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Capítulo 16: Pasado vs Futuro

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Dieron el aviso de ir rumbo a Berserk. La jefa Astrid estaba preparada en el muelle para subir al bote, sólo esperaba a su esposo para que éste le informara a Snotlout sobre ir a la isla y recuperar a sus hijos.

-Todo listo, Astrid. –expresó Gobber mientras ajustaba la vela.

-Gracias. –musitó sin dejar de ver el horizonte recargándose en la orilla.

El corazón le latía a gran velocidad, después de días agónicos de no saber de su hijito, ahora veía la posibilidad frente a él. El herrero, por su parte, no podía empatizar enteramente con ella debido a que no tenía hijos, pero sí podía preocuparse con ella.

-Tranquila, lo van a encontrar.

La rubia le asintió, agradeciendo su apoyo, dando una leve sonrisita.

-Eso espero con todo el corazón.

-Sí, y ya que la carta te dice que su bebé está allá, deben ir. –animó más. –Todo indica que está allá.

Quizá ese era el problema, que lo decía la carta, no sus instintos.

Esos instintos que le habían dicho que Hiccup regresaría, los mismos que le advertían que su bebé estaría bien si estaba lejos de Berk.

Los mismos que le causaban dudas acerca del remitente de la carta.

Era una corazonada muy extraña, pero también muy esperanzdora.

-¿Estás bien? –preguntó Gobber, al verla inquieta.

La rubia iba a hablar, pero en eso escuchó unos fuertes llamados desde el puerto.

-¡Jefa Astrid! ¡Jefa Astrid! ¡Jefa Astrid! ¡Jefa Astrid!

La lady prestó atención de inmediato, cuando reconoció de quiénes se trataban se angustió, eran las burglar rescatadas por Heather e Hiccup.

-¿Qué sucede? –preguntó alarmada, bajando del bote, pues alrededor de cinco mujeres iban corriendo con desesperación.

-Lady Astrid, me temo que lo mejor será que no vaya a la isla de Berserk. –advirtió Hanna, hija de Ingrid, una burglar que en ese tiempo se había ganado la confianza de Astrid.

-¿Por qué dicen eso?

-Por una visión que tuve, lady. –mencionó Mivenn, rezagada, pero caminando lo más rápido posible. –He visto el fin de su vida y la del jefe Hiccup si se embarcan a esa expedición. –mencionó, resoplando por la falta de aire.

La líder rubia tembló de miedo, no tanto por ella, pero sí por su esposo, esa seid le había dicho anteriormente otras predicciones.

-Por favor, Cami. No vayas. –pidió la anciana con mucha desesperación, resoplando debido al esfuerzo que había hecho.

La jefa burglar tomó fuerzas desde su interior, pero no eran las suficientes para tomar la decisión de no ir a Berserk.

Observó que detrás de la fortaleza que protegía el muelle, Hiccup y Snotlout se acercaban, éste último con una muleta apoyándose para caminar.

-¿Estás segura de tu visión? –preguntó con un hilo de voz.

-Sí, Cami. Es una trampa. Tu bebé no está con los berserkers, está protegido por el Furia Nocturna. Él te dará en brazos a su heredero.

-¿Cuándo?

La seid se acercó a ella y le tomó las manos. –Cuando desees no encontrarlo. Una dragón Nadder celeste cuidará con su vida a tu bebé.

Escuchar eso fue la respuesta suficiente para poder desistir de la embarcación. ¿Cómo no querría encontrarlo? Si era para lo que había sufrido esa semana. Supuso que tardaría, pero prefería que estuviera alejado de todo. Al menos le dio el consuelo que él estaba con Toothless y Stormfly según las palabras de Mivenn, al mismo tiempo que tranquilidad ante la noticia de que probablemente Heather también ayudaba a la protección de su bebé.

-Gobber, no habrá viaje. No hasta nuevo aviso. –demandó con rudeza, caminando por el muelle rumbo a la entrada principal de Berk.

Hiccup escuchó esas palabras y siguió a su esposa.

-¿Me puedes decir qué sucede? –pidió consternado.

-Es una trampa. Lo presentía. La visión de Mivenn lo confirmó. Nuestro hijo está protegido, volverá a nosotros cuando tenga que hacerlo. –la pasividad con la que habló cautivó a Hiccup.

Él pensaba que Astrid se derrumbaría en cualquier momento, pero se había equivocado. Su amada sólo compartía lo fuerte que era.

Mientras caminaba rumbo al Gran Salón para seguir con la organización de las posiciones de la armada. El pueblo se les quedaba viendo, admirándolos, reconociendo el valor que hacían por ellos, pero también compartiendo la preocupación y la lealtad que le tenían al pequeño príncipe.

Los ojos de Astrid quisieron empañarse, pero ella no lo dejó. No permitiría que se derrumbara así. El pueblo de Berk la necesitaba para liderar las reparaciones. La armada de la isla viraba en ella las decisiones de defensa, pero Hiccup, él la necesitaba para no desmoronarse ante la preocupación.

Haddock le tomó la mano, entrelazándola con la de él. –Esperaremos juntos entonces.

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Diez días.

Diez malditos días habían pasado desde que ordenaron que se llevaran a su hijo para protegerlo de la loca Griseld. Díez días sin noticias.

Diez días de agonía en los que había acabado con la flota de la loca por ellos mismos, pero también, eran días en los que la esperanza era la única solución posible a la incertidumbre.

-¿Alguna novedad? –preguntó Snotlout, poniéndose al lado de Hiccup, quien miraba el horizonte a través de su catalejo en busca de alguna señal. Ya no usaba la muleta de apoyo, sus heridas habían sanado casi por completo.

El castaño negó con tristeza. -Cielo y mar despejados. –resopló.

Jorgenson dio un pisotón en el suelo, apretando los dientes. –Maldita sea.

El viento movía levemente su cabello, rozaba traviesamente las mejillas, llenando de calor el cuerpo.

Hiccup miró de nuevo, moviendo su visor, ajeno a la atención del ojiazul. Ambos estaban tristes, pero a fin de cuentas, Snot miraba con algo de envidia a su jefe.

-Al menos tienes a Astrid. –musitó Snot. –Yo estoy a punto de volverme loco.

El jefe suspiró. –No sé qué es peor. Ella no es la misma desde que…

-¿Desde qué Erick nació? –preguntó con obviedad. -¿O desde que mi esposa se lo llevó para cuidarlo?

-La verdad no lo sé… pensé que cuando volviera todo iba a ser igual pero me equivoqué.

El caucásico le dio unas palmadas en la espalda, estaba por iniciar una serie de consejos y experiencias a la Jorgenson.

-Primo, nada es igual. El embarazo de Astrid no fue sencillo. Primero inició con el miedo a que Drago se enterara. Luchó como nunca con un feto en su vientre aun con la experiencia que tuvo antes de perder un hijo, o sea, se aguantó los mareos y nauseas para que nadie lo sospechara; tuvo que darle la cara a todos los jefes y líderes de los clanes porque te fuiste sin decir adiós. –esa fue una daga al corazón de Hiccup, había actuado como un cobarde. -Después sobrellevó la carga de Berk y sus cambios de humor sin descuidar un solo momento sus deberes de jefa.

-No lo había visto así. –susurró el jefe, empatizando todo lo que su esposa soportó sin él.

-Después tuvo ese desmayo en el que la ayudé, pensó que perdería a su bebé, lo único que le quedaba de su esposo, pero no fue así gracias a Thor, sólo que no había comido bien. –explicó su gran hazaña de héroe. -Luego vuelves y ¿qué sucede después? Su esposo deja un rastro de ataques que llevan a sus enemigos hasta su hogar y terminan OTRA VEZ en un ataque, destruyendo lo que habíamos arreglado en estos seis meses desde Drago. –respiró con dificultad. –Agrégale la ausencia de su dragona y uff, ni qué decir de todos los cambios de humor en las embarazadas, en serio, con Ruff casi me vuelvo loco, pero siempre estuve allí, incluso en las noches cuando ella se despertaba llorando, o cumpliendo todos sus antojos raros. No ha sido fácil para nadie, pero menos para ella, aunque Astrid sea una mujer fuerte, el embarazo cambia a todas, créeme. Cambia todo lo que habías construido como pareja.

Hiccup se quedó de hielo por escuchar todo eso. Astrid le había contado muchas cosas del embarazo, incluso había alcanzado la etapa final de éste, pero ella le contó las cosas bonitas y llevaderas, Jorgenson le dio otra perspectiva.

-Te ha sentado bien el matrimonio, y la paternidad. Eres más maduro. –reconoció, sonriéndole de medio lado.

-¡Sí! –alzó las manos, emocionado. -¡Soy más maduro que tú! ¡Ja! En tu cara.

Bueno, la madurez había llegado hasta cierto punto solamente.

Ambos padres siguieron allí, esperando alguna señal o noticia, pero el sol sólo despuntaba en el meidodía, por lo que la calma se apreciaba en las costas de Berk. Un último vistazo, antes de dejar a Jorgenson en el puesto fue necesario para detectar algo que llamó la atención del jefe, un pequeño bote vigía acercándose a las costas.

-Debemos ir al muelle. –Hiccup dio la orden, mandó llamar a Astrid y un grupo de vikingos para auxiliar esa pequeña flota, pues las indicaciones que se habían dado es que debían vigilar el perímetro de Berk y regresar a menos que se tuvieran noticias de los lores de la guerra que quedaban o bien, de alguno de sus aliados.

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Astrid veía el mapa, tratando de buscar una posibilidad de donde estaban las ubicaciones de sus enemigos. Tenía cosas muy claras, pero la situación más evidente era que los lords de la guerra estaban resguardando las entradas a Berserk; pronto llegarían a Berk si no los detenían antes, que probablemente tenían dragones en su custodia y la más importante: su bebé.

-Disculpa, pensé que estarías en casa. –se dispensó Valka, viendo que Astrid estaba en una de las mesas del Gran Salón.

-Aquí he estado toda la mañana. –mencionó sin levantar la mirada del plano, apoyándose en sus codos sobre la rugosa madera.

Valka seguía con sus reservas después de la discusión que habían tenido. Aunque habían "hablado" aún había un distanciamiento que nació desde ese intercambio de palabras tan cruel y doloroso.

-¿Quieres que te traiga algo de comer? –preguntó la suegra, intentando reestablecer un momento esa relación que tenían antes.

-No es necesario, gracias. –la rubia dijo con pasividad. –No tengo hambre.

La castaña compartió una sonrisita medio triste.

Astrid, por su parte, notó ese cambio de semblante. Su suegra llevaba su plato de comida y buscaba un espacio dónde sentarse en el abarrotado recinto. Esa era la mesa más cercana al trono, la que siempre usaba la familia tribal para comer. Habría sido injusto de su parte que ella se sentara en otro lugar.

-Adelante, Valka. Siéntate. –pidió la rubia, con amabilidad, enrollando su mapa.

-No quiero molestarte. –sinceró.

-Sabes que no es molestia, y la verdad, ocupo hablar contigo. –confesó apenada.

La castaña tomó asiento con reservas.

-Lo siento mucho. –dijeron al unísono, conmoviéndose una a la otra.

-Es cierto lo que dijiste.

-Fui una exagerada. –se adelantó la rubia, tomándole de la mano, arrepentida. –Estaba muy tensionada por Erick, lo sigo estando. Mi mente es diferente ahora… no sé qué me pasa, me siento patética.

-Oh, cariño, no eres patética, eres una mamá. No hay nada que una madre no quiera hacer por sus hijos. Tú sólo te defendiste, no te tortures por eso, no ahora.

Ambas mujeres se tomaron de las manos con fuerza, tratando de trasmitir templanza y amor entre ellas.

-No sé cómo es que lograste estar sin tu bebé por tanto tiempo. –reconoció Astrid, con la voz entrecortada. –Estos días han sido una tortura. –dijo mientras se sobaba el pecho, con cierta molestia.

Valka notó ese detalle.

-¿Te sientes bien? –preguntó llevando su mano a la espalda.

-Tengo varios días con un dolorcito en… aquí. –señaló la parte superior del pecho con prudencia.

La viuda de Stoick sonrió maternalmente. –Astrid, es parte de la maternidad. Es la leche materna que no ha salido de tu cuerpo.

-Creo que se me va cortar la leche pronto. -la rubia, por su parte, se sintió tonta por desconocer tantos aspectos de ser madre.

-Ya pasará. –hizo un aspaviento con su mano, tratando de restarle importancia. -¿Todo bien con nosotras, verdad?

Suegra y nuera se miraron con admiración mutua. –Claro que sí, hija. Ten por seguro que esto sólo nos unirá más. No te preocupes, en serio.

La jefa sonrió con tranquilidad, aliviada de que su suegra no estuviera ofendida. Siguieron degustando sus alimentos, hasta que vieron que alguien muy angustiado ingresaba el Gran Salón.

-¡Jefa! ¡Es el jefe Hiccup! Manda por usted, la espera en el muelle. Llegó un bote.

El corazón de Astrid retumbó tal vez eran noticias de su hijo, pero rápidamente se sintió abrumada por la visión que Mivenn le compartió.

Se puso de pie, asintió, y acompañada de Valka se dirigió con su esposo.

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El jefe estaba en el muelle, esperando que los que habían centinelas que habían ido al reconocimiento del perímetro.

-¿Ya saben de quién se trata? –preguntó un poco agitada tras llegar corriendo, pues a decir verdad después del embarazo había perdido un poco de condición física.

-Es nuestro bote, pero regresaron antes de terminar la misión. Traen la vela izada de velocidad. Significa que requieren regresar rápido.

Astrid asintió, sacando el catalejo, aunque ya estaban casi en su rango visual.

Conforme se acercaba el galeón, la rubia alcanzó a percibir un llanto que incrementaba poco a poco. Hiccup también lo escuchó, todos lo oyeron, guardando silencio, esperanzándose que el amado heredero berkiano estuviera a bordo.

Sin embargo, la vikinga reconoció que no era el llanto de su hijo, ella lo tenía tan registrado en su memoria y corazón que sólo alcanzó a compadecerse del bebé a quien sin dudarlo cuidaría.

-¿Es Erick? –preguntó Hiccup, mientras lanzaba la cuerda para amarrar el bote. -¿Es mi hijo?

-¡Jefes! –exclamó Davenson, uno de los soldados que iban en la misión, a gran voz desde el barco. –Es la reina Karena, de Berserk, está herida. Está con un bebé y con Mildren, la líder burglar.

Astrid se adentró al galón con rapidez. –Preparen una cabaña de salud para los visitantes. –demandó la mujer mientras se acercaban a la convalenciente en una cama improvisada. Miró a Mildren quien le sonrió con mucho esfuerzo tras verla. –Lady Astrid. Me da gusto verla.

La madre adoptiva de Heather se levantó con sumo esfuerzo. Astrid tomó al bebé que no dejaba de llorar, quien extrañamente, se removió en sus brazos buscando consuelo y alimento.

-Debe tener mucha hambre, no ha comido en casi un día, no desde que mi nuera cayó desmayada. –musitó suavemente.

-¿Qué pasó? –preguntó Hiccup, adentrándose al galeón también, después de indicar a las curanderas que atendieran a los afectados.

El bebé continuó berreando, Astrid lo meció un poco, pero no daba mucho resultado. –¿Podrían… podrían conseguir una nodriza? –preguntó justo antes de desmayarse. El jefe fue quien alcanzó a sostenerla antes de que ella cayera.

El bebé llorando, ambas mujeres inconsientes y estragos claros de un ataque a Berserk le hizo dudar de la seguridad de su hijo.

-Odín, por favor cuida a mi bebé. Cuida a Erick y a mis amigos.

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La noche de tormenta parecía eterna. El cielo se iluminaba con cada rayo. Los PDB dormían plácidamente, todos, excepto el gemelo, quien arrullaba al pequeño pelirrojo este empezaba a cerrar sus ojos por fin, habían sido días agitados para todos en especial para ese indefenso ser que extrañaba los brazos maternales que lo habían abrazado desde el momento en que nació.

Extrañaba la voz de sus padres, las cálidas manos de sus abuelos y también extrañaba las sonrisas que Astrid le brindaba.

En medio de esa escena, su hermana también salió con su sobrino en brazos

-Ya se durmieron.

— Sí, espero que descansen los pobrecitos. –musitó con ternura, con un tono que sólo había usado para Gallina y sus pollitos.

-Se te da bien eso de ser papá. Tal vez pronto quieras unirte al dragón de la paternidad

-Pues no lo he hablado con mi bella novia, ni siquiera de casarnos aún. Pero sí me gustaría. Creo que Snottnut ya se me cayó las vece suficientes como para saber cómo cargarlo y que no se me caiga. –apuntó orgulloso.

Ruff lo miró con acusación.

-Es cierto, es bueno practicar con sobrinos antes de tener hijos propios.

-Exacto, lo sobrinos los regresas.

Los gemelos compartieron unos momentos más antes de que ingresaran a sus respectivas chozas para dormir, sin embargo, y sin mencionar nada, la antigua esclava escuchó la conversación de los hermanos. No sabía si debía expresar sus sentimientos respecto a ser madre, no tenía familia más que algunos conocidos que aún guardaba su memoria en la isla de Berk, pero no estaba preparada para perder una familia que aún no tenía.

En especial debido a su antigua experiencia acerca de cuando Dagur se aprovechó de ella, confundiéndola con Astrid. Tal vez debía compartirlo con su novio. Debía ser valiente y aunque su corazón se había reparado con el paso del tiempo gracias a la amistad con su amiga Karena y a su labor en las islas, aún debía trabajar consigo misma y eso implicaba enfrentar los secretos que había ocultado por vergüenza durante tanto tiempo.

El gemelo se quedó haciendo guardia mientras los bebés y su hermana dormían. Era el momento que la rubia ocupaba para sincerarse. No sabía lo que le deparaba ese momento, pero sí necesitaba expresar e informar a su pareja lo que había ocurrido con ella.

-¿No has dormido, mi lady?

-No, de hecho me gustaría platicar contigo. –comentó con seriedad.

-Adelante soy todo oídos, pero creo que tal vez debas hablar un poco más fuerte por la tremenda tormenta que sigue aquí. Los truenos ensordecen, ¿no es fántasitico?

La ex esclava sonrío, amaba que le hiciera sonreír. En cuanto al gemelo, no sabía quién era más feliz cuando veía a Sotma sonreír, si ella o él.

-Debo contarte algo que me pasó. Tal vez cambie tu manera de verme y de quererme. Sea cual sea tu decisión la voy a entenderla y respetarla. Yo no quiero que sientas lástima por mí ni que te compadezcas. Yo lo he hecho por mí misma durante mucho tiempo y durante mucho tiempo también lo negué para no hacer sentir culpable a nadie más. –habló rápidamente y con palabras tropezadas. -Yo sé cuál era mi posición como esclava y una de mis funciones era no decir nada y hacer todo lo que me pidieran.

Sotma respiró agitadamente, tratando de calmarse, pero no funcionaría. Estaba con mucha ansiedad y angustia por revivir esos momentos tan traumáticos. Tuff dejó de ver la tormenta y se enfocó en la bella chica que tenía frente a él, una de la que quedó fascinado muchos años atrás, pero que se supo ganar su corazón y hasta hacerlo madurar.

Él ya sabía a lo que se refería a ella, entendía que quería una oportunidad para sincerarse. Y aunque él conocía su pasado después de escuchar su confesión con la princesa Gullet después pero admiraba y respetaba la decisión de ella de afrontar y compartir lo que le había ocurrido.

-Continúa, no te preocupes por nadie que no seas tú. –le tomó la mano, siendo consiente que era la primera vez que ambos la entrelazaban.

Y por fin, después de tanto tiempo pudo compartirlo con alguien a quien amaba. -Esto nunca se lo dije a Karena ni a Astrid, o a tu hermana. Son quienes estuvieron conmigo cuando ocurrió pero decidí guardarlo. La única a quien se lo conté fue a mi abuela y fue más porque ella lo descubrió después de que… -respiró con profundidad. Apretó la mano de su amado, disfrutando de esa calidez y apoyo que le trasmitía Tuffnut. Quizá eran los últimos momentos en que se sentiría apoyada. -Debes saber que no soy virgen. –xpresó con vergüenza. -No soy la doncella que tú mereces. -la garganta se le cerró, atrapando todas las palabras que podía expresar debido a la magnitud y el peso de esa información que tras años había podido decir en voz alta, pero el rubio no la soltó.

-¿Quieres seguir explicándolo?

Sotma asintió, limpiando las lágrimas que amenazaban con salir.

-Cuándo Dagur pensó que había violado a Astrid, en realidad me violó a mí. Me hice pasar por ella y les hice creer a todos que él no había logrado nada y que se quedó dormido antes de conseguirlo, pero no fue así. Sí logró violarme… por unos segundos. Si se quedó dormido justo después de… -no se sintió capaz de repetirlo. -Pero esos seguros tan efímeros, para mí fueron eternos.

Tuff le abrazó sin importarle que ella mostrara resistencia. -Yo me hacía pasar por Astrid yo estaba consciente de eso, quería ayudar a mi legítima jefa burglar, a la hija de la mejor amiga de mi mamá. Realmente deseaba ayudar. –contó con desesperación. –Astrid era mi reina.

Le gemelo acarició su espalda, permitiendo que ella se apoyara en su hombro.

-Cuando Astrid regresó a la habitación esa noche no le dije nada. Yo regresé a mi espacio y mi abuela se dio cuenta porque me dolía mucho al sentarme y al mover mis piernas. Me ayudó a asearme esa noche y me dejó llorar en sus rodillas. Me dio un té para evitar que me preñara, aunque no me lo dijo hasta después de tomármelo. Me dijo que era para dormir y yo le creí. No sé si perdí un bebé en realidad, sólo sé que los siguientes días tuve mucho sangrado, y desde entonces no he sido la misma.

Thorson agradeció que Dagur estuviera muerto, de lo contrario él lo habría matado en ese momento de tener la oportunidad.

-Tranquil, Sot. Continua si así lo deseas. –apoyó con amor.

-Sé que la vida de esclavos es muy dura, y corta. Karena me dio su protección, pero desde ese día, algo en mí cambió. Me quedé sola también. Pero tal vez fue por orgullo y soberbia pero decidí son compadecerme y ser más fuerte que mis miedos y mi pasado. –sorbió su nariz y se limpió las lágrimas, las últimas que lloraría por ese suceso. -Así que ahora que sabes eso de mí yo te entenderé cualquier cosa y cualquier decisión que tú tomes. Yo sé que te mereces a la mejor mujer del mundo, que tu corazón es muy hermoso y que tienes mucho que ofrecer. Tú alegras la vida de los demás y eres muy inteligente tanto que las personas no logran darse cuenta de todo lo que puedes aportar a este mundo, un mundo que no está preparado para tus ideas. Es sólo que necesitaba que lo supieras. No estaba tranquila, no quería ocultarte algo así, no a ti.

El rubio se quedó callado, sólo le dio unas palmaditas en la espalda a su amada mientras ella se tranquilizaba después de sollozar tanto, aunque después de ese silencio, Sotma Lindgreen empezó a sospechar lo peor. Soltó su mano y se apartó un poco de él.

-Por favor, dime algo. Si ya no me quieres en tu vida, quédate callado por favo, y yo entenderé tu decisión. Seguiré con esto cuidando a Erick porque me lo pidió Astrid, pero en cuanto lleguemos a Berk, yo me iré a Berserker nuevamente con Karena.

El gemelo sonrió, dándole un beso en la frente.

-Sotma, estás loca si piensas que por tu pasado voy a cambiar mi futuro. Menos por algo que yo ya sabía.

-¿Cómo? –preguntó sin creérselo.

-Ah, escuché cuando le decías eso a Gullet. Amo el chisme, y lo escuché sin querer. Es como tú dijiste. Una mujer vale mucho más que por lo que tiene entre las piernas. Así que no te castigues más. Dagur ya te quitó una noche que cambió tu manera de ser, no dejes que cambié el resto de tu vida, no la vida que podemos tener juntos

La rubia se llevó las manos a su boca.

-¿No te importa que no sea virgen? –preguntó sin creérselo.

-Me importas tú. Que tú quieras estar conmigo. Fuiste víctima del desquiciado ese, pero eres sobreviviente por ti misma. No menosprecies lo que eres sólo por una agresión que sufriste. Has pasado por mucho, no te tortures de más. No pensando en algo que no sea completamente tú, por favor, Sotma, no dejes que una experiencia pasada defina tu futuro, un futuro conmigo.

Lindgren asintió feliz y aliviada de abrir esa posibilidad ante ella.

Sí, el pasado había cambiado su vida, pero ahora su presente lo volvía a hacer.

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Notas de la autora:

Han pasado meses, lo sé. Una disculpa, poco a poco continuaré la historia, lo prometo, aunque casi no tenga lectores, sé que hay quienes desean saber qué pasa aún.

Gracias por leer

Quédate en casa

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 20 de octubre de 2020