Capítulo 12 Vuelve…

Bajaron del auto cuando fueron emboscados por una muy efusiva y hermosa mujer que abrazó a Anna como si su vida dependiera de ello.

- Mi niña hermosa, estás de vuelta. – dijo la señora Asakura con sus ojos llenos de lágrimas.

La itako tembló al sentir los brazos de la mujer, hasta que la reconoció, comenzó a soltarse poco a poco y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

- Señora Asakura, yo…

- ¿Se puede saber en dónde diablos se metieron todo el día?

Al escuchar la furiosa voz de Tamao, todos voltearon a verla, en especial Anna, que se sintió sucia al haber compartido varios días al lado de un hombre comprometido.

- Hola mamá, me da gusto verte- dijo Yoh ignorando a la pelirrosa y acercándose a abrazar a su madre. – gracias por venir.

- Es un gusto para mí cariño, me moría por ver a Anna. – dijo viendo con ojos dulces a la rubia quien se veía realmente apenada.

- Disculpen, hice una pregunta y espero que se me conteste. – señaló la de pelo rosa acercándose con coraje a la chica que miraba hacia el suelo.

Antes de llegar a ella, el castaño se interpuso entre ambas.

- Escuché tu pregunta Tamao, sólo que no me interesa contestarla, no veo por qué sea de tu importancia el que yo pase mi día con quien lo haga, así que deja de meterte en temas que no son de tu incumbencia y céntrate en lo tuyo. – dijo el chico harto de la conducta de Tamao. La chica miró con odio a la rubia, al notar los problemas que se estaban creando entre ellos, se animó a contestar.

- Sólo fuimos a comprar algo de ropa, no me queda nada de mis viejas cosas, y necesito algo para ponerme, no tienes nada de qué preocuparte Tamao.

- No, no te equivoques, a mí no me preocupa nada de ti, después de todo, yo soy la prometida de Yoh. – dijo con sarcasmo. – además… era obvio que después de que regresaras, quisiera manipularlo para gastarse todo su dinero en ti, nadie olvida lo interesada que siempre has sido. – el castaño apretó los puños.

- Tamao. – habló Keyko con advertencia. – si sabes lo que te conviene te vas a callar o yo misma me encargo de regresarte arrastrando a Izumo.

- Pero es la verdad querida suegra. – dijo con ojos de dolor hacia la madre de Yoh. – siempre dijo que quería vivir llena de lujos, ahora quiere recuperarlos a costillas de mi futuro esposo.

- Por si no lo sabes Tamao... – comenzó Yoh. – Anna es la dueña del 45% de la empresa, así que ella es tan rica como yo, y puede tener todos los lujos que ella misma desee, no me necesita para eso. – la cara de la adivinadora se puso roja de ira mientras clavaba los ojos en Yoh.

- ¿Qué dijiste? Ella no estuvo aquí por 3 años ¿Cómo es posible que casi la mitad de las acciones le pertenezcan a ella?

- Bueno, yo las puse a su nombre desde el momento en que instituí el negocio, después de todo, lo hice en su honor, siempre fue por y para ella. El resto de las acciones se dividen entre los accionistas y yo.

- ¿Eso quiere decir que todos lo sabía? – dijo mirando a los demás amigos de Yoh.

- Así es. – contestó el chico chino. – todos estuvimos de acuerdo y firmamos de testigos, el negocio es tan grande ahora que, aunque tengamos porcentajes mínimos, las retribuciones son enormes, así que la cantidad que Anna posee ahora es inconmensurable, no necesita de Yoh; que él esté a su lado apoyándola en este momento tan difícil para ella, no tiene nada que ver con el dinero.

- Concuerdo con mi hermano, tiene que ver con solidaridad, empatía y sobre todo amor. No malinterpretes las circunstancias. – la joven se puso tan mal que casi podías escuchar sus dientes rechinar.

- Tú cállate Jun, no tiene nada que ver con lo que dices, ¿cómo es posible Yoh?, ¿cómo? ¿cómo puede ser que ella que no ha estado aquí ya pertenece a la empresa? Y yo que he estado contigo toda tu vida y apoyándote cuando ella desapareció ni siquiera quieres llevarme a tu empresa, yo soy tu prometida, yo seré tu esposa, eso debería ser mío, ¿te das cuenta Anna de lo que me acabas de arrebatar?

- No te dirijas a ella… - Yoh estaba tan furioso como Tamao, pero la suave mano de Anna lo detuvo de golpe.

- Gracias, a todos, en serio… Tamao, yo no trato de quitarte nada, lo que pasó… - se quedó callada unos momentos. – tolo lo que pasó, no fue algo que yo buscara. No busco el dinero de Yoh y tampoco lo quiero o necesito, el dinero, no significa nada para mí. No sé nada de esa empresa y yo, simplemente acabo de llegar. Yo no siento que me pertenezca nada, y si soy honesta, no quiero nada. Yo necesito, encontrar un lugar en el que pueda servirle a mi sensei, permanecer ahí y no volver a molestar a nadie. Por eso estás de vuelta Tamao… porque no pienso quitarte nada. Buenas noches a todos. – dijo mientras se dirigía al interior de la casa, dejando a todos mudos.

Los ojos del castaño se llenaron de lágrimas contenidas, su madre se acercó a él y le dio un dulce beso en la frente.

- Trataré de hablar con ella, todo está bien, es lo que siempre dices. – dijo regalándole una hermosa sonrisa.

- Gracias mamá. – dijo mientras la veía entrar a la casa tras su rubia. Frunció el ceño y dirigió su mirada a la pelirosa que se había quedado sin palabras, procesando lo que Anna le había dicho. – Escucha con atención, que te quede claro que estás de vuelta en esta casa, sólo porque Anna lo solicitó, que sigues siendo mi prometida, porque el consejo de ancianas así lo estima prudente hasta que puedan tomar una mejor decisión y mi abuela ya se está encargando de ello, comienza a controlarte, porque de lo contrario, me encargaré de que te alejen de Anna, de mí y de esta familia lo más pronto posible. – cuando Yoh terminó de hablar, la pelirosa estaba hecha un mar de llanto.

- No puedes hacerme esto, yo siempre te he amado, merezco ser la señora Asakura.

- Esto no se trata de mi apellido, se trata de ser feliz, yo jamás te he amado y voy a luchar por la persona que amo hasta el cansancio.

Desde una esquina, Pirika vio toda la escena, analizó las palabras que utilizó su amiga pelirrosa para referirse a toda esta situación. Se sintió extraña, sentía que no estaba bien querer lastimar a cualquier otra persona por tus objetivos, Yoh y Anna jamás habían sido malos, pero ahora Tamao, ya no era la misma chica dulce que siempre había demostrado ser.

Sintió que una mano se posó sobre uno de sus hombros, ella respingó ante ese sentimiento extraño que le producía el toque del peliverde.

- ¿Estás bien pequeña? – ella asintió levemente mientras veía esos hermosos ojos mirarla con preocupación.

- Sólo, no me digas pequeña, - dijo dándose la vuelta e ingresando a la casa. El inglés la vio con curiosidad y la siguió.

- Está bien, lo siento, es sólo que, es raro para mí, la última vez que te vi eras tan pequeña. – ella lo miró escéptica.

- No fue hace mucho, no seas raro. – eso sacó una risa juvenil del chico.

- No lo soy; de acuerdo Pirika, ¿puedes decirme si te sientes bien? Te ves un poco pálida, ¿hay algo con lo que pueda ayudarte?

- No, no en realidad, yo… es sólo que, Tamao es mi amiga. – dijo bajando el volumen de su voz, como si realmente lo dudara.

- Bien, lo sé ¿cuál es el problema con eso?

- No lo sé, realmente yo… creí, todo este tiempo… en serio creí que Tamao merecía un felices por siempre, es decir, aún creo que lo hace, y me siento muy confundida con el regreso de Anna porque… ella no hizo nada malo y también merece ser feliz, pero si una de ellas lo es, la otra no lo será y eso me confunde demasiado. – el peliverde la guio a la sala y le pidió con su mano que se sentara en el sillón junto a él.

- No tiene por qué ser así, Anna y Tamao merecen ser felices independientemente la una de la otra, la felicidad de ellas dos, no depende en absoluto de Yoh, si eso es a lo que te refieres. La felicidad es personal y se lleva en el alma, corresponde a cada una encontrar su propia felicidad antes de encontrarla en otra persona. Es por eso que nuestro amigo se está enfocando en que Anna pueda recuperar sus piezas rotas para que comience a buscar su felicidad y quien sabe, tal vez después encontrarla en el camino. – la peliazul suspiró

- ¿Pero eso dónde deja a Tamao?

- La deja buscando su propia felicidad, Yoh ni siquiera sabe si podrá recuperar al amor de su vida, pero está luchando por verla feliz y eso construye su propia alegría, eso llena su vida. – la ainú lo miró por un momento y se puso de pie.

- Es hora de irme a la cama, que descanses Lyserg.

- Espera. – dijo tomándola de la muñeca; ambos se miraron mutuamente. – si necesitas hablar de algo, lo que sea, puedes decirme. – la chica solo pensó en todo lo que pasaba a su alrededor, el dolor de su amiga, la situación de Anna, las preocupaciones de Yoh ¿Qué lugar tenía que apoyar? ¿quién hacía lo correcto?

- No lo creo; que descanses. – dijo soltando su muñeca y caminando hacia su habitación. El inglés observó con tristeza como se alejaba.

- Parece realmente preocupada. – escuchó la voz de su amigo proveniente de china.

- Sí. – contestó el chico con la mirada perdida, observando el camino que había tomado Pirika.

- Y te preocupa tanto ¿Por qué…? – dijo mirándolo inquisidoramente

- Es nuestra amiga… debería importante igual, ella se ve… muy triste. – argumentó finalmente encarando a su amigo.

- ¿Estás interesado en ella? – el detective levantó los hombros restándole importancia

- No está en mis objetivos de vida, quiero ser un buen detective y asegurarme de que Hao está muerto, antes de interesarme realmente en el amor.

- Me parece que ya eres un gran detective, y en cuanto a lo de Hao… creo que todos esperamos hacer lo mismo. – colocó una mano en el hombro de su amigo. – pero sólo encuentras una vez en la vida a esa persona que podría encajar en tu mundo, y serías un tonto si dejas escapar la oportunidad.

- ¿Lo dices por Jeanny? – levantó la comisura de su labio formando una leve sonrisa.

- Hmm, ya lo sabes, no fue fácil, pero el que yo haya encontrado el amor, debería ser una clara señal de que cualquiera puede.

- Suenas ridículo.

- Enamorado es la palabra, ve por ella.

- Sí claro, como si Horo fuera a permitírmelo. – el chino soltó una leve risa.

- Yo me encargo de él, creo que eres un gran partido para ella. – el inglés sonrió cálidamente a su amigo.

- Lo pensaré.

- No te demores, haz que ella te note; buenas noches.

En la planta de arriba, Keiko se encontraba fuera de la habitación de la rubia, encontrando la manera de entrar y no asustarla o hacerla sentir muy incómoda en el acto, pero bueno, eso era prácticamente imposible.

- ¿Anna? – dijo tocando levemente la puerta. – sé que debes estar agotada, pero ¿puedo pasar un momento? – del otro lado, la itako se debatía entre abrir la puerta o no, pero finalmente se decidió a hacerlo pues, aunque no sabía que esperar, ella aún sentía cariño por la madre de Yoh.

- Adelante. – dijo en voz baja, que la señora Asakura alcanzó a escuchar. La rubia levantó la vista y se encontró con esa hermosa mirada maternal, llena de anhelo al mirarla. La señora Asakura era alta, por lo cual tuvo que elevar un poco su cabeza para poder encontrarse con ella unos segundos y después desviar su mirada avergonzada. Se movió de la puerta para darle espacio para entrar en la habitación.

- Hola querida, me siento muy feliz de verte. – sus ojos se llenaron de lágrimas. – estás tan hermosa como siempre… creí que no podría verte de nuevo. Agradezco haber estado equivocada. - la itako desvió su mirada mientras movía sus manos nerviosamente, sabía que la madre de Yoh era dulce y cariñosa, pero después de tanto tiempo se sentía extraña y no merecedora de su estima.

- Gra… gracias, ¿hay algo que pueda hacer por usted? – la castaña vio su incomodidad y se sintió un poco mal, sabia por lo que había pasado, y ella había ido con la única intención de ver si estaba bien y se estuviera recuperando.

- Yo… bueno hay tantas cosas… pero te conozco desde que eras pequeña y sé que no te gusta mucho compartir parte de tu vida o sentimientos, así que me gustaría, que al menos me contestaras una pregunta. – la rubia la miró por un segundo y después asintió. – bien… dime querida… ¿por qué quieres que Tamao esté aquí? – la itako alzó las cejas ante su impresión. – ella, no es la misma persona que conociste antes de desaparecer, ha cambiado y probablemente no sea conveniente en tu recuperación ahora mismo. – la chica lo meditó un momento y contestó.

- Ella es la prometida de Yoh ahora, aunque sea diferente o se interponga en lo que ustedes llaman, "mi recuperación", este no es mi lugar, ya no más… este matrimonio es instituido por la familia Asakura, por mi sensei… debe respetarse y llevarse a cabo. Es lo pactado.

- Entonces… ¿ibas a casarte con mi hijo por la institución de su matrimonio? – la sacerdotisa la miró con duda.

- Pues… sí, ese fue el acuerdo en nuestra infancia.

- Así que, jamás amaste a mi hijo, ¿el acuerdo es lo único que importa? – la chica sólo desvió la mirada - ¿nunca quisiste a Yoh? ¿ni un poco?

- Eso no…

- No creo… lo que quieras decir, no lo creo Anna, sé que lo que pasaste en esos años lejos de aquí, fueron los peores, peor que el abandono de tus padres, peor que la creación de Onis y el sacrificio de Matamune; pero a mi no me engañas, aunque Hao sea el reflejo de Yoh, nos son la misma persona, y tú amas a mi hijo, puedo verlo no soy ciega. – la rubia se puso de pie, exaltada.

- Mi sensei… -

- No… deja de buscar excusas, todo lo que pasó es una reafirmación de que perteneces a este lugar, a nuestra familia, al amor inconmensurable que mi hijo siente por ti. Sólo busca recuperarte, abre los ojos, ya no estás en ese lugar y mi hijo no permitirá que vuelvan a tocar uno sólo de tus cabellos; aférrate a eso Anna, a su amor, a su seguridad, su protección, el te lo dará todo; si logras ser feliz, él también lo será.

- No puedo ser tan egoísta.

- No es ser egoísta, es ser realista; Yoh jamás va a presionarte, pero el tiempo corre y terminarás perdiendo lo que más quieres recuperar. – la habitación quedó en completo silencio… al no ver reacción de la chica, la señora Asakura se puso de pie y se dirigió a la puerta; se detuvo un momento y mencionó. – y para que lo sepas… mi mamá jamás autorizó ese matrimonio, las ancianas de Osore la presionaron por las fechas del próximo torneo de shamanes; están asustadas. Pero la abuela jamás quitó el dedo del renglón en tu búsqueda… tenemos un tiempo estimado para cambiar las cosas, mi madre está haciendo todo lo posible con las ancianas, por lo cual redefinió a Yoh un tiempo definitivo.

- ¿y qué debe pasar en ese tiempo? ¿Casarnos y dar decendencia? Yo no, no puedo hacer eso… no quiero que… yo no puedo dejar que nadie… - la chica bajó la mirada. – se acerque a mí.

- Nadie está diciendo que mañana vaya a pasar todo eso, pero tú vas a salir de esto, eres una sacerdotisa fuerte, la más fuerte de todas, la abuela no va a enviarte a otro lugar lejos de nosotros, y las ancianas pueden definir que te cases con alguien más; nada es seguro. Mi madre no puede viajar en estos momentos, está muy ocupada con todos los acontecimientos recientes, pueden pasar meses antes de que la veas. Mi madre te ama, y si te escuchara decir que no quieres ser parte de nuestra familia, rompería su corazón. – la garganta de la itako se cerró. – tal vez sueno egoísta, pero yo sé que tú amas a Yoh Anna, sé que amas a mi hijo… por favor, esta podría ser la última oportunidad de ambos. Él no ama a Tamao, el que la quieras aquí, sólo conseguirá hacerlo sufrir cada vez más. – dicho esto, salió de la habitación.

La rubia caminó hacia la ventana, se sentó en el marco y dejó que sus silenciosas lágrimas cayeran, todo lo que Keiko había dicho era verdad, ella siempre amó a Yoh, pero su corazón ahora se encontraba confundido y muy herido, tenía miedo de herir al castaño con su propio dolor, atándolo a vivir con sus tormentosos recuerdos; pero… podría provocar lo mismo, enviándolo a casarse con Tamao, ¿qué camino debía tomar?

Desde el jardín, el castaño podía ver a la rubia, lucía triste; estaba asustado ¿qué le diría su madre para que se pusiera de esa manera?

Entró con velocidad a la pensión a buscar a su madre, al no encontrarla en la mira, supuso que estaría en su habitación, tocó la puerta y esperó a que su madre le permitiese entrar.

- Cariño…

- Mamá ¿qué le dijiste a Anna? – su madre suspiró.

- Nada por lo que tengas que preocuparte.

- Todo con respecto a ella me preocupa, así que por favor dime… ¿Qué ha pasado?

- ¿Por qué lo dices así?

- Ella se ve muy triste, la vi desde el patio. Lloraba.

La señora Asakura lo meditó un momento antes de contestar.

- Creo, que ella te ama aún más que antes. – el chico la miró sorprendido.

- ¿Qué? ¿ella dijo eso?

- Hijo, la conoces de toda la vida, ella nunca dice esa clase de cosas, es más de, demostrarlo por medio de acciones o gestos. Sólo lo sé ¿de acuerdo? Confía en mí en esto.

- Creí haber heredado lo confianzudo de papá. – dijo cruzándose de brazos. Su madre sonrió.

- Con el tiempo esas cosas se pasan entre parejas. – el castaño le regresó la sonrisa.

- Y, bueno ¿qué crees que debo hacer?

- Anna ya ha estado encerrada mucho tiempo ¿por qué no le das un poco de libertad? La tienes encerrada aquí.

- No la tengo encerrada aquí, hoy salimos todo el día.

- Contigo, es momento de que ella comience a recordar como era su vida aquí.

- Es muy pronto mamá, si la dejo salir sola y algo llegase a pasarle, nunca me lo perdonaré.

- la ciudad no es peligrosa cariño, no seas exagerado, ella conoce este lugar como la palma de su mano.

- y ¿si se va y no regresa? – su madre soltó una pequeña risa.

- Ella jamás nos abandonaría, es nuestra familia, deja de ser tan paranoico. Puedes comenzar a darle un poco de espacio, no la abrumes, dale lo que pida, ahora tienes la posibilidad de ofrecerle el mundo… y cuando comience a sentirse un poco libre, estoy segura de que acudirá a ti, porque comenzará a recordar todo lo que era y lo que debería ser. – el chico rascó su cabeza con una de sus manos.

- Bien mamá, pero no sé que haré si eso no pasa. – soltó un gran suspiro. Keiko se acercó y lo abrazó; a pesar de ser alta, el shaman lo era mucho más, su madre al nivel de su barbilla.

- ¿pero que le pasó a mi pequeño bebé despreocupado y holgazán? – el chico besó la frente de su madre con ternura.

- creció mamá, maduró de una manera horrible al perder al amor de su vida.

- Ella ya está aquí. – dijo frotando su espalda.

- No del todo. – respondió con tristeza.

- Mmm… me quedaré par días en la pensión, veré como se comporta, trataré de ayudarte un poco; y lo más importante, trataré de llevarme a Tamao de regreso nuevamente.

- jijiji, esa es mi mami. – dijo apretando su abrazo.

A la mañana siguiente, estaban todos en la mesa listos para desayunar, todos a excepción de la itako, que no daba señales de haber despertado.

Pirika sentada entre Ren y su hermano se veía seria y poco descansada; el peliverde la miraba preocupado. Los Tao miraban con curiosidad y gracia, la tierna preocupación de su amigo por la menor del grupo. Choco y Manta sólo analizaban entre ellos acerca del extraño ambiente que se sentía en el lugar, Fausto y Elisa atrapados en su dulce mundo y finalmente Ryu preparaba con ímpetu el desayuno.

Tamao lucía encantada con la ausencia de la rubia, hasta que Yoh se paró de su asiento y subió las escaleras con la intención de traer a la itako al desayuno. La pelirosa arrojó su servilleta con coraje y se puso de pie, caminando en la misma dirección que su prometido, hasta que la mano de su futura suegra la detuvo.

- Siéntate Tamao, no hay nada allá que sea de tu incumbencia. – la joven frunció el ceño y de mala manera regresó a su lugar. – será mejor servir el desayuno. – dijo Keiko a los demás. – no sabemos si vayan a tardar. – agregó con una bella sonrisa que los despertó a todos y asintieron regresando su sonrisa; todos excepto la chica de cabellos rosas.

Pirika, Jun y Manta, se pusieron de pie y ayudaron a la señora a servir los platos.

Arriba, el castaño tocaba la puerta de la sacerdotisa, quien no daba respuesta, del otro lado, sólo se escuchaban los leves sonidos que hacía el cachorro al escuchar a Yoh.

Esperó un minuto más y abrió la puerta, se sorprendió al no ver a Anna en su cama, sin embargo, no estaba muy lejos, estaba en el pequeño mueble al pie de la ventana, recargada en sus brazos y durmiendo profundamente.

Se acercó sigilosamente, procurando no asustarla.

- ¿Anita? ¿estás bien? – nada… no hubo reacción. Se acercó un poco más y pudo ver un camino de lágrimas. Tocó su mejilla y la sintió fresca. ¿estaría llorando toda la noche? O ¿lloraría en sus sueños? – Anna. – se animó a tocar su hombro y sacudirlo un poco. – el desayuno está listo.

Al sentir ese movimiento, la sacerdotisa despertó sobresaltada y se cubrió son sus brazos.

- Tranquila, soy yo. – dijo mirándola con preocupación. – al parecer te gusta la ventana para descansar. – trató de sonar gracioso para relajar el ambiente. – te encuentro aquí muy seguido. – ella sólo asintió; entonces él la miró con atención, sus hermosos ojos, muy rojos e irritados, pequeñas bolsas bajo los ojos, labios levemente irritados y su piel un poco más pálida. – de verdad lamento haber irrumpido así, no lo volveré a hacer, sólo quería decirte que están todos en la mesa desayunando y nos encantaría que nos acompañaras.

Ella lo observó y asintió.

- Bajaré en un minuto. – a pesar de estar completamente preocupado, le regaló una de sus maravillosas sonrisas, una que Anna admiró, y levemente correspondió alzando la esquina de sus labios. El shaman que la miraba atentamente, sintió que todos los bellos de su cuerpo se erizaban de emoción. Su madre tenía razón, debía darle su espacio.

- Te veo abajo. Vamos chico. – dijo dirigiéndose al cachorro quien lo siguió con emoción, sabiendo que su amigo le daría comida. Anna sonrió un poco más al ver a cerbero seguir a Yoh.

Se puso de pie y se dirigió al baño, quería ducharse, pero no quería hacerlos esperar más, se lavó la cara y se puso un pants y una playera de un adolescente Yoh.

Se lavó los dientes, cepilló su cabello y bajó.

Cuando llegó, los encontró a todos en la mesa, menos a Yoh, había un lugar al lado de Keiko y otro al lado de Tamao; la pelirosa la miró con cara de pocos amigos, y antes de acercarse, la señora Asakura la llamó.

- Buenos días Anita, ven, siéntate aquí junto a mí, debes estar hambrienta, apenas vamos a comenzar. – caminó hacia ella y se sentó, los amigos de Yoh trataron de no mirarla tanto para no hacerla sentir incómoda. – Ryu, cariño, ¿podrías alcanzarle un plato de arroz con verduras a Anna por favor?

- Caro que sí madame, enseguida.

- Gracias, eres muy amable. – contestó regalándole una sonrisa. - come todo lo que quieras cielo, estás muy delgada, necesitas recomponerte. – la itako ni siquiera la miró, sólo asintió mientras ocultaba su mirada de todos y se mordía el labio.

- Y… se puede saber ¿en dónde diablos está Yoh? ¿por qué siempre que va a verte tiene que desaparecer así? ¿qué le hiciste? – acusó Tamao desde su asiento, la rubia levantó la mirada para contestar.

- Yo no… - Anna fue interrumpida por la voz del castaño en el momento.

- Déjala en paz, ella no me ha hecho nada, estaba ocupado dando su desayuno a Cerbero. – dijo sentándose a su lado, al no haber más opciones en la mesa.

- Jmh, pues, de todas formas, este lugar no es apropiado para mascotas, es una pensión familiar, deberíamos comenzar a buscar otro hogar para ese perro. – la sacerdotisa levantó la mirada asustada, cosa que molestó a Yoh de manera inmediata.

- Esta pensión es mi casa y Cerbero va a vivir aquí el tiempo que yo así lo decida, ese perro es mi amigo y te prohíbo terminantemente que vuelvas a mencionar cualquier clase de comentario en su contra ¿te quedó claro?

La adivinadora se puso de pie molesta y caminó hacia la salida.

- No es posible que siempre te pones de su lado cuando yo lo único que hago es ver por tu bienestar y el de tu familia; todo esto es tú culpa. – dijo señalando a la rubia. – no deberías estar aquí, todos estábamos mejor sin ti, nunca debiste haber vuelto. – dicho esto salió, dejando a una rubia pensativa y cabizbaja, a un Yoh fúrico, una Pirika impresionada, Keiko desilusionada y al resto de la mesa sorprendidos.

- No la escuches Anna, nada de lo que dijo es verdad… todos te buscamos y esperamos durante años, que hayas vuelto, es una alegría para todos, por favor no pienses en eso. – dijo colocando una de sus manos sobre las de la rubia. Esta dio un pequeño salto al contacto, provocando que la mujer retirara su mano. – por favor come, no has tocado tu plato.

La pobre chica había perdido el apetito, pero al recordar los días en los que la habían dejado sin comer, asintió y comenzó a meter todo lo que podía a su boca; el castaño reconocía lo que estaba pasando, se sentía asustada, creía que la iban a castigar y por eso comía de esa manera, tratando de llenar su estómago como si no fuera a comer por mucho tiempo.

Nadie dijo nada, no la miraron, no la juzgaron, la dejaron tranquila para no incomodarla o asustarla, como si de un pequeño siervo salvaje se tratara; todos comieron tranquilamente, salvo por Pirika que no pudo tocar su comida después de lo ocurrido. Al finalizar el desayuno, la ainú se ofreció a levantar la mesa, mientras los demás se disponían a cumplir sus tareas diarias. El inglés se quedó un momento en la puerta, viéndola perdida en sus pensamientos.

- ¿Te encuentras bien? – la chica dio un pequeño brinco al escucharlo, lo miró con un poco de fastidio.

- Preguntas mucho eso. – dijo algo molesta

- Mmm, bueno… somos amigos, eso nos preguntamos. – dijo con una sonrisa de lado

- No somos amigos. – dijo mientras comenzaba a recoger los platos sucios.

- ¿No lo somos? – preguntó mientras se acercaba a ella con una mirada de duda en su rostro.

- ummmm no, no lo somos; eres amigo de mi hermano, nosotros apenas hemos hablado. Eso no se considera una amistad. – El peliverde se acercó a ella y comenzó a ayudarla a recoger el resto de los platos sucios.

- Bueno, estamos a tiempo de cambiar eso… Mi nombre es Lyserg Diethel, tengo 20 años, nací en Inglaterra y soy detective privado. – la chica alzó las cejas y cruzó los brazos.

- Todo eso ya lo sé.

- ¿Lo ves? No somos tan desconocidos.

- Wow, sé todo eso de ti en 6 años, impresionante… deberíamos comprar pulseras a juego. – el joven se rio con diversión.

- Ya estamos compartiendo chistes privados. Pero si quieres ponerte personal… mi color favorito es el verde, bueno que novedad ¿cierto? Me encantan los perros, me gusta mucho el aire libre y cuando me establezca en japón definitivamente, compraré una gran casa con un enorme jardín, en donde puedan jugar mis cachorros junto a los muchos hijos que quiero tener.

- ¿Por qué me dices todas estas cosas?

- Porque nos estamos conociendo, quiero que seamos amigos… vamos te toca, dime ¿por qué te siempre estás tan pensativa y, sobre todo, por qué no tocaste tu desayuno?

- ¿Notaste eso? Estoy comenzando a sentirme algo acosada. – dijo con ironía.

- Soy un detective, soy muy observador; así que, venga… escupe. – Pirika lo vio como si de un bicho raro se tratase, levantó los platos y se fue a la cocina ignorándolo; comenzó a lavar los platos con tranquilidad hasta que el peliverde se le unió con una toalla limpia, mientras secaba los trastos. – no me iré si eso es lo que esperas.

- ¿por qué te importa? Ni siquiera a mi hermano lo hace, no tengo nada… puedes estar tranquilo.

- No eras así…

- ¿Mmh? ¿a qué te refieres? – preguntó la Ainú interesada.

- No eras así; eras tan extrovertida, inquieta, te encantaba platicar y convivir con todos; ahora sólo, estás callada, pensativa, angustiada y yo sólo me pregunto ¿qué podría estar pasando que te tiene así? Nadie tiene por qué tener un cambio tan radical, bueno… tal vez Anna porque pasó por algo horrible, por eso estoy preocupado, ¿quién te hace daño Pirika? – la peliazul lo observó en silencio por un minuto, ¿enserio tan mal se veía? ¿tanto había cambiado?

Ella ni siquiera lo había notado, tal vez estaba demasiado concentrada en la felicidad de su inocente amiga, tanto que no notó el cambio de ambas, hasta hoy; suspiró y contestó.

- No es nada de qué preocuparse, es sólo que, últimamente he pensado mucho en que, no sé qué estoy haciendo con mi vida; mi hermano, encontró una profesión increíble a su lado y yo… no tengo nada; tal vez necesito una actividad para distraerme. – el inglés le dedicó una bella sonrisa.

- Eso sería increíble, nunca es tarde para decidirte por hacer algo que cambie tu vida, eres muy joven e inteligente, sólo piensa bien en qué te gustaría hacer y tienes todo mi apoyo para ello. – la chica lo miró por un momento y le dedicó una pequeña sonrisa.

- Gracias.

El castaño se encontraba en el patio de la casa, ayudando a su madre con la ropa del tendedero.

- Creí que después de ganar tanto dinero, tendrías a alguien que te ayudara con la limpieza de la casa hijo, siempre fuiste un holgazán. – el chico rio con frescura.

- Quería mantener las cosas tan normales como me fuera posible para que Anna no notara tantos cambios y se adaptara fácilmente.

- Hablando de ella ¿en dónde está?

- mmmm, lo más seguro es que en su habitación. – dijo con pesar. – desde que llegó, se la pasa encerrada, como si aún estuviera captiva en esa torre.

- Pues recuerda lo que te dije cariño, intenta regresarle su libertad, no física, espiritual, has que sepa que puede hacer lo que quiera. – el shaman asintió.

- Ya regreso mamá. – dijo mientras entraba deprisa a la casa.

Cuando estuvo frente a la puerta de la rubia, sin pensarlo dos veces la abrió, asustando a la chica y a su cachorro que se encontraban jugando con una pequeña pelota de tela.

La itako se situó en un rincón de la habitación para protegerse.

- Lo siento, en serio, tengo esta pésima costumbre, prometo cambiarla… yo sólo quería saber ¿por qué estás tanto tiempo aquí? ¿No te gustaría salir a paseas con Cerbero? Podrían ir al parque, al centro, a dónde quieras, todo está cerca de aquí y si has olvidado cómo llegar a esos lugares, estoy seguro de que Amidamaru podría decirte como llegar a ellos.

- ¿Amidamaru? Es decir, no vendrías conmigo. – preguntó confundida.

- Emmm, no… quiero que te diviertas un poco y puedas estar tranquila, nadie va a seguirte. – ella levantó una de sus finas cejas.

- ¿A qué hora debo estar de vuelta?

- A la hora que tu lo desees. – dijo sonriendo con ternura. – si tienes problemas, avisa a Amidamaru, el te cuidará desde lejos. – hubo un momento de silencio entre ambos.

- ¿Es enserio? – el joven movió la cabeza afirmando, aunque la rubia podía ver la preocupación en sus ojos. – no me alejaré demasiado.

- Ve a dónde quieras, estaré aquí cuando regreses.

La acompañó a la salida de la pensión y la vio marcharse. El shaman sintió a su amigo de china acercarse a él.

- ¿vas a seguirla? – dijo mirando a la rubia alejarse, el castaño simplemente negó con la cabeza – Es peligroso que la dejes ir así.

- Amidamaru va con ella, sé que todo estará bien, tengo que creerlo. – ambos seguían viendo cómo se perdía la rubia en la distancia.

- ¿cuándo llegará la ropa que le compraste? Se ve extraña con tu ropa de 14 años. – ambos sonrieron.

- lo sé jijiji, no debe tardar mucho, debe llegar esta semana.

Así pasó la mitad de la mañana y casi toda la tarde, Anna no regresaba y los habitantes de la casa estaban preocupados.

- ¿y si no vuelve? – dijo Ryu

- ¿Si le pasó algo? – argumentó Manta

- ¿Se perdería de regreso? – preguntó Horo.

- Cálmense todos, Amidamaru fue con ella, regresarán con bien. – dijo Keiko con una sonrisa maternal.

Pirika vio que de lo lejos, su amiga pelirosa trataba de comunicarse con ella, pero antes de que lo lograra, se escabulló y salió de la casa, corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron, mientras se alejaba sin rumbo fijo; después de un rato corriendo se recargó en un árbol que daba hacia el lago, cuando por fin descansó un poco fijó su vista, vio a la rubia sentada cerca de la orilla y a su cachorro corriendo tras las aves.

Pirika alcanzó a observar la postura de la itako, se veía triste, pensativa; sin entender el por qué, sus pies la llevaron hasta ella y se sentó a su lado.

- Hola. – dijo tranquilamente, la rubia la vio con un poco de espanto en su mirada.

- ¿Es hora de regresar? – dijo en un suspiro, lo cual causó extrañeza en la peliazul.

- ¿A qué te refieres?

- ¿Te pidieron que vinieras por mí? – en ese momento, la ainú comprendió todo.

- Oh, no, para nada, puedes ir a donde quieras, el tiempo que quieras, mientras estés bien.

- ah, está bien, dijo regresando su mirada hacia el lago.

- Anna, dime una cosa ¿has estado aquí todo el día? – la rubia simplemente asintió - ¿no tienes hambre? – la sacerdotisa volvió a asentir - ¿por qué no has vuelto entonces?

- yo… bueno, creo que tenía muchas cosas que pensar. Hasta el día de ayer, yo creía que el resto de mi vida lo pasaría en las montañas, ayudando a las ancianas, pero… la señora Asakura me puso a pensar.

- ¿lo que te dijo, es malo?

- No lo creo.

- ¿Se lo dijiste a Yoh?

- No es necesario, creo que él ya lo sabe.

- y ¿Qué es lo que en verdad deseas?

- No lo sé, no creo que a nadie le importe.

- A Yoh le importa, a la familia Asakura les importa, a los chicos les importa… a mí, también me importa. – las chicas se miraron a los ojos por unos momentos. – Lo que te pasó, fue horrible, no creo que nadie lo merezca, pero tienes una casa llena de gente que te quiere y piensa apoyarte, sea cual sea tu decisión, así esta sea irte y jamás volver, pero dime una cosa ¿piensas seguir viviendo con miedo el resto de tu vida? – la itako la miró con sorpresa. - la vida no se detiene, es momento de que comiences a avanzar con ella, y creo que yo también. – se puso de pie y sacudió sus pantalones. – te veo en casa.

La rubia se quedó por un par de horas más, hasta que el cielo se puso oscuro, llamó a su cachorro y junto a Amidamaru, volvieron a casa; cuando entró por el portón, vio al castaño sentado en el recibidor, quién al verla suspiró con alivio.

- Hola. – le dijo poniéndose de pie. - ¿estás bien? – la joven simplemente asintió. - ¿tienes hambre? – ella repitió la acción. – ven, vamos a la cocina, les serviré algo delicioso a ti y a cerbero. – comenzó a avanzar hacia el interior de la casa, cuando ella lo detuvo.

- ¿Yoh? – el shaman se dio la vuelta y la miró con atención. - ¿puedo ir a la escuela? –

Continuará…

Hola… sigo viva, poco a poco, pero prometo terminar mis historias.

Lamento mucho la demora, pero apenas estoy saliendo del pozo en el que me oculté durante la pandemia.

Muchas gracias a todos por su apoyo y por favor no olviden dejarme un review con su opinión acerca de mis historias, bueno o malo, lo valoro mucho.

Tengan en cuenta que soy humana y comento errores y, sobre todo, que no soy escritora profesional, sólo lo hago porque me gusta escribir y si ya inicié las historias, tengo un compromiso con mis lectores para terminarlas.

Muchas gracias a todos por seguir conmigo, y por dejarme sus comentarios.

Los quiero mucho.

Nos leemos…