La historia que dejamos pasar


Capítulo 32

El brillo de la estrella en su pecho se reflejó en el espejo y Kotoko se quedó observándola unos momentos. El collar de oro rosado era una pieza muy bella, escogida especialmente para ella de parte de Naoki-kun, y no se cansaba de mirarla cada vez que podía.

Quería darle algo también; no obstante, a diferencia suya, él no dedicaba interés a recibir cosas.

No era un dato que aprendiera en esas dos semanas y media que tenían de noviazgo, sino un conocimiento pasado que se reforzó en la actualidad.

Agitó la cabeza y se terminó de acomodar el uniforme, para luego cerrar la puerta de su casillero. Era tiempo de trabajar.

Sonriente, abandonó los vestuarios y fue hacia la estación de enfermeras.

Dio un respingo cuando un brazo delgado se entrelazó con el suyo toda vez que oía su nombre.

—Moto-chan —saludó girando la cabeza.

—Finalmente estoy en Cirugía de nuevo, no quiero escuchar de más otitis y deshidratación. ¿Por qué les gusta tanto visitar playas y piscinas en julio? Pueden ir en todo el año.

—Te divertiste en Urgencias.

Moto-chan gruñó.

—Al menos no fue en temporada de varicela, tengo que estar sujetando a los niños para que no se rasquen y siempre quieren hacerlo.

Kotoko rió.

—¿Y tú? No he podido verte para platicar de tu cena triunfal. Qué pena no encontrar tu talla en ese vestido rojo brillante. ¿Cómo te fue?

Se sonrojó, haciendo que su amiga chillara y la acorralara contra la pared.

—Cuenta, cuenta. Me he contenido de enviarte mensaje porque quería escucharlo en persona.

—Moto-chan, debo empezar mi turno.

—Bah, faltan diez minutos. Ya aguardé mucho tiempo. ¿Se quedó boquiabierto? ¿Sintió celos de las miradas que recibiste? ¿Estuvo solícito? ¿Hiciste esa inclinación sensual para que se atragantara con la comida? ¿O el toque seductor de tu pelo? ¿El accidental roce de tu pie con su pantorrilla?

El rostro se le calentó de más al recordar que, tras la compra de su vestido, no le prestó atención mientras le decía… todo eso, aparentemente.

—¿Comprobaste si la suposición de Nishigaki-sensei era cierta?

—Eh, nosotros estamos, él, verás, me pidió una oportunidad.

Aprovechó que Moto-chan se congelaba para escabullirse debajo de su brazo y huir hacia la estación. La oyó soltar una exclamación y miró sobre su hombro, solo para chocarse con un cuerpo duro que apareció en su camino.

El olor le resultó familiar. —Lo siento —musitó empezando a apartarse para comprobar que era quien creía.

—No quites tu mirada del camino.

Se rascó la nuca, apenada con Naoki-kun.

Él observó su barbilla y la comisura de su boca se curvó una fracción de centímetro.

—¿Qué tengo? —Llevó la mano a su mentón, sintiendo una línea casi invisible.

—Mi identificación se marcó en tu piel. Ten cuidado. —Él despegó su mirada de ella. —Kikyou-san, buenos días.

—Ah. Buenos días, Irie-sensei.

Él asintió y prosiguió su camino, en tanto la pelinegra enlazó sus brazos de nuevo.

—Vamos juntas a la estación, Kotoko —dijo Moto-chan exultante. —¡Ah! Es extremadamente guapo cuando está feliz. Nunca había visto una sonrisa sincera en su rostro, años como su fan y hoy es el gran día. Me siento extasiada.

No pudo evitar soltar una risita.

—Y pensar que tú tienes el privilegio de causarlo y verlo siempre.

Las mariposas en su estómago revolotearon por saber que tenía ese efecto en él… que no era la única enamorada.

—Algunas veces la vida es tan injusta. Qué mala suerte la mía.

Por ocasión única, Kotoko no secundaba esa frase.

{…}

Al ver que Naoki-kun doblaba en la esquina del pasillo, Kotoko espió y corrió hacia allí para alcanzarlo. Había algo que quería preguntarle; su comunicación por mensajes era escasa, porque trabajaban en el mismo sitio y no usaban el móvil durante sus horarios laborales, así que debía hacerlo en persona, pero no lo había visto en todo el día.

Él debió escuchar sus pasos rápidos, pues se detuvo y se giró antes de que llegara a su altura.

Paró y se sorprendió de ver el corredor vacío.

—¿Qué ocurre?

Alzó una mano para pedir que esperara mientras recuperaba el aire; tenía mucho tiempo sin ejercitarse. Era terrible que no soportara una carrera así con menos de treinta años.

Inspiró agitada y se irguió. Él esperaba pacientemente.

—Olvidé la hora en que saldrás hoy, no sabía si nos veríamos cuando yo terminara.

En esos dos meses se habían acostumbrado a ir juntos a la estación de metro los días que sus horarios coincidían.

—Ya he terminado, estoy esperando a las siete.

Su estómago cosquilleó; ella acababa entonces.

—Ah, yo quería… ¿Te gustaría venir a cenar a mi casa? Papá me dejó comida preparada; haré un poco más.

Él asintió.

—O podemos completar con un postre, mi comida es vergonzosa al lado de la suya —agregó pensando de repente en la no grata combinación.

Naoki-kun sonrió de lado. —Ambas.

Tragó saliva, preocupada por el resultado y la situación que no analizó antes.

En su periferia vio la tabla de él al costado de su rostro y, por ende, estuvo distraída cuando él presionó sus labios sobre los suyos fugazmente.

—Estaré esperando abajo en treinta minutos —dijo él dándole la espalda, sin haberle dado un segundo para reaccionar o ver su cara.

Posó las palmas en sus mejillas calientes y se dio la vuelta con la intención de realizar las últimas actividades de su turno.

Afortunadamente para sus planes, no hubo ningún contratiempo que le impidiera reunirse con Naoki-kun en la media hora indicada. Sentado en una banca, él sostenía dos latas de gaseosa en su mano.

—Listo.

Él le tendió una lata y ella se sentó para beber. Al terminar, los dos se deshicieron de ellas en el bote de basura de la máquina expendedora y procedieron a hacer el camino a su apartamento a pie. Era una noche calurosa de agosto, pero de ese modo podrían conversar.

Hicieron una parada en una pastelería que les quedó de paso, donde él pagó el tiramisú escogido por ella, como su contribución a la cena. A partir de ahí se apresuraron para que no se derritiera.

Al llegar a su piso y salir primero del ascensor, dos voces conocidas gritaron su nombre.

—¡Te estábamos esperan…! —Jinko calló mirando hacia atrás.

—Irie —pronunció Satomi sorprendida. —Tú aquí.

—Ishikawa, Komori.

—Queríamos hablar contigo, pero vemos que tienes planes —explicó Jinko observando a Naoki-kun de reojo.

Este permaneció inmutable y la miró a ella. —Me iré a casa.

—No, no, quédate, Irie —intervino Satomi. —Déjalo entrar, conversaremos rápido abajo.

Kotoko se encogió de hombros y se dispuso a abrir la puerta. Tan pronto lo hizo, sus amigas la asieron del brazo para jalarla al elevador, sin permitir que lo invitara a ingresar.

Una vez quedaron aisladas por la cabina, Jinko habló: —Vinimos porque nos comentaste, hace mucho, que Irie te pidió una oportunidad en la cena.

—Pero nunca contestaste sobre qué decidiste. ¿Desde cuándo salen?

—Eh, varias semanas —informó vagamente.

—¿Y estás contenta? ¿Conforme? —prosiguió su amiga.

Las compuertas se abrieron en la planta principal, mas ninguna de las dos abandonó la cabina.

—Sí, es diferente, pero también es el mismo, me trata bien. Sé que me quiere.

—De acuerdo. Regresemos, no arruinaremos tu cita.

Parpadeó anonadada porque la liberaran fácilmente.

—Esto, eh, ¿podrían no decirle a Kin-chan? Él se lo comentará a papá y este a Shigeki-san, quien se lo comunicará a Noriko-san —pidió en el camino de vuelta.

Ambas asintieron.

—Eso está bien, tómense su tiempo.

Otra vez en su piso, ella se bajó. En contra de sus expectativas, sus amigas le siguieron y fueron a su puerta con premura.

—Chicas, ¿qué hacen?

—Nos despediremos de él —dijo Satomi.

Frunció el ceño; aun así, les permitió ir adentro.

—No te muevas de tu lugar —ordenó Jinko desde la entrada, apuntando hacia Naoki-kun, sentado en el mueble. Él elevó una ceja.

Sus amigas se quitaron su calzado y caminaron hacia él, parándose amenazantes frente al mueble.

—Estamos atentas, Irie. —Kotoko se estremeció por el tono de Satomi.

—Hiere a nuestra amiga y… —Jinko delineó su índice a lo largo de su cuello.

Él suspiró. —¿Eso es todo lo que van a decir?

—No te burles, Irie, si te enteraste hace años de que Kin-chan le propuso matrimonio fue porque quisimos. Será fatal que nos subestimes.

Satomi asintió.

A continuación, las dos se dirigieron a ella y la abrazaron cálidamente.

—Pásala bien, Kotoko.

—Hasta luego.

—Eh, ad…

Giró para ver la puerta cerrándose.

—…iós.

Al dar media vuelta, se sorprendió de tenerlo enfrente, mostrando preocupación en la cara.

—¿Estás inquieta y ellas…?

Dio los pasos que la separaba de él, abrazó su cintura y apoyó la cabeza en su pecho, sintiendo su corazón acelerándose como el que escuchó en su oído. Él rodeó sus hombros con sus brazos.

—Estoy perfectamente.

{…}

Las croquetas que preparó no estuvieron mal y fueron buen acompañante para el delicioso arroz con curri que le había dejado su padre, pero no tan adecuado para el postre de café que Kotoko había preferido por el poco aprecio de Naoki-kun hacia lo dulce.

—Tendremos que esperar a comerlo —sugirió bajando el tenedor, desanimada luego de ese primer bocado. Él, que no había degustado del postre todavía, enarcó una ceja. —Los sabores no se mezclan bien, te daré tu pedazo para que lo lleves a casa.

—Puedo quedarme un poco más.

Su humor mejoró.

—Veamos una película —dijo alegre, poniéndose en pie.

—Lavaré los platos —anunció él parándose.

—De acuerdo, escogeré algo interesante. —Lo ayudó a trasladar los platos al fregadero y fue a sentarse al mueble de la sala después de colocar sus vasos y tiramisús en la mesita. —¿Una comedia? —preguntó encendiendo el televisor, tratando de hacerse oír en medio del ruido del agua.

—Nada de romance.

—Ah —hizo una mueca—, las comedias románticas son las mejores.

Comenzó a recorrer el catálogo, leyendo títulos y resúmenes sin convencerse por alguna. Muchas ya las había visto y otras no le decían nada interesante con las sinopsis.

Él se sentó a su lado y ella todavía no había escogido una película, haciéndolo reír. Le sacó la lengua.

—No creo que ninguna de estas películas sea cómica para ti.

—Por eso suelo ver documentales y películas biográficas e históricas, o adaptaciones de libros.

Dejando el control remoto en la mesita, se acomodó sobre sus talones, dándole la cara a él.

—¿Y ves muchas películas?

Naoki-kun negó.

—¿Por qué?

—Prefiero visualizar los sucesos en mi mente.

Se frotó la quijada.

—Pienso que serías un soñador si no leyeras tanto —compartió el contenido de su cabeza, imaginándose a sí misma con lentes y un libro abierto ante su rostro. ¿La creerían una intelectual, aunque solo fuesen novelas románticas? ¿Haría como en los mangas cuando personajes cambiaban las portadas para ocultar lo que en realidad leían?

Sonrió maquiavélica.

—¿De dónde sacas esa idea? ¿Qué estás pensando?

Apartó un segundo su repentina suposición.

—Pues… eres muy listo y debes tener una gran agilidad mental, y todo el tiempo lees. Siempre estás imaginando cosas de los libros. Si no pudieras, te la pasarías en tu propio mundo, incluso más que yo.

Él bufó, a pesar de lucir divertido.

—O… ¿cambiabas las portadas para ocultar que leías novelas ligeras?

—¿De qué clase? —inquirió él con un deje de gracia en su voz.

—Fantasía, acción, harem.

Él soltó una carcajada sujetándose el estómago.

—¡Te he descubierto! —exclamó señalándolo. —¡El respetable Irie Naoki-san leyendo historias pervertidas! ¡Te enseñaron a lanzarte sobre mí ese verano que entré a tu dormitorio!

Inusitadamente se vio sobre los muslos de él.

—¿Y ahora? —murmuró él antes de posar sus labios en su cuello, causándole un escalofrío y un gemido de sorpresa.

Estiró sus piernas para acomodarse, pero siseó al golpearse con la mesita, haciendo que él la regresara al sofá.

—¡Oh, no! —soltó viendo el desastre que causó, al mismo tiempo que se frotaba el pie.

Naoki-kun reaccionó más rápido y se levantó por una toalla para secar el agua de su vaso caído. Mientras no la veía, arrugó su nariz porque su torpeza había acabado con un momento interesante.

Sin embargo, después de eso continuaron platicando afablemente y disfrutaron del postre sin una atmósfera extraña.

{…}

Atenta, Kotoko vio cómo Naoki-kun terminaba de dar el último punto de la piel superficial del paciente.

—Te iría bien como Cirujano Plástico, Irie-sensei —puntualizó Nishigaki en reconocimiento al buen trabajo.

—Se haría rico, Irie-sensei —sentenció Shimizu-san, haciendo reír nerviosamente a Kotoko, que se ganó la atención de todos en el quirófano.

—¿Ya lo es? —ironizó Nishigaki, rápido de entendimiento. —Eso nunca me lo contaron, pero si su linda novia lo sabe, es cierto.

Ella sintió la tensión de todos cuando esos apelativos fueron mencionados. Desconocía si eran conscientes de su noviazgo con él, pese a las muchas veces que andaban juntos —milagrosamente, no había oído rumores—, pero su amigo acababa de confirmarlo, agregando un adjetivo que podría enfadar a Naoki-kun, quien tenía fama de frío al ser "molestado".

Y ni qué decir de la supuesta antigua relación con el pelinegro o la revelación de su estatus económico.

—Usa tus ahorros e invierte, Nishigaki-sensei —replicó su novio impávido y más de uno debió quedarse desconcertado por su falta de frialdad.

—Tendrás que aconsejarme en qué, Irie-sensei —contestó animado el aludido, intencionalmente o no invitando a los procedimientos finales de la operación, los cuales se llevaron a cabo sin problemas.

Después de instalar al paciente en su habitación, ella se dirigió por su almuerzo, ya que tenía programado su descanso para el término de la cirugía. Abajo en la cafetería, sorpresivamente se encontró con que las chicas y Keita estaban ahí.

Sonriente les acompañó. Casi al mismo tiempo, Nishigaki se les unió; él llevaba una bandeja de alimentos.

—Pensé que Irie-sensei vendría —habló Marina cuando acabaron de almorzar.

—Iba a revisar a unos pacientes.

—Es sorprendente lo que ha ocurrido en unos meses, hace poco ni preguntarías por él, que casi siempre comía en una mesa apartada, solo —comentó Nishigaki moviendo la cabeza con pena.

Moto-chan asintió.

—Su cambio es y no es a la vez un poco sutil, pero ahí está.

—Hoy no fue apático con una provocación mía —dijo el de lentes.

—Kurosawa-san aseguró que en una de tus operaciones con él, sintió frío el quirófano por un comentario jocoso tuyo y la respuesta de Irie-sensei. Estuve ahí, pero no le hice caso, era una extirpación —expresó Tomoko con una sonrisa engañosa. El sadismo brillaba en sus ojos.

—Yo que no le veo diariamente, lo he notado —opinó Marina. —También Funatsu debe haberlo dicho, es su obsesión.

Keita suspiró.

—No me gusta este tema de conversación, mas concuerdo.

—Ha sido por ti, Kotoko —intervino Moto-chan. —Todos estarán agradecidos contigo. Es una lástima que no sea yo, pero me alegro por él, por los dos.

Las orejas le ardieron, traducido como que su sonrojo era enorme.

Por otra parte, le dio felicidad que él hiciera un progreso para tener mejores relaciones en su área de trabajo; no les había animado a cambiar de tema por la curiosidad, y era maravilloso saber que Naoki-kun ya no les parecía ese ser solo y vacío del que Moto-chan le platicó tiempo atrás.

Era bueno que las consecuencias de su humillación se estuvieran enmendando.


*Busqué e ignoro totalmente si también en Japón es inapropiado hablar de estatus económico, pero lo usé para la conversación. Solo sé que ahorra mucho ja,ja.


NA: ¡Ya pensaban que el fic subía de categoría porque "verían Netflix"!

¿Creen que a Kotoko le queden dudas de que está enamorado de ella? Les proyecto la imagen que vio Moto-chan, Naoki mirando a Kotoko, con una expresión de arrobamiento y ternura tipo Mr. Darcy, pero para no poner el listón tan alto, se los dejo como Lorenzo Bartolini y Claire en Cartas a Julieta (hoy la pasaron y se me quedó esa escena ja,ja).

Besos, Karo.


Guest: Ja,ja,ja, sí, a la historia original le hizo falta que hubiera más amor y no maltrato de parte de Irie. Me alegra que te gustara. Gracias por tu review, bendiciones para ti también en tu semana.

Sakura Anheli: Nop, solo se me ocurrió el Sengoku porque es un periodo de guerras, sin amor, lo último que quería Naoki en esos momentos ja,ja. Me encanta que te guste la historia y las facetas que muestran. / Se complementan con sus limitantes y tienen una mejor relación entre los dos :D