Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.

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Hans.

Si Elsa lo quería lejos de ella, lo estaba dejando muy en claro; de alguna manera había logrado sentar a Roland y Genevieve varios asientos más allá del lado opuesto al suyo, sentándolo entre su mejor amigo y Eugene, seguido de Punzie.

Desde el principio debió saber que, ya que lo había invitado, se encargaría de hacerle pasar al el rato; y nada mejor para lograr su cometido que posicionándolo junto al par de vagos anormales de su primo y la loca de su novia.

Un punto a su favor era que mientras la abuela de Roland estuviera presente, ni Rapunzel ni Eugene se comportarían como idiotas… no del todo.

La última vez que estuvo ahí, no recordaba que el invernadero fuera de esa manera, las paredes y el techo de madera habían sido reemplazadas por ventanales de cristal con plantas colgando alrededor, la estancia se mantenía cálida gracias a la chimenea moderna con cómodas sillas alrededor. Suave música deleitaba el lugar del que solo se escuchaban los cubiertos chocando tenuemente con los platos.

Comenzaron con una crema de apio con salmón ahumado, no se había pasado el primer bocado cuando Jo comenzó a hacer esos comentarios tan típicos suyos.

―Esta crema sabe muy bien― halagó―; Gerda cocina mejor cada vez que vengo.

―Gerda siempre ha tenido buen sazón― defendió Agnarr con delicadeza―. Estaríamos perdidos sin ella.

―Claro, porque Iduna no podría sola― aceptó―. Jamás permitiste que le enseñara a las niñas a cocinar. Elsie y Annie apenas y saben usar el microondas.

Hans vio a la blonda masticar el salmón con fuerza.

―Las chicas de hoy en día no necesitan saber ese tipo de cosas― contradijo el patriarca de los Solberg, calmado―. Mis hijas tienen otro tipo de pasatiempos.

Jo se cubrió la boca, escandalizada.

―Y dime tú ¿Qué harán el día que se casen? No pretenderás que compren esa asquerosa comida llena de grasa en las tiendas.

―Si lo pones de esa manera, mis yernos tendrán que ser buenos cocineros.

El bermejo rodó los ojos cuando Elsa chocó el puño con el desabrido de Kristoff, como si ese bueno para nada supiera freír un huevo.

"Tú tampoco sabes".

"Y no lo necesitas porque nunca vas a casarte con Elsa".

Jo lo dejó pasar, para sorpresa de todos, y la cena siguió en calma hasta que terminaron la entrada y les sirvieron el plato principal. Hans admitía que no era muy fanático del Rakfish, pero no estaba en posición de quejarse.

―Dinos, Elsa ¿estás acoplándote bien a Moscú? ―preguntó Elinor a medio plato―. Supongo que es un poco difícil.

―Difícil, pero no imposible― respondió la blonda, sonriendo tenuemente―. Me va bien, tía.

―Eso es maravilloso, querida― asintió la morena―. Sobre todo si tienes amigos.

Anya y Dimitri le guiñaron un ojo a Elsa, Hans le pateó el pie a su mejor amiga, sentada frente a él. Anya le regresó el golpe.

―¿Quiénes son estos chiquillos? ―preguntó Jo, reparando en los pelirrojos y en Ryder―, eh estado tan distraída que no los noté antes.

―Es eso o la edad― masculló uno de los trillizos, ganándose una mirada por parte de Elinor.

―Anastasia Romanova, señora― se presentó la bermeja, seria―, y él es Dimitri Ivanov, mi novio.

―Ryder Nattur…

―¿Y sus padres los dejan viajar juntos y solos? ―preguntó, ignorando a Ryder.

―Sí, abuela, igual que a Punzie y Fitzherbert― respondió Anna. Jo la ignoró.

―Linda ¿tus padres están de acuerdo con eso? ―peguntó a la bermeja rusa.

―Mis padres están en Estados Unidos― reveló Anya―, mi abuela es la que se ocupa de todo.

―Ya veo― asintió y después dirigió su atención hacia Dimitri―, ¿Qué hay de ti?

―Mi padre no tiene problema, señora― respondió Dimitri, neutro.

―Claro que no porque no es a ti quien le robarán la inocencia― Jo negó con la cabeza, volvió a centrarse en Anya―, debes elegir bien a quién le entregas ese regalo tan preciado.

Merida se atragantó con el vino al intentar ocultar su risa con la copa.

―¿De qué se supone que te ríes, niña? ―espetó la mayor―, que tú no respetes las buenas tradiciones no significa que todos sigan el mismo camino de la perdición.

―Ay, no, yo lo dejo aquí― Merida rodó los ojos―, ya vas a meter a Dios y a la biblia.

―¡Ya traen la el cordero! ―anunció Iduna.

El Fårikål olía bien y mantenía al bermejo ocupado, ligeramente alejado del drama de esa mujer.

―¿Ya tienes otro novio, Elsa?― el colorado levantó la vista de inmediato al escuchar a la anciana. Todos en la mesa enfocaron los ojos en la blonda, sobre todo él, Agnarr y Roland.

―Pues…

―No vayas a salir embarazada― Agnarr y Roland se envararon.

―¡Abuela! ―Elsa se atragantó con el cordero, cogió la copa de vino y bebió un poco para apaciguar la tos―. No tengo novio, soy feliz y soltera― declaró al recuperarse―; y no estoy segura de querer tener un bebé en el futuro.

―¡No digas eso! ―exclamó Jo, escandalizada―. Dar vida es lo mejor que nos puede pasar a las mujeres.

―Bueno, aun así no…

―Y eres preciosa, no cabe duda que tus bebés serán hermosos si sabes elegir bien al hombre con el que te cases― declaró la viejecita, Hans trató de hundirse en su silla cuando la vio paseando sus acuosos ojos por la mesa. Enfocó su mirada esmeralda en los cubiertos cuando Jo lo encontró―. ¡Ahí estás, Hansy! ya lo dije en el pasado, ustedes dos harían una pareja exquisita.

―Abuela…

―Nada, Roly, nada― interrumpió a su mejor amigo―; te molestarás un momento, pero después aceptarás a Hans como esposo de tu hermana.

Roland se giró hacia él bruscamente, pidiéndole con la mirada que se apresurara a contradecir a su abuela.

―Mire, Jo, yo no…― comenzó, pero la aludida no lo dejó continuar.

―Querido, no importa que seas ruso, eso es lo de menos― aseguró con un tono compasivo que le provocó molestia―. Tú no tuviste la culpa.

Anya y Dimitri ocultaron su propio desagrado con la comida, pero Ryder se limitó a mirar a la mujer con confusión.

―A ver abuela, te estás yendo muy lejos…― intentó Roland, pero Jo parecía decidida a no permitirle que la interrumpiera.

―Solo hay que dejar el orgullo de lado, igual que lo hice yo cuando me casé con mi querido Daniel.

―Cualquiera deja el orgullo de lado cuando el hambre huele el dinero― asintió Anna, con falsa comprensión.

―¡Anna! ―chilló Iduna, severa.

―Abuela, primero quiero que sepas que Hans es novio de la hermana de Ryder…

Hans le lanzó una mirada áspera a la blonda. ¿Acaso tenía que mencionar eso? suficiente tenía con que la vieja loca que tenían por abuela molestara a Roland con su insistencia en una relación entre ambos como para que esa lagartija pálida sacara a relucir a la desequilibrada de Honeymaren.

―¿Quién es Ryder?

―¡Está sentado junto a mí!

―Ruso ¿verdad? ―preguntó, dejando ver un poco de desprecio en su voz y en sus ojos azules.

―Da igual, sácate de la cabeza que puede existir algo entre Hans y yo porque nunca ha existido nada y nunca existirá.

La mesa quedó en silencio durante varios segundos.

―¡Cuanta pasión! ―exclamó Jo, extasiada. Eugene aplaudió al instante, apoyándola.

Hans le pisó el pie debajo de la mesa, molesto.

Pero, si debía sacar a relucir su honestidad, no estaba molesto por los comentarios de Jo, sino por la hiriente franqueza de Elsa. Por un segundo deseó olvidarse de la presencia de todos los demás en el invernadero, deseó que estuvieran solos para gritarla a la cara que sí que había existido ese nada entre ambos, que seguía existiendo y que existiría hasta que no lo terminaran por completo.

―Necesito más vino― declaró Elsa, levantándose de la silla.

―Bulda lo traerá…― comenzó a decir Iduna, pero Agnarr se aclaró la garganta en una señal que la dejara en paz.

―Sírvete lo que gustes, mi cielo― dijo el hombre.

Los ojos cerúleos de la blonda se toparon con los suyos de esmeralda por una fracción de segundo que no pudo disfrutar.


Elsa.

Alguien— además de Honeymaren— debía detestarla horriblemente para que su cena de cumpleaños estuviese siendo de lo más incómoda.

"No, la abuela Jo es la que arruina todo".

Eso debía ser, porque estaba segura que, de no estar esa vieja presente, todo sería mucho menos incómodo.

La risa de Eugene llegó a sus oídos, a varios metros de la mesa donde todos cenaban, ese drogatas parecía ser el único al que no le estaban molestando los comentarios del todo.

Pero lo tenía sentenciado y ya se la pagaría… una idea nació en su mente y una sonrisa maquiavélica la acompañó, formándose en su rostro de porcelana.

Su oportunidad llegó cuando, segundo después, el castaño levantó su teléfono para revisarlo y Elsa no lo dejó pasar, sacó el suyo y le envió un mensaje.

"[Elsa]: Ven".

Eugene frunció el ceño al leerlo y de inmediato le tocó el hombro a Hans para mostrárselo. El bermejo tomó el teléfono y entrecerró los ojos, la miró enseguida.

"Maldito drogo".

Hans tecleó una respuesta en el teléfono del castaño, Eugene se giró hacia Punzie, quien parecía ajena a todo mientras charlaba con su padre.

"[Flynn Ryder]: ¿Qué?".

"[Elsa]: Dale el maldito teléfono a Fitzherbert y que venga hacia aquí ahora mismo, o las cosas se van a poner feas para ustedes dos".

Hans maldijo en ruso, atrayendo la mirada de Roland. Elsa se giró de inmediato para evitar que su hermano pudiera relacionar lo que Hans veía en el teléfono con ella. Un par de minutos después pudo escuchar unos pasos tras su espalda.

―Hansy dijo que requeriste mi presencia con carácter urgente― musitó Eugene, fingiendo que olía el contenido de una botella de vino blanco―. También pude leerla.

―Qué bueno que sepas que, en efecto, es urgente― respondió, imitándolo.

―Tú dirás.

―Estoy harta de que mi abuela se comporte como una idiota frente a todo el mundo ¿sabes? ―comenzó―, siento pena ajena cada que hace un comentario estúpido sobre todo porque sé que mamá, la tía Elinor y la tía Arianna, tu suegra dicho sea de paso, se sienten heridas al saber que sus hijos no soportan a su madre.

―Elsa…

―Puede que no lo entiendas porque tu abuela también es alemana, pero seguramente no tiene las horribles creencias de Jo.

―No las tiene― aseguró.

―Y tú eres el único al que no le molesta del todo porque eres blanco, alemán y nadas en dinero, da igual la manera en la que tu padre lo haga, eres rico y ya está. Es lo único que le importa a la abuela Jo.

―También soy atractivo― agregó el moreno, vanidosamente. Elsa asintió.

―Sí, por supuesto, no lo niego. Eres el doble del tío Frederick… un poco menos manejable, pero sí.

―Ve al punto, por favor.

―El punto, mi estimado, es que me cansé― expuso mientras se servía un poco de vino―. Es mi maldita cena de cumpleaños, se supone que debo estar disfrutándola, pero ella está poniéndolo difícil para todos y ya eh tenido suficiente.

―No entiendo.

―Ya te lo explicó, no te preocupes. No tengo idea de cómo lo hagas, pero quiero que ella se vaya.

―¿Quién? ¿La abuela?

―Hasta la llamas abuela― Elsa negó con la cabeza―, sí Eugene, ella.

―¿Qué se vaya a dónde?... no estoy entendiendo nada.

―No soy tonta, puede que ya no vendas nada, pero estoy segura que sigues fumando de vez en cuando― declaró con suavidad―. Llama a quien tengas que llamar, pero que te den algo para sacar a la abuela de la jugada… ya sabes, algo que la ponga a dormir por varias horas y que no deje rastro por si la vieja insiste en hacerse estudios.

―¡¿Qué?! ―siseó el castaño, escandalizado―. ¿De verdad estás pidiéndome que le dé una especie de somnífero a la abuela?

Elsa no se lo pensó.

―Sí, es justo lo que te estoy pidiendo.

―¡No! ¿Por qué lo haría?

La albina dejó salir una risa musical y se sirvió otra copa de vino.

―Porque yo lo digo.

―Mira Elsa, me caes muy bien, de verdad― afirmó el muchacho, mirando por encima de su hombro―. Pero debo decirte esto: puede que tengas a Hans bien sujeto de los testículos, pero a mí no.

―Para tú mala suerte, me temo que los tengo a ustedes dos y a otros tantos bien sujetos de ahí― contradijo―. Me agradas, Eugene, sé que puedes ser un imbécil, pero reconozco que de verdad quieres a mi prima y eso me hace no detestarte.

―Pero…

―Pero no voy a dudar en ir a decirle a Roy que me llevaste con engaños hasta CVS, me dejaste dentro de la camioneta y después alguien misterioso me llevó a una cabaña en el bosque para tener sexo hasta una hora antes del Bruch de su boda. Los dos sabemos que eso no le va a gustar para nada.

Eugene palideció.

―No, a ver, podemos solucionar esto…

―No acepto negociaciones― replicó―. Cómo parece que no fue suficiente con eso, le voy a decir a mi hermano que ese alguien misterioso es Hans.

―Els…― suplicó, mirando a la mesa. Los ojos verdes de Hans estaban fijos en ambos.

―No aprendes ¿verdad? ―chasqueó la lengua―. Eso tampoco es suficiente, bien, volveré a la mesa y soltaré sutilmente esta información… escucha bien― el castaño se tensó―: le diré a mi abuela, a la tía Arianna y al tío Frederick que eras camello y que, seguramente, alguna vez le diste hongos alucinógenos a Punzie… ah, y que se tragaron unas píldoras afrodisiacas para ser más salvajes en el acto― Eugene jadeó, sorprendido―. Sí, Punzie se va de boca a veces.

El castaño se mordió el labio, indeciso.

―Créeme, te caerás del pedestal en el que mi abuela y mis tíos te han puesto, y perderás a Punzie― Eugene se enderezó al instante y la blonda ocultó una sonrisa victoriosa al ver que había ganado, su prima era el punto débil de aquel imbécil.

―Bien― cedió finalmente―, pero será lo último que me pidas.

Elsa volvió a reírse en voz baja.

―No, Flynn, apenas es el comienzo.

―Imposible, es demasiado lo que pides…

―¿De verdad? ―espetó―, te recuerdo que gracias a tu colaboración me cogieron en una cabaña y después me trataron como a una cualquiera.

―Tú también te lo cogiste…

―Roy no va a creerse eso cuando llore frente a él― imprimió tanta decisión en su tono para que no le quedara duda que cumpliría con su amenaza―. Me la van a pagar, los dos. Te estoy teniendo consideración por Punzie, deberías ser más agradecido.

Bebió lo que quedaba del vino en su copa y se la entregó, arrancándole la posibilidad de decir nada más, y se alejó con sus habituales andares de bailarina, bajo los atentos ojos de Hans.

―Eh vuelto― comentó, sentándose en su lugar.

―Tardaste demasiado eligiendo un vino…― Iduna rodó los ojos y guardó silencio ante el toque suave de su esposo en su muñeca.

―Me alegra que estés más relajada― Agnarr le guiñó un ojo y Elsa le sonrió dulcemente.

Retomó sus cubiertos y procedió a terminar el cordero en su plato.

―¿Estás bien? ―le susurró Ryder.

―Lo estoy ahora― respondió de la misma manera―, solo necesitaba unos minutos lejos de ella.

―Suertuda.

―¿Estás bien? ―preguntó Kristoff a su otro costado, Elsa le respondió lo mismo que al castaño y el blondo asintió―. Mientras esté fuera de su radar no hay problema… siempre y cuando no me llame…

―¡Flynn! ¿Dónde vas? ―la voz de Punzie inundó el invernadero, el aludido, que caminaba discretamente hacia la salida, se detuvo.

―Estaba por ir al servicio, florecita, solo quería ser discreto― respondió el castaño de lo más natural, como si minutos antes Elsa no lo hubiera amenazado―. Ya vuelvo, preciosa.

Punzie asintió y el moreno retomó su camino.

―Que buen chico, tan educado― comentó Jo a nadie en especial―. El mejor pretendiente que pudo tener ¿no lo crees, Arianna?

Ja, mutter* ―respondió la castaña.

―¿Frederick?

Na sicher*.

Elsa miró a Merida, tuvo que contener una risa cuando su prima articuló "vieja bruja" con los labios.

Más le valía a Fitzherbert no tardar con su encargo.


Hans.

El reloj en su muñeca le dijo que su primo llevaba más de media hora ausente desde que se había marchado al "servicio", si ya se olía que algo no andaba bien, la pose relajada que mantenía Elsa al charlar con Kristoff y Ryder era confirmación suficiente.

Si tan solo pudiera levantarse de la mesa para ir a buscar a ese andrajoso…

―Fred, Agnarr ¿Qué me dicen de un buen whiskey? ―preguntó Fergus en voz alta, cortando la perorata de Jo sobre las cremas que usaba para mantener suave como una pasa su piel blanca.

―Estaba esperando a que lo sugirieras ― respondió el padre de Rapunzel.

―Vayamos entonces, Kai dejó un par de barriles de mi reserva personal en la bodega― reveló el hombretón escoces con tono confidencial.

―No se diga más― Agnarr dejó su servilleta a un lado del plato y se levantó―, señoras, si nos permiten unos minutos…

―Cielo, traerán el postre dentro de nada― Iduna lo tomó de la mano para detenerlo.

―Lo sé, querida, no serán más de treinta minutos y así aprovechamos para digerir el plato fuerte― plantó un beso en la coronilla de la madre de Roland y se soltó de su agarre con delicadeza.

―Chicos, acompáñennos― los ojos verdes de Fergus recorrieron la mesa para mirar a Dimitri, Ryder, Kristoff, Roland y al mismo Hans―. Es el mejor Whiskey de Europa, no se arrepentirán.

―Veré si mi yerno está mejor― dijo Frederick, levantándose también―, ahora que recuerdo ya se tardó un poco.

―Quizá fue el cordero, tiene un estómago delicado― Punzie se mordisqueó el labio, preocupada.

―En ese caso, un buen trago le caerá bien preciosa― le aseguró Fergus, el pelirrojo miró a sus trillizos―. Vengan con nosotros, chicos.

―Tienen doce años, Fergus― recalcó Elinor, bebiendo vino.

―Si mi vida, solo quiero que nos acompañen― respondió el hombre, dócilmente.

―Ya hizo de Merida una alcohólica, no dejes que haga lo mismo con Hamish, Hubert y Harris― dictaminó Jo con cizaña―. Yo solo digo.

―Que no beban nada, Fergus.

―Como digas, amor.

Los trillizos se levantaron de sus asientos, mascullando palabras en escoces que Hans estaba seguro, estaban lejos de ser respetuosas.

Caminó junto a Roland y Dimitri hacia la bodega, trató de poner atención a la charla entre Ryder y Kristoff, que iban más atrás, pero desistió al darse cuenta que solo hablaban de renos y una tienda en la ciudad…

―¿Dónde carajos estará Fitzherbert? ―preguntó Roland al entrar en la casa―. No es que piense que puede robarnos o una cosa por el estilo― añadió presuroso al verlo fruncir el ceño.

―Babushka lo educó bien, puede ser muchas cosas, pero ladrón no― aseguró el bermejo.

―Sí, por supuesto; solo se me hace raro― dijo el blondo.

―Tal vez después del servicio fue a por agua― planteó Dimitri―, yo suelo beber agua después de…

―Demasiada información, Vladimirovich― lo cortó Hans.

―Jodidos nombres tan raros― rió Roland―. ¿Cómo era el tuyo? ¿Alexandronich?

―Alexandrovich, con v― corrigió―. Has estado muy calmado considerando que Ryder está aquí.

―Es contra la loca de su hermana con quien la tengo, Elsa dice que es buen tipo― respondió, encogiéndose de hombros―. La defendió en un bar de un imbécil que la perseguía― le propinó un pequeño golpe en el brazo―. Haz lo mismo si tienes oportunidad, prefiero debértelo a ti que a otro cabrón.

Hans se mordió la lengua para no decir el nombre de Vladimir, Dimitri lo miró y guardó silencio. Ambos pensaban lo mismo.

Vladimir ya tendría su momento para relucir ante Roland.

―Lo mismo para ti, Dimitri― Roland codeó al aludido―, me agradas, tío.

―Seguro, Anya y yo cuidamos del culo de Elsa. Igual Ryder…

―Aun así te molesta que esté aquí ¿cierto? ―siguió Hans, tratando de dejar a Elsa lejos de la conversación; algo le decía que no lo conseguiría del todo.

―Un poco― aceptó el blondo―, pero es amigo de mi hermana y ella te invitó, viene siendo lo mismo.

―¿De qué manera? ―preguntó Dimitri, mientras bajaban las escaleras rumbo a la bodega de los Solberg.

―A Els no le agrada Hans y a mí no me agrada Nattur del todo, pero ambos están aquí y algún día terminaremos por aceptar al otro.

Hans no estaba seguro de que Roland lo aceptaría de la manera que él deseaba.

Sacó su teléfono y le envió un mensaje a su primo.

"[Hans]: ¿Dónde carajos estás?"

"[Flynn Ryder]: Te cuento en cuanto podamos estar solos".

"[Hans]: Estamos en la bodega del padre de Roland, ven de inmediato. Es la última puerta del tercer corredor a la derecha cocina. Muévete".

"[Flynn Ryder]: OMW*".

―Fitzherbert viene para acá― informó Hans al resto de los hombres.

―Qué bueno, temía decirle a Punzie que no lo encontramos― Frederick dejó salir un suspiro de alivio.

Hans entendía por qué Jo estaba contenta con los esposos de sus hijas, hombre rudos para los negocios, pero blandos en cuestión de la familia, fáciles de manejar por las esposas y los hijos.

Su primo apareció justo cuando Fergus estaba sirviendo varios vasos para cada quien.

―Lamento la tardanza, tuve que ir a la cocina a por una aspirina; me apena decir que mi estómago perdió la batalla contra el cordero― se excusó mientras bajaba las escaleras.

―Qué pena, ¿te encuentras mejor? ―preguntó Agnarr.

―No se preocupe, tío Agnarr, estoy bien ahora.

Todos, a excepción de los mayores, lo miraron.

―¿Tío Agnarr? ―masculló Roland.

―Pues claro, Gen llama tío y tía a tus tíos, yo también puedo.

―Ella es mi esposa.

―Bueno, yo seré el marido de Punzie en el futuro… primo.

Roland se envaró.

―Tío Fergus, dame ese vaso por favor, lo necesito ahora.

El hombretón rio y le alcanzó el vaso con el licor, Hans aceptó el suyo y probó, el whiskey le quemó la garganta de manera agradable y se asentó en su estómago con suavidad.

―Esto es increíble, señor DunBroch― halagó Dimitri―. ¿De qué está hecho?

―Usamos miel de maple que nosotros mismos producimos― respondió el aludido, orgulloso.

―¿Ha pensado en expandirse a Rusia?

―Los rusos no ven más allá del vodka… sin ofender chicos― se dirigió a los dos pelirrojos y a Ryder―, estar sentado en la misma mesa que mi suegra durante una hora ha podido conmigo.

―Yo me siento a la mesa con ella casi todos los días― replicó Frederick―, más vale que me des un par de botellas de este elixir.

―Me temo que no será posible, lo que tienen en sus manos, señores, es el nuevo producto de mi compañía que sale a la venta en febrero del año siguiente― reveló.

―Bueno, los rusos no le haces ascos a ningún tipo de alcohol― Dimitri volvió a la carga―. Tal vez podamos llegar a un buen acuerdo.

Fergus dejó salir una carcajada.

―Este chico es oro, si mi Merida no estuviera loquita por esta niña Winnie, y si tu no estuvieras con la otra chica; bueno, serías buen partido después de Haddock.

―¿Quién es Haddock? ―preguntó Ryder en dirección de Kristoff.

―Luego te explico― respondió.

Hans rodó los ojos y acercó a Eugene de manera sigilosa, su primo se bebía el whiskey con prisa y sujetaba el vaso de manera nerviosa. Su mente comenzó a maquinar una manera de quedarse a solas con él.

―¿Podemos tomar un sorbo?― preguntó uno de los trillizos.

―No lo sé― dudó Fergus―, su madre dijo que no.

―Pero ella no es tu jefe― planteó otro de los pequeños pelirrojos.

―Hamish…

―Tampoco está aquí― añadió el ultimo.

―Y no tiene porqué enterarse― dijeron los tres al unísono. Agnarr y Frederick rieron.

―Bien, pero solo un sorbo y ni una sola palabra de esto a su madre― negoció el pelirrojo mayor, pasándoles su vaso. Los niños tomaron del vaso uno por uno y asintieron, satisfechos por el sabor―. Esos son mis chicos, buenos escoceses.

―Me recuerdan a Roy cuando lo dejé beber por primera vez― recordó Agnarr―, era un chiquillo y ahora ya está casado.

―Ay no, dejemos la nostalgia y mejor volvamos― sugirió su mejor amigo―. Mi madre debe estar molesta porque nos marchamos.

Dejaron los vasos en la barra dispuesta y emprendieron camino de vuelta, Hans se detuvo en la puerta, provocando que Roland, Dimitri y Eugene lo imitaran.

―¿Qué pasa? ―preguntó el blondo.

―Creo que necesito una de esas pastillas de las que habló el vago― contestó.

―¿Te sientes mal?

―Roy, tu sabes que el cordero y yo siempre nos hemos llevado bien, pero aparentemente hoy decidió detestarme.

―Bien, te acompaño…

―No, no, ve con tu familia; ya lo acompaño yo― Eugene lo cortó de inmediato―. Por favor dile a Punzie que ya nos uniremos a ustedes en unos minutos.

Roland asintió y se marchó en compañía de Dimitri. Hans esperó a que estuvieran lejos y finalmente encaró al castaño.

¿Se puede saber qué demonios te pasa? ―preguntó en ruso por si alguien del servicio estaba cerca―, te tardaste años en ir al baño.

¿Sí, hijo de perra? Mejor no empieces Hans, ahora mismo no estoy de humor― espetó Eugene de la misma manera.

¿Qué demonios se traen tú y la lagartija entre manos? ¿Eh?

Controla tus celos, no es lo que piensas.

Entonces ilumíname.

No sé cómo puede gustarte, esa Elsa parece que no rompe un plato, pero es una maldita arpía.

Deja de decir estupideces, por supuesto me gusta― contradijo, enrojeciendo de rabia.

Claro Hans, y yo no eh tocado a Punzie hasta que no me case con ella― rodó los ojos, sarcástico―. Me está obligando a que le dé un sedante a la abuela Jo.

¡¿Qué?! ―exclamó, sorprendido―, ¿se ha vuelto loca o qué le pasa?

No sé, pero tengo que hacerlo porque si no…

¿Si no qué?

Me amenazó con decirle todo a Roy.

Hans se tensó.

Está muy enojada por lo de la cabaña y ese secuestro exprés del que me convenciste para que te ayudara, te dije que era una mala idea, pero no, el señor tenía que insistir ¿verdad?

Y tú le creíste ¿no? ―el bermejo chasqueó la lengua―. La lagartija no va a decir nada porque saldría tan mal parada como yo.

¡Deja de pensar en ti y en su maldito coño durante un segundo! ―exclamó el castaño, tomándolo por los hombros―. Me dijo que lloraría y que prácticamente le diría a Roland que la lleve a esa cabaña para que te la cogieras y después la humillaras… también amenazó con contarles a mis suegros sobre las cosas que vendía cuando me peleé con mi padre.

Roland no creería algo así…

¿De verdad piensas que va a escogerte por encima de ella? ―el bermejo no contestó―. Mira, Jo le está tocando los ovarios y se está poniendo muy borracha; Elsa en estado de ebriedad nivel dios no es beneficioso para nadie más que para ella.

No puede decirle lo que pasó entre nosotros…

¡No solo importas tú, imbécil! ―Eugene lo zarandeó―. ¡¿Qué hay de mí?! Quiero casarme con Punzie y que su familia siga queriéndome, y ustedes dos no lo van a arruinar― declaró, decidido―. No sé qué le hayas hecho, pero arréglalo; arrastrarte si es necesario, solo quiero que esa bruja de las nieves me deje a mí y a mi florecita por la paz.

Un silencio reinó entre ambos.

Dale el sedante o lo que sea a esa vieja racista― dijo Hans después de un rato.

Claro que se lo voy a dar, estúpido― espetó―. ¿Por qué crees que me tardé? Llamé a Tarrant Hightopp*, el tipo inglés que hace sombreros y siempre cuenta ese chiste del cuervo y el escritorio ¿lo recuerdas? ―Hans asintió―, Bueno, logró que Absolem* me vendiera algunas pastillas.

¿Y cómo se las vas a dar?

Dijo que las picara y las vertiera en una bebida, licor de preferencia― explicó―, la pondrá a dormir hasta el día siguiente y solo tarda unos diez minutos en hacer efecto.

Pues dáselas.

Es más fácil decirlo que hacerlo― Eugene se llevó las manos al pelo, nervioso―. Tienes que ayudarme.

Ahhh no.

Ahhh sí, por tu culpa estamos metidos en esta guerra contra la reina del hielo― escupió―. Maldita mocosa.

Hans lo miró con fastidio.

Bien, ya deja de llorar, mejor vuelve ahí dentro y pica esas pastillas para que en la oportunidad que tengamos, se las des a Jo.

Ya lo hice, tarado, cuando tú vas por el caviar, yo ya vengo para atrás con el pan horneado.

Perfecto, no eres tan imbécil― Eugene jadeó, ofendido―. Vámonos ya, antes que tu ausencia se note más.

Su primo asintió y ambos retomaron el camino hacia el invernadero, las miradas de todos se posaron sobre ellos al llegar, los platos habían sido retirados y una copa llena de multekrem los reemplazaba.

―¿Estás mejor? ―preguntó Roland cuando se sentó a su lado.

―Sí, por supuesto.

―¿Dónde estaban, queridos? ―preguntó Jo.

―En el servicio, abuela― respondió su primo.

―¿Los dos? ―Hans deseó darle una colleja a Rapunzel ante el tono sugerente que había usado.

―Punzie, no digas eso, es asqueroso― espetó la mujer, bebiéndose el agua de su copa.

―¿Qué es asqueroso? ¿Dos chicos saliendo juntos? ―Merida se enderezó en su silla.

―Precisamente― aceptó la anciana como si nada.

―Que no es el siglo pasado, para que te enteres…

―Ahórrate tus palabras niña.

―No, la única que debe ahorrárselas eres tú― contradijo, apuntándola con la cuchara―. Te recuerdo que Hitler ya no vive.

―Si vamos a comenzar con esto, necesito un trago.

―¡Yo te lo traigo, abuela! ―Eugene se levantó de la silla de inmediato y se alejó en dirección de la mesa con las botellas llenas de licor.

―Claro que Hitler ya no vive porque…

―Porque era un cobarde que prefirió matarse antes que enfrentarse a las consecuencias de sus estupideces― replicó la escocesa―. Tu que dices ser tan religiosa ¿no encuentras en tu corazón un poco… solo un poco de resentimiento por ese hombre que hizo tanto daño a personas inocentes?

―Eso debieron pensar antes de nacer en la miseria.

―Bueno, estoy segura que algunos judíos tenían un nivel de vida mucho más alto que el de tu familia… digo, habían doctores y abogados en esos campos de exterminio mientras que un soldadito como tu padre, que subió de rango gracias a los actos atroces que cometió, los custodiaba.

―¡Merida! ―chilló Elinor, horrorizada. Hans ocultó una sonrisa con el postre, a veces esa melenuda tenía cosas buenas para decir.

―Esto es un circo― Jo negó con la cabeza―, pero yo tengo la culpa por no haber educado mejor a mis hijas y como consecuencia mis nietos son unos rebeldes.

―Mamá…― intentó Arianna, pero la viejecita no la dejó continuar.

―Quizá no eh rezado lo suficiente― siguió, dándose golpes de pecho. Eugene regresó con una copa de vino blanco, le lanzó una mirada y el bermejo asintió; Jo le recibió la copa y le pegó un sorbo sin siquiera mirarla―. Admito que este año no fui a la iglesia tres domingos, pero no se vuelve a repetir.

―Mira abuela…

―Estoy pagando por los pocos pecados que cometí en el pasado.

―¿Pocos? ―se metió Anna.

―Tres diablillos que de ángeles solo tienen la cara― los trillizos rodaron los ojos―, una desviada pecadora― Merida jadeó de sorpresa―; si tan solo hubieras ido a catecismo no estarías tan metida entre las piernas de esa polaca gorda― Fergus sujetó a su hija cuando hizo amago de levantarse, Jo siguió bebiendo de la copa―. Además un mocoso que se cree adulto casándose con otra chiquilla todavía más irresponsable que él.

―Creo que habla de ti― el cobrizo susurró en dirección de su mejor amigo, Roland entrecerró los ojos con molestia. Gen mantuvo una mirada neutra.

―Pensé que todo iba bien con Elsa, ese muchacho Jack era todo lo que alguna vez deseé para ella… dejemos de lado que era ruso, pero lo dejaste para irte con ese ojos de zorro japonés.

―No lo dejé yo, abuela― contradijo la blonda, con una calma fría―. Lo engañé con un imbécil― Hans se aclaró la garganta―, y por eso me dejó.

Jo dejó salir una risa burlona.

―Se dio el lujo de dejarte, que imbécil.

―Puedes estar segura que es más inteligente que todos los blancos que estamos sentados en esta mesa.

―Defiéndelo, para eso sí estás buena― le volteó la cara y miró a Anna―, y después esta niña que recogió las sobras de esa mexicana.

―Señora Jo― empezó Kristoff―, Anna no…

―¿Te perdiste de Asgard, Thor? ―masculló―, más bien deberías ser un gigante de hielo.

―¿De mí no tienes nada que decir, abuela? ―la vocecita chillona Punzie se elevó.

―Claro que sí, estás muy mal si piensa que voy a dejar que te cases con ese cabello tan horroroso. Voy a encargarme que te crezca y sea rubio de nuevo.

Se terminó el contenido de la copa y se levantó de la silla.

―Estoy harta, me marcho ya.

―Madre, la cena aún no termina.

―Me recostaré en una de las habitaciones mientras termina, ya después pueden quemar el colchón si tanto asco les causo…

No siguió con su cháchara porque las piernas le fallaron y cayó al suelo, ningún de los presentes se movió durante varios segundos hasta que las mujeres mayores dejaron salir alaridos de susto.

―¡Mamá!

―¡Levántenla!

―¡Merida, deja de reírte!

Hans miró a su primo, cuyos ojos castaños estaban posados en la blonda, quien bebía de su propia copa sin mostrar ningún signo de preocupación.

Tragó seco.

ACLARACIONES.

Ja, mutter: Sí, madre en alemán.

Na sicher: Por supuesto en alemán.

OMW: On my way significa voy en camino en inglés.

Tarrant Hightpp: el sombrerero loco.

Absolem: La oruga que fumaba en Alicia en el País de las Maravillas.


Holaaaaaa. ¿Cómo están? ¿cómo les va? Espero que hayan iniciado este año con todo. Actualizaré más seguido, pero les estoy preparando una sorpresa a ustedes amantes del Helsa.

Les deseo un buen jueves pozolero (a los mexicanos hehe) nos leemos pronto.


Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.