Navideño, que será publicado pronto.