Capítulo 12: Los guardianes.
—¿Se puede saber qué coño estabas haciendo? —le reprocha Kuroo.
Kenma arruga el ceño y hace un mohín, sin gustarle que le esté hablando como si la negligencia que le ha llevado a estar en ese momento en la sala de espera del hospital con una bolsa de hielo en el tobillo fuese solo culpa suya. Pues, para empezar, si Kuroo se hubiese dignado a contestarle no habría tenido que llegar a medidas tan drásticas.
—¿No es obvio? —contesta, con un tono a mitad de camino entre reproche y ofensa.
Por si no fuese lo suficientemente evidente, enfatiza el hecho de estar con el pie en alto, subiéndose un poco el pantalón y moviendo la bolsa de hielo.
Nada más ver el panorama, Kuroo no tardó en bajar a ver si les había pasado algo, con el móvil en la mano por si acaso. Lev había caído primero y Kenma casi cayó sobre él, aunque poco se hicieron para lo que podía haber pasado. Lev se dio un golpe fuerte en el codo y sangraba por la nariz debido a un cabezazo de Kenma, quien se quejó del tobillo cuando intentó levantarse.
Tras considerar que no era necesario llamar a una ambulancia, Kuroo avisó a la madre Lev de lo ocurrido y fue la mujer quien los llevó al hospital.
Kuroo exhala y dura más tiempo del normal. Se deja caer contra el respaldo de la silla de metal y, con los codos en las rodillas, se frota la cara y el pelo. Se ve claramente acorralado y en cierto modo responsable de lo que les ha pasado a sus compañeros.
Kenma lo observa y lo lee en las ojeras marcadas y el gesto resignado. Puede ver la nube de dudas y reproches a su alrededor como si realmente estuvieran ahí.
Y no puede decirle nada.
Nada se va a arreglar con echarle en cara el haberse encerrado en sí mismo pues, al fin y al cabo, está en todo su derecho de reclamar cierto periodo de reflexión después de haber pasado meses con alguien. No es pasar página de una relación de una noche, como podría sucederle a Kenma con Konoha. Son meses de estar con alguien a quien quieres y darlo todo porque funcione.
Lo que Kenma no se puede perdonar es que Kuroo trató de hablar con él, quizás en el momento en que todo era aún reciente, para no caer en el pozo sin fondo, y Kenma no estuvo ahí para impedirlo.
Por eso, tiene que compensar su error de la mejor manera posible. Y no va a ser añadiendo más leña al fuego. No tiene sentido recriminarle el no decirle nada, como cuando empezó a salir con Tsukishima, si él no había estado ahí cuando le necesitaba, tal y como le prometió.
Siempre estaré aquí para ti.
Y le duele recordar lo poco que ha hecho falta para no cumplir su palabra.
Los errores de uno por lo errores del otro les hacen estar a la par. Ninguno tiene más que reprochar al otro y eso parece quedar en el aire del silencio que se hace entre ambos.
Un silencio que habla más que lo que puedan decir, de lo que puedan saber y de lo que puedan creer que el otro sabe. Para Kuroo, es más que evidente que Kenma ha hecho por enterarse de lo sucedido y es innecesario entrar en más detalles que ya no van a solucionar nada.
Al final, el silencio que transmite lo que no se han dicho, es roto por un "Lo siento" por parte de Kuroo, que lo resume todo.
Kenma no se quiere parar a pensar qué extensión tiene esa disculpa, porque si mira hacia atrás, en todo lo que ha pasado durante esos meses, ve tanto dolor... Pero ve cosas buenas también. Ve que vuelven a estar en el mismo punto de partida, pero nada es igual que antes. Ve que lo que han vivido esos meses, para bien o para mal, le ha hecho darse cuenta de...
El pellizco en el estómago actúa de advertencia.
No es el momento ahora de pensar en si todo ese viaje personalmente le ha servido a él de algo. Y en cuánto han cambiado las cosas en ese tiempo. Ahora es el momento de prestar su apoyo, su hombro o lo que necesite a Kuroo.
Lo que necesite...
"Siempre estaré aquí para ti."
Darse cuenta de lo que esas frases pueden a llegar a significar le produce un escalofrío que no está muy seguro de si le gusta o no.
Decidido a que no le afecte, se sacude los pensamientos internamente y responde a la disculpa de Kuroo con un amistoso golpe en el hombro.
El chico alza la mirada y debe ver la sonrisa sincera de Kenma, porque le responde con una similar, aunque triste y cansada.
Kenma le aprieta el hombro y desea que ojalá nada de esto hubiese pasado y pudieran volver a ser los amigos que siempre fueron sin que estas cosas les afecten. En qué maldita hora su cerebro y su cuerpo decidieron que le gustaba Kuroo, ¿o fue su corazón? ¿O quizás el problema era que cada una de sus partes deseaban cosas distintas? O quizás... personas distintas.
—Me temo que las Interhigh van a estar regular —comenta Kenma cuando ve salir a Lev, seguido de su madre, con una escayola que le llega justo debajo del codo, inmovilizándole la mano. El chico parece hasta contento de enseñársela deseando que todos le escriban y dibujen cosas.
—No te pongas el parche antes de la herida, aún no sabes qué gravedad tiene eso —dice Kuroo, ayudándole a levantarse y pasándole el brazo por la espalda para que pueda apoyarse en él al caminar a la pata coja.
Tiene que pensarlo dos veces para convencerse de que no le está abrazando. No es más que otro acercamiento físico inocente, como tantísimos otros que han tenido a lo largo de los años y que no significa nada más allá de lo evidente.
Y aún así nota que no es como al principio cuando Kuroo lo cogía en brazos para que no pisara los charcos de su calle en obras. Tal vez, la lección aprendida con Konoha ha sido más fructífera de lo esperado y merezca más reconocimiento por su parte.
Sea como sea, el pronóstico no es muy halagüeño. Por poco que ambos no tengan nada grave y solo tengan que guardar reposo unos días, son dos jugadores titulares menos a los que habría que sumar una nueva hornada de integrantes.
Y lo es mucho menos cuando Kenma sale al cabo de un rato con el pie vendado.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
—¿Pero qué haces? —exclama Kuroo al ver entrar a Kenma en su habitación. No sería raro si no fuera porque el rubio lleva una maleta, aparte de la mochila.
—¿No te lo he dicho ya?
—Sí, pero no creía que lo dijeras en serio.
—Por supuesto que lo decía en serio. ¿Tengo cara de estar de broma? —le responde con gesto impasible, mientras tira la mochila en la cama de Kuroo y él hace lo mismo a continuación.
—Ya, pero no hace falta...
—Hace falta y lo sabes —sentencia, acomodando las piernas también sobre la cama y sacando algunos libros de la mochila, por si acaso no hubiese quedado claro que no tenía pensado moverse de allí.
Kuroo suspira con resignación y lo ve darse la vuelta para meterse de nuevo en sus apuntes.
Kenma lo observa y sabe que en el fondo se lo agradece, aunque no lo admita en voz alta, porque sabe lo mucho que se juega en unos días. Y el rubio se lo ha dejado bien claro: no se va a mover de allí ni le va a dejar bajar la guardia.
También es por eso que haya decidido irse él a casa de Kuroo y no al contrario como acostumbran. Para ambos es mejor; Kuroo por no salir de su ambiente de estudio, donde tiene todas sus cosas, y Kenma por tener fuera de su alcance las comodidades de su habitación.
A veces piensa en cómo desde el primer momento Kuroo entró en su vida, al principio forzados a llevarse bien, pero luego abriéndose paso por sí mismo para instalarse allí. Fue Kuroo quien, recién llegado a la ciudad y más retraído que él si cabía, lo tomó como amigo y poco a poco se hizo un hueco que Kenma nunca se había dado cuenta de que había estado ahí hasta que Kuroo lo llenó.
Él nunca había tenido más que conocidos del colegio, y no sólo no echaba de menos tener amigos cercanos, sino que prefería evitar el contacto. Hasta que llegó Kuroo, metiéndose en su vida, yendo a su casa, porque podía morir antes de que Kenma fuera a la suya por voluntad propia, a veces sacándolo de su rutina, otras adaptándose a ella.
Respetando sus tiempos y deseos, comprendiéndolo, confiando en él.
Enseñándole lo que era tener un amigo.
Enseñándole a vivir.
Al final siempre acababa Kuroo en su casa, pues sabía que era difícil que Kenma saliera de su zona de confort por gusto, así que era él quien rompía ese espacio seguro con su presencia y sus ideas, arrastrando a Kenma con él.
—¿Por qué vienes aquí todo el rato? —le preguntó Kenma un día, extrañado de que Kuroo fuera a su casa cada tarde después del colegio, cuando lo único que Kenma hacía era a jugar a la videoconsola. Debía haber miles de actividades más satisfactorias que ver a otra persona jugar a un videojuego.
Por eso mismo le preguntó.
—En mi casa hay mucha gente.
Kenma se quedó pensando que en realidad solo era una persona más y no veía cual podía ser la diferencia. Además, Kuroo no parecía del tipo de chico al que incomodaba estar rodeado de gente, al contrario que él.
Tal vez, pensó, se trataba de que allí tenían más intimidad. Los padres de Kenma trabajaban casi todo el día por lo que pasaba la mayor parte del tiempo solo. En cambio, en casa de Kuroo, sus abuelos siempre solían estar allí salvo que salieran a dar un paseo o a hacer recados.
En casa de Kenma podían hacer prácticamente lo que les diera la gana, desde comerse el paquete de galletas de chocolate entero hasta fumar a escondidas unos cigarrillos que Kuroo le cogió a su padre, y que por supuesto la señora Kozume captó al instante nada más puso un pie en la casa, a pesar de que había ocurrido hacía horas.
Y ahora lo último que necesitaban ambos era esa intimidad. No necesitaban perderse en esperanzas, ilusiones o lamentos cuando era el momento de estar centrados y estudiar.
Las tentaciones era mejor mantenerlas lejos.
Nunca llegó a preguntarle por qué Kuroo pensaba que en su casa había mucha gente. Por qué eligió aferrarse a Kenma como un salvavidas provocándole a él la misma necesidad. En el fondo se sentía bien tener a alguien en quien confiar y con quien poder ser uno mismo sin miedos. La pequeña obligación que sentía cuando le decía que jugara con él al voleibol, porque si no no podría hacerlo, era más cálida y cómoda de lo que se suponía que debía ser. Sentirse necesitado y apreciado era algo que aprendió de él.
Por eso no volvió a cuestionar por qué iba a su casa constantemente. No importaba mientras se sintiera bien allí, así tuviera que prestarle su familia para crear la ilusión de la familia funcional que nunca tuvo, pues no tenía otro modo de agradecerle el que le hubiera tendido su mano y mostrado la luz.
Ahora lo mira. Está sentado en su escritorio, dándole a espalda y con una mano no para de darle vueltas al boli sobre el dedo pulgar, algo que a Kenma siempre se le ha dado fatal. Ya es todo un hombre a un par de días de volar solo hacia su futuro, lejos de él.
Y lo quiere con toda su alma porque no puede concebir cómo sería su vida si no le hubiera conocido. Si aquel día no hubiese aparecido aquel niño con el pelo raro que se escondía, como él, detrás de las piernas de su padre, y no se hubiese empeñado hacerle reaccionar, pero siempre esperando el momento en que estaba preparado para hacerlo. Siempre cuidándolo y protegiéndolo, como bien ha podido comprobar cuando ese fin de semana ha estado ausente y de pronto se encontró solo y desprotegido frente al mundo, rodeado de fieras dispuestas a devorarlo.
Aunque a veces es bueno vivir ese tipo de situaciones para saber decidir si deseas o no ser capturado.
Kuroo le había enseñado muchas cosas sin ser consciente. Entre ellas a enamorarse, y a saber que esa chispa que jamás creyó que se encendería en él, no sólo era cada vez más imposible de apagar, sino que a cada intento de hacerlo se avivaba con más fuerza.
No tenía más que mirar lo que había sucedido con Yamaguchi y Konoha para ver lo mucho que habían cambiado las cosas desde aquella noche en que Kuroo regresó de madrugada con los labios doliendo de amor.
Y es en ese momento cuando de pronto le suena un mensaje en el móvil.
Aún no se ha puesto a estudiar, tan sólo acomodándose un poco sobre la cama de Kuroo y sacando algunas cosas de la mochila, pero tampoco quiere distraerle si para eso ha ido allí, para no dejarle llorar a Tsukishima y fustigarle si es necesario.
Pero no es sólo por eso por lo que coge el móvil y le quita el sonido con rapidez. En la pantalla aparece el mensaje de Yamaguchi y Kenma no deja de mirar la espalda de Kuroo como si éste fuera a darse la vuelta y a leerle el pensamiento. O simplemente adivinar por ciencia infusa todo lo que hay detrás de un inocente mensaje.
Yamaguchi le cuenta que han tenido el primer examen y que a Tsukishima le ha ido bien, aún no saben la nota, pero se lo sabía todo. Matemáticas no se le da mal y si la lleva al día no hay que estudiar mucho.
No es más que una forma de estar en contacto y saber que la ruptura no les va a joder más de lo que ya están y para eso están ahí tanto Kenma como Yamaguchi, ejerciendo la misma figura protectora.
Y a pesar de eso, Kenma tiene una sensación extraña, como de estar haciendo algo prohibido que le hace estar tenso cada vez que escribe una respuesta. Le tiene quitado el sonido. No suena cuando recibe un mensaje ni tampoco el sonido de las letras cuando las teclea. No hay absolutamente nada que pueda hacer a Kuroo imaginar que está enviando mensajes cuando éste está de espaldas y sigue dándole vueltas a su boli o se lo coloca entre el labio y la nariz repasando mentalmente y anotando después en su cuaderno.
Se sobresalta cada vez que se mueve, girando un poco en la silla, creyendo que se va a dar la vuelta de golpe y lo va a pillar escribiendo. Como si Kenma no hiciera eso el noventa por ciento del tiempo. Pero tiene que aprovechar en ese momento, pues en el Karasuno tienen práctica por la tarde y no podrá volver a hablar con Yamaguchi hasta que vuelva a casa por la noche.
Dice que no tienen otro examen hasta dentro de tres días. Que ese le preocupa más porque es el de Historia y hay que hincar los codos y no sabe si va a poder conseguir que mantenga la concentración.
Dice que no van a hacer nada después de entrenar y no tienen deberes porque han tenido el examen. Que se van a tomar el día de descanso.
Que si quiere echar una partida online.
Kenma se pone nervioso. Nunca ha tenido una cita, pero eso es lo más parecido a tener una que ha estado jamás. Suena absurdo estar atribuyéndole ese estatus cuando queda con los chicos para jugar online todos los fines de semana y, sin embargo, esa es la sensación que tiene cuando nota que le arden las mejillas y aguanta la respiración por un instante mientras se muerde el labio para evitar que se le escape algún tipo de sonido delatador.
Pero mira a su alrededor y ve que no es posible. Tiene que estar ahí al lado de Kuroo, pues para eso se ha llevado todas sus cosas a su casa, para no salir de allí hasta que haya terminado su examen de ingreso.
Esa es ahora su responsabilidad. Tiene que estar ahí para él, como le prometió. Ahora sí.
No puede regresar a su casa a jugar online con Yamaguchi además de que no le conviene mover el pie y debe hacer reposo.
Se siente un poco acorralado y no quiere tener que mentirle a ninguno de los dos. Está claro que Kuroo sabe que Kenma se ha enterado de lo ocurrido con Tsukishima, pero no quiere que sepa que tiene contacto directo con los de Sendai.
Aunque en el fondo sabe bien que el conflicto que siente se debe a otra cosa.
Al final acaba admitiendo a Yamaguchi que no puede porque se ha instalado en casa de Kuroo para obligarlo a estar centrado y que además tiene un esguince en el pie. No sabe por qué le manda una foto para que vea que es cierto, como si debiera justificarse, cuando en realidad debería haberle mandado una foto de él y no de su pie.
Sabe que son imaginaciones suyas cuando de pronto los mensajes del de Karasuno son más escuetos y la duda le pellizca la tripa.
Le gustaría llamarlo de inmediato y aclararle que eso no significa nada, pero alza la vista de nuevo para encontrarla con la espalda de Kuroo y es consciente de que salirse de la habitación para hablar por teléfono iba a quedar sospechoso, más aún siendo totalmente innecesario además de contraproducente para su pie.
De nuevo está pensando en los malditos mensajes y su falta de contexto, cuando a modo de compensación le pregunta que cómo le ha ido a él en el examen. A Kenma de verdad le interesa saberlo y comprobar que le va bien, después de estar los dos otra vez en la misma situación. Aunque cuando le responde con un "Bien", sin más explicación, se da cuenta de que quizás debería haberlo hecho antes y no a destiempo pudiendo dar una impresión equivocada.
Al final acaba dejándole con una sensación de intranquilidad bastante incómoda que no le deja centrar la atención en los apuntes. Por lo menos se alegra de que a Yamaguchi le hubiera ido bien en el examen y no le estuviera afectando, porque lo que era él, como siguiera a ese paso no estaba muy seguro de cómo acabarían sus calificaciones.
Se empieza a dar cuenta de que es más serio de lo que parece cuando Kuroo rompe el silencio. Ese silencio falso de móviles sin voz y sentimientos reprimidos flotando en el ambiente.
—Estás inquieto. ¿Te pasa algo?
Hasta Kuroo lo ha notado cuando debería estar estudiando y no prestando atención a lo que pasa a sus espaldas.
—Será que estoy nervioso —responde, no sin mentir, pero tampoco diciendo la verdad al cien por cien.
Será que no sé lo que me pasa.
—¿Tienes pipí? —le pregunta con tono burlón. Sabe que no lo está diciendo en serio y que lo está haciendo para mortificarle y descubrir qué es lo que le sucede. Pero a la vez entiende que puede haber dado esa sensación.
—¡No tengo pipí! ¡Y qué más da si lo tuviera! —protesta con un poco de vergüenza.
No es que le avergüence el tema en sí, sino el hecho de que Kuroo haya sido capaz de darse cuenta con tan poco, como si tuviera un ojo en la nuca. Conociéndole tan bien que hacía casi imposible engañarle. Confirmando que debía tener cuidado.
Cuidado... ¿Cuidado, por qué?
—Si quieres ir al baño, puedo llevarte —se ofrece, a lo que Kenma lo mira entre escandalizado y horrorizado provocando que la mueca burlona de Kuroo se acentúe con su reacción.
—¡No necesito que me lleve nadie!
—¿Ah, no? —comenta dirigiendo su mirada al pie vendado sobre un cojín encima de la cama.
—Puedo ir solo, no tengo que hacer una maratón para llegar al baño.
—Como veas. Yo solo digo que te llevo si quieres. Hace diez años que te veo jugar a los videojuegos y sé cuando te estás haciendo pipí y no lo admites porque estás a punto de llegar al Boss final. Puedo entender que te de pereza tener que ir cojeando y lo estés aguantando sin necesidad.
—Vaaaaale, si tengo pipí te lo diré —admite solo para que se quede callado.
Por supuesto no va a dejar que lo lleve al baño. Pero eso no evita que se de cuenta de que el símil en cierto modo funciona. Es la sensación de emoción, impaciencia y nervios que tanto conoce, pero con algo más. Algo para lo que se había tenido que morder los labios y no dejarlo escapar dejándolo más aún en evidencia delante de Kuroo.
Piensa en que tal vez puede ir al baño y aprovechar para llamar, pero tampoco cree que sea buena idea, aunque tenga la sensación de que acaba de fastidiarlo todo.
La sensación se vuelve menos nebulosa y más concreta cuando esa noche se sorprende mirando el reloj, esperando que sea la hora en que los del Karasuno terminan el entrenamiento. Esperando que Yamaguchi contacte con él.
Iban a tomarse la tarde libre para descansar y despejarse del examen.
¿Qué estaría haciendo en lugar de jugar con él en línea como fue su idea en un principio?
No puede dejar de pensar en que contarle que se había instalado en casa de Kuroo puede haberle dado una idea equivocada. Que quizás se hubiera puesto ¿celoso?
¿Acaso eran celos lo que estaba sintiendo él en ese momento en que comprobaba el chat una y otra vez esperando a que dijera algo porque seguramente estuviera con Tsukishima?
N/A: Lamento la tardanza y que la espera haya resultado en un capítulo tan horrible. No diré que en el siguiente mejora porque es más de lo mismo, pero permitidme que lloriquee y me justifique XD.
Había (y hay) algo que no me convence. Traté de editar el capítulo varias veces y al final decidí que la primera versión era la que más me gustaba a pesar de que veía la narración pesada y a la vez superficial. Sin embargo, hay varios motivos por los que me decidí por esta opción y no por las otras. Mi principal pega era la falta de diálogo, pero es normal, creo, ya que es un capítulo bastante introspectivo en el que Kenma apenas tiene interacción y es necesaria esa falta de interacción porque refuerza el que Kenma se haya ido a casa de Kuroo. Por otro lado, esa falta de diálogo e introspección al final queda, creo yo, acorde con el lío mental que está pasando Kenma. Pensé que aunque no tenía diálogo podía meter algo similar con las conversaciones por mensaje, pero no mejoró el asunto. Me gustaba incluso menos metiendo los mensajes además de que el no verlos como lector también deja la incógnita que Kenma menciona de la falta de contexto. O sea, quien lee tampoco ha visto esos mensajes y tampoco tiene contexto, teniendo que confiar en el criterio de Kenma. Si Kenma dice que los mensajes de Yamaguchi se volvieron más escuetos pues esa es su opinión, no hay testimonio gráfico que lo confirme XD.
Sobre qué pasó con Kuroo y Tsukki, sabremos más en el siguiente capítulo. En este, a pesar de que Kenma lo sabe, no es el momento de sacarle el tema a Kuroo cuando lo que quiere es que se centre en sus estudios.
A pesar de todo, espero que os guste ^^
Besitos
Ak
